Por que ustedes lo pidieron aquí les dejo otro capítulo más de esta historia pero ahora si les digo que no sé cuando volveré a actualizarla, me atrasé con la escritura por todo el relajo que se armó, solo espero poder terminarla pronto, espero que sigan disfrutando de la otra porque esa si esta mucho más avanzada, creo que pronto dará fin, espero me entiendan un poquito. Cuídense mucho y protéjanse más... Saludos hermosas y ya saben esta historia no es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"No tienes ni idea de la huella que dejaste en mi corazón, el primer día que me miraste, y mucho menos de lo feliz que me hizo el saber que tú sentías lo mismo por mí, mi amor por ti es más fuerte que la misma muerte".

AMOR

CAPITULO XV

-Buenas noches Tonny. – Contestó Tom con una sonrisa nerviosa.

-¿De dónde vienes?

-Ya lo sabes Tonny. – Le dijo en respuesta mientras bajaba su vista hacia un lado.

-¿A ésta hora? – Preguntó sorprendido Anthony. Tom asintió. -¿Has averiguado algo? – Preguntó incrédulo por la hora en la que estuviera haciendo investigación de campo.

-Lo mismo de antes Tonny. Ella no sabe nada de lo ocurrido.

-¿Estás seguro? – Tom asintió convencido. Se dirigieron a la veranda nuevamente para continuar con su charla. – Tom, no estoy seguro de esto que estás haciendo.

-¿Por qué Tonny? Tú mismo estuviste de acuerdo antes.

-Pero antes no llegabas a media noche, creo que te estás involucrando con ella de otra manera. – Tom sonrió de lado.

-¿Te molestaría que así fuera?

-Sabes bien a lo que me refiero Tom, tú eres muy importante para mí, no quiero verte sufrir.

-No te preocupes Tonny, después de esta noche estoy seguro que no sufriré. – Dijo con una sonrisa tan feliz y tranquila que preocupó a Anthony.

-¿Qué sucedió Tom? – Preguntó angustiado. -¿Y la señorita Jéssica? – Tom cambió su expresión por una de incomodidad por el comentario.

-La señorita Jéssica se irá mañana al otro extremo del país, la mandaron a San Francisco. – Dijo sin mostrar mucha preocupación por ello.

-¿Por qué tengo la sospecha de que eso a ti no te importa mucho? – Tom sonrió complacido.

-Porque así es, la maestra no me deslumbró como todos creían, en cambio ella sí. – Dijo con una sonrisa apareciendo en sus labios y con una mirada llena de deseo que Anthony no había visto desde la primera vez de su hermano.

-Tom, ¿Acaso tú y ella…? – Tom se quedó en silencio levantándose de su lugar y dando la vuelta dirigiendo su mirada al estanque.

-Tonny, he sido su primer hombre… - Dijo tranquilo y feliz.

-¡Tom! ¿¡Cómo pudiste!? ¡Te pueden matar! – Dijo preocupado.

-Nadie me ha visto Tonny. – Dijo tranquilo. – Además valdría la pena.

-¡No sabes lo que dices! – Decía Anthony preocupado imaginándose en el lío que se había metido su hermano.

-No Tonny, tú no sabes lo que es esto que siento por ella. ¿Tú amas a Candy, cierto?

-Por supuesto. – Dijo seguro.

-Bien, yo también la amo a ella.

-¿Cómo es posible? Hace unos días decías estar enamorado de la señorita Jessica.

-No, ustedes asumieron que yo amaba a Jessica. – Dijo aclarando las cosas, y después lanzó un largo suspiro. – Sé que parece imposible Tonny, pero así es. Ella con sus ínfulas de grandeza y su mal carácter ha logrado conquistar mi corazón.

-¿Y tú a ella?

-También, Tonny.

-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo estás tan seguro?

-Porque una mujer no puede fingir en la cama Tonny.

-¡Tom! – Dijo Anthony sorprendido por sus palabras.

-¿Qué? ¡Es la verdad! Fui su primer hombre, fue mía y dice que no se arrepiente que huirá conmigo si es posible. Yo también le puedo dar una vida como la que ella está acostumbrada.

-Tom ¿Estás loco? Ella le dirá todo a su padre, y no es conveniente.

-No te preocupes Tonny, aún no sabe nada.

