Hola señoras, señoritas ¿Cómo están? Espero que estemos todas las que somos y que seamos todas las que estamos, lo malo que aquí no se puede pasar lista jejejeje pero espero que todas y cada una de ustedes se encuentren bien de salud al igual que su familia. Aquí seguimos actualizando gracias a Dios otro capítulo con el cual avanzamos un poco más, espero lo disfruten mucho y recuerden que la historia no es apta para menores de edad, así que ¡Comenzamos!

"La decisión más difícil está entre alejarse o intentarlo un poco más. Vivir es tomar decisiones y asumir las consecuencias. Un deseo no cambia nada, pero una decisión lo cambia todo".

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMO

CAPITULO VIII

DECISIÓN

Un jinete viajaba a todo galope tratando de llegar a su primera parada, donde cambiaría de caballo para seguir su camino, no quería llegar tan pronto pero la ofuscación que sentía en su pecho lo obligaba a hacerlo. Ya había llegado al cañón amarillo, ahí se detuvo un poco y sacó su armónica, tocando la melodía que le habían dedicado él y sus primos al partir a México.

Lloró en silencio una vez más. Evocaba los recuerdos amargos que le traía ese lugar. Siempre se detenía ahí para recordar a su amada.

-Candy ¿Por qué me olvidaste tan pronto pecosa? ¡CAAANNNDYYYY! – Gritaba a lo lejos, hacia el cañón, escuchando el eco de su voz regresarse a sus oídos. - ¡TE AMO! – Gritaba dolido por la falta de correspondencia que según él tenía. – Recupérala. – Le dijo su subconsciente. - ¿Cómo? – Se preguntaba él mismo. – Enamórala, ya lo hiciste una vez, no te des por vencido, ella ya te amo, puede volver a hacerlo. – Decía su voz interior animándose una vez más para recuperar el amor de su adorada pecosa. –Inténtalo, no pierdes nada, total ya la habías perdido, ¡Gánala de nuevo! ¡Conquístala! – Se decía a sí mismo. Guardó su armónica y montó de nuevo su caballo, ahora sí tenía prisa en llegar a su destino, tenía que conquistar a su pecosa, tenía que recuperarla, conquistarla, ya lo había hecho una vez, intentaría volver a hacerlo.

En un barco que partía rumbo a Nueva York venían dos jóvenes hermanos ansiosos por llegar a su tierra. Stear veía a Archie con muchas preguntas, que ni él mismo podía responderle.

-¿Por qué no nos escribió? – Preguntaba.

-No lo sé Stear, es algo que debemos cuestionarle a él en persona.

-¡AAHHH! ¡Es que no entiendo! ¿Cómo pasó todo esto? – Decía frustrado.

-Tranquilízate Stear, es algo que aún no tenemos claro, pero que averiguaremos llegando.

-¿Crees que el tío Albert ya esté enterado?

-No lo sé Stear, tal vez si, George ya no se comunicó conmigo.

-¿Haremos bien en ir?

-¡Claro! ¡Es nuestro hermano Stear! Además ¿No quieres verlo?

-¿Qué si no quiero verlo? Vaya Archie, si cuando estuve en combate tuve miedo más de una vez de encontrarme con él, pero ahora que se que está vivo solo quiero abrazarlo y reprenderlo por haberse mantenido oculto.

-Tienes razón. – De pronto Stear tuvo otra duda más, pero esta sí le caló el alma.

-Archie ¿No te has planteado la posibilidad de que todo sea un engaño?

-Lo pensé en un principio, toda la historia me parecía sacada de un cuento de horror, pero George me aseguró que es la letra de Anthony, si no fuera así, no se hubiera tomado la molestia en informarnos.

-Tienes razón, olvidé que George era el filtro de las cartas del tío, y que él más que nadie conoce nuestras letras.

-Así es Stear, y ya tranquilízate que aún nos faltan días para llegar a Chicago.

-Archie ¿Y Candy? – Preguntó con cierto temor.

-Anthony dice en la carta que está en el hogar de Ponny.

-¿Cómo lo habrá tomado?

