Buenas tardes hermosas, espero que estén todas bien y presentes en este capítulo, si es así espero que estés cuidándote mucho a ti y a tu familia, reciban mis mejores deseos para cada una de ustedes y su familia, les mando un fuerte abrazo y fuerza para enfrentar lo que sigue.
Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, solo los utilicé un ratito para divertirme un rato y desestresar un poco mi mente, esta historia no es apta para menores de edad y es sin fines de lucro. ¡Comenzamos!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"El hombre inteligente sabe cuándo tomar la iniciativa y cuando debe detenerse… no importa lo despacio que vayas, siempre y cuando no te detengas".
CAPITULO XII
INICIATIVA
Anthony llegaba junto a sus primos atando a tormenta de manera que a un jalón ella se desatara. Se adentró al enorme salón de baile con sus primos uno a cada lado. Simplemente al entrar las miradas femeninas se posaron en el alto galán que irrumpía en el salón sin pasar desapercibido, solo que ahora no entraba con su hermano, sino con otros dos caballeros tan apuestos y galanes como él, muchas muchachas solteras que iban sin pareja se acercaron a saludarlo y a hacerse notar para el rubio, para que este viera que ellas estaban presentes, no solo la encimosa de Magdalena y su fiel amiga Nancy, la cual iba con ella a todas partes y le servía de apoyo en lo que hacía.
-Vaya Tonny, veo que eres muy popular con las chicas. – Decía Stear volteando a todos lados al ver las miradas que causaba su primo.
-No te quejes Stear, que también se acercan por ustedes. – Decía Anthony riéndose de sus primos quienes abrían sus ojos sorprendidos por el tipo de muchachas que asistían a ese lugar, unas muy destapadas, otras demasiado cubiertas, y de flacas, altas, gorditas y chaparritas estaba repleto, lo que faltaba a su gusto eran hombres para que se las quitaran de encima y los dejaran avanzar.
Anthony encontró ese par de ojos verdes que lo tenían vuelto loco, siempre era muy fácil saber dónde estaba, era como si algo lo llamara a su presencia. Con Candy ocurría lo mismo, quien de pronto sintió una la mirada cautivadora de su príncipe sobre ella. Su mirada era diferente ya no era la de un niño enamorado, ahora era la mirada fuerte y pasional de un hombre que la reclamaba como suya. Los Cornwell rápidamente supieron que la había encontrado, reconocían el lenguaje corporal de Anthony en cuanto veía a Candy y esa vez no era la excepción, sin embargo no solo esos ojos verdes lo habían notado, sino que unos ojos azules también lo miraban y al captar hacia donde iba su mirada se decidió a ir sobre él para poder acapararlo. Anthony estaba ajeno a alguien más y comenzó a avanzar hacia la rubia que lo observaba de la misma manera. La música comenzaba una vez más y las parejas se comenzaron a formar a ritmo de una canción a ritmo Irish folk de la época.
Entre las personas que comenzaban a bailar y el bullicio de la música Anthony avanzaba a ella, cuando notó que un joven la tomaba del brazo, tensándose él al momento, más Candy con una sonrisa agradecía y volteaba a ver a Anthony como diciendo que lo estaba esperando, el muchacho volteó a ver al famoso joven Stevens e inclinó su sombrero en señal de respeto. Anthony agradeció con un gesto y dirigió una sonrisa a su amada.
-Archie a tu derecha. – Dijo Stear al advertir a Magdalena que se abría paso entre la multitud a paso acelerado. – Tonny no se ha dado cuenta. – Volvió a decir Stear, más en ese momento Stear optó por acercarse a la joven e impedirle que se acercara al rubio.
-¡Hola!... ¿Magdalena verdad? – Preguntaba haciéndose el que no recordaba bien el nombre. – Que bueno que te veo, no conozco a nadie y me alegra ver un rostro conocido. – Decía mientras la muchacha en compañía de su amiga Nancy no sabía que hacer al sentir que le habían cerrado el paso.