-¿Cómo estás tan seguro que ella es la indicada? Lo mismo decías de aquella novia misteriosa. – Tom sonrió con una mueca.

-Tonny, aquella novia misteriosa era Magdalena. – Dijo olvidándose de ser un caballero, dio el nombre de la primera mujer que había llevado a la cama, con la que ella había perdido su virginidad y él se había vuelto un hombre, por eso había estado tan interesado en cómo hacer gozar a una mujer para proporcionarle a Magdalena el deseo que su cuerpo le exigía cuando estaba a su lado. Anthony sonrió feliz, liberado.

-¿Magdalena era aquella chica? – Preguntó con cierta paz en sus palabras.

-sí ¿Por qué?

-Ella siempre me dijo que yo había sido el primero que la había besado y siempre me lo echaba en cara sintiéndome culpable por ello.

-Pues te mintió, Magdalena y yo teníamos una relación desde los catorce años, todo fue muy rápido Tonny, nos besábamos e íbamos más allá de los simples besos inocentes y a los dieciséis años ella ya era mi mujer, ambos nos entregamos uno al otro siendo la primera vez para los dos. Sin embargo yo sabía que ella te amaba a ti, pero no podía parar de hacerlo con ella, el deseo era más fuerte que yo y creía que la podía retener. Hasta que me confesó que te amaba y yo por la culpa que sentía me hice a un lado. – Dijo seriamente.

-Lo siento, Tom. – Dijo también triste.

-No lo sientas, al contrario después de ella he conocido a varias chicas y he conocido la diferencia entre el amor y la pasión, la desilusión que me llevé con ella me ayudó a tener experiencia y los consejos que nos daba nuestro padre.

-¿Y crees que con ella es diferente?

-Sí Tonny, con ella es diferente. Ella puede llegar a ser un hielo para los demás pero cuando atraviesas esas barreras te encuentras con que es una chica vulnerable e insegura igual que las demás, pero que tiene una capacidad inmensa de amar. Ella solo esperaba que alguien le correspondiera a sus sentimientos para entregarse en cuerpo y alma… y ambas Tonny… ambas me pertenecen.

-Lo único que te pido Tom, es que tengas mucho cuidado con ella, recuerda que ante todo es una mujer, además en el círculo social que ella se mueve lo que has hecho la deja marcada de por vida. Nadie querrá casarse con ella, podría ser repudiada.

-¡Ella es mía Anthony! – Dio ansioso. – Ella me lo dijo. – Anthony veía con preocupación a su hermano, nunca lo había visto en ese estado por nadie, ni aún por Magdalena quien había resultado aquella misteriosa joven quien había despertado los instintos carnales de su hermano. – Me vas a entender cuando hagas a Candy tuya por primera vez. Es maravilloso hacer el amor con la mujer que amas.

-Lo sé, Tom. – Dijo con una sonrisa boba.

-¿Lo sabes? ¿Acaso Candy y tú?

-¡NO! Candy y yo no hemos pasado más allá de besos Tom. Y caricias. – Pensó. – Sin embargo no puedo negarte que despierta en mí, sensaciones que no había descubierto.

-Lo sé Tonny, ahora entiendo tu amor por ella por tantos años, tal vez si yo la hubiera conocido a Elisa desde que éramos niños, ahora estaría igual que tú. Buenas noches Tonny. – Dijo Tom retirándose a dormir por fin, dejando al rubio preocupado por él y porque su prima no se burlara de su hermano. Él la conocía como fría, cruel, arrogante incapaz de sentir amor por nadie, a pesar de que tenía años sin verla, sabía perfectamente que había seguido molestando a Candy igual que su hermano.

Tonny decidió retirarse a su habitación y tratar de conciliar por fin el sueño, pronto el cansancio y el desvelo lo rindieron por fin a un descanso placentero, abandonándose a los dulces sueños con su pecosa.

Candy no había pasado una noche muy diferente a la del rubio, había soñado con él toda la noche y se repetían los besos y las caricias que habían compartido la noche anterior, buscando sus labios para rozarlos con sus manos y sonrojarse una vez más por tan gratas sensaciones. Una extraña sensación le advirtió algo en su parte baja, una sensación que había tenido antes y un calor que emanaba del mismo lugar y que le obligaba a cerrar sus piernas por instinto imprimiendo un poco de presión para ver si así podía controlar un poco esa cálida sensación ya antes experimentada con solo un recuerdo. Era la misma sensación que había tenido ayer cuando estaba en los brazos de Anthony, más sin embargo había decidido ignóralo, era una sensación muy parecida a la que había tenido por primera vez cuando cuido a Anthony por la insolación y lo había visto desnudo por primera vez.

