Los personajes de Candy Candy, no me pertenecen, sin embargo lo tomé prestados para realizar esta pequeña historia sobre mi Anthony y su Candy donde después de muchas inseguridades y miedos alcanzan la felicidad, esa que siempre correteó Candy y que solo él sabía cómo otorgarle. Lo hago sin fines de lucro, solo por diversión. Esta historia no es apta para menores de edad así que por favor absténganse de leerla. Dicho esto comenzamos.
"La preocupación no significa miedo, sino la preparación para la confrontación".
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
CAPITULO IV
CONFRONTACIÓN
- ¿Se puede amar a alguien por tanto tiempo? ¿Cómo es posible? – Se preguntaba Anthony, no lo sabía pero aunque se negara a reconocerlo nadie había podido entrar a su corazón por el simple hecho de que ya estaba ocupado desde hacía muchos años atrás, y a pesar de haber pasado seis largos años de no verla, esos últimos días hacían que sus recuerdos más felices volvieran con mayor fuerza. Se había empeñado según él en olvidarla, pero también sabía que se mentía a sí mismo, si de verdad hubiera querido hecerlo hubiera escapado lejos de ese lugar y no quedarse ahí con la esperanza de volver a verla, aunque sea de lejos como lo había estado haciendo estos últimos cuatro años. Escondiéndose como si de un fugitivo se tratara, buscando la manera de verla de lejos.
-Sí Tonny, es posible mantener tantos años el mismo amor. – Le dijo Tom como si leyera sus pensamientos, mirándole este confundido. – Estás "pensando" en voz alta Tonny… Otra vez… - Dijo burlándose un poco de él.
-Lo siento. – Dijo bajando la mirada apenado. No era la primera vez que era traicionado por su subconsciente y lo delataba ante sus hermanos, admitiendo que tenía sentimientos por aquella rubia que lo tenía loco aún.
-Tony, el amor que sientes por Candy, no es un amor de niños. Tú ya eras casi un hombre cuando te enamoraste de ella. Elegiste amarla y has elegido mantenerla ahí, eres hombre de una sola mujer, Tonny.
-Lástima que ella no fue mujer de un solo hombre. – Dijo triste. Sabía que era injusto el pensarla siempre fiel a él, y más cuando ella lo creía muerto.
-Vamos Tonny, no puedes culparla, ella te creyó muerto, trató de reconstruir su vida con los pedazos que le quedaron siendo aún muy pequeña. Ella misma me dijo que si tú no hubieras muerto, nunca se hubiera enamorado de Terry.
-¿Qué? ¿Cuándo te lo dijo? – Tom cerró su bocota al notar que solo se había delatado.
-Hace tiempo. – Dijo un poco nervioso, total ya había hablado de más.
-¿Y por qué no me lo habías dicho? – Tom sonrió nervioso.
-¿Qué hiciste Tom? – Preguntó indagando ante el nerviosismo de su hermano.
- Le conté un poquito de tu historia. – Dijo haciendo la seña con los dedos y entrecerrando los ojos para simular que había sido solo un poquito.
-¿Un poquito? – Pregunto Anthony alzando una ceja para enterarse que tanto era un poquito para Tom.
Tom le comentó lo que había contado a Candy y la reacción que había tenido la pecosa, así como las palabras textuales que ella le había dicho.
-Tal vez, por eso me trata así. – Dijo Anthony pensativo, recordando el trato que había recibido de la pecosa los últimos días. Pensaba que era por lástima que se había acercado a él, no sabía que el acercamiento de Candy hacia él no era solo por el alma caritativa con la que contaba la rubia, sino por la curiosidad que le generaba el rubio a su corazón, no sabía porqué pero Candy sentía que su corazón se aceleraba siempre que estaba cerca de ese chico tan misterioso para ella.
-¿Así? ¿Así como? – Preguntó Tom incrédulo.
-Con lástima. – Contestó Anthony con un amargo sabor en su boca.
-Te equivocas Tonny, Candy nunca trata con lástima a las personas. - Decía Tom un poco molesto por el poco valor que se daba su hermano.
