Hola hermosas, para las que preguntaron donde está el rubio mayor aquí aparece un poquito para que vean que si existe jejeje

Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, sin embargo los tomé prestados para hacer una historia un poco loca y descabellada, lo hago sin fines de lucro y es solo para mayores de edad. ¡COMENZAMOS!

EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Cuando entendamos que toda opinión es una visión cargada de historia personal, comprenderemos que... Todo juicio es una confesión".

CONFESIÓN

CAPITULO XVII

Albert tenía unas semanas que había llegado a Chicago y antes de dirigirse a Lakewood, había organizado un grupo de hombres para que lo ayudaran a la investigación, había pasado semanas en lo mismo y aún no tenía nada claro, tan solo las acusaciones que había hecho su sobrino. George era el único que lo apoyaba y el grupo de investigadores los cuales ya habían encontrado relación entre el accidente de Anthony y el señor Leagan. En la investigación que se generaba habían encontrado a un hombre que en su tiempo había trabajado muy de cerca con el señor Leagan y era el contacto directo con la sórdida historia que había contado su sobrino, lo que Anthony no sabía que el "accidente" el cual había sufrido no era otro más que un intento de asesinato del señor Leagan en confabulación con Sara su esposa por quedarse con la herencia que les había prometido la tía Elroy si Anthony no se casaba con Elisa.

-¿Estás seguro que la tía Elroy no participó en la conspiración? – Preguntó Albert indignado al saber que todo había sido planeado para deshacerse de su sobrino.

-Según lo que el señor James nos comenta no, ella piensa al igual que todos que el accidente del joven Anthony fue eso, un accidente. – Albert se frotaba el mentón pensando qué es lo que haría con su tía, ella ya estaba muy mayor y tal vez no resistiría saber que su familia estaba involucrada en el intento de asesinato de su nieto favorito.

-¿Qué fue lo que pasó, George? – Preguntó ansioso, quería saber todo lo que había pasado.

-El señor James era la mano derecha de Louis Leagan desde 1890.

-Efectivamente, lo recuerdo. – Confirmó Albert. - Mi padre alguna vez comentó algo al respecto, dijo que estaba trabajando con los Leagan desde el año en el que yo había nacido.

-Así es, el dejó de trabajar aproximadamente en 1910, un poco después del accidente de Anthony. – Continuó George y Albert lo alentaba a continuar. – Louis Leagan lo había despedido después de tantos años de trabajo por una discusión que se había efectuado después del accidente, sin embargo nunca se aclaró cuál fue la razón.

-Entonces, ¿El señor James fue despedido o renunció? – Preguntó confundido.

-Louis había dicho que lo había despedido por que no había cumplido una orden que se le dio, sin embargo el señor James me aclaró que él había renunciado porque no estaba de acuerdo con lo que había hecho. Ahí fue cuando comencé a sospechar que el accidente de Anthony había sido planeado.

-¿Él está dispuesto a hablar?

-Efectivamente, el señor James está dispuesto a decir todo lo que sabe de dicho accidente.

-Bien, entonces vamos.

-No es conveniente que vayas tú William. – Dijo George tratando de detenerlo.

-De ninguna manera, se trata de mi sobrino, mi hermana me lo encargó y siempre tuve el sentimiento de culpa de que le había fallado a su promesa. Ahora que sé que está vivo y que su vida sigue en peligro, no voy a abandonarlo. – Dijo decidido exigiendo a George que lo llevara al lugar donde obtendrían la confesión de aquel hombre.

Llegaron a la comisaría, Albert seguía con su apariencia de trotamundos, nadie se imaginaba que era el gran señor William Andrew, ni siquiera el investigador ya que nunca lo había visto.

-Buenos días. – Saludó George con su impecable presencia.

-Buenos días George. – Saludó el investigador Rogers quien era el encargado del caso, trabajaba para William Andrew sin siquiera conocerlo, todo en la más estricta confidencialidad. Veía con duda a Albert, no sabía quién era ni porque estaba acompañando a George.

-El señor Albert es la persona que el señor Andrew designo como emisario para corroborar la confesión del señor James. – El investigador lo vio con indiferencia, se le hacía que eran muchas personas en la sala, pero si eran ordenes de la persona que le pagaba, por él estaba bien.