-No lo sé Stear, recuerda que hasta hace poco ella aún se ponía triste con solo mencionarlo. Y según la carta de Anthony él no sabía como revelarle su identidad.

-¿Crees que lo haya olvidado?

-No lo creo hermano, Candy lo amó demasiado… y eso… eso fue siempre nuestra cruz.

-Tienes razón Archie. – Contestó por último Stear viendo el océano pensativo, hundiéndose en sus pensamientos que lo llevaron a aquel pasado donde los tres habían estado perdidos por aquella joven alegre y risueña de dorados rizos y verde mirada.

Candy aferraba a su mano la moneda que había guardado por tanto tiempo con tanto amor, y al mismo tiempo Anthony hacía lo mismo, mientras esperaba que alimentaran al caballo y le entregaran uno nuevo.

-Buenas tardes Tonny. – Le decía un hombre que siempre estaba ahí esperando el viaje de sus patrones.

-Buenas tardes, señor García. – Contestaba amable como siempre, si bien antes lo había odiado por llevarse a Candy también gracias a él se habían enterado que estaba en peligro, aunque había sido todo un mal entendido, había tratado de salvarla. El señor García no lo había reconocido cuando un buen día le pidió trabajo, contratándolo Anthony hacía unos dos años al dejarlo a cargo de unos caballos que alimentaba y cuidaba para cuando ellos llegaban a reponer a los otros, tenía otros dos lugares así, para que los caballos no reventaran por la carrera.

-¿Viene solo joven? –Preguntó el señor García para informarse cuántos caballos tenía que preparar.

-Así es señor García, Tom se quedó en el rancho. – Aprovechó para asearse un poco, comer y refrescarse ya que la temperatura aumentaba y no quería volver a recaer.

-¿Te quedarás a dormir? – Preguntó ya que era la costumbre descansar más de medio día para reponer fuerzas.

-No, no tengo mucho tiempo señor García. Estoy retrasado. – Contestaba seguro.

-Sí, los esperaba hace días. Aquí hay cobijas y una chamarra que dejó la vez anterior. – Le dijo amable, la pequeña casa que habitaba estaba provista de todo lo necesario para poder pasar ahí una noche.

-Gracias. Nos vemos en el regreso señor García. – Le dijo preparando todo para su viaje, dormiría a la intemperie, no era la primera vez que lo hacía. Cuando sintió la necesidad de parar preparó una fogata, se hidrató y comió algo, quedándose profundamente dormido. Se levantó a la salida del sol para continuar su camino y llegar a su segunda parada, normalmente hacía cuatro días a caballo hasta llegar a su destino, pero esta vez había hecho tres días porque iba solo y además apurado, tardaría otros tres o más días arreglando los asuntos de la compra y venta del ganado y vería cuanto hacía de regreso con el ganado, tuvo que contratar gente que lo ayudara a dirigir el ganado, generalmente lo hacían entre él, Tom y uno o dos empleados, pero ahora estaba solo y tenía prisa, no por el retraso que tenía, sino porque quería llegar lo antes posible para intentar recuperar a su pecosa.

Candy estaba distraída en la colina de Ponny cuidando de las Dulce Candy que veía tristes, no por falta de agua, sino tal vez por la falta de cuidado de su príncipe de las rosas, se sorprendió a sí misma al llamar así a ese rubio que tenía días en sus pensamientos, si bien nunca se había ido de ellos, esta vez era diferente, el saber que estaba tan cerca y tan lejos al mismo tiempo le provocaba sentimientos encontrados, lo quería lejos por haberle mentido tantos años, pero al verlo junto a esa chica le causaba una molestia terrible y tenía ganas de alejarla lo más posible de él.

-Candy. – Dijo una voz muy conocida para ella, sacándola de sus pensamientos.

-¿Qué tal Tom? – Habló sin voltear a verlo.

-¿En qué piensas?

-En que las rosas están muy descuidadas.

-No lo creo, creo que la Dulce Candy es la rosa que más cuidado tiene. – Dijo hablándole en sentido figurado.

-¿Crees que a él le preocupe?

-Estoy seguro, es la rosa más preciada de su jardín.

-¿Jardín? ¿Es que hay más rosas? – Preguntó de la misma forma que él le hablaba.

