Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, la historia si, la hago sin fines de lucro y no es apta para menores de edad.
"A veces el problema es que tu mente no quiere admitir lo que tu corazón ya sabe… Mi corazón es tuyo, porque tú eres quien lo hace latir".
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
CAPITULO II
DUDAS
Anthony se alejó pensando que ese joven debería amar mucho a Candy para hacer ido hasta ese lugar tan lejano simplemente para conocer, sonrió para sí mismo con ironía al pensar que él también había decidido quedarse ahí por la misma razón.
-Estarás en buenas manos Candy… mi Candy... ya no tengo derecho en llamarte así mi amor… te amo Candy. – Pensaba triste.
La mañana llegaba y con ella el nuevo día que tenía que emprender.
-Buenos días pecosa, espero estés mejor el día de hoy. –Decía Anthony pensando en los ojos tristes de su pecosa. –Mi pecosa… No, nunca fuiste mía… - Pensó triste.
Se dio un baño, se puso sus jeans que se ajustaban a su figura gracias al duro trabajo del campo, se puso una camisa blanca y un chaleco de cuero café, se anudó un pañuelo rojo en su cuello, sus botas y una texana café a juego con las botas y el cinto. Se miró al espejo, era muy alto y muy bien parecido, de cuerpo atlético y con su piel ahora bronceada, causaba miles de suspiros al pasar por el pueblo. Tanto él como Tom tenían varias admiradoras en el pueblo, eran los hermanos Stevens, dos solteros que vivían a las afueras del pueblo ahora, muy cerca del hogar de Ponny.
Salió de su habitación y encontró a Tom quien ya hacía el desayuno.
-Buenos días Tonny. – Dijo feliz.
-Buenos días hermano. – Contestó Anthony con una sonrisa.
-¿Ahora sí hablarás con ella? – Anthony lo miró sorprendido, mentiría si no dijera que no se lo había planteado, pero aún no se atrevía a hacerlo.
-No.
-¡No entiendo tu necedad! ¡Ella lo merece! – Dijo poniendo ambas manos en la mesa en señal de desacuerdo.
-¡Ella está sufriendo por él! ¡No seré su paño de lágrimas!
-¡Ella sufre más por tu pérdida que por la de él!
-¿Cómo lo sabes? ¿Ella te lo dijo?
-¡No hace falta! La conozco desde niños. – Le dijo simplemente. – Ella se separó hace tiempo de él, se fue a trabajar en la construcción de las vías, regresó y siguió trabajando en la clínica feliz, ella ha avanzado. Ya no ha tenido noticias de él, ella está mejor que cuando llegó, si no te apresuras a decirle la verdad, ella conseguirá a alguien más y lo que es peor ella te odiará por haberte ocultado. – Anthony se sorprendió con lo dicho, sabía que Tom tenía razón, pero tenía miedo de no recuperar su amor. "Por lo menos recupérala como tu prima" le habló su subconsciente.
-Por lo menos dime que lo pensarás Tonny.
-Lo pensaré. – Dijo simplemente, pero ya lo llevaba pensando días y más días y aún no se decidía a hacerlo.
-La hermana María necesita los víveres, quedaste de llevárselos hoy.
-Lo sé, iré antes de que Candy despierte.
-Uhhhh tienes tiempo hasta de desayunar, esa revoltosa sigue siendo muy dormilona. – Dijo Tom riendo feliz, Anthony lo sabía muy bien aún recordaba las veces que tenía que esperarla afuera de su habitación hasta que despertara simplemente por el placer de ver sus ojos por la mañana.
Candy se despertaba como cada mañana con mucho ánimo para comenzar su labor del día, había decidido pasar un tiempo en el hogar de Ponny, ya que el doctor Martín se había ido a visitar a su familia y tal vez tardaría meses en regresar, si es que regresaba. Albert había regresado a África, ya que aún no quería que lo presentaran como el patriarca del clan y Archie había ido a buscar a Stear para traerlo de las orejas por haberse ido a la guerra, creía que ya estaba bueno de jugar a los soldaditos y se había ido emprendiendo un viaje para traerlo de vuelta y Annie… bueno Annie seguía con los preparativos de su boda.
Candy abrió la ventana alegre como cada mañana, para respirar el aire puro del campo.
