Blight:
Mirando por la ventana, aparece una impresionante vista del Capitolio ante mí. Las enormes torres brillan con el sol de la mañana, tan brillantes como la nieve en las montañas que nos rodean. Nunca he visto montañas antes, y ver la ciudad con edificios varias veces más altos que los árboles de casa, enclavados en un valle natural es suficiente como para quitarte el aliento. Cúpulas de oro y plata acunadas entre las torres. Las calles son anchas y llenas de gente con grupos de personas que aparentemente no tienen nada mejor que hacer que ir de compras o chismorrear y mirar boquiabiertos a los tributos que pasan como lo hicieron cuando a Charlie y a mí nos llevaron al Centro de Renovación. Es una vista realmente espectacular. Por no decir intimidante. Más aun teniendo en cuenta que estoy desnudo.
Llegamos a la estación central de tren del Capitolio temprano en la mañana y nos llevan inmediatamente en un coche negro de lujo. Después de decirnos que nos iban a ver esta noche, nuestros mentores nos recuerdan no objetar nada a nuestros estilistas de lo que están a punto de obligarnos a hacer. A continuación, nos dejan en las dudosas manos de Tutti Marble y se van a atender otros asuntos. Vera estará fuera obviamente para tratar de reunir patrocinadores para Charlie, pero desde que sé que Eamon no tiene esas intenciones, no se me ocurre a qué más podría dedicar su tiempo. De alguna manera sospecho que tiene que ver con mujeres y alcohol.
Me doy cuenta de que Charlie ha estado llorando otra vez, pero no quiero mencionarlo con Tutti allí. No hay duda de que sólo conducirá a otra discusión. Además, ¿de qué sirve el consuelo de todos modos? En menos de una semana, es probable que uno o ambos de nosotros estemos muertos. Me encuentro deseando por su bien que Charlie muera en el Baño de Sangre. Rápido y relativamente indoloro tanto para ella y su familia.
Estos pensamientos oscuros continúan en cuanto nos encontramos en el interior del Centro de Renovación, donde nuestros estilistas personales nos vestirán con alguna especie de traje ridículo para la ceremonia de apertura de esta noche. A Charlie y a mí nos toca el séptimo piso y nos han separado al llegar. Me he quedo en una habitación abierta con paredes blancas y una alfombra azul de felpa. Apenas me he sentado en una de las sillas de cuero suave cuando una explosión de ruido, color y movimiento llega a mis pies.
Estoy bastante seguro de mi comparación entre Tutti y un brote vegetal. Pero en comparación con estos tres, ella parece casi normal. Casi. A excepción de los bazumkas, que todavía son lo suficientemente grandes para servir bebidas en ellas.
La primera figura me ve y levanta ambas manos en forma de saludo.
— ¡Ah, bebe, ahí estás! ¡Ah cariño! ¡Te dejaremos ah, súper bien!
Ella parece una especie de estatua de oro, hasta en el iris alterado de sus ojos. La siguen dos jóvenes idénticos con caras alegres, afables. Uno está completamente combinado en rojo y lila, y el otro en azul y lila. Todos se apresuran hacia mí, a besar mis mejillas, pellizcar mis orejas, darme la mano y decirme lo feliz, no, lo honrados que están de trabajar conmigo. Tardo unos minutos en darme cuenta de que estos tres son mi equipo de preparación, y unos momentos más para darme cuenta de que están completamente locos.
Poppaea, la chica, hace un comentario sobre los Juegos de este año, los estilismos, las fiestas y todo el entusiasmo entre la gente del Capitolio mientras me quita la ropa antes de que pueda ofrecer cualquier objeción. Los gemelos, Rómulo y Remo, parecen existir para estar de acuerdo con todo lo que dice Poppaea y también para empezar a untarme aceites en lugares muy intrusivos. No es hasta que Remo comienza a aplicarme tiras de cera en mi pecho que finalmente encuentro mi voz.
— ¡Hey! ¡Hey! ¡Mora Azul! En el nombres de los dioses. ¿Para qué es esto?
Remo me da una mirada condescendiente.
— Bueno, nadie va a querer patrocinarte con todo ese pelo feo. ¡Es totalmente desagradable!