-¡Anthony! – Suspiraba y el calor se extendía por todo su cuerpo. Se levantó de improviso y se dirigió al tocador para acomodar sus cabellos, y vio la sortija de compromiso, la colocó con delicadeza de nuevo en su mano y la apreció feliz de ser la prometida de su deslumbrante Anthony.

Bajó para encontrarse con sus madres, encontrándose otra agradable sorpresa al vislumbrar al causante de su desvelo, quien como sin falta cada semana proporcionaba de los víveres necesarios para el hogar.

-Buenos días. – Dijo sorprendiendo a todos por haber madrugado, sobro todo a su rubio quien la miraba con ese brillo tan espectacular que desprendían sus ojos cual adolescente enamorado. Ambas mujeres notaron el brillo en los dos pares de ojos que se miraban y se perdían uno al otro, verde-azul se encontraban fijos uno en el otro.

-Buenos días, princesa. – Fue lo que atinó a decir ante el asombro que se había formado entre ellos dos.

-Buenos días Candy. – Decían las dos buenas mujeres, observando a ese par que se comía con los ojos.

-Creo que es hora de tener esa charla con Candy. – Dijo la hermana María a la señorita Ponny.

-Tiene razón hermana María. – Dijo con una sonrisa sin dejar de ver a la tierna pareja de enamorados. -¿Qué? ¿Se refiere a mí? - Dijo sorprendido al ver que la hermana María no le quitaba la vista de encima.

-Señorita Ponny, yo entré al convento siendo una niña, a mí nadie me dio esa plática, yo no la necesité, me convertí en religiosa siendo muy joven, en cambio a usted sus padres si le dieron dicha charla, además me costa que usted es muy buena para hacerlo. –Le dijo la religiosa ya que era la encargada de hablar con las niñas acerca de ello, pero nunca lo había hecho con una joven de dieciocho años, aunque ya algo había hablado con Candy antes de irse con los Leagan, no creía que se le hubiera olvidado ¿O sí?

-¡Está bien, hermana María! Yo lo haré, pero ni crea que es porque no tuvo usted esa plática, que sé muy bien que en el convento les hablan también de la sexualidad. – Le dijo con una sonrisa traviesa.

-Pero no es la misma señorita Ponny. – Dijo algo abochornada.

-Bueno, bueno, ya dije que yo lo haré, pero mientras tanto déjeme ver a ese par que se mira tan bien juntos. – Dijo emocionada la buena mujer, mientras juntaba sus manos enternecida por la imagen que veían sus ojos.

Anthony tenía abrazada a Candy y ambos estaban con los ojos cerrados disfrutando la calidez de ese abrazo. Anthony besaba su coronilla y aspiraba el olor a rosas que desprendía su cabello.

-Adoro el olor de tu cabello. – Le dijo solo para ella.

-Y yo adoro el aroma de tu piel. – Le contestó tímida, igual que él, solo para que él la escuchara.

-Bueno niños. – Dijo la señorita Ponny. – Aún no terminamos aquí. – Les dijo un poco apenada por interrumpir tan tierna imagen. – Ya que terminemos, si Tonny tiene tiempo pueden pasear un poco después de desayunar. – Le dijo guiñándole un ojo a Candy por la sugerencia dada. Candy y Anthony le sonrieron divertidos y encantados con su idea.

-¿Y ese anillo Candy? – Preguntó la hermana María al notar el hermoso solitario de diamantes que adornaba su delicada y blanca mano. Candy se sorprendió por el descubrimiento y volteó a ver a su adorado Anthony para saber si podía decir algo.

