Bueno hermosas, terminé antes de tiempo y todo por sus comentarios jajaja me da mucho gusto saber que lees y que estás bien. Les dedico este capítulo a cada una de las personas que leen, a las que dejan un comentario, a las que envían un PM y a ti que lees anónimo a la distancia, estés donde estés no importa país o frontera, espero que con estas letras puedas distraerte un poco y viajar a un lugar tranquilo y feliz.
Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, solo cuento una historia salida de mi mente para distraerte y distraerme, lo hago sin fines de lucro solo por diversión. NO ES APTA PARA MENORES DE EDAD. Dicho esto ¡COMENZAMOS!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Para siempre es mucho tiempo… pero no me importaría si ese tiempo lo vivo a tu lado. Es más que un compromiso, es la promesa de permanecer una vida juntos".
COMPROMISO
CAPITULO XIV
Anthony se debatía entre ser el caballero que Elroy le había enseñado a ser o el vaquero apasionado que había descubierto con Candy que podía llegar a ser. Se levantó de su cuerpo ayudándola a sentarse también, sintiendo que su cara ardía aún por el deseo y su respiración seguía descontrolada. Candy lo miró bajando su vista apenada porque había comprendido que habían cruzado los límites de las buenas costumbres, sin embargo ella no quería detenerse, sentía la necesidad que incrementaba en su cuerpo de seguir demostrando su amor y sintiendo esa demostración.
-Lo siento. – Dijo con su rostro ruborizado por el deseo y la pena al mismo tiempo. Anthony la tomó del mentón y la besó tiernamente en su nariz.
-No mi vida, yo lo siento, debí haberme detenido hace rato. – Le dijo tratando de recomponerse para que sus palabras salieran más normales. – Pero la verdad contigo me es imposible. – Le dijo sincero, sin embargo Candy tuvo la duda de que si nada más con ella le pasaba eso, quería decir que ya había estado con alguien más en esa situación. Pensó en Magdalena y los celos que aquella pelirroja mujer de ojos azules le provocaba en ella, la hacían reaccionar.
-¿Conmigo? – Preguntó mirándolo a los ojos, entendiendo Anthony a qué se refería y sería mejor aclararle las cosas antes de que otra cosa pasara.
-Hermosa, hace tiempo cuando comencé de nuevo a caminar y mi padre Steve me presentó ante todos como su hijo, hubo muchas mujeres que se acercaron a mí. – Candy arqueó una ceja en señal de confusión y molestia carcomiéndole los celos y las dudas de lo que diría, más sin embargo trató de controlarse para dejarlo continuar. – Yo era un joven inexperto de dieciséis años, y estaba dolido, decepcionado y sobre todo muy celoso. – Candy esperaba que continuara su relato pero las lágrimas se apoderaron de ella y comenzaron a salir queriendo ese momento estar sorda para no escuchar lo que venía. Anthony la vio y se preocupó al momento abrazándola con amor para tranquilizarla, sintió que Candy rechazaba su abrazo y le sonrió con melancolía.
-No temas amor, deja que termine mi relato. – Le dijo con súplica mientras le robaba otro beso en su nariz y le secaba con sus labios las lágrimas. Candy asintió más sin embargo el temblor de sus manos era notable. Anthony tomó sus manos y las puso en su corazón. - ¿Lo sientes?
-Sí. – Dijo Candy en un susurro.
-Así ha estado desde que te volví a ver. – Le dijo sincero, su corazón latía aceleradamente, emocionado, feliz, pero sobre todo enamorado. Candy abrió los ojos y un brillo muy especial se desprendía de ellos.
-¿Ha habido muchas antes de mí? – Preguntó avergonzada, pero su curiosidad y sus celos la obligaban a indagar al mismo tiempo que no quería saber nada. Anthony negó con su cabeza.
-Nadie Candy, nadie hay ni habrá antes, ni después de ti.
-¿Entonces? ¿Cómo puedes decir eso? – Candy no entendía entonces esa frase "solo contigo no puedo parar".
-Como te decía, muchas mujeres me asediaron, buscaban algo más de mí que solo conocerme como al nuevo integrante de los Stevens, algunas más atrevidas que otras, se me insinuaron de muchas formas, más ninguna despertó en mi un sentimiento, ni siquiera de deseo o algo carnal. Mi corazón estaba sufriendo y sabía que nadie más podría ocuparlo. – Decía mientras Candy se sentía triste por haberlo hecho sufrir aun así no hubiera sido su culpa.