-Hola… Steve. – Dijo no muy segura.
-Stear, Magdalena, Stear. – Dijo tranquilamente aclarando el punto de su nombre, se notaba que le había puesto atención el día que se la volvieron a presentar.
-Cierto, Stear… disculpa. – Decía tratando de ubicar al rubio que se alejaba cada vez más de ella y se acercaba a su objetivo. – Quería bailar y…
-¿Quieres bailar? ¡Qué bien yo también! Así que te invito. – No dejó que hablara mucho cuando ya la llevaba a la pista de baile ante la mirada divertida de Archie, Tom y Candy quienes eran los únicos que habían advertido lo que pasaba. Anthony seguía avanzando cuando la amiga de Magdalena lo toma del brazo para detenerlo y que advirtiera que su amiga lo estaba esperando para bailar con él. Archie observó a la chica y torció los ojos en señal de fastidio pero se sacrificaría por sus primos.
-¿Sucede algo señorita Donovan? – Preguntó amable a la muchacha que lo sostenía del brazo.
-No. – Dijo tímida al ver sus ojos posarse en ella intimidándola un poco al hablar. – Lo que sucede es que Magdalena… - No terminó de completar su frase que Archie interrumpió.
-Buenas noches, señorita ¿Tonny, no me presentas a la dama? – Dijo acentuando sus dotes de galán.
-Claro que sí Archie, ella es Nancy Donovan, Nancy él es Archivald Cornwell. – Dijo amable pero algo apurado para deshacerse de la chica, que al haber mencionado a su inseparable amiga ya sabía más o menos para lo que lo había detenido.
-Mucho gusto. – Dijo la tímida muchacha sonrojándose ante tan guapo caballero, Archie miró a Anthony con cara de "después me lo cobro" y Anthony sonrió dirigiéndose hacia Candy llegando al fin a su lado. Sus miradas se encontraron y Anthony tomó delicadamente su mano y la llevó a sus labios mientras la otra la colocaba en su espalda y hacía una reverencia en señal de respeto.
-Muy buenas noches señorita Andrew. – Dijo con su voz escuchándose muy varonil.
-Muy buenas noches, joven Stevens. – Contestó Candy divertida por la forma en la que Anthony la saludaba.
-Ya era hora de que llegaras. – Le dijo Tom. – Yo he tenido que espantar a todos y cada uno de los hombres que se acercan a esta revoltosa y veo que los chicos se ocuparon de quitarte a unas cuantas. – Decía apuntando al pobre de Stear que se esforzaba por mantener a Magdalena ocupada, mientras Archie soportaba a la muchacha que se aferraba a su brazo para no soltarlo.
-Me temo que alguien estará en problemas. – Dijo Candy.
-¡Vamos Candy! ¡Fue por una buena causa! – Dijo Tom. – Sí tú no dices nada, nosotros tampoco. – Dijo haciendo una promesa de silencio, lo mismo que Anthony quien guiñaba un ojo coqueto con complicidad. Y ahí estaba de nuevo, el niño que tanto había amado se hacía presente en sus gestos una vez más.
-Me haría usted el honor de bailar conmigo, señorita Andrew. – Dijo Anthony invitándola a bailar y Candy hacía una reverencia aceptando la invitación del guapo joven Stevens.
-Con mucho gusto. – Dijo Candy emocionada, percibiendo Anthony el viejo brillo de su mirar, uno que había extrañado bastante y que había tenido la fortuna de ver en muy pocas ocasiones desde que se reencontraron.
