Blight:
La zorra del Agente. Perra del Capitolio. Traidora.
He escuchado cada uno de ésos nombres por nueve años en muchas bocas del Distrito 7. Todos ellos hablando de mi madre. Todos mentiras.
La plaga de mi vida. Elfo. Musgo. Bastardo.
Mi madre está viva. Siempre pensé que lo estaba, pero ahora la he visto con mis propios ojos por primera vez desde los siete años. Y no está donde me han dicho que está. Los Agentes de Paz dijeron que había huido al Distrito 2 con el Jefe anterior a Core. Pero no está en el Distrito 2. Está aquí, en el Capitolio. Y no sólo eso, está con Snow. Las manos que acariciaban mi cabello, que secaban mis lágrimas, que me abrazaban cuando tenía pesadillas ahora son usadas por el hombre más malvado de todo Panem. ¿Cuánto tiempo ha estado aquí, vestida con sedas y joyas, viviendo en una opulenta mansión, impedida de regresar con la familia que la necesitaba?
Tendido en mi cama en el séptimo piso del Centro de Entrenamiento, ojos abiertos, mirando al techo, sigo sin hallar respuestas. Probablemente jamás las encuentre, porque en cinco días estaré en la arena. Cinco días. Jamás podré hablar con mi madre otra vez. Jamás volveré a montar ni sentir que soy libre. No hablaré más con Jason, no podré arreglar las cosas, ni darme la oportunidad de llegar a conocerlo.
Un golpe en la puerta me saca del estupor, no me di cuenta cuando comencé a dormirme, pero debí haberlo hecho ya que la luz comienza a filtrarse por los ventanales y la voz de Tutti Marble cacarea que tendremos un gran día lleno de emociones y que hay que desayunar. Considero hacerme el dormido e ignorarla. Lo último que quiero es verle la cara a ella o a Eamon y tener que hacer conversación. Pretender que no son mis ejecutores personales. Pero tendré que levantarme tarde o temprano ya que es el primer día de entrenamiento. Además tengo hambre.
Como lo esperaba, soy el último en llegar a la mesa. Ignorando el chillido de Tutti informándome que llegué "muy tardecito" me siento y me sirvo tocino. Vera y Charlie conversan en voz baja, seguramente afinando detalles para la primera sesión de entrenamiento. Eamon está sentado a mi izquierda y Tutti como siempre ha conseguido instalarse tan cerca de él que casi se encuentra encima. Ha cambiado su traje verde y su peluca por unos en tono pateado. Sospecho que tiene que ver con Madame Lucia, pero en ella se ve corriente, mientras que Lucia aún tiene esa aura de realeza y poder incluso cuando le pone mantequilla a su pan. Al lado de Lucia hay un hombre con cara de ratón vestido completamente de púrpura. Creo que su nombre es Gloudus, el estilista de Charlie. Sus manos parecen estremecerse de emoción por estar tan cerca de Lucia, tanto que casi vuelca su taza de té cuando ella le pide el azúcar. Lo mira con desdén antes de dirigirse a mí.
— Estuvo espectacular anoche Sr. Gavin. No sólo dieron fruto los humildes esfuerzos de Madame Lucia de transformarlo en el centro de las miradas, si no que su pequeño espectáculo sobre aquella bestia le ha ganado muchos seguidores aquí y allá. La mayoría de los patrocinadores tienen que esperar a la puntuación dentro de dos días para hacerse una idea del potencial de un tributo pero usted ha tomado la delantera. Bien hecho mi niño. —Se voltea hacia Eamon— Confío en que usted y el Sr. Gavin hayan diseñado una estrategia adecuada para ésta ventaja.
Eamon sonríe como de costumbre.
— Blight y yo hemos hablado largo y tendido sobre lo que hará en la arena. Nuestra estrategia es tal que el entrenamiento no importará nada. Estamos seguros de que el resultado será el mismo. Pero no diré más, no queremos que Charlie y Vera sepan lo que viene. ¿O sí? —Le guiña un ojo.
