Hola bellas señoras y señoritas que leen, aquí les traigo otro capítulo más el cual espero les guste y espero lean con detenimiento, dedicado con mucho cariño para todas y cada una de las Anthonyfan de hueso colorado jajajaja, provecho.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sin embargo los hice míos en esta historia al darles un giro a su personalidad, espero les guste el capíulo que como ya saben no es apto para menores de edad. ¡COMENZAMOS!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Eres el deseo de todas las noches, eres el pensamiento que camina en mi mente, eres la ilusión que se hizo presente, eres las ganas de ti que no me abandonan, eres la perfección que se hizo mujer entre mis brazos".
ENTREGA
CAPÍTULO XVIII
Candy y Anthony se encontraban sentados fuera del hogar de Ponny, platicando sobre la celebración de su compromiso que pronto se llevaría a cabo. Anthony se veía muy entusiasmado por todo lo que había cambiado su vida en tan poco tiempo y Candy apenas podía asimilar todo de una vez, estaba tan feliz y a la vez tan impresionada de cómo había dado un giro su vida, si bien tenía mucho tiempo separada de Terry, ella había pensado que la vez que se iba a Nueva York era para quedarse a su lado y para ser su esposa, a pesar de que él nunca se lo había siquiera mencionado. Sin embargo las cosas no habían salido como ella lo había esperado y de pronto estaba ahí sentada con su primer amor, con el primer hombre que realmente había amado y al cual nunca había podido superar, verlo ahí senado junto a ella, escuchar su respiración y poder observar su rostro tan bello, tan perfecto, sus ojos y esos labios tan suaves que tenía la hacían suspirar.
-¿Qué sucede hermosa? – Preguntó el rubio al darse cuenta del escrutinio detallado que le hacía su pecosa, la había visto dejando que lo observara detenidamente, acababan de llegar de un paseo matutino y la brisa de la mañana era la única que los había acompañado, aún era muy temprano, sin embargo ese par aprovechaba cada minuto del día para estar juntos, sin importarle a Candy que tenía que madrugar o trasnocharse para poder disfrutar de los besos que su amado le otorgaba.
-Amor, ¿Tú estás seguro de anunciar nuestro compromiso? – Preguntó Candy un poco apenada por la pregunta que le hacía a su amado, ella estaba segura de querer hacerlo público, sin embargo sentía que tal vez por la presión de la llegada de las muchachas, se hubiera sentido obligado a encontrar una excusa para hacerlo.
-¿Por qué? ¿Tú no lo estás? – Le preguntó preocupado al sentir un que su corazón se detenía por un instante al escuchar la pregunta de su amada, tal vez ella se sentía presionada a aceptar algo que era verdaderamente rápido y que él no se había detenido a analizar simplemente por el hecho de que él siempre había sentido la necesidad de formalizar su relación con aquella hermosa chica.
-¡No! ¡Quiero decir, Sí! – Decía nerviosa, sus palabras salían de su boca torpemente dejando un poco más de dudas en su príncipe. – Quiero decir que no quiero que pienses que no estoy lista, y que si estoy preparada para ello. – Le dijo un poco más tranquila al analizar lo que había salido de su boca, sin embargo la sola pregunta que le había hecho Candy lo había dejado con un sabor un poco amargo.
-Candy, sé muy bien que las cosas van demasiado rápido, sé que hasta hace unos meses tú no sabías que yo seguía con vida, sin embargo yo todos estos años siempre atesoré la esperanza de que tú regresaras a mí, aun así fuera en sueños tú ya eras mi prometida, mi esposa, mi mujer. – Le dijo muy cerca de sus labios, sin atrever a besarlos de nueva cuenta. Candy escuchaba ansiosa las palabras de su chico deseando que atrapara sus labios y cerrara por fin la escasa distancia que los separaba. –Pero como te he dicho un día, si es por ti soy capaz de esperar una eternidad, aunque para mi realmente he esperado una eternidad. – Decía deleitándola con su aliento mentolado sin embargo no atreviéndose a reclamar como suyos esos labios rosados que lo provocaban en demasía.
