Muy buenos días señoras y señoritas, espero que estén muy bien y que la pandemia existente no las haga entrar mucho en crisis, Dios las cuide y las proteja a todas y cada una de ustedes. Aquí estoy una vez más reportándome con otro capítulo de esta historia, espero lo disfruten mucho y me dejen un comentario por favor para seguir actualizando jejejeje.

Los personajes de Candy Candy, no me pertenecen solo los uso un poco para divertirme, lo hago sin fines de lucro. Es una historia no apta para menores de edad, hecha la advertencia ¡Comenzamos!

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

OBSTINACIÓN

"Ser obstinado puede ser bueno. Ser obstinado puede ser malo. Todo depende del modo que tú lo uses."

CAPITULO VI

Volteó a ver la habitación detenidamente, se levantó con mucho cuidado para no despertar a Anthony, aún seguía débil y debía mantenerse en cama. Tenía que regresar al hogar para asearse y cambiarse de ropa y regresar a cuidarlo, tenía que cuidar de él no permitiría que pasara todo esto solo y menos cuando se sentía tan responsable de lo sucedido.

Volvió a besar su frente con cuidado, con cariño y con mucha ternura acarició su rostro con amor.

-Mi príncipe de las rosas. – Le dijo en un susurro.

Salió de la habitación lentamente y sin hacer ruido, encontrándose con Tom en el pasillo el cual se dirigía hacia la habitación de Tonny para ver como habían pasado la noche.

-Buenos días Candy.

-Buenos días Tom.

-¿Cómo pasó la noche Tonny?

-Mucho mejor, ya no tuvo fiebre, pero aún está débil y necesita mucho reposo.

-Que bueno. ¿Ya te vas?

-Sí, necesito asearme y en cuanto termine regreso.

-Candy, yo necesito salir. Ayer no hice nada de mis obligaciones y Jhon tendrá que ir conmigo.

-Entonces regresaré rápido, Anthony no puede quedarse solo.

-Me tomé la libertad de traerte ropa ¿Por qué no te bañas aquí y desayunas? Tengo que salir de inmediato. – Dijo Tom entregándole una bolsa con lo necesario para que se cambiara de ropa, que le habían preparado sus madres. – Por favor. – Le dijo Tom, esperaba que aceptara, para ver si así avanzaban las cosas entre ambos rubios.

-Está bien Tom, aquí me quedaré hasta que lleguen ustedes ¿Dónde está el baño?

-Usa el de Tonny, él aún no despierta y así no lo pierdes de vista, la señora Romina ya no debe tardar aún no llega.

-Muy bien Tom. – Tom salió del rancho con rumbo desconocido junto a Jhon, el capataz estaba afuera haciéndose cargo de los caballos y los dos rubios quedaban solos en la gran casa.

Candy entró al cuarto de baño llenando la tina con agua tibia, se desvistió rápidamente porque sentía pena de estar ahí. El baño era muy amplio y la tina era perfecta para dos personas, era un baño cómodo parecía que estaba pensado para una pareja. Candy buscó una toalla abriendo un cajón de la cómoda que estaba en el baño, la tomó entre sus manos y la acercó a su rostro aspirando su aroma, era el aroma de su rubio. Aquel aroma que ella siempre adoró y que varias noches la hizo soñar despierta con él, entre las cosas que había en el cajón había una foto vieja de ella, cuando fue adoptada, otra de los Cornwell, puso más atención a los objetos que había encima del tocador, debajo del espejo y notó que había un portarretrato de Anthony montando a caballo con su texana negra, era una foto reciente y encontró una más con su uniforme de enfermera, la tomó entre sus manos y reconoció que era una foto que le había enviado a la señorita Ponny el día que se había titulado de enfermera, estaba dedicada a ella, sin embargo la tenía Anthony en su baño, adornando su espacio, se sintió feliz por ese gesto, todo lo que había ahí pertenecía a su príncipe y le hacía sentirse especial de estar ahí observando su privacidad, de pronto se le vino a la mente la imagen desnuda de Anthony y sintió un calor en su cuerpo, se ruborizó apenada, se metió en la tina y se dedicó a bañarse lo más rápido que pudiera.

Anthony comenzó a despertarse, sentía un fuerte dolor de cabeza y la boca seca y amarga. Tomó un poco de suero que había en su mesa de noche y se incorporó dispuesto a ir al baño, se dio cuenta que estaba desnudo y buscó en su cajón un pantalón de pijama que se puso para levantarse. Escuchó ruido en el baño y pensó que era Tom porque recordaba como en sueños que él lo había cuidado. Se sintió mareado y se agarró de los muebles que había en la habitación para no perder el equilibrio llegó a la puerta del baño y no se detuvo a pensar y entró de pronto porque sentía que la cabeza le daba vueltas. Candy se sorprendió cuando Anthony entró y ella estaba envuelta en una toalla y sus rizos estaban mojados a lo largo de su espalda, Anthony abrió los ojos sorprendido al igual que Candy, quien lo miraba frente a ella con su semblante pálido, lo veía débil y de pronto vio que se mareaba y se agarraba del marco de la puerta. Anthony no sabía si era solo el mareo o la impresión de ver a semejante rubia semi desnuda frente a él.

-¡Anthony! – Dijo asustada cuando Anthony se giró dándole la espalda para no avergonzarla.

-Lo siento. – Dijo apenado, salió como había entrado ayudándose de los muebles a su alrededor y cerró la puerta tras de sí. Candy se dio cuenta que había dejado su ropa en la habitación y busco que ponerse, encontró una bata de baño de Anthony y se la colocó encima, se quitó la toalla que cubría su cuerpo y la puso en su cabeza. Se dio el valor de salir, aguantando el bochorno que sentía en su sonrojado rostro.

Anthony notó que se abrió la puerta lentamente y apareció ante él la imagen más adorable de su pecosa con su bata de baño, jamás volvería a lavarla. Se veía simplemente hermosa, al natural, jamás imaginó que se cumpliría uno de los tantos sueños que había tenido al hacer la recámara tan grande y un amplio baño exclusivamente para ellos dos, aunque sabía que era una tontería, le gustaba imaginar que si podría ser así algún día.

-Yo lo siento. – Dijo apenada. – Tom me dijo que podía usar tu baño para no dejarte solo. – Dijo apenada. Anthony asintió tomándose la cabeza con ambas manos.

-¿Te duele? – Preguntó angustiada.

-La verdad es que estoy muy mareado. – Dijo simplemente.

-Aún estás muy débil, tienes que descansar. – Anthony asintió y dejó que lo ayudara porque estaba verdaderamente débil, ya tenía más de 24 horas sin alimento y la insolación lo había dejado bastante agotado.

-¿Qué sucedió? – Preguntó confundido, aún no comprendía del todo que había sucedido. - ¿Por qué estás aquí? – Candy lo interpretó como si le molestara su presencia.

-Te pusiste mal ayer, te insolaste y Tom no encontró al médico y fue por mí. – Anthony escuchaba confundido aún, buscaba en su cabeza los recuerdos de lo que había sucedido.

-Nunca me enfermo. – Fue lo único que atinó a decir como excusa a lo sucedido.

-Lo siento fue mi culpa. – Dijo ella tímida, aún sentía que así era.

-Sí lo fue. – Le dijo Anthony serio y ella se sintió mal por el comentario, pero sabía que tenía razón.

-No te preocupes, cuando llegue Tom y Jhon me iré al hogar. – Le dijo y se metió al baño tomando la bolsa que contenía su ropa.

Al salir del baño Anthony la seguía viendo con curiosidad, aún no podía creer que estaba con él, solo en la intimidad de su cuarto, lo ponía nervioso y ansioso el estar tan cerca de ella. Temía no poder contenerse y besarla hasta borrar de sus labios los besos de aquel idiota que se la había robado.

-No es eso Candy, yo no me siento a gusto que después de lo que pasó ayer tú me cuides.

-No te preocupes, es mi deber. – Dijo seriamente.

-Sé que así lo sientes por tu condición de enfermera. – Le dijo triste al ver que solo era por su deber y no porque deseaba estar ahí.

-Anthony yo… lo siento… siento mi reacción, pero me sentí herida, traicionada. – Trató de explicarse.

-No te preocupes, conozco ese sentimiento. – Le dijo haciéndola sentir más culpable. En eso tocaron a la puerta y Candy fue a abrir, era el médico quien iba a ver como había amanecido el paciente.

-Buenos días doctor. – Saludó Candy muy amable, tratando de cambiar su semblante después de lo dicho por el rubio.

-Buenos días Candy. El capataz me dijo que podía pasar. – Dijo el viejo médico con algo de pena por presentarse tan temprano. – Tonny veo que ya despertaste ¿Cómo te sientes?

-Mareado. – Dijo únicamente Anthony.

-Es normal, lo bueno que esta señorita actuó rápido y correctamente, así que gracias a ella estás bien Tonny. -Volteó a ver a Candy y la miró con ternura y agradecimiento. - Y yo vengo tan temprano para que Magdalena me deje tranquilo un rato, ya que quiere venir, pero le he dicho que ya que te recuperes podrá hacerlo. No es conveniente que recibas visitas. – Candy miraba al viejo doctor, tenía mucha familiaridad con Anthony.

-"¿Será que es su suegro?". – Se puso triste por sus propios pensamientos.

-Dígale a Magdalena que cuando quiera venir, será bien recibida. – Dijo mirando a Candy quien ponía cara de molestia cada vez que la mencionaban.

Una vez que lo revisó el médico, volteó a ver a Candy y le dio indicaciones de alimentarlo bien, de no dejarlo solo y obligarlo a que permaneciera en cama.

-Muy bien doctor, no se preocupe. – Dijo Candy. Recordó lo de la tía abuela así que se animó a preguntar para que Anthony escuchara. – Doctor ¿Volverá de nuevo a ver a la señora Elroy Andrew?

-Más tarde vendrá por mí su chofér, tengo que ver cómo amaneció. – Candy vio el rostro confundido de Anthony y le hizo un gesto para que se tranquilizara.

-Doctor ¿Podría pasar más tarde para preguntar sobre la salud de la tía abuela? – El médico la vio confundido. – Lo que pasa es que ella es mi tía abuela. – Le dijo para que comprendiera el interés que tenía en ella.

-¡Oh! No lo sabía Candy, nunca supe el nombre de la familia que te adoptó.

-No se preocupe doctor, yo más tarde me comunico con ella.

En cuanto se fue el médico Anthony volteó a ver a Candy esperando respuestas.

-No te preocupes, no es nada de cuidado, la tía abuela está envejeciendo y necesita cuidarse más.

-Tía abuela. – Dijo tristemente.

-¿Hablarás con ella?

-Primero tengo que hablar con el tío abuelo, él es el único que puede ayudarme.

-¿Por eso Tom estaba siempre tan interesado en él?

-Lo hacía por mí. – Dijo simplemente Anthony. Él la miraba detenidamente, sin perder detalle, le buscaba algún gesto que le hiciera saber si estaba a fuerzas o a disgusto, no encontrando nada, más que ponerla nerviosa.

-¿Qué sucede? – Le preguntó apenada, poniéndose nerviosa mientras lo veía como la observaba, no evitando la imagen que había obtenido un día antes, una que no podría borrar de su mente.

-Nada… te observo. – Le dijo solamente. -¿Te molesta? – Le preguntó mirándola a los ojos profundamente, era como si le estuviera recordando que la había visto semi desnuda.

-Me siento extraña. – Le dijo mientras se abrazaba a sí misma.

-¿Por qué? ¿Nunca te han mirado así? – Preguntó serio, sin quitar los ojos de su rostro.

-Únicamente tú. – Le dijo sonrojada. - ¿Tienes hambre? – Le preguntó para cambiar de tema y ver si así lo desviaba de su mirar. Anthony solo asintió pero seguía observándola, con esa mirada profunda y cautivadora.

-Voy a traerte algo de comer. – Le dijo saliendo de la habitación, mientras él la seguía en cada paso que daba.

Llegó a la cocina muy nerviosa, buscó en todas partes hasta que encontró lo necesario para hacer un caldo de pollo, la alacena estaba bien surtida y la hielera que tenían estaba llena de diferentes tipos de carne, buscó verduras y un poco de consomé para prepararlo, en cuestión de media hora tenía casi todo listo, solo debía esperar la cocción perfecta. Un poco después tomó una charola y puso un plato solo con el caldo y las verduras, la dieta debía ser ligera según el médico, aunque se decidió por desmenuzar muy bien un poco de pollo, casi como si fuera a alimentar a un bebé.

Entró a la habitación y encontró a Anthony de pie, lo cual le molestó por haberla desobedecido.

-¿Qué estás haciendo? - Preguntó curiosa y molesta a la vez.

-Estoy buscando algo. – Decía impaciente.

-Es más importante tu salud Anthony.

-¿Tú me quitaste las cosas? – Preguntó de pronto.

-Cuando yo llegué estaba Magdalena muy juntito a ti. – Le dijo celosa sin siquiera pensarlo.

-¿Magdalena? – Preguntó dudoso, pero le hizo ver que Candy estaba molesta por eso hecho.

-¿Qué es lo que buscas? Tal vez yo pueda ayudarte.

-Es una cadena. – Candy sabía que a él no le gustaban las cadenas y se sorprendió.

-¿Una cadena? ¿Es un regalo?

-Algo así, la obtuve hace tiempo y me recuerda a alguien muy importante en mi vida. – Dijo buscándola sin éxito. – Para mí es lo más valioso que poseo.

-Primero come, después te ayudo a buscarla. – Dijo amable para tratar de tranquilizarlo, le había dolido escuchar que era de alguien especial para él. – ¿Será de alguna chica? – Pensaba intranquila y sin saber porqué celosa.

Anthony se acomodó de nuevo en la cama, seguía débil aunque no quisiera reconocerlo, Candy lo notó porque al sentarse en la cama cayó de pronto al no sostenerlo las piernas.

Le ayudó a ponerse la camisa de la pijama y acercó el plato de comida comenzándole a dar en la boca el alimento.

-¿Tú lo preparaste? - Le preguntó complacido, a lo que Candy asintió.

-¿Por qué? ¿Tiene mal sabor? – Preguntó con pena.

-Está delicioso. – Le dijo recorriendo su rostro al momento que lo decía, posándose en sus rosados labios.

-Pues que bueno, sino de todas formas te haría comerlo. – Le dijo para distraer su mente y así evitar ponerse nerviosa, pero el sonrojo que Anthony había provocado no había podido controlarlo y él la veía complacido. - ¿Esa chica? ¿Es tu novia? – Le preguntó curiosa, tenía un sensación extraña en su corazón que se sentía oprimido por el hecho de comentarlo.

-¿Qué chica? ¿Magdalena? – Candy asintió tímida. – No lo es, pero la mayoría de la gente me sugiere que lo sea y no sé tal vez lo estoy considerando. – Dijo para ver su reacción y Candy quedó completamente muda al no volver a pronunciar una palabra.

-Ah. – Fue lo único que pudo decir. Continuó alimentándolo hasta que terminó todo lo que le había servido.

En un cuartel militar improvisado, un joven de larga melena castaña y grandes ojos color miel caminaba de un lado para otro, impaciente esperando a su familiar, el cual ya se negaba a verlo por las constantes intromisiones que había tenido en los últimos meses sin éxito alguno.

-Archie. – Decía el militar de forma cansada por saberse de memoria ya el discurso que semana a semana obtenía de su hermano menor.

-¡Stear! – Decía Archie emocionado al abrazarlo efusivamente al verlo aparecer tras la puerta que se lo llevaba cada vez que iba a verlo.

-¿Qué es eso tan importante de lo cual no puedes seguir esperando? – Decía abrumado, impaciente por las insistentes visitas de su hermano que variaban desde que la tía abuela lo extrañaba, hasta que Patty seguía triste encerrada en su habitación, lo cual era lo que más había dolido, más sin embargo el miedo de que su seguridad se viera interrumpida hacía que sus ansias de salir corriendo a verla fueran aplacadas.

-Ha ocurrido algo que necesita mi presencia inmediata en América.

-¿Qué es esta vez Archie? ¿La tía abuela está grave? – Preguntó un poco inquieto, la verdad le preocupaba la salud de la vieja Elroy.

-No, es algo mucho más importante, algo que cuando te lo diga no lo podrás creer. – Decía creando duda en la mente curiosa del inventor.

-Te escucho. – Dijo con pesadez, no quería ceder a la curiosidad con su hermano porque siempre salía con un pretexto absurdo. – Pero será la última vez que te escuche. – Dijo advirtiendo con seguridad que ya no lo recibiría una vez más, aunque si había dicho que su presencia urgía de seguro él mismo se marcharía y él descansaría por fin de sus visitas semanales. Archie asintió seguro de que no tendría que regresar una vez más para convencerlo, pero tenía que hacerle creer que él tenía que ir solo, esperaba que funcionara su poder de convencimiento utilizando la psicología inversa.

-Tengo que regresar a Lakewood, más bien dicho a Michigan al hogar de Ponny.

-¿Al hogar de Ponny? ¿Le ha sucedido algo a Candy? – Preguntó angustiado, quisiera o no la rubia le había preocupado siempre.

-No, ella está bien, pero George me ha informado de algo que ni yo mismo logro creer aún. El tío abuelo me autorizó a mí para aclarar ese asunto.

-¡Vamos Archie, habla ya! – Ordenó cada vez más desesperado ¿Qué sería lo que su hermano tenía que hacer en el hogar de Ponny que hasta el tío abuelo había intervenido? - ¿De qué te enteraste?

-De que Anthony está vivo. – Dijo de pronto sin temor a la reacción de su hermano.

-¿Qué? ¿Qué estás diciendo? ¿Acaso te has vuelto loco Archie? – Preguntaba asombrado por la capacidad que tenía su hermano para tratar de convencerlo para que regresara.

-No Stear, yo mismo estoy sorprendido con la noticia, pero el tío abuelo recibió una carta y me autorizó a mí para ir y averiguar qué fue lo que sucedió con él.

-¿Cómo que qué sucedió? ¡Archie, Anthony murió! – Decía seguro de sus palabras.

-Stear… ¿Tú viste su cuerpo? – Preguntó tranquilo.

-No, pero… - Dijo dudando de las palabras de su hermano. - ¿Por qué nos mentirían?

-Eso es lo que te quiero explicar si me lo permites. – Stear asintió sentándose ansioso por escuchar la historia tan disparatada que tendría que contar su hermano y así decidir qué es lo que haría más adelante, era la primera vez que una de sus historias captaba su atención desde que llegó para convencerlo y regresar a casa.

-Según la carta que me leyó George, Anthony no murió el día de la cacería, sino que quedó muy mal herido. Lo encontró el señor Steve y Tom, el hermano de Candy.

-Eso no fue lo que dijo el tío Leagan. – Dijo Stear haciendo memoria de lo que había ocurrido hacía seis años.

-Lo sé Stear, lo recuerdo perfectamente, cuando llevó a Candy a la mansión de las rosas, dijo que Anthony había muerto instantáneamente al golpearse la cabeza cuando cayó del caballo. – Stear asentía porque tenía el mismo recuerdo de su hermano. – Pero nunca nos dijo que el Sr. Stevens y Tom llegaron primero para auxiliarlo, y que cuando se llevaron a Candy, fue con la promesa de regresar con ayuda médica para Anthony.

-¿Qué? – Preguntó Stear sorprendido, pero más que nada indignado por lo que escuchaba.

-La ayuda nunca llegó, y tanto el señor Steve como Tom, se desesperaron y lo llevaron a su rancho proporcionándole la ayuda médica necesaria, después de ellos haber detenido la hemorragia que era bastante.

-¡Santo Dios! – Decía Stear horrorizado. - ¿Por qué nunca nos dijeron nada? ¡Tom sabía de nuestro dolor, fuimos a verlo al rancho siete meses después y no nos dijo nada! – Decía indignado y con un dolor en su pecho que se había instalado ahí hacía mucho tiempo y que se volvía a hacer presente.

-Deja te explico lo que Anthony reveló en su carta. – Decía Archie más tranquilo, él ya había pasado por la indignación que ahora enfrentaba su hermano.

-Dime Archie porque no entiendo nada. – Decía confundido.

-Al parecer Tom fue a los días a la mansión para avisar que Anthony estaba mejor y por supuesto desmentir lo de su muerte, pero el tío y la tía Sara lo corrieron acusándolo de querer aprovecharse de la tía abuela y lo sacaron a fuerzas de la mansión.

-¿Pero por qué? ¡No entiendo! ¿Qué ganaban los Leagan con matar a Anthony? – Pensaba Stear viendo a los ojos a Archie quien esperaba que llegara a la misma conclusión que él, hasta que el inventor cayó en cuenta. - ¡La herencia de Anthony!

-Exacto. – Dijo Archie. – Cuando Anthony rechazó el compromiso con Eliza, la tía abuela lo amenazó con desheredarlo y darle ese dinero a los Leagan, cosa que a Anthony no le importó, pero después la tía abuela se arrepintió de haberlo dicho y pienso que fue ahí cuando decidieron quitarlo del camino.

-¿Pero por qué no nos avisó aquel día?

-Al parecer el tío Louis siguió a Tom hasta su rancho, pidió disculpas y les dijo que la tía había sufrido un infarto por la impresión que se llevó, volvió a decir que llevaría a un médico para ayudar a Anthony, pero Tom los escuchó que a lo único que iría el médico sería para terminar con la vida de Anthony, así ellos cobrarían esa herencia y si Tom avisaba a Candy o a alguno de nosotros, correríamos la misma suerte.

-¡Eso es una canallada! – Decía Stear molesto golpeando el escritorio que ahí se encontraba.

-Hicieron pasar a Anthony por muerto para protegerlo de los Leagan y el día de la visita al rancho, Tom nos lo iba a decir, pero Anthony no quiso hacerlo porque estaba en silla de ruedas y no podía protegernos de los Leagan, al no saber quién era el tío abuelo, no confiaba en nadie y decidió primero recuperarse de esa silla para poder buscarnos.

-¿Y lo logró? – Preguntó Stear pasando saliva al decirlo, le dolía pensar en un Anthony inválido cuando el amaba correr y montar a caballo.

-Al parecer sí, y ya se siente fuerte para protegernos a ti, a mí y a Candy y decidió escribir al tío William para pedirle ayuda, quiere volver a la familia. Como el tío está en África y George tiene problemas para localizarlo él había autorizado de que yo me hiciera cargo de lo que se refería a esa carta, es por eso que vengo a decirte que me iré de regreso a América para buscar a Anthony. – Decía Archie con la esperanza de que Stear recapacitara y decidiera ir con él.

-¡Archie, tenemos que buscarlo! – Decía Stear creyendo que la idea había salido de él.

-Como te digo, Albert me autorizó a mí para conocer el contenido de esa carta, ni siquiera él lo sabe, George sigue sin poder comunicarse con él aunque sigue intentándolo, solo tú, George y yo sabemos sobre esto.

-¿Y la tía abuela?

-No es conveniente por el momento que lo sepa, sino ella avisaría a los Leagan y estarían advertidos. Además ellos han despilfarrado la herencia de Anthony, tal vez intentan de nuevo hacer algo en su contra por tal de no regresarla.

-Tienes razón Archie, debemos ser cuidadosos ¿Cuándo podré salir de aquí?

-¿Salir? ¿No se supone que nada del mundo te haría desistir de tu decisión?

-Vamos Archie, ¿No pensarás que me voy a quedar aquí esperando noticias tuyas y de Anthony?

-La verdad pensaba que sí. – Decía Archie agradeciendo que su plan hubiera funcionado.

-Quiero ir contigo, además sé que solicitaste mi baja en mi nombre desde hace tiempo.

-Entonces tienes que firmarla. Al ser miembro de una familia tan importante no hubo mucho problema para que la aceptaran, además no creo que se pierdan de mucho. – Stear lo miraba molesto por lo que decía y Archie sonreía victorioso.

Le continuó explicando el contenido de la carta, viéndose cada vez más sorprendido de la nueva vida que llevaba su primo, pero sintiendo orgullo de cómo había logrado salir adelante por méritos propios, sin la ayuda de los Andrew.

-¿Así que Tonny Stevens? – Preguntó Stear.

-Sí, ahora es Tonny Stevens, hay que grabarlo bien para no echar todo a perder. – Stear asintió despidiéndose de Archie, para continuar con los trámites de baja del ejército, tardaría menos de lo esperado ya que el proceso había avanzado desde que su hermano había llegado y él los había retrasado.

-¿Te molesta? – Preguntó Anthony a Candy al verla que había quedado en silencio, observando su semblante el cual era una mezcla de tristeza y molestia.

-¿Molestarme? ¿Por qué? Es tú vida, tú sabes lo que haces. – Dijo sin poder evitar que su tono de voz fuera de molestia, no quería admitir ni a ella misma que sentía celos de aquella joven.

-Tienes razón. – Dijo también molesto y decepcionado por la forma en la que le hablaba. – Yo también tengo derecho a salir adelante. – Dijo sin decir una palabra más. Candy se llevó la charola en silencio ya que hubo terminado de comer.

Anthony seguía débil así decidió dormir un poco aprovechando que Candy había salido de la habitación, era mejor evitarla de esa forma a estarse torturando de tenerla tan cerca y no poder volver a besarla pensando en lo ocurrido en el baño, pero las últimas imágenes que había tenido esos días le impedían conciliar el sueño, hasta que por fin había podido más la debilidad y terminó durmiendo casi toda la tarde.

Candy entró a la habitación con cuidado y guardó silencio al ver que se había quedad dormido profundamente. Lo vio tan guapo, a pesar de los años que habían pasado los sentimientos que había tenido por él no estaban del todo extintos, se había dado cuenta que la ponía nerviosa, que aún con solo mirarla se sonrojaba y que siempre que pensaba en él después de su muerte la había puesto muy triste.

Lo veía detenidamente, mirando fijamente sus labios y al mismo tiempo tocó los suyos, recordando cómo había deseado el día anterior que la hubiera besado cuando la tomó bruscamente por la cintura y lo único que había obtenido era un "ya estamos a mano" que más que un reclamo le sonó como un sexy susurro al sentir el roce de sus labios y su aliento cálido tan cerca de su boca, ocasionando un calor inexplicable recorrerle su cuerpo, justamente como sentía en ese preciso momento.

-Tranquilízate Candy ¿Qué es eso que siento? – Se preguntaba a sí misma. - ¿Por qué no quiero que esté con esa mujer? o con ninguna otra... – Se decía enojada al recordar que Anthony consideraba estar con ella, eso le dolía en su pecho y le oprimía los pulmones impidiéndole respirar con naturalidad.

En eso tocaron a la puerta, ya era tarde y de seguro eran Tom y Jhon que ya habían llegado de sus obligaciones, para su sorpresa era la joven causa de su molestia, Magdalena, quien insistía tocar la puerta nuevamente al no ser abierta tan pronto como ella lo anhelaba. Candy se sorprendió por la visita inesperada.

-Disculpe enfermera. – Le dijo amablemente, pero ese simple comentario había hecho sentir incómoda a Candy, sabía que ella la conocía desde que eran muy niñas, sin embargo el trato que le daba era como si fuera una completa desconocida. Candy no sabía que el trato que recibía era por los celos que sentía esa joven por ser ella siempre la que estaba en los labios de Anthony cuando este deliraba.

-¿Qué se le ofrece señorita? – Candy le respondió de igual forma queriendo sonar amable, pero era algo casi imposible de hacer esa joven la sacaba de quicio.

-Quiero ver a Tonny. – Dijo con mucha confianza.

-Tonny. – Dijo Candy apretando los dientes. – Él se encuentra dormido y por órdenes médicas no puede recibir visitas.

-El médico es mi padre. – Dijo con autoridad como si Candy lo ignorara. – Y él me autorizó.

-Pero yo tengo otras órdenes, él necesita descansar. – Le dijo con determinación.

Anthony había despertado al inicio de la discusión con Magdalena, y le causaba gracia que Candy no la dejara entrar, quien le gustara o no era una muchacha muy necia y no tenía ganas de verla, más sin embargo al querer saber hasta qué punto era verdad lo que presentía se aventuró a soportar un poco a la empalagosa muchacha, además quería preguntar por la cadena extraviada.

-¿Qué sucede Candy? – Preguntó haciéndose el que recién despertaba.

-Nada "Tonny" – Dijo enmarcando el seudónimo. – Esta joven que quiere entrar a verte, pero el médico ordenó que descansaras.

-¡Tonny!- Dijo Magdalena haciendo a un lado de pronto a Candy pasando a la habitación, haciendo que Anthony se arrepintiera de pronto por haber abierto la boca. - ¿Verdad que me puedo quedar? – Le dijo echándose encima de él para abrazarlo, evitando que Anthony respirara con tranquilidad.

-Señorita, si me lo permite está ahogando a "Tonny". – Cada que decía su nombre lo hacía irónicamente, estaba molesta de estar observando esa escena.

-No te preocupes Candy. – Dijo Anthony, mientras Candy sentía que le jalaban los cabellos del coraje por que la había desautorizado. – Magdalena puede quedarse un rato. – Dijo viendo amablemente a la chica, pero viendo de reojo a la rubia quien se ponía colorada y no precisamente de la vergüenza.

- Como usted diga joven Stevens. – Dijo furiosa. – Pero a mí no me llamará la atención el médico por un descuido suyo. – Dijo molesta cerrando la puerta fuertemente, mientras salía de la habitación. Anthony quedó sorprendido por la actitud de la joven enfermera y se quedaba a soportar a la chica que él mismo había autorizado a quedarse ahí con él sentenciándose a sí mismo.

Continuará…

¿Cómo ven con estos dos? Siguen de tercos, necios y testarudos ¿Cuánto les durará la terquedad? ¿Quién será el primero en ceder? Habrá que esperar el siguiente capítulo jejejeje XD.

Bueno niñas me despido por el momento y primero Dios nos leemos en el próximo capítulo, espero sus comentarios por favor de este capítulo, no sean tímidas jajajaja les dejo un abrazo y un hasta pronto.

Saludos!