Hola señoras hermosas aquí seguimos con la historia, otro capítulo más, espero que estén muy bien todas en sus casitas disfrutando de un poco de lectura. Si no es así y tienen que trabajar les recomiendo que se protejan muy bien y que no se acerquen mucho a las personas, más vale pecar de desconfiado. Recuerden que los personajes no me pertenecen pero la historia sí, así que prohibido saludar con sombrero ajeno jajaja no es apta para menores de edad y no lo hago con fines de lucro. ¡COMENZAMOS!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Una de las mejores sensaciones de la vida, es abrazar a una persona después de haberla extrañado tanto".
CAPITULO XIX
REENCUENTRO
-¿Lo sabes? – Preguntó Archie y Candy asintió.
-¿Desde cuándo lo saben ustedes?
-Hace unas semanas. – Contestó Stear. – Pero el viaje en barco y el papeleo para la baja del ejército nos detuvieron.
-¿Desde cuando estás enterada Candy?
-También hace unas semanas. – Dijo más tranquila al saber que no le habían ocultado nada.
-¿Cómo está? – Preguntó Stear ansioso, tenía ganas de verlo.
-Ya no es el mismo de antes. – Dijo Candy bajando su rostro triste, con las lágrimas a punto de salir de sus ojos.
-¿Por qué? – Preguntó Archie.
-Es normal. – Dijo Stear. – Ha sufrido un gran trauma, es normal que haya cambiado, sin embargo sigue siendo nuestro primo. – Le dijo dirigiéndose a Archie quien asentía con una sonrisa, seguro de que fuera como fuera estarían ahí para él.
-Candy. –Dijo Archie atrayendo la atención de la rubia. - ¿Has hablado con él?
-No mucho la verdad. – Dijo apenada y frotando sus manos una con la otra.
-¿Qué sucede Candy? – Preguntó de nueva cuenta Archie al verla en esa situación tan nerviosa y ansiosa.
Candy explicó lo que había sucedido desde su llegada y cómo había descubierto que era él y el por qué decía que no era el mismo de antes.
-Por lo que dices Candy, no creo que haya cambiado mucho que digamos. El hogar por lo que veo ha prosperado mucho, los cambios han sido significativos, sigue siendo noble y preocupado por los demás.
-Eso es verdad Candy. – dijo Stear. – Anthony siempre ha sido noble y sobre todo justo.
-Lo sé, pero… - Decía nerviosa ¿Cómo decirles que había cambiado con ella? ¿Cómo decirles que estaba enamorado de alguien más? Y que de ella ya se había olvidado, si lo pensaba bien no era que había cambiado, sino que sus sentimientos para con ella habían cambiado. Era algo que no podía decirles, bastante tenía con que lo supiera Tom.
Salieron del despacho y se dirigieron a la colina, Candy quería mostrarles desde ahí el rancho de Anthony y decirles que todos los alrededores le pertenecían ahora.
-¡Las Dulce Candy! – Dijo emocionado Stear cuando reparó en el pequeño jardín que había al pie del árbol.
-¡Hasta aquí las cultivó! No puedes decir que no es el mismo Candy. – Le dijo Archie.
-Yo traje un rosal el día que me escape de la mansión de las rosas. – Decía Candy. – Pero no pude hacer que creciera mucho. Cuando yo me fui nadie lo cuidaba, sólo lo regaban, pero dejó de florecer, hasta ahora que volví me di cuenta que estaba mucho más grande, que había más rosales y que por fin habían florecido. - Candy no sabía que ese rosal no era el mismo que ella había traído años atrás, sino que Anthony logró de nuevo recrear la rosa en su pequeño invernadero, por eso ya no hubo rosas cerca del padre árbol por muchos años.
-Pobre Anthony, qué dirá cuando vea que en la mansión de las rosas quedan pocas, o ninguna Dulce Candy.
-Nadie las cuida, el jardinero solo hace su trabajo, pero si alguna se seca solo la retira.
-El señor Whitman la plantó en Chicago, tal vez ahí podamos encontrar más.
Ambos chicos observaban el rancho que estaba bajando la colina, era muy grande y se veía bastante próspero.
-¿Ese es el rancho de Tonny? – Preguntó Stear ante la sorpresa de Candy, por cómo lo había llamado. Candy asintió, pero él vio la duda en sus ojos.