Comenzaban a bailar a ritmo de la música Irish Folk que se escuchaba en ese baile, tomados de la mano pero sin cambiar de pareja, como se usaba con ese tipo de música, la sonrisa que ambos tenían era única, los demás los veían admirados por la coordinación de los pasos de baile. Candy y Anthony siempre que habían bailado se sincronizaban, él era muy buen bailarín y la guiaba tan bien que ella advertía los pasos que iba a realizar. Estuvieron bailando por mucho tiempo, sin importar que tanto Archie como Stear sufrieran por las parejas que habían elegido a la fuerza. Ellos no iban a bailar, sin embargo terminaron cediendo, solo por alejar a ese par de muchachas de Anthony y que por fin ellos tuvieran un acercamiento.
-¿Me permites un momento Stear? – Dijo Magdalena dejando de bailar de pronto, la muchacha ya estaba molesta porque no había podido deshacerse de aquel muchacho que aunque era muy guapo y simpático, no era aquel con el que estaba encaprichada.
-¿Pero cómo? ¿Ya te cansaste? – Preguntó sudando. Él ya se había cansado, pero por sus primos seguiría soportando a esa empalagosa mujer, ya no hallaba que hace para entretenerla.
-No, al contrario voy a tocador y enseguida regreso. – Esa fue la única excusa que encontró para deshacerse del joven Cornwell, ya que todas las excusas anteriores las había esquivado, evitando exitosamente que se acercara al rubio, había entendido bien que él no permitiría que se acercara a Anthony.
-Buenas noches. – Saludó firme ya hasta cierto punto molesta, pero trataba de serenarse para no dar una mala impresión al rubio.
- Buenas noches Magdalena, no te había visto. – Contestó Anthony haciéndose el desentendido para no incomodarla, sin embargo ya tenía rato que había visto a su primo tratar de soportarla.
-Ya vi que estás muy entretenido… - Dijo mirando con rencor a Candy. - ¿Tonny podemos hablar? – Preguntó tomándolo del brazo para jalarlo a su lado. Candy se tensó y Anthony notó su reacción.
-Disculpa Magdalena, pero en estos momentos estoy con la señorita Andrew, y no es de caballeros dejarla sola. – Trato de contestar amable al rechazarla, ante todo era un caballero.
-No creo que sea tampoco de caballeros dejarme con la palabra en la boca. – Dijo viendo a Candy desafiante.
-Por mí no hay problema. – Dijo Candy como siempre haciéndose a un lado. Anthony notó su incomodidad por las miradas que recibía y volvió a disculparse con la atrevida muchacha, la gente que estaba alrededor notaba que Magdalena estaba celosísima.
-Es importante. – Dijo Magdalena, pero Anthony no estaba seguro qué era eso tan importante.
-¿No puedes esperar? – Preguntó impaciente, no estaba tranquilo con ella, no quería dejar que Candy se fuera, ya que sabía que esas eran las intenciones de aquella pelirroja.
-No. – Dijo firme mirando a Candy nuevamente imponiendo su mirada en ella, haciendo vacilar a la rubia.
-Con permiso. – Dijo Candy avanzando hacia la salida mientras inmediatamente al escuchar esas palabras Anthony fue tras ella sin importar dejar a Magdalena atrás.
-¡Candy! – Dijo ansioso. – Magdalena ¡Suéltame! – Le dijo molesto al sentir que se aferraba a su brazo, no quería ofenderla pero tampoco quería estar lejos de Candy, no iba a permitir que su oportunidad se fuera al traste gracias al capricho de esa mujer.
-¿Por qué vas tras ella? ¿Te gusta o qué? – Le reprochó fuerte, mientras las muchachas a su alrededor se daban cuenta de la verdad.
-¡Tú no entiendes! – Dijo molesto por fin, soltándose del agarre de esa chica para ir detrás de Candy.
-¡Tonny! - Gritó Magdalena tratando de seguirlo.
-¡Magdalena! ¡Por fin te encuentro! – Decía Stear haciéndose el desentendido ignorando la cara de molestia y enfado que ponía la muchacha al tener que soportarlo.