Mi pelo en pecho apenas comenzó a crecer hace un par de años. Todavía no tengo mucho, pero cada pelo es cuidadosamente contado y mantenido, una joya preciosa y testimonio de mi hombría. Y ahora quieren que…
— ¡GAHHHHH! ¡POR DIOS!
Poppaea me da golpecitos en la mejilla, algo duro.
— ¡No te, ah, preocupes bebé! ¡Te dejaremos, ah, súper bien!
No me siento bien. Me siento degradado. Estos monstruos del Capitolio me han despojado de mi pelo y de mi dignidad.
Romulo debe notar mi cara, porque pone una mano en mi hombro.
— Tienes que confiar en nosotros —Dice— Hemos estado haciendo esto mucho tiempo, y nadie espera que sepas cómo anda el Capitolio cuando se trata de moda. Puede parecer ridículo, pero te ayudaremos.
— Ah cariño, cuando acabemos contigo, vas quedar ah…
— Súper bien, ¡sí! lo entiendo. —Aprieto los dientes— ¡Sólo apúrense!
Y lo hacen, durante toda la mañana y la tarde. No sólo mi pecho, mis brazos, las axilas y la parte de atrás de mi cuello se desnudan dolorosamente de pelo. Mi barba es tan sólo una capa de pelillos pero Remus la afeita también, usando una máquina de afeitar muy filosa con sus manos sorprendentemente suaves. Poppaea trabaja en mis uñas de manos y pies, hablando sin sentido sobre cómo tal o cual persona trató de copiar su estilo cuando el oro fue particularmente popular esta temporada. A eso del mediodía mi estómago comienza rugir y Rómulo desaparece y vuelve con una bandeja llena de pequeñas delicias de colores que nunca he visto antes. Ya que no puedo comer mientras los otros dos me frotan más aceites en la piel, uno de ellos me da de comer cuando sus manos están libres. Son extraños y tienen forma de tartitas, parecen de otro mundo. Rómulo los llama sushi.
— He oído que tu traje de este año va a ser simplemente espectacular —Dice Remus— ¡Secoya!* ¿No estás emocionado?
Durante los últimos veinte años, una mujer de aspecto irritable con plumas tatuadas en su piel ha sido la estilista para el Distrito 7, y cada año vistió a los tributos como una especie de árbol en la parte de arriba. Eso ha tenido resultados variados. El año que se parecían a los árboles de cerezo con delicadas flores que arrastraban sus estelas fue verdaderamente impresionante. El año en que los tributos vestían togas de agujas de pino que les hicieron lucir como salvajes a medio vestir no tanto.
De repente me irrita el hecho de que estos tres me están tratando como a su muñeca. Decido romper el estado de ánimo un poco.
— Entonces, —Comienzo en un tono casual— ¿Cuándo fue la última vez que trabajaron en un tributo que no terminase con una lanza en el corazón?
La temperatura de la habitación desciende considerablemente, o eso me parece. Mi equipo de preparación está horrorizado. ¿Se han avergonzado del hecho de que están arreglando niños para la matanza?
— Nosotros… nunca hemos tenido un tributo ganador, —Confiesa Remo— Y nos estamos quedando sin tiempo. Los equipos de preparación que no tienen un ganador después de una cierta cantidad de años quedan relegados a puestos menos deseables.
— Así que ah, cariño asegúrate de ganar muñequito, ah ¿vale?
Sí Poppaea, voy a poner todo mi esfuerzo por sobrevivir en una arena llena de veintitrés chicos tratando de matarme únicamente por tu beneficio.
Rómulo comprueba el reloj de la pared.
— ¡Casi las tres! Messalina estará aquí en cualquier momento.
Como si fuera una señal, la puerta se abre de golpe y una gran figura aparece a través.
— ¡Messa! ¡Ya era hora! Pensamos que tenías... que tú... que… —La voz de Rómulo se va apagando. Está mirando a la recién llegada con algo que bordea el miedo y la reverencia. Siento como Poppaea y Remo de repente se separan de mí, y sus cabezas están gachas, su charla ha sido reemplazada por el silencio. No tengo ni idea de lo que ha propiciado este cambio de ánimo repentino, y no me miran a los ojos, así que me concentro en la gran mujer que ahora está deslizándose a través de la habitación hacia nosotros.
