Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sin embargo lo usé para hacer una pequeña historia que espero les agrade, es sin fines de lucro, simple diversión, no es para menores de edad, ni para personas susceptibles a este tipo de temas, se recomienda discreción.
"Las personas no siempre te van a decir lo que sienten sobre ti. pero de alguna manera te lo van a demostrar, solo presta atención a sus acciones".
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
CAPITULO III
"SOSPECHAS"
Candy no dejaba de pensar lo similares que eran las historias de Tonny y de ella, pero en la de ella si había perdido a su Anthony, en cambio Tonny había perdido a su novia por culpa de la ambición. Candy no reparaba en el diminutivo de Tonny, tal vez pensaba que era otro el nombre que tenía antes ese misterioso caballero que si bien apenas conocía su historia le había llegado profundamente a su corazón.
-¿Estás bien Candy?
-Tom ¿Y ella? ¿Ya se casó?
-No lo sé Candy ¿Por qué lo preguntas? –Dijo Tom para no causarle más shock emocional, por el momento era suficiente.
-¿Por qué no las buscamos?
-¿Buscarla?
-Sí, podemos buscarla, tal vez ella sigue soltera Tom y si Tonny la ve, tal vez vuelvan a estar juntos.
-No lo sé Candy, Tonny es muy reservado en sus sentimientos, además Tonny tiene muchas admiradoras.
-¿Admiradoras? ¿Tiene novia? –Sin saber porque a Candy no le agradaba mucho esa idea.
-No, nunca ha querido ponerse de novio, pero tiene muchas muchachas del pueblo que andan loquitas por él, es más ya casi es la feria del pueblo y el año pasado nos tuvimos que esconder porque el baile estaba lleno de muchachas que lo estaban esperando. Todos los años es lo mismo.
-¿Y para qué van?
-Tonny nunca quiere ir, pero yo lo convenzo de ir para encontrarle a él ya mi por supuesto alguna muchacha que nos robe el corazón.
-¿Y él está de acuerdo?
-Qué va, él sigue enamorado de su novia aunque me lo niegue, pero tiene miedo de que ella no le perdone haberse ocultado tanto tiempo.
-Pero no fue culpa de él. –Dijo Candy comprensiva.
-¡Es lo que yo le digo!
Regresaron al hogar y Candy se proponía hacer algo por Tonny, no sabía por qué, pero le intrigaba que un muchacho que saltaba a la vista era muy atractivo estuviera tan triste, le dolía que alguien sufriera y si ella podía impedir eso lo haría.
Candy observaba los juguetes con los que los niños se entretenían, veía las sillas altas con las que se sentaban a comer, eran de su medida y las ropas que llevaban incluso eran nuevas. Cuando ella iba no había notado todas las diferencias que iba teniendo poco a poco el hogar, ella siempre iba para encontrar refugio a su pena y ahora se recriminaba que hasta ese día se diera cuenta de tantos cambios.
-Señorita Ponny ¿De dónde han salido tantas cosas? – La señorita Ponny sonrió por lo despistada de su hija.
-Candy, hace tiempo que Tonny se encarga de hacerle los juguetes de madera a los niños, así como uno que otro mueble.
-Veo que es un chico muy noble.
-Es el mejor que hay Candy, Tonny tiene un corazón tan grande que no le cabe en el pecho, ojalá pronto termine su sufrimiento.
Candy se quedó un rato pensativa y se dirigió a la cocina, recordando que Tonny estaba en la pradera con el ganado y decidió prepararle un pequeño almuerzo para agradecerle todo lo que hacía por sus madres.
Llegó a la pradera en donde estaba un joven alto recostado en el pasto, cubriendo su rostro con su fina texana, parecía estar dormido y no quiso importunarlo, se veía cansado así que solo dejó la canasta con la comida y el agua fresca. No supo por qué pero de pronto se sintió nerviosa al verlo ahí recostado, con su camisa a medio abrir dejando ver su blanco y fuerte pecho, y unos labios bien definidos que se apreciaban solo porque la nariz y los ojos estaban cubiertos por el sombrero, su cabello era rubio como ya antes lo había notado. Se quedó un rato observándolo y se disponía a retirarse cuando este le habló.