— No creas que estamos fuera del juego Eamon. —Dice Vera— Charlie tiene muchas posibilidades. La idea de Madame Lucia la ayudó tanto como a Blight, y ya hablan de ella como las más hermosa desde Cora. Tiene una clara ventaja sobre muchos de los distritos también.
— Que gane el mejor tributo entonces. —Responde Eamon con un brillo en los ojos.
— Oh, te aseguro que ella lo hará.
— ¡No puedo esperar a ver lo que usarán en las entrevistas! —Interviene Tutti, haciendo gala de su falta de habilidad para darse cuenta de los tonos siniestros de las personas. Incluso cuando no son sutiles para nada— ¡Lucia, me has inspirado tanto! Tuve que adaptar mi guardarropa a tu hermoso estilo. —Se mueve un poco en su asiento para que su cabello brille cuando le cae la luz. Lucia levanta una ceja.
— ¿Era parte de tu concepto el parecer un travesti daltónico?
El labio de Tutti tiembla un poco.
— ¿Eso... es lo que la gente dice?
— Aún no, pero es cuestión de tiempo para que todos te vean. —Le digo.
Tutti emite un chillido indignado que los humanos no suelen hacer. Los ojos de Lucia se encuentran con los míos y debo tomar rápido un poco de café mientras ella abre su abanico y ambos escondemos las sonrisas. El resto de nosotros apresura la conversación hacia otro tema hasta que todos terminamos de desayunar.
Pronto estoy lleno a rebosar de excelente comida, y no hay nada que me gustara más que regresar a mi cuarto y dormir hasta que me baje la comida. Desafortunadamente no es posible. Hoy es el primer día de entrenamiento, el primer día que Charlie y yo tenemos para aprender cosas y adquirir habilidades que con suerte mantendrán vivo a uno de nosotros. Será también el primer día que hablaremos con otros tributos. En cuanto nos paramos de la mesa, los Avoxes llegan a limpiar todo. Han cometido alguna clase de crimen y ahora deben servir al Capitolio, que les ha mutilado. De pronto no me siento tan mal. Al menos cuando muera en la arena, será el final de mi sufrimiento. El de ellos no acabará por mucho tiempo.
Tutti nos escolta al elevador y nos lleva al gimnasio que se encuentra bajo tierra. He notado que no nos ha dirigido a palabra, aunque ocasionalmente se arregla el cabello y el vestido. Reprimo una sonrisa y salgo del elevador con Charlie. La mayoría de los otros tributos ya está aquí, evitando las miradas de otros y caminando de un lado para otro. Charlie y yo permanecemos juntos mientras nos ponen un pedazo de tela con el número 7 en nuestras mangas. Cuando todos llegan, escuchamos a una mujer llamada Atala que explica el funcionamiento del entrenamiento y cada una de las estaciones. Algunas se enfocan en armas, otras en plantas comestibles y refugios. Está prohibido combatir con otros tributos. Tenemos completa libertad de gastar nuestro tiempo como queramos en las estaciones. Tenemos doce horas los primeros dos días y cuatro en el tercero. Al final del entrenamiento mostraremos nuestras habilidades a los Vigilantes, los veinticuatro hombres y mujeres que están sentados al rededor del gimnasio observándonos.
Charlie de inmediato se dirige a las estaciones de supervivencia, la que se enfoca en camuflaje. Decido ir a la estación de cuchillos, ya que recuerdo en Juegos anteriores que son de las armas más comunes en la arena. Antes de que de dos pasos, encuentro mi camino bloqueado. Seis tributos están parados frente a mi, la mayoría son más grandes que yo, aunque no es que sea particularmente difícil. Todos parecen muy seguros de si mismos. Los ignoro e intento pasarlos de largo, ya que estoy seguro que no pueden mantener una conversación conmigo y mi brillante humor, pero el enorme y rubio me agarra del hombro.