-Señorita Ponny, hermana María, he pedido a Candy que sea mi esposa. – Dijo seguro y hablando él mismo con ellas, como el caballero que siempre había sido. – Quiero formalizar mi compromiso con Candy, tan pronto pueda recuperar mi apellido y así poder ofrecerle mi nombre. – Dijo seguro de sus palabras. – Por lo pronto es mi prometida y anunciaremos el compromiso en una fiesta en cuanto el tío William me ayude a arreglar todo este embrollo, pero primero quiero saber si ustedes están de acuerdo con ello. – Preguntó a las dos madres de Candy, quienes los veían divertidas porque aunque se hubieran negado ese par ya estaba comprometido, él le había preguntado y ella había aceptado. Ambos eran mayores de edad y podían casarse sin problemas, sin el consentimiento de ambas partes, sin embargo les alegraba que Tonny hablara con ellas y las tomara en cuenta como figura de autoridad con Candy.

-Tonny, sé perfectamente cuanto amas a Candy. – Candy se sonrojaba feliz por las palabras de la señorita Ponny. – Eso siempre lo hemos sabido y por nuestro lado. – Dijo observando a la hermana María, la cual asintió conforme. – Estamos de acuerdo con ello, pero me gustaría saber lo que Candy opina. – Dijo tranquila se imaginaba que Candy estaba feliz, ya que portaba orgullosa el anillo obsequiado, pero aun así era bueno escuchar por su boca lo que realmente sentía por aquel joven que tanto querían y estimaban ambas. Candy las observó con una sonrisa cómplice, ella sabía que sus dos madres la conocían mejor que ella misma.

-Señorita Ponny, hermana María, ambas son conscientes de que todos estos años siempre faltó algo en mi vida, y ese algo era un alguien. Alguien a quien creí haber perdido para siempre, alguien que se mantuvo siempre muy dentro de mi corazón. Seguí adelante, porque tenía que seguir viviendo, sin embargo el vacío y el dolor que había dejado en mi alma estaba siempre ahí presente, doliendo y aunque quisiera ignorarlo con una sonrisa o siendo positiva era más fuerte que yo. Cuando lo volví a encontrar aún sin saber que era él, su recuerdo agolpaba más fuerte mi memoria y aceleraba el ritmo de mi corazón, aún sin saber quién era, aún sin conocer su rostro mi corazón ya lo había identificado. – Anthony la veía enamorado extasiado por las palabras que decía su pecosa, sí ahora podía decir abiertamente y sin miedo que era su pecosa. – Yo lo amo señorita Ponny. – Dijo mirándolo a los ojos, mientras él tomaba su mano entre la suya para llevarla a sus labios y besarla enamorado en señal de agradecimiento por sus palabras, mientras ella le sonreía enamorada. Sus ojos no dejaban lugar a dudas de que era así. Ambos se amaban y estaban muy enamorados. –Te amo. – Le dijo a él, ante la mirada de satisfacción de ambas mujeres.

-Y yo te amo a ti, pecosa. – Le dijo dulcemente.

Ambas mujeres carraspearon un poco para advertirles de su presencia, porque al parecer lo habían olvidado. Ambos jóvenes se sonrojaron apenados.

Después del desayuno salieron tomados de la mano para pasear un rato antes de que Anthony retomara su trabajo en el rancho, tenía cosas que hacer pero no se negaría el placer de estar con su amada rubia, ya muchos años se había privado de su presencia. Llegaron muy cariñosos al pie del padre árbol, era la primera vez que estaban ahí de día.

-Gracias. – Dijo Candy conmovida al ver las rosas de su amado.

-¿Gracias por qué? – Preguntó extrañado, poniéndose frente a ella para obtener su respuesta.

-Por cuidar las Dulce Candy, cuando me fui de aquí temí que se secaran, pero cada que volvía las veía más grandes.

-Tom las cuidaba por ti en un principio, ya cuando pude hacerlo por mí mismo le pedí que me dejara hacerlo, es así como comencé a tratar a tus madres. – Candy puso cara de tristeza.

-Nunca me dijeron nada.

-No fue su culpa amor, yo se los pedí de favor. Yo estaba muy asustado de que algo malo te pasara, y después yo creo que lo hicieron por pena.

-¿Por pena? – Anthony asintió.

-Ellas fueron testigos de mi sufrimiento. – Candy sintió un dolor en su pecho.

-Lo siento Anthony.

-No amor, tú tenías derecho a salir adelante, yo era un fantasma para ti, pero aun así dolía demasiado. – Le dijo tomando su rostro con ambas manos acariciando sus mejillas suavemente, buscando con su mirada sus ojos los cuales estaban cerrados disfrutando de la caricia proporcionada.