-¡Buenos días! – Dijo al viento aspirando su aroma. -¡Qué feliz estoy de estar aquí! – Decía para sí misma. Desde su ventana veía alejarse a una carreta que iba a paso lento en dirección del pueblo, no alcanzó a ver quién era el conductor, solo vio a un joven fuerte de texana que conducía la carreta.
-¡Tom! – Se dijo feliz. Se apresuró a bajar corriendo para ver a su hermano hacía tiempo que no lo veía y tenía ganas de saludarlo.
Cuando por fin llegó hacia donde se había ido la carreta gritaba con todas sus fuerzas el nombre de su hermano.
-¡Tom! –Gritaba agitando la mano. - ¡Tom! – Sin embargo la carreta no se detuvo, solamente el chofer se quitó la texana y la levantó en señal de despedida. Candy calló de pronto al darse cuenta que no era Tom, sino un chico rubio el que conducía la carreta, sonrojándose de pronto y quedándose en silencio. Regresó dentro del hogar observando todos los víveres que habían llevado. La hermana María la observaba aún sonrojada por la vergüenza que había pasado.
-¿Qué sucede Candy?
-Nada hermana María, solo que quería saludar a Tom y al parecer no era él el que conducía.
-¿Tom? ¡AAhh! No, ese no era Tom. – Dijo la señorita Ponny. – Era Tonny.
-¿Tonny? – La anciana asintió desde su lugar.
-Tonny Stevens. – Dijo la hermana María.
-¿Stevens? – Preguntaba Candy parecía un juego de palabras lo que estaban haciendo.
-Así es, es hermano de Tom. – Dijo de nuevo la señorita Ponny.
-¿Hermano de Tom? ¿Desde cuándo? –Preguntaba confundida.
-Hace tiempo Candy, hará unos cuatro años que el señor Steven lo adoptó lejos de aquí. ¿No lo sabías?
-No –dijo indignada. – Tendré que reclamarle a Tom.
-¿Reclamarme qué cosa? – Preguntó Tom, quien venía entrando.
-¡Tom! – Gritó Candy abrazándolo gustosa.
-¡Hola revoltosa! – Le dijo correspondiendo feliz a su abrazo. – Bienvenida.
-¿Por qué no has venido a visitarme?
-He estado ocupado.
-¿Tanto como para no ver a tu hermana? O mejor dicho tu nuevo "hermano" ¿Es más importante que yo? – Preguntó viéndolo con reproche y las manos en las caderas simulando molestia.
-¿Has visto a Tonny? – Preguntó asombrado, en este tiempo, Anthony se las había arreglado para desaparecer cuando Candy iba de visita al hogar de Ponny.
-No, Tonny llegó muy temprano. – Dijo tranquila la hermana María. – Pero Candy lo vio a lo lejos cuando él ya se iba.
-¿Por qué no me habías contado de él Tom?
-Candy, Tonny es muy tímido y casi no convive con extraños. – La señorita Ponny solo negaba con su cabeza, tampoco estaba de acuerdo con seguir ocultándole a Candy la verdad.
-¿De verdad? Pero yo soy tu hermana, así que él también es como mi hermano.
-¡No! – Dijo Tom inmediatamente. – Tonny es muy reservado Candy, deja que se acerque a ti por él mismo, no lo presiones. – Le dijo mirándola retadoramente, pues la conocía y sabía que Candy no se quedaría cruzada de brazos.
-Es verdad Candy. – Dijo la hermana María. – Tienes que darle su espacio y dejarlo que él te cuente sobre si mismo, sobre todo porque es nuestro principal benefactor.
-¿Benefactor?
-Así es Candy, el rancho que está a la salida del pueblo le pertenece a él.
-Es un rancho muy grande.
-Así es, con la ayuda de mi padre él y yo nos hicimos de dinero Candy, pero gracias a Tonny el hogar tiene todo lo que necesita y la remodelación corrió en manos de Tonny.
-De hecho tu cuarto fue hecho por él mismo Candy.
-¿Y por qué? Si no me conoce. – Dijo Candy curiosa.
-Así es él, noble, desinteresado. – Dijo simplemente la hermana María. – Él conoce de ti por Tom.
-¿Y por qué él sí sabe de mí y yo no?
-Tú nunca me has prohibido hablar de ti.
