Y aquí la sorpresa de la semana, actualizaré doble esta jejejeje espero que no se molesten señoras bellas, les dejo con cariño este capítulo que espero no las desespere mucho.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los utilizo un poquito para hacerles una historia diferente a la que nos dieron en televisión, espero les guste y sobre todo comprendan que no es apta para menores de edad, lo hago sin fines de lucro solamente por mera diversión. Dicho esto ¡Comenzámos!

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Cada camino recorrido enriquece al peregrino y lo acerca un poco más a hacer realidad sus sueños".

ESPACIO

CAPITULO VII

Candy se encontraba en el gran salón del rancho, Tom y Jhon quienes venían llegando de sus labores, observaban a una rubia ir de un lado a otro a lo largo del lugar, diciendo palabras ente dientes y haciendo ademanes de molestia con las manos.

-¿Qué sucede revoltosa? ¿Y Tonny? – Preguntó divertido al verla en ese estado.

-"Tonny" está muy bien acompañado, y ahora que han llegado yo me voy. – Dijo con molestia sin esperar un comentario acerca de ello.

-¿Cómo que te vas? Tienes que cuidar al enfermo. – Dijo Tom tratando de convencerla de quedarse más tiempo.

-El enfermo ya tiene quien lo cuide. – Decía molesta.

-¿De qué hablas?

-De Magdalena que vino a ver a su "novio". – Dijo cada vez más molesta, Tom hacía mucho tiempo que no la veía así y Jhon nunca la había visto así ni cuando mojaba las sábanas.

-¡AAAhhhh! ¿Es eso? No te preocupes en un momento se va. – Dijo Tom divertido por los celos de Candy.

-Pues yo no me quedaré a ver cómo pasa eso. – Dijo molesta dirigiéndose ahora sí a la salida.

-¡Espera Candy! – Gritó Tom, pero ya no regresó, se había ido muy enojada con Anthony por permitirle a esa mujer quedarse en el cuarto a solas con él.

-¡Es un imprudente! ¡Tiene que descansar! ¡Es un cabeza dura! – Iba renegando por todo el camino hasta llegar al hogar de Ponny y las dos buenas mujeres la veían confundidas una vez más.

-¿Qué te sucede Candy?

-¡Anthony es un necio! – Decía molesta y celosa a la vez.

-¿Qué pasó?

-El médico le dijo que no recibiera visitas, pero cuando llego esa "señorita" a verlo le da lo mismo si descansa o no. – Decía molesta ante la mirada incrédula de sus madres.

-¿A qué señorita te refieres?

-¡A la hija del médico! – Estaba tan molesta que no podía ni mencionar su nombre.

-Ahhh ¿Te refieres a Magdalena? – Candy asintió con los brazos cruzados mientras sentía su rostro arder por el coraje. – Candy Magdalena siempre ha estado al pendiente de Anthony, ella lo cuidó cuando estaba en la silla de ruedas. – Candy sintió una opresión en el pecho al escuchar aquello, le producía dolor el saber que alguien más estaba en la vida de Anthony y ese alguien no era ella, sabía que era injusto el pensar que no la hubiera olvidado cuando ella había seguido adelante, dándose una nueva oportunidad con Terry, aunque no había funcionado. Le dolía saber que no era ella la dueña de los pensamientos de su príncipe y más el saber que Magdalena había estado junto a él todos estos años.

Candy se retiró sin decir nada más, mientras la observaban de cerca ambas mujeres.

-Candy ¿Te sientes bien? – Preguntó la señorita Ponny preocupada por el ánimo de la muchacha, obteniendo un simple movimiento de cabeza mientras desaparecía de su vista. – Me parece hermana María que su comentario estuvo de más. – Dijo mostrándose inconforme por lo que la religiosa había dicho.

-Señorita Ponny, usted sabe que lo que dije es cierto.

-Parte, hermana María, parte, Tonny nunca ha tolerado del todo a esa muchacha y más cuando se enteró que Tom había estado enamorado de ella y ella supuestamente le correspondía.