-Acordamos llamarlo así para no levantar sospechas. – Dijo entendiendo su duda.
-¿Sospechas?
-Candy, la vida de Tonny corre peligro. – Dijo Archie asustando a Candy por lo dicho. – Los Leagan no saben que vive, y mucho menos que busca justicia, si ellos se llegaran a enterar Tonny – Dijo acentuando el nickname del rubio. – Corregía peligro y tal vez nosotros también. – Candy se acongojaba por lo que le decían, más cuando ella misma no había sido cuidadosa al llamarlo varias veces por su nombre y al hacer mil y un dramas respecto a ello, no había pensado en esa posibilidad.
-¿Albert no puede hacer algo?
-Albert se acaba de enterar, George no había podido localizarlo y me leyó a mí la carta, fui por Stear nos venimos lo más rápido que pudimos, pero ni la tía abuela sabe de esto. – Candy asentía mecánicamente, estaba angustiada.
-No te preocupes Candy, por eso venimos, queremos justicia para nuestro primo y por supuesto recuperarlo. – Decía Stear con una sonrisa tratando de calmar a Candy.
-¡Vaya, Tonny no se ha reprimido mucho, el rancho es muy grande! – Decía Archie para cambiar un poco de tema.
-Y por lo que veo muy próspero. – Decía de nuevo Stear viendo las cabezas de ganado que pastaban en las llanuras. Candy reparó en algo que no había llamado antes su atención y era un pequeño cuarto de cristales que estaba del otro lado de la casa, parecía como un vivero, pero no podía asegurar que lo era.
-Candy ¿Podemos ir a ver a Tonny?
-Tonny no está. – Dijo Candy con su mirada aún triste.
-¿No está? – Preguntaron extrañados los Cornwell.
-Fue a Texas por ganado. Pero está Tom y Jhon en el rancho. – Dijo un poco más animada. – ¿Si quieren los llevo? – Ambos chicos asintieron bajando de la colina para dirigirse al rancho de Tonny, se despidieron de las dos mujeres y avisaron que irían al rancho de Tonny, las dos mujeres les sonrieron con amabilidad y les dieron su bendición agradeciéndoles por estar ahí.
Se subieron al coche más animados, no estaba Tonny pero estaban más cerca de verlo. Candy vio dudosa el automóvil a lo que Stear luego captó su mirada.
-¡Vamos Candy, no es mi auto! – Dijo entre divertido y ofendido. Archie se carcajeó junto con Candy y emprendieron felices el corto trayecto que los llevaba al rancho, mientras las madres de Candy reían por sus ocurrencias.
Llegaron al rancho recorriendo el sendero tan amplio que atravesaban antes de llegar a la casa.
-Buenas tardes. – Saludó Candy al capataz.
-Buenas tardes, señorita Candy. – Contestó el señor muy amablemente, ya la conocía muy bien y sabía que siempre preguntaba por Tonny.
-El joven Tonny no ha regresado de Texas. – Dijo con tranquilidad.
-Ya lo sé, venimos a ver a Tom. – Dijo con una sonrisa apenada de que descubrieron sus primos que ya sabía a quién buscaba.
-El joven Tom está dentro con el joven Jhon. – Dijo el señor dándoles sin problema el pase a la casa.
Los tres jóvenes atravesaron el portal subiendo las escaleras que los llevaban hacia la puerta principal, impresionados con la maravillosa casa que Anthony había construido, era de una sola planta, pero era bastante amplia y podían apostar que muy grande.
-Tom, Jhon. – Llamó Candy abriendo la puerta principal, la cual dirigía a un amplia sala que estaba acondicionada muy campirana, más sin embargo tenía el toque de los Andrew aunque no lo quisiera Anthony admitir.
-Es como estar en la cabaña de los Andrew. – Dijo Archie maravillado con el interior.
-Pero más grande. – Dijo Stear girando en sus talones para observar todo a su alrededor.
Al lado izquierdo había una puerta que dirigía a la oficina de Anthony, de la cual salía Tom al escuchar a Candy que llegaba de visita.
-¡Revoltosa! ¿Qué te trae por acá? – Dijo deteniéndose de pronto al ser sorprendido por la presencia de los jóvenes Cornwell. -¡Stear, Archie! – Saludó feliz de ver a sus otros dos amigos.