Anthony salía por la puerta principal del salón, ya estaba oscuro y no veía a Candy por ningún lado, hasta que se decidió a seguir el camino hacia el hogar, no tenía mucho que había salido así que pronto la alcanzaría. Efectivamente Candy estaba al dar la vuelta del salón, tratando de ocultarse por el dolor y la frustración que sentía en su corazón al ser apartada una vez más de su amor.
-Candy. – Dijo Anthony al verla recargada en un muro que estaba detrás del salón. -¿Estás bien? – Preguntó tierno acercándose a ella quien trataba de ocultar sus lágrimas al escuchar la voz de su amado detrás de ella.
-Sí Tonny, estoy bien ¿Y Magdalena? – Preguntaba controlando su respiración y esa ansiedad que le causaba su corazón al sentir tan cerca a ese guapo muchacho.
-Ella está bien, no te preocupes, además yo quería estar contigo. – Le dijo tocando su hombro con un simple roce, haciendo que la rubia sintiera una descarga eléctrica por ese contacto. Trató de controlarse para responder asombrada de sus palabras.
-¿Conmigo? – Anthony asintió al ver que ella por la sorpresa giraba su rostro y se encontraba con el de él muy cerca al suyo. Anthony pudo apreciar su llanto, y acunando su rostro con ternura limpiaba las lágrimas con sus pulgares.
-¿Por qué lloras pecosa? ¿No te han dicho alguna vez que eres mucho más linda cuando ríes? – Le dijo acercándose a su rostro y mezclando su aliento con su respiración. -¿Por qué lloras pecosa? – Le dijo nuevamente en un susurro, que derrumbó todas las barreras que se había puesto todo ese tiempo. ¿Pero cómo evitarlo si la amaba? ¿Cómo no derribar esas barreras que frente a ella era como de papel? Ella impedía que todo tipo de fortaleza que había creado alrededor de su corazón se derritieran por el calor que este emanaba al estar tan cerca de ella.
-Yo… - Dijo nerviosa y a la vez como en trance por las palabras que él le decía, recordando la primera frase que él le había dicho cuando lo conoció.
-Tú… - Le decía Anthony ladeando el rostro para acercarse más a ella. Candy comenzó a temblar deseando que su boca terminara por fin esa corta distancia que aún existía entre ellos. Su corazón se aceleró bastante y su respiración era más agitada, Anthony no separaba su vista de ella observando todas las reacciones de la pecosa. Sintió sus piernas temblar, sus rodillas no la sostenían, Anthony notó esa reacción y bajó una mano para rodear su cintura y aferrarla a su cuerpo para sostenerla así unida a él. Anthony vio con gusto cómo Candy cerraba sus ojos abandonándose a esa sensación que los envolvía. ¿Debía besarla? Ella se lo pedía a gritos, si bien no con palabras sí con su cuerpo, este le exigía ser besada en ese momento. ¿Debería aprovechar? Anthony dejó de hacerse ese tipo de preguntas y terminó cerrando la escasa distancia que había entre sus labios, sintiendo la calidez de sus carnosos labios entreabriendo los suyos para atraparlos en un tierno y húmedo beso. Candy respondió al momento subiendo ambas manos por su cuello aferrándose a él y colocándose de puntitas para sostenerse mejor a su cuerpo. Anthony también cerró sus ojos y se abandonó a ese delicioso y anhelado beso, la intensidad aumentaba y el beso se hacía más profundo, ninguno quería apartarse, jalando aire entre besos sin despegar sus labios uno del otro. Anthony se atrevió a más y exploró con su lengua los labios de Candy quien al sentirlo dio un pequeño respingo y entreabrió los suyos, permitiendo que Anthony los invadiera y buscara la legua de ella para poder sentirla y descubrir su sabor. A Candy le pareció deliciosa esa forma de besar, había anhelado volver a hacerlo desde que había comprendido que aquella noche en el padre árbol no había sido un sueño. Se atrevió a imitar sus movimientos correspondiendo a la caricia que recibía dentro de su boca y se animó tímidamente a saborearla atrapando la lengua del rubio entre sus labios, mientras Anthony seguía aferrándola firmemente a su cuerpo, se separaron lentamente y un sonrojo que pudo percibir Anthony por la cercanía de sus rostros apareció en Candy, más la distancia entre ellos no aminoraba.