-¿Y él sí?
-Candy, Tom ha sufrido mucho, tienes que entenderlo, y sigue sufriendo Candy.
-¿Sufre? – Candy ya no dijo nada pero las palabras de Tom se habían quedado en su cabeza, aumentando su curiosidad, se retiró muy pensativa una vez que ayudó a guardar la despensa semanal. Pensaba en ese joven a quien no pudo conocer su rostro, pero tenía muchas cosas que agradecerle. El cuarto le recordaba mucho a su recámara en Lakewood, incluso los muebles, solo que mucho más pequeño, todo había sido renovado y cambiado, los niños ya no dormían todos en un mismo cuarto, sino que estaba dividido por edad, estando los bebés más cerca de la señorita Ponny y la hermana María, las cuales también tenían ahora su propio cuarto.
-Yo creía que todo era gracias a Albert. – Decía Candy. Todo había sido gracias a Anthony. – Debería agradecerle.
Tom sabía que Candy no se quedaría tranquila acerca de saber de alguien que sufría y se encerraba en su mundo, por eso lo había hecho para que ella se acercara al testarudo de su hermano y le contara toda la verdad, solo esperaba que este no lo matara al enterarse.
-¿Estás seguro Tom? – Preguntó la señorita Ponny.
-No lo estoy señorita Ponny, pero Tonny sigue sufriendo por esta revoltosa y yo creo que ya es suficiente de luto por el actorcete ese.
-¿Terry? – Tom asintió. – No, Candy ya no sufre por Terry. Tom, Candy sufre por todo lo que le ha pasado y una de las personas que más ha golpeado sus recuerdos últimamente es "Tonny". – Dijo la hermana María.
-¿Tonny?
-Tom, Candy se la pasa preguntando quien es el que cuida las Dulce Candy. Los últimos años ha aumentado el pequeño rosedal que Tonny cuida al pie del padre árbol y al ver cómo va cambiando cada que llega no puede evitar pensar en el joven Andrew.
-¿Qué le han dicho?
-Nada, no sabemos que decirle, lo bueno que es tan despistada que fácilmente le cambiamos de tema.
Anthony llegó a su rancho y se dispuso a llevar él mismo el ganado a pastar, dejando que Jhon alimentara a los caballos y demás animales.
-Jhon, yo iré a llevar a pastar al ganado.
-¿Estás seguro Tonny?
-Sí, no te preocupes.
Anthony ya era todo un experto en la vida del campo, después de haber vencido su miedo a los caballos decidió que sería bueno dedicarse a lo que siempre había amado desde que lo mandaran al exilio hacía tantos años atrás. Tom lo alcanzó en la pradera.
-¿Qué averiguaste?
-No mucho, la pecosa no te vio, no te preocupes.
-¿Estás seguro?
-¡Claro! Si te hubiera visto ya estaría aquí conmigo enlazado y gritándote molesta. – Anthony sonrió con nostalgia.
-¡Candy! – Lanzó un suspiro pronunciando su nombre.
-¿Qué vas a hacer Tonny?
-No lo sé Tom. Lo mismo que las otras veces supongo.
-¿Seguirás cuidando el jardín por las noches?
-Claro que sí, las Dulce Candy tienen que tener su cuidado.
Por la noche una vez más Anthony salió en su fiel yegua. Era una yegua muy parecida a Pegaso su antiguo caballo. Se puso su capa para montar y salió hacia la colina de Ponny a cuidar las rosas. Necesitaban abono si quería que florecieran nuevamente para el próximo mayo.
Volteó una vez más a ver la ventana del cuarto de su amada y suspiró con nostalgia en medio de la noche, su yegua relinchaba en medio de la colina y ese ruido despertaba a cierta pecosa que no conciliaba bien su sueño levantándose en medio de la noche al ver a un jinete de gran capa montando a un bello corcel blanco.
-¡Anthony! – Dijo Candy con asombro al ver la silueta tan perfecta que se distinguía muy bien entre la luz de la luna, veía como el caballo relinchaba y era apaciguado por el jinete quien volteaba hacia su cuarto y sentía la mirada fijamente.
Anthony no alcanzaba a distinguir a Candy por la oscuridad que reinaba en el hogar, sin embargo Candy podía verlo a él. Ella seguía petrificada en su lugar y como una autómata se dirigió al pie de su cama.