-Ni se te ocurra hacerme otra broma Tom. – Dijo sin moverse.
-No soy Tom. - Dijo con timidez y Anthony se tensó al escuchar esa voz, pero sin tratar de levantarse.
-Siento mucho si te asusté. – Decía con pena, sin obtener respuesta. – Te traje un poco de jugo y un pequeño almuerzo para agradecerte un poco por lo que haces por el hogar de ponny. – Al no obtener respuesta Candy se dio la media vuelta para retirarse.
-Gracias. – Contestó Anthony simplemente levantándose y dándole la espalda. – No se hubiera molestado señorita. – La voz de Tonny la hizo ponerse nerviosa, de pronto sintió la necesidad de salir corriendo de ahí, buscando la manera de alejarse lo más pronto posible, simplemente el escucharlo hablar le había acelerado su corazón.
-Esa voz, esa voz, ¡no! Es imposible. – Decía Candy confundida. -¡No puede ser él! – Se convenció que había imaginado el parecido con la voz de su príncipe de las rosas, pero a partir de ese día, no podía evitar soñar con Anthony, lo soñaba junto a ella, pero ninguno de sus sueños se habían sentido tan reales como aquel sueño donde había besado sus labios.
Anthony regresó extrañamente feliz, se había comido el pequeño pero delicioso almuerzo que le había preparado su pecosa y a pesar de que la tuvo tan cerca y por poco se descubre pudo controlarse para no alcanzarla cuando salió corriendo de la pradera.
Regresó a su rancho y Tom lo esperaba impaciente.
-Por fin llegas Tonny.
-¿Qué sucede?
-¿Por qué estás tan feliz? – Le preguntó extrañado y por respuesta le enseñó la pequeña canasta que Tom reconoció pertenecía al hogar Ponny.
-¿Te vio? – Pregunto haciéndose el sorprendido, la verdad es que él esperaba que Candy actuara pero tenía que reconocer que no esperaba que fuera tan rápido.
-No, me dejo el almuerzo en agradecimiento por todo lo que he hecho por el hogar y cuando voltee a verla ya había salido corriendo.
-Así que ya probaste los horrores culinarios de Candy. - Dijo riendo.
-Estaba delicioso. – Le respondió feliz. - ¿De qué querías hablar conmigo Tom?
-Anthony, ya sé dónde encontrar al tío abuelo. – Dijo con una amplia sonrisa.
-¿De verdad? – Tom asintió. – Candy me dio la dirección a la cual ella le escribe. Anthony primero tienes que hablar con ella.
-Lo sé Tom, lo sé… - Dijo muy serio, pero no sabía cómo hacerlo.
Se decidió a escribir una extensa carta al tío abuelo, comentándole con lujo de detalles todo lo que sabía por boca de su padre Steve y por Tom, sobre el plan de los Leagan para poder adueñarse de su fortuna. Esta no le importaba mucho, de hecho sabía por las personas y los periódicos que tanto Neal como Eliza despilfarraban su dinero a diestra y siniestra derrochándolo en banalidades y apuestas en las carreras en las que él mismo llevaba a alguno de sus caballos a correr, ocasionándole incontables pérdidas a su odioso primo, llevando siempre a un caballo distinto para que no apostara a él al ser un desconocido, sin embargo siempre lo derrotaba.
Le contó sobre su vida desde que despertó de ese terrible accidente hasta la llegada de Candy, no sabía si decirle o no que estaba vivo y le pedía un consejo para saber cómo actuar, de todas formas él ya no era nadie para la familia, y si él lo decidía así, así seguiría oculto entre las sombras, pero libre y feliz de haber hecho algo con su vida. Le contó sobre el rancho que tenía, la cantidad de ganado que poseía y que era dueño de varios caballos de carreras que lo habían representado varias veces dejando a sus oponentes en el camino. También le comentó que Tom era el encargado de entrenar y producir a este tipo de caballos, logrando ya ser reconocidos internacionalmente. Habló de todo lo que consideraba importante y le reveló el nombre con el que era ahora conocido en el pueblo "Tonny Stevens" no era diferente a su nombre verdadero, solo una variación y cambio de apellido, con eso había bastado para que los Leagan se hubieran olvidado de él.