Ella esta tan colorida y extraña como mi equipo de preparación, con túnica y pelo color plata y joyas incrustadas en forma de ave a través de su clavícula. Sostiene un enorme abanico plateado que agita en su dirección de vez en cuando. Pero se mueve de manera diferente, como una persona que está acostumbrada a ser reconocida y obedecida por todos simplemente por su presencia. Y ha logrado callar a mi equipo a quienes después de conocerles de unas horas creo que ya es mucho. Se detiene frente a mí y examina cada centímetro de mi aceitado y expuesto cuerpo con su mirada regia. Tengo el deseo repentino de retozar alegremente en la Arena en lugar de estar aquí frente al juicio de esta desconocida.
— Madame Lucia —Romulo encuentra su voz finalmente— Esto es un honor, es decir, un verdadero privilegio, pero qué, qué está…
— Madame Lucia ha llegado para preparar a su tributo. —La mujer declara— Madame Lucia espera sinceramente que su equipo de preparación haya hecho un trabajo adecuado, aunque a juzgar por lo que están vistiendo ellos mismos, encuentra que va a ser terriblemente poco probable que sea así.
— ¿Su... su tributo? —Rómulo se ahoga—. Pero Madame Lucia, usted nunca…
Ahora reconozco a esta mujer. Lucia, una de las estilistas más antiguas y consolidadas de los Juegos. Ella ha trabajado con tributos durante años y los suyos nunca dejan de impresionar en los estándares retorcidos del Capitolio. Su lista de tributos vencedores es impresionante. Brutus. Cora. Lyme. Nolan. Jade. Como resultado, ella casi siempre trabaja para uno de los distritos con tributos profesionales. Casi siempre. Lo que sea que está haciendo de pie delante de mí mientras yo pierdo mis últimos jirones de dignidad está más allá de mi entendimiento.
— Madame Lucia ha decidido que diseñará para el tributo masculino del Distrito 7 de este año. Y como Madame Lucia consigue lo que desea, Messalina ha sido reasignada al Distrito 10, ó 3, o algo por el estilo. ¡Ahora largo ustedes tres! Es claro que Madame Lucia tiene mucho trabajo por delante gracias a su incompetencia.
Mi equipo de preparación huye con la cola entre las patas. Pillo a Rómulo dándome una mirada compasiva antes de irse él también. Miro hacia atrás para encontrar a Madame Lucía incómodamente cerca. Quiero dar un paso atrás, pero me da la sensación de que esto acabará de irritarla y no quiero estar en la lista negra de ésta mujer.
— Demasiado bajo —dice ella—. Pero bien formado. No como esas monstruosidades del Distrito 2 por supuesto, pero razonablemente bien en conjunto. Míreme. Rasgos clásicos. Mejillas afiladas y el mentón. Casi tallado. Corte de pelo ridículo. Ojos encantadores. Cejas horribles. Romulo recibirá una charla por eso. Sonríe a Madame Lucía, niño.
Trato de darle una sonrisa aunque estoy seguro que me sale algo más cercano a una mueca. Ella suspira.
— Su cara se relaja cuando sonríe. Asegúrese de no dejar de sonreír en el carro. Atraerá patrocinadores. Lucía piensa que lo va a hacer muy bien. Si, muy bien.
— ¿Quiere decir eso que no voy a ser un árbol? —Pregunto.
Ella cierra su abanico con un golpe seco.
— ¡Silencio niño! Los Tributos no deben hablar cuando están siendo trabajados No hasta sus entrevistas, por lo menos.
Bueno, esa es una idea de la que voy a tener que disuadirla rápido.
— Ha hablado con Tutti, ¿verdad?
— ¿Tutti Marble? ¿Esa pequeña golfa? —Suprimo una sonrisa mientras ella levanta una ceja perfectamente depilada—. Madame Lucia fue a la Universidad de Diseño con su madre. La mujer no podía mantener la boca cerrada delante de sus superiores.
— Tutti aprendió de la mejor entonces.
