Hola señoras y señoritas me inclino ante sus comentarios, muchas gracias por las porras que me brindan y sobre todo por las bendiciones que recibo, gracias infinitas por leer y seguir aquí leyendo así sea en silencio. Las cuatro historias han llegado a países que nunca imaginé y se los agradezco en el alma. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los uso un poquito para liberar mi inspiración, lo hago sin fines de lucro, solo por entretenimiento. Es una historia no apta para menores de edad, así que les recomiendo discreción y si eres menor de edad por favor deja de leer. ¡Comenzamos!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Los celos son una suma de amor y odio, inseguridad y orgullo. No eres celoso por lo que ves, sino por lo que te imaginas"
CAPITULO V
"CELOS"
Se dispusieron a seguir el camino después de que habían descansado los animales. Candy observó como el atractivo rubio se puso de pie ofreciéndole su mano. Ella la tomó no muy convencida, sin embargo el ver esos ojos observándola detenidamente la hicieron tomar su mano con un poco de vergüenza.
-Ya no quiero caminar. – Dijo firme, tratando de aparentar enojo, sin embargo la sensación que tenía en su cuerpo era de nerviosismo, sobre todo al tocar la fuerte mano que la sostenía.
-Está bien. – Dijo Anthony, él sabía que ya había sido suficiente y los caballos deberían estar más descansados. – Tormenta. – Llamó a su yegua y el animal se acercó muy obediente a él, parándose a su lado. Notó que Relámpago aún seguía ansioso así que tomó a Candy de la cintura sin su permiso, sorprendiéndola y sonrojándola aun más al sentir las manos que le quemaban la piel, atravesando su calor por entre la ropa.
-¿Qué haces? – Preguntó procurando parecer molesta. Sin embargo la turbación que reflejaba su rostro hacía que el rubio se sintiera tranquilo en su proceder.
-Relámpago sigue nervioso, se desbocó porque no conoció a su jinete. Más vale no volver a inquietarlo. - Le explicó tranquilamente.
-¿Y tú caballo no se asustará si me voy en él?
-Tormenta es diferente, no es tan emocional como Relámpago. Además si estoy montándolo yo no se sentirá extraña.
Anthony subió detrás e Candy ante la sorpresa de ella, sintiendo su fuerte cuerpo muy cerca del suyo, como antes, como cuando paseaban por Lakewood muy lentamente abrazados uno al otro. Candy recordaba aquello y volteaba a ver a Anthony por un segundo, viendo a aquel amable chico que la había enamorado siendo tan solo una chiquilla. Anthony la miró de soslayo recordando lo mismo y tomó las riendas del caballo, quedando ella entre sus brazos, protegida, evitando que huyera, con una mano la tomó por la cintura y la acercó más a su cuerpo, todo esto lo hacía sin mirarla, sabía que no podría contenerse y la besaría irremediablemente, no quería ser rechazado y abofeteado de nueva cuenta aún le dolía el rostro y se le figuraba que la pequeña pero potente mano de Candy seguía incrustada en su mejilla.
Candy no dijo nada, solo se limitó a observarlo y a tratar de tranquilizar el ritmo acelerado de su corazón, que conforme pasaba el tiempo este se aceleraba más y más ante la emoción que sentía su cuerpo con aquel contacto.
-Ya no eres el chico dulce del que me enamoré, ¿Qué te ha sucedido? ¿Me habrás olvidado? ¡Dios Candy! ¿Qué estás pensando? ¡Claro que te olvidó! Ya ha pasado mucho tiempo. – De pronto sus pensamientos le provocaban dolor en su alma y no sabía el porqué, ella se había enamorado de nuevo y había continuado con su vida, sería normal que él también lo hubiera hecho, sin embargo el pensar en ello le producía una profunda tristeza. Aún faltaban unos kilómetros para llegar y el estar sumida en sus pensamientos le provocó sueño, sin querer se acurrucó en el pecho de Anthony y él la recibió sintiéndose conmovido de tener su frágil cuerpo más cerca incluso de lo que ya estaba. Con una mano la abrazaba deteniéndola en su pecho y Candy entre sueños escuchaba el palpitar acelerado de su corazón el cual era imposible de detener, él estaba igual que ella tratando de controlar el ritmo de su corazón.
-Ahhhh pecosa ¿Qué nos pasó? Tanto que te amaba, y ahora tú me odias por haberte ocultado que vivía, pero ¿Qué querías que hiciera? Tu vida estaba amenazada y yo… yo era un estorbo en ese momento. – Se acercó levemente a su frente y le dio un cálido beso, uno que hubiera preferido darlo en sus labios, como lo había hecho anteriormente, pero no podía hacerlo, presentía que no estaba del todo dormida y así era, Candy escuchó cada palabra que había dicho, principalmente "el tanto que te amaba" y "estorbo".
-¿Tanto que me amabas? ¿Entonces eso quiere decir que ya no me amas? ¿Por qué piensas que eras un estorbo Anthony? – Quería formularle todas esas preguntas, pedirle explicaciones, era lo que por lo menos merecía, pero no se atrevía a hacerlo y menos a echarse de cabeza de que no dormía, quería seguir sintiendo el calor de su pecho en su rostro y seguir escuchando el latido de su corazón, sin embargo el tiempo en el que expresaba sus palabras la entristecían. –Su corazón está latiendo, no es un sueño ¡Está vivo!
-Si tan solo pudieras comprender por qué lo hice. – Dijo esto último en un susurro pero alcanzado a ser escuchado por ella. El resto del camino fue en completo silencio, llevando Anthony su preciada carga lentamente, quería retrasar la despedida definitiva. Sabía que ahora si era inminente, ella lo había dicho "no le importaba escucharlo".
Mientras que Candy con las palabras que había escuchado su curiosidad había aumentado, claro que quería saber qué había sucedido, pero en un momento de ofuscación había mentido diciendo que no le importaba. Se sintió culpable, pero aún le retumbaban en su mente el "tanto que te amaba" entonces ¿Por qué la besó con tanta pasión aquella vez? ¿Por qué le pidió que lo buscara, que lo encontrara? ¿Por qué le dolió tanto saber que ya no la amaba? ¿Acaso ella aún lo amaba? Cayó en un profundo sueño con estas interrogantes y no sintió cuando llegaron al rancho de Anthony y cuando Tom recogía su caballo.
-¿Qué sucedió Tonny? – Preguntó Tom al ver su rostro.
-Nada Tom, lo que siempre temí. – Dijo simplemente cabizbajo, triste. John solo lo miró y bajó el rostro sintiéndose culpable.
-Esto no se puede quedar así, ella tiene que saber…
-No Tom, ella me dijo que no le interesaba saber nada… - Anthony siguió su camino con Candy dormida aún, quien despertó ya casi al llegar al hogar de Ponny, se desperezó y se sintió apenada por haberse dormido en su pecho.
-Lo siento. – Le dijo sonrojada. Anthony sólo le dirigió una sonrisa de lado.
Cuando llegaron él la tomó por la cintura y la bajó lentamente muy cerca de su rostro, lo hacía adrede porque quería tenerla lo más cerca posible, no quería dejarla ir, pero tenía que hacerlo. Aún era de mañana, eran cerca de las 10:30, pero ninguno había desayunado y sus cuerpos demandaban alimento.
-Qué estés bien. – Dijo Anthony haciéndole una reverencia para volver a subir a su caballo, ante la mirada atónita de Candy quien se había quedado de una pieza al ver como la bajaba reconociendo a aquel chico tan dulce y deslumbrante que había conocido.
-¿Eso es todo?- Le preguntó molesta. - ¿Te vas así como así? – Volvió a reclamar.
-Candy, me dijiste que no te interesaba escucharme. – Dijo tranquilo y resignado.
-¡Estaba molesta!, no me sentía lista para saber. – Le dijo levantando aún la voz desesperada, tampoco quería dejarlo ir.
-Ya sabes dónde encontrarme, cuando te sientas lista para hablar. – Le dijo únicamente, azuzando a Tormenta para que corriera lejos de ahí. Iba triste, herido, había revivido nuevamente esa herida que no había sanado y que nunca sanaría. Ella amaba a otro y no tenía la intención de hablar con él, no tenía caso seguir en ese lugar, se decía mientras se alejaba a todo galope mientras unos ojos verdes lo seguían angustiados de verlo correr en ese estado.
-¡Anthony! – Dijo asustada, no superaba el miedo de verlo montar y menos a esa velocidad, sus recuerdos de aquel horrible accidente volvían a su mente golpeándola de repente. Él había querido hablar y ello no lo había dejado y ahora que ella quería hablar él no lo había permitido. Se quedó observando desde la entrada al hogar como llegaba a su rancho, sano y salvo y una vez que se aseguró de ello ingresó a su hogar y a cada paso que daba se molestaba más y más.
-Es un bruto, un idiota, no le importa cuidarse, debería tener más consideración y dejar de correr así a caballo. – Iba hablando sola cuando entró al hogar de Ponny y sus madres la observaron confundidas.
-¿Qué sucede Candy?
-¡Es un bruto! – Dijo enojada.
-¿Confirmaste tus dudas? – Preguntó la hermana María.
-¡Anthony es un idiota! – Dijo por respuesta.
-Creo que sí. – Fue la respuesta de la señorita Ponny a la hermana María al ver que Candy no contestaba a su pregunta.
-¿Hablaste con él?- Le dijo de nueva cuenta, pero Candy seguía refunfuñando.
-¿Por qué me lo ocultó? – Dijo por fin derramando lágrimas de dolor sintiéndose traicionada.
-Por lo que veo no hablaste con él.
-Yo… no se lo permití. – Dijo un poco apenada.
-Pero Candy… - Dijo la señorita Ponny. – Tonny es un gran muchacho y ha sufrido mucho, merece que lo escuches y sea él mismo quien te cuente su historia.
-¿Ustedes saben qué pasó? – Ninguna afirmó, ni negó la respuesta. - ¿Por qué no me dicen?
-Nosotros no sabemos mucho de la vida de Tonny, solo unos cuantos pasajes que te involucran a ti Candy. Solo podemos decirte que te ama y que siempre ha sufrido por ti.
-¿Quién le contó sobre Terry? – Preguntó confusa. - ¿Desde cuándo sabe de él? – Preguntaba asombrada, confundida y comenzaba a sentirse culpable de ello.
-Hace años, Tom leyó la carta que le enviaste contándole sobre Terry.
-¿Pero por qué le dijo? ¿Por qué no se calló? – Decía Candy molesta con Tom. - Eso fue hace cuatro años ¿Por qué le habló de él?
-Eso tendrás que preguntarle a Tom, nosotros no sabemos sus motivos, solo sabemos que Tom siempre se ha arrepentido de haberlo hecho. – Fue lo único que le dijeron las dos mujeres a Candy, dejándola con sus pensamientos.
-Habla con Tonny, no dejes pasar más tiempo Candy, él ya esperó bastante.
-Él sabe dónde vivo. – Dijo testaruda.
-Fuiste tú quien no lo dejó hablar. – Dijo por último la señorita Ponny, colocando una mano en su hombro apelando a su buen juicio.
Anthony llegó directo a su rancho, cansado y sintiéndose algo mareado.
-Tonny, yo lo siento mucho. – Le dijo Jhon, se sentía culpable por que él lo había hecho a propósito para que de una vez Candy supiera la verdad, pero nunca pensó que ella reaccionaría de esa forma.
-No te preocupes Jhon, yo sabía que ella reaccionaría así. – Incluso Tom sabía cómo reaccionaría, pero Jhon creía conocerla bien y se había equivocado, Tonny la conocía mejor que él mismo. – Voy a mi cuarto, no me siento muy bien. – Dijo retirándose al final del pasillo, a su habitación la más alejada del rancho.
-Vamos Jhon, no te preocupes más, inclusive Tonny no te culpa.
-¡Es una testaruda! - Dijo Jhon molesto, amaba a Candy como su hermana mayor, pero amaba a Tonny también como a un hermano por qué él fue el único que se atrevió a sacarlo del hogar de Ponny y ofrecerle una familia, proponiéndoselo al señor Steve, que le diera su apellido y que los gastos correrían por cuenta de él, así se había unido a la familia de los Stevens hacía más de tres años convirtiéndose en Jhon Stevens, el hermano menor de ellos y el más consentido a veces y él solo tenía para retribuírselos amor, cariño y trabajo, mucho trabajo, él hacía varias de las labores por gusto, por conocer lo que hacían sus hermanos para aprender y así ayudarlos y en un futuro saber cómo mantener a una familia propia.
-Lo sé Jhon, Candy es una testaruda, pero me va a escuchar.- Dijo Tom.
-Tonny dijo que no nos involucráramos más Tom.
-Lo sé, pero ¿Quién se lo va a decir? ¿Tú? – Preguntó sarcásticamente.
-¡No! – Dijo Jhon negándolo seguro.
Anthony se sentía mareado y se metió a bañar en su habitación, llenando la tina de agua fresca. Cuando terminó de hacerlo al salir de la tina perdió el conocimiento y cayó al suelo.
-¿Escuchaste eso? – Dijo Jhon alarmado, aún seguían debatiendo el asunto de los dos rubios. – Fue en el cuarto de Tonny.
-Dijo que no se sentía muy bien. – Ambos muchachos corrieron al cuarto y entraron sin siquiera tocar la puerta y encontraron a Anthony desmayado en el suelo envuelto en una toalla con la piel de su torso y espalda bastante enrojecida.
-¡Tonny! – Dijo Tom asustado. – Ven Jhon, ayúdame a subirlo a la cama. – Así lo hicieron y sintieron lo caliente que estaba.
-Hay que ir por un médico. – Dijo Tom de inmediato. – Jhon cuídalo mientras vuelvo con el médico. – Jhon asintió asustado, Tom salió inmediatamente en busca del médico. Llegó un poco después al consultorio médico, pero la hija del doctor le dijo que había salido a Lakewood a revisar a un paciente muy importante.
-Gracias Magdalena. – Dijo Tom saliendo apresurado de ahí para dirigirse al hogar a buscar a Candy. No había a quien más avisarle.
Magdalena no perdió el tiempo y se dispuso a ir a la casa de Tonny para ayudarlo, entrando sin permiso hasta la alcoba de Anthony.
-¿Qué haces aquí? – Preguntó Jhon.
-Vengo a cuidar a Tonny.
-¿Y tu papá?
-No se encuentra.
-¡Pero Tonny ocupa a un médico, no a su hija!
-Yo también puedo ayudar. – Le dijo molesta. – Ahora déjame sola con él y busca agua y unas vendas para curarlo.
-¡Pero no está herido!
-¡Haz lo que te digo! – Jhon obedeció a regañadientes y salió a buscar lo que le solicitaron.
Magdalena vio la cadena que traía Anthony en su cuello y se la quitó para ponerla en el buró junto a su cama. Ella lo admiraba y veía lo guapo que era. Lo tenía ahí junto a ella a su merced. Se sentó muy junto a él en la cama.
Tom llegó a todo galope al hogar.
-¡Candy! ¡Candy! – Pero la rubia no salía, Candy seguía molesta con él también. - ¡Candy! ¡Revoltosa! ¿Dónde estás? – Gritó más fuerte y molesto porque no salía.
-¿Qué quieres Tom? – Le dijo enojada con las manos en la cintura reclamando sus gritos.
-¡Toony se puso mal, necesita de tu ayuda!. – Dijo Tom, sin tomarle mucha importancia a lenguaje corporal de Candy.
-¡Anthony!- Dijo Candy, saliendo como alma que lleva el diablo, apurada hacia el rancho de Tonny, rogando que sus piernas pudieran ir más de prisa para llegar cuanto antes.
-¡Candy! – Gritó Tom, pero ya no lo escuchó.
-¿Qué sucede Tom?
-Tonny se desmayó señorita Ponny, y el médico no está por eso vine a buscar a esta testaruda.
-¡Santo cielo! ¿Se llevó el maletín de primeros auxilios?
-¡NO! – Dijo Tom palmeando su frente. – Salió como loca en cuanto le dije que Tonny se había puesto mal. - La hermana María que había escuchado salió corriendo por el maletín y se lo entregó a Tom.
Candy llegó agitada al rancho y se topó con Jhon.
-¿Dónde está Anthony?
-En la última puerta al final del pasillo. – Dijo Jhon angustiado. Candy se apresuró a llegar, pero antes de entrar vio que la puerta estaba entre abierta, la abrió un poco más y se sorprendió de ver a una hermosa joven muy cerca de él, eso le provocó un extraño dolor en el pecho, uno que nunca había sentido y le cortó la respiración aún más cuando escuchó lo que Anthony decía.
-No me dejes por favor… - Decía Anthony en un suplicio. Candy no había escuchado que previamente la llamaba a ella y que el rubio tenía alucinaciones con ella. - … te he extrañado mucho princesa… - Seguía diciendo, Candy cerró la puerta y se regresó sobre sus pasos.
-¿A dónde vas? ¿No vas a atenderlo? – Dijo Tom quien ya había llegado.
-Veo que ya tiene quien lo cuide. – Dijo molesta.
-¿De qué hablas? – Preguntó intrigado.
-Vino Magdalena. – Dijo Jhon. – Pensé que tú la habías llamado. – Dijo Jhon al ver que Tom tenía cara de molestia.
-¿Qué? ¡No! – Dijo Tom molesto. – Espera un segundo Candy. – Dijo entrando al cuarto de Anthony quien seguía delirando, sacó a la muchacha del cuarto y ella se quejaba.
-Gracias Magdalena, pero ocupamos a una profesional y la señorita Candice es la indicada. Ella es enfermera titulada. – Le dijo mientras la acompañaba a la salida, jalándola del brazo. – Candy apúrate yo lo veo muy mal. – Le dijo a Candy y ella entro apurada. – Jhon acompaña a Magdalena a su casa. – Jhon asintió.
-Pero…
-Que te vaya bien Magdalena. – Dijo Tom despidiéndose de ella.
Candy entró de prisa a la habitación encontrando un cuadro nada agradable, Anthony estaba respirando muy agitado, tenía la temperatura muy elevada y la piel bastante enrojecida.
-¿Cómo lo ves Candy?
-Presenta un cuadro de insolación. – Dijo Candy angustiada, pero haciendo fuerza de su profesionalismo procedió a pedir lo necesario.
-¡Tom, necesito hielo! Y unas compresas, agua a temperatura ambiente y suero, mucho suero.
-La señora Romina no está. – Dijo Tom angustiado. – Yo no sé hacer suero.
-Tráeme primero el hielo y las compresas. – Ordenó Candy. Tom salió corriendo por lo requerido y regresó un poco después.
-Bien ahora pon a hervir agua, busca la sal y algunos limones frescos y bicarbonato. – Volvió a solicitar a Tom mientras ella procedía a poner el hielo a Anthony urgía bajarle la temperatura.
-Candy. – Decía Anthony en un susurro. Candy creyó que la había visto, aún no captaba que él estaba delirando.
-No te preocupes Anthony, estarás bien.
-¡No me dejes por favor! – Decía en un susurro tomándole de pronto la mano.
-No me iré de tu lado Anthony, hasta que estés bien.- Le dijo mirándole a los ojos y volvió a perder el conocimiento.
-¡Anthony! – Dijo asustada, tomó el hielo y lo envolvió en las vendas que encontró en el botiquín que Tom le había llevado y la colocó debajo de las axilas, tenía que poner otras en las ingles y estaba indecisa de hacerlo, le quitó la toalla que cubría su parte inferior sin pensarlo mucho ya que el tiempo apremiaba, pero no pudo evitar sorprenderse de lo que había bajo la toalla, una vista perfecta y espectacular. Era la primera vez que veía a un hombre completamente desnudo la vista le parecía bastante atractiva. Estaba ahí, alto, fuerte y tan desvalido en su cama, inconsciente. Se apresuró a poner el hielo entre sus ingles, sintiendo la suavidad de su piel y la fuerza de sus piernas, sintiendo que su temperatura se elevaba al ponerse colorada por lo que estaba haciendo. Una vez que terminó, procedió a cubrirlo con una sábana, puso compresas en su frente y en su pecho, temblando cada que tenía que volver a tocar su pecho.
-¡Candy! – Dijo Tom sobresaltándola.- Perdón, pero ya tengo todo listo en la cocina.
-Bien Tom, sigue poniéndole las compresas yo iré a preparar el suero. – Tom obedeció y le indicó donde estaba la cocina.
Candy salió de la habitación de Anthony y siguió las indicaciones de Tom, admiró la casa de Anthony, era muy parecida a la cabaña de los Andrew, pero todo estaba limpio e impecable. Llegó a la gran cocina y se sorprendió de lo limpio y ordenado que estaba todo y más porque vivían solo tres hombres. Procedió a preparar el suero, quitando el agua de la estufa que anunciaba que estaba hirviendo, comenzó el proceso de enfriado y lo llevó a la habitación una vez que estaba listo.
-¿Cómo sigue?
-Está delirando Candy. –Dijo Tom angustiado.
-Es normal Tom.
-Tonny nunca se ha enfermado desde que se levantó de la silla de ruedas. – Dijo seriamente.
-¿Silla? – Candy olvidaba por un momento la historia que le había contado Tom días atrás.
-Candy, Tonny ha sufrido mucho y hay cosas que aún no sabes, por eso me pareció injusto que reaccionaras así. Jhon tampoco está de acuerdo contigo.
-¿Jhon también sabe qué sucedió?
-Todos sabemos el sufrimiento de Tonny, Candy. – Candy bajó la vista apenada.
-¿Por qué le hablaste de Terry? – Preguntó únicamente.
-Por idiota. – Dijo Tom. – Es lo más estúpido que he hecho Candy. Creí que lo motivaría a levantarse más rápido e iría por ti lo antes posible, pero no, se rindió por un tiempo y todo lo que había avanzado para volver a caminar había fracasado. Hasta que un día decidió dejar de sufrir, pero su alegría se había ido, la ilusión en su rostro y el brillo de sus ojos desapareció, se volvió retraído, parco, sonriendo solo en ocasiones.
-Anthony estuvo en silla de ruedas. – Dijo más como una confirmación queriendo negarse a sí misma el sufrimiento que había padecido el rubio.
-Te digo que hay mucho que no sabes de él Candy.
-¿Podrías contarme? – Tom asintió para poder que Candy entendiera todo lo que Anthony no le diría. Era muy orgulloso para revelar todo el sufrimiento que él había pasado, decía que no era el único que sufría y que así podría salir adelante y ser más fuerte ante la adversidad que se le avecinaba a lo largo de su vida. Vislumbraba una vida triste y vacía sin su adorada Candy, más sin embargo nunca perdió la bondad y nobleza para sus semejantes, y no había prueba más notable que lo que había hecho por el hogar de Ponny.
-Cuando los encontramos por casualidad, ambos estaban inconscientes.
-Entonces si es verdad que tú nos encontraste. – Dijo sorprendida.
-Sí, mi padre y yo escuchamos un grito y después te escuchamos gritándole a Anthony, cuando llegamos estabas inconsciente en la espalda de él. Vimos que Anthony perdía sangre, tenía un fuerte golpe en la cabeza y no respondía, un rato después llegó el señor Leagan. – Dijo Tom apretando los puños y la mandíbula al mencionarlo. – Venía con uno de sus empleados y dijo que iría por ayuda, te llevó con él hacia la mansión, más nunca llegó de regreso. Se había percatado de la gravedad de Anthony y a pesar de que salió a toda prisa nunca regresó.
A los días escuché que habían velado a Anthony, pero nosotros lo habíamos trasladado al rancho de mi padre, no podíamos perder tiempo su pulso se debilitaba, llegamos y el médico lo atendió inmediatamente haciendo las curaciones necesarias e inmovilizándolo de pies a cabeza, si se movía corría el riesgo de quedar parapléjico. Despertó a los días asustado y preguntado por ti, yo lo tranquilicé diciéndole que estabas bien, pero quiso levantarse y tuvimos que sedarlo para que o no se lastimara, así estuvo varios semanas.
-Nadie nos dijo nada de ustedes, los muchachos me avisaron de su muerte, pero nadie había visto el cuerpo, solo el señor Leagan quien fue el que aseguró que estaba sin vida. Los demás argumentaron no tener el valor de ver como había quedado, querían recordarlo como era en vida.
-Pues la verdad era que no había cuerpo. Yo intenté hablar con la señora Elroy, pero me lo impidieron y me acusaron de mentiroso y de querer aprovecharme de la situación para sacar dinero de ello, fui echado como a un perro. – Dijo una vez más frustrado.
-Cuanto lo siento Tom.
-Ellos me siguieron al rancho y dijeron que me habían echado porque le había provocado un infarto a la tía abuela con mis palabras, yo me sentí mal por ello y me fui lejos de donde estaban, quedando cerca del carruaje en el que viajaban. A mi padre le dijeron que llevarían al mejor de los médicos para trasladarlo hacia un hospital en Chicago, pero cuando se iban los oí decir que el médico iba a terminar con la vida de Anthony de una vez por todas.
-¡Qué horror! – Dijo Candy quien estaba horrorizada por la historia que le volvía contar Tom, mientras le cambiaba las compresas a Anthony y trataba de darle suero mojándole los labios porque seguía inconsciente.
-Después dijeron que si yo te avisaba a ti o a tus primos, o me acercaba a ustedes, todos correríamos la misma suerte que Anthony. Así que mi padre y yo decidimos decir que Anthony había muerto, cuando apareció de nueva cuenta el señor Leagan con el dichoso médico, diciéndole que lo habíamos sepultado bajo el nombre de un Stevens. Ahí nació el nombre de Tonny Stevens.
-Comprendo. – Decía Candy triste.
Anthony comenzó a removerse teniendo pesadillas, y continuó con las alucinaciones, en ellas revivía el accidente y gritaba una y otra vez asustado por la impresión que se llevaba una y otra vez al revivir esa etapa de su vida.
-Anthony, Anthony, tranquilízate, estarás bien. – Dijo Candy, pidiendo más agua fresca para continuar con las compresas, el hielo ya había hecho su función y era suficiente. La temperatura iba cediendo poco a poco, sin embargo Candy aún estaba preocupada por él.
Interrumpieron la historia porque Anthony recobraba un poco el conocimiento, bueno eso habían creído ellos ya que él seguía delirando.
-Candy. – Le dijo viéndola a sus ojos verdes. –Tus ojos verdes son hermosos. – Le volvió a decir y la tomó de la mejilla con infinito amor. – Te amo Candy. – Le dijo volviendo a perder el sentido.
-¿Es normal eso Candy?
-Si Tom, Anthony está delirando. No debió exponerse tanto tiempo al sol. -Sin embargo esas palabras le acariciaban el alma.
-No lo hizo consciente, se levantó muy temprano para cortar la madera, se sentía frustrado, sudó demasiado y cuando salió tras de ti se le olvidó el sombrero y la camisa, no lo hizo premeditado. Así como tú saliste sin el botiquín de primeros auxilios en cuanto te dije que estaba mal, así él corrió por ti. – Candy se sintió apenada y culpable por la situación en la que estaba el rubio.
-Es culpa mía. – Dijo Candy cabizbaja.
-No Candy, fueron las circunstancias, pero debes de calmarte y no ser tan dramática revoltosa, pudieron ambos haber sufrido otro accidente y tal vez este si no lo hubiera contado Anthony.
-No pensé en eso, Tom. – Anthony volvió a reaccionar y esta vez Candy se sentó en la cabecera de la amplia cama y lo tomó por la espalda con ayuda de Tom, quien le acercaba el suero y se lo comenzaba a dar poco a poco a cucharadas. Anthony estaba confundido con lo que estaba pasando, no comprendía por qué Candy estaba ahí en su cuarto y le hablaba para que abriera la boca, haciéndolo él torpemente. –Anthony tienes que tomarlo todo, por favor, tienes que recuperarte. – Le decía preocupada. Anthony le sonreía con mucha ternura, pero no muy consciente del todo, sin embargo lograron que se tomara todo el suero.
Candy lo colocó con mucho cuidado en la almohada y sintió sus brazos vacíos al hacerlo y un frío en su pecho. Le había agradado sentir el calor de su cuerpo sobre sus piernas.
Entrada la noche llegó el médico para revisar al joven Stevens.
-Buenas noches señorita Candy. – Dijo el médico quien ya la conocía gracias al hogar de Ponny.
-Buenas noches doctor.
El viejo doctor se dispuso a revisarlo con ayuda de Candy, advirtiendo que todo peligro había pasado.
-Muy bien señorita Candy, el joven Stevens está mucho mejor, ha hecho usted un excelente trabajo. Yo no pude venir antes porque tuve que ir a Lakewood, la señora Elroy estuvo delicada, pero también ya está fuera de peligro.
-¿Qué le sucede doctor? - Preguntó angustiada por la vieja Elroy.
-Ya los años Candy, así pasa no es nada que se pueda evitar, solo cuidarse más. – Le dijo el médico. – Vine en cuanto me dijo mi hija, no me dejó descansar, sino dijo que me quedaría sin yerno. – Candy frunció el ceño molesta, recordando la escena que encontró esa mañana, no agradándole la idea de ver a Anthony con esa mujer tan encimosa.
-Bueno me despido Candy.
-¿Cuánto va a ser doctor? – Preguntó Tom, quien lo acompañaba a la puerta. Cuando regresó vio a Candy seria y molesta, enojada en su semblante.
-¿Te molestó lo que dijo el médico?
-No. – Dijo únicamente.
-Pensé que te había molestado que Magdalena esté detrás de Tonny.