Entregó la carta al viejo señor March y así emprendió el camino a su destino. Anthony esperaba que llegara a las manos del tío abuelo, quien era ni más ni menos que el hermano menor de su adorada madre.
-"¡Mamá, ayúdame por favor!" – Pedía mirando al cielo para que su carta llegara a las manos correctas. La carta tardó una semana en llegar a las manos de George, la mano derecha de William, quien se comunicó rápido con William para informarle que había llegado una carta de Candy, así lo había hecho para asegurarse que sería entregada y para no anunciar a nadie más que a él su identidad.
Albert autorizó a George para que se la entregara a Archie, pero George le avisó que aún no regresaba de buscar a Stear, así que lo autorizó para que le leyera la carta por teléfono, aunque tendría que hacerlo y comunicarse después para comentarle lo que decía ya que la recepción en aquellos lugares tan remotos era muy precaria y se podían comunicar muy rara vez. Una vez que George leyó el contenido de la carta se dio a la tarea de tratar de volver a comunicarse con Albert e informarle lo que dicha carta trataba y sobre todo decirle que no era realmente Candy la que escribía aquello, pero no tenía éxito alguno en su búsqueda. Recordó entonces que había autorizado que Archie la leyera, se dedicó a buscar al gatito hasta Inglaterra que era el lugar donde se encontraba tratando de convencer a Stear de que regresar así se enlistara él mismo para convencerlo.
Con Archie tuvo menos problemas para localizarlo informándole todo lo que había leído en esa extensa e inverosímil carta que llegaba como una señal de rescate para el pobre Archie.
-¿Qué sucede George? Me llegó un telegrama donde decía que me comunicara urgentemente con usted.
-Joven Archivald, ha sucedió algo que requiere la presencia del señor William, pero no he podido comunicarme con él debido al sistema de comunicación que existe en África.
-¿Qué sucede George? – Preguntó Archie preocupado, temiendo por la salud de la tía abuela, quien ya había mostrado signos de debilidad.
-El joven Anthony está… vivo… - Decía el mismo George dándose cuenta en lo tonto que se escuchaba al decirlo en voz alta.
-¿Qué has dicho George? – Preguntó Archie dudando de su propio oído.
-Que el joven Anthony está vivo. – George volvió a decir.
-Explícate George ¿Qué quieres decir con eso? – Archie se desesperaba por la poca información y la magnitud de la noticia.
George procedió a explicar a grandes rasgos lo dicho en aquella carta, relatando los puntos más importantes, ocasionando en Archie una inmensa felicidad y una rabia apoderarse de él cuando se enteraba el motivo por el que fue hecho pasar por muerto y comprendiendo vagamente porque se había mantenido incluso alejado de ellos.
-No lo comentes con la tía abuela George, o será capaz de hablarlo con los Leagan. Esto es para que solo lo hables con Albert y a nadie más, Stear y yo regresaremos lo más pronto posible.
Archie colgó el teléfono después de una larga conversación con George, sin importarle los altos costos que tenía enlazar una llamada, era muy importante la información que había obtenido. Iría por Stear quien ahora sí no se negaría a ir con él de regreso, tenían que buscar a su otro hermano, aquel que habían perdido gracias a la ambición de los Leagan.
Habían pasado varios días del encuentro entre Candy y Tonny, en el cual ella había llevado aquel almuerzo y ya no habían vuelto a coincidir, diciendo Anthony que le dieran las gracias a Candy por tan amable gesto. Candy no sabía por qué, pero a pesar de estar evadiendo a ese guapo joven algo la llamaba a acercarse a él, era como si algo la llevara a conocerlo e investigar más sobre su vida.
Una mañana al no poder dormir hasta tarde como era ya su costumbre, se levantó muy temprano antes que todos incluso que la hermana María y se dirigió a ese pequeño cuarto de baño que estaba fuera del hogar, para ganarle a sus madres en su aseo personal. No había dormido bien, pensando en la voz de aquel muchacho, no sabía por qué pero le recordaba a la voz de su amado príncipe de las rosas, no sabía por qué las asociaba tanto, pensaba que tal vez era por la historia de su vida, tal vez la había hecho recordar su propia vida y por ello la hacía recordarlo.
