Hola señoras, aquí reportándome de nuevo con otro capítulo y me disculpo por no haberlo hecho, pero como les dije antes llegué hasta donde tenía escrito y a pesar de estar en casa tengo que concentrarme en lo que voy a escribir y se me dificulta con mis hijos corriendo por ahí, así que tengo que buscar el tiempo para hacerlo y pues entenderán que lo más importante para mi primero son mis hijos jejeje pero no me olvido de la historia, espero que sean pacientes por favor y esperen los siguientes capítulos, muchas gracias por estar al pendiente les mando un fuerte abrazo y mis mas sinceras bendiciones.
Los personajes de Candy no me pertenecen, sin embargo lo utilizo para distraerme un poco de mis quehaceres, lo hago sin fines de lucro solo por diversión. No es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!
EL HOMBRE QUE MAS TE AMÓ
"Es mejor la deshonra que se ignora, que la honra que está puesta en la opinión de las personas. Que las palabras que salgan de tu boca, sean honestas a las acciones que realizas".
HONRA
CAPITULO XVI
Una cansada y mal humorada Elroy veía con su cansados ojos a su mano derecha, sin comprender completamente del todo lo que sucedía en su mansión.
-¿Por qué hay hombres armados dentro de los límites de la mansión? – Preguntó confundida a George.
-Son órdenes de William, señora Andrew. – Dijo sin ampliar más el tema. La señora Elroy se retiró sin investigar tampoco más el asunto, sin embargo le causaba cierta desconfianza en lo que hacía su sobrino, él no estaba presente, seguía de viaje y su mano derecha se presentaba sin siquiera dar más explicaciones cuando cambiaban la seguridad de la mansión. A pesar de que parecía que todo le era irrelevante si le preocupaba lo que sucedía a su alrededor a pesar de que hacía tiempo que nadie la visitaba, solo aquel viejo médico el cual estaba muy al pendiente de su salud.
Magdalena hablaba en su habitación con Nancy, la chica lloraba desconsolada por los rumores del romance que tenía Tonny y Candy, ella no podía soportar que estuvieran juntos, ella decía que él tenía que amarla, que ella era la única que lo había acompañado aquellos años de soledad y que eso le daba el derecho de ser más que una amiga.
-¡No es justo! ¡Ella lo dejó de amar! ¡Él fue mi primer beso! – Decía la terca muchacha sin recordar que la única que estaba enterada de toda su vida era aquella joven que ya estaba cansada de la misma historia todos esos años, ella también en su momento estuvo ilusionada con el joven rubio, pero al ver como su amiga se aferraba a la idea de conquistarlo optó por tratar de minimizar sus sentimientos, lográndolo poco a poco, sin embargo Magdalena creía que a ella le gustaba Tom.
-Magdalena por favor Tonny, es feliz, es lo importante ¿Por qué no te fijas en su primo? Él también es guapísimo y a leguas se nota que es todo un caballero, fino, educado y de dinero. – Le decía la chica ya que ella había decidido por fin dejar de suspirar por el rubio y concentrarse en el chico de pelo largo y castaño claro que la había sacado a bailar el día del baile, el pobre gatito no se imaginaba que aquella chica solo estaba buscando la oportunidad de encontrar quien le sacara al joven Stevens de su cabeza y ese empujoncito se lo dio Archivald Cornwell con tan solo un rato de baile, solo bastó ese momento para hacerla suspirar por él.
-¿Quién? ¿Stear? ¿Cómo se te ocurre? Es verdad que también es muy guapo, pero no se compara con Tonny.
-Pues yo no sé a cuál irle de los cuatro. – Dijo la joven. – Aunque tengo que admitir que Archivald es todo un caballero. ¿Por qué no vuelves con Tom? – Preguntó indecisa.
-¿Cómo se te ocurre? – Contestó ofendida.
-Tal vez por lo que hubo entre ustedes, puedan volver a enamorarse. – Dijo inocente tratando de ayudar a su amiga, a pesar de su necedad no le gustaba verla en esa situación.
-Lo que hubo entre Tom y yo fue un error, estábamos muy jóvenes, no sabíamos lo que hacíamos. – Dijo de nueva cuenta, sin percatarse ambas muchachas de que le padre de Magdalena había llegado a su hogar, y estaba buscando a su hija para avisarle.