Anthony descabalgaba y guiaba a su caballo hacia el pie del padre árbol. Se disponía a agregarle el abono a las Dulce Candy. Estaba muy entretenido en su labor, cuando de pronto sintió que unas manos pequeñas lo abrazaban por la espalda.
-¡Anthony eres tú! – Decía con su voz temblorosa y ahogada en el llanto que se apresaba en su garganta contendiéndose a salir de ella.
Anthony se quedó petrificado sin responder, no sabía qué hacer. En todo el tiempo que ella había ido al hogar nunca lo había atrapado infraganti y no sabía cómo reaccionar. Se levantó poco a poco sin girarse a verla y sintió que sus ropas se humedecían poco a poco.
-¡Anthony! ¡Eres tú mi príncipe! – Le decía llorando y aferrándose a su espalda. – Sabía que eras tú el único que cuidaría tan bien de las Dulce Candy. – Decía emocionada con un nudo en su garganta, pero liberando las lágrimas que no había podido contener más. Anthony seguía sin hablar, se quitó las manos de Candy de su pecho y trato de alejarse lentamente.
-¡No! – Le dijo desesperada. - ¡No te vayas! ¡No me dejes de nuevo! No lo soportaría una vez más Anthony, ¡Quédate por favor! ¡Llévame contigo! ¡Quiero irme a tu lado! – Le decía llorando desesperada aferrándose a él no queriendo soltarlo porque tenía miedo que se desvaneciera. Anthony no pudo retirarse, así que se volteó lentamente y se encontró con los ojos llorosos de su amada que a pesar de las lágrimas que los inundaban volvía el mismo brillo con el que lo veía de niños. Ahora era un hombre de casi veinte años, pero aun así seguía sintiéndose un adolescente enamorado ante aquella pecosa. Todas las barreras que había construido en su corazón para tener el valor y la fuerza de no acercarse a ella se habían desmoronado por completo, guiando sus manos hacia su cuerpo para abrazarla emocionado aferrándose con todo ese amor contenido en su alma.
-¡Candy! – Dijo por fin. Candy reaccionó ante su voz y se acercó a él tomando su rostro.
-¡Estás tan guapo! – Le dijo sonrojándose por revelar sus pensamientos.
-Y tú sigues tan hermosa como siempre.
-Te extrañé. - Le decía Candy aún aferrada a su cuerpo.
-Yo te extrañe más Candy. – Le dijo enamorado, la veía detenidamente inspeccionando su rostro, sus ojos, sus pecas. La contemplaba entre sus brazos mientras las lágrimas corrían por sus azules ojos.
-Te amo Anthony. – Soltó Candy de pronto ante el asombro de Anthony.
-Yo también te amo Candy.
-¿Me llevarás a tu lado? - Le pregunta ante la sorpresa de Anthony, quién comprendió que Candy creía que él era una aparición. La abrazó más fuerte y por un impulso besó su cabello.
-Candy yo estoy más cerca de ti de lo que crees, solo búscame y me encontrarás. – Dijo sin saber por qué. ¿Qué no se suponía que no quería volver a verla? ¿Por qué le decía que lo buscara? ¿Se estaba traicionando a él mismo?
-Quiero estar contigo Anthony. – Le decía aferrada a su rostro.
-Yo también Candy, te necesito, te amo, siempre te he amado.
-Yo también te amo. – Lo dijeron al mismo tiempo que sus ojos se encontraban viajando hacia su boca, uniéndose poco a poco en un beso tierno y necesitado, saboreando Anthony dulcemente esa boca que más de una vez había soñado con probar, abandonándose con delirio a sus besos, degustando el dulce sabor que le proporcionaba la calidez de su boca, la acercaba delicadamente a su cuerpo mientras Candy lo abrazaba por el cuello, bajando lentamente ambos y recargándose a espaldas del árbol. Candy se detenía a ese dulce beso al mismo tiempo que Anthony por la necesidad de respirar.
Se quedaron abrazados sin decir nada uno al otro, escuchando su respiración. Se sentía tan bien estar así. Candy poco a poco quedó dormida y Anthony la tomó entre sus brazos y la llevó al hogar de Ponny, colocándola en su habitación, dándole otro delicado beso en los labios antes de despedirse de ella.
