Hola hermosas! ¿cómo están? espero que muy bien y encerraditas, para que cuiden mucho su salud por favor, cuiden a sus hijos y a su familia. Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen sin embargo los uso para divertirme un poco, todo es sin fines de lucro y no es apto para menores de edad. Dicho esto ¡COMENZAMOS!
HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Si quieres conocer el amor de una mujer; bésala, cierra los ojos, si la sientes vibrar, no solo le has tocado el corazón, sino que le has acariciado el alma".
PASIÓN
CAPITULO XIII
En una cantina de mala muerte un joven elegante y engreído hacía lo que mejor sabía hacer, beber y apostar con los borrachos del lugar. Estaba perdiendo una vez más y su poca ética y cordura lo habían hecho hacer trampa una vez más, sin embargo esta vez no tendría la suerte de siempre y era atrapado en su cometido, sintiéndose los otros ofendidos por tal desfachatez del moreno.
Desde la barra un joven de barba abundante, lentes oscuros y pantalón de mezclilla los observaba, viendo como acorralaban a dicho joven, no era la primera vez que este joven observaba a dicho caballero, preguntándose más de una vez cuánta tardarían en darse cuenta que les ganaba con "ventaja". Se apresuró a ayudar a aquel desafortunado joven que si bien era bueno para engañar a los borrachos de aquel lugar, no era bueno para los golpes. Una vez que terminó la pelea, tanto el fuereño como el distinguido chico salieron de ese lugar, airosos de haber ganado.
-Gracias. – Sonrió el engreído joven.
-Jack. – Contestó el forastero.
-Neal… Neal Leagan. – Contestó con una mueca. Jack se despidió poniéndose su sombrero y tratando de emprender su camino. - ¿Vas a un lugar específico?
-La verdad no, pero ya estuve varios días en este lugar.
-Ya veo… ¿No tienes trabajo?- Preguntó con una idea pasándole por la cabeza mientras el vaquero negaba con la cabeza, tal vez no había sido mala idea haber ayudado a aquel aristócrata.
-¿De donde vienes?
-De Texas.
-¿A dónde vas?
-No tengo rumbo, tengo más de una semana en Chicago y no he encontrado nada bueno para quedarme.
-¿No te gustaría trabajar para mí? – Preguntó tranquilamente.
-¿De qué? ¿De guardaespaldas? – Preguntó sonriendo, cosa que no le agradó mucho al moreno.
-Serás mi asistente. – Dijo simplemente, el joven vaquero asintió estando de acuerdo, no estaría mal quedarse un tiempo en ese lugar.
La noche parecía interminable, su cuerpo daba vueltas en su gran cama de un lado a otro y la parte contraria solo era pensada para una rubia rizos que seguía en su mente y no lo abandonaba, quería llevársela a su lado y ver su cabello descansar en su almohada, admirar su cuerpo tendido en su cama y marcar como suyo su territorio. Todo era tan confuso, su cuerpo le gritaba que lo amaba, pero sus labios se callaban esas palabras y temía no escucharlas jamás. Muy entrada la madrugada lo venció el sueño durmiendo hasta pasadas las siete y treinta de la mañana, cosa casi imposible para él, se levantó, se dio un baño, se vistió rápidamente y ordenó a la señora Romina un almuerzo para un día de campo.
-Buenos días muchachos. – Dijo interrumpiendo en el comedor la plática de los presentes.
-Buenos días, Tonny ¿Cómo te fue anoche? – Preguntó Tom con cara de travesura.
-Pues yo espero que bien, sino mi sacrificio fue en vano. – Dijo Archie quien recordaba a la joven que había tenido que sacar a bailar para alejarla de Anthony.
-¿Tu sacrificio? – Dijo Stear casi en un grito, sintiéndose ofendido por la queja de su hermano, él fue el que tuvo que soportar a la empalagosa Magdalena y de pilón acompañarla hasta su casa, mientras lloraba todo el camino y se desvivía en insultos para la rubia y su primo. – Sacrificio el mío dirás, tu no tuviste que aguantar a esa mujer, que lloraba como su nombre ¡Como una Magdalena! Y más al acompañarla a su casa, no me dejaba regresar quejándose del abandono de Tonny Stevens.
Anthony escuchaba a sus primos, mientras ellos se quejaban y competían por quien había sufrido más esa noche. Anthony no sabía que Stear había hablado con aquella muchacha tratándole de hacer entender que era lo mejor dejarlo ir, que él no la amaba como ella se merecía y que era mejor que se diera su lugar como mujer, que olvidara a Tonny y buscara a algún otro muchacho que en realidad la valorara, que la quisiera por lo que era y no por lo que tenía. Stear esperaba que las palabras dichas a esa joven hubieran surtido efecto.
-Lo siento chicos, la verdad no tenía contemplado lo sucedido. – Dijo Anthony apenado con sus primos.
-¿NO!? ¡Si todos los años es lo mismo! – Decía Tom divertido. – Desde que el gran Tonny Stevens decidió acompañarme al baile… - Anthony lo miró acusadoramente… - Bueno, bueno, desde que lo obligué a acompañarme, siempre tenemos que salir por la puerta trasera, lo de anoche no fue nada, el año anterior hubo pleito con varias mujeres. – Dijo Tom comenzando a reír, a él le divertía ver como las señoritas se peleaban por su hermano.
-¿De verdad? – Dijo Archie sorprendido. Tom asentía.
-¿Y qué pasó? – Dijo Stear admitiendo que le hubiera encantado ver eso, ante la mirada de desaprobación de Anthony y el levantamiento de hombros de Tom.
-Magdalena se encargó de decir que era su prometido. – Dijo Jhon quien estaba al pendiente de la plática. Todos lo voltearon a ver sorprendidos.
-¿Qué dices Jhon? – Preguntó Anthony.
-La verdad Tonny, Dayana me comentó lo que Magdalena había hecho.
-¿Y por qué no lo dijiste antes? Tal vez Candy escuchó esos rumores. – Dijo quedándose pensativo ante esa posibilidad.
-No te preocupes Tonny, siéntate a desayunar. – Dijo Tom.
-No puedo. – Contestó Anthony con una sonrisa de revista. En eso llegaba la señora Romina entregándole la canasta que dejaba asomar una botella de vino y dos copas. – Tengo una cita. – Dijo ampliando esa bella sonrisa. Salió del rancho con miles de preguntas a sus espaldas y gritos de vitoreo y ánimo que le hacían los cuatro caballeros que dejaba atrás.
-¡Después nos cobramos! – Gritó Archie quien ya pensaba como cobrarle a su primo la noche que había pasado en aquel baile.
-¿Y cómo te cobrarás Archie? – Preguntó Stear curioso a su hermano quien lo miraba divertido.
-No lo sé, el rancho es muy grande tal vez le escriba a Annie y a Patty para que nos acompañen. – Dijo con esa idea cruzándole por la mente.
-Si claro, ¿Y tú crees que Candy lo permitirá? – Preguntó Stear.
-¿Candy? – Preguntó Tom. - ¿Tú crees que yo lo voy a permitir? – Dijo Tom viéndolo a los ojos ante la mirada de desconfianza de Jhon.
- ¡Vamos, Tom! ¿Tú crees que para hospedarla en mí cuarto? ¡Qué va! ¡Hay otras habitaciones!
-De todas formas no me parece correcto. – Dijo Tom. – Además la madre de Annie no lo permitirá, ella no ha vuelto desde que vino contigo de visita. – Dijo Tom extrañando a su otra hermana.
-Tiene razón Tom, Archie. La señora Britter no creo que le permita volver, además de estar preparando lo de la boda.
-¿Boda? – Preguntó Tom sorprendido.
-Así es Tom. – Dijo Stear mientras Archie asentía. – Mi hermanito se sintió tan solo cuando me fui que se comprometió con Annie.
-Stear falta mucho para la boda, no pasará nada si Annie deja un poco los preparativos.
-Uhhh se nota que no conoces bien a Annie, Archie, ella siempre ha sido muy metódica. – Decía Tom.
-De todas formas voy a planteárselo a Tonny. – Dijo decidido, después de haber pasado una noche tan aburrida con la famosa Nancy Donovan, agradecía que Annie era como era y lo comprendía muy bien. Stear también había agradecido que Patty fuera tan dulce como lo era y nada que ver con la empalagosa y chillona mujer que había soportado casi todo el dichoso baile.
Anthony llegaba por Candy y tocaba nervioso la puerta del hogar, como la primera vez que lo había hecho al llegar ahí.
-Buenos días Tonny. – Lo saludó uno de los niños que salía a recibirlo.
-Buenos días Gerald ¿Se encuentra Candy? – Preguntó ansioso buscando al fondo la figura de su amada, la de la hermana María o tal vez de la señorita Ponny.
-No, ella está arriba en su cuarto, con la señorita Ponny y la hermana María, pero están muy raras. – Dijo el pequeño niño con inocencia, tan solo tenía unos siete años y no entendía lo que le pasaba a la chica rubia que los cuidaba o retaba a veces y a sus dos madres.
-¿Raras? ¿Por qué lo dices? – Preguntó confundido.
-Todas están actuando extraño, primero escucho mucho movimiento en el cuarto de Candy, como si corriera de un lado a otro y cuando entra la señorita Ponny y la hermana María a ver qué pasa solo se oyen más gritos.
-¿Gritos? – Preguntó Anthony colocándose a la altura del niño para que le explicara bien las cosas porque no entendía nada. - ¿Qué clase de gritos Gerald? – Le preguntó ansioso, tomándolo por los hombros.
-Gritos así "¿¡Qué me voy a poner!? ¡Hermana María, señorita Ponny, ayúdenme! – Dijo inocentemente el niño. – Ya ni yo que tengo siete años batallo para cambiarme y peinarme. – Anthony solamente sonrió más tranquilo y le sonrió a Gerald.
-No te preocupes, son cosas de mujeres. – Le dijo sacudiendo su cabeza en señal de aprecio. -¿Puedes decirle a Candy que ya llegué por favor? – Gerald asintió y salió a buscar a la pecosa. El simple comentario que le había hecho Gerald le había provocado una inmensa felicidad, Candy estaba emocionada por su cita y eso lo alegraba bastante desbocando su corazón como la primera vez que le tomó la mano.
-Buenos días Tonny. – Dijo Candy tímida mientras Anthony que estaba de espaldas a ella se giraba rápidamente al escuchar su voz. Anthony quedó maravillado con la imagen de su adorada Candy. Ella usaba un vestido de tirantes color azul, sujetado por un cinto en su breve cintura, la forma del vestido le delineaba delicadamente su figura, calzaba unos zapatos de piso y su cabello había sido recogido en una cola alta adornado con un gran moño blanco, algunos rizos habían desobedecido a su lugar y caían desordenados por su frente, un poco de rubor en las mejillas y un tono delicado de rosa se observaba en sus carnosos labios. Una imagen simplemente perfecta para él. Candy lo veía de la misma forma, un guapo vaquero que usaba unos jeans que le marcaban sus formas masculinas, una camisa clara que cubría su atractivo torso y su ahora inseparable texana, lo hacía ver muy sexy y más con la mirada con la que estaba perdido en su imagen. Ambos conocían esas miradas profundas que desde niños habían desarrollado.
-Buenos días princesa. –Dijo sin pensarlo. – Te ves hermosa, Candy. – Eso sí ya lo había pensado desde que la vio ahí parada esperándolo.
-Bueno tortolitos. – Dijo la hermana María que estaba detrás de Candy y a la que ninguno de los dos había notado. – Me parece que ya deberían de irse ya es tarde para el desayuno. – Le dijo apurándolos para que aprovechara el día. Candy se puso un pequeño sweater de color blanco, las mañanas ya amanecían un poco frías y no quería enfermarse. Anthony tomó su mano y al mismo tiempo sintieron esa corriente tan extrañamente familiar, una que no dejaba de aparecer cada vez que tenían contacto.
-Creo que la hermana María tiene razón ¿Vamos? – Preguntó entrelazando su mano y Candy asintió siguiendo los pasos del rubio quien la guió hasta el automóvil.
-¿Iremos en auto? – Preguntó un poco extrañada.
-Creí que sería más incómodo que ir a caballo, y más llevando la canasta con los alimentos. – Dijo Anthony señalando la canasta que estaba en la parte trasera del automóvil y abriendo la puerta del copiloto para ayudarla a acomodarse. Le puso el cinturón de seguridad, cosa que sorprendió a Candy y la puso nerviosa por lo cerca que su mano rozó su cuerpo. Anthony lo sintió y le sonrió guiñándole un ojo coqueto, se colocó en su lugar y encendió el auto tomando rumbo hacia el bosque.
Llegaron a un lugar muy solitario cerca del lago, Anthony la ayudó a bajar y tomaba la canasta buscando el espacio más plano para colocar las cosas. Se colocaron bajo un árbol que estaba un poco más alejado de los demás y acomodó todo con la ayuda de Candy, quien lo observaba ansiosa por lo que la noche anterior le había revelado y que ella no pudo revelar.
-Se ve muy tranquilo. – Pensaba Candy. - ¿Habrá olvidado lo de anoche? No lo parece Candy, porque su mirada es muy especial, me pone ansiosa que me vea así, me gusta mucho. – Decía absorta en sus pensamientos que no escucho lo que rubio le decía.
-¿Candy, Candy? – Preguntó de nuevo al no tener respuesta. - ¿Sucede algo hermosa? – Preguntó con ternura.
-¿Eh? No, lo siento. – Dijo apenada soltando una tímida carcajada. Anthony la veía maravillado por volver a escuchar su cantarina risa.
-Hace mucho que deseaba escucharte reír. – Le dijo tomando su mano para besarla. Candy se dejó querer, pero su rostro se coloreó tan rojo como un tomate. Anthony adoraba esa parte de ella, era tan transparente que su cuerpo la delataba a lo que sus labios se resistían a confirmar. Estaba ansioso por escuchar las palabras completas de la noche anterior, pero se animaba a tener paciencia, ya tendría tiempo de hablar con ella, porque no se iba a quedar con la duda, con lo que ella quería expresarle, si era un "te amo" un "te quiero" o un "te aprecio".
-Yo deseaba tanto volver a verte. – Le decía Candy tímida sin soltarse de su agarre.
Desayunaron tranquilos, Anthony extendió un plato con fruta y emparedados que le había preparado la señora Romina, tomaron un poco de jugo. Candy vio extrañada la botella de vino y las dos copas, Anthony se dio cuenta de ello y pensó que era muy temprano para comenzar a brindar, además aún no estaba seguro si ella aceptaría lo que tenía que decirle.
-Lo siento, la señora Romina lo puso por indicaciones mías. – Candy se dio cuenta de que él había creído que era inapropiado.
-No te preocupes, más tarde brindaremos. – Le dijo guiñándole un ojo coqueto. Anthony sonrió feliz.
-Candy ¿Qué pasó en Inglaterra? – Se animó a preguntar, necesitaba escucharlo de sus labios para saber de una buena vez si era verdad lo que Candy demostraba con su cuerpo, con sus expresiones o definitivamente lo estaba mal interpretando todo.
-¿En Inglaterra? – Preguntó Candy confundida. - ¿Tom no te lo dijo? – Anthony asintió y acarició una de sus mejillas con su pulgar.
-Pero quiero escucharlo de tus labios. – Le dijo mientras con el mismo dedo le delineaba su labio inferior. –Por favor pecosa. – Le dijo tan dulcemente que no podía negarse.
-Me fui a los siete meses de tu desaparición. – Comenzó el relato con una mirada triste. – en el barco conocí a Terry, y lo confundí contigo. – Dijo apresurándose a aclararlo al ver que le ocasionaba incomodidad tan solo escuchar su nombre. – Él fue muy grosero conmigo burlándose de mis pecas, sin embargo yo lo había visto llorando. Cuando llegue al colegio no conocía a nadie, la chica que me recibió fue Patricia O'Brian.
-¿La novia de Stear? – Candy asintió.
-Sin embargo, Eliza se encargó de advertir a todos que yo era adoptada y eso ocasionó que todas las chicas me ignoraran y me veían como si estuviera infectada. Nadie me hablaba. Por el lado de los chicos, Neal se encargó de hacer lo mismo con sus compañeros, salvo Stear y Archie eran los únicos que me hablaban a ellos no les importaba las habladurías de Neal y a… a él. – Dijo en un susurro, no quiso que se sintiera mal.
-¿Terruce? – Preguntó Anthony para que continuara. Candy asintió.
-Yo me sentía muy sola en ese lugar, solo Clean era el único que me acompañaba cuando podía escaparme.
-¿Clean? ¿Se fue contigo? – Candy sonrió y asintió. – Tan rebelde como siempre princesa. – Candy se sonrojó por como la llamaba, era la segunda vez que lo hacía y él no lo había notado.
-Ahí lo volví a ver, en la segunda colina de Ponny, era el lugar donde pasaba mis ratos libres, jugando con clean y dejaba lejos la soledad que sentía, sin embargo yo no sabía que ese lugar era también el refugio de Terry, hasta que un día lo encontré y me reclamó que ese era su lugar, yo le arrebaté un cigarro porque no me parecía que fumara ahí, yo pensaba que estaría igual que los demás, pero me confesó que para él Neal era un idiota igual que los demás. Él era el único que me hablaba aparte de Stear y Archie y las monjas.
-¿Y Annie Britter? – Preguntó, quería saber porque ahora era novia de su primo y como la pecosa había influido en ello.
-Annie se había dejado influenciar por su madre y Eliza, no me hablaba, le avergonzaba hablar conmigo, hasta que un día me pidió que no le robara a Archie, yo no entendía por qué. – Dijo bajando la mirada apenada. Anthony tomó ambas manos y las besaba tiernamente.
-Archie me contó. – Le dijo dándole confianza de continuar.
-Yo no sabía que él estaba enamorado de mí. – Dijo Candy a punto de llorar.
-¿Nunca te enteraste de nuestros sentimientos pecosa? – Candy lo miró sorprendido, negando en silencio. – Archie, Stear y yo nos enamoramos de ti princesa. Desde el primer momento en que te vi me gustaste, el día del baile me enamoré de ti, cuando te perdiste en la cascada supe que te amaba, cuando te enviaron a México supe que no viviría sin ti, cuando te presentaron como una Andrew ante los Leagan soñé casarme contigo y el día de la cacería te iba a pedir que fueras mi novia, sin embargo lo pospuse hasta que viniéramos juntos al hogar de Ponny. – Candy no podía creer lo que escuchaba, él siempre la había amado y ella a él, ella tenía los mismos sentimientos pero a su corta edad no había podido decirlos. – Archie y Stear estaban igual, pero cuando vieron que yo realmente te amaba, fue cuando los tres estábamos tocando tu despedida en el cañón amarillo, me vieron llorar por primera vez de amor por ti y se hicieron a un lado. – Candy quería llorar por las palabras de su amado, sin embargo Anthony la animaba a continuar con su historia.
-Annie escuchó que Archie se me declaraba y salió corriendo desesperada, culpándome de todo yo corrí tras ella, cuando me reclamaba el amor de Archie se delató a sí misma que también había sido adoptada en el hogar de Ponny. Eliza y sus amigas escucharon y le hicieron lo mismo que a mí. Después hablamos y volvimos a ser amigas, Patty poco a poco se hizo nuestra amiga y Annie se hizo de novia de Archie. Cuando Stear y Patty se conocieron, se enamoraron, bueno Patty estaba enamorada desde que lo vio cuando llegó al colegio, pero en el baile del festival de mayo tropezaron ambos perdiendo sus gafas y lo demás es historia de ellos. – Dijo Candy divertida, Anthony no podía dejar de verla, sin embargo aún no le hablaba de la parte dolorosa para él.
-¿Y Grandchester? – Candy se puso nerviosa pero él le daba la confianza para continuar, tenían que hablar sobre su vida si querían darse la oportunidad de comenzar una vida juntos, tenían que sanar sus heridas.
-Él tenía problemas con todos, un día Neal quiso atacarme con sus amigos, pero Terry me defendió. Con un látigo le dio su merecido a los cuatro. – Anthony apretaba sus puños y fruncía sus cejas en señal de que estaba furioso por lo que esa alimaña había tratado de hacer a su amada. – Después lo volví a confundir contigo, Terry era el único que tenía a su yegua en el colegio y yo no sabía, escuché un caballo en medio dela noche y te vi a ti cabalgando. Sentí mucho miedo y corrí hacía ti, caí escaleras abajo y cuando desperté estaba en la enfermería. Había estado delirando tu nombre y Terry era el que me había encontrado. Nos hicimos poco a poco más cercanos, él salía a emborracharse todas las noches, también se encontraba solo, pero por diferentes razones que las mías. – Anthony escuchaba el relato de Candy atento llegando a la conclusión de que se habían acercado por la soledad que ambos tenían y agradecía que Terry hubiera ayudado a Candy a superar su soledad, sin embargo eso no le quitaba el dolor de haberla perdido. Candy terminó su relato hasta la separación que habían sufrido.
-Candy ¿Tú lo amas aún? – Candy se sintió sorprendida por la pregunta.
-¿Qué si lo amo? – Claro que ya no lo amaba. - ¿Qué no es obvio lo que siento? – Se preguntaba hasta cierto punto ofendida al parecer ella no había sido tan clara al respecto. -¿Amarlo? – Preguntó. – Lo quise mucho lo reconozco, me enamoré de él y no te negaré que llegue a pensar en ser su esposa. – Anthony bajaba su cabeza derrotado. – Pero…
-¿Pero? – Preguntó ansioso por lo que pudiera agregar a ese pero.