-¡Tom! – Dijeron ambos saludándolos con un buen par de palmadas en la espalda que hicieron que ambos chicos hicieran un gesto de dolor, antes la risa contenida de Candy.
-¿Qué los trae por acá? – Decía nervioso.
-El tío abuelo los mandó. – Dijo Candy dirigiéndole a Tom una mirada de "vas a ver no me habías dicho" Tom sonrió con nerviosismo al ver su expresión, y los invitó a pasar al despacho para hablar.
Candy nunca había entrado a ese lugar, y se sorprendió por lo bien arreglado que estaba, admirando los detalles que si bien eran campiranos no le quitaban lo elegante, estaba sorprendida por el buen gusto que había tenido el rubio para decorar la casa.
-¡Wow! Veo que a Tonny le va muy bien. – Dijo Stear.
-No nos podemos quejar. – Dijo Tom orgulloso de su hermano.
-Buenas tardes. – Dijo Jhon el cual también se encontraba dentro de la oficina.
-¿Jhon? – Preguntó Stear, recordando al pequeño niño que creía haber atropellado con su auto.
-¡Hola camarada! – Dijo feliz de ver a los dos muchachos que había conocido a la escasa edad de 8 años.
-¡Estás enorme! – Dijo Stear, ya no era el niño bajito y gordito que recordaba, ahora era un jovencito y estaba más delgado y fornido por el trabajo que ahora desarrollaba en el rancho. - ¿Trabajas aquí? – Preguntó emocionado.
-No, ahora soy un Stevens. – Dijo feliz y orgulloso.
-¿O sea que eres hermano de Tom y Tonny? – Preguntó Archie.
-¡Somos primos! – Dijo Stear muy efusivo. Todos reían del entusiasmo de Stear, quien estaba alegre de que la familia aumentara.
-Tom, yo me tengo que ir. – Dijo Jhon quien tenía una cita con su amor.
-Lo sé Romeo. – Le dijo Tom bromeando con su hermano menor.
-¿Cómo? ¿Ya anda de novio? – Preguntó Stear y Jhon asintió con una sonrisa de enamorado. –Vaya todavía no termina de crecer y ya anda de novio. – Decía Stear graciosamente.
-Mira quien habla. – Decía Candy. – El que ya tenía novia desde los quince también. – Dijo sin poner contener la risa. - Por cierto ¿Qué pasó con Patty?
-Tú no te preocupes Candy, Patty y yo seguimos siendo novios, estamos en contacto por carta, pero de momento no es conveniente que se entere que he regresado. Primero lo primero. – Dijo con seguridad y Candy asintió volteando a ver a Archie.
-Lo mismo con Annie, ella sabe que fui a buscar a Stear, pero aún no le aviso que ya regresamos, cree que lo traeré para la boda y sabe que me está costando trabajo convencerlo. – Lo miró con los ojos entrecerrados mientras Stear le hacía una mueca divertida.
Los cuatro chicos se pusieron a hablar poniéndose de acuerdo en lo que harían una vez que regresara Anthony, explicando los Cornwell que Albert ya tenía sus planes por donde iba a comenzar para desenmascarar a los Leagan, pero que tenían que esperar la presencia del patriarca, y más porque también para la mayoría de la familia él seguía de incógnito, muy pocas personas sabían de su identidad y eso ayudaría más en la investigación que se llevaría a cabo y en la manera de como los atraparían.
Tom les ofreció darles un tour por la enorme casa, ya habían visto la gran sala y el despacho, pero aún faltaba mucho por ver, la casa constaba de un gran salón, una oficina, una biblioteca, un salón de lectura, cocina, estancia, seis habitaciones completas con su baño vestidor, un área para lavado y otras actividades domésticas, así como un pequeño vivero el cual no les había mostrado porque temía que Anthony se molestara, nadie entraba ahí, solo él. Eso era sin contar por fuera la casa donde se quedaban los empleados y las caballerizas, un garaje que tenía donde guardaba un automóvil que rara vez usaba.
Candy quedó maravillada con la sala de lectura, estaba muy bien iluminada y eso le recordaba cuando la ponían a leer el enorme libro de los antecedentes de los Andrew. Ella se sentaba cerca del ventanal que había en la sala de lectura de la mansión de las rosas, mientras Anthony y los chicos se colocaban a leer del lado contrario, pero Anthony no podía concentrarse en su lectura por estar admirando a la rubia de ojos verdes, la cual al estar tan cerca de la ventana los rayos del sol chocaban con su rubio cabello y la hacía resplandecer como un ángel dejándolo maravillado con esa imagen, ahí se había inspirado Anthony para recrear ese pequeño espacio que era para ella únicamente.