-Antes no pensabas igual.
-Acepto que pensaba que amaba a Tom, por eso me entregué a él, pero ahora quiero a Tonny y me voy a casar con él. – Decía terca la muchacha. – Tonny me dio el primer beso que verdaderamente disfruté. – Le dijo insistente en el tema.
-Tu primer beso fue Tom, Magdalena, y también tu primer hombre, tú misma me lo confesaste aquella vez al decirme que estabas muy enamorada de él y que era un hombre maravilloso. – Le dijo recordándole aquella charla que tuvieron el día que su amiga se había convertido en una mujer en brazos de aquel vaquero, una tarde donde había admitido que había sido maravilloso estar a solas con él en la intimidad de su alcoba.
-¡Cállate! – Dijo Magdalena al momento que se abría la puerta y aparecía el viejo doctor con los ojos llorosos y decepcionados, no era como le hubiera gustado enterarse de que su hija había perdido su honra en brazos del joven Stevens.
-¿Qué es lo que ha dicho, señorita Donovan? – Preguntó con lágrimas a punto de salir de sus ojos.
-Padre yo… - Dijo con pena.
-Todo este tiempo me has dicho que Tonny Stevens ha sido el primero que te ha besado, que por ello él iba a casarse contigo, que le diera tiempo. – Decía el pobre hombre desilusionado por las acciones que su hija había cometido.
-Papá. – Dijo la chica viendo con reproche a su amiga, la cual estaba totalmente avergonzada de haber sido escuchada por el padre de su mejor amiga.
-¡Cállate! – Le dijo el pobre hombre molesto. – Tú y ese joven Stevens llegaron muy lejos, y no voy a permitir que este como si nada al haberte deshonrado. ¡Él debe dar la cara y casarse contigo! – Decía el médico ante la mirada de horror de su hija y a la vez volvía a ver a su amiga con coraje y reproche como acusándola de algo de lo que ella era la única responsable.
Anthony llegaba contento al rancho al finalizar su jornada, llego a bañarse y cambiarse, para prepararse e ir en busca de su amada pecosa, llamó a su yegua, la cual siempre estaba dispuesta a salir de inmediato al chiflido de su dueño, la montó gustoso y se dirigió con entusiasmo al lugar donde se encontraba su corazón.
-Buenas tardes hermosa. – Le dijo al verla salir sonriente y correr a sus brazos para que la arropara en ellos, él la recibió feliz entre sus brazos y sentía automáticamente que ya estaba pleno y completo.
-Buenas tardes, guapo. – Le dijo con su bella sonrisa, causando una breve risita en él por como lo había llamado.
-Te invito a cabalgar. – Le dijo mientras miraba a su yegua que se encontraba detrás de la cerca del hogar.
-Vamos. – Dijo Candy emocionada, tenía ganas de montar de nuevo y más si era en los brazos de su amado príncipe.
Anthony tomó de la mano a su novia y la llevó hasta su yegua, la tomó firmemente por la cintura y la colocó en la parte frente a la silla, después él se agarró fuerte de la silla y se colocó detrás de ella en un rápido movimiento, para después acercarla hacía su cuerpo y apegarla a él, justo como cuando eran pequeños. Se dirigió con rumbo a sus terrenos, deseaba poder mostrarle él mismo todo lo que pertenecía y de lo que pronto también ella sería dueña, aunque él ya la consideraba como tal.
-Mira amor, todo esto es tuyo. – Le decía tierno en su oído, mientras Candy se acurrucaba en su pecho sintiendo mariposas en su estómago.
-¿Mío? – Preguntó confusa en un susurro mientras se estremecía al sentir de nuevo su aliento en su cuello al asentir que así era.
-Pronto serás mi esposa pecosa y todo lo mío es tuyo desde siempre. – Le dijo recibiendo una sonrisa de asombro por parte de Candy. - ¿Sabes una cosa amor? – Preguntó de nueva cuenta con su sensual voz muy cerca de su rostro.
-¿Qué? – Contestó maravillada por como solo su cercanía podía hacerla estremecer.
-Cuando volví a caminar, prometí que compraría estas tierras para obsequiártelas y así estuvieras mucho más cerca de tus madres, así que desde un principio todo esto lo compré y lo hice pensando en ti. –Candy se sorprendía por sus palabras, ya más de una vez Tom le había insinuado que Anthony había hecho todo pensando en ella a pesar de que estaban separados.
-A pesar de que yo… - Dijo con un nudo en su garganta.
-A pesar de que estuvieras con Grandchester. – Dijo con melancolía. – Si amor, mi amor por ti es sincero y desinteresado, pero no te negaré que cada rincón del rancho, cada cimiento levantado está inspirado en ti. El salón es muy parecido al de Lakewood, el cual representa el lugar donde bailamos por primera vez, el despacho me recordaba las veces que nos enfrentamos a la tía abuela y nos retaba por no estar de acuerdo con ella, el cuarto de lectura es única y exclusivamente para ti, especialmente aquel rincón que usabas para leer el interminable libro de los Andrew. La veranda da hacia el pequeño estanque que representa el lago en el cual más de una vez nos encontramos, y el pequeño vivero es un lugar lleno de rosas que representan a aquel portal frente a la mansión donde te vi por primera vez.
-Es lo único que no conozco. – Dijo curiosa.
-¿De verdad? – Preguntó cómo dándose una idea de que no era verdad. Candy asintió. – Tampoco conoces tu habitación. – Le dijo seguro de ello.
-¿Mi habitación? – Pregunto curiosa, Anthony asintió.
-Sí amor, tú también tienes una habitación que esta frente a la mía, aunque…
-¿Aunque qué? – Preguntó muy cerca de sus labios.
-Aunque mi habitación está hecha especialmente para ti y para mí. – Le dijo bajando por fin de su yegua para después bajarla a ella con mucho cuidado y así poder besarla nuevamente una vez más. Atrapaba sus labios con ternura buscando saborearlos más dulcemente, con cuidado, mientras con sus manos recorría su espalda siendo cuidadoso de no ir más allá de ello, buscando intensificar ese cálido beso, buscando lentamente con su lengua la de su amada, invadiendo su boca entrelazándolas para profundizar el contacto, disfrutando tanto ese beso tan apasionado que iba en aumento al aferrarse Candy a su cuerpo para sentir el contacto de su pecho con el de ella, sintiendo Anthony la tibieza de sus senos apretados a su torso.
El contacto de sus bocas se alargó más de lo esperado, disfrutando ambos esos besos tan necesitados que se proporcionaban uno al otro, buscando llenar todos y cada uno de los años que habían estado separados y en los cuales ambos en secreto habían deseado poder hacerlo, a pesar de la edad que ambos tenían siempre habían deseado beber cada uno de sus bocas y saciarse por completo de esa necesidad que ahora tenían de demostrarse día a día que eran el uno para el otro. Decidieron separarse un momento para tranquilizar las ansias que despertaban en sus cuerpos, sobre todo Anthony quien tenía la necesidad de terminar rodando con ella entre sus sábanas, era el llamado de sus instintos de hombre que habían despertado en él y que procuraba acallar para no ofender a su amada.
-¿Sabes cuánto te amo? – Le preguntó Candy a su príncipe, él negó divertido, le gustaba que ella le dijera una y otra vez que lo amaba, le gustaba escucharlo de sus labios. – Pues te amo mucho, mi príncipe, siempre te amé y siempre desee más de una vez estar así contigo, a solas y en tus brazos. – Le decía aferrándose a su cuerpo, colocando su cabeza en el hueco de su cuello, buscando el contacto de sus cuerpos. Anthony no pudo resistir tener tan cerca a su pecosa y atrapó el lóbulo de su oreja con sus labios jugando con él mientras lo recorría con su lengua, Candy dejó escapar un sonido al dejar escapar el aire de sus pulmones, sintiendo que el corazón se le paralizaba ante la delicada caricia a la que era sometida.
-¿Qué sucede mi amor? – Le preguntó en un susurro en su oído, un susurro que era apenas audible para ella y que al ser tan cerca de su oído le provoco un estremecimiento por todo su cuerpo. Candy no pudo hablar, tan solo sentir el aliento de su amado recorrer su cuello una vez más, ahogando sus palabras mientras él seguía concentrado en su cometido. – Te amo, te amo. – Le decía mientras se concentraba en besar su cuello, llegando a las mangas de su vestido que lo detenían a seguir más adelante, sintiéndose frustrado de golpe pero regresando a la realidad en la cual estaban.
-Yo también te amo. – Atinó apenas a hablar la pobre rubia quien sentía que de las piernas se le escapaba la fuerza que tenía. Anthony atrapó sus labios y la beso de nuevo con ternura.
-Me tienes loco, pecosa. – Le dijo sincero, viéndola a los ojos y demostrándole con solo una mirada todo el deseo que le causaba en su cuerpo, su mirada no era la misma sus ojos estaban dilatados admirando su rostro y recorriendo su cuerpo de arriba abajo. Candy no sabía que esperar de aquella mirada, no le incomodaba en absoluto, sino que también ella correspondía a esa mirada de la misma manera, cosa que hizo que Anthony sonriera de una manera victoriosa. La besó de nuevo, pero esta vez de una forma menos intensa, la besaba tiernamente, mientras su yegua se paseaba a su lado como queriendo volverlos a la realidad.
Después de la sesión de besos siguieron caminando por los alrededor del rancho, Anthony quería mostrarle todo lo que había conseguido con tanto esfuerzo y que había prosperado poco a poco, la llevó a las caballerizas, y al lugar donde tenían su casa los empleados que se quedaban ahí, llegaron por la parte trasera del rancho llevándola por fin al pequeño vivero que él mismo había armado.
-Este es el vivero del que te hablé. - Le dijo sintiéndose orgulloso por su obra ya que el de Lakewood había sido hecho especialmente para su madre.
-¡Es hermoso! – Le dijo Candy emocionada al entrar al lugar y ver todo tipo de rosas dentro de él.
-No tan hermoso como tú. – Le dijo besando su nuca, al hacer su cabello a un lado y alcanzar a abrazarla por la cintura desde la espalda, uniendo su cuerpo con el de ella. Candy se emocionó con ese movimiento, sin embargo al ver el enorme rosal de Dulce Candy que tenía al fondo la hizo correr hacia él. Anthony se dirigió hacia donde ella iba, siendo jalado por la delicada mano de su princesa.
-¡Es hermoso Tonny! – le decía emocionada como una niña pequeña olfateando la rosa de la misma forma que lo había hecho la primera vez que la vio.
-Me costó un poco de trabajo volver a recrearla. – Le dijo siendo sincero mientras se recargaba en una mesa que estaba cerca de ahí, para así poder observar ampliamente sus movimientos, veía su rostro, era el rostro de una mujer, ya no era la niña de doce años a la cual regaló su cumpleaños, ya habían pasado seis años desde aquella vez, ahora era una hermosa joven de cuerpo fino y delicado, con una diminuta cintura, unas caderas finas y delicadas y unos pechos que había sentido en su torso suaves y cálidos, sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos, tratando de volver a la realidad de las cosas, si bien ella era su prometida aún no era correcto pensar en ella de esa manera. –Cuando hagas el amor con Candy, me entenderás. – Recordó de pronto lo dicho por su hermano.
-¿Por qué? – Escuchó decir a Candy, pero sin saber lo que había preguntado, ella lo advirtió divertida. - ¿En qué piensas? – Le preguntó ahora con una sonrisa levantándose de pronto y poniéndose frente a ella.
-En ti. – Le dijo aferrándola por la cintura y apegándola a su cuerpo. Candy se sorprendió por el movimiento, sin embargo lo atrapó por el cuello. – En lo mucho que tengo ganas de estar contigo. – Ella no entendía el sentido de esas palabras.
-Ya estamos juntos. – Dijo inocentemente.
-Pero muero de ganas de estar contigo de otra forma. – Le dijo en su oído haciéndola sonrojar al imaginarse de lo que estaba hablando, sonrió sincera y pensó que ella estaba igual de impaciente, más sus labios no pudieron responder, en eso escucharon unos gritos, ambos se miraron asombrados y se dirigieron al lugar donde provenían dichos gritos.
-Buenas tardes. – Dijo Anthony al ver en su casa al médico del pueblo junto a su hija Magdalena quien tenía los ojos llorosos, un mal presentimiento le cruzó por la cabeza y tomó de la mano más fuerte a Candy posicionándola a su lado en señal de nada ni nadie la apartaría de su lado.
-Buenas noches. – Dijo el médico al joven Stevens y a la señorita que estaba a su lado, la cual se veía que era más que su amiga al tenerla entrelazada de su mano. Magdalena los miraba con coraje a ambos, Anthony le sostuvo la mirada firme, sin miedo y la obligó a bajarla avergonzada. Candy no decía nada, tan solo esperaba el motivo de la visita de esa joven.
-¿En qué puedo ayudarle? –Dijo Anthony tratando de ser amable con el médico.
-Vengo buscando a su hermano, joven Tonny. – Dijo el médico viéndole a los ojos a Anthony sin apartar su mirada de él, dando a entender que algo había sucedido con respecto a aquella chica, Anthony la volteó a ver y ella bajó la mirada, imaginándose de pronto de lo que querían hablar con su hermano.
-Tom no se encuentra Sr. Jhonson. – Dijo siendo amable.
-Por favor, le pido que no me lo niegue. – Dijo el hombre a punto de estallar del coraje, el capataz y algunos trabajadores que Anthony no pudo identificar se acercaron a ellos curiosos por los gritos que había estado emitiendo aquel señor.
-De ninguna manera le estoy negando a mi hermano. – Dijo de igual forma, sereno y tranquilo. – Pase por favor, podemos hablar en el despacho. – Dijo de nueva cuenta, dándoles el paso a ambos, sin soltar a Candy de su mano, dirigiéndola junto con él.
Los cuatro entraron al despacho de Anthony sentándose él, frente al escritorio y llamando a Candy para que sentara junto a él, Magdalena observaba aquella acción y se torcía del coraje ante ese movimiento que veía del rubio. El médico vio con incomodidad como su hija se sentía devastada ante esa acción. Anthony se dio cuenta que el medico se sentía incómodo de hablar frente a su prometida.
-Puede hablar con toda confianza señor Johnson, Candy es mi prometida. – Dijo de pronto, ante el asombro de la joven que estaba sentada junto a padre, Candy sintió pena por la chica y bajó la mirada apenada.
-Muchas felicidades, joven Stevens. – Dijo siendo honesto el médico, pero sintiendo una incomodidad porque más de una vez él se había dirigido a aquella joven y había dado a entender que su hija era la novia del joven Stevens, y todo porque su hija le aseguraba que así era. –Primero que nada quiero pedirle una disculpa. – Anthony lo miraba confundido. – Si joven Tonny, lo que sucede es que yo tenía entendido que usted era novio de mi hija. – Dijo ante el asombro de Anthony y Candy quienes al mismo tiempo volteaban a ver a la joven frente a ellos, la cual bajaba la vista apenada.
-Creo que está en un error… - Dijo Anthony para sacar de la duda al pobre hombre.
-No se preocupe joven Tonny, me he enterado hoy de la verdad. – Le dijo bajando su rostro por la vergüenza que sentía. – Mi hija me ha revelado la verdad de su situación es por ello que quiero hablar con su hermano Tom. – Volvió a decir aquel hombre.
-Le repito que mi hermano no está, ¿Qué es lo que viene a tratar con él? – Le preguntó de nueva cuenta, siendo cuidadoso en sus palabras, se imaginaba a lo que había ido, tal vez tenía algo que ver con la revelación que le había hecho su hermano tan solo una noche atrás.
-Lo que me trae es algo muy delicado y no sé si usted esté enterado. – Le decía apenado. Anthony no sabía que decirle al pobre hombre, lo veía abatido y no sabía si decirle que él también estaba enterado. – Vengo a exigirle a su hermano que le responda a mi hija, como el caballero que yo siempre lo he considerado. – Soltó de pronto. Candy abrió los ojos sorprendida comprendiendo el motivo por el cual buscaban a Tom, volteando a ver a Magdalena quien la veía con una mirada desafiante.
-¿Tony puedo pasar? – La voz de Tom se hacía presente en ese momento, ya había sido informado de que lo estaba buscando el médico y a pesar de que no sabía para qué lo buscaban no se ocultaría de él. Stear, Archie y Jhon que también habían escuchado el escándalo permanecían afuera del despacho, sentados en el salón esperando que alguien saliera y les dijera lo que estaba pasando.
-Adelante Tom. – Cuando Tom entró al despacho un furioso médico se dejó ir sobre él atrapándolo por su camisa buscando la manera de obligarlo a cumplir su deshonra.
-¿Qué sucede? – preguntó Tom al sentir al viejo médico en su cuello, muy cerca de su rostro.
-Señor Johnson, por favor tranquilícese. – Le dijo Anthony acercándose a quitárselo de encima.
El pobre hombre trató de tranquilizarse y se dirigió de nueva cuenta junto a su hija.
-¿Qué sucede? – Volvió a decir Tom, volteando a ver a cada uno de los presentes, quienes lo miraban confundido, sin imaginarse lo que pasaba, sin embargo al ver a Magdalena comprendió lo que pasaba, lo que tantas veces había temido se hacía presente. - ¿Por qué ahora? – Pensaba Tom, después de tantos años, precisamente ahora que estaba tan feliz y creía que podía serlo aparecía de nuevo ese pasado que hubiera gustado borrar, ese pasado que lo había hecho sufrir por años y hasta que conoció a Elisa había podido superar.
-¡Sucede que vengo hasta aquí a exigir que sea usted hombre! – Decía el viejo apuntando con su dedo índice al joven vaquero, muy cerca de su rostro.
-¿Por qué hasta ahora? – Preguntó Tom defendiéndose. -¿Por qué después de tantos años, viene a exigir algo que pasó cuando ambos éramos unos chiquillos?
-¿Años? – Preguntó confundido el hombre, volteando a ver a su hija para que lo sacara de la duda. - ¿Cómo que años?
-Papá, vámonos por favor, yo te dije que no tenía caso. – Dijo la joven sin sacar a su padre de la duda. – Te dije que él no respondería por sus actos. – Dijo tratando de hacer quedar mal a aquel joven que un día la había amado tanto.
-Un momento. – Dijo Tom volviendo a ser decepcionado por aquella joven, ella quería hacerlo quedar en mal ante su padre, así que no lo permitiría, él era un hombre y sabía reconocer sus errores así le costara perder al amor de su vida. – Yo soy responsable de mis actos, sé que entre su hija y yo hubo más allá de un noviazgo, señor Johnson y que cruzamos la línea de lo permitido, pero como le digo éramos unos niños de catorce años experimentando ser adultos. – El pobre hombre sentía que le faltaba el aire. – Como le digo, hace tiempo que pasó, yo estaba verdaderamente enamorado de su hija y creía que era correspondido, sin embargo no fue así y nos separamos.
El pobre hombre veía a su hija como si fuera alguien diferente a lo que él conocía, lo que ese joven decía que ellos habían estado juntos hacía más de seis años y él apenas se enteraba de esa deshonra que había sufrido su familia, reconoció que era tonto exigir algo de un muchacho que había actuado con insensatez pero que era un chamaco igual que su hija cuando lo hizo.
-De todas formas, si lo que usted busca es que repare el daño que le he hecho a su hija, estoy dispuesto a hacerlo. – Dijo ante la sorpresa de todos, Candy y Anthony lo miraban sorprendido, Candy porque no creía que fuera justo, él ya no amaba a esa mujer, Anthony porque sabía que había tenido una relación similar con su prima Elisa y si se enteraban los Leagan lo iban a matar sin dudarlo, el médico porque no podía creer que a pesar del tiempo él tuviera las agallas para responder y Magdalena porque no quería que eso se llevara a cabo.
-¡NO! – Fue ella la primera que habló. - ¡Yo no te amo Tom! ¡Lo sabes! ¡Siempre te dije cuando estábamos juntos que yo amaba a Tonny! – Dijo descubriéndose ante su padre, el cual sintió una enorme vergüenza al descubrir que su hija había utilizado al joven Stevens.
-No te preocupes Magdalena, yo tampoco te amo, tengo a quien amar y soy correspondido, sin embargo si tu padre me pide que repare mi error, así haya sido hace más de seis años lo haré. – Dijo decidido, sin embargo sabía bien que aquella chica no accedería, y no sería él el que quedaba mal ante aquella situación.
-¡Yo no me quiero casar! – Dijo molesta. – Con el único que me casaría sería con Tonny. – Decía terca.
-Siento decirte Magdalena, que yo estoy comprometido a casarme con la señorita Andrew desde hace más de seis años. – Hablo Anthony por fin. – Además se me hace una locura obligar a mi hermano a reparar algo que evidentemente no estás de acuerdo en hacer. – Candy lo veía sorprendido, él siempre había considerado su compromiso y lo había dicho delante de todos.
-Tiene usted razón Tonny. – Dijo por fin el padre de Magdalena. –Siento mucho haber venido a importunarlos jóvenes. – Dijo el pobre hombre bajando su rostro avergonzado. Tom sintió pena por él.
-Señor Johnson, mi oferta sigue en pie. – Dijo firme al buen hombre, sentía pena por él, a pesar de saber que sería un sacrificio enorme casarse con aquella joven que aunque era muy hermosa, ya no lo hacía suspirar.
-¡Estás loco, Tom! ¡Yo no te quiero! ¡Nunca te quise! – Dijo para herirlo de nueva cuenta, sin embargo sus palabras ya no herían a su corazón. - ¡Yo siempre quise a Tonny! Y te utilicé para estar cerca de él. - Le decía con amargura, con ganas de lastimarlo, no quería ser la única que sufría y sabía bien que a Tonny no lo podía lastimar, ella si había amado en su momento a Tom, pero quería que él pensara que no era así.
-No te esfuerces en negar que me amaste, Magdalena, yo sé realmente lo que sentiste por mí y me duele que estés sufriendo.
-Vámonos hija. – Dijo el doctor más avergonzado al ver la reacción de su hija. – Siento mucho haberlos molestado. – Dijo tomando del brazo a su hija y llevándosela de ahí casi a la fuerza. – Joven Tonny, les deseo a usted y a la señorita Andrew sean muy felices. – Dijo sinceramente, Anthony y Candy agradecieron con una sonrisa.
-¿Qué ha pasado? – Dijo Stear a ver que se habían marchado la pelirroja y el médico.
-Nada muchachos, que vino el padre de Magdalena para obligarme a casar con su hija.
-¿QUÉ?- Preguntaron ambos Cornwell sorprendidos.
-Lo que oyen muchachos. – Jhon lo veía con melancolía.
-¿Por fin se enteró? – Preguntó a su hermano.
-Sí Jhon, no sé cómo se enteró, porque Magdalena no creo que lo haya hecho.
-No. - Dijo Jhon. – Nancy le comentó a Dayana que las había escuchado hablar en su habitación cuando llegó el médico a su hogar.
-Pobre hombre. – Dijo Anthony. - ¿De verdad te hubieras casado con Magdalena? – Le preguntó confundido.
-Sabes bien mis sentimientos Tonny, pero no iba a permitir que Magdalena me pusiera como el malo de la película, ella trató de hacerme quedar mal ante todos.
-Eso es verdad. – Dijo Candy. - ¿Pero qué hubieras hecho si ella hubiera aceptado? – Anthony y los demás voltearon a ver a Tom ante la pregunta de la pecosa.
-Supongo que tendría que casarme. – Dijo con melancolía por la pelirroja que lo hacía suspirar y no era precisamente aquella de ojos azules, sino una de ojos color marrón la cual había confiado en él plenamente y también le había entregado su virtud.
-Vaya, por lo menos veo que no eres el único que tiene problemas de amor. – Dijo Stear palmeando la espalda de su hermano.
-¿A qué te refieres Stear? – Preguntó Anthony al ver que este se refería a su hermano. -¿Sucedió algo en mi ausencia? – Archie lo veía molesto por su comentario. Stear se comenzaba a reír por la cara que ponía el gatito.
-Lo que sucede es que por la tarde vino la señorita Donovan a traerle unas galletas a Archie. – Dijo conteniendo las ganas de reírse.
-Vaya. – Dijo Tom. – Esas muestras de afecto yo las conozco. – Dijo volteando a ver a Anthony quien sabía muy bien porque lo decía.
-Veo que has conseguido una admiradora. – Dijo Anthony con diversión.
-Vamos Tonny, no le veo lo gracioso, si Annie se llega a enterar me mata y disuelve el compromiso.
-En eso tiene razón Archie, Tonny, Annie es muy celosa y aunque no sé qué le ve a mi hermanito lo ama y él a ella.
-¿Por qué no la invitas a venir, Archie? – Preguntó Candy, volteando a ver a Anthony como pidiendo permiso. - ¿No hay problema verdad amor? – Preguntó al darse cuenta que había hablado antes de consultarle a él.
-Por supuesto que no hermosa, sabes bien que esta casa es tuya. – Le dijo abrazándola por los hombros.
-Me parece una excelente idea. – Dijo Stear.
-Ya lo había pensado Candy, pero aquí Tom no estuvo de acuerdo. – Dijo acusando al vaquero.
-¿Por qué? – Preguntó Candy.
-Porque no es correcto que Annie se quede en el mismo lugar que su prometido. – Dijo tranquilamente.
-Vamos Tom, creo que eres el menos indicado para decir eso. – Dijo Anthony ante la vergüenza que sentía Tom, sabía que era cierto, pero por eso mismo lo decía, él no había sabido mantener en su lugar mucho tiempo a su amiguito y no quería que le sucediera lo mismo a sus hermanas. – Cuando quieran pueden invitar a sus prometidas, las puertas de nuestro rancho. – Dijo refiriéndose a su pecosa y sus hermanos. – están abiertas para ellas.
-Gracias Tonny. – Dijo Stear y Archie abrazando a su primo. Ambos chicos decidían enviar un telegrama a cada una de sus novias solicitando su presencia.
-¿Qué les parece si yo las invito? Tal vez así la señora Britter no ponga objeción, y más si Patty acompaña a Annie. – Dijo Candy, estando de acuerdo los chicos. – Además así puedes darle una sorpresa a Patty, Stear. – Le dijo a su primo ya que sabía bien que su amiga no sabía que él había regresado de la guerra.
Los chicos se pusieron de acuerdo para llamar a las prometidas de Stear y Archie, ya que tenían tiempo sin verlas y ambos las extrañaban, sobre todo Stear que era el que tenía más de seis meses sin verla, solo habían estado en contacto por cartas y hacía más de dos meses que no tenía noticias de su amada. Archie en cambio tenía como tres meses sin saber de Annie, y tenía ganas de verla y más después de que aquella joven le haya demostrado el interés en él.
Candy fue acompañada de nueva cuenta hasta el hogar de Ponny junto a su amado príncipe.
-Amor ¿Crees que sea una buena idea que Annie y Patty se queden en el rancho? – Preguntó dudosa.
-¿Por qué lo dices amor?
-Ellas pueden quedarse conmigo en el hogar, mi habitación es amplia y podemos acomodarnos bien las tres. – Le dijo Candy segura.
-O podrías quedarte tú conmigo y ellas que se queden en tu habitación. – Le dijo coqueto acercándose a ella para robar un rápido beso de sus labios. Candy se sonrojó y tapó su rostro con sus manos. – Será como tú digas amor. – Le dijo para no avergonzarla más, sin embargo la idea que le había expresado era verdadera, moría de las ganas de tenerla junto a él por las noches.
La abrazó con ternura y deposito un tierno beso en sus labios, con mucha dulzura, deseándole que pasara una excelente noche.
-Buenas noches amor. – Le dijo enamorado.
-Buenas noches mi príncipe. – Le dijo perdiéndose tras la puerta del hogar que los separaba, Anthony se regresó caminando a su rancho, iba feliz, contento de estar al lado de ella, ya habían quedado atrás aquellas caminatas que había recorrido semanas atrás reprochándose lo tonto que era por amarla, ahora se sentía caminando en las nubes y le gustaba esa sensación, se sentía pleno, correspondido, y al parecer nadie podía interrumpir esa felicidad.
Continuará…
Bueno señoras y señoritas, aquí dejo otro capítulo más para avanzar de nueva cuenta, espero que lo hayan disfrutado y sobre todo gracias por tener la paciencia de esperar, me ha costado más trabajo actualizar, pero trato de hacerlo para terminar las historias, uno no sabe lo que suceda y es mejor estar preparadas y no quiero dejar las historias incompletas, es algo que me molesta, leer algo que me interesa y enterarme que nunca tendrá un final, en fin por eso las enfado con un capitulo tras otro jajaja.
Espero estén muy bien en sus casas, cuídense mucho y protéjanse más...
Bendiciones