-Ahora me doy cuenta que todo era un sueño, que lo vivido con él no era real, nuestra relación fue únicamente por carta. Después de dejar el colegio lo vi como tres veces, una en el teatro, otra en el tren cuando partía y la última cuando nos separamos. Era una relación que ahora que analizo bien no hubiera funcionado, yo no podía estar viajando con él o esperar por meses su regreso.
-¿Pero, aún lo amas? – Volvió a preguntar ansioso.
-No… Terry es solo un lindo recuero Anthony. – Le dijo segura, sin embargo esa inseguridad seguía en el corazón del rubio. Trató de desviar un poco la plática para acallar esas dudas de su subconsciente.
-Candy ¿Sabías que yo también iba a ir al Colegio San Pablo? – Le preguntó extendiendo su mano para que lo acompañara a caminar entre los árboles. Candy tomó su mano feliz y lo siguió sin soltarlo.
-¿También?
-Sí, la tía abuela nos había inscrito a los tres, y al parecer yo hubiera ido al mismo grupo que mis primos y Grandchester. Ellos dicen que el primer día de clases tomaron lista y mi nombre fue uno de los primeros que mencionaron, dicen que eso los puso muy tristes.
-Nunca me lo dijeron.
-Ellos no querían verte triste princesa. – Y ahí estaba una vez más, ese mote tan tierno que le decía y que ya se estaba acostumbrando a escucharlo de sus labios.
-Nunca me dejé de sentir triste por ti. – Le dijo segura. Anthony la vio sorprendido.
-¿De verdad? – Preguntó ilusionado.
-Siempre hay algo que me recuerda a ti Anthony. – Le dijo deteniendo su paso.
Anthony se fue acercando a ella haciéndola caminar hacia atrás hasta recargarla en un árbol, tomó sus manos y las subió sobre su cabeza. Candy lo veía expectante, ansiosa, incrementando el ritmo de su respiración y el latir de su corazón. Le habló rozando sus labios y observando fijamente sus ojos, aprisionándola entre el árbol y sus brazos que ahora estaban lado a lado.
-Anoche te confesé que eras la única que he amado. Anoche te desnudé mi alma y mis sentimientos, te abrí mi corazón hermosa, más sin embargo yo no obtuve tu respuesta completa. – Le decía mientras Candy subía y bajaba su pecho al respirar lentamente tratando de tranquilizarse. - ¿Qué soy yo para ti Candy? ¿Qué piensas de mí? ¿Qué me ibas a decir anoche, pecosa? – Le dijo besando su mejilla tiernamente, apenas depositando sus labios en ella. Candy cerraba los ojos disfrutando ese contacto que la hizo estremecer, el sentir su aliento y su respiración acariciando su rostro evitaba que coordinara su cabeza con sus labios, su mente y su corazón. - ¿Tú también qué, princesa? – Volvió a decir recorriendo el camino desde su mejilla hasta llegar a su cuello, sin tocarlo solo rozando levemente su cuello acariciándolo con su respiración. Candy ladeaba el rostro y daba acceso a su cuello, se sentía tan bien el roce de sus labios recorriendo la piel de su cuello dejando un camino cálido sobre él, que le provocaba un poco de frío cuando se esfumaba su aliento de ese espacio.
-Yo también… - Volvía a decir dejando escapar un suspiro abriendo sus labios para dejarlo salir.
-Tú también… - Preguntaba con su voz ronca y apenas audible, siguiendo su cometido y recorriendo el otro lado de su cuello pero al sentido contrario llegando a su otra mejilla mientras Candy seguía disfrutando la sensación que le producía ese leve roce sobre su piel, no la tocaba, pero podía sentir su presencia por la cercanía que este tenía.
-Yo también te amo Anthony. – Dijo por fin las palabras que tanto había anhelado escuchar, dejando ese juego que la ponía ansiosa y que le estaba repartiendo por su cuello y rostro, atrapando por fin sus labios, reclamándolos como ahora suyos, besándola con pasión y dulzura al mismo tiempo, mientras sus manos la aferraban ahora a su cuerpo, una en la cintura y la otra acariciando su espalda. Candy se animó y lo abrazó por el cuello ocasionando que el contacto de sus cuerpos fuera más cercano. Candy suspiraba y gemía por la ausencia de oxígeno y Anthony se separaba solo un segundo para dejarla respirar, pero al jalar aire introducía su lengua para comenzar a explorar su boca, era un beso necesitado, apasionado, era el beso de un joven al que le urgía borrar de su boca los besos dados por otro, era un joven al que le urgía marcar en su cuerpo su piel sobre la de ella, era el beso de un joven que ansiaba reclamar como suyo algo que siempre le había pertenecido, el amor de su princesa. Así estuvieron un buen rato, besándose hasta el cansancio, hasta que sus bocas dolían y estaban rojas de tantas demostraciones de amor, sin embargo sentían los dos que esos besos apasionados y esas caricias tímidas no eran suficientes para calmar la ansiedad que tenían uno por el otro.
Regresaron al lugar donde estaba la cesta, Candy lo veía diferente, lo veía con amor y había algo más en la mirada de ambos, era un sentimiento que comenzaba a despertar y que Anthony sabía de qué se trataba, más sin embargo Candy se negaba a aceptarlo aún. El deseo, era el deseo que ambos sentían recorrer su cuerpo y su piel al estar en contacto una con la otra.
-Te amo Anthony. – Le dijo feliz y completamente enamorada. – Te amo. – Le decía feliz, era como si por haber contenido tanto esas palabras al salir por fin le ocasionaban esa felicidad que le brincaba en el alma. – Nunca se lo había dicho a nadie. – Dijo tímida.
-¿De verdad? – Preguntó con duda, no quería echar a perder el momento y recordar a ese rebelde una vez más. Candy asintió con un movimiento de cabeza y se colgó de pronto de su cuello sorprendiéndolo por su movimiento, provocando que cayeran en el mantel que continuaba en el pasto, ella encima de él.
-¿Estás bien amor? – Le preguntó preocupado. La mirada dilatada y coqueta de Candy le había indicado que así era, ello no había sentido tanto el golpe porque él la había protegido con su cuerpo. Anthony no pudo resistirse a esa mirada y atrapó sus labios una vez más ansioso y gustoso de volver a hacerlo. Anthony se detuvo un rato después al sentir que algo en él despertaba y sentía que si seguía así no podría controlarlo.
-¿Sucede algo? – Pregunto confundida.
-No amor. – Contestó lo más normal que pudo dedicándole una bella sonrisa. Candy le correspondió y se quitó de encima de él.
-Lo siento. – Dijo al darse cuenta de la posición en la que estaban.
-¿Por qué? – Preguntó ahora él confundido.
-¿Te has lastimado? – preguntó para saber si era eso lo que lo había detenido de seguir besándola.
-No te preocupes hermosa, estoy bien. – Le dijo besando su mano y Candy le correspondía con una caricia dirigida a su mejilla. Lo miraba con ternura, con una cara de inocencia que provocaba en Anthony esa pasión que era capaz de sentir por ella.
Candy no se daba cuenta aún del poder que tenía sobre Anthony con solo una mirada de esas. Ella por el inmenso amor que le tenía al verlo sus ojos brillaban intensamente y sus pupilas se dilataban bastante, provocando en el rubio una sensación de calor que nunca había sentido. ¿Sería eso de lo que su padre les habló en las tardes dedicadas a la clase de educación sexual? Lo sabía, estaba seguro de ello y del inmenso amor que sentía por esa rubia y de las reacciones de su cuerpo nadie más que ella en sueños había logrado despertar. - ¿Qué te sucede? – Preguntó al verla un poco sofocada y abanicándose con las manos.
-Tengo un poco de calor. – Dijo Candy sin comprender el porqué. Anthony sonrió satisfecho, sin embargo le gustaba esa inocencia que tenía.
-Está subiendo la temperatura ¿Si quieres nos regresamos? – Preguntó para tratar de complacerla si ella así lo quería, sin embargo él aún quería estar a solas a su lado. Había tantas cosas de qué hablar.
-No. – Dijo Candy tímida, ella tampoco quería irse de ese lugar. – Aún no quiero irme Tonny. – Dicho esto se quitó el sweater que traía, dejando al descubierto sus hombros tan blancos y suaves. Anthony sintió que su corazón se desbocaba al contemplar su delicioso cuello unido a esos hombros que lo tentaban.
-¡Dios, no es consciente de lo que me provoca! – Pensaba Anthony mientras su mirada se tornaba oscura viendo la perfección hecha mujer, su cabello era mecido por el viento, mientras ella trataba de mantener sus rizos fuera de su rostro, Anthony la observaba embelesado con esa maravillosa imagen.