-¡Tonny! – Gritó Magdalena muy cerca de ellos, ya se había escapado de nuevo de Stear y salía gritando para encontrarlo. Candy se soltó de golpe de Anthony, pero él la tomó de la mano impidiendo que ella se fuera. – Te encontré. – Dijo triunfante.
-¿Qué quieres Magdalena? – Dijo Anthony con fastidio al ver a la mujer llegar junto a ellos.
-Siempre me acompañas a casa. – Candy al escuchar esto se soltó de golpe de su agarre y emprendió de nuevo el camino hacia el hogar de Ponny.
-Hoy no puedo Magdalena. – Le dijo desesperado al sentir la acción de su amada.
-¿Por qué? ¿Es por ella? – Le dijo insistente. Candy ya iba retirada, no quería escuchar la respuesta, ni el lío que armaba esa mujer.
-¡Sí! – Dijo Anthony desesperado. -¡Es por ella! ¡La amo! ¿¡No puedes comprenderlo!? – Decía desesperado porque la joven lo había orillado a responderle de mala manera, pero ya estaba colmando su paciencia.
-Tonny, tú no puedes… - Decía al punto del llanto.
-Lo siento Magdalena… – Dijo dándole la espalda, dándose cuenta que la rubia ya iba algo retirado, lanzó un chiflido a su yegua y escuchó la voz de su primo que llegaba de nuevo a salvarlo de ella. – Stear acompáñala a su casa.
-¡No Tonny! – Decía la terca mujer aún sin rendirse, a pesar de lo dicho por el rubio, a pesar de la forma como se había expresado y a pesar de la forma como la había ignorado toda la noche.
-¡Stear! – Gritó nuevamente Anthony, Stear asintió y se llevó a la muchacha a fuerzas, mientras Anthony avanzaba apresurado por Candy.
-¡Candy! – decía tras de ella mientras Candy no detenía su paso apurado y él la seguía muy de cerca y a él lo seguía su fiel Tormenta. - ¿No puedes esperar un poco? – Decía sin obtener respuesta. Anthony la tomó del brazo y Candy se soltó inmediatamente, molesta, pero sobre todo muy celosa, celosa de que esa mujer hubiera ocupado el corazón de Anthony. -¿Qué te sucede Candy? – Preguntó ya ofuscado por la insistencia de Magdalena, la cual no era su culpa, y por la reacción que estaba teniendo Candy como si lo culpara de ello.
-¡Nada! – Contestó Candy sin detener su paso.
-No parece que no tienes nada ¿Es por Magdalena? – Candy seguía sin contestar y avanzaba cada vez más cerca del hogar de Ponny. Anthony la seguía de cerca sin siquiera volver a hablar, sabía que Magdalena había echado a perder el momento y eso lo tenía bastante molesto, decidió no seguir hablando, solo acompañarla en silencio. Conforme avanzaban en el camino Candy le lanzaba una que otra mirada de reojo al ver que el rubio avanzaba con ella, quería hablar con él, quería preguntarle ¿Por qué la acompañaba?
-Calma Candy, te acompaña porque a pesar de todo es un caballero, pero y si… ¡No Candy! Deja de pensar tanto. – Decía teniendo una batalla mental con ella misma.
Anthony la veía divertido, la tensión se había esfumado y él sabía que Candy no se aguantaba las ganas de hablar, más sin embargo tampoco cedería ante aquella berrinchuda.
-¿Desde cuándo eres tan terca Candy? Aunque debo reconocer que así también se ve hermosa. – Se decía él emocionado. - ¿No me vas a hablar? Creo que no. – También él se preguntaba y contestaba al mismo tiempo.