— No te nos unirás. —Dice
— ¿De qué hablas?
La rubia a su lado, a quien reconozco como del Distrito 1 sonríe cruelmente.
— ¿Eres sordo? Link dice que no tes nos unirás.
— Puedo manejar ésto Alabaster. —Dice el chico— Vimos tu truco en el pony. Muy lindo. Y vimos que te ofreciste para los Juegos. Valiente, pero estúpido, porque morirás de todas formas. No todos los que se ofrecen entran en la alianza, y lamento decírtelo pero éste año estamos llenos.
Tradicionalmente, los tributos del 1, 2 y 4 se juntan para cazar a todos los demás antes de acabar el uno con el otro. Me doy cuenta de lo que pasa. Lucia tenía razón, me han notado. Y ahora los Profesionales me tratan como a una amenaza. ¿No es genial? La vida no era lo suficientemente interesante hasta ahora. Como he anhelado más emociones.
Levanto una ceja, gesto que he copiado de Madame Lucia.
— Sepan, mis queridos amigos, que unirme a su alianza no era mi intención. Aunque es una pena, trabajar con ustedes seis seguro me habría garantizado adversarios más competentes que ir en su contra. Mariposas quizás, o siniestros montones de hojas.
Link no mueve un músculo.
— No te molestes con las habilidades de supervivencia. Cuando lleguemos a la Cornucopia, eres mi primer objetivo. No correrás ni veinte yardas fuera de tu plataforma.
— Oh Link, ¿De verdad? ¿Soy tu principal objetivo? Mírame, me sonrojas. —Le guiño un ojo sugestivamente. Una de las chicas, creo que del Distrito 2 suelta una risotada. Link la fulmina con la mirada y se va. Los otros lo siguen. El tributo del 4 se voltea y se pasa un dedo por el cuello amenazador. Le mando un beso.
Los profesionales se dividen y comienzan a trabajar en las estaciones de cuchillos, hachas y espadas. No me intimidan, lo peor que pueden hacerme es matarme. Pero no estoy lo suficientemente loco para aprender a pelear con un grupo de personas que desean despellejarme. Así que me dirijo a las estaciones de supervivencia donde aprendo a hacer una tienda con ramas de pino.
Paso la mayor parte del día en éste lado del Cetro de Entrenamiento. Ocasionalmente me encuentro con otro tributo pero a penas hablamos. Aprendo a hacer una fogata decente con Charlie, a quien se le han unido las chicas del 8 y 9. Las presenta como Qin Li y Bobbi. Asiento con la cabeza para reconocer su existencia pero no me molesto en establecer una amistad. Me doy cuenta de la estrategia de Charlie. Se enfoca en supervivencia y se junta con dos chicas bonitas. Seguramente saldrán corriendo en cuento puedan lejos de la Cornucopia y harán lo que puedan para que un par de patrocinadores calenturientos las mantengan con vida. No es una mala idea. Yo haría lo mismo pero me faltan un par de cualidades necesarias para que el plan funcione, como un par de pechos. El día que un chico gane los Juegos del Hambre sólo viéndose bonito, ése día me comeré mis botas.
Después de la fogata, camino un poco y llego a la estación de nudos. Nadie está aquí. El instructor me enseña un par de nudos y las trampas que van con ellos, estoy batallando con uno cuando escucho una voz tras de mi.
— Montas bien niño.
Volteo y veo al chico del Distrito 10 detrás de mi. Está trabajando con un pedazo muy largo de cuerda, ignorando las miradas airadas del instructor. Debe notar mi confusión porque habla de nuevo.
— En el caballo. Montas muy bien.
— Gracias. —Vuelvo a mi nudo.
— ¿Dónde aprendiste?
Explico mi trabajo en el Distrito, sin hacer contacto visual. Estoy pensando que quiere intimidarme pero se tira a mi lado pesadamente y me ofrece su mano.