-No lo sé Tom, pero tengo que hablar con ella. - Decía queriendo tener la esperanza en su corazón que ella albergaba un mínimo de amor por él en su corazón.
-¿Cuándo? – Preguntó Tom decidido, ya era hora de que su hermano pusiera fin a toda esa sarta de mentiras que había estado tejiendo por tanto tiempo. Si bien él no había tenido la culpa de esa mentira, si era culpable de seguirla manteniendo, ya eran muchos años además como él bien decía ya era un hombre y podía protegerla con su ayuda.
-Mañana. – Contestó firme.
-¿Estás seguro? – Preguntó no para hacerlo arrepentirse, sino para que entendiera que ya no había marcha atrás, y para que lo hiciera por convicción no por presión de los demás. De una cosa estaba seguro Tom de que había que hablar con ella, había que hablar.
-No, pero ya no puedo seguir ocultándome, además los Leagan pronto tendrán su merecido y el tío abuelo me ayudará a protegerla a ella y a mis primos. – Dijo más seguro, sabía que ya se había escondido bastante y esta última vez se había salido de sus manos el que ella lo viera, tal vez se había cansado ya de esconderse de ella y él mismo se estaba traicionando.
-Tienes razón, tal vez ya está enterado y pronto llegará. -Decía Tom tratando de darle ánimos para que hiciera lo que tenía que hacer.
-Tal vez Tom, pero si está en África, por lo menos serán dos meses de camino. -Decía esperanzado de que faltaba menos para enfrentarse a su familia.
Anthony se retiró a su habitación pensativo, no sabía cómo le iba a confesar la verdad a Candy, sabía que tal vez lo odiaría pero era necesario acabar con tantas mentiras, creía que ya había pasado el tiempo suficiente para obtener justicia con lo acontecido. Ya no era un niño con el que podían acabar tan fácilmente, ahora era un hombre capaz de proteger a Candy y a sus primos con ayuda de su tío Albert. Había hecho una pequeña fortuna, que si bien no era igual a la que le habían robado, si era importante y eso ayudaba a que pudiera ser escuchado por la justicia. Su padre había muerto y solo él y Tom eran los principales testigos, pero la muerte de Steve había detenido sus planes. Pero hoy eran unos jóvenes de veinte años, todos unos hombres y así buscarían que los Leagan pagaran por su delito, ya la palabra de Tom era válida ante la ley.
Se levantó a media noche como siempre, sin poder dormir siempre que tenía cerca a Candy y se dirigió al pequeño rosedal de las Dulce Candy que ya tenía días sin visitar, Jhon era el encargado de regarlas durante el día quien lo hacía todas las mañanas y Tonny se encargaba de ellas por las noches para no ser visto por la pecosa, así lo había estado haciendo durante todos estos años cuando Candy llegaba a refugiarse al hogar, y nunca antes lo había notado.
Se sentó seguido por su fiel tormenta, recargándose en el tronco del padre árbol a espaldas del hogar de Ponny. Sacó una armónica que siempre tocaba cuando iba por ganado o cuando sentía ganas de pensar, y esa noche en particular necesitaba pensar como hablar con esa rubia curiosa que no se había detenido ningún momento en acercarse a él. Inconscientemente hacía lo que le había pedido aquella noche "búscame y me encontrarás".
Comenzó a tocar una melodía, aquella melodía que antes tocaba con su vieja gaita, aquella melodía que lo llevaba al pie del cañón amarillo, cuando tocaba y lloraba por la ausencia de Candy en compañía de sus primos, cuando era llevada a México por culpa de los Leagan. Los Leagan, siempre eran ellos los partícipes de su desgracia, se habían empeñado en separarlo de Candy y lo habían conseguido. Lo que no habían conseguido era que él dejara de amarla, eso ni él mismo lo había conseguido.
La melodía se escuchaba en medio de la noche a son de la armónica, un instrumento que aprendió a tocar gracias a Steve, los había enseñado a ambos pero Anthony era el único que la tocaba con esa melodía tan especial para él, esa con la que se despedía de su gran amor, porque sabía que al hablar con ella mañana, la perdería ahora sí para siempre.