Llegaron por fin al hogar de Ponny, no teniendo otra opción Candy que romper el silencio en el que habían caído.
-Hemos llegado. – Dijo Candy con timidez, pero seguía recordando lo que había sucedido minutos atrás.
-Hemos llegado. – Dijo Anthony parándose frente a ella, estaba ansioso, no comprendía su actitud, si ya no lo amaba ¿por qué estaba tan molesta? ¿Por qué le había correspondido a ese beso? -¿Y sí…? – No podía quedarse con esa duda, debía preguntarle, explicarle que las cosas no eran como ella las creía, tal vez no ganaría nada, más sin embargo su corazón le dictaba que tenía que aclararlo para así estar él más tranquilo. Al no obtener respuesta Candy dio la media vuelta subiendo un escalón que dirigía a la entrada del hogar de Ponny.
-Buenas noches. – Dijo dando la media vuelta sin esperar respuesta, más sin embargo una mano fuerte la tomó por la suya y evitó que abriera la puerta para desaparecer tras ella.
-Espera Candy. – Dijo con su voz aterciopelada en un susurro, como una súplica saliendo desde lo más profundo de su corazón. Candy lo miró con sorpresa abriendo sus verdes ojos al sentir ese simple contacto que la hacía estremecerse y un calor recorría su cuerpo por completo, mientras su corazón se aceleraba incontrolablemente. – Lo de hace un momento fue… - Dijo sin poder impedir que lo interrumpieran.
-No es necesario… - Anthony se acercó rápidamente a ella tomándola por la cintura y acariciando su rostro dulcemente, con apenas un roce. Ella calló su queja.
-Ssshhh no digas nada. – Le decía rozando sus labios, mientras con sus ojos recorría todo su hermoso rostro. Ella le seguía con su mirada. – Déjame hablar pecosa por favor. – Le dijo suplicante mientras acariciaba su rostro con ternura. – Candy, Magdalena no significa nada en mi vida, ella es solo una amiga y no me interesa como mujer. Sin embargo, si hay alguien que ocupa por completo mis pensamientos. – Dicho esto Candy trató de zafarse de su agarre, pero él lo impidió aferrándola más a su cuerpo, iba a protestar de nuevo pero con un leve sonido acallaron el reclamo. – Ssshh por favor pecosa. – Dijo en un susurro con una voz sexy y aterciopelada, una que Candy no conocía pero que le estaba gustando bastante escuchar. – La mujer que amo. – Candy giró su rostro, pero Anthony acercó sus labios a su oído. – Es la única que he amado todos estos años, pecosa, esa mujer eres y has sido únicamente tú. – Dijo ante el asombro de Candy por esa declaración. Su corazón se aceleró más pero esta vez de alegría al escuchar lo que su rubio le confesaba. Anthony estudiaba sus reacciones y se deleitaba con lo que veía. – Déjame terminar pecosa. – Le decía igual de cerca acariciando su rostro. – Tú eres la única niña, la única joven y la única mujer que siempre he amado, sé que tú ya me olvidaste, que lo amas él, pero yo quería que supieras que eres tú y solo tú la que hace que mi mundo gire de cabeza. Te amo pecosa, te amo. – Le decía observando sus bellos ojos iluminarse de alegría y sentía cómo un delicioso movimiento en su pecho subía y bajaba al compás de su respiración. El sonrojo de Candy seguía presente y sus miradas se encontraban una a otra observando el reflejo del contrario en cada uno, sus pupilas se dilataban, sentía que sus manos quemaban su frágil cuerpo y la respiración se tornaba más agitada. Candy no podía hablar, estaba embelesada escuchando las palabras del rubio que le atravesaban sus oídos como en un sueño, deseando que todo fuera verdad. Se atrevió a tocar sus brazos encontrándolos firmes y fuertes, su miraba viajaba de sus labios a sus ojos y su aliento le quemaba muy cerca del rostro.