-Lo siento. – Dijo afligida.
-Tú no tienes la culpa princesa. La vida, el destino, los Leagan, un conjunto de todo, mi necedad y mi terquedad, mi miedo de que algo te pasara a ti o a mis primos, todo eso fue un factor para que sucediera lo que pasó. Pero aun así, un día. –Candy se tensó al escuchar eso. – Magdalena.
-¡Lo sabía! – Pensó Candy furiosa apretando su vestido con molestia.
-Me convenció de que lo mejor era olvidarte, tú estabas con Grandchester, Tom tenía una y otra novia por doquier y yo seguía estancado con tu recuerdo. Me ofreció su ayuda para que lo lograra. – Candy escuchaba queriendo detenerlo, pero algo la animaba a seguir escuchando, quería saber que tan lejos había llegado con ella, quería saber si la había besado y acariciado cómo lo había hecho con ella hacía unos momentos. – En ese momento de soledad y vulnerabilidad que tenía intenté llenar el vacío de mi vida con ella. – Candy se levantó de golpe y se dirigió al árbol que los cobijaba con su sombra ante el asombro de Anthony.
-Princesa. – Le dijo abrazándola por la espalda mientras ella trataba de controlar de nuevo su llanto. – No pasó nada, sin embargo quiero ser sincero con mi historia. – Le dijo para tranquilizarla. – Ella se me ofreció y me besó, acepto que le correspondí al principio pero no sentí nada con ese beso, para mí era como un simple movimiento en mis labios que no me generaba ni calor, ni ansia. La detuve de sus intenciones, más sin embargo no he podido lograr deshacerme por completo de ella, la culpa por haber sido el primero en besarla no me dejaba, por eso he tolerado su presencia, aunque después de eso ya no le permití acercarse a mi estando a solas. -Anthony aún ignoraba quien había sido el primero en la vida de Magdalena, aún creía en algunas de las cosas que le había dicho en el pasado.
-¿Hasta que te insolaste y decías que la extrañabas y necesitabas? – Preguntaba Candy sin poder controlar los celos que le nacían de lo más profundo de su corazón.
-Pecosa, ese día solo te puedo decir que yo solo estuve soñando contigo. – Candy bajó la guardia y él la giró para quedar frente a frente.
-¿De verdad? – Preguntó feliz, iluminándose sus ojos al ver los de él fijamente.
-De verdad mi vida. – Le dijo sosteniendo la mirada.
-¿Sólo fue un beso? – Preguntó aún con lo anterior.
-Para mí nunca fue un beso. – Le dijo siendo honesto, ya que no había sido algo que había nacido de él, para él un beso era lo que acababa de pasar unos minutos atrás.
-¿Y cómo me explicas lo bueno que eres para besar?
-¿Así que soy bueno para besar? – Pensó Anthony con una pícara sonrisa. Candy se ponía colorada como tomate al darse cuenta de lo que había dicho.
-No lo sé amor. – Le dijo coqueto buscando sus labios y jugueteando con su nariz golpeando la suya, tentándola con los labios poco a poco desesperándola porque el beso no llegaba. - ¿Soy bueno para besar? – Preguntó mientras a ambos se les hacía agua la boca para volver a besarte. Candy asentía y cerraba los ojos para recibir ese beso que tanto anhelaba volver a sentir. – Eso es porque tus labios son tan deliciosos que me provocan de sobremanera. –Le dijo por último atrapándolos de nuevo para besarla, disfrutando con ese nuevo contacto la suavidad y dulzura de sus labios, cuidando con cada contacto confirmarle que era ella y solo ella la que lo hacía perder la cabeza con tan solo estar a su lado.
La tarde había caído sorprendiéndolos de pronto, el tiempo transcurrido en ese lugar había pasado tan rápido que no pudieron brindar por su amor.
-¿Creo que será para la próxima? – Dijo la rubia cuando notó que Anthony veía la botella en la canasta, sin embargo todo lo que habían llevado se lo habían terminado.
Se subieron al automóvil dirigiéndose lentamente al hogar, sin ganas de despedirse, Candy lo tomaba del brazo y se aferraba a él sintiendo una infinita paz, por fin después de tantos años su corazón latía con completa dicha y felicidad. Cerró sus ojos para rememorar todo lo acontecido en aquel día tan especial.