Candy se despertaba al escuchar a lo lejos a través de la noche una melodía que conocía de hacía años, más sin embargo ya no la había vuelto a escuchar. A pesar de ser la misma melodía triste y signo de despedida para ella, era tocada por un instrumento diferente. Se apresuró a ponerse su bata para poder levantarse y salió apresurada del hogar, siguiendo esa vieja melodía que conforme se acercaba al padre árbol se hacía más intensa y le afligía el alma al escuchar su triste sonido. Reconoció el instrumento con el cual se interpretaba, no era una gaita como ella recordaba, era una armónica… y de pronto lo vio, vio aquella silueta de un hombre alto parado entre la neblina de la noche, su larga capa le cubría su cuerpo, más sin embargo descubría su altura. No podía apreciar el color de su cabello o que tan largo era porque el cuello de la capa lo impedía y la oscuridad de la noche era su cómplice. Se fue acercando poco a poco hasta donde él estaba en completo silencio, solo la música que emanaba de ese lugar, recordando a cierto rebelde que tenía años sin saber de él. Sabía que era poco probable que fuera él, pero recordó que ya había ido a ese lugar. Su mente la traicionó y evocó ese recuerdo llamándolo con temor a equivocarse.
-Terry. – Dijo cerca del joven, sin embargo no se atrevió a acercarse más a él, no se atrevió a abrazarlo como lo había hecho antes con su amado Anthony. Al escuchar el hombre por el cual lo habían nombrado, Anthony se tensó y una furia se apoderó de él queriendo huir en el acto para no ser sorprendido y gritarle para advertirle que no era él, que no era aquel que hacía tiempo le había robado su amor y que lo había sumido en la desdicha al obligarlo a permanecer en las sombras para que ella fuera feliz, aquel arrogante que un día la dejó para hacer feliz a otra que no era ella.
Candy vio la intención del joven de retirarse y se apresuró a hablarle, sin embargo él no volteó a verla.
-¿A qué has venido? – Preguntó seria, creyendo que era Terry, reclamando algo que ya no tenía caso recordar. Para ella estaba olvidado.
-Mi nombre no es Terry. – Dijo con malestar ocultando con eso la voz de Tonny, impidiendo así que Candy lo identificara.
-¿Quién eres? – Preguntó desde su mismo lugar.
-Eso no importa. – Le contestó de igual forma, comenzando a caminar. – Tal vez el hombre que más te amó. – Dijo simplemente, según él para el mismo, más sin embargo Candy lo escuchó diciendo sorprendida su nombre.
-¡Anthony! –Dijo mientras él se alejaba de la colina de Ponny, alcanzando a escuchar su nombre. -¡Anthony! – Volvió a gritar y Anthony se giró para verla en ese momento, viendo como sus ojos se encontraban de frente en la oscuridad de la noche, pero ella vio en sus ojos la furia por haberlo confundido con Terry, lo reconoció de inmediato sintiendo que las fuerzas se le acababan en las piernas comenzando a desfallecer.
-¡Candy! – Gritó Anthony corriendo hacia ella subiendo de nueva cuenta a la colina, acercándose poco a poco al cuerpo de la rubia que yacía cerca de las Dulce Candy. - ¡Candy! ¡Candy! ¡Perdóname pecosa! – Le dijo asustado, más sin embargo no lo escuchaba. La levantó en sus brazos con delicadeza y la llevó a su cuarto de nuevo, sabía que era un desmayo y que se recuperaría. La recostó en su cama y no pudo evitar besarla de nuevo, solamente con un leve roce, sería la última vez que lo haría, ya mañana ella se enteraría de la verdad y lo odiaría para siempre.
Anthony se retiró seguido de su yegua Tormenta. Llegó a su cuarto y comenzó a tirar sus cosas molesto, frustrado, enojado con él mismo, con Candy, con Terry, con la vida, pero sobre todo con los Leagan que se habían empeñado en destruirlo y lo habían conseguido. Tom y Jhon escuchaban tristes desde su cuarto comprendiendo la frustración y el dolor que tenía su hermano, eso era algo que los destrozaba, no podían hacer nada para ayudarlo.