Lentamente Anthony acercó sus labios a su boca, ella no se retiraba de sus brazos y la chispa del amor se sentía en el aire, él quería esperar una respuesta, pero ya no pudo soportar más la espera y rozó levemente su labios, como si fuera una caricia, como un aleteo de una mariposa acaricio sus labios con los suyos en un efímero y delicado beso, reprimiendo la pasión que tenía en su cuerpo. Ante esta acción Candy intentó sacarlo de la duda también a él, decirle que ella también lo amaba y que ese amor aunque estuvo dormido por culpa de su supuesta muerte, había despertado con más fuerza que nunca. Las palabras apenas audibles salieron de su boca, la cual estaba ansiosa por repetir el anhelado beso una vez más.
-Anthony yo también te… - En eso escucharon un ruido de la puerta y esta cedía abriéndose de pronto, no pudiendo apartarse tan rápido y una hermana María alcanzaba a ver como los jóvenes se separaban nerviosos uno del otro. Candy se ponía más colorada de lo que ya estaba y Anthony se colocaba bajo el escalón nervioso.
-Buenas noches joven Stevens. – Dijo con una sonrisa amable dando a entender que los había visto. – Me parece que ya es un poco tarde. – Dijo tranquilamente.
-Disculpe hermana María, solo acompañé a Candy en el camino y me estaba despidiendo de ella. – Dijo más tranquilo.
-Te lo agradezco mucho Tonny. Candy. – Dijo sobresaltando a la rubia.
-¿Si? – Dijo nerviosa y algo sobresaltada al contestar casi en el acto.
-Creo que ya es hora de entrar.
-Sí hermana… - Dijo volteando a ver a Anthony quien la veía un poco tímido y decepcionado porque no alcanzó a escuchar lo que tenía que decirle, su corazón le gritaba que le iba a confirmar lo que su cuerpo expresaba, que ella también lo amaba, pero su cabeza le decía que debía esperar a escucharlo de sus labios, esta vez no se engañaría una vez más, ya había asumido algo que si fue verdadero no había madurado en ella y ahora quería confirmar que sí, que de verdad lo amaba tanto como él a ella.
-Candy. – Dijo por último intento. – Quisiera invitarte mañana a un día de campo. – Dijo viendo a la hermana María como solicitando su permiso. - ¿Te gustaría ir conmigo? – Preguntó ahora sí, recordando que ya no eran los chiquillos que hacían y deshacían a su antojo. Candy miró a la hermana María pidiendo permiso, sin embargo solo encontró una sonrisa amable, lo que la ayudo a responderle con mayor confianza.
- Te espero. – Le dijo Candy con una sonrisa y un rubor en sus mejillas.
-¿A las nueve? – Preguntó para no levantarla tan temprano, ya que era noche y ambos debían descansar, solo Morfeo sabía si los podría atrapar esa noche. Candy asintió y se despidió con una sonrisa.
Continuará…
¿Avanzaron un poquitito? Ahhh si no hubiera interrumpido la hermana María estos dos ya hubieran terminado de aclarar sus sentimientos, pero por lo menos Candy ya sabe que es ella y solo ella la dueña de los pensamientos del rubio y aunque Anthony presiente que ella le corresponde quiere escuchar que se lo diga… en fin ha de decir "más seguro, mas marrao" jajajaja
Espero que hayan disfrutado el capítulo, porque la verdad me gustó escribirlo y estaba ansiosa de compartirlo con ustedes, casi así como ustedes lo estaban por leerlo jajaja Ojalá les haya gustado y espero sus comentarios por favor. Muchas gracias por estar al pendiente de las historias, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, bendiciones y que Dios las cuide y las proteja a todas, pero por favor denle una ayudadita o.k.
Saludos y un fuerte abrazo par cada una de ustedes.