-¿Por qué tengo la ligera sospecha que ya no hablamos de la rosa? – La miró burlón, sabiendo bien a qué se refería su hermana. La abrazó a su pecho y la consoló un poco.

-Hace días me dijiste que Tonny tenía muchas admiradoras, y que había dicho que ya había olvidado a su novia.

-¿Aún recuerdas lo que te dije? – Candy asintió recordando otra cosa.

-Tom, ¿Por qué le informaste a Anthony todo acerca de mi vida? No es justo que yo no sepa nada de su vida, solo lo que dijiste a grandes rasgos. – Tom dio un largo suspiro antes de responder.

-Candy, creí que al hablarle de tu vida, al ver que tú salías adelante y él no avanzaba en el plan amoroso, tal vez tendría el ánimo de enamorarse de alguien más.

-¿Querías que se olvidara de mí? – Tom asintió. - ¿Con Magdalena? – Tom bajó el rostro suspirando nuevamente con pesadez. - ¿Qué ocurre?

-Candy, cuando Tonny llegó a nuestro rancho, el médico que lo atendió fue el padre de Magdalena.

-No lo sabía. -Dijo esperando que continuara.

-Él lo inmovilizó por completo y la esposa del doctor era enfermera, ambos lo cuidaban. Yo comencé a tratar a Magdalena desde hacía tiempo atrás y se podría decir que estábamos "enamorados" – Dijo enmarcando el "enamorados", porque no tenía la certeza ya de que hubiera sido cierto.

-¿Qué sucedió? – Preguntó Candy sorprendida y curiosa de saber más.

-Magdalena se ofreció a ayudar a cuidar a Tonny todos los días junto a su madre. Al principio era mayor el tiempo que pasábamos juntos, pero cuando Tonny se levantó de la cama y se puso en la silla de ruedas, Magdalena comenzó a dedicarle más tiempo, hasta que se olvidó de mí y se enamoró de Tonny.

-Lo siento mucho Tom. – Dijo Candy triste. - ¿Y él lo sabe?

-¿Tonny? No lo creo, él no sabe lo que había entre nosotros, fue mucho el tiempo que pasó en cama y después en silla de ruedas, solo pensaba en ti, en volver a verte, pero tenía miedo de la reacción de los Leagan. Se sentía amenazado.

-¿Y cuando vinieron Stear y Archie? – Preguntó interesada en saber más.

-Ese día él se iba a revelar ante ustedes, estaba emocionado viendo por la ventana todo lo que ocurría. Yo esperaba que saliera para hablar con ustedes, pero cuando yo monté ese caballo y tú corriste asustada, él trató de alcanzarte y cayó lastimándose una vez más. Escuchó que Stear y Archie se irían a Londres y se dio cuenta que no podía truncar su vida él solo iba a ser un estorbo en esa silla, así que decidió callar por el momento.

-¿Un estorbo? ¡Yo me hubiera quedado a cuidarlo!

-Eso era lo que Tonny no quería, que te quedaras a su lado cortándote las alas, decidió recuperarse muy anímicamente y cuando te fuiste a Inglaterra él decidió levantarse para ir por ti y confesarte sus sentimientos.

-¿Confesarse? – Decía Candy comenzando a sentir que su corazón latía mucho más fuerte que antes, tanto que creía que Tom lo escucharía.

-Vamos Candy, ¿No me digas que no sabías que Tonny te amaba? – Una sonrisa surgió de Candy apagándose casi de inmediato al notar el tiempo en que lo había dicho.

-¿Me amaba? – Tom no prestó mucha atención y continuó con su relato.

-Casi para levantarse por completo de la silla, llegó una carta al hogar de Ponny. La señorita Ponny y la hermana María me la mostraron y sentí mucho coraje al saber que te habías enamorado de aquel chico que tanto te hacía rabiar, me molesté tanto que Tonny me vio y al preguntarme no supe callar. – Dijo apenado.

-Le contaste. – Dijo triste y Tom asintió.