Al final los llevó a una gran veranda que daba para el lado contrario de la colina de Ponny, era un lugar muy acogedor, amueblado con cómodos sillones y plantas, dejando a la vista el esplendor de un estanque que quedaba muy cerca de ahí.
Candy, estaba maravillada con el lugar, al igual que sus primos.
-Lo ves Candy, este lugar lo diseñó Tonny, y tú solo entrabas y salías como alma que lleva el diablo sin detenerte a mirarlo, "y todo pensando en ti" – Decía Tom para él mismo, pero Stear alcanzó a escucharlo, mientras Tom se apenaba por haber sido descubierto. Stear al darse cuenta le dirigió una mirada de comprensión para que no se sintiera mal por haber sido descubierto.
-¡Es hermoso! – Dijo Candy maravillada, ella solo había estado en la sala, en el cuarto de Tonny y en la cocina, pensando que era un lugar muy bonito y de buen gusto, pero sobre todo muy acogedor.
-¿Tonny lo diseñó? – Preguntó Archie sorprendido. - ¡Vaya que me sorprende mi primo! Esta casa es fabulosa, mucho mejor que la cabaña que remodelaron.
-Tom ¿Cuánto tardará Tonny en volver?
-Generalmente nos lleva como un poco más de dos semanas el viaje, así que más o menos en cuatro o cinco días a lo mucho estará aquí. – Dijo Tom seguro de que Anthony tardaría ese tiempo, sabía que iba solo y que le costaría un poco más arreglárselas para contratar quien le ayudara a dirigir el ganado.
-Bien, entonces regresemos más o menos en una semana. – Dijo Stear.
-¿Se van a ir? – Preguntó Candy.
-No Candy, iremos a Michigan a rentar un cuarto de hotel para estar más cerca, pero estaremos al pendiente.
-¿Por qué no se quedan aquí? – Pregunto Candy. – No creo que a Anthony le importe ¿Verdad Tom?
-Candy tiene razón muchachos, no tiene caso que se vayan, además la casa es muy grande.
-No sé si sea conveniente. – Dijo Stear dudoso. – No sabemos cómo tome Tonny todo esto.
-¿Qué dices? ¡Él estará feliz de verlos! – Dijo Tom palmeando la espalda de ambos muchachos. –Nos podemos entretener montando a caballo, o los puedo llevar al pueblo para que conozcan a alguna much… - No termino de decir que los ojos de Candy ya estaban sobre él con las cejas frunciendo el ceño.
-¡Tom! – Gritó Candy antes de dejarlo continuar. – ¡Ellos tienen novia y son mis amigas y además una de ellas es casi nuestra hermana!
-Tranquila Candy, sé que este par ya está como quien dice casado, pero no tiene nada de malo ver…
-¡Nada! Si te atreves a hacer eso te las verás conmigo. – Tom reflejó una cara de nervios que no podía con ella y unas gotas de sudor aparecían por su frente.
-Vamos Candy, es broma. – Decía Archie tratando de tranquilizarla y recordando el codazo que les había propinado a él y su hermano aquella vez que salieron a pasear con las enfermeras en Chicago.
-Más les vale, sino yo misma les diré a las chicas. – Les dijo dándoles un codazo en sus costados nuevamente. – A ver Tom ¿Tú por qué no buscas una novia para ti? – Preguntó curiosa viendo a los ojos a su hermano buscando que le iba a contestar.
-¿Cómo Tom, no te has comprometido? – Preguntaba Stear curioso. – Recuerdo que la vez que vinimos antes de irnos a Inglaterra estaba una muchacha pelirroja de ojos azules y grandes rizos que suspiraba por ti y tú por ella. ¿Cómo se llamaba Archie?
-Magdalena, creo. – Dijo Archie no muy seguro, mientras los ojos de Candy se prendían furiosos solo con escuchar el nombre de esa muchacha.
-Es una larga historia muchachos. – Dijo suspirando tranquilo.
-Anda detrás de Anthony. – Dijo Candy cruzando los brazos y volteando su mirada hacia otro lado, impidiendo que sus primos y Tom la observaran celosa, pero no era muy fácil de ocultarlo sobre todo para Tom.
-¿Cómo es eso? ¿Qué pasó? – Dijo Stear preocupado al ver la tensión que se había formado, no le quedó de otra al vaquero más que relatarles a los Cornwell el frustrado intento de compromiso que había tenido con la famosa Magdalena.
-Lo siento tanto Tom. – Decía Stear sincero.
-Sí Tom, sé lo que es eso. – Dijo Archie recordando cómo también ellos habían perdido el amor de Candy por la aparición del rubio en su vida, no podían culparlo era un galán natural, era guapo y noble, y eso atraía a las chicas.
-No te preocupes Tom, ya llegará la que te mire a ti como Candy veía a Anthony. –Dijo Stear ante la mirada de asombro de Candy, riéndose todos menos Candy quien los miraba entre molesta y divertida por las bromas que hacían a costillas de ella y Anthony.
-Quien sabe, tal vez ya llegó. – Dijo Tom con un rostro de enamorado que no podía con él.
-¿De verdad? – Preguntó Candy curiosa al ver el rostro bobo que aparecía en su hermano mayor.
-Sí, ya tengo mi Candy para Tonny, mi Patty para Stear o mi Annie para Archie. – Dijo riendo nervioso, pensando que tal vez ya había hablado más de la cuenta. Candy se había sonrojado por lo primero que había mencionado, aunque pensó que era Magdalena para Tonny y eso le hacía sentir un profundo pesar en su pecho.
-Dirás Magdalena para Tonny. – Dijo bajando la vista triste, mientras bajaba sus manos y arrugaba nerviosa su falda.
-¿Qué dices Candy? – Preguntó Archie confundido ya que él había entendido que Magdalena estaba tras Anthony pero no al revés.
-Nada muchachos yo me retiro. – Dijo Candy desanimada dejando a los tres muchachos confundidos, estaba tan triste que no le preguntó a Tom quien era la muchacha quien lo había enamorado y eso por lo pronto era un alivio para Tom, quien no sabía cómo lo tomarían ellos al descubrirlo.
-¡Candy! – Dijo Stear triste por cómo había salido del rancho tratando de seguirla.
-Déjala Stear, más vale que se acostumbren a ver ese espectáculo. – Dijo Tom.
-¿Qué sucede con ese par? – Preguntó Stear.
-Ambos están hechos un lío, ninguno de los dos acepta que se aman uno al otro. Tonny porque aún guarda resentimiento porque Candy se enamoró del actor y Candy porque cree que Tonny está enamorado de Magdalena.
-¿Y no es así? – Preguntó Archie hasta cierto punto molesto.
-Tonny ha sido muy reservado en sus sentimientos, pero estoy completamente seguro que no ama a Magdalena, es más ni quiera le gusta, por más que trate de convencerme que ya olvidó a Candy, varias veces a "pensado" en voz alta y se delata solo. – Dijo explicándoles a los Cornwell lo que él sabía.
-¿Cómo estás tan seguro? – Preguntaba Archie, quien no podía ocultar la molestia que le provocaba que Anthony hubiera olvidado a Candy cuando él y su hermano habían sacrificado sus sentimientos para que ellos fueran felices.
Tom comentó a los hermanos todo lo sucedido con Anthony los últimos años les contó sobre su sufrimiento y sobre el cómo ha rechazado a las muchachas que lo han pretendido y como ha rechazado a las propuestas de varios caballeros que han querido formalizar un compromiso para sus hijas.
-Pobre Anthony, me imagino que debió sufrir mucho. – Decía Stear con nostalgia al imaginarse a su primo en silla de ruedas y con el corazón roto. – Tienes razón Tom, él debe seguir amando a Candy, un amor como el que él tenía por ella no pudo haber sido olvidado así nada más, mucho menos tratándose del Tonny que conocemos.
Archie había aminorado ya la molestia que había tenido al principio, escuchando con dolor todo lo que el rubio había padecido por Candy.
-¿Y Candy seguirá enamorada de Terry? – Preguntó Stear. Quien ya sabía por su hermano que se habían separado y que Candy había sufrido un tiempo por ello.
-No. – Dijo Tom seguro. – Ella misma me dijo que ya no lo amaba.
-¿Y porque no le has dicho a Tonny? – Preguntó Stear confuso.