-Pero eso no lo sabe Candy. – Dijo la hermana María, quien también quería saber si Candy guardaba un poco de sentimientos hacia ese dulce joven que siempre había guardado un lugar muy especial para ella en su corazón. – Candy tiene que entender que Tonny también tuvo la oportunidad de salir adelante.

-Lo sé hermana María, pero me duele verla sufrir.

-Tonny también sufrió señorita Ponny, y me atrevo a decir que más que Candy. – La señorita Ponny ya no dijo nada, ella sabía bien el sufrimiento de Anthony por la pecosa y más cuando él mismo mostró el camino hacia el hogar de Ponny a su enamorado, sintiéndose muy mal por hacerlo, sin embargo no había sido egoísta, había sabido hacer un lado sus sentimientos solo por saber feliz a Candy, pero al parecer Candy no comprendía aquello, ella seguía enojada porque Anthony había permanecido en las sombras.

Candy se recostó en su cama toda la tarde llorando desconsolada, siguiendo con su obstinación de preguntarse ¿Por qué la había engañado el rubio? No queriendo da su brazo a torcer de que estaba celosa por la tal Magdalena, cosa que hasta el mismo Anthony se había dado cuenta de ello.

Anthony por su lado no aguantaba más a esa mujer, se sentía cansado de pretender escucharla.

-Magdalena. – Se animó por fin a preguntar. - ¿Has visto que pasó con mi cadena? – Ella puso cara de confusión. – Sí, mi cadena, siempre la llevo conmigo y me dijo Candy que cuando ella llegó tú estabas conmigo.

-Ahh ¿La moneda? – Le preguntó sorprendida por la preocupación que mostraba por una moneda con tan poco valor.

-Sí, la moneda. – Dijo con una sonrisa.

-La puse en tu mesa de noche. – Vieron ambos el lugar donde la había dejado. Magdalena se dio cuenta que había quedado entre la cama y la mesa de noche. -¡Aquí está! – Dijo emocionada por haber encontrado algo que el joven que la hacía suspirar consideraba muy importante. - ¿Es muy importante para ti?

-Es uno de mis mayores tesoros. – Dijo él.

Tom tocó solo una vez la puerta y diciéndole a Magdalena que tenía que retirarse porque Tonny tenía que descansar. Jhon de nueva cuenta fue el encargado de llevarla a su casa entre quejas porque él tampoco soportaba a la muchacha, sería amiga de su novia, pero era muy molesta.

-¿Y Candy? – Preguntó Anthony ansioso pensando que la rubia iría a seguir cuidándolo.

-Candy se retiró como alma que lleva el diablo en cuanto nos vio llegar. – Dijo Tom divertido.

-¿La hice enojar? – Preguntó triste, no era su intención aunque admitía que quería ponerla celosa.

-¿Qué si la hiciste enojar? Estaba celosísima, hace mucho que no la veía tan enojada. – Decía divertido.

-¿Celosa? – Preguntó incrédulo. – No Tom, se enojó porque desobedecí las órdenes del médico.

-No lo creo Tonny, la pecosa iba celosa porque te quedaste a solas con Magdalena. – Dijo Tom seguro y una sonrisa de satisfacción apareció en los labios de Anthony, la cual desapareció a los días de ver que su princesa ya no se había aparecido por su rancho, ni para preguntar como seguía, mucho menos para tener el valor de verlo.

Habían pasado tres días de que Candy se había ido muy molesta de su rancho y él se había dado cuenta de que por las prisas Candy había dejado la pequeña bolsa que contenía sus pertenencias. Había ordenado a la señora Romina que lavara y guardara bien las prendas para que cuando ella volviera a recogerlas estuvieran listas. Se metió al cuarto de baño para relajarse, ya habían sido muchos los días en cama y tenía que ponerse al corriente de sus obligaciones, Tom y Jhon no podían con todo el trabajo el cual se les había acumulado, además tenía que viajar a Texas por las nuevas cabezas de ganado que compraría, el negocio iba creciendo y poco a poco se quedaba sin cabezas para vender, le urgía hacer ese viaje, sino hubiera sido por la insolación sufrida ya hubiera llegado a su destino.