-Buenos noches mi amor. – Le dijo muy cerca de sus labios.
-Buenas noches mi príncipe. – Respondió Candy en sus sueños con una sonrisa diferente, con una sonrisa tranquila y llena de felicidad.
Al cerrar la puerta del cuarto de Candy, Anthony fue sorprendido por la hermana María, quien lo miraba seriamente.
-¿Se ha dado cuenta?
-Al parecer no, ella cree que está dormida.
-¿Y si no?
-Creo que llegó la hora de decirle la verdad. – Dijo con pesar.
-¿Tienes miedo?
-Tengo miedo de que me odie. –Dijo con angustia.
-No lo creo Tonny, cuando se entere de la amenaza de los Leagan, ella entenderá al igual que tus primos.
-¿Aún no se sabe nada del tío William?
-Aún no le he preguntado a Candy. – Anthony asintió y salió del hogar en silencio.
-Buenas noches. – Dijo despidiéndose de la religiosa.
-Descansa Tonny.
Anthony se dirigió rumbo a su rancho seguido por su fiel yegua. Iba a paso lento pensando en voz alta y reprochándose a sí mismo.
-¡Eres un idiota Anthony! ¿Cómo pudiste dejar que te viera? ¿Cómo le vas a hacer ahora? ¿Cómo podrás resistir no volver a besarla? ¿Cómo le harás para no abrazarla? ¿Cómo le harás para no necesitar de su cuerpo junto al tuyo? ¡Eres un idiota Anthony! – Gritó al viento escuchándose únicamente el revoloteo de los pájaros que se asustaron y emprendieron el vuelo.
Llego a paso lento, seguido por tormenta. Entró lentamente hasta llegar a la puerta, llevó a su yegua hasta las caballerizas y regresó de igual forma, quitándose su capa.
-¿Qué te paso? – Preguntó Tom al verlo llegar tan abatido.
-Me vio, Tom.
-¿Te vio? ¿Cómo reaccionó?
-Espero que crea que todo fue un sueño.
-¿Cómo pasó? – Pregunto Tom ansioso.
Anthony comenzó a contarle todo lo sucedido esa noche, sin omitir detalles, bueno solo uno, omitió que había besado a su pecosa.
-¡Anthony, tienes que hablar con ella!
-¡No puedo!
-¿Por qué no? Ya no la amas, me lo has dicho hasta el cansancio. – Tom sabía que no era verdad pero quería escuchar al mismo rubio aceptar sus sentimientos.
-¡No quiero que me odie! – Decía angustiado.
-Si le explicas lo que quería hacer tu familia, lo entenderá.
-No lo sé Tom, no lo sé. – Decía desesperado.
-Si no la amaras, no te importaría lo que sintiera por ti. – Le dijo seguro y Anthony bajó la mirada derrotado. -¿Pasó algo más? – Preguntó curioso y Anthony negó con la cabeza. -Mañana iré a averiguar si ya se ha sabido algo del tío abuelo. -Dijo decidiendo dejarlo en paz
-Gracias. – Dijo simplemente. – Buenas noches, hermano.
-Buenas noches hermano.
Candy despertó más feliz que nunca, había tenido un sueño maravilloso. Había soñado con su príncipe de las rosas y había sido tan real. Recordó el beso y se tocó sus labios sintiendo la calidez de aquel beso tan dulce que había recibido.
-Fue tan real. – Se dijo para sí misma hasta que cayó en cuenta que la edad del Anthony que soñó no correspondía con la edad del que adolescente que había perdido. – Se veía mayor… y más guapo. – Se cambió de ropa rápido y bajó hacia el comedor para ayudar a sus madres con los niños.
-¡Buenos días! – Dijo más feliz que de costumbre.
-¡Buenos días Candy!
-Me parece a mí, ¿O has dormido muy bien Candy? – Dijo la señorita Ponny.
-He dormido mejor que nunca. – Dijo alegre sin revelar el sueño que había tenido con su príncipe eso se lo guardaría única y exclusivamente para ella.
-Me da mucho gusto Candy. – Dijo la hermana María volteando a ver con complicidad a la señorita Ponny. De pronto Candy cambió su semblante por uno más serio y curioso.
-¿Y ahora que sucede revoltosa?- Dijo Tom quien iba llegando al hogar y se dirigía hacia la rubia.