-Primero porque me lo acaba de confesar hace unos días y segundo porque ya he metido mucho la pata como para revelárselo y traicionar la confianza que Candy me tuvo, es algo que ambos tienen que resolver. – Dijo seguro, no se negaría a ayudarlos, él mismo lo deseaba, pero también no podía revelar algo que le habían dicho en confianza ya bastante había tenido con abrir la bocota delante de ellos. Además quien le aseguraba que Anthony le creyera.
Los tres chicos platicaron hasta muy entrada la noche. Decidieron guardar el automóvil junto al de Anthony, bajaron sus maletas y Tom les proporcionó las habitaciones que según Anthony les había hecho para cada uno de ellos, las cuales estaban ubicadas de la misma manera que en Lakewood en la mansión de las rosas, inclusive Candy tenía una habitación ahí, la cual estaba frente a la de Anthony.
-Creo que Anthony nos tuvo siempre en sus pensamientos. – Dijo Stear con melancolía.
-Igual que nosotros a él Stear.
-¿Y esta habitación? – Preguntó Archie curioso llamándole la atención que era la única que no le habían dicho de quien era.
-Es la habitación de Candy. – Dijo Tom.
-¿De Candy? – Dijeron sorprendidos los Cornwell.
-¿Ya ven por qué estoy seguro que aún la ama? Él hizo una réplica de su habitación en Lakewood, según me dijo, igual en el hogar de Ponny solo que ahí la hizo más pequeña por el espacio.
Tom se despidió dejando que ambos chicos se acomodaran en sus respectivas habitaciones. Archie entraba a su habitación y Stear a la suya quedándose ambos muy asombrados al ver la similitud de las habitaciones, eran como las de la mansión, casi iguales incluso el acomodo de los muebles era muy similar. Ambos chicos se encontraron en el pasillo.
-¿Es igual? – Preguntaron al unísono contestando con un movimiento de cabeza. No cabía duda que también su primo los había extrañado bastante, se retiraron a dormir pero ninguno podía conciliar el sueño, ya era tarde y sus ojos se posaban en la foto que estaba colocada en una de las mesitas de noche. Era una foto de los cuatro montados en su caballo el día de la cacería, la última foto que se habían tomado los cuatro juntos ¿Cómo la había conseguido? Esa foto ni ellos la tenían, pero se alegraban de verla por fin.
Anthony llegó muy entrada la madrugada, metiendo el ganado por la parte trasera. El ruido que había ocasionado hizo que Tom se levantara junto con Jhon quienes ya sabían lo que había que hacer cuando llegaba ganado nuevo.
-Tony ¿Cómo es posible que hayas llegado tan pronto? – Pregunto Tom sorprendido.
-Hice menos tiempo de ida y de venida. – Contestó tranquilamente.
-¿Menos tiempo? ¿Cuánto hiciste?
-De ida hice tres días.
-¿Tres días? ¿Tú estás loco?
-Cambié de caballo Tom, no te preocupes.
-Ese no es el problema.
-Tom estoy muy cansado, voy a ducharme para ir a dormir. – Le dijo simplemente dándole un abrazo fraterno antes de retirarse a su habitación dejando a Tom con la duda de cuál había sido la prisa de regresar tan pronto.
-Pero… Candy. – Pensó el vaquero y lo dejó retirarse a descansar.
Lo bueno que hacía calor y el agua fría le agradaba al rubio, quien se relajaba en la tina del baño. Tom no tuvo tiempo de avisarle que Stear y Archie habían llegado esa tarde y los chicos aunque habían escuchado no se atrevían a salir de su habitación, era tarde y quería descansar, habían escuchado, así que ambos reprimieron las ganas de ver a su primo y decidieron esperar hasta mañana, los nervios los seguían invadiendo. Anthony estaba igual, no sabía por qué pero se sentía ansioso, ya casi amanecía así que decidió cambiarse de ropa con una camisa a cuadros, sus jeans vaqueros de corte recto, sus botas, chaleco y su texana a juego. Salió de su cuarto y se fue por tormenta, la llamó con un chiflido agudo y después un grito.
-¡Tormenta! – Dijo el rubio y la yegua relinchaba emocionada al encuentro de su dueño, al cual había extrañado todos esos días. Acarició a su fiel animal gustoso dándole cariño y montándola para después emprender el camino. Por instinto se dirigió a la colina de Ponny, desde donde podía observar la ventana del cuarto de Candy, suspirando enamorado y desesperado por verla.