Candy llegaba al rancho de Anthony porque no soportaba que nadie le diera noticias sobre su salud, todos le respondían lo mismo "ve a averiguarlo tú misma" no quería encontrarse de nueva cuenta con esa señorita junto a Anthony, se sentía ansiosa tan solo de pensarlo y se le hacía un hueco en el estómago que no le permitía respirar bien, eso sí solo lo pensaba, no quería saber si lo viera realmente.

-Buen día Tom. – Saludó tímidamente.

-Vaya, buen día Candy. – Le contestó serio.

-¿Qué sucede? – Pregunto confusa, no sabía su molestia, aunque tenía una vaga sospecha.

-Hasta que te dignas a aparecerte por aquí, valiente enfermera has salido. – Le dijo con reproche y Candy sintió vergüenza al comprender el porqué de su reclamo.

-Anthony ya tenía quien lo cuidara. – Respondió dudosa.

-Sí, lo dejaste con una enfermera titulada. – Dijo con ironía.

-¿Cómo sigue? – Preguntó tímida.

-¿A qué has venido? – Contestó Tom sin responder a su pregunta.

-Se me olvidó algo en la habitación de Anthony.

-¡Vaya! Pensé que venías a verlo. – Dijo viéndola con reproche. – Pasa él está en su habitación.

Candy pasó junto a Tom y Jhon, ambos la veían con decepción y tenían razón había podido más su coraje que su profesionalismo, sabía que Anthony estaba fuera de peligro, pero aun así debió quedarse hasta que el médico lo hubiera dado de alta.

Tocó la puerta con timidez y Anthony escuchó apenas desde el baño, ya había terminado de bañarse y se estaba cambiando colocándose sus jeans. Se puso la bata que días antes había usado Candy, quien la había impregnado de su dulce aroma a rosas. Aspiró profundamente su aroma antes de vestirla.

-Candy. – Pensó enamorado. - ¿Qué estarás haciendo pecosa? – En eso abrió la puerta del baño encontrándose con la dueña de su delirio, viendo como esos ojos verdes tan bellos lo miraban asombrados.

-¡Candy! – Dijo sorprendido.

-¡Anthony! – Dijo apenada después de haber pasado de la sorpresa.

-¿Qué se te ofrece? – Preguntó recomponiéndose él también de su sorpresa, obligándose a mantener la compostura.

-Vengo por mis cosas. – Dijo tímidamente y Anthony le señalaba que se encontraban junto al espejo, muy cerca de donde estaba él.

-Ya está limpia. – Le dijo simplemente quitándose la bata de baño sin vergüenza alguna delante de ella para ponerse su camisa blanca. Candy observó asombrada una vez más el torso marcado y bronceado de ese guapo muchacho, parpadeando más de una vez sin poder apartar su vista de él.

Anthony notó como el rostro de ella se ponía cada vez más rojo, incrementando también en él la temperatura de verla con la mirada que le dirigía. Cuando Candy se sintió descubierta se giró apenada cubriendo su rostro.

-Disculpa. – Dijo abochornada.

-No es la primera vez que me ves así. – Le dijo con una sonrisa de medio lado, sintiéndose extrañamente complacido por la reacción de la pecosa.

-Estabas inconsciente. –Le dijo con mayor rubor, recordando todo lo que había visto ese día, provocando un calor por todo su cuerpo.

-No me refería a esa vez. – Le dijo en tono juguetón, sin saber por qué Anthony le estaba hablando como lo hacía de adolescente. – Te dormiste en mis brazos y te abrazaste a mí. – Le dijo poniéndose muy cerca de ella buscando ponerse al frente de ella con la camisa aún sin abotonar, buscando en su mirada algo que lo hiciera detenerse por las ganas que le brotaban de su cuerpo de besarla ahí mismo y hacer otras cosas que no eran propias de un caballero. Le tomó de su barbilla y le levantó el rostro obligándola sutilmente a mirarlo, un brillo apareció en los ojos de ambos, un brillo que hacía mucho tiempo no veían, uno que los había enamorado a ambos en el pasado y que no sabían cómo manejar.