-"Anthony ¿Por qué tuviste que dejarme?". – Pensaba triste mirando a lo lejos. Entró al pequeño cuarto de baño comenzando a desvestirse y dejar por fuera su ropa y solo quedarse con una toalla y su bata de baño total era muy temprano nadie la importunaría. Candy inició con su rutina de baño como siempre dejándose envolver por el agua fresca que le recorría su cuerpo, la noche había sido calurosa y le agradaba sentir cómo el agua refrescaba su delicado cuerpo. Terminó su baño el cual había durado un poco más de lo normal, se secó su cabello y su cuerpo con cuidado, se colocó la bata de baño envolviéndose tranquilamente y se colocó la toalla en su cabello. Cuando quiso abrir la cerradura para salir, se encontró con que estaba atorada tratando de liberarla sin éxito alguno.
Tonny llegaba también muy temprano al hogar porque quería ganarle a la pecosa antes de que se levantara, y arreglar así un lado de la cerca que se había desprendido. Comenzó a acomodar la madera y a martillar los clavos poco a poco en el lugar para que quedaran fijos.
Candy escuchaba el ruido de fuera tratando de asomarse por la ventana, la cual le quedaba muy alta, pero se decidía a pedir ayuda a la persona que estuviera fuera, era lo primero que escuchaba a parte del canto de los pájaros que ya comenzaban a despertar, ya había cesado el canto de los grillos nocturnos.
-¡Hola! – Gritó únicamente.- ¿Quién anda ahí? – Preguntó indecisa. Anthony escuchó la voz a lo lejos y pensó que lo estaba imaginando, siguió guardando su herramienta en la caja, mientras colocaba todo en su lugar volvió a escuchar a Candy hablar del otro lado de la cerca.
-¿Qué sucede? – Se animó a preguntar aparentando tranquilidad. - ¿Está usted bien señorita Andrew? – Preguntó ansioso.
-¡Tonny! – Dijo sorprendida.
-¿Necesita algo? – Preguntó de nuevo y Candy no dejaba de sentir que esa voz era la de su amado Anthony.
-Tonny disculpe, pero la cerradura se descompuso y me he quedado encerrada. – Le dijo bastante abochornada, pero no le quedaba otra, ya tenía varios minutos ahí encerrada tratando de abrir sin lograrlo.
Una hermosa risa se dejó escuchar al otro lado de la puerta, no pudiéndose contener Anthony de la situación en la que se encontraba esa bella rubia.
-No le veo lo gracioso. –Dijo ante el asombro de escuchar la risa de Tonny, era igual a la de su adorado Anthony, hasta ella misma se reprochaba la comparación.
-Lo siento, no pude evitarlo.- Dijo nervioso rascándose la nuca nervioso a pesar de que Candy no lo podía ver. – Espere un momento veré que puedo hacer. – Se dirigió hacia la carreta por su caja de herramientas y buscó lo necesario para abrir la cerradura que hacía tiempo comenzaba a dar problemas y por fin ahora dejaba de funcionar "justo ahora" pensaba Anthony "Y precisamente con ella" se encerraba en sus pensamientos mientras trabajaba. Una vez que pudo liberar la cerradura abrió la puerta volteándose para darle privacidad a la rubia quien sentía pena de salir en esas condiciones, pero al ver que Tonny se había girado, salió y se inclinó hacia el banco que contenía su ropa doblada y enseguida se dirigió al hogar no sin antes agradecer a Tonny el haberla liberado.
-Muchas gracias Tonny. – Dijo tímida y con la cara enrojecida de la vergüenza.
-No tiene por qué agradecer señorita Andrew fue un placer. – Le dijo amable pero serio como siempre.
-En un momento vuelvo. – Le dijo Candy. –Espéreme por favor.
Anthony volteó hacia el lado donde Candy se dirigía alcanzando a ver sobre la bata de baño la delicada y bien formada figura de Candy, sintiendo que su corazón se aceleraba al recorrer lentamente su figura.
–"Es hermosa". –Pensó al momento que se sonrojaba y bajaba su texana de lado para cubrir su rostro.
Se dirigió a la salida del hogar y llegó a su carreta se sentó en ella nervioso por cómo se mostraría ante ella. Tomó un trozo de madera y una navaja como siempre que estaba nervioso o ansioso y se dedicaba a tallar madera, era por eso que se había hecho experto en ello y los niños del hogar tenían varios juguetes tallados por sus manos. Dirigió su mano hacia su cuello tocando esa pequeña moneda que traía colgando a una cadena, era como un ritual antes de comenzar a tallar. Mientras Candy se arreglaba en su habitación, se sentía nerviosa sobre que usar, no sabía porque estaba indecisa en cómo vestirse, ella siempre sabía cómo cambiarse cuando estaba en el hogar, nunca se había preocupado por ello. Había sentido la mirada de Tonny sobre su cuerpo y eso lejos de molestarla le había agradado y no comprendía por qué, siempre le habían molestado las miradas que recibía en la calle principalmente las que Neal le dirigía, sin embargo las miradas que sintió de Tonny a su espalda la habían hecho sentir algo diferente, se sintió mujer y en cierta forma quería parecer una y no la pequeña pecosa del hogar de Ponny.
Se colocó un vestido que se ajustaba a su cintura y la hacía ver un poco mayor de lo que aparentaba, dejó su cabello suelto aún húmedo agarrado simplemente por un lazo en su cabeza, colocó un poco de brillo en sus labios, cosa que nunca hacía y no comprendía del todo por qué lo hacía. Se dirigió fuera del hogar divisando a Tonny sentado en la carreta tallando algo con sus manos, algo que no sabía exactamente que era. Lo miró un momento, era alto, muy alto, blanco, rubio y fuerte, su cuerpo era muy atractivo y sus brazos se marcaban a la ajustada camisa que usaba desabotonada al frente dejando ver un poco de piel. Fue sacada de sus pensamientos cuando la señorita Ponny le habló. Anthony se dio cuenta de ello y aprovechó para observarla ahora él en silencio, sin dejar de tallar aquel trozo de madera que iba tomando forma de una delicada rosa de madera conforme la iba tallando finamente con delicadeza. La observó y vio su silueta en aquel vestido amarillo que la hacía resplandecer, vio su cabello tan largo aún húmedo que le llegaba ahora hasta su esbelta cintura, suelto. Apenas recordaba haberla visto alguna vez con sus rizos sueltos sobre su cara, la imagen de ella con sus dos coletas y sus grandes moños era la imagen que lo acompañaba día y noche, pero ese día no sabía el por qué lo traía suelto, se veía tan hermosa con el cabello de esa forma y sus labios tenían un intenso brillo rosa que los hacía ver más carnosos y antojables, no pudo evitar detener su mirada en ellos y recordó su dulce sabor, deseando volver a catarlos y sintiendo una reacción de calor en su cuerpo, una reacción que había sentido esa noche, una reacción que había sentido esa mañana al liberarla de su encierro y verla retirarse, y de nuevo la sentía en ese preciso momento cuando la veía distraída hablando con la señorita Ponny.
Terminaron de hablar Anthony en su afán de bajar rápido su rostro, se cortó un poco al mover mal la navaja, percatándose Candy de lo sucedido y corriendo cual buena enfermera al auxilio del paciente.
-¿Está bien usted Tonny? – Preguntó preocupada.
-Sí, no se preocupe. – Respondía aún aturdido por el calor que había experimentado y que se expandía por todo su cuerpo al sentir las tibias manos de Candy sobre su brazo.
-Déjeme revisarlo. – Decía levantando la manga de su camisa un poco más de como ya las traía. – No es de cuidado, sin embargo tendré que limpiarla para que no se infecte. –Decía de una manera profesional, intrigada porqué el joven no levantaba su rostro.
-No se preocupe señorita Andrew, he tenido heridas más profundas y esas nunca sanan. – Dijo seriamente sin levantar la vista para verla refugiándose en su texana negra. Candy sintió congoja en su pecho.