Los Cornwell se levantaron al escuchar el grito de Anthony a su caballo y ambos se levantaron para ir a ver a su primo.
-¿Creen que ya es tiempo? – Preguntó Tom, ambos hermanos asintieron felices, nerviosos y ansiosos.
-Bien, vamos. – Dijo Tom para mostrarles el camino que había seguido el rubio, ya se lo sabía de memoria, era lo primero que hacía luego de volver de un viaje, se encontrara o no la pecosa.
Anthony seguía observando la ventana de su amada suspirando y desmontando para admirar las rosas.
-Creo que aún no se levanta. – Dijo una voz bastante familiar a sus espaldas, recordando una charla acontecida hacía seis años atrás, cuando Anthony paseaba ansioso afuera de la recámara de Candy.
-Creo que va a tardar unas horas más. – Dijo otra voz que se incluía en la plática, también recordando cuando afuera del cuarto de Candy se encontraba a su primo y a su hermano Stear esperando a Candy. Anthony sentía un nudo en la garganta y su corazón palpitaba emocionado, urgiéndole contestar ese diálogo ya una vez repasado en su tierna juventud.
-La esperaría una eternidad, tan solo por ver sus ojos brillar. – Contestó levantándose lentamente para girarse a ver a sus hermanos, quienes lo observaban alto y fornido y sobre todo lo galán que lucía de vaquero. -¡Stear, Archie! – Dijo con su voz quebrándose por la emoción de verlos ahí a ambos, estaban igual de apuestos solo que más altos, eran el mismo par de muchachos uno bien vestido y el otro con su porte más relajado pero igual de pulcro que su hermano.
-¡Anthony! – Dijeron ambos rompiendo la promesa de no llamarle así, pero la emoción les había ganado y aunque ambos se habían dado una palmada mental, sabían que únicamente estaban ellos tres fundidos en un largo y fraternal abrazo, recordando como en los viejos tiempos se abrazaban con el mismo gusto.
-¡Los extrañé mucho! – Decía Anthony con dificultad mientas las lágrimas le brotaban por sus bellos ojos.
-Nosotros a ti hermano. – Decía Stear sin dejar de abrazarlo.
-Nos hiciste mucha falta. – Dijo Archie imprimiendo sus manos en la espalda de su primo, creyendo que era un sueño, un maravilloso sueño.
Los tres Andrew estaban por fin reunidos nuevamente, pero ya no eran los mismos adolescentes que habían dejado de verse por seis largos años, ahora eran unos jóvenes hombres que comenzaban la dura vida adulta, a sus 18 a 20 años que tenía los tres eran considerados ya unos hombres listos para dirigir el rumbo de sus vidas y así era, los tres habían emprendido caminos distintos y uno de ellos renacía para quedarse a su lado ahora sí para siempre.
Sus rostros reflejaban la felicidad de verse, la emoción del encuentro impedía a los tres muchachos hablar con decoro, no podían articular bien las palabras era tanta su dicha que ese abrazo parecía eterno. Las lágrimas aparecían en el rostro de los tres apuestos caballeros, sin sentir vergüenza alguna, al contario la confianza que había entre ellos no había menguado, era como si nunca se hubieran dejado de ver y era como revivir la época en la que más de una vez terminaron abrazados llorando consolándose entre ellos para protegerse, sus almas solitarias siempre se habían refugiado entre sí y la última vez que habían protagonizado esa escena fue cuando Candy fue enviada a México, la siguiente fue solo con dos de ellos al perder a su primo del alma, pero ahora la vida les regresaba la oportunidad de tener al integrante más importante de los Andrew después del patriarca, según los rangos de la familia Andrew.
-¿Cuándo llegaron? – Preguntó Anthony secándose las lágrimas y levantándose los tres al mismo tiempo ya que la fuerza de sus piernas los había abandonado y los había hecho terminar de rodillas al pasto junto a las Dulce Candy.
-Ayer. – Contestó Stear.
-¿Cómo se enteraron?
-Por tu carta. – Contestó Archie. – El tío autorizó a que yo la leyera, creyendo que era de Candy y al no estar él cerca creyó que era importante, pero no se imaginó cuán importante era.
-Me imaginé que tardaría en obtener respuesta, pero ¿Por qué tardaron tanto tiempo? Él tío está en África, pero ¿Y ustedes?- Preguntó concierta travesura al reproche que les hacía a sus primos.