-Cometí el error de contarle y fue devastador para él. Se encerró mucho tiempo, él ya había hecho planes para viajar a Londres y eché todo a perder, duró meses encerrado en su habitación sin probar mucho alimento. Magdalena le dedicó más tiempo y yo creí que si se enamoraba de ella él saldría adelante.

-¿Por eso te callaste? ¿Por sentirte culpable? – Tom asintió.

-Pensé que sería como pagarle el error que había cometido al hablarle de Terry.

-¡Pero tú la amabas Tom! ¿O la sigues amando?

-¡NO! Para nada, mis sentimientos cambiaron hace mucho tiempo y después mi padre me quería comprometer con Dayanna.

-Si lo recuerdo. – Dijo Candy riéndose por recordar aquello.

-¿Dónde estaba Anthony cuando yo venía al hogar? - Preguntó curiosa, sabía ahora que él se encontraba ahí todo el tiempo pero no sabía dónde se refugiaba.

-Se encerraba, se iba a acampar solo, hacía viajes como este a Texas.

-¿Y ahora por qué no se fue?

-Yo creo que se cansó de esconderse. Ahora que es un hombre se siente capaz de protegerte a ti y a sus primos de los Leagan. Además las veces anteriores nunca lo habías notado cuando venía a cuidar a las Dulce Candy. – Candy se sorprendió por lo dicho, era verdad nunca se había dado cuenta hasta esa noche.

-¿Va a regresar?

-No lo sé, pero si quiere justicia tendrá que hacerlo.

-Tom ¿Sabes si Anthony esta… enamorado de Magdalena?

-No lo sé Candy. – Dijo serio. – Nunca me habla de ello, se hicieron buenos amigos, pero al darse cuenta de los sentimientos de ella, Tonny ha sido muy reservado y a veces la evita demasiado.

-¿Ella no se cansa?

-No, es muy insistente, de hecho dicen que ha alejado a las demás chicas que han pretendido a Tonny. – Dijo entre serio y burlándose al mismo tiempo ya que esos comentarios no le constaban y eran puros rumores que les causaban gracia a los Stevens.

-¿En verdad hay muchas? – Preguntaba Candy, ya que no se imaginaba que alguien más pudiera conquistar el corazón de su chico.

-¡Uf! Candy, no tienes idea. Deja que llegue la fiesta del pueblo. – Decía divertido para que su hermana entendiera más o menos de lo que hablaba.

-¿Fiesta? – Preguntó confusa, ya que había escuchado de la fiesta del pueblo antes, una de las veces a Tom, pero nunca había asistido alguna vez.

-Sí, Tonny siempre va porque yo le insisto que me acompañe. – Dijo recordando todas las veces que lo había acompañado y las aventuras que habían pasado juntos que mal que bien siempre terminaban divertidos.

-¿Entonces no sabes si está enamorado de alguien? – Preguntó de nueva cuenta curiosa.

-¿Quieres saber una cosa revoltosa? – Dijo cambiando su semblante por uno más serio. – Yo desearía que sí, que Tonny se enamorara de Magdalena o de cualquier chica que él decidiera. – Candy sintió un nudo en el estómago y unas ganas de llorar que Tom supo descifrar muy bien. – Él sufrió mucho porque te olvidaste de él Candy, y si tú ya no lo amas, él merece a alguien que lo ame por quién es y que valore todo lo que hace por ella. – Decía dándole a entender que ella no había valorado todo lo que Anthony había hecho por ella todos estos años aún sin que estuviera enterada.

-¿Cómo puedes decir eso? – Preguntaba la rubia con un tono moderado de voz temblorosa por las ganas que se asomaban a su garganta de querer llorar, cosa que sus ojos la delataban.

-Es la verdad. – Insistió Tom. – Tu amor por el actor lo devastó y más cuando vino a visitar el hogar.

-¿Anthony lo vio? – Preguntó sorprendida, eso sí que no se lo esperaba.

-No solo eso, él lo guió para que llegara. – Candy se sorprendió aún más con lo que escuchaba decir a Tom y sintió una pena enorme en su corazón.

-Así que Anthony conoce a Terry. – Pensó triste. - ¡Anthony! – Suspiro apenas audible, triste por lo que se enteraba, él había guiado a Terry hasta el hogar sin haber sido egoísta, todo porque él la amaba y deseaba que fuera feliz aunque no fuera a su lado.