— Ya veo —Dice. Un cambio sutil se produce, y parece que mi estilista ya no me ve con desaliento— Bueno, señor Gavin, para responder a su pregunta, no, no será un árbol este año. A Madame Lucía le inspiró ver el video de su Cosecha. Muchos diseños fantásticos y novedosos aparecieron en su mente brillante y sabía que simplemente tenía que ser su estilista de este año. El estilista de su compañera de distrito ya ha sido instruido en cambiar su concepto para que coincida con el de Madame Lucia. ¿Confío en que es consciente de cómo va a ser su traje, mi niño?
— Lo siento —Le digo— Pero Blight Gavin no tiene ni idea de lo que Madame Lucía está diciendo.
Madame Lucia da dos palmadas y un hombre pálido entra apresurado llevando varios paquetes grandes envueltos en una tela suave. Madame Lucia alcanza el más pequeño y lo desenvuelve.
— Usted, señor Gavin, será la encarnación viviente de esos cánticos de apoyo que recibió en la Cosecha —Dice mientras sostiene dos carnosas, orejas puntiagudas— Va convertirse en un espíritu de los bosques, un elfo.
Odio este lugar.
Antes de qué me dé cuenta, estoy vestido con mi traje para la ceremonia de apertura. Las botas son de cuero negro suave que llega más arriba de los tobillos. Los pantalones grises ajustados están metidos en las botas y atados con una cuerda larga. Estoy sin camisa, y Lucia ha enganchado las orejas prostéticas sobre mis propias orejas con algún tipo de adhesivo. Al menos todavía puedo oír. Puedo ver el conjunto en el espejo. No es horrible. Definitivamente es mejor que estar vestido como un abeto. Pero tengo que admitir que es bastante sencillo para la ceremonia de apertura, y para una mujer de la reputación de a Madame Lucia, me parece francamente algo anticlimático.
Apenas he conseguido darme un buen vistazo, cuando Lucía da unas palmadas. Romulo, Remo y Poppaea entran a toda prisa, llevando tarros y pinceles. Hacen pequeños gestos y reverencias cuando llegan. Quiero decirles que realmente no tienen que insistir en este tipo de trámites conmigo, pero Lucia habla primero.
— Bueno, han visto los diseños. ¡A trabajar, los tres!
Mi equipo de preparación comienza de inmediato a pintar mi cuerpo con algún tipo de sustancia transparente que huele a productos químicos. Tengo que permanecer completamente inmóvil, y no tengo ni idea de lo que están haciendo en mi pecho, espalda, y hasta en mi cuello y cara. Después de una hora más o menos esta listo. Estoy cansado y dolorido, y al límite de mi paciencia cuando los tres dan un paso atrás y dejan que Lucía inspeccione su trabajo, lo que lo hace durante mucho tiempo.
— Bastante bien —Anuncia y puedo oír a los otros suspirando con alivio— Dese un vistazo, Sr. Gavin.
Me miro al espejo y veo que el equipo de preparación ha pintado la parte superior de mi cuerpo con una serie de símbolos arcanos que se tuercen y tejen alrededor de mi pecho y brazos, hasta mi cuello, curvándose alrededor de mis mejillas y sobre mis ojos. Son del mismo tono opaco color gris que mis pantalones.
— Las luces, por favor, Rómulo —Pide Lucia.
La sala se oscurece, pero los símbolos no. En lugar de ello, comienzan a brillar y centellear con la luz. En primer lugar es de color azul, luego verde, luego morado, y los diseños de colores parecen imitar a la luz del sol bailando en el suelo de bosque mientras los símbolos arden contra mi piel. Me doy cuenta de que la tela de los pantalones está haciendo lo mismo, ya que las hojas brillantes y ramas aparecen y desaparecen. Cuando me miro al espejo, Rómulo y Remo fijan unos pesados brazaletes de plata a mis brazos y muñecas y Poppaea coloca una delicada corona de hojas de plata sobre mi cabeza. Me veo como una especie de dios del bosque, lleno de risas, de poder y de rabia. Me doy cuenta ahora por qué Madame Lucia es tan reconocida incluso en los distritos.
— ¿Qué es? —Pregunto.