— ¿Cómo te llamas?
— Bight Gavin. Distrito 7
— Devon Hooley. Texas
— ¿Qué es un Texas?
Devon me sonríe. Es enorme, seguro tiene dieciocho. Su cabello es castaño como el mío. Sus enormes ojos cafés se ríen con él.
— Puedes llamarle Distrito 10 pero un texano siempre será un texano.
No dice nada coherente así que me volteo. Parece notar mi desinterés y se levanta, toma su cuerda, que ha anudado hasta lograr un lazo enorme. La toma por el extremo y comienza a girarlo en el aire. De pronto lo suelta y el lazo atrapa a un maniquí de la estación de cuchillos. Devon lo jala hacia sí. Me doy cuenta que tengo la boca abierta, he pasado de molesto a profundamente impresionado. Nunca había visto algo parecido.
— Así es como lo hacemos en Texas.
Nos movemos de estación y en el camino descubro casi toda la historia de la vida de Devon. Es el menor de tres hijos, sus padres lo adoran. Ha montado caballos para arrear ganado en el Distrito 10 toda su vida. Debe volver a casa por su familia y por su chica. Devon saca de su boca como quincemil palabras por segundo, lo cual es conveniente puesto que no me apetece decir nada. De vez en cuando respondo una pregunta pero mantengo la conversación desprovista de mis usuales insultos. Devon puede parecer algo simple, pero su tamaño y sus habilidades con el lazo lo hacen un gran contendiente. Pasamos a Charlie de camino a otra estación y Devon chifla.
— La chica de tu Distrito es una belleza. ¡Hoo-whee! —Ruedo los ojos y Devon me da un codazo— Admite que también te la quieres dar.
Niego con la cabeza.
— Charlie es linda y dulce. Pero no es mi tipo.
Devon me mira shockeado.
— ¿No es tu tipo? ¡Es la cosa más hermosa que ha salido de tus bosques! ¿Qué tan alto es tu estándar hermano?
— Creo que mi estándar es diferente. Es todo.
— ¿Te gustan los hombres? —No respondo pero el sonrojo que recorre mi cuello es suficiente para él. Me da una palmada en el hombro— No hay problema. Uno de mis hermanos es de ésos. La vida es demasiado corta para pretender ser alguien que no eres.
Miro a Devon y saca un collar de debajo de su playera— Es mi amuleto. Ella es mi chica. ¿Ves? —El guardapelo tiene una foto dentro de una bella castaña con grandes ojos cafés. La expresión de Devon se vuelve distante mientras recuerda a su amada— No puedo esperar para mudarnos a la Aldea de los Vencedores. Nadie lo merece más que ella.
La campana suena, señalando el final del día. Nos dirigimos a los elevadores y Devon se voltea y me pregunta.
— ¿Aliados?
Me cruzan la cabeza muchos pensamientos. Sopesando los pros y contras de hacer equipo con Devon. En mi cabeza los contras son demasiados, así que me sorprendo a mí mismo contestando:
— ¡Claro!
Devon sonríe y me despide antes de subir al elevador. En cuanto deja de verme me permito reír un poco. Un aliado.
¡Thwack Thwack Thwack!
El segundo día de entrenamiento ha llegado y a pesar de que los profesionales siguen rondando en el área, estoy determinado a aprender algo sobre armas. Las hachas no se me dan tan mal, pero no soy un leñador, como el resto de los hombres en 7, así que no tengo esa ventaja. Estoy perdido en cuanto a espadas se refiere, mi instructor prácticamente me ruega que me vaya. Así que me encuentro en la estación de bastones, aprendiendo a bloquear y atacar con un palo largo de madera que mide lo que yo. Sorprendentemente la instructora aquí se desvive en halagos.
— ¡Eres un natural Blight! ¡Muy bien!