Esa noche no durmió en lo absoluto y se levantó muy temprano, pero en lugar de ir al hogar a dejar los víveres como cada semana salió a cortar leña, no se necesitaba porque aún no comenzaba el frío, sin embargo era la mejor manera de desahogar su frustración. Llevaba más de una hora cortando de un solo tajo los troncos de madera, más nada calmaba sus ansias, ni el cansancio que ya lo estaba alcanzando, ni el calor que comenzaba a hacer estragos en su cuerpo. Se quitó la camisa quedando solo con su pantalón y siguió cortando con las mismas ganas la madera.
Unos ojos lo miraban desde dentro del rancho, tanto Tom como Jhon lo miraban tristes por su sufrimiento. Observaban todo lo que hacía, cada uno de sus movimientos y lo dejaban que descargara todos los sentimientos negativos que tenía en su alma. De pronto vieron como Candy llegaba con pasos lentos e inseguros, cuando ambos reaccionaron a lo que veían, Candy ya estaba detrás de Anthony, la cual estaba parada observándolo nerviosa, ansiosa. Ambos decidieron no intervenir por el momento, pronto su hermano se enfrentaría por fin a su destino y era mejor que sucediera de una vez por todas.
-Buenos días. – Dijo Candy temerosa. Anthony se detuvo de golpe con el hacha en el aire conteniendo su respiración y bajando lentamente el artículo de trabajo descansándolo por un lado. Todo esto lo hacía con movimientos normales, pero para ellos eran minutos, largos minutos.
-Buenos días. – Dijo Anthony. Candy observaba su blanco cuerpo marcado por el trabajo, admirándolo completamente, estaba bronceado por el sol, sus cabellos rubios brillaban por el intenso sol que se reflejaba en ellos. De pronto ocurrió. Jhon se decidió a intervenir, sino Tonny nunca se atrevería.
-¡Anthony! – Salió gritando. -¡Anthony! ¿Dónde estás? – Anthony volteó asustado viendo como Jhon llegaba gritando su nombre y Candy se cubría el rostro sorprendida al ver que Tonny se volteaba a verla, descubriendo por fin su rostro, dejándose ver por completo. Pudo ver el color de sus ojos, que por lo abierto que los tenía por el asombro causado, delineó su rostro, sus labios y su mentón reconociendo por fin ese rostro que tanto había añorado y amado por tantos años en silencio.
-¡Tonny! ¡Anthony! – Gritó sorprendida, comprendiendo por fin todo, uniendo todas las piezas del rompecabezas que le habían dado todos poco a poco para que descubriera la verdad. Había ido al rancho de Tonny para ver su rostro de una vez por todas y confirmar si lo de anoche era verdad o solo fue un sueño de nuevo, una jugada de su mente como ya otras veces lo había hecho. Anthony se acercaba a ella preocupado al ver su reacción.
-Candy. – Le dijo en un susurro y Candy reaccionó ante su llamado. Abrió los ojos lo más que pudo, comenzando a llenarse de lágrimas mientras avanzaba a paso lento caminando de espaldas para alejarse corriendo de él.
Candy se giró por completo y salió corriendo sin voltear hacia atrás llegando donde estaba el caballo de Tom y se subía rápidamente a él ante la mirada de asombro de Anthony, quien corría detrás de ella. Al ver como montaba a relámpago, se regresó desesperado sobre sus pasos gritando y silbando a su yegua tormenta para poder darle alcance.
-¡Tormenta! – Dijo desesperado y el caballo llegó a todo galope ante el llamado de su dueño. - ¡Jhon! ¿Qué has hecho? – Le dijo al momento de subir al caballo.
-No lo retes Tonny, él no sabía que Candy estaría aquí tan temprano. – Dijo en su defensa. - ¿Oh si? – Le preguntó ya que Anthony corría a todo galope alcanzando un lazo para seguir a la rubia que como siempre era muy dramática. Jhon se sentía culpable al momento de haber visto la reacción de Candy, él nunca imaginó que ella actuaría de esa forma tan infantil.
El caballo de Tom iba asustando al no reconocer a la persona que se había montado en él con esa rapidez, desbocándose al poco tiempo, llevando camino desconocido para Candy, ella se aferraba a la rienda de relámpago llorando y con su vista nublada por tantas lágrimas.