-Como usted diga. – Fue lo único que respondió. – Bien señor James quiere por favor iniciar lo que recuerda de aquella época. – El señor que ya era un hombre mayor, asintió con su rostro cansado y lleno de culpabilidad por lo que iba relatar.

-Yo comencé a trabajar con el antiguo señor William Andrew, pero al nacer su hijo mayor me envió a trabajar con su sobrino Louis Leagan, y al poco tiempo me hice su hombre de confianza, siempre confiaba en mi para que hiciera todos los trabajos, era un buen patrón y ganaba mucho dinero. Cuando conoció a la señora Sara, quedó deslumbrado por su belleza, se comprometió de inmediato, logrando que el señor William ofreciera un compromiso con la familia de la señora Sara. Cuando se casaron de inmediato llegaron las exigencias de aquella dama, siempre quería tener todo lo último de la moda, y el señor Leagan la complacía en todo, era una mujer joven y bella y él ya le llevaba algunos años. El tiempo pasaba y la señora Rosemary ya tenía a su primogénito y el señor William tuvo que irse de viaje para recuperar su salud, dejó todo en manos de la señora Elroy, ella cuidaba de los hijos del patrón tanto de la señora Rosemary quien aunque estaba casada al viajar tanto su marido era mejor que estuviera en Lakewood con su hijo, el pequeño William era un niño alegre y libre, le encantaba la naturaleza y los animales y siempre cuidaba a su sobrino, le enseñaba el amor por la naturaleza y sobre todo por los caballos, lo enseñó a montar desde pequeño. – El hombre se perdía en sus recuerdos tratando de recordar el orden de los hechos.

-¿Se encuentra bien? – Le preguntó Albert al ver que sus ojos se nublaban de lágrimas por un momento. James reparó en su rostro y lo observó detenidamente, no dijo nada solo le sonrió como si lo hubiera reconocido.

-No se preocupe joven, me encuentro bien. – Le contestó con respeto al momento que cruzó su mirada con la de él.

-¿Puede continuar? – Preguntó el investigador quien tomaba nota de todo lo que aquel hombre hablaba.

-Desde luego. – Contestó seguro una vez que hubo tomado un poco de agua para avanzar en su historia, no sin antes ver de nuevo a Albert y comenzar a relatarle a él lo sucedido. – Cuando nació la hija mayor de los señores Leagan, el patrón estaba muy feliz de que había sido una niña ya que tenía la intención de comprometerla con el hijo de la señora Rosemary, era algo que él pensó desde que nació la pequeña y la señora Sara junto con la señora Elroy lo dieron por hecho, pactando entre ellos ese compromiso, del cual la señora Rosemary nunca estuvo de acuerdo, ella deseaba que su hijo tuviera la libertad de elegir a su propia esposa y su propia vida, ella era tan libre como… - Volteó a ver a Albert y este sin saber porque supo que lo había reconocido. - … su hermano. – Vaciló al mencionarlo.

– Ahí comenzó una lucha por que ese compromiso se hiciera válido, Rosemary nunca lo firmaría, sin embargo la señora Elroy y la señora Sara no iban a desistir en su cometido. Con el tiempo ambos niños crecieron y a la señorita Elisa siempre le metieron en la cabeza que ella sería la prometida del joven Anthony. Cuando la señora Rosemary falleció y se llevaron al joven William a estudiar para que se preparara para su destino, el joven Anthony se quedó a merced de la señora Elroy, con el tiempo llegaron los hermanito Cornwell y ellos le hicieron compañía. La señora Elroy decidió mudarse un tiempo de Lakewood después de la muerte de la señora Rosemary, para así ayudar a aliviar el dolor de su hijo, sin embargo en los años de ausencia, la señorita Leagan seguía siendo instruida por la señora Sara de que un día sería la esposa del joven Brower. – Albert lo veía y sabía que decía la verdad, porque él conocía todo lo que ese hombre platicaba, solo que se había perdido cuando él fue llevado a estudiar a Londres por un tiempo, hasta que terminó y se escapó un tiempo antes de poder ser presentado como el jefe de la familia, cosa que aún no ocurría por ser tan joven.

-¿Qué más? – Preguntó el investigador Rogers cuando lo veía que se callaba por un rato y se enfocaba en los ojos de Albert, después miraba a George y sonreía con melancolía, como pidiendo perdón.