Me ataca con su propio bastón y bloqueo casi todos los golpes. Trae entonces instructores de todas las demás armas para enseñarme a bloquear ésas. Después de unas horas de trabajo, me siento cómodo bloqueando todo lo que se me acerque. Es probablemente un reflejo, ya que he usado bastones casi toda mi vida en los bosques, para saltar y defenderme.
— Asegúrate de mostrarle ésto a los Vigilantes. Te ayudará en la arena. —Dice mi instructora.
— ¿Quién sabe si pondrán un bastón ahí?
— La Cornucopia la llenan justo antes de los Juegos. Si a los Vigilantes les gusta lo que ven seguro que querrán verte hacerlo en los Juegos. Confía en mi Blight.
Hago una pequeña reverencia y continúo entrenando hasta escuchar un grito detrás de mi. Me toma unos segundos darme cuenta que gritan mi nombre. Me volteo y veo a Devon marchando hacia mí, está muy enojado. Me agarra del hombro y tira de mí.
— ¡Creí que éramos aliados Blight! ¡Pero va mi mentora a hacerlo oficial y Eamon se ríe en su cara! ¿A qué estás jugando?
Miro al rededor. Nuestra pequeña pelea ha atraído miradas, de tributos e instructores, incluso un par de Vigilantes. Lo tomo del hombro como él a mi y lo llevo a la primera estación que veo que resulta ser plantas comestibles. En voz baja le cuento todo. Mi padre, la Cosecha, Eamon, todo.
La cara de Devon pasa de la ira a la incredulidad y después al horror puro.
— Eso... Eso está muy enfermo Blight.
— Devon, son los Juegos del Hambre. No se supone que sean justos.
— ¡Pero todos debemos tener las mismas posibilidades!
Me río con ganas y señalo a los profesionales, que molestan al tributo del 9.
— Si, todos tenemos las mismas posibilidades. Incluso los que no hemos entrenado toda la vida. —Devon parece querer decir algo pero me adelanto a él— No importa Devon. Lo pensé mejor anoche y no me voy a aliar contigo. No quiero tener que matarte. Me han puesto aquí solo y lo haré todo solo. Con o sin tu permiso. Además, sería un aliado terrible. Los Profesionales la traen contra mí desde lo del caballo.
Devon me mira por un largo momento con su mirada penetrante.
— Una hora.
— ¿Qué?
— Alianza de una hora. Nos ayudamos a tomar lo que necesitemos de la Cornucopia. Necesitas todo lo que puedas tomar, en especial si Eamon no te deja tener patrocinadores. Cuando estemos a salvo dividimos las cosas y nos separamos. ¿Trato?
Le dedico la primera sonrisa verdadera que le he dado a alguien desde que llegué al Capitolio.
— Trato.
— Ojalá yo pudiera hacer un trato así. —Dice una voz detrás de mí. Sin ser vista por ninguno de los dos, la chica del Distrito 2 se ha unido a nosotros en la estación— Mis aliados son una bola de idiotas. No puedo esperar por romper la alianza. Soy Plautia por cierto.
Devon y yo la miramos con incredulidad y aprehensión.
— Tonterías. Eres una Profesional. Querías estar aquí. Eres igual que ellos. —Dice Devon
— ¡No me parezco en nada a ellos! —Lo mira ella con enojo— No fue mi decisión estar aquí.
— Bonita manera de mostrarlo. ¿No eres la que luchó con aquella otra chica de camino al escenario? —Pregunto— A mí me parecías bastante ansiosa.
— Mi tío es un Campeón. —Dice con la mirada en el piso— Juegos del Hambre 24. Ganó a los quince, como yo. Si no me ofrecía él.. estaría tan...