-¿Sucede algo? – Preguntó ella viendo que su amado Anthony la veía detenidamente. Eso le causaba una gran felicidad y unas ganas de besarlo hasta el cansancio.
-Nada. – Le respondió con su voz ronca y sensual. – Eres muy hermosa, siempre supe que sería una mujer muy bella pero eres más bella de lo que yo llegué a pensar. – Candy se sorprendió gustosa de ese piropo que su amado le dedicaba. Él se acercó a ella para poner sus rizos detrás de sus orejas una vez más.
-¿De verdad? – Peguntó como dudando que aquello fuese verdad, nunca nadie le había dicho que era hermosa, ni la habían tratado así tan delicada, pero a la vez tan apasionadamente. Anthony asentía mientras tomaba su mentón para observarla más de cerca, perdiendo su mirada en sus labios tan carnosos que se le antojaba besarlos una y otra vez. Candy cerraba sus ojos por ese contacto que ya empezaba su cuerpo a necesitar.
-Candy. – Le llamo, ella abrió sus ojos para atender a lo que le diría su príncipe. - ¿Quieres ser mi novia? – Preguntó decidido. Candy abrió sus ojos llena de gusto y enamorada, para contestar con un tímido sí.
-Sí Tonny, si quiero ser tu novia. – Le contestó con un susurro muy cerca de los labios provocando una vez más al rubio, quien no se aguantó más y atrapó sus labios en un tierno y húmedo beso, mientras con su mano acariciaba con apenas un roce su cuello bajando después a sus hombros hasta recorrer suavemente su brazo. Ese simple toque tan sutil, tan suave provocó que la piel de Candy se erizara por completo deseando que no se terminara tan pronto esa nueva sesión de besos que habían iniciado.
Anthony terminó recostándola suavemente en el mantel del picnic, mientras la seguía besando suave y delicadamente, de vez en cuando dejaba de hacerlo para observar sus bellos ojos que continuaban cautivándolo como si fuera un adolescente.
-Me parece un sueño tenerte así pecosa. – Le decía muy cerca de su oído, causando en Candy un escalofrío tan placentero que cerraba sus ojos para concentrarse en su voz.
-¿Por qué? – Preguntaba en un susurro mientras disfrutaba los húmedos besos que Anthony repartía por todo su rostro.
-Porque siempre soné con besarte y hoy que puedo hacerlo me parece imposible. – Seguía con su camino de besos desde su frente hasta su mejilla y sus labios, quería recordar el sabor de su boca y grabarlo por siempre en sus labios y su memoria.
-Yo también soñé con poder besarte y me reproché una y otra vez el no haber podido hacerlo. – Anthony la escuchaba feliz, se sentía dichoso de escuchar las palabras de su pecosa.
-Éramos unos niños mi vida, y yo no quise faltarte al respeto, aunque debo confesarte que también soñaba con besarte.
-Lo sé, pero al no tenerte a mi lado, era lo único que yo deseaba.
Anthony siguió con su cometido y dirigió los besos hacia el cuello de Candy quien volteaba su rostro hacia un lado permitiendo que cubriera su cuello de besos y caricias tiernas. Ese contacto para Anthony fue maravilloso, había tenido ganas de deleitarse con el cuello de su amada, tan delicado, tan suave y tan fino, se perdía en esa nueva adicción que le brotaba del alma.
El momento se volvió más apasionado y Anthony no pudo resistirse a dirigirse a sus hombros, los cuales había deseado besar desde que los había descubierto, se había estado conteniendo, pero las palabras que le decía su pecosa lo habían animado a explorar más de su cuerpo, simplemente por el miedo de volver a perderla y por los celos que le causaba pensar que aquel actor inglés había disfrutado de sus caricias.
Candy lo abrazaba con fuerza sobre su cuello y él agarraba una de sus manos aferrado a ella y llevándola por encima de su cabeza, mientras que con la otra la abrazaba a su cintura y a la vez detenía su peso para no aplastarla con él.
Continuará…
¿Qué les pareció!? estos dos chicos ya desataron la pasión de sus cuerpos, aunque el rubio aún tiene celos del rebelde sin causa de Territo, esperemos que eso no les traiga un problemilla a futuro. Espero que les haya gustado el capítulo que apenas comienza la demostración de amor de este par. Espero haya disfrutado mucho el capítulo, espero sus comentarios y las espero en el próximo capítulo.
Saludos y bendiciones para cada una de ustedes.