-Los negocios de Louis no iban como él lo esperaba, los gastos de sus hijos y su esposa rebasaban los límites de los caprichos, ella siempre los complacía en todo y trataba de que nunca les faltara nada, comprando a diestra y siniestra, sin embargo el señor Louis nunca decía nada. Lo único que había decidido era la adopción como dama de compañía de la señorita Candy, que coincidió con el regreso de la señora Elroy y sus nietos a Lakewood. – Dijo el buen hombre recordando la vez que llegó a aquella casa. – La jovencita era una niña alegre y muy simpática, sin embargo a la señorita Elisa no le pareció que le llevaran a una amiga que no estaba a su nivel y ella y su hermano se encargaron de hacerle la vida imposible, al mismo tiempo, el joven Anthony se iba enamorando de la señorita Candy, y eso molestaba muchísimo a la señora Sara, que cada vez veía que estaba más lejano el compromiso de su hija y el joven Brower, le hacía muchas maldades a la señorita Candy al mismo tiempo que lo hacían sus hijos. Tenía que actuar, así que habló con la señora Elroy y su esposo para presionar al joven Anthony sobre aceptar el compromiso con Eliza, al no estar su mamá, ni el padre del joven él era el único que podía firmar de consentimiento, ya que sabían que ni el señor William lo haría. – Dijo volviendo a mirar a Albert. Un día se reunieron los cuatro en el despacho de la señora Elroy, llamaron al joven Anthony y lo presionaban para firmar, no sé bien que ocurrió en esa reunión. – Dijo con pesar, costándole continuar con su relato.

-Tranquilícese. – Dijo George al verlo que se quebraba por lo que contaba. – Por favor. – El señor James pasó saliva con dificultad para así poder continuar su relato y tomo un poco de agua para ayudarse a seguir.

-El joven Anthony salió molesto del despacho, gritando que él solo se casaría con la señorita Candy y que si querían se quedaran con su herencia, pero que a él no lo iban a tratar como si fuera un muñeco. Esa fue la última vez que vi al joven Anthony con vida. – Dijo el hombre con tristeza, dejando caer unas lágrimas por sus cansados ojos.

-¿Qué sucedió después?

-El señor Leagan era otro después de esa reunión, estaba furioso porque no había conseguido que el joven Anthony firmara el compromiso matrimonial con su hija. La señora Sara era la más ofendida.

-¿Y la tía abuela?

-La señora Elroy les había dicho que no podía obligarlo de ninguna forma a firmar, que el único que podía hacerlo por él era su padre y que no tenían la menor idea de cuando volvería el señor Vincent. La señora Sara le recordó que si era verdad que les daría la herencia si Anthony no se casaba con Elisa y la señora Elroy dijo que no podía hacer eso, que el joven Anthony era el siguiente en la línea de sucesión después del hijo del Señor William y que no podía desheredarlo, que la única forma de ceder su fortuna era que él no estuviera. Ahí fue cuando la señora Sara tuvo ese pensamiento.

-¿Qué pensamiento? – Pregunto el investigador.

-Al volver a la mansión yo iba en el asiento delantero junto al chofer, y ambos escuchamos que la señora Leagan convencía a Louis que tenían que hacer algo para obtener ese dinero, que la situación de ellos ya era insostenible. No era verdad aún tenían dinero suficiente para seguir su vida, pero las exigencias de la señora eran cada vez mayores, amenazó con dejarlo y ahí fue cuando el señor Louis se decidió. Dejaron de hablar cerca de nosotros y comenzó la conspiración para deshacerse del joven Anthony.

-¿Cómo estás tan seguro de ello? – Preguntaba el investigador tratando de obtener la verdad.

-Cuando sucedió el accidente del joven Anthony, el señor Louis estaba muy nervioso, estaba muy cerca del lugar donde ocurrió, yo iba con él, escuchamos unos gritos pero no me dejó que atendiera de inmediato, me detuvo diciendo que no sabíamos que era lo que sucedía y debíamos esperar si se escuchaba algo más. Ninguno escuchamos más hasta que poco después se escucharon los gritos de un joven quien llamaba a los jóvenes Anthony y Candy. Ahí fue cuando salí a todo galope para ver que ocurría y el señor Leagan me trató de detener, sin embargo no lo logró, cuando llegue al lugar ahí se encontraba el señorito bañado en sangre con la señorita Candy en los brazos de un muchacho. – Decía el pobre hombre con la mirada bañada en llanto.