Y de pronto no puedo verla. A ésta Profesional consentida, con el entrenamiento y la actitud y los aliado. La chica que a pesar de todo es exactamente como yo, y sólo uno de nosotros puede ganar. Probablemente ninguno de los dos. Afortunadamente no tengo que decir nada porque Plautia habla tanto como Devon y pronto nos tiene informados de Link, Alabaster, Quintus el de su distrito y los asquerosamente felices tributos del 4, Romani y Tara. Incluso nos dice su estrategia, va a quedarse con ellos todo lo que pueda y antes de que se vuelvan unos contra otros correrá al bosque. Por éso está en plantas comestibles, le dijo a sus aliados que venía a espiar, pero en realidad quiere conseguir la ventaja. Mi primer instinto es correcto. Cada vez me cae mejor.
Plautia tuvo que regresar pronto con sus camaradas. Devon y yo terminamos el día en la sección de armas. Pulí mi habilidad con el bastón mientras mi amigo descubre que es bueno con el hacha a dos manos. Cuando suena la campana y me voy a mi piso me siento más optimista que nunca.
— ¡Blight Gavin!
Trago saliva cuando oigo mi nombre. El tercer día de entrenamiento terminó. Doce tributos han entrado al gimnasio a lucirse frente a los Vigilantes y ahora es mi turno. Al salir capto la mirada de Charlie, me sonríe alentadora. Detrás de ella Devon levanta los pulgares. Les sonrío y entro al gimnasio.
Los Vigilantes me observan, más o menos. Están descansando, comiendo y bebiendo y de pronto me quedo petrificado. Las estaciones están frente a mi pero no sé a donde ir o qué hacer. Voy a fracasar. Me haré una bola en el piso y lloraré.
— Puedes empezar Distrito 7.
Y ahí voy. Corro a la estación de bastones y levanto uno que se parece al que usé en entrenamiento. Por desgracia no hay asistentes para luchar así que considero fingir una pelea. Después tengo una mejor idea. Me imagino en casa, junto a los árboles. El bastón es una rama más en mis manos. Corro entre los aparatos, salto sobre las cabezas de algunos maniquíes, mis pies tocando el suelo sólo para impulsarse de nuevo. En cinco minutos he recorrido en cuarto tres veces. Es una muestra impresionante de acrobacias, si se me permite decirlo.
Y aparentemente soy el único que opina lo mismo. Los Vigilantes me miran con expresiones aburridas. Quieren un espectáculo, quieren sangre, no un tributo saltando de aquí para allá. Lo sé y los odio por ello. De pronto sus caras se borran y aparecen las de mi padre, Abel, Ercole, Jonel, Connell y los demás. Tan tranquilos y a salvo del otro lado, mirándome, riéndose de mi.
Elimino toda emoción de mi cara, y un fuego ardiente nace en mi estómago. Empiezo de nuevo, ésta vez tomo unos cuchillos de la estación y lanzo dos al primer maniquí, que tiene la cara de Jonel, me sorprende escuchar que dan en el blanco. Ya estoy en las hachas, las uso para derribar más maniquíes, las caras se ríen de mi y me vuelvo loco. Erole cae, un hacha en su pecho. Tobin es mutilado por otro cuchillo, Connel se ha quedado sin cabeza, fruto de mi espada. El pecho de Abel está abierto y su relleno regado por el gimnasio. Mi padre tiene una lanza en el estómago. Finalmente Eamon está ahí parado con su indiferencia hacia mi vida. Mi vida. Y el bastón lo noquea, el hacha le corta pies y manos, la espada toma sus piernas y brazos, los ojos son sacados de sus cuencas por cuchillos y una nueva boca ha sido cortada. El bastón se entierra en su estómago como golpe de gracia.
Veo hacia arriba, no hay más maniquíes, pedazos de ropa azul y relleno blanco llenan el lugar. Los Vigilantes me ven estupefactos. Me doy cuenta que han pasado los últimos diez minutos viendo al elfo del Distrito 7 convertirse en un asesino serial.
— Puedes irte Distrito 7
Me volteo y golpeo varias cabezas de maniquí al pasar. Siento la mirada de los Vigilantes en mi espalda. Estoy agradecido por que no vean mi cara, agradecido de poder ocultar mis lágrimas.