-Anthony. – Dijo Candy en un susurro entreabriendo los labios como esperando algo más de esa acción que él realizaba.

-Candy. – Le dijo de la misma forma, y sin saber en qué momento la tomó con ambas manos por el cuello admirando su belleza, admirando sus ojos, sus labios, sus pecas y siendo llamado como si se tratase de un imán, se fue acercando a ella cuando vio que Candy cerraba sus ojos y ofrecía sus labios para recibir el contacto de sus labios, uno que él anhelaba desde hacía varias noches, uno que se le había negado después una y otra vez.

Un calor recorrió el cuerpo de ambos muchachos, incrementando el latir de sus corazones al momento de sentir como sus cuerpos se unían cada vez más, sintiendo un ligero temblor en el cuerpo de la rubia, quien cada vez sentía más cerca su cálido aliento rozar sus labios. Anthony giró un poco la cabeza para terminar de cerrar la distancia, no alcanzando más que a rozar sus labios cuando alguien tocó la puerta.

Ambos abrieron los ojos sorprendidos por la cercanía que tenían y asustados por la interrupción que no hacía más que maldecir Anthony al que había sido capaz de interrumpir tan anhelado beso.

Candy se separó de pronto de su cuerpo sintiendo un frío recorrer la parte que había sentido tanta calidez.

-¿Quién? – Preguntó molesto, tratando de contener su ansiedad.

-Tonny, Magdalena pregunta si puede pasar. – Preguntó Tom quien notó que algo sucedía por el tono de voz que había utilizado Anthony al responder. Candy había puesto cara de pocos amigos solo de escuchar el nombre de aquella mujer que le crispaba la paciencia.

-Dile que estoy ocupado. – Dijo molesto siendo escuchado por Magdalena quien estaba enseguida de Tom.

-¿Lo ves? –Le dijo Tom. – No son cosas mías.

-Pero… - Dijo Magdalena.

-Nada, será mejor que vuelvas otro día. – Le dijo Tom mostrándole la salida, mientras que la joven se resistía a que la sacaran de ahí.

Candy se dirigió a la puerta también, sintiéndose molesta porque esa mujer había roto el mágico momento, estaba muy celosa le gustara o no admitirlo y ya empezaba a darse cuenta de ello.

-¿Te vas? – Preguntó Anthony desilusionado por no poder probar una vez más sus labios.

-¿Qué no has escuchado que te buscan? – Dijo sin poder esconder su molestia.

-¿No has escuchado tú que acabo de decirle que no quería verla?

-¿Por qué? – Preguntó insegura.

-¿Por qué, qué? – Contestó el rubio.

-¿Por qué no quieres verla? ¿Acaso no es la mujer que consideras? – Preguntó enojada.

-Tienes razón. – Le dijo Anthony sintiéndose ofendido por su palabras, si ella quería que se acercara a Magdalena, solo para que ella siguiera pensando en aquel imbécil, estaba equivocada. – Así como tú consideraste a Terry.

-Eso ya me lo habías dicho. – Dijo Candy molesta. – Pero Terry y yo ya no estamos juntos.

-Pero sigues pensando en él. – Dijo celoso.

-¿Tú qué sabes de mi vida? – Preguntó un poco ofendida.

-Sé más de lo que te imaginas. – Le dijo viéndola incrédula a lo que él le decía. – Sé que te faltó más de una vez al respeto, sé que te enamoraste de él a pesar de su rebeldía, sé que fuiste expulsada por citarte con él en medio de la noche.

-¡Eso fue una trampa de Eliza! – Habló fuerte para defenderse.

-Lo sé. – Respondió tranquilo. – También sé que él se sacrificó por ti y que vino a conocer el hogar de Ponny. – Candy lo miró sorprendida.

-¿Cómo sabes tanto de mí? – Dijo sintiéndose vigilada. -¡Tom! – Dijo molesta.

-Él solo lo hacía para que yo siguiera adelante, para que yo me comprometiera con alguna muchacha.

-¿Con Magdalena?

-Con ella o con cualquiera.

-Yo no me comprometí con Terry. – Dijo en un grito.