-Vamos Candy, no seas egoísta. Deja que ame a alguien más, que sea feliz, así como tú amas a ese actor. – Le decía sincero. - Siento mucho que no funcionara de verdad Candy, pero Tonny merece encontrar la felicidad también. Él es un gran hombre Candy, a pesar de su terquedad es bueno, noble y sobre todo buen mozo y eso no ha pasado desapercibido por ninguna muchacha de los alrededores. Inclusive en Texas ha tenido sus oportunidades, pero nunca ha cedido ante nadie. – Le decía esperando una respuesta, pero Candy no decía nada y solo comenzaba a llorar. - ¿Qué te sucede Candy? ¿Te duele que te hable del actor? – Candy negó solo con un movimiento de cabeza, a Tom le dolía ver así a su hermana pero era necesario saber los sentimientos que tenía ella en su interior y ver de una vez por todas si Anthony tenía o no una oportunidad con ella de nuevo. - ¿Entonces?

-Tom, hace tiempo que me di cuenta que no amo a Terry, lo quise mucho de verdad, pensé en irme con él y comenzar una nueva vida, y a pesar de todo esto no me fue tan difícil salir adelante después de la separación, sin embargo la separación de Anthony es algo que me ha perseguido desde el día del accidente y es algo que nunca he podido superar. – Dijo mientras las lágrimas seguían surcando sus mejillas. Hablando con el corazón en la mano, como nunca lo había hecho con nadie más que según ella con Anthony en la intimidad de su cuarto.

-¿Entonces? ¿Por qué estás llorando?

-Yo nunca pude apartar a Anthony de mi corazón, Tom. – Decía sincera, era la primera vez que lo expresaba en voz alta, sabía que ni con sus primos lo había hecho aunque ella misma se delataba con sus acciones cuando rara vez lo mencionaban ya que habían hecho una especie de pacto de no nombrarlo en presencia de la rubia.

-¿Eso quiere decir que amas a Tonny? – Preguntó directo no tenía caso seguir con rodeos.

-No lo sé Tom, solo sé que no quiero que sufra, no quiero que siga creyendo que amo a Terry, pero sobre todo no quiero que esté con Magdalena o cualquier otra chica. ¡No quiero! ¡No puedo! ¡No lo resistiré! ¡No soy tan fuerte! ¡Ya no! – Gritaba llorando abrazada a Tom, sacando todos los miedos que le habían pasado por su mente después de que había notado el interés que existía por las muchachas del lugar. Nunca se había sentido así, ni con Terry el cual tenía muchas chicas a su alrededor por los éxitos conseguidos en sus obras, sin embargo entendía que era parte de su trabajo, pero el pensar que de la misma forma se acercaran a Anthony eso sí la molestaba verdaderamente y mucho y más el saber que Magdalena hacía de todo para acercarse a él.

-Revoltosa, me temo que te tengo malas noticias. – Le decía Tom abrazándola con cariño, con ternura, con el amor y la protección que solo brindaba un hermano cuando veía sufrir a su hermanita pequeña.

-¿Malas noticias? – Candy dejó de respirar por un momento deteniendo su llanto, ahora que le diría Tom. Tom asintió.

-Sí, tú estás completamente enamorada de Tonny. – Candy no se sorprendió con lo dicho, se sorprendió de que Tom se diera cuenta tan pronto de ello y que Anthony no notara lo celosa que había estado todo este tiempo.

-Pero ya es tarde. – Dijo bajando su mirada y alejándose de los brazos de Tom.

-Eso sí no puedo decírtelo. – Tom sabía que no era cierto, que por más que Anthony dijera que ya la había olvidado era muy obvio que la seguía amando, no solo que seguía enamorado de ella. – Además el estar enamorado no es suficiente para estar con una persona, hay que amarla y estar dispuesto a hacerla feliz y ser feliz, luchar por ella en cada momento.

Candy sabía que eso era verdad ¿Pero cómo lo conquistaría de nuevo? Si posiblemente él ya tenía a otra persona en su corazón y además estaba muy lastimado por culpa de ella.