-¡Anthony! ¿Por qué no confiaste en mí? ¡Yo te hubiera esperado! – Decía Candy al viento. – ¡Yo te amaba! ¡No debiste ocultarte de mí nunca! – No sabía si estar molesta porque se ocultó, porque se hizo pasar por otro ocasionando con ello que estuviera tantos días confundida, o si estaba molesta porque gracias a la mentira de los Leagan la habían separado de él y había sufrido otra separación aunque fue menos dolorosa que la muerte de Anthony, no le quitaba el hecho de que había vuelto a sufrir. El corazón de Candy estaba lleno de incertidumbre ¿Qué pasaría ahora? Primero sufrió la separación de Annie, después la muerte de Anthony, luego la separación de Terry, y aunque a Annie y a Terry podía volver a verlos, la muerte de Anthony era algo que siempre le había provocado una inmensa tristeza, no pudiendo soportarlo nunca.
-¿Por qué si yo te amaba? – Gritó tan fuerte pero esta vez Anthony la escuchó ya que su yegua tormenta era tan veloz como los vientos que ocasionaba una misma tormenta.
-¡Candy, detente! – Decía fuerte para que lo escuchara.
-¡No te acerques! – Decía Candy molesta.
- ¡Candy, por favor detente! – Le decía asustado por el lugar a donde se dirigía el caballo, el cual por el miedo que tenía seguía corriendo desbocado, reaccionando Candy al ver que no podía controlarlo.
Anthony comprendió que Candy no podía controlar al caballo, así que tomó el lazo que llevaba y se dispuso a usarlo. Cada vez se acercaban más rápido al barranco, obligando a Anthony a actuar inmediatamente, lo bueno que la gran habilidad que había desarrollado hizo que atrapara a relámpago a la primera ante el asombro de Candy, quien veía con los ojos bien abiertos como Tormenta se frenaba a la orden de Anthony.
-¡Quieto! – Le decía con cariño, pero firme tranquilizando a la yegua, ya que el animal sabía hacia donde corrían y los nervios en él se habían incrementado.
Anthony jaló a Relámpago hacia él junto con la preciada carga que llevaba, dejándolos juntos uno del otro para que descansaran y se recuperaran. Ambos animales comenzaron a tranquilizarse al estar juntos y Anthony trató de ayudar a bajar a Candy para que tomaran un poco de aire los caballos y poder regresar. Estaban muy lejos del rancho, habían corrido al lado contrario del pueblo rumbo a Lakewood, pero pasando muy cerca del barranco de la muerte, un lugar que la gente evitaba por el famoso nombre que portaba.
-¡Suéltame! – Le dijo molesta.
-¡Deja de actuar como una niña malcriada! – Le dijo también molesto por la actitud que esta mostraba.
-¡Seré malcriada, pero soy honesta!
-¡No sabes de lo que estás hablando!
-¡No me interesa saberlo!
-¿Cuándo vas a madurar Candy? ¿Cuándo vas a crecer y dejar de poner en riesgo tu vida ante la adversidad? – Le preguntó molesto con sus ojos llenos de furia, no era la primera vez que la veía actuar así. Recordó el día de la cascada. - ¿Siempre saldrás corriendo como una chiquilla tonta sin medir el peligro? – Le dijo retándola y tomándola de la mano con fuerza para que lo escuchara porque estaba renuente a escucharlo.
-¡Te he dicho que me sueltes! – Anthony se molestó, pero no quiso volver a discutir con ella, y no quería cansar a los caballos, ya habían tenido suficiente, además desconfiaba si ella se montaba de nuevo en el caballo saldría corriendo de ahí otra vez. La tomó del brazo y comenzó a jalarla detrás de él.
-¡Vamos! – Le dijo jalándola por la muñeca.
-¡Suéltame! – Le decía sin obtener éxito en sus quejas, siendo obligada a seguir al rubio tras de él, jaloneándose una vez más. - ¡Te he dicho que me sueltes! ¡Eres un bruto Anthony! – Le gritó furiosa, Anthony la jaló con mayor fuerza atrayéndola a su cuerpo apegándola a su torso desnudo, que por las prisas se había olvidado de ponerse su camisa, sintiendo Candy la calidez de su piel bajo sus manos.