-¡Pero decidiste irte con él! – Le dijo dolido. – Ni siquiera te pidió matrimonio y aun así decidiste hacerlo. – Le dijo triste.

Candy no sabía qué decir se sentía ofendida pero sabía que Anthony tenía razón, Terry solo le ofreció quedarse con él en Nueva York, nunca le ofreció una vida decorosa ante los demás.

-¡Terry no lo hizo con esa intención! – Dijo defendiéndolo.

-¿No? – Le dijo irónico. - ¿Qué pensarías si yo te dijera que te quedaras aquí conmigo? – Candy se cubrió su boca con su mano sorprendida por la pregunta del rubio. - ¿Lo ves? ¿Por qué mi intención si es la de un canalla y la de él es la de un caballero?

-¡Terry es un caballero! – Le dijo defendiéndolo, mientras Anthony la sostenía de la muñeca. - ¡Suéltame! – Decía ofendida.

-Sí, él es un caballero a pesar de las intenciones que mostró y yo que siempre te respeté soy un canalla. – Le decía molesto, ofendido, aturdido por las palabras de Candy, pero sobre todo celoso por como lo defendía ante él. Anthony no sabía todas las veces que ella lo había defendido de Terry al decirle que él era un caballero.

De pronto la vio débil con los ojos llenos de lágrimas y la soltó dándole la espalda.

-¿Qué te pasó Anthony? – Le dijo asustada, no era el chico que ella recordaba ya lo había notado, sabía que estaba sufriendo y le dolía verlo así, incluso más de lo que le dolían sus palabras, sabía que tenía razón, a fin de cuentas Terry había ofrecido solo irse con él y era seguro lo que ello implicaba aunque ella no se había detenido a pensar en ello hasta ese momento, ahora veía con otras intenciones esa propuesta, pero no entendía por qué la de Anthony si había tomado de inmediato ese matiz.

-No lo sé Candy, tal vez los celos me han desquiciado. – Le dijo simplemente.

-¿Celos? – Preguntó ella sorprendida. - ¿Celos de Terry? – Pero por qué sentir celos de alguien por el que ya no sentía nada, muy al contrario de lo que él sentía por Magdalena.

-Candy perdóname, no volverá a pasar – Le dijo triste derramando una lágrima, pero jurándose que ya no volvería a tratar de besarla a la fuerza, si lo hacía sería solo con la convicción de que ella quería hacerlo como hace unos momentos iba a ocurrir antes de la bendita interrupción de Tom.

-Anthony, yo no estoy… - Le decía nerviosa. - … yo no estoy enamorada… - La interrumpió antes de que terminara lo que pensaba decir.

-Lo sé Candy, no tienes que decirlo. – Le dijo triste asumiendo que le diría que no estaba enamorada de él. - ¿Me podrías dejar solo? – Le pidió firmemente, sorprendiendo a Candy quien se sintió ofendida porque no la dejó terminar de confesar sus sentimientos.

-¡Eres un bruto Anthony Brower! – Le gritó mientras sus lágrimas brotaban una vez más de sus ojos dejando una vez más olvidada la bolsa con su ropa.

Tom vio como Candy salía corriendo una vez más sin llevar nada en sus manos, negando Tom con la cabeza una vez más volteando a ver a Jhon.

-¿Otra vez? –Preguntó Jhon.

-Al parecer ahora fue más grave. – Dijo Tom serio.

-¿Hasta cuándo estarán así?

-Hasta que los dos se den cuenta que están enamorados uno del otro. – Dijo Tom tranquilo, pero triste volteando a ver a lo lejos que Candy llegara sana y salva. – Y que los dos cabeza dura hablen de una vez por todas.

-Uhhhh!- Dijo Jhon. – Entonces tendremos que ayudarlos. – Dijo rascando su cabeza en señal de aflicción.

-Hay que espera Jhon, Tonny tiene que entender que Candy no puede corresponder de la noche a la mañana, ella es muy terca, además no sabemos si aún piensa en el actor.

-Eso es fácil de saber Tom.

-¿Cómo?