— La pintura contiene millones de piezas que reflejan la luz microscópica, se ha inventado en el Distrito 3 —Dice Lucia— Cuando se teje en la tela se le llama 'seda brillante.' Sólo los políticos y los muy ricos pueden permitirse el lujo de usarlo. Así como tributos prometedores.
No sé por qué, pero una extraña sensación me invade. Madame Lucia no pasaría por todos estos problemas y esfuerzos si no creyese que tengo una oportunidad. Ella me ha hecho parecer más que guapo. Luzco excepcional. Me doy cuenta de repente de que Jason estará viendo la Ceremonia de esta noche, y me pregunto qué pensará. Pensar en Jason es de repente inmensamente doloroso y Poppaea me saca de ese pensamiento cuando me da una palmada en el trasero.
— ¡Tú, ah, tendrás patrocinadores haciendo fila! ¡Sal ahí y ah, enseña ésos atributos bebé!
Madame Lucia amenaza a cualquiera que se atreva a tocar a su tributo y su traje por cualquier otra razón que no sea la preparación para su aprobación definitiva y Poppaea sale corriendo de la habitación.
Lucia me escolta hasta el nivel más bajo del Centro de Renovación donde los carros están esperándonos. Me dirijo al del Distrito 7, tratando de ignorar las miradas de los otros tributos que se apiñan nerviosamente en sus puestos. Para mi alivio, Charlie me está esperando con los caballos. Se ve increíble. Su vestido brillante es del mismo diseño que mis pantalones y los mismos símbolos brillantes adornan sus brazos desnudos y su cara. Lleva orejas puntiagudas y joyas de oro en contraste con mi plata. Además, grandes alas de gasa como las de una libélula fijadas en la espalda, dándole la apariencia de un hermoso espíritu del bosque.
— Hola tú —Saluda mientras me acerco— Estás muy guapo esta noche.
La tomo la mano y la beso con galantería.
— Gracias a mi estilista. O más bien, gracias a Connell y Abel. Ellos le dieron la idea.
Ella me mira educadamente confundida, y por encima del hombro veo otro tributo mirándola con disgusto. Creo que es la chica del 1, a juzgar por su pelo rubio y los zafiros brillantes de su largo vestido. En el distrito 1 chicas son siempre hermosas, los tributos profesionales son seleccionados por su aspecto, así como por su habilidad para las armas. Pero allá donde su belleza es prefabricada y artificial, la de Charlie es natural y genuina. Espero que Vera tenga una buena estrategia para mi compañera de distrito porque ya está haciendo enemigos.
Un relincho suave me distrae y me dirijo al más cercano de los cuatro caballos que llevan nuestro carro.
— ¡Qué precioso eres! —Susurro mientras deslizo mi mano sobre su espalda— Qué bonito, hermoso —El semental me acaricia con la nariz y doy golpecitos en ella para que se impregne de mi olor. De repente, una trompeta suena y las enormes puertas se abren.
— Blight, sube. —Charlie me llama— ¡Está empezando!
De mala gana me separo de los caballos y salto a un lado del carruaje, aterrizando a su lado. Ella se ve sorprendida, y luego se ríe cuando los caballos se mueven por su propia voluntad y sin ninguna orden, llevándonos hacia la ciudad.
Somos saludados por multitudes gritando desde todos lados. Recordando lo que dijo Lucia, mantengo una sonrisa en mi cara y saludo con la mano a la multitud que nos adora. Gritos y llantos vienen hacia nosotros, gritan nuestros nombres y lanzan flores a nuestro carro antes de que pase. En cuanto a las pantallas grandes que bordean la avenida, puedo ver que Charlie y yo somos un enorme éxito con nuestra piel y ropa brillantes. Los símbolos son aún más llamativos en la noche abierta del desfile. Veo destellos de algunos de los otros tributos: Gemas del 1, tritón y sirena del 4, tela brillante del distrito textil 8, un montón de frutas y bayas del 11. Algunos están bien hechos, otros no tanto, pero Charlie y yo somos la comidilla de la noche, ganando fácilmente los mayores aplausos y mayor tiempo en pantalla. La única manera en que Lucia nos podría haber conseguido más atención habría sido si nos hubiera prendido fuego. Lo que por supuesto sería ridículo.