-¿Por qué no habló con nadie acerca de ello?

-¡Si lo hice! Hablé con la señora Elroy, sin embargo ella no atendía a nadie, estaba perdida en su dolor. Cuando yo revisé las riendas del caballo del joven, me di cuenta que habían sido manipuladas.

-¿A qué te refieres con manipuladas? – Preguntó el investigador.

-Alguien había cortado casi por completo la rienda del caballo, por eso me había extrañado que el joven no hubiera podido mantenerse sujeto del caballo después de haber ganado aquel rodeo.

-¿Está usted seguro?

-Completamente. Alguien había cortado la rienda del caballo y por eso no pudo mantenerse en su lugar, el señor Leagan se dio cuenta de lo que había sucedido y me envió de inmediato a la mansión para que atendieran a la señorita Candy, y me ordenó que guardara silencio.

-¿El señor Leagan se quedó con el joven Anthony? – El señor James asintió.

-Cuando regresó a la mansión avisó que el joven había muerto y que necesitaba ayuda para trasladar el cuerpo. Yo me ofrecí de inmediato, el médico atendía a la señorita Candy y parecía que solo estaba desmayada por la impresión.

-¿Qué sucedió cuando llegaron por el cuerpo del joven?

-No había nadie, no estaban ni el señor y el joven que habían llegado primero, pero ya habían pasado varias horas desde que había ocurrido el accidente, el señor Louis estaba muy nervioso, y cualquier cosa lo molestaba, cada vez estaba más irritado, me envió de nuevo a la mansión diciendo que había enviado a esas personas para que se llevaran el cuerpo del joven. Después apareció el féretro sellado, nadie pudo abrirlo, unos porque no se atrevían y otros porque les dijeron que había quedado irreconocible, pero yo no recordaba que hubiera sucedido así, el rostro del joven era el mismo, parecía que estaba dormido si no fuera por el golpe de su nuca.

-¿Entonces tú nunca viste el cuerpo?

-No, nadie lo vio, solo el señor Leagan.

-¿Qué sucedió después?

-Yo revisé las los alrededores del accidente, y la trampa en la que había caído el caballo del joven no era igual a las que utilizábamos, era diferente, además se había dado la orden de recoger todas y cada una de ellas para evitar así un accidente como ese, la trampa había sido colocada después, a propósito porque ese lugar era la colina que el joven Anthony frecuentaba y yo mismo había limpiado la zona días antes. A los días escuché hablar a los señores Leagan, la señora Sara le reclamaba que no hubiera permitido deshacerse de la señorita Candy y él le decía que se conformara con que obtendrían la herencia del joven Anthony, ellos se dieron cuenta de que yo los había escuchado y fue ahí cuando comenzaron los problemas conmigo.

-¿Cómo que los problemas?

-Yo les hice ver de la rienda del caballo, que alguien la había cortado, también les hice mención que la trampa para zorro era distinta a la que ellos usaban y que deberían de poner una denuncia para que investigaran, sin embargo nunca lo hicieron y cuando yo cuestionaba me decían que no me metiera en cosas que no eran de mi incumbencia, después renuncié porque no soportaba el pensar que ellos eran los que habían conspirado en el "accidente" del joven.

-¿Por qué no acudió a las autoridades?

-Nadie me creería, la rienda del joven desapareció misteriosamente y nadie creería mi historia, los Leagan me habían dicho que solo eran especulaciones mías y que nadie me creería, que su poder era mucho mayor. Y así era sobre todo cuando recibieron el dinero del joven Andrew.

Albert agradeció al señor con una palmada en su espalda, sabía que él lo había reconocido y sin embargo siguió respetando su anonimato.

-Gracias James. – Dijo solo para que el señor lo escuchara.

-No tiene que agradecer joven, yo siempre estimé mucho a su padre. Salúdelo de mi parte. – Le dijo con una sonrisa, el buen hombre no sabía que su padre hacía tiempo había fallecido y que él era ahora el patriarca de la familia. Albert asintió con una sonrisa de agradecimiento.