-Preguntándole. – Dijo campante.

-¿Crees que nos dirá algo después de lo molesta que se ha ido? – Jhon calló de pronto, Tom tenía razón, Candy era una muchacha muy buena, pero cuando se lo proponía podía ser más terca que ninguna y más cuando se le metía una cosa en la cabeza, no dudaba en creer firmemente en ello, y menos si creía que Anthony la trataba así porque ya no la amaba, no porque eran sus celos que lo estaban consumiendo por dentro.

Candy lloraba de nueva cuenta en su habitación ¿Por qué Anthony tenía que haberse olvidado de ella? ¿Por qué había regresado a su vida si era para tomar caminos diferentes?

-¿Por qué me olvidaste Anthony? – Se preguntaba triste, pero siendo alcanzada inmediatamente por la voz de su conciencia. – Tú también lo olvidaste. – Se reprendió ella misma defendiéndose de ese comentario como si se tratara de su más cruel verdugo. – Yo no sabía que él estaba vivo, en cambio él sí sabía que yo vivía, y no me buscó" "Él sabía todo de mí, ¡Incluso dejó que me enamorara de Terry!". – Pensaba molesta, enojada, ofuscada y hasta lo culpaba de que si no le hubiera ocultado que estaba con vida ella no se hubiera enamorado de Terry y por lo tanto no hubiera sufrido su pérdida. – Eso no lo sabes. – Le decía de nueva forma su subconsciente y ella misma se recriminaba las palabras que le decía su cabeza.

-Si yo te hubiera sabido vivo Anthony, mi corazón no hubiera permitido a alguien más, tú siempre estuviste en mi corazón Anthony, siempre fuiste tú ese refugio que buscaba por las noches cuando me sentía triste y abatida, por ti volteaba al cielo para tomar fuerzas y seguir adelante, en tu recuerdo buscaba esa fuerza que mi alma anhelaba por haberme dejado sola. – Poco a poco la fue venciendo el sueño y con ella llegaba el rostro hinchado y los ojos pequeños por la inflamación que se le generaba en sus hermosos ojos verdes. – Anthony yo nunca pude dejar de amarte. – Dijo por último para quedarse profundamente dormida, con una lágrima que había logrado escapar de su refugio abandonando su morada y perdiéndose entre su cuello.

-Tom. – Dijo Anthony en tono firme, ya cambiado con su jeans, su camisa y su chaleco de piel. –Necesito ir por el ganado a Texas.

-¿Estás loco? Acaba de levantarte de la cama después de la insolación, no puedes viajar. – Le dijo firme.

-¡Ya me siento bien! – Dijo entre dientes demostrando que estaba molesto aún.

-No lo estás Tonny, además yo puedo ir por el ganado.

-¡No! Yo tengo que ir. – Dijo decidido dándole la espalda, Jhon y Tom lo miraban preocupados, sabían que había pasado algo con Candy y aunque no sabían bien que era, por lo que habían notado era de preocuparse.

-¿Qué sucede Tonny? ¿Qué pasó con Candy? – Al mencionarla Anthony apuñó sus manos.

-Nada, que ella sigue enamorada de ese tipo.

-¿Cómo lo sabes? ¿Ella te lo dijo? ¿Le preguntaste?

-No hizo falta, yo lo sé.

-¡Vaya! ¡No sabía que eras adivino! – Dijo Jhon con sarcasmo.

-¡Jhon! – Le dijo reprendiéndole su atrevimiento.

-¡Nada de Jhon! Tanto él como yo hemos visto como se lastiman uno al otro y no han tenido la oportunidad de hablar de cómo pasaron las cosas, ella no tiene idea de lo que has pasado. – Decía Tom enérgico.

-¡No quiero su lástima!

-¡Candy no es de las que siente lástima por la gente! Además si dices que ya no la amas ¿Por qué la haces llorar?

-No es mi intención Tom. – Dijo sintiéndose culpable por haberlo hecho. – Pero no puedo soportar que siga amándolo a él, mientras él se va a casar con otra mujer, me lastima y me duele.

-¿Por qué? Tú mismo nos has repetido hasta el cansancio que ya no la amas.

Anthony ya no respondió se guardó su respuesta para él mismo cerrando los ojos obligando a una lágrima a salir de su escondite, pero tratando de ocultar su dolor cosa que era imposible no ver por sus hermanos ¿Qué si no la amaba? Si la llevaba metida en la sangre y en el alma. Desde que la conoció le gustaron sus bellos ojos verdes y sus pecas, con eso lo había atrapado, pero poco a poco se fue enamorando de ella, no supo por qué el día del baile le habló con una coquetería que salía de él naturalmente. Bailó con ella compitiendo con sus primos por su atención, no entendía por qué pero quería la atención de aquella hermosa niña solo para él, y así fue a partir de entonces, comenzó un duelo en silencio con los Cornwell por obtener su atención, hasta que el día de su desaparición le cayó como bomba el saber que la amaba, que estaba enamorado de ella y con solo el pensar en perderla lo había hecho actuar como un idiota.

Cuando partió a México sufrió tanto su partida que le era imposible siquiera respirar y al ser adoptada por el tío abuelo había regresado a él la dicha completa, tanto así que había jurado que se casaría con ella y la adoraría tanto que se esforzaría para hacerla reír todos y cada uno de los días de su vida. Escribió al tío abuelo para pedir su mano, obtuvo respuesta positiva y el día del accidente se declararía ante ella, pero todo había sido en vano, la había perdido y hoy que seguía enamorado de ella, que la deseaba como hombre, que la tenía metida hasta los huesos, que la llevaba hirviendo en la sangre y que la amaba más que a nada en el mundo, no podía confesarle sus sentimientos, no podía decirle que hacía años se la habían prometido y no podía pedirle perdón por haber fallado en su promesa de hacerla sonreír todos y cada uno de los días de su vida. Había fracasado y eso le partía el alma.

-Tom, mañana temprano me voy a Texas. – Le dijo retirándose por su caballo, quería cabalgar y pensar en todo esto, en sus sentimientos y en su cobardía por no querer enfrentarla, más de una vez había estado a punto de besarla y sabía que ella le hubiera correspondido ese beso, pero él no quería solo su cuerpo, él también quería su alma, así como ella ya tenía la de él.

-Cómo tú digas Tonny. – Dijo Tom dándose por vencido, vaya que eran ambos unos tontos, pero aun así tenía que averiguar con Candy si aún amaba al actor. Más que nunca comprendía que nunca debió haber abierto su bocota contándole a Tonny todo lo referente a Candy, creyó hacerle un bien para que la olvidara y rehiciera su vida, sin embargo lo único que había provocado era una tristeza profunda en su hermano y eso lo llenaba de culpa.

Tom era un muchacho noble que amaba a Candy y a Anthony, los quería ver felices y no era porque él había estado pretendiendo a Magdalena cuando era un adolescente y ahora la quisiera de vuelta, no, era porque sabía bien que ambos sufrían y algo le decía que los dos estaban enamorados uno del otro, ya tenía varios días para averiguar con Candy, pero primero tenía que dejar que se tranquilizaran un poco.

En el hogar de Ponny los niños comenzaban a extrañar la presencia de Tonny, que si bien cuando iba por ganado se ausentaba semanas, siempre iba a despedirse de ellos y regresaba con algún regalo para cada uno. Pero esta vez solo veían que su ausencia tenía mucho que ver con la presencia de su hermana mayor, la cual últimamente llegaba llorando del rancho de Tonny y se encerraba horas en su habitación.

Cuando Candy se levantó otro día con los ojos aún inflamados, Anthony ya había partido rumbo a Texas, era un viaje necesario para él, tenía que aclarar sus ideas, había mucho que procesar, estaba esperando la respuesta del tío abuelo y tenía que averiguar cómo hacer pagar a los Leagan por su delito.

-Buenos días Candy. – Dijo la señorita Ponny viendo el estado de su rostro, pero no atreviéndose a preguntar. - ¿Tienes hambre? – Candy asintió únicamente, siendo atendida con amor por su madre como si fuera una niña pequeña.

-Dicen que nunca se es tan oscuro como antes de amanecer. – Dijo la hermana María quien también la veía con amor. Candy le dirigió una sonrisa desganada.

-Buenos días. – Dijo Tom entrando por la puerta que llevaba a la cocina.

-Buenos días Tom. – Saludó cariñosamente la señorita Ponny. -¿Ya desayunaste?

-No, aún no. – Dijo esperando ser invitado como ya era costumbre.

-Bueno, ven a acompañarnos. – Le dijo amable, le gustaba tener a sus dos hijos mayores en aquel viejo lugar.

-¿Cómo amaneciste revoltosa? – Le preguntó enfrentándose a la mirada asesina por parte de Candy quien hasta entonces dejó ver su rostro aún inflamado por el llanto. – Tom calló de pronto, no por el miedo a su mirada, sino por la congoja que le provoco la tristeza de su rostro. – Lo siento. – Fue lo único que atinó a decir.

-¿Y Tonny? – Preguntó la hermana María, sabía que si ella no hacia esa pregunta nadie se atrevería a hacerla. -¿Ya está mejor? – Preguntó de nuevo viendo como Candy agudizaba el oído para escuchar la respuesta, había atinado a hacerla, a ella le interesaba saber sobre él contrario a lo que había gritado el día anterior, antes de encerrarse en su habitación.

-Tonny es un necio. – Dijo esto volteando a ver a Candy haciendo énfasis en la palabra necio para decirle indirectamente a Candy que ella también lo era. Los amaba a ambos, pero a ninguno les daría la razón y menos si era para ponerlos uno en contra del otro, al contrario a cada uno le haría ver en lo que se equivocaban. – En estos momentos lleva dos horas cabalgando rumbo a… - No lo dejaron terminar cuando Candy ya le hacía una pregunta.

-¿Se fue? – Preguntó Candy asustada, sintiendo como su corazón incrementaba el ritmo de sus latidos y la sangre se le agolpaba de pronto en su cabeza. - ¿Por qué? – Dijo Candy con las palabras a punto de estallar en llanto.

-No te preocupes Candy, volverá en unas semanas. – Dijo para tranquilizarla al ver su reacción, esa no era la reacción de una chica enamorada de otro.

-¿A dónde fue? – Preguntó curiosa, ella no sabía de sus viajes para la compra de ganado, en cambio las dos mujeres se imaginaban a donde había dio.

-Me parece que es muy riesgoso haber salido en su estado. – Dijo la señorita Ponny.

-Además es un camino lleno de peligros. – Dijo la hermana María incrementando la angustia de la pobre Candy.

-¿A dónde fue? – Preguntó levantándose de la mesa encarando a Tom fijamente para que le respondiera.

-Tranquila Candy, fue a comprar ganado, hace semanas que habíamos programado este viaje, pero por lo sucedido no se había realizado.

-¿Se fue solo? – Tom asintió. - ¡Anthony eres un bruto! – Dijo molesta, era la forma en que se expresaba últimamente de él. – No puede viajar tan lejos en esas condiciones, aún está débil. – Decía molesta.

-Necesitaba pensar Candy, le hará bien el viaje. – Candy guardó silencio ante las palabras de Tom.

-¿Cuánto tiempo tardará?

-De tres a cuatro semanas- Contestó Tom, a ella se le hizo mucho tiempo para no verlo, se había acostumbrado a su presencia aun cuando no sabía quién era y aun cuando no lo había visto todos los días.

Continuará…

Bien señoras bellas aquí dejo otro capítulo, ahora les cambié el panorama y esta fue la doble jejejeje no alcanzo a terminar el del otro fic así que solo será uno, vamos a ver cómo vamos en esta semana que es semana de exámenes y tengo que ayudar a mi hija a estudiar jajajaja ni modo gajes del oficio, en fin. Espero que les hayan gustado ambos capítulos y que no me vayan a querer colgar por la terquedad de este par, pero como les había dicho Anthony está muy dolido pues, espero que ya en el próximo se vean con otros ojos y que el espacio que se han dado les sirva de algo.

Saludos!