Iban caminando seguidos por tormenta hacia el rancho de Anthony nuevamente, sabía que no habían dormido bien por las ojeras que cargaban así que los dirigió de nuevo al rancho para que se recuperaran.
-Tuve que ir por este tonto hasta Inglaterra. – Dijo Archie dando un leve coscorrón a Stear.
-¿Inglaterra? Pensé que ya habían regresado hace tiempo por lo de la guerra.
-Y así fue, pero a mi hermano le dio por ir a jugar a los soldaditos.
-¿Te fuiste a la Guerra Stear? – Pregunto sorprendido.
-Primero que nada no me fui a jugar. Ese lugar es como el mismo infierno, al estar ahí comprendes que no tienes por qué matar a un individuo que no conoces, todos reflejamos el mismo miedo, sin embargo tienes que decidir si eres tú o el que porta el uniforme enemigo. – Dijo Stear endureciendo su mirada fijándola en el horizonte.
-Lo siento hermano. – Dijo Archie arrepentido de sus palabras.
-Nunca imaginé que alguien como tú fuera a la guerra Stear.
-¿Alguien como yo? – Preguntó confuso, mientras Anthony asentía.
-Sí, alguien tan noble, justo y sobre todo pacifista, tú eras el último que peleaba cuanto tenías una discusión con Archie.
-¿Pero qué dices Tonny? Si tú eras el que siempre nos separaba a Archie y a mí.
-Sí, pero siempre iniciaba Archie.
-¡Oye! – Dijo Archie protestando mientras los otros dos jóvenes reían emocionados.
Llegaron al rancho y Tom ya estaba preparando el desayuno junto con Jhon, los Cornwell se sorprendieron de lo hacendosos que eran los Stevens, la señora que los atendió la noche anterior no se veía por ningún lado. Anthony los llevó al gran comedor que se encontraba al lado opuesto de la sala era un cuarto grande con una mesa para veinte personas.
-¡Vaya Tonny! Tu casa es fabulosa. – Dijo Stear volviendo a admirar los detalles del lugar.
-Tiene razón Stear, Tonny, es fabulosa. – Decía Archie y Anthony sonreía por el modo en que lo llamaban, sabía que lo hacían por su seguridad.
-Gracias pero el mérito se lo debo al señor Steve Stevens, mi padre. – Dijo con orgullo. – Él me enseñó a trabajar y todo lo que sé del campo, y con la ayuda de Tom y Jhon hemos prosperado bastante. Después de la muerte de nuestro padre parece que nos ayudó desde el cielo y las cosas mejoraron bastante. Yo diseñé esta casa, pero entre los tres la hicimos, así que no solo es mía.
-Eso dice Tonny porque es muy noble. – Dijo Tom quien acompañado de Jhon servía los platos en la mesa para disponerse a desayunar los cinco. – Pero la verdad es que él solo levantó todo esto, a Jhon y a mí nos pertenece el rancho Stevens, que está al otro lado del pueblo, el cual sigue produciendo pero decidimos vivir aquí hasta que Tonny traiga a la dueña del rancho. – Dijo refiriéndose a Candy al dirigir su rostro rumbo al hogar de Ponny, cosa que todos entendieron.
-Vaya Tonny, haces que me de envidia. – Dijo Archie siendo honesto.
-¿Por qué? – Preguntó Anthony sonriendo. – Por lo que veo a ti no te va nada mal primo. – Dijo viendo lo elegante que vestía como siempre.
-Pero lo que hago es porque nadie más quiso hacerlo. – Dijo con un deje de melancolía.
-¿A qué te refieres? – Preguntó Anthony desconcertado, no entendía las palabras de su primo y esperaba la respuesta al verlo hasta cierto punto un poco inconforme con lo que hacía con su vida.
Continuará…
Listo!, espero que les haya gustado el encuentro de los tres Andrew, quedó algo largo pero tenía que suceder, ellos son una parte importante en la vida del rubio y tenían que llegar a completar la trama de la historia. Ojalá que estén muy bien todas, yo aquí apurándome a avanzar la historia no vaya a ser que se queden con ella inconclusa y eso no me gustaría jejejeje me gusta terminar lo que empiezo jejejeje. Cuídense mucho y nos leemos en los comentarios Besos!
Saludos!