-¿Te dormiste mi vida? – Preguntó en un susurro cuando llegaron por fin a su destino.
-No. – Contestó con los ojos cerrados. - Pero así puedo recordar más fácil tus besos. – Le dijo se la misma forma. Anthony sonrió y levantó su rostro obligándola a mirar de frente sus labios.
-Entonces déjame besarte de nuevo para que no se te olviden tan fácil. – Le dijo atrapando sus delicados labios, los cuales sentía dormidos por tanto beso recibido, sin embargo no se molestó en decirlo, sino que se abandonó a esa deliciosa caricia. Anthony abría los ojos y veía complacido el rostro sin fuerzas de su pecosa, la cual bajaba la guardia para abandonarse de lleno a esa caricia a la cual ya era adicta. - ¿Te veo mañana? – Le preguntó muy cerca de sus labios, sujetando con sus manos su rostro.
-No. – dijo Candy al mismo tiempo que movía su cabeza.
-¿No? – Preguntó confundido. - ¿No quieres verme mañana?
-No quiero que te vayas. – Le dijo abrazándolo por el cuello. –Anthony sonrió feliz por el dulce gesto de su amada y la abrazó por la cintura aferrándola a su cuerpo.
-Yo tampoco me quiero separar de ti. – Le decía tierno, sintiendo en ese momento que la primera intención que había tenido con ese picnic, no era tan descabellada como lo había pensado esa mañana, ella también tenía la misma necesidad de estar con él. - ¿Quieres acompañarme a cenar? – Le preguntó feliz. Candy iluminó su rostro con una sonrisa de felicidad.
-¡SÍ! – Dijo con entusiasmo. – Si quiero ir contigo. – Anthony sonrió feliz y la acompañó al interior del hogar para pedir permiso y llevar a su novia al rancho. Después de convencer a la señorita Ponny, ambos salieron felices tomados de la mano para irse rumbo a la casa del rubio. Anthony dirigió su coche al garaje que tenía detrás de la casa y ayudó a Candy a bajar del auto, sorpresivamente la tomó por la cintura y le dio vueltas en el aire provocando que saliera un pequeño grito de emoción y sorpresa.
-¡Me haces tan feliz! – Le dijo emocionado escuchando la risa tan maravillosa que salía de sus labios, la risa más encantadora para él.
-Y tú me haces tan feliz a mí, mi príncipe. – Le dijo emocionada, de pronto Anthony la bajó y la colocó frente a él uniendo sus bocas una vez más con dulzura. Ella lo había llamado su príncipe y eso lo hacía tan feliz, ella siempre fue su princesa y él creía que Candy aún consideraba su príncipe a su tío, pero al llamarlo así a él de esa manera se daba cuenta que ya no consideraba a otro más que a él "su príncipe". Candy le correspondía con la misma dulzura y pasión que él le demostraba siguiendo el ritmo que le indicaban sus labios.
-Tu príncipe, me hace muy feliz que me digas así. – Dijo sincero, sin poder evitar tener esa sonrisa que irradiaba felicidad.
-Tú siempre has sido mi príncipe de las rosas, Anthony. – Le dijo melosa, Anthony no sabía el por qué pero cada que le decía por su nombre con esa sensual voz, perdía la cordura y el deseo por ella aumentaba ocasionando de nuevo que se dedicara a besar desde sus labios hasta sus hombros. Candy de pronto sintió un calor atrapar su intimidad, sintiéndolo incrementar conforme Anthony avanzaba en sus caricias obligándola a abrir los labios y dejar escapar unos suaves sonidos que llegaban a los oídos del rubio, y él sentía que su cuerpo comenzaba a reaccionar de nuevo.
En vez de detenerse como en el bosque aprovechó la intimidad que les brindaba el garaje y dirigió a Candy lentamente hacia la pared del mismo y unió su cuerpo al de ella aprisionándola entre la pared y su cuerpo, sintiendo como esta aumentaba su calor. Candy pegó un brinco por la sorpresa, más no se sentía incómoda al contrario le había agradado esa cálida sensación provocándole un calor por todo el cuerpo y sobre todo en su intimidad.
Anthony se sentía dichoso porque su princesa no lo alejaba, lo que quería decir que ella también disfrutaba el momento que estaban compartiendo. Candy lo abrazó con más entusiasmo ofreciendo su cuello una vez más, de pronto un ruido que provenía de la puerta los hizo detenerse a sus caricias.
-¡Aquí están! – Dijo Stear en cuanto los vio. Ambos rubios los miraban un poco nerviosos y agitados aún. – Te lo dije Archie. – Dijo feliz.
-¡Candy! - Dijo Archie emocionado. - ¡Qué bueno verte gatita! – Le decía sin notar aún el sonrojo de la rubia por el afecto que le proporcionaba su rubio.
-Hola Stear y Archie, Tonny me invitó a cenar con ustedes.
-¡Perfecto! – Dijo emocionado Stear. - ¡Por fin una dama entre tanto macho alfa! – Dijo con tanta gracia que las risas que les había provocado habían ayudado un poco a calmar las hormonas que podían olfatearse en el ambiente.
Los cuatro chicos se dirigieron a la casa, Anthony llevaba a Candy de la mano y los Cornwell notaron ese pequeño detalle, bueno en realidad habían notado algo más, pero no ofenderían a Candy mencionándolo.
-¡Hola revoltosa! – Dijo Tom al verlos entrar. - ¿Qué milagro que vienes a esta hora? – Preguntó cómo no teniendo conocimiento de lo que pasaba, pero veía que no se separaban uno del otro e incluso él mismo había puesto la mesa y el lugar de la rubia era al lado derecho del lugar principal del comedor, lugar que era ocupado por el rubio. Candy notó la referencia cuando Tom le dijo que ocupara su lugar. – Siéntate en tu lugar Candy. – Dijo con una sonrisa traviesa, como todo buen hermano haciéndole bulling.
-Gracias Tom. – Dijo con una amplia sonrisa, feliz, se sentía plena en ese momento, hacía tanto tiempo que no se sentía completa y sabía bien que eso era gracias a la presencia del rubio en su vida. Anthony apartaba la silla para ayudarla a sentar y ella le dirigía una mirada ansiosa, llena de amor. Todos notaron el gesto entre ellos y solo les quedó sonreír felices porque por fin ese par arreglaba sus diferencias.
-Veo que ya todo está arreglado. – Dijo Stear feliz.
-Nos da gusto verlos así Tonny. – Dijo Archie.
-¿A ustedes? ¡A mí! Que tuve que soportar tantos años los malos ratos de Tonny y los berrinches de Candy cuando se encontraba con Magdalena. – Dijo lo último sin pensarlo y tanto Candy como Anthony lo veían de forma recriminatoria. - ¡Perdón! – Dijo Tom apenado. Anthony suavizó su mirada al volver a contemplar a Candy.
-Efectivamente muchachos. – Dijo Anthony dirigiéndose a los tres chicos y a un feliz Jhon que venía de visita con su novia para colocarse en su lugar dispuesto a cenar en familia. – Candy y yo ahora somos novios. – Dijo con una gran sonrisa ante el rubor que Candy experimentaba en su rostro, cuando Anthony le besaba su mano con un beso húmedo y cálido que le erizaba la piel de todo su cuerpo. – Y espero que pronto me acepte como su esposo. – Le dijo viéndola a los ojos. Candy lo observaba feliz abriendo sus ojos verdes con sorpresa y comenzando a humedecerlos por la emoción. – No llores mi vida, eres mucho más linda cuando sonríes. – Le dijo con ternura sabiendo que ella entendería.
-Nada me haría más feliz que ser tu esposa Tonny. – Le dijo feliz mientras los demás los veían emocionados disfrutando el momento, felices por sus hermanos. En eso Anthony se levantó del asiento y se hincó ante la mirada de sorpresa de los presentes, menos de Tom quien ya tenía una idea de lo que el rubio haría y al ver que las copas y la botella regresaba intacta del picnic comprendió que no había podido hacerlo.
-¿Qué tanto habrán hecho? – Se preguntaba a sí mismo.
-En ese caso hermosa, ante todos los presentes y usando el permiso que un día me concedió mi tío William Albert, quiero preguntártelo directamente. – Tomó de su saco una pequeña caja de terciopelo y sacó un hermoso anillo de diamantes, un solitario que no pasaba desapercibido para nadie y que tomó con su mano derecha mientras con la izquierda tomaba delicadamente la mano de su pecosa, se hincó en una rodilla y mirándola a los ojos dijo. – Candy White Andrew ¿Me concederías el honor de ser mi esposa? – Dijo con la voz emocionada, viendo como Candy asentía con su cabeza al estar contenido las lágrimas de felicidad que le impedían hablar.