-Tú siempre fuiste para mí como un ángel. – Le dijo sincera. – Un ángel que siempre estuvo en mi corazón y que sin quererlo provocaste infinidad de celos en Terry.

-¿Celos? – Preguntó intrigado. Candy asintió.

-Él no soportaba que le hablara de ti, fuiste muchas veces motivo de discusión entre él y yo. Trató de que yo superara tu muerte.

-… Y lo consiguió… - Dijo Anthony triste, sin embargo Candy negó, mientras el viento mecía sus rizos.

-No, nunca pudo conseguirlo, sin embargo comprendí que ya nunca volverías a mí, me conformaba con tus recuerdos, con tu risa que siempre llevaba en mi mente y mi corazón. Stear y Archie lo sabían muy bien, era como un pacto de silencio entre los tres, ninguno hablaba de ti, por lo menos no delante de mí, y cuando llegaba a suceder se retaban uno al otro y yo trataba de sonreír como siempre buscando ser positiva, con una sonrisa muchas veces fingida, sin embargo no podía quitar ese sentimiento de vacío en mi pecho. No podía ser completamente feliz Anthony. – Le dijo con una lágrima recorriendo sus verdes ojos enrojecidos por la picazón que sentía al empañarse por el llanto. Anthony le secó a besos esas gotas saladas que cubrían sus mejillas y llegaban muy cerca de sus labios.

-Lo siento mi amor, siento haberte hecho sufrir, siento que no hayas disfrutado plenamente de la felicidad que te mereces. – Le decía tierno. – Yo me daba ánimos, por saberte perdida cuando creía que eras muy feliz con Grandchester, eso calmaba un poco mi dolor. Creía que eras feliz y eso a pesar de no tenerte a mi lado me reconfortaba el alma y me animaba a seguir. Eso, y tus visitas, pecosa, siempre que volvías yo a lo lejos podía observar lo bella que estabas y más de una vez me deleité con la melodía de tu risa. – Le dijo sorprendiendo a Candy, la cual nunca lo había notado.

Candy era tan despistada que si bien se hubiera fijado hubiera visto que aquel vaquero que pasaba cerca del hogar, aquel que arreaba el ganado llevándolo a pastar de noche, aquel que estaba cerca del camino cuando se despedía, hubiera advertido que era el mismo chico rubio que la cuidaba a la distancia, eso nadie lo sabía, ni el mismo Tom se había enterado de ello.

-Traté de ser feliz con Terry, pero siempre hubo algo o alguien para impedirlo. – Dijo con una sonrisa decaída, Anthony no supo cómo interpretar eso. – Ahora que sé que estás con vida agradezco a cada algo y a cada alguien el haber puesto una barrera entre nosotros. – Anthony la vio expectante, esperando que terminara de hablar. – Yo no hubiera podido ser feliz con Terry, ni con nadie sabiéndote a ti con vida Anthony. – Anthony no pudo más y cerro la escasa distancia que tenían sus labios demostrándole así a aquel chico tierno e inocente que había sido hace seis años. Aquel chico que moría por darle un beso y por hacerla sonreír toda la vida. Aquel príncipe que un día conoció en el portal de las rosas y que había cautivado su corazón, no porque se parecía al príncipe de la colina, sino porque era un chico noble y de buenos sentimientos, justo y digno de confianza, aquel chico al que un día ella había entregado su corazón y lo había puesto en sus manos para que lo cuidara y lo resguardara, un corazón que Candy comprendía ahora que él tenía, por eso se había sentido vacía, por eso se había sentido incompleta, se había enamorado de Terry, sí, pero había sido un sentimiento diferente, porque su corazón siempre lo tuvo Anthony Brower Andrew y cuando se sintió nuevamente completa y plena fue el momento en el que se enteró que estaba con vida, o tal vez fue cuando lo besó aquella noche por primera vez.

Candy sentía una vez más que el viento soplaba dentro de su corazón tan fuerte que lo hacía latir con más fuerza que nunca, acelerando su ritmo en cada beso, en cada caricia que le proporcionaba el rubio y que la hacía desear que no se detuviese.