-Tom ¿Qué fue lo que hizo que Anthony se levantara por fin de la silla?

-Se cansó Candy, se cansó de sufrir y nació Tonny Stevens, un muchacho noble, trabajador, honesto, pero muy solitario. Ahh pero muy asediado por las chicas. – Ese comentario no le gustó mucho a Candy, no le simpatizaba saber que tenía tantas admiradoras alrededor de él y más por no saber quién era la dueña de su corazón.

Los hermanos Cornwell llegaban a Chicago para poder ir rápidamente al hogar de Ponny, no se reportarían a Lakewood, sino la tía abuela indagaría el motivo del regreso de Stear. Si ni todas sus influencias habían podido hacer que volviera, a menos que hubiera pasado algo sumamente importante y era algo que ninguno de los hermanos revelaría.

-Archie tenemos que ir a ver a George. – Dijo Stear seguro.

-Tienes razón, pero no estoy seguro de donde esté.

-Tendremos que ir a las oficinas del corporativo, y después a la mansión. Pero es posible que esté la tía abuela. – Decía Stear pensando en voz alta.

-No lo creo, ella estaba en Lakewood y no estaba bien de salud. – Dijo Archie quien sabía bien donde se encontraba la tía abuela.

-¿Es grave? – Preguntó preocupado porque Archie no se lo había comentado de nuevo.

-Son los años Stear, el médico insiste que debe cuidarse más.

- Me entristece saberlo. – Decía sincero.

-Sí, pero lo único que podemos hacer es alegrarle sus últimos días, y para eso necesitamos a Anthony.

-Tienes razón hermano. – Dijo con una sonrisa.

Se dirigieron a la mansión para cambiar sus ropas y descansar un poco y ya que les informaron que George seguía ahí en Chicago fueron a buscarlo.

Una vez que se alejaron de las empresas Andrew, George les dijo que por fin había contactado a su tío William y que pronto llegaría para poder ayudar a Anthony y encargarse de los Leagan.

-Por el momento no es conveniente que nadie se entere de que Anthony vive, ni siquiera la tía abuela. – Habló estrictamente George. – Únicamente ustedes dos deben saberlo. – Volvió a recalcar ya que era mucha gente involucrada en el asunto y sería peligroso que los Leagan estuvieran advertidos.

-No te preocupes George, nosotros iremos directamente a Michigan no llegaremos a Lakewood.

-Perfecto. – Dijo George más tranquilo ya que se le hacía mucho que supiera Stear, Archie, él y Albert, aunque no estaba seguro quien más pudiera estar enterado a parte de ellos y Tom.

Los Cornwell decidieron ir en automóvil para no levantar sospechas si viajaban en tren, ya que alguien podía identificarlos.

Esa misma mañana emprendieron su viaje sin detenerse en el camino, ambos estaban ansiosos por llegar.

-Stear. –Dijo Archie quien iba de copiloto observando el camino.

-Dime Archie. – Contestó igual, ya que también estaba sumido en sus pensamientos.

-¿Estás molesto con Anthony? – Preguntó serio.

-¿Molesto? No Archie, Anthony tuvo sus motivos para hacer lo que hizo, al contrario me pongo en su lugar y no sé cómo hubiera reaccionado yo a su edad. ¿Tú si estás enojado?

-¿Yo? Al principio lo estuve, no comprendía por qué se había ocultado. Después entendí que solo tenía catorce años Stear, era solo un jovencito.

-Lo sé hermano, no puedo imaginar el miedo que debe haber sentido.

-Y la soledad hermano, sé que tú al igual que yo la has experimentado. – Decía Archie triste recordando la soledad que sintió al ya no tener a su lado a ninguno de sus hermanos, se había quedado lentamente solo.

-Es terrible Archie. – Dijo Stear comprendiendo muy bien a su hermano.

-Lo sé. – Dijo Archie mirando a su hermano con cariño y poniendo una mano en su hombro, dándole a entender que se alegraban de estar juntos de nuevo.

-Gracias. – Dijo Stear volteando a ver a su hermano con una amplia sonrisa.

-¿Por qué? – Preguntó extrañado el gatito.

-Por haber ido por mí y traerme con nuestro hermano. – Dijo conmovido.

-Los extrañe mucho Stear. – Dijo Archie sintiendo un alivio en su corazón al tener ahora a su hermano de vuelta en casa y pronto se reunirían con el mayor de los tres.

-Yo también. – Dijo Stear con una sonrisa en sus labios y volviendo a poner su vista en el camino. Siguieron hablando de sus recuerdos y de cómo habían sufrido por la muerte de su primo, pero ahora nadie los volvería a separar.

Anthony estaba descansando en medio de la nada junto al grupo de vaqueros que había contratado, algunos ya lo conocían de hacía tiempo y otros eran nuevos en ese recorrido, les había explicado hacia donde iban y cuánto tiempo les tomaría llegar y ya que llegaran obtendrían su pago.

Los que ya lo conocían sabían de su seriedad cuando estaban acampando, pero los que no, solo lo observaban confundidos.

Anthony se perdía en sus memorias desesperado por querer avanzar más rápido, pero sabía que llevar tanto ganado no era fácil, ni mucho menos seguro, él no iba armado, sin embargo las personas que lo acompañaban eran buenas con el revólver y el rifle y aunque él era un excelente tirador no le gustaba portarlas. Steve lo había enseñado a él y a Tom a disparar, más sin embargo él no era de portar armas, se lo dejaba mejor a las personas que contrataba como seguridad.

-¿Cuánto tiempo falta joven Stevens? – Preguntó uno de los jóvenes vaqueros que recién había contratado.

-Unos cinco días aproximadamente. – Contesto tranquilamente.

-¿Por qué no avanzamos más para llegar antes? –Preguntó cómo ansioso por el tiempo que faltaba.

-No podemos, es mucho ganado y los caballos deben descansar. Mañana llegaremos a uno de los puntos de descanso y ahí se podrán asear. – El muchacho asintió pero no estaba muy convencido él tenía apuro en llegar a su destino.

Los Cornwell llegaron directamente al hogar de Ponny, ya que no sabían exactamente dónde era la ubicación del rancho de Anthony. Llegando ya por la tarde, algo cansados y molidos por el estado del camino el cual estaba lleno de desniveles.

-Buenas tardes – Dijo una voz femenina, tranquila y serena.

-Muy buenas tardes. – Respondió Archie con una sonrisa cálida.

-¿Joven Cornwell? ¡Que gusto volver a verlo! – Dijo la señorita Ponny al percatarse de quien se trataba.

-Señorita Ponny, es un placer volver a verla. – Saludó besando su mano con decoro.

-Bienvenido joven, jóvenes. – Dijo al ver al guapo joven de gafas que estaba junto a él dedicándole una sonrisa amable igual que la de Archie.

-Él es Stear, mi hermano señorita Ponny. – Dijo Archie presentando al inventor. En eso escucharon varios gritos de niños que venían corriendo despavoridos, cada vez se escuchaban más fuerte lo que indicaba que se venían acercando a ellos.

-¿Qué sucede? –Preguntó asombrada la señorita Ponny, cuando de pronto detrás de ellos aparecía una Candy agitada persiguiéndolos muy de cerca.

-¡Candy! – Dijo la señorita Ponny al verla que iba hacia ellos corriendo en persecución de los niños.

-¡Candy! – Dijeron los hermanos girándose al ver al torbellino rubio que venía a toda velocidad, parándose de golpe cuando vio a Stear y Archie frente al hogar.

-¡Stear! ¡Archie! – Gritó emocionada pero abrazándolos, olvidándose por completo de los pequeños que se escudaban tras su madre buscando protección. - ¿Cuándo llegaron?

-Hace un momento. – Dijo Archie viendo con gracia a la rubia. - ¿Qué sucede gatita?

-Después hablamos. – Les dijo a los niños quienes se escabulleron del lugar respirando aliviados.

-¿Qué sucede Candy? – Dijo Stear riendo de los gestos que Candy hacía al amagar a los niños.