-¿Y no es así como te gusta acaso? ¡Un bruto, un rebelde sin contemplación con las mujeres! ¿Qué no es lo que tú prefieres? – Le dijo con una mirada llena de fuego, encendida por los celos que se lo comían en vida, recordando al rebelde que se la había arrebatado sin proponérselo.
Candy abrió los ojos ofendida ante el comentario empujándolo con fuerza para separase de él y propinarle una tremenda bofetada que dejó su pequeña pero pesada mano plasmada en su mejilla izquierda. Anthony solo volteó su rostro, el cual sentía arder por el duro golpe recibido, sin inmutarse mucho y la acercó de la cintura nuevamente hacia él, pero esta vez sin ser brusco, pero si aferrándola con fuerza a su cuerpo y con la mano izquierda acariciaba su rostro lentamente, despejándolo de los rizos que se colocaban en él. La miró con deseo, dirigiendo su mirada hacia sus labios. Candy lo miraba ansiosa, con miedo por lo que veía reflejado en su mirar, no supo descifrar que era, rabia, celos, deseo, frustración lo que sentía en ese momento, pensando que era solo coraje lo que veía en él. Se removió un poco angustiada, con miedo y hasta arrepentida por haberlo abofeteado al sentir su mano arder por el golpe propinado, recordando como Terry había reaccionado aquella vez y como Anthony también lo había hecho el día de la cascada, mientras veía como Anthony se acercaba peligrosamente a su boca y rozándola muy cerca sintiendo su aliento y su respiración combinada con las de ella, mientras sentía una extraña necesidad de besarlo nuevamente, comprendiendo por esa cercanía que aquella noche tampoco había sido un sueño y que había probado realmente esos labios tan sensuales y bien definidos que le rozaban su boca en esos momentos.
-Creo que ya estamos a mano. – Le dijo en un susurro que él no quiso hacer sonar sexy, pero por la situación en la que se encontraban así lo escuchó Candy, sintiéndola él temblar y cerrar sus ojos lentamente esperando ese beso que él mismo deseaba con fervor, más sin embargo después de admirar su rostro con los ojos cerrados y su boca ansiosa y dispuesta a ser tomada, como dando su consentimiento, prefirió no hacerlo y esperar a que las cosas fueran de diferente manera, así lo deseaba y rogaba porque así fuera y no tener que arrepentirse por no haber devorado sus labios en ese momento, pero si lo hacía así, por la furia y el fuego que le recorría en ese momento por la venas no podría detenerse y sería capaz de cometer una barbaridad con ella ahí mismo sin importarle estar al aire libre, aunque era un lugar extremadamente solo al ser evitado por viajeros y por supuesto por los locales de la zona.
La soltó lentamente, complacido por la reacción que había tenido el cuerpo de la pecosa, que si bien ella estaba molesta, su cuerpo le indicaba otra cosa y que otros eran sus deseos. Tenía que esperar para que cuerpo y mente se conectaran y poder así descubrir realmente sus sentimientos.
Candy sintió una profunda decepción en su corazón al sentir que era liberada y no había obtenido el anhelado beso, sintiendo frío al no tener más el calor del bien formado cuerpo de Anthony muy cerca de su cuerpo y pecho. La tomó de nuevo de su mano izquierda jalándola nuevamente, obligándola a seguirlo una vez más, su enojo aumentaba conforme avanzaban sintiéndose rechazada por el rubio cuando ella se había mostrado dispuesta a aceptar ese beso como penitencia por la bofetada propinada, sin embargo eso no había sucedido y aunque no quería aceptarlo eso la había molestado y le enojaba aún más descubrir que tenía ese deseo.
-Suéltame Anthony. – Le decía de nueva cuenta pero más tranquila, resignada a seguirlo, sin embargo el rubio ya no la escuchó simplemente siguió caminando con ella un par de kilómetros más mientras veía como los caballos los seguían sin necesidad de que los llevara del lazo. Tormenta tenía la costumbre de seguir a su amo y al tener a relámpago amarrado a ella lo hacía ir junto a él.