Un vez en la mansión George y Albert hablaban de lo que habían escuchado, la declaración de James había sido muy importante en el caso, sin embargo aún tenían que comprobar o determinar quién había sido el que autor intelectual del intento de homicidio.

-No entiendo como mi tía Elroy decidió darles ese dinero. – Preguntaba Albert extrañado.

-Recuerdo que la señora Elroy estaba muy triste por la muerte del joven Anthony, así que se quiso deshacer de todo lo que le había pertenecido, así que regalo sus pertenencias a los Leagan, todo absolutamente todo lo que al joven le pertenecía pasó a ser de los Leagan.

-Incluso su dinero. – Dijo muy serio.

-Eso era lo que le importaba a Sara y como era una sombra para la señora Elroy siempre le insistía en preguntarle qué sucedería con ese dinero, para nadie fue un secreto que la señora Elroy autorizó que se entregara la herencia del joven Anthony a su sobrino y su esposa Louis.

-¿Qué sabemos de ese dinero?

-La herencia del joven era cuantiosa, y a pesar de que el señor Louis sigue trabajando y ha hecho buenos negocios, ese dinero ha recibido un fuerte desfalco gracias a las apuestas que hace el joven Neal.

-Ya veo, algo comenta Anthony en su carta. – George asintió. – Entonces es seguro que mi tía no sabe que no fue accidente la caída de Anthony.

-Efectivamente, la señora Elroy no sabe nada, ella siempre ha culpado a la señorita Candy del accidente, pero no sabe que manipularon la rienda del caballo.

En eso tocaron la puerta del despacho de la mansión de Chicago.

-¿Qué sucede? – Preguntó George, dando paso al encargado de los hombres que había contratado.

-Señor George.

-¿Sucede algo? – preguntó Albert al ver que George se quedaba muy serio con lo que le habían informado.

-Gracias. – Agradeció George al hombre quien se retiró a su puesto. – Me acaban de avisar que el joven que acompaña Neal tuvo contacto con el joven Anthony unas semanas atrás.

-¿Qué dices? – Preguntó Albert sorprendido.

-Al parecer tuvo un enfrentamiento con el joven Stevens y este le ha dicho a Neal que el joven Stevens se parece mucho al joven Anthony.

-Esto no me gusta nada George. – George solo lo miraba como buscando alguna solución. – Hay que estar al pendiente de los movimientos de esos dos.

-¿Crees que Neal esté enterado de lo que hicieron sus padres?

-Estoy seguro que sí, Neal siempre estuvo en contra de Anthony porque él nunca le permitió aprovecharse de Candy, además es el que gasta con mayor gusto el dinero de mi sobrino.


Anthony llegaba a su casa y veía que sus primos estaban muy entusiasmados, pero su sonrisa se amplió cuando detrás de ellos se encontraba a la luz de sus ojos.

-¿Qué sucede? – Preguntó feliz con una sonrisa al verlos como niños pequeños y dirigiendo su mirada a su novia acercándose a ella para saludarla con un tierno beso en su frente.

-Lo que sucede es que Candy, nos acaba de informar que el señor March ya se llevó el telegrama que envió a cada una de las chicas.

-Eso me parece muy bien. – Dijo mientras abrazaba a su novia y ella le correspondía a su abrazo aferrándose a su cintura.

-Pronto ya no tendrán que contar el pan frente a los pobres. – Les dijo Stear al ver que esa pareja seguía demostrando su amor a pesar de estar ellos presentes, como siempre lo habían hecho.

-Vamos Stear, pronto llegara tu novia y estarás muy bien acompañado. – decía Archie comprendiendo muy bien a su hermano.

-Y que lo digas hermano, he extrañado mucho a Patty todo este tiempo.

-¿Estás seguro de que ella no se ha encontrado a alguien más? – Le pregunto para molestarlo mientras Stear se quedaba pensativo dudando de la pregunta que le hacía su hermano.

-Yo espero que así sea… - Decía triste, la reacción de su hermano no era la que él hubiera esperado. - … espero que Patty me haya esperado. – Decía pensativo.

-¿Qué sucede Stear? ¿Qué no seguían en contacto? – Preguntó Candy confundida también al ver la reacción de su primo.