-Si mi amor. – Dijo apenas audible y Anthony colocó el anillo en su dedo anular izquierdo, incorporándose a la altura de sus labios para besarlos delicadamente. Tom se acercaba con una charola de copas para brindar por la felicidad de los futuros esposos.
-¡Por Candy y Anthony! – Dijo Stear feliz levantando su copa para iniciar el brindis.
-¡Salud! – Gritaron los cuatro chicos y Candy comprendía al ver la botella de vino que Tom había servido, que por eso Anthony había estado desilusionado cuando notó que no pudieron abrir la botella. Él tenía pensado darle el anillo en ese día de campo.
-¡Te amo! – Dijeron al mismo tiempo.
-¡Felicidades! – Decían todos emocionados al ver la felicidad en los rostros de los dueños del rancho Brower, porque ese era el verdadero nombre del rancho de Tonny, ahora tenía que recuperar su sitio en la familia para poder utilizar su nombre y poder ofrecérselo a su amada rubia.
-Gracias muchachos. – Dijo Anthony. – Sobre todo a ti Tom, por haber aguantado tanto mi mal humor. – Dijo por lo que había dicho anteriormente.
-Fue un placer hermano. – Dijo Tom con sinceridad, viendo a los ojos a su hermano del alma, dando una palmada en su hombro y abrazándolo feliz. – Ahora hazla feliz por favor. - Anthony lo miró a los ojos sin necesidad de decir una sola palabra, Tom sabía que así sería.
Cenaron y brindaron hasta tarde y Candy ya tenía que regresar al hogar de Ponny. Se despidió de sus primos y sus hermanos y su prometido la acompañaba hasta el hogar, iban abrazados, caminando felices, platicando sobre sus planes a futuro. Anthony iba feliz, se sentía entre las nubes, una vez que llegaron la abrazó por la cintura con un brazo y con el otro frotaba su brazo para proporcionarle un poco de calor porque la noche comenzaba a refrescar, se quitó su saco y lo colocó en sus hombros para protegerla del clima.
-Nos vemos mañana mi vida. – Le dijo feliz.
-Nos vemos mañana mi amor. – Le contestó dando media vuelta para entrar, cuando Anthony la tomó de la mano y la aferró más a su cuerpo.
-No puedes irte sin darme mi beso de las buenas noches. – Le dijo guiñándole un ojo coqueto. Candy sonrió y lo besó traviesa en la mejilla.
-Buenas noches. – Le dijo. Anthony negó con un movimiento de cabeza y con una sonrisa traviesa, siguiéndole el juego y atrapó sus labios con ansías besándola apasionadamente hasta que sus cuerpos les pedían oxígeno. Candy sintió que sus piernas perdían su fuerza y Anthony la sostenía feliz en sus brazos por la reacción que tenía su pecosa inundándolo de felicidad.
-Ahora sí, buenas noches. – Le dijo en un susurro ayudándola a subir las escaleras que la llevaban al interior de la humilde vivienda.
Candy se giró y le envió un beso al mismo tiempo que le guiñaba un ojo coqueta y Anthony simulaba que atrapaba el beso frotándolo con sus labios para que entendiera ella en donde lo disfrutaba.
Mientras tanto en la mansión Leagan un joven presumido y engreído entraba al salón junto a su ahora inseparable compinche.
-Vaya hasta que apareces. – Dijo Louis mirando con desaprobación a su hijo y a su acompañante. Haciendo un gesto con su rostro le indicó que lo siguiera.
-Jack, espera un momento. – Dijo el moreno siguiendo los pasos de su padre que se dirigía al despacho.
Una sonrisa cínica se curvo en los labios de aquel joven al ver al fondo del salón a una joven pelirroja que si no era la primera vez que la veía, si era la primera vez que la veía a solas.
-Buenas tardes hermosa "señorita". – Dijo lo último recalcándole el mote que le mencionaba. Elisa no se dignó a mirar al tipo que le hablaba, era uno más de los gatos de su hermano, pero era el primer insolente que se animaba a hablarle. – Dije buenas tardes. – Le dijo más cerca de su rostro. Elisa se levantó ofendida por tal atrevimiento.
-¿Qué te sucede imbécil? – Dijo con sorpresa empujando al joven lejos de su presencia y levantándose ofendida. -¡Es usted un atrevido! – Le dijo volteándole la cara y retirándose del lugar. - ¡Nunca más vuelva a dirigirme la palabra! – Le dijo altiva y engreída. Se retiró del lugar ofendida mientras Jack se quedaba en el gran salón esperando a su "jefe".