Unas risas provenientes debajo de la colina se escuchaban con más fuerza, Candy y Anthony se separaron con delicadeza de su beso, Anthony la miraba enamorado, con deseo, con ganas de continuar ese beso que le debía la vida, ese beso que para él fue como el primero que debió haber robado a su pecosa en aquella colina, ese beso que él se había prometido robarle aquel día de la cacería cuando llegaran a la colina de Ponny y que por fin en ese momento había llegado, un beso tan anhelado y tan esperado por él, si bien, ya habían compartido muchos besos y caricias más atrevidas, la ternura de ese beso era la inocencia reflejada en los dos pequeños que se habían amado desde hacía mucho tiempo atrás.

Los pequeños llegaban a perturbar la tranquilidad y la burbuja que formaban el par de enamorados al estar solos, llegaron corriendo y riendo junto a ellos para jugar y trepar a aquel viejo árbol, aquel que resguardaba con sus ramas cada pequeño que ahí subía. Candy los veía divertida aferrada al pecho de su amado.

-¡Candy! ¡Tony! – Gritó una pequeña emocionada. -¡Miren que alto llegué! – Decía la niña emocionada al ser la primera vez que llegaba a esa altura. Candy y Anthony sonreían felices, incluyéndose en los juegos de los pequeños, como dos niños más, alegres por compartir sus risas.

Ninguno podía desviar las miradas de amor que se dedicaban uno al otro, ninguno quería esconderlas, se amaban y eso era inevitable. Anthony aprovechaba el juego para corretear a su ahora prometida y alcanzarla, atrapándola por la cintura para traerla a su cuerpo. Candy le dirigía una que otra mirada de complicidad cada que tocaba su cuerpo, una mirada coqueta que encendía más las ansias de Anthony.

-¡Señorita Ponny! ¡Hermana María! ¡Candy y Tonny son novios! – Gritó la misma niña que había trepado al árbol y que por un momento habían olvidado. Todos los pequeños reían emocionados al ver que dos de las personas que más querían estaban juntas. Los rodearon con sus pequeñas manos dando vueltas en círculo alrededor de ellos, riendo felices. Candy y Tonny reían junto con ellos, dándole de pronto un beso en la mejilla que hizo que Candy se sonrojara bastante y las niñas reían gustosas, mientras algunos niños hacían mueca de desagrado.

Tonny se despidió de los pequeños y de su amada para retomar sus labores en el rancho, había mucho por hacer y ya se había retrasado un poco, no se arrepentía de haber pasado parte de la mañana con su amada, al contrario, pero sabía que tenía asuntos que atender.

-¿Te veo más tarde hermosa? – Le preguntó tomando su rostro entre sus manos.

-Te veo más tarde amor. – Le dijo en un susurro esperando un tierno y apasionado beso, pero al escuchar las risitas y gritos de emoción de los niños, Anthony se detuvo a medio camino besando su nariz para evitar ser vistos por los pequeños. – Ya me debes varios. – Le dijo Candy guiñándole un ojo.

-Más tarde te los pago con creces. – Le contestó en su oído haciéndola estremecer con ese contacto. – Te amo. – Le dijo de la misma forma, cerrando Candy sus ojos para responderle en un susurro.

-Yo también te amo. – Anthony besaba su mejilla y se despedía orgulloso de la reacción de su pecosa, amaba la forma en la que su cuerpo respondía ante sus acciones, ante una simple caricia, un roce o unas palabras de amor. Sabía que era porque realmente lo amaba y deseaba estar con él, una barrera de miedo y celos iba cayendo casi por completo al sentir a es rubia como suya.

-Mi pecosa, ahora sí puedo decir que eres mía Candy. – Se decía en sus pensamientos, feliz de poder decir seguro que ella era de él. – y yo soy tuyo mi amor, siempre lo fui, siempre fui tuyo. – Anthony tomó su camino rumbo al rancho para emprender su camino a los pastizales y ver cómo iba el ganado, tenía que preparar unas cuantas cabezas que enviaría a Chicago.


Mientras tanto en Lakewood una joven pelirroja leía sentada en el jardín de su mansión.

-Buenas tardes señorita. – Volvía a decir Jack haciendo caso omiso de las órdenes recibidas por su jefe y de los insultos que había recibido de aquella joven.

-Veo que usted no entiende. – Le dijo con desagrado.