-No, tengo que curarlo ¿Qué clase de enfermera sería sino cuido a mis pacientes? – Pregunto curiosa y se adentró rápidamente al hogar, saliendo casi de inmediato con un pequeño botiquín en donde sacó algodón y algo de alcohol para limpiar la herida. – Le advierto que dolerá un poco. – Dijo para romper el hielo, sin embargo no obtenía respuesta. Anthony la veía de reojo protegido por la sombra de su sombrero que no dejaba ver bien su rostro.- Listo, ya quedó. –Dijo Candy colocándole como venda un pequeño pañuelo que le pertenecía a ella, era delicado y tenía su nombre bordado.
-No encontré vendas, por la prisa de salir a curarlo y no se escabullera, pero si me espera le quitaré el pañuelo en un momento.
-¡NO!- Dijo Anthony teniendo la intención de conservarlo. – No se preocupe después se lo regreso. – Le dijo simplemente.
-¿Y cómo le pasó esto? – Preguntó con sus manos en sus caderas.
-Un descuido mío, nada más. ¿Le gustan las rosas señorita Andrew? – Preguntó sin más.
-Las rosas son mis flores favoritas.- Dijo Candy feliz y Anthony sintió su corazón expandirse de felicidad. – Una persona muy importante para mí me regaló la rosa más bella de todas. – Dijo sin pensarlo, tal vez porque esperaba que él le contara su historia y poder así ayudarle sin tener que echar a Tom de cabeza. Anthony escuchaba con nostalgia sus palabras quedándose él mismo sin mucho que decir.
-Entonces permítame hacerle un regalo. – Le dijo ante el asombro de Candy y le extendió la pequeña rosa que había tallado a mano, dándole unos últimos toques para quitar cualquier astilla que pudiera lastimarla, utilizando una pequeña lija, la cual usaba para detallar sus proyectos. Terminó por fin la rosa y la extendió ante su pecho. Candy la tomó admirada, era el botón de una rosa a punto de abrirse, era hermosa y había sido tallada por sus propias manos, eso la hizo muy feliz.
Tonny aprovechó el desconcierto de Candy y se colocó en la carreta dispuesto a irse.
-Me tengo que ir señorita Andrew, hasta pronto. – Le dijo simplemente. – Gracias por curar mi herida.
-¡Muchas gracias! – Decía Candy emocionada sin poder evitar las lágrimas mientras admiraba la flor. Anthony notó sus lágrimas y por un momento quiso quedarse a abrazarla y consolarla, pero se detuvo una vez más por miedo a su reacción.
-Espero no haberla ofendido con mi presente señorita.
-¡No! – Dijo sorprendida. – Es uno de los regalos más maravillosos que he recibido. Gracias. – Volvió a decir. Anthony ya comenzaba a retirarse y sin voltear no pudo evitar decirle.
-Señorita Andrew, se ve más hermosa cuando sonríe que cuando llora.- Le dijo alejándose del lugar dejando a Candy más sorprendida de lo normal. Era su voz, le había regalado una rosa, y le había dicho algo muy parecido lo que siempre le decía su deslumbrante Anthony. "No llores por favor pecosa, eres mucho más linda cuando ríes que cuando lloras".
-¿Será que Anthony me está tratando de dar un mensaje? – Se preguntaba confusa, su mente no lograba descifrar y unir todas las cosas que estaban sucediendo últimamente desde su regreso.
Tonny se dirigía a sus labores en su intenso trabajo, sudando más de lo normal ese día, quería atiborrarse de trabajo y despejar la mente de las imágenes que habían captado sus ojos ese día, sobre todo la perfecta silueta de Candy era una imagen que no lo había abandonado. Llegó a su rancho cansado, sudoroso pero aún no terminaba su labor.
-Anthony. – Le dijo Jhon cuando llegó.
-Jhon, te he dicho que no me llames así.
-¿Así cómo? ¿Ese es tu nombre no? – Anthony asintió.
-Sí, pero sabes qué pasaría si Candy te escucha.
-Candy no está Tonny, además yo también creo que ya es tiempo de que hables con ella.