Mientras tanto en el despachó un joven petulante era retado por su padre.
-¡Tienes que sentar cabeza! ¡No es posible que continúes de vago siendo un bueno para nada!
-¡Por favor, papá! Sabes que no se me dan los negocios. – Decía con cinismo y desfachatez.
-¡Tienes que aprender a trabajar! ¿¡Qué será de nuestra fortuna!? – Decía el engreído hombre tratando de hacer a su hijo entrar en razón.
-¿Tienes la fortuna de mi primo, no? Es más que suficiente. – Louis se tensó ante el comentario de su vástago, sabía que era verdad, pero no le gustaba recordar como la había adquirido.
-¡Sabes bien que ese tema no se toca!¡Y mucho cuidado con que te escuche tu hermana! – Decía ofuscado.
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. – Le dijo con una sonrisa cínica de lado. Louis se frotó la frente al verse descubierto por el inútil de su hijo, no tenía idea de que él estaba enterado. Hacía años que Sara lo había puesto al tanto para que se mantuviera muy cerca de los Cornwell y Candy para ver si averiguaba algo de lo sucedido hacía tantos años, llegando a la conclusión de que Anthony sí había muerto y Tom no había vuelto a abrir la boca.
Neal salió del despacho más tranquilo de seguir con esa vida llena de derroches y libertinaje, encontrándose que Elisa salía del salón molesta dejando ahí a Jack quien se reía con cinismo al ver a la "señorita" Leagan retirarse y centrándose en las fotografías que había expuestas en el salón.
-¿Qué sucedió? – Preguntó Neal desconfiando de su asistente.
-Nada Joven. – Dijo tranquilo. -¿Quién es este joven? – Preguntó curioso señalando a un joven rubio que estaba junto a ellos y otros dos muchachos.
-Ese individuo era mi primo. – Dijo sin tomarle importancia y sin notar que solo había preguntado por él y no por los otros dos.
-¿Era? – preguntó confundido. Ese joven le había recordado mucho al joven Stevens. - ¿El joven Stevens? – Preguntó de nueva cuenta.
-No, Anthony Brower, él murió hace muchos años. – Dijo con una sonrisa de satisfacción.
-Pues si no lo hubiera visto, pensaría que es su doble. – Dijo pensativo.
-¿A qué te refieres? – Preguntó con duda.
-A que hace unas semanas conocí a alguien exactamente igual a él, es más sino fuera por la edad te diría que es la misma persona.
-¿Qué estás diciendo? – Preguntó inquieto.
-Que ese tal Anthony Brower, es idéntico al dueño del rancho Stevens. – Neal se quedó mudo ante esas palabras quedando callado de golpe, sumiéndose en sus pensamientos, al escuchar lo que había dicho aquel sinvergüenza. No dijo más solo una advertencia que sorprendió al joven vaquero.
-Una cosa, no vuelvas a molestar a mi hermana. – Le dijo señalándolo con su dedo. – Ella es alguien muy superior a ti, incapaz de fijarse en un vaquero. – Dijo seguro de sus palabras, cosa que no le agradó mucho a aquel vaquero. – Una cosa más, ni una palabra a nadie de ese joven Stevens. – Dijo Neal frotándose el mentón muy pensativo, tenía que asegurarse bien de que todo fuera verdad.
Anthony no podía dormir, estaba cual gusanito en comal rodando de un lado para otro. Se levantó de su cama ansioso, recordaba los besos y las caricias compartidas con la rubia y eso lo hacía recordar nuevamente las pláticas de educación sexual con su padre Steve, la cuales eran bastante diferentes a las obtenidas en su adolescencia por los maestros que les impartían dicha clase, o las charlas de los hombres en las reuniones que hacían en el campo. Nada de lo que había sentido esa tarde o en los demás encuentros con su pecosa, se acercaba en lo más mínimo a lo dicho por ellos.
Anthony recordaba que su padre les habló directamente a Tom y a él al darse cuenta que eran buscados por tanta chica con la esperanza de poder conquistarlos, variando cada una las estrategias, desde una caída para fingir no poder caminar, hasta la más atrevida como intentar provocarlo con un roce del escote en su brazo. Nada había funcionado con él, sin embargo veía como Tom si tomaba muy bien esos coqueteos y más de una vez había salido a escondidas para verse con alguna de aquellas damiselas.