-¡Tom! Buenos días. – Le dijo feliz.
-¡Vaya! Me parece que alguien durmió más que bien. –Dijo esperando respuesta.
-Mejor que nunca. – Dijo Candy con una sonrisa.
-¿Se puede saber el motivo? – Candy negó con la cabeza.
-He tenido un sueño maravilloso Tom.
-¿Un sueño eh!? ¿Con tu príncipe encantado? – Preguntó burlón.
-Algo así. – Contestó Candy dispuesta a no decir más.
-Hablando de príncipe Candy ¿Aún no has tenido noticias del tío abuelo?
-¿Del tío abuelo? ¿Por qué siempre que vengo me preguntas por él?
-Simples negocios. – Respondió Tom despreocupado, pero por dentro quería saber más del famoso tío abuelo, era en el único en quien podía confiar según Anthony.
-¿Negocios? – Dijo sin interés Candy. – Pues el tío William o más bien dicho Albert está en África.
-¿Albert? ¿El vagabundo de Lakewood? – Preguntó asombrado y Candy asentía con su cabeza.
-Sí, el tío abuelo es Albert, quien en realidad se llama William Albert Andrew.
-¿Sabes cuándo regresará? ¿Dónde puedo escribirle? – Preguntaba poniéndose cada vez más ansioso y Candy se sentía intrigada.
-¿Qué sucede Tom?
-Nada Candy, como te digo, son solo negocios, pero como hace mucho que Tonny y yo lo estamos buscando.
-¿Tonny y tú? ¿Qué tiene que ver Tonny?
-EEhhh… Tonny es dueño del rancho y del ganado Candy.
-Comprendo… hace rato que no me escribe Tom, tendré que hablar con George. Podrías mandarle a él una carta.
-¿Podrás hacer eso por nosotros Candy?
-¡Claro que sí! – Si eso ayuda a tu hermano a sentirse mejor.
-¿O sea que lo haces por él? ¿Y no por mí?- Preguntó haciéndose la víctima.
-Jajajajaja lo hago por los dos Tom.
-Más te vale, sino me pondría celoso de mi hermano. – Le dijo Tom riendo feliz con la que consideraba su hermana menor.
-Tom, ¿Podríamos hablar un poco?- Le dijo dirigiéndolo a la salida del hogar.
-Claro Candy ¿Qué ocurre? – Tom pensó que le hablaría de lo ocurrido anoche y se puso serio, pensando que le respondería.
Candy caminó en silencio dirigiéndose al pie del padre árbol, donde se detuvo.
-¿Qué sucede Candy? – Preguntó con seriedad. Preguntó con la seriedad que ella había dedicado a la situación.
-Tom quiero hablarte de Tonny.
-¿De Tonny? – Preguntó sorprendido. - ¿Qué sucede con él?
-Es lo que quiero saber Tom. – Le decía viendo desde la colina a lo lejos a aquel vaquero que había visto todos los días dirigiendo el ganado, trabajando muy temprano en el hogar, llevando víveres y cabalgando vigilando muy de cerca el hogar de Ponny y aún no había visto su rostro.
-¿A qué te refieres?
-¿Por qué nunca me hablaron de él? ¿Quién es Tonny? – Candy preguntaba ansiosa.
-Candy, Tonny es mi hermano. – Le dijo serio.
-Eso ya lo sé, pero al parecer hace más de cuatro años está contigo y yo nunca lo había visto.
Tom se sentía entre la espada y la pared, sabía que no debía hablar de más pero veía a su hermano a lo lejos arreando el ganado y lo conocía tan bien que intuía en lo que estaba pensando con su mirada triste.
-Candy, Tonny sufrió un accidente hace muchos años, mi padre y yo lo encontramos muy mal herido. –Dijo arriesgándose porque Candy reconociera la historia o indagara más al respecto, pero tenía que hacer algo por ellos, por lo menos intentarlo. –Decidimos ayudarlo.
-¿Y su familia?
-Un tío de él apareció cuando nosotros llegamos y dijo que iría por ayuda, más nunca llegó, nos decidimos a llevarlo al rancho y ahí mi padre lo cuidó. Escuchamos que había muerto un muchacho y supusimos que era él, ya se había efectuado el funeral, pero cuando llegue a decir de Tonny la abuela no me creyó y el tío que había quedado en enviar la ayuda estaba ahí con su esposa y ambos me corrieron diciendo que era un mentiroso que quería dinero, fui echado de la mansión.