Candy ya no podía más, pero se negaba a seguir gastando fuerzas al jalarse, Anthony seguía caminando frente a ella al ir más rápido. De pronto se detuvo al ver el lago que estaba en el camino, uno que Candy no advirtió, pero que Anthony conocía a la perfección al igual que los caballos, los cuales se acercaban a beber agua cansados por la carrera a la que habían sido sometidos. Anthony la soltó y se dirigió al lago mientras la dejaba debajo de la sombra de un árbol.
-Si deseas tomar agua… - Le dijo deteniéndose de súbito porque la vio voltear el rostro a otro lado sin querer mirarlo, seguía ofendida por el rechazo, pero se quería convencer que era por el engaño de la que había sido objeto. - … como quieras… - Le dijo solamente. Anthony se dirigió al lago y se mojó el rostro y el pecho, buscando mitigar el calor y el fuerte sol que le quemaba la piel al traerla expuesta y sin sombrero además, cabalgando únicamente con sus bien ajustados Jeans que le marcaban perfectamente su figura y bien proporcionados glúteos, cosa que Candy no pudo dejar de admirar al verlo caminar hacia el lago admirando su perfecta anatomía.
-¡Es hermoso! – Pensó sorprendiéndose a sí misma por tal pensamiento, poniéndose colorada ante la imagen que regalaba el rubio al arrodillarse para comenzar a refrescar su cuerpo que ya comenzaba a enrojecerse por el sol. Regresó junto a Candy, un poco más fresco, con el torso y el cabello mojados. Candy al verlo dirigirse hacia ella se ruborizó por completo, ahora lo admiraba de frente y la imagen era bastante atractiva y muy tentadora, ella se sentía apenada de mirar, pero no podía evitarlo, era la primera vez que veía tan cerca a un hombre y apreciaba con detenimiento su cuerpo. Anthony se dio cuenta del escrutinio que recibía sintiéndose halagado por el sonrojo de la pecosa, la cual se hizo como que no veía nada y se volvió a voltear hacia otro lado.
Cuando él se sentó un rato bajo la sombra del árbol, mientras dejaba que los caballos tomaran agua, fue el turno de Candy de ir a refrescarse. Él la miraba de igual forma, observando su figura, esas caderas y esa diminuta cintura que antes no tenía, adivinaba que bajo esa larga falda tenía un hermoso par de piernas blancas que eran muy firmes al tacto, él mismo se reprochó por pensar así, pero no podía evitar recordar el día anterior cuando la rescató de aquel pequeño baño, ese día encendió en él algo que no había sentido nunca. El amor de adolescente que había sentido por aquella pequeña pecosa se estaba transformando en uno más adulto y aunque no lo quisiera, el deseo que comenzaba a despertar en su cuerpo era algo que no le incomodaba en lo absoluto, al contrario era algo que lo invitaba a querer ir más allá con aquella corajuda muchacha que estaba frente a él de nuevo. Recordaba las charlas del señor Steven cuando los educaba en el trato a una mujer, pensando cuando era joven que era todo una mentira para que ellos se abstuvieran de tener intimidad con alguna mujer. Recordaba las pláticas educacionales de su padre y se sonrojaba con los consejos proporcionados.
No sintió en que momento había vuelto. Se había perdido en su imagen y en sus pensamientos y Candy lo había observado de la misma forma, deleitándose ahora él con su hermoso cuerpo, pero no queriendo ni uno ni otro ceder ante el coraje que ambos habían sentido por diferentes motivos.
Continuará…
Hasta aquí otro capítulo. Espero que les haya gustado como este para de corajudos se han reecontrado, esperemos que pronto limen esas asperezas que se han formado por la terquedad de uno y de otro, uno por no hablar con la verdad y la otra por no querer comprender que no había sido su culpa. ¿O será que está más enojada porque la dejó con ganas de un besito? Jajajaja en fin, espero que lo hayan disfrutado y si no por lo menos que se hayan entretenido un poco. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Saludos!