-Tienes razón Jhon, hablaré mañana con ella. – Dijo muy serio. – Yo tampoco puedo seguir escondiéndome. ¿A dónde vas tan elegante? – Preguntó curioso.
-Invité a Diana al pueblo a pasear.
-¿A Diana? – Preguntó con tono de burla haciendo que Jhon se sonrojara asintiendo apenado.
-¿Crees que Tom se moleste?
-¿Molestarme qué? - Dijo Tom interesándose en la plática de sus hermanos al escuchar su nombre.
-Jhon saldrá con Diana de nuevo. – Dijo Anthony dándose cuenta Jhon de que Tom ya sabía de sus salidas con su ex novia.
-¿En serio? – Preguntó contento. – Es que Jhon ya es todo un hombre. – Le dijo palmeando su hombro.
-Ya déjalo Tom, no es bueno hacer esperar a una dama.
Jhon se retiró más tranquilo y se montó en su caballo dispuesto a encontrase con la joven que tiempo atrás había sido prometida de Tom. Jhon era un jovencito de ahora 14 años, estaba más alto y ya no era el niño gordito que mojaba la cama, el trabajo que le había dado Tonny y el hogar que le había proporcionado lo había hecho ser un joven responsable. Se había enamorado de aquella niña de cabello oscuro de ojos cafés enamorada de Tom, pero que ahora había aceptado salir con él y era la tercera cita que acordaban. Ya no era una niña y se vestía de una forma mucho más coqueta, era una linda jovencita.
Ya a la distancia Tom seguía molestándolo ya que era el hermanito más pequeño de ambos y lo cuidaban y enfadaban como tal.
-¡Jhon, ten cuidado con Diana aún no queremos tener sobrinos! – Decía burlándose de él. Anthony reía divertido.
-¡No se preocupen, aún no estamos listos! Sin embargo Nancy y Magdalena ya están dispuestas a ser mis cuñaditas. – Les dijo en respuesta dejando a ambos jóvenes riendo preocupados de las damas que Jhon les mencionaba.
-¡Paso! – Gritó Anthony para que Jhon escuchara, soltando este una carcajada. – Te las dejo Tom. – Le dijo divertido.
-Yo me sacrificaría si no fueran tan empalagosas. – Decía Tom, riendo Anthony de sus ocurrencias.
La verdad era que ambas chicas frecuentaban bastante el rancho de Tonny Stevens con la esperanza de ganarse su amor, vistiendo muy coquetas para ser unas chicas decentes, sí lo eran, pero tratándose de los Stevens hacían lo necesario para poder atraparlos. Eran amigas de Diana y ella ya había conquistado a Jhon Stevens, quien al igual que Tom y Anthony portaba el apellido, aunque Tonny no lo llevaba legalmente.
La señora Romina salía a avisarle a sus guapos patrones que la cena estaba lista y ya les había arreglado la mesa, dejándolos solos retirándose a su hogar una vez que le dijeron que ya no necesitaban que se quedara.
La cena transcurrió lenta y tranquila por parte de ambos, eran las siete de la tarde y Anthony recordaba con el paseo de Jhon y Diana, el paseo que había tenido con Candy por el pueblo la vez que se escaparon juntos, donde había obtenido aquella moneda que llevaba colgada muy cerca de su corazón.
Continuará…
Buenos señoras, hasta aquí otro capítulo más como ven vamos avanzando poco a poco, pero no se desesperen ya próximamente estos dos rubios se van a encontrar, por lo pronto seguimos con el punto de vista de Anthony, para que lo entiendan un poquito en cuanto a sus sentimientos, pobre de mí rubio pero no se preocupen no va a sufrir mucho por culpa de Candy, así que tranquilícense un poquito. Es verdad que mis historias son de felicidad con los rubios, pero un poquito de drama no les hace mucho mal, sobre todo porque si siguiera con solo la felicidad caería en lo mismo, recuerden que no soy escritora y se me acaban las ideas jejejeje. Les mando un fuerte y cariñoso abrazo a cada una de ustedes, gracias por leer y comentar en cada capítulo, les mando un abrazo.
Saludos!