-¡Tom! – Dijo triste Candy recordando cuando la tía abuela lo sacaba de la mansión de las rosas. – Lo siento mucho.
-Tú no tienes la culpa, así es la gente cuando hay dinero de por medio.
-¿Entonces Tonny pertenece a una familia de dinero? -Pensó Candy. -¿Qué sucedió después? –Tom suspiró profundamente dudando de seguir con el relato, pero veía a su hermano a lo lejos y eso hacía que tomara valor de nuevo aunque Tonny se molestara con él.
-Su tío me siguió hasta el rancho de mi padre, y pidió ver a Tonny, diciendo que cuando llegó con la ayuda el día del accidente ya nos habíamos ido y que había temido lo peor, dijo que la abuela de Tonny le había dado un infarto de la impresión que le provoqué, dijo que volvería con un médico para Tonny, el cual seguía inconsciente. Cuando se retiraba lo escuché hablar con su esposa y esta le decía que no podía hacer eso o ellos no recibirían la herencia de Tonny, su esposo le respondió que no se preocupara que el médico tendría la orden precisa de terminar con su vida.
-¡Qué crueldad! – Decía Candy sorprendida.
-Cuando dijeron que yo ya sabía dónde vivía, si yo quería avisar a la novia o a los demás familiares, todos correrían con la misma suerte, así que decidimos decirles cuando volvieron que Tonny había muerto.
-¿Tonny tenía novia?- ¿En serio? ¿De todo lo que dijo solo le había quedado grabado eso?
-¿Eh? Aahh si... Ella iba también en el accidente, pero quedó desmayada y se la llevaron, quedando de mandar la dichosa ayuda que nunca llegó.
-¿Y nadie más insistió?
-No Candy.
-¿Y no pensaron en ella? Tal vez la novia quería tenerlo cerca de ella. Ella no lo hubiera delatado.
-Candy, Tonny estaba inmovilizado por completo, no podía decidir y nosotros temimos por su vida, por la demás familia y obviamente mi padre quiso protegerme.
-Pero ¿Y después?
-Tonny despertó al tiempo y duró mucho tiempo en silla de ruedas.
-¡Eso no lo sabía! – Dijo triste y sorprendida por lo que había pasado el hermano de Tom. Sin saber porque sentía que su corazón era estrujado al escuchar la historia que Tom le relataba.
-Él estuvo dos años sin caminar, quería recuperarse para ir con su novia y su demás familia.
-¿Y qué pasó?
-Cuando por fin lo logró, se enteró que ella era feliz con otro.
-¿Ella lo olvidó?- Preguntó Candy más sorprendida y Tom asintió. -¡Ella tenía que salir adelante Tom! – Gritó Candy, Tom se asustó porque creyó que Candy había descubierto de quien estaba hablando.
-Candy tranquilízate por favor. – Le decía con preocupación.
-Ella no sabía que su novio vivía, sino, no se hubiera enamorado de nadie. – Decía entre lágrimas. -¡Yo no lo hubiera hecho! – Decía recordando a Anthony, mirando sus rosas y arrodillándose ante ellas llenándose de su dulce aroma. De pronto Candy ya no escuchaba a Tom, simplemente hablaba para ella misma. – Si Anthony hubiera estado en esa situación me hubiera gustado estar con él, ayudarlo a salir adelante, yo no me hubiera enamorado de Terry si tú estuvieras vivo Anthony. – Decía recordando su sueño y evocando el dulce contacto que había experimentado en sus labios y en su piel al estar en sus brazos. Tom la escuchaba perfectamente y veía como sus fuerzas iban decayendo y sus ganas de moverse también. –Tal vez la novia de Tonny hubiera hecho lo mismo que yo Tom. – Dijo por último. Cayendo en un silencio que Tom supo respetar muy bien.
Continuará…
Cero y van dos señoras! Espero que hayan disfrutado este capítulo, porque hasta yo me emociono cuando escribo jajajaja. Me gustaría saber qué es lo que opinan del capítulo así que te pido un comentario por favor.
Saludos!