-La que veo que no comprende es usted. – Le dijo confianzudamente. – "señorita" – Volvió a decir recalcando con ironía lo último.

-¿Qué quiere decir? – Decía con una expresión de fastidio en su rostro.

-A que yo sé perfectamente que es lo que hace por las noches "señorita" – Le dijo con una sonrisa cínica.

-Es usted un imbécil, hablaré con mi hermano y mi padre para que lo echen. – Le dijo con su típico aire de superioridad.

-Creo que no le conviene eso, sino yo podría decir que alguien la visita por las noches. - Le dijo sorprendiendo a Elisa con sus palabras.

-¡Eso a usted que le importa! – Dijo molesta, sintiéndose perdida y descubierta por aquel desagradable hombre.

-Se equivoca, si me importa. – Le volvió a decir acercándose de más a ella provocando nauseas en la pelirroja al sentir su aliento tan cerca obligándola a girar el rostro con asco. – Claro que yo me puedo callar si usted así lo desea. - Le dijo de nuevo y Elisa abría los ojos buscando en su mirada que era lo que ese asqueroso individuo buscaba en ella. – Solo tiene que ser un poco más complaciente conmigo. – Dijo provocando en Elisa una mirada de completo asco por aquel tipo.

-¡Es usted un atrevido! – Dijo indignada. – Hablaré con mi hermano. – Le dijo creyendo que lo asustaría.

-Su hermano es un cobarde. – Le dijo con una sonrisa de lado. Buscaba acercarse más a la chica para poder saciarse con el aroma que desprendía su cuerpo.

-¡Jack! – se escuchó un grito a sus espaldas. Un furioso Neal que se acercaba a él al ver que estaba importunando a su hermana. - ¿Qué te dije de no acercarte a mi hermana? – Le gritó furioso. - ¡Ella está fuera de tu alcance! – Le dijo de nueva cuenta señalándolo con su dedo. Al joven no le pareció el comentario y apuñó sus manos en señal de coraje por la ofensa recibida.

-¡Elisa, metete! – Le dijo a su hermana enfrentando a aquel descarado que osaba poner los ojos tan alto, sin embargo el saber que era un débil y un cobarde lo hacía temblar ante la mirada peligrosa de aquel individuo. Jack advertía que aquel joven tenía miedo, sin embargo decidió tranquilizarse por el momento, aún no era tiempo de echárselo de enemigo, aún había cosas que tratar, ya después buscaría la manera de detener lo que buscaba de aquella joven engreída.

-Lo siento. – Dijo bajando la guardia, mientras Elisa emprendía el camino hacia la mansión.

-No vuelvas a acercarte a ella. – Dijo tratando de sonar decidido, pero en el fondo cual gallina que era le temblaban las piernas. - ¿Averiguaste algo más del tal Stevens?

-No, solo lo último que te había dicho. – Según Jack el joven que entraba al dormitorio de Elisa era el joven Stevens, pero quería estar seguro cuál de los dos era, tenía que asegurarse antes de cobrar venganza por la ofensa que había recibido.

Lo que ambos chicos no sabían era que desde hacía varios días eran vigilados muy de cerca, así como al viejo señor Leagan, y esos ojos habían observado con desagrado la manera en la que aquel joven se había acercado a aquella chica.

En el rancho de Tonny tres caballeros armados llegaban a solicitar empleo. Anthony siempre contrataba a la gente pero esa vez Tom fue el encargado de contratarlos. Los tres caballeros se encargaron rápidamente de conocer cada uno de los rincones de ese lugar y los posibles lugares donde se podía realizar alguna emboscada, lo mismo había pasado en Lakewood un caballero se agregaba a los trabajadores de Louis Leagan, así como en la mansión de las rosas, lo curioso era que todos aquellos hombres portaban armas.

Continuará…

Hola señoras, señoritas aquí les dejo otro más, con la promesa de que escribiré más estos días jajaja sorry su impaciencia y mi complacencia nos llevo a este punto, me atrasé lo confieso, pero eso no quiere decir que la abandonare jejeje espero que hayan disfrutado el capítulo como yo jejeje, aún no acaba todo el relajo, pero espero que sean pacientes, les mando un beso y mis bendiciones para todas ustedes y sus familias.

Saludos y bendiciones!