-Nada, estos niños que no obedecen que tienen que hacer sus labores. –Dijo simplemente con una sonrisa dedicada a sus primos.

-Vamos Candy, de seguro tú eras más revoltosa. – Dijo Archie y Candy ponía cara de indignación mientras todos reían imaginándose a Candy en su infancia.

-Tiene razón joven Cornwell. – Dijo la hermana María quien se acercaba a ellos para saludar a los dos paladines de su traviesa Candy. – Candy era una verdadera tormenta. – Dijo haciendo una comparación de la rubia como siempre que lo hacía cuando hablaba de ella con alguien más. Todos reían y nadie más que Candy sabía el por qué se le había hecho curiosa esa comparación, el caballo de Anthony así se llamaba ¿Sería una coincidencia? Lo más seguro es que sí, pensaba Candy, aunque no podía evitar pensar que tanto hablaba de ella la hermana María. No tuvo tiempo de indagar más porque pronto fue interrumpida de sus pensamientos.

-¡Candy! – Dijo la señorita Ponny – Invita a los jóvenes Cornwell a pasar. – Le dijo despertándola de sus conjeturas.

Entraron al hogar y ambos muchachos observaron sorprendidos el lugar, sobre todo Archie quien si notaba los cambios que se habían hecho ahí ya que él era el único que había ido a visitarlo junto a su prometida y Albert, alegrándose por el hecho que estuviera progresando.

-Veo que están progresando. – Comentó el gatito con una sonrisa.

-Oh. – Dijo la señorita Ponny emocionada. – Eso ha sido gracias a Tonny. – Contestó acostumbrada a agradecerle a su rubio benefactor.

-¿Tonny? – Preguntaron sorprendidos los hermanos, pero pensaban que eso era muy típico de su primo, siempre ayudar al prójimo.

-¿Por eso han venido? – Preguntó Candy convencida de ello.

Ambos chicos se observaron tímidos y las dos mujeres se retiraron para dejarlos hablar en privado.

-Candy si necesitas puedes usar mi oficina. – Ofreció amable la señorita Ponny, Candy asintió y los dirigió hasta el lugar, mientras seguían observando todo el orfanato.

Candy les ofreció asiento, mientras ella se colocaba en el escritorio rústico de madera que se encontraba ahí.

-¿Ustedes ya lo saben? – Preguntó viéndolos fijamente. - ¿Desde cuándo? – Quería saber si ellos le habían ocultado esa información.

-¿De qué hablas Candy? – Decía Archie seguro, no quería echar todo a perder descubriendo algo que aún no estaban seguros si ella sabía, solo tenían una sospecha. – Yo te prometí que te traería a Stear de la guerra y aquí está. – Dijo encarando a su prima sin apartar la vista de sus ojos.

-Y me da gusto que hayas regresado Stear. – Dijo mirándolo con cariño.

-A mí también Candy. – Dijo encontrándose con los ojos verdes de su prima. – Este hermano terco que tengo no descansó hasta convencerme. – Y ahí estaba la pauta para indagar.

-¿Qué fue lo que te convenció Stear? – Preguntó Candy curiosa, observando que ambos hermanos se miraban uno al otro en complicidad. -¿Acaso fue Anthony? – Preguntó Candy nuevamente ante el asombro y a la vez alivio que sintieron los Cornwell. - ¿O diremos Tonny Stevens?

Continuará…

¿Cómo ven estos primos alegres jajajaja? ninguno quería decir que sabían que Anthony estaba vivo, pero hay que entender que los Cornwell no sabían nada más que lo que la carta decía, y eso era que Anthony aún no se decidía a revelarle su identidad a la rubia. Pero ahora si pueden hablar sin tapujos jejejeje

Espero que estén muy bien todas y cada una de ustedes junto con su familia aquí seguimos Gracias a Dios, escribiendo para despejar un poco el miedo que está en el ambiente y más por las redes sociales. Aunque la verdad nunca había recibido tantos memes por whatsup de bromas y tonterías acerca del coronavirus, en serio que los mexicanos ni eso respetamos, en fin de todas formas me culpo por reírme de lo que me envían, en fin aquí seguimos, Dios quiera que todo pase ya...

Saludos.