Salió de su habitación después de observar por la ventana que la luz del cuarto de Candy estaba completamente apagada, suspiró enamorado.
-Candy, ¿Qué me has hecho mi amor? – Aún sentía el calor recorrer su cuerpo y las ansias de seguir explorando y encontrar si realmente era tan maravilloso lo que su padre le había explicado. Steve les habló de ello como algo muy natural, pero fue directo, nada de hablar con propiedades.
-"Recuerden hijos, la mujer es mucho más lenta que el hombre, mientras ustedes están bien acalorados, ellas apenas sientes un sofoco. A la mujer hay que cansarla primero para poder entrar en acción". – Al principio no le quedaba claro a lo que se refería ya que a él solo le habían explicado el acto de amor como algo de común acuerdo, algo que incluía unir el cuerpo de una mujer y un hombre cubriendo su desnudez. Sin embargo Steve les había explicado que no había nada más sublime que rozar la piel de la persona amada con su cuerpo desnudo.
-"¿Cómo cansamos a la mujer? – Preguntaba Tom quien se imaginaba en ponerla a hacer alguna actividad antes de poseerla.
-"Hay muchas formas de hacerlo hijo, hay que acariciarla, besarla, hablarle cosas bonitas al oído y asegurare que esté al punto". – Sin embargo aún esas palabras para dos chicos de dieciséis años no eran muy comprendibles. Las explicaciones dadas por su padre incluían actos que en ese momento por su edad le habían dado hasta cierto punto repulsión y se veían incapaces de hacerlo con alguna dama, sin embargo él como todo joven enamorado viajaba su mente con la única mujer que no sentía ni el más mínimo desacuerdo en realizarlas con ella.
-Acariciarla, besarla, prepararla para hacerle el amor. – Pensaba Anthony, lo que él había estado haciendo esa tarde lo había hecho por instinto, por el amor y el deseo que ella provocaba en su piel y estaba plenamente convencido de que ella también lo estaba disfrutando, además el calor que desprendían ambos cuerpos era igual de intenso, no tenía idea de quien había sentido primero esa sensación.
-"Lo más importante muchachos, cuando encuentren a la mujer con la que quieren experimentar, asegúrense que sea la correcta, porque no es bueno traer hijos al mundo sin desearlo, un hijo siempre es sagrado, así que mucho cuidado". - Les decía serio. – "Y cuando la encuentren hagan lo que les digo, disfrútenla, bésenla y si aun así no están convencidos si está lista pueden palparla de ahí abajo". – Decía con sus toscas palabras, las palabras de un ranchero que no había ido a la escuela y todo lo había aprendido en la escuela de la vida, y quería transmitir su conocimiento en sus hijos, a pesar de ser hasta cierto punto machista, no le agradaba la idea de enseñar a sus hijos con alguna señorita de mala reputación, para él en su juventud no había sido nada agradable.
-"¿Palparla?" – Preguntaba Tom que era el más intrigado en saberlo.
-"¡Claro hijo! Hay que tocarla, con lo que sea con la mano, con la boca, pero asegúrese mijo que esté lista. – Ambos chicos hacían cara de repelús con los comentarios burdos de Steve, pero sabían que nadie más les hablaría del tema a nadie más le interesaría explicarles cómo hacer feliz a una mujer, la mayoría eran hombres machistas que solo buscaban la satisfacción propia. – "Eso les asegurará el primer varoncito mijos, pero no me hagan aún abuelo, toy muy chamaco pa´serlo aún. – Decía con gracia, Anthony lo recordaba con cariño, porque ese hombre le había enseñado más en menos años, que lo que le enseñó su verdadero padre a lo largo de su vida junto a él. – "Una vez que encuentren a la mujer de su vida, ámenla, quiéranla, respétenla, que ella será la que los ayude a salir adelante, será su compañera de vida, la madre de sus hijos".
Los pensamientos rondaban por la cabeza de Anthony, quien seguía sentado en la veranda imposibilitado aún para dormir, lo que había experimentado ese día con la rubia era precisamente de lo que su padre le había hablado.