-Sí, cada mes recibía carta de Patty, pero cuando yo me fui le dije que podía ser libre por si yo no regresaba ella no estuviera esperándome. – Dijo con tristeza recordando el día que se había despedido de ella. Sin embargo ella seguía esperando las cartas de él y respondiendo una tras otra. – Tengo dos meses que no le escribo, eso quiere decir que son dos meses que ella no recibe carta alguna. – Dijo temiendo que lo que su hermano le decía se convirtiera en realidad.

-Vamos Stear, no te preocupes, por lo que dices de esta joven te ama. – Le decía Anthony para darle ánimos al pobre inventor que de pronto había cambiado su semblante por uno más serio, cosa extraña en él, era la primera vez que ponía esa cara desde que llegó.

-Vamos Stear, no quise preocuparte de esa manera, era una broma para molestarte, Patty te ama, lo sabes muy bien y dos meses es muy poco tiempo para olvidarse de ti. – Le decía Archie para darle ánimos.

-Archie tiene razón, Stear, Patty es una buena muchacha y después de haberla visto cómo se puso cuando te fuiste, también dudo que te haya olvidado. – Sin embargo Stear aunque mostraba un mejor semblante en su corazón había quedado la duda de lo que le había dicho su hermano.

Los días pasaron y recibieron la contestación del telegrama que había enviado a Annie, esta le comentaba a Candy que Patty pronto llegaría a Chicago y que de ahí se dirigirían al hogar de Ponny para ir a verla, el pretexto que Candy había dicho a Annie, era para que la acompañara porque tenía una sorpresa que darle y que no podía ser por telegrama. Annie pensaba que Candy le diría por fin porqué había terminado con Terry o que le iba a confesar que había regresado con él, era todo lo que podía pensar en relación a lo que Candy tuviera que decirle ya que el actor estaba siendo anunciado que iba a ir a Chicago a presentar una obra nueva, sin embargo no se animó a mencionarlo a Candy en su telegrama, no quería equivocarse y hacer sufrir a su amiga, si ella no sabía de ese joven y era otra la sorpresa sería mejor esperar que Candy hablara primero.

A los días del primer telegrama llegó otro para avisar que ya iban en camino.

-"Querida Candy, llegamos próximo jueves." – Era lo único que decía aquel telegrama, había sido enviado un lunes, lo que quería decir que faltaban pocos días para que llegaran las chicas.

-¡Anthony! – Gritaba una Candy desesperada, ya que desde que había recibido el telegrama estaba ansiosa por recibir a sus amigas. Candy avanzaba apresurada para avisar a sus primos de la pronta llegada de sus amigas, iba muy emocionada gritando llamando a su novio para ponerlo al tanto de la situación.

-¿Qué sucede hermosa? – Dijo Anthony al salir al encuentro de su novia, la cual había escuchado desde el primer grito que ella emitió al entrar al terreno de su rancho. - ¿Por qué tan impaciente? – preguntaba divertido.

-¡Ha llegado el telegrama que anuncia cuándo llegarán Annie y Patty!- Decía tratando de recuperar su respiración. Anthony la abrazaba para tratar de tranquilizarla.

-Eso es una muy buena noticia por lo que veo. – Decía Anthony. - Mis primos van a estar muy felices.

-¿Qué sucede? –Preguntó Archie al escuchar también los gritos de Candy, seguido por Stear.

-¡Annie y Patty llegan el próximo jueves! – Dijo Candy emocionada, agarrando aire.

-¿De verdad? – Dijo Stear entusiasmado y nervioso a la vez. Candy asintió.

-Chicos creo que hay algo de lo que no hemos hablado. – Dijo Tom quien escuchó todo el relajo que había armado la pecosa.

-Tienes razón, Tom. –Dijo Archie, quien era el que había estado pensando en todo eso, a fin de cuentas su tío Albert lo había enviado a él para proteger la identidad de Anthony.

-Pero no hay problema con ello. – Dijo Anthony. - Con no mencionar quien soy es más que suficiente, tendrán que llamarme Tonny nada más, no creo que la señorita Britter se acuerde de mí. – Dijo seguro.

-Eso es verdad. – Dijo Archie.

-¿Cómo estás tan seguro Archie? - Preguntó Stear.

-Por qué Annie solo vio a Anthony en una ocasión. –Dijo Archie.