-¿Y por qué habría de molestarme? – Dijo cruzando los brazos y volteando por la ventana, donde admiraba la pradera que tenía como vista Anthony y a lo lejos podía observar la colina de Ponny y asumía que se veían las rosas desde ahí.
-Tienes razón, tú ya olvidaste a Tonny con Terry, él también tiene derecho a enamorarse de nuevo. – Candy sintió un vuelco en el corazón y se afligió al imaginarlo con esa mujer, no entendía por qué si ella se había enamorado de Terry, tenía que sentir tanto dolor en su pecho solo de pensar que Anthony estuviera enamorado de alguien más.
-¿Ella es su novia? – Preguntó con miedo de escuchar la respuesta.
-No lo sé, Tonny es muy reservado, solo sé que está muy enamorado de alguien. – Decía para molestarla, era claro que no le diría que era de ella, no cuando podía seguir enamorada del tal Terry, quería ver su reacción... y de pronto ahí estaba, las lágrimas en los ojos de Candy, al parecer no le había gradado su respuesta.
-Vamos Candy, él tiene derecho a ser feliz, como te dije él ha sufrido bastante y me atrevo a decir que más que tú. – Candy bajó la mirada y las lágrimas corrieron por sus mejillas, Tom se dio cuenta pero no lo hizo saber porque quería estar seguro si todo estaba o no perdido. – Vamos a cenar Candy, el médico dijo que el peligro ya había pasado.
-No tengo hambre. – Dijo limpiándose las lágrimas disimuladamente.
-No quisiste comer Candy, tienes que cenar algo.
-Gracias, me quedaré aquí al pendiente de Anthony. – Tom salió de la habitación y le dijo a la señora Romina que llevara algo de cenar para Candy, cuando Candy vio la cena su estómago le reclamó la falta de alimento.
-Aquí tiene señorita Candy. – Le dijo amable la señora, quien la conocía porque era la misma mujer que trabajaba para el señor Stevens. Candy le agradeció con una sonrisa. – Me da gusto que sea usted la que cuida al joven Tonny, esa señorita Magdalena es una impertinente que solo lo molesta. – Candy sonrió con el comentario. Cenó un poco para acallar los ruidos de su estómago y continuó dándole suero a Anthony, volvió a recostarlo con mucho trabajo en sus piernas y así le daba a beber poco a poco con una cuchara.
Toda la noche veló su sueño, hasta que casi entrada la mañana quedó dormida abrazada al pecho de Anthony, durmió solo un rato porque el canto de los pájaros y la luz del sol que entraba por la ventana la despertaron, desperezándose y sorprendida por la posición en la que estaba, Anthony la tenía abrazada a su pecho y tenía una hermosa sonrisa que irradiaba paz en su rostro. No pudo evitarlo y se acercó muy despacio a su rostro y le dio un fugaz beso en los labios, sorprendiéndose ella misma por lo que había hecho, había sentido la calidez de sus labios y aunque no había sido correspondida, ese tímido beso le había agradado más de lo que ella misma quería admitir, ella no había besado a nadie más, Terry era el único que lo había hecho, más sin embargo no había disfrutado ese contacto y el beso compartido con Anthony noches atrás para ella había sido un sueño, aunque aún le quemaba ese contacto en sus labios y añoraba con volver a sentirlo sobre los propios. ¿Qué era ese sentimiento? Ella lo había amado en el pasado, mucho, había sido su primer amor y siempre lo llevaría en el corazón, pero el amor que había sentido por Terry según ella era más maduro, aunque no había trascendido como ella había querido. Había pasado tiempo desde aquella separación y él nunca la volvió a buscar y ella tampoco a él, sin embargo estar ahí con Anthony en esa posición, haberlo visto como Dios lo trajo al mundo, haberlo cuidado y verlo tan vulnerable y el solo pensar que estuviera con alguien más le provocaba sentimientos de angustia, no soportaba siquiera pensar en esa idea, una sensación que nunca había sentido se instaló en su pecho, era un miedo incontrolable de volver a perderlo.
Continuará…
Hola señoras, señoritas! Espero que hayan disfrutado mucho esta capítulo! Muchas gracias nuevamente por los comentarios de la historia al parecer les ha gustado y eso me halaga mucho, agradezco mucho sus comentarios de ánimo y los PM que me han enviado, seguiré respondiéndolos en cuanto me lleguen y respondiendo sus dudas…
Les mando un fuerte abrazo y mis más sinceros agradecimientos
Saludos.