-Cuando encuentren a la mujer de su vida. – Y efectivamente Candy era la mujer de su vida, y él siempre lo había sabido, la había encontrado siendo un simple adolescente y si bien en esa época sus sentimientos eran más puros e inocentes, si había experimentado una que otra reacción en su cuerpo al sentirla tan cerca, pero lo que hoy sentía hacia ella era algo maravilloso, algo que lo llamaba a investigar qué más había, quería descubrir esos sentimientos y esas sensaciones que le provocaba su contacto, que le provocaba su voz y el simple roce de sus manos con su piel.
Definitivamente ya no era un niño, era un joven que tenía la curiosidad de experimentar al llamado del deseo que sentía por su pecosa, del amor y la necesidad que surgía en su cuerpo de mantenerla ahí para siempre junto a él, de no dejarla ir y pensar ahora sí en hacerla su mujer. Era su prometida, ella lo había aceptado y esperaba que pronto pudiera resolver su situación para poder por fin ofrecerle su apellido. Era con la única que había tenido ese tipo de deseos y sentimientos, a pesar de aquel beso forzado con Magdalena y de las demás muchachas que se esforzaban con apretarse a su cuerpo cuando bailaban con él.
-No tengo duda mi amor, nunca la tuve. Tú has sido el primer y único amor en mi vida Candy. – Cerraba sus ojos y disfrutaba de nuevo el contacto de Candy en sus labios, eso le aceleraba el corazón y le obligaba a tranquilizarse o su instinto despertaría de nuevo.
En eso estaba cuando vio una sombra inmiscuirse por la parte trasera del rancho. Se levantó rápidamente para ver de qué se trataba, por la hora ya se habían retirado todos los empleados y los muchachos dormían cada uno en sus habitaciones.
-¿Quién anda ahí? – Preguntó si temor, nunca habían entrado sin permiso a su rancho. – Se dirigió al lugar donde había escuchado el ruido, sorprendiéndose con lo que se encontró. -¿Qué haces aquí? – Preguntó incrédulo al ver la sombra que se le revelaba de frente.
Continuará…
Bueno avanzamos otro poquito, espero que les haya gustado el capítulo, ya vieron que el rubio está ansioso por casarse con la pecosa, así que se decidió a pedirle matrimonio, esperemos que pronto se resuelva todo para que estén juntos por fin! Y puedan ser felices como solo ellos lo merecen.
Espero no haber ofendido a nadie con este capítulo, pero como saben siempre les aviso antes que es para mayores de edad y para personas de criterio amplio, me costó un poco encontrar las palabras que según yo hablaría el padre de Tom con los muchachos ya que sabemos bien que el señor era un tanto machista y tosco en su manera de hablar. Espero haberme dado a entender.
Quiero agradecer muchísimo a todas y cada una de las personas que han leído esta historia, gracias por tomarse el tiempo de leerla y sobre todo de hacer una crítica con respecto a ella, no saben cómo lo valoro realmente, sé que el número de comentarios es siempre de las mismas personas, la mayoría que lee no se atreve a dejar un comentario, tal vez no se sienten cómodas al expresarlo al público, pero igual les agradezco que lo hagan en privado, el número de visitas diarias me tiene feliz e impresionada, sobre todo de ver que la primera historia EL EFECTO CANDY-ANTHONY sigue aumentando día a día sus visitas, aunque claro está ya se detuvieron los comentarios, solo alguno aparece esporádicamente, pero se siguen registrando lecturas y visitas a diario lo mismo para EN BUSCA DE LA FELICIDAD, que ha sido otra de las que ha recibido muy buenos comentarios, aunque de las cuatro es la que menos visitas tiene. LAZOS DE AMOR estos días ha roto las vistas en varios países, y EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ, ni se diga el capítulo 13 ha roto mis expectativas con más de 100 visitantes en un solo día, las vistas si se elevaron a 280 aproximadamente, eso me dice que aunque no comenten les gusta y en eso me baso para seguir escribiendo. Ojalá se animaran más personas a comentar para que se dieran cuenta que es verdad lo que digo, que cada día siguen aumentando las visitas a cada una de mis historias, eso me hace sentir halagada.
Sé que leen personas de Europa, América y hasta Asia, y por este medio quiero mandar un mensaje a cada una de esas personas que lee, quiero enviarles por este medio mis bendiciones y mis mejores deseos, cuídense, protéjanse, sé que es difícil hacerlo y ruego a Dios que pronto pasemos todo este miedo y angustia que estamos viviendo. Dios los bendiga siempre, un fuerte y sincero abrazo.
Geomtzr