Veo un gran grupo de chicas de mi edad gritando de todo y empujando hacia adelante, con las manos lanzadas hacia mí. Yo les doy un saludo y un guiño y se derrumban en espasmos de placer. Los chicos que van con ellas me miran con fastidio, y uno de ellos coge algo de su abrigo. Casi no he podido ver lo que está haciendo hasta que tira el petardo en frente de nuestra carroza que estalla con una gran explosión.
La multitud grita mientras los caballos chillan y se alzan. El más cercano a mí se libera del arnés y comienza a galopar locamente alrededor. El desfile se detiene, la gente está gritando, y un agente de la paz corre hacia la avenida, cargando su arma, el caballo como objetivo. No sé lo que pasa por mi cabeza, solo que con tantos de nosotros obligados a morir, no puedo ver el final de este hermoso animal. Cuando el semental trota al lado de mi carro, doy un salto sobre el borde, me tiro al aire, y aterrizo en su espalda.
La multitud se desvanece, al igual que el desfile. Estamos sólo el caballo y yo, como de vuelta en casa. Se levanta al sentir el peso repentino, pero me mantengo montado con facilidad, susurrando y acariciando su cuello. El caballo reconoce mi voz, mi olor. Le noto temblar, y él se lanza a correr. Le dejo hacerlo, sabiendo que lo necesita para sacar el miedo y la excitación, pero también sabiendo que le puedo orientar. Efectivamente, la menor presión de mis rodillas le dirige al caballo por la avenida, más allá de los carros de 10 y 11. Damos la vuelta y veo que el tributo grandote del 10 me está mirando con una mirada intrigada. Pero entonces estoy de vuelta en el carro, trotando junto a Charlie. Ella me mira con la mirada asombrada.
El ruido está de vuelta y me doy cuenta de que la gente está gritando mi nombre. Nunca tuve la intención de montar un espectáculo para ellos, pero he hecho precisamente eso. Bueno, ya no hay vuelta atrás, y como no tengo ninguna manera de volver a ensamblar el arnés al carro, continúo el paseo hasta llegar al Círculo de la ciudad.
Una vez que el último carro llega, nos encontramos ante el Centro de la ciudad y el presidente Snow llega con su séquito. Da un paso y comienza el terrible, repetitivo e inmensamente largo discurso que se da cada año. Entre asegurar que mi montura está controlada y el escaneo de las multitudes que nos presencian, no escucho ni una sola palabra.
La gente detrás de Snow es un ejemplo de los excesos del Capitolio. En un lugar prominente están las esposas y concubinas del harem del Presidente. Muchas son hermosas, pero otras están tan alteradas que son grotescas. Una mujer gato aquí, un pájaro de color allí. Una mujer con la piel blanca y el pelo en llamas de color naranja. Otra con la piel lila y cabeza rapada luciendo diminutos cuernos. Otra vestida de rojo con joyas engulléndola, cerca de la parte de atrás está mirando a los tributos con intenso interés. Casi parece como si estuviera mirándome directamente a mí. Desesperadamente. Con avidez.
Conozco esa cara, incluso desde esa distancia. Conozco esos ojos, incluso después de muchos años. Los labios que me cantaban para dormir son los mismos, aunque la ropa sea cara. Las manos que ahora agarran la barandilla del balcón están blancas de lo fuerte del agarre, tanto como cuando me acunaban al dormir.
Nadie oye la palabra que cae de mis labios. Está destinada sólo para ella, para la mujer de la que no puedo apartar los ojos.
— Mamá.
No está de más recordarles que ésta historia no es mía. Es de Osin55 y su título original es "The Lumberjack and the Tree-elf".
Lamento haber desaparecido un poquito del tiempo más de lo que me habría gustado. Agradezco profundamente también a KikoBCN por ayudarme a hacerles llegar éste capítulo mucho más rápido de lo que yo habría podido.
Me encantaría que dejaran un Review a ver qué les parece la historia y si les va gustando, a los autores/traductores nos motiva muchísimo.
En fin. Feliz lectura.
Pd. No tengo un orden definido, es decir cada semana o algo así porque mis tiempos son extraños en la Uni. Pero esto va razonablemente rápido, si quieren algo más rápido o más lento también pueden comentarlo.