-¿Pero qué les diremos cuando pregunten el por qué estamos aquí? – Volvió a preguntar Stear.

Todos los chicos se miraron unos a otros, no habían pensado en esa pregunta, según ellos solo dirían que el prometido de Candy era hermano de Tom, pero como justificarían la presencia de Stear y Archie.

-Podemos decir que es por la fiesta de compromiso de Candy y de mí. – Dijo Anthony mientras los demás lo veían con sorpresa, Candy lo veía con una mirada ilusionada y enamorada que no podía con ella.

-Eso podría funcionar. – Dijo Tom.

-Estoy de acuerdo. – Dijo Archie.

-Muy bien. – Dijo Stear. - ¿Y qué harán cuando se den cuenta que fue mentira? – Pregunto de nuevo el inventor.

-¿Quién dijo que era mentira? – Dijo Anthony mirando a Candy con amor y decidido a hacer una reunión para festejar su compromiso.

-¿Lo dices en serio? – Preguntó Candy sorprendida.

-Nunca he hablado más en serio mi amor, haremos una pequeña cena, donde solo estemos la familia y por supuesto los niños del hogar y tus madres, ya es hora de que lo hagamos oficial. – Candy tenía la mirada cristalizada, tenía ganas de llorar de felicidad por lo que su amado había dicho, se sentía más dichosa que nunca y se aferró a su cuello para demostrar su amor por él. -¿Estás de acuerdo? – Preguntó levantando su mentón para encontrarse con sus bellos ojos. Candy solo asintió.

-Perfecto, entonces la sorpresa de los novios se convirtió en la sorpresa del compromiso de Candy con Tonny Stevens. – Dijo Stear.

-Vamos Stear, te puedo asegurar que para las chicas va a ser mejor noticia que ustedes estén aquí. – Le dijo Tom emocionado y a la vez melancólico solo de pensar que él no podía tener a su lado a la dueña de su corazón.

A la mañana siguiente en todo el pueblo se corría un rumor, un rumor que más de uno de los habitantes del pequeño pueblo se sorprenderían al enterarse, esa mañana el pueblo se había enterado que la familia del médico había decidido cambiar de residencia, saliendo del pueblo sin dar mayor explicación a las personas que la de que lo había llamado a trasladarse a un pueblo muy cercano a México.

Nadie, absolutamente nadie había comprendido ese traslado tan de repente, sin embargo los Stevens sabían bien porque se había generado, eso hizo que más de uno se sintiera culpable por la decisión del anciano, había sido tanto su vergüenza que había decidido llevarse a su hija lejos de ahí para que comenzara una nueva vida, una en la que trataría de estar más al pendiente de ella y lograr que fuera feliz. Nancy Donovan era otra que se había enterado del porqué de ese traslado, sin embargo ella no diría nada para no comprometer la honra de su amiga.

-¿Te encuentras bien Tom? – preguntó Anthony al ver que se había quedado muy serio cuando le dijeron lo que había sucedido con Magdalena y su padre.

-Claro que sí Tonny, espero que ella encuentre la felicidad que aquí no pudo encontrar.

-No te preocupes Tom, ella lo hará. – Le decía Anthony palmeando su hombro en señal de empatía por los sentimientos encontrados que tenía su hermano, había amado mucho a aquella joven, había sido su primer amor, su primera ilusión y había sido con ella que se había convertido en hombre, nunca la olvidaría y guardaría siempre en su memoria el recuerdo de aquella joven, guardando en su memoria los recuerdos bonitos que habían compartido juntos. Anthony por el contrario, siempre la recordaría como la amiga que tuvo en los momentos más difíciles de su vida, como una amiga que si bien se había obsesionado con él, en aquellos años lo había ayudado a levantarse de esa silla y lo había acompañado haciendo un poco menos dolorosa su soledad, y que a pesar de ello no había logrado amar, siempre la recordaría como lo que había sido para él, una buena amiga.

Continuará…

Bueno señoras y señoritas aquí les dejo otro avance más de esta historia, que espero siga siendo de su agrado, aquí seguimos GAD escribiendo y tratando de mantener en control las cosas, espero ustedes se encuentren bien en sus casas, y si no pueden hacerlo les pido por favor se protejan, Dios la bendiga y las proteja.

Saludos!