-Yo también quiero que anunciar nuestro compromiso. – Decía con los ojos cerrados aspirando el aroma de su aliento, sintiendo el calor de su respiración chocar con sus labios, dejándose embriagar por sus palabras y por la calidez de sus caricias que le provocaban un estremecimiento en todo su cuerpo. – Solo que quería saber si tú no te sientes comprometido con hacerlo.
-Comprometido está mi corazón desde el día que te conoció pecosa. – Le dijo una vez más besando sus párpados con delicadeza, Candy seguía sin abrir los ojos solo abandonándose a esas sensaciones provocadas por su príncipe.
Miena comenzaba a ladrar insistentemente, Candy y Anthony se separaron de pronto para atender los ladridos de la san Bernardo y a lo lejos divisaban la graciosa figura del viejo cartero que llegaba con paso cansado hasta el hogar de Ponny.
-Buenos días señor March. – Advirtió Candy al verlo llegar sudoroso y tratando de conseguir aire.
-Buenos días Candy, Tonny. – Dijo por fin abanicando su rostro con su gorra, a pesar de la fría mañana él estaba acalorado por el camino que había tenido que recorrer.
-¿Cómo es que ha vuelto tan pronto, señor March? – preguntó Candy confundida, ya que solo dos días antes había ido a dejar el telegrama y el correo al pueblo, según ella le correspondía hasta la próxima semana hacer su recorrido de nuevo.
-Lo que sucede señorita que llegó esta carta a su nombre. –Le dijo extendiendo la carta a Candy quien la recibió extrañada, no tenía remitente sin embargo era su nombre el que estaba escrito en aquel sobre.
-Qué extraño, pudo haberla dejado la siguiente semana señor March.
-Lo sé Candy, sin embargo eres mi cliente favorita, nadie más me ayuda con el maletín de cartas más que tú. – Dijo mirando a Anthyony y sintiéndose apenado ya que él también le había ayudado más de una vez. – Bueno y este caballero también. – Dijo con gracia provocando la risa de los tres.
-Ya le iba a reclamar señor March, sobre todo después de que usted mismo rechazó el caballo que le obsequiaba para que no tenga que caminar tantos kilómetros.
-Lo sé joven, no se preocupe, pero a mi edad no es fácil ya montar. – Anthony se quedó pensando un momento y supo que tenía la razón.
-Tiene usted razón señor March, la próxima vez que venga le tendré lista una carreta y un caballo para que pueda viajar más cómodo. – Le dijo con sinceridad.
-¿De verdad muchacho? – Le preguntó sorprendido y a la vez emocionado. Anthony asintió. – Si estuviera más joven te diría que no te molestaras, pero la verdad me sería de gran utilidad eso que dices. – Le dijo mirándolo a los ojos, creyendo el pobre hombre que era solo una plática entre ellos, sin imaginar que realmente aquel joven estaba pensando cómo entregarle aquel regalo. – Eres una muchacha con mucha suerte Candy. – Le dijo a la pecosa viéndola a los ojos. – Y usted joven también, esta niña es una maravilla. – Le dijo tomándoles a ambos las manos y despidiéndose de ellos para regresar su camino de reparto hacía otro pueblo cercano.
-Eso lo sé señor March, Candy es la luz de mi vida. – Le dijo viendo a la rubia a los ojos provocando un fuerte sonrojo en ella, el viejo cartero sonrió diciendo nuevamente hasta la próxima.
Candy observaba extrañada la carta que le había entregado el señor March, no sabía quién podría ser, ya que nadie sabía que se encontraba ahí, salvo Albert, pero claramente no era la letra de él, de pronto un presentimiento cruzó por su cabeza, uno que la hizo temblar solo de pensar que su pensamiento pudiera ser acertado.
-¿Qué sucede amor? ¿No la piensas abrir? – Candy asintió con una sonrisa de lado, no sabía si hacerlo o no delante de Anthony, sabía lo celoso que era, pero sabía que si no lo hacía en ese momento él podría pensar que algo ocultaba.
-Sí, solo que estaba pensando quién me escribiría sin poner remitente.
-Tal vez es el tío Albert. – Dijo Anthony pensando que tal vez le había escrito con referencia a él o a su caso.
-Tienes razón. – Dijo Candy un poco más animada, decidiéndose a abrir la carta para estar más tranquila, eso creía ella.
Al abrir la carta Candy se dio cuenta de inmediato quien era la persona que le escribía, sintiendo su corazón acelerarse al pensar lo que diría Anthony al saber quién le había escrito. Una vez que terminó de leer la dichosa carta volteo a ver a Anthony quien la miraba expectante como queriendo saber que era lo que decía.
-Es de Terry. – Dijo por fin, enfocándose en sus ojos para darle la confianza que sabía tenía que proyectar, ella lo amaba y no permitiría que el contenido de aquella carta arruinara lo que tenía con su amado príncipe. Anthony se tensó ante la mención de aquel nombre, buscando en los ojos de su amada algo que lo hiciera tranquilizarse, sin embargo no podía controlar los celos que comenzaban a concentrarse en su estómago.
-¿Qué es lo que dice? – Preguntó inseguro, no porque era su prometido se sentía con el derecho de conocer el contenido de aquella carta, aunque sus celos e inseguridades estuvieran a punto de emerger de él.
-Quiere que vaya a Chicago a verlo. – Dijo Candy en voz baja, sin comprender el por qué quería verla, hacía casi dos años que habían dejado de verse y no había vuelto a tener noticias de él.
-¿Irás a verlo? – Preguntó Anthony dándole la espalda a Candy con la mirada perdida en la nada y los puños cerrados, tratando de controlar el coraje que sentía en ese momento, tratando de ocultar la rabia que lo comenzaba a cegar y la inseguridad lo estaba alcanzando a pasos agigantados. Su respiración comenzó a ser más agitada y su cuerpo clamaba estabilidad.
-No lo sé. – Fue la respuesta de Candy, una respuesta que él no era la que esperaba, una respuesta que le caló en el alma, él quería escuchar un "NO, no iré a verlo", un "Ya no tiene caso", un "no es necesario", sin embargo de todas las respuestas probables ese "no lo sé" implicaba que no estaba segura de salir corriendo a verlo y el solo hecho de tener esa duda hacía que el corazón de Anthony se sintiera herido.
-Bien. – Fue lo único que dijo y con rapidez montó a su yegua y se dirigió a su rancho molesto, con la furia cabalgando junto con él haciéndole compañía en aquella mañana que había comenzado tan bien.
-¡Tonny! – Fue lo único que pudo decir Candy al ver lo tonta que había sido al responderle eso a su amado, ella sabía que él tenía celos de Terry, pero también tenía que entender que tal vez sería bueno terminar de cerrar aquel capítulo en su vida, sin embargo eso no quería decir que no lo amaba, al contrario ella lo amaba más que nunca y sería una tonta si lo dejaba ir con quien sabe que ideas locas en su cabeza.
Candy se decidía a seguir a aquel testarudo hasta su hogar, tenía que convencerlo que solo él era el dueño de su corazón, tenía que entender de una vez por todas que solo él era capaz de despertar toda esa clase de sentimientos al mismo tiempo, que solo él era el que la hacía perder la cabeza con un solo roce, con solo escuchar su voz, tenía que entender a como diera lugar que únicamente lo amaba a él y solo a él.
Anthony llegaba con una agitada Tormenta frenándola de golpe al llegar a la puerta de su rancho sin siquiera voltear hacia atrás para ver que Candy lo seguía corriendo tras él. Jhon, Tom, Stear y Archie lo veían llegar apurado con el semblante serio, los muchachos nunca lo habían visto así, sin embrago los Stevens se imaginaban que había discutido con Candy, no era la primera vez que lo veían en ese estado.
-Tonny ¿Te encuentras bien? – Preguntó Stear al verlo llegar de esa forma, se sentía angustiado de que algo malo hubiera pasado. Sin embargo Anthony no respondió a su pregunta. Quería responder NO, no estoy bien, estoy tremendamente celoso, sin embargo las palabras no salían de su boca. Solo caminaba de un lado a otro tratando de calmar sus celos y la furia que aumentaba en su corazón.
-Tonny ¿Qué ha sucedido? – Preguntó ahora Archie buscando una respuesta también. Sin embargo el silencio era el mismo.
-No hay mucho que investigar muchachos. – Dijo Tom ya que pronto sus sospechas se confirmaron al observar a unos rizos que rebotaban al compás de cada paso que daba en camino del rancho. Stear y Archie volteaban hacia donde Tom les señalaba, viendo a una Candy totalmente enfadada. Todos comprendieron en ese momento que ese par había tenido alguna discusión, sin embargo todos advertían que era algo serio porque se les veía a ambos en su semblante sobre todo al rubio que parecía que ni el sol que comenzaba a quemar fuerte lograba calentarlo.
-Candy. – Dijo Stear al ver a su prima acercarse con paso firme y decidido, Anthony advirtió el llamado de su primo, volteando a ver con sorpresa a la causante de su mal estado. No dijo nada a los presentes simplemente se adentró al rancho dirigiéndose a su habitación encerrándose cual testarudo que era para evitar enfrentar esas esmeraldas que lo hacían perder la cordura en un santiamén.
Candy volteó a ver a los cuatro chicos que estaban sentados afuera de la casa y sin emitir la pregunta obtuvo respuesta.
-Está en su habitación. – Dijo Tom entendiendo lo que la rubia preguntaba. Candy se adentró de la misma forma que Anthony rumbo a la búsqueda de aquel príncipe que le robaba la cordura también.
-Creo que alguien está en problemas. – Dijo Stear con una sonrisa de lado, nervioso por la manera en la que ambos rubios se habían adentrado a la casa.
-No te preocupes Stear, ese par así se la lleva. –Dijo Tom tranquilo, ya los conocía, más tarde estarían como si nada hubiera pasado, sin embargo tenía que reconocer que hacía semanas que no los había visto en ese estado.
-¿Estás seguro Tom? no veo a ninguno de los dos muy felices que digamos. – Dijo Archie preocupado más por su primo que por la rubia, sabía bien que Anthony con un par de besos se le bajaba el coraje, pero no podía asegurar que la rubia hiciera lo mismo.
-Mañana estarán como si nada, de mí se acuerdan. – Volvió a decir seguro de lo que decía.
-Tom tiene razón. – Dijo Jhon. – Ese par con solo verse van a aclarar sus problemas y si nos metemos en su lío, nosotros seremos los perjudicados. – Dijo seguro el muchacho, ya lo había hecho una vez y no volvería a complicar las cosas, había entendido que era mejor no entrometerse en los líos de una pareja, y menos cuando se encuentran tan enamorados uno del otro.
-Así es muchachos, mejor vamos acompáñenme a realizar las tareas del día de hoy ya que Tonny estará muy ocupado aclarando las cosas con esa revoltosa, pobre de mi hermano pero no quisiera estar en sus zapatos.
Los cuatro chicos se retiraron del rancho dando la oportunidad de que el par de rubios aclararan el mal entendido que habían tenido.
Anthony entraba a su habitación y cerraba la puerta furioso tratando de controlar los celos que sentía, sabía que Candy lo amaba pero le causaba mucha inseguridad que ella dudara en ir y encontrarse de nuevo con aquel actor, con qué fin lo haría.
Candy entraba unos momentos después a la casa de Anthony dirigiéndose directamente a la habitación de él ya que Tom le había dicho a donde se dirigía. Ya estando frente a la puerta sintió nervios de tocar, sin embargo era mayor las ganas de aclarar la situación, que no pensó siquiera un segundo en dejarlo que se calmara primero.
-Tonny abre por favor. – Le dijo tratando de tranquilizarse un poco antes de entrar. No recibió respuesta alguna, lo que la hizo tomar aire y abrir de golpe la puerta. – ¿Me puedes decir qué es lo que te sucede? – Preguntó un poco temerosa al rubio quien se encontraba dándole la espalda. – Tonny por favor di algo. – Volvió a decirle insistente, sin embargo a Anthony le costaba hablar, y no era porque no quisiera hacerlo, era porque las palabras se le atoraban en su pecho.
-¿Ya has decidido ir a verlo? – Preguntó por fin tratando de controlar sus impulsos, sin embargo le era muy difícil.
-No he decidido si iré. – Le contestó firme buscando de nuevo plantarse frente a él.
-Pero aún tienes dudas, no deberías de dudar en ir a verlo o simplemente dejarlo estar. – Le dijo una vez más.
-¿Qué es lo que te sucede? ¿Por qué estás tan molesto? - Preguntó una vez más Candy quería saber bien la razón de lo que le pasaba, sabía que estaba celoso, pero al mismo tiempo se sentía ofendida de que no confiara en ella.
-¡No quiero que vayas a verlo! – Le dijo por fin en un grito, mirándola a los ojos encontrando en ellos su reflejo desafiante ante ella.
-¿Acaso no confías en mí? – Le preguntó directa mirándolo a los ojos buscando en ellos la respuesta a la pregunta que formulaba. Anthony no respondió solamente la miraba dolido tratando de controlar su temperamento el cual le era muy difícil de hacer, sin embargo no quería lastimar a su amada, sabía que por ella era capaz de todo hasta de dejarla ser feliz con aquel individuo si era lo que ella quería. – ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí? ¿Cómo te demuestro que eres tú al único que amo? – Le pregunto acercándose a él poco a poco con un poco de duda en sus movimientos, no obtenía respuesta, sin embargo haría lo que fuera por obtener de sus labios lo que tanto anhelaba.
-Se mi mujer. – Contestó lo primero que le pasó por su cabeza al escuchar aquella pregunta, llevaba todo el trato tratando de hablar y lo único que había salido de sus labios eran aquellas palabras que una vez haberlas mencionado se había arrepentido bastante el haberlas pronunciado, y más al ver la cara de asombro que puso Candy al escucharlas, sin embargo él no se retractó, siguió mirándola de frente seguro a pesar de haberse arrepentido de decirlas no se iba retractar porque era lo que realmente sentía.
Candy abrió los ojos sorprendida por su respuesta, sin embargo ella iba decidida a demostrarle como fuera posible que ella lo amaba, que confiara en su amor por ella, ante la mirada de sorpresa de Anthony ella se retiró de su cuerpo y Anthony bajó la mirada apenado aún seguía celoso pero eso no era excusa para haberla ofendida de esa manera. Candy se sentó en la gran cama que estaba en aquella habitación recostándose en ella para demostrar a su amado que estaba dispuesta a hacerlo, lo miraba dispuesta, decidida, en su mirada no había miedo, solo decisión, ante esa imagen de la perfección Anthony se acercó a ella temeroso, dudando de lo que veía fuera cierto al ver a su amada recostada en su cama dispuesta a ser su mujer como él se lo había pedido, sus rizos descansaban en su cama, su cuerpo respiraba agitado, su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración y Anthony se perdía en ese movimiento.
-Princesa yo… - Dijo por fin apenado con lo que había dicho, sin embargo para Candy no era nada descabellado lo que había solicitado, si era la manera de demostrarle de una vez por todas que ella era única y exclusivamente de él lo haría sin dudarlo, sin querer escapar de ese deseo que ella también compartía.
-Shhh. – Le dijo Candy levantándose de su lugar y poniendo su dedo índice en sus labios para obligar a callar lo que tendría que decir, si lo pensaba demasiado tal vez no tendría el valor para hacer lo que deseaba hacer desde hacía tiempo. – No digas nada… - Le dijo en un susurro. Candy ofreció sus labios cerrando sus ojos para que él los tomara sin que lo pensara. – Quiero ser tu mujer. – Le dijo de igual manera sintiendo Anthony que el aire escapaba de sus pulmones y que su corazón dejaba de latir por unos instantes, sin pensarlo una vez más Anthony atrapó sus labios con ansia, con anhelo y desespero comenzando a besarla con delicadeza, con pasión y dulzura al mismo tiempo, encontrándose con su cuerpo anhelante y dispuesto al aferrarse a su cuello y tratando de fundir su cuerpo al de él.
Anthony comenzó a distribuir sus besos alrededor de su cuello logrando encender los deseos ocultos de su amada, despertando el deseo que trataba de callar su cuerpo, poco a poco las caricias iban en aumento, dejando ambos escapar sus suspiros y atrapándolos uno al otro para continuar con sus demostraciones de amor.
-Te amo. – Le dijo Anthony mientras acariciaba su cuerpo y besaba su cuello, animándose a recorrer con sus manos sus formas de manera descarada, de una forma que solo en sus más íntimos sueños se había atrevido a hacer.
-Yo también te amo, Anthony. – Dijo Candy dejando escapar su nombre completo una vez más, cosa que solo hacía rara vez, eso provocó en Anthony que su deseo incrementara despertando sus instintos primitivos, una vez que esa voz llenaba sus oídos, cada que ella pronunciaba su nombre completo el sentía que algo despertaba dentro de él, comenzó a besarla intensamente con más ímpetu en sus labios como si con ello borrara los besos que de seguro aquel causante de su inseguridad había plasmado en ella, Anthony no tenía idea que solo él era el único que había sellado en su boca el sabor de sus besos.
Comenzó a bajar el cierre de su vestido lentamente, como si quisiera darle oportunidad a su amada de que se arrepintiera de haber dado autorización para que la tomara entre sus brazos y la hiciera mujer entre los suyos, pero no sucedía, al contrario Candy recibía sus besos y caricias, ansiosa de más, buscando con ello demostrarle cuanto lo amaba. Una vez que se deshizo de su vestido, la observó admirado de su belleza, el escote de su corsé le advertía el nacimiento de sus senos, los cuales subían y bajaban agitados, estremeciéndose ella de su mirada. Anthony desabrochó el fondo que cubría la parte inferior de su cuerpo, cubriendo su ropa interior y sus piernas evitando que las admirara por completo. Deslizó la prenda entre sus piernas, acariciando por encima de ella la firmeza de ellas.
Se detuvo a admirar su cuerpo, admirando su belleza, su piel lucía tan blanca, suave y radiante. Candy lo observaba con timidez, sintiéndose expuesta por primera vez ante él, sintiendo que su cuerpo temblaba por los nervios y el deseo que se encendía en su piel, su rostro lucía rojo del deseo y ella sentía sus mejillas arder.
Se acercó con delicadeza, después de grabar su cuerpo en ese coqueto corsé y su calzón que le llegaba a media pierna y la besó con ternura.
-¿Tienes miedo? – preguntó en un susurro, deseando que negara que así era, para continuar lo que habían comenzado y que él ya no quería detener, era algo que hacía tiempo deseaba y que por fin estaba a punto de suceder. Candy negó con un movimiento de cabeza, incapaz de hablar y decirle que confiaba plenamente en él. Anthony en cambio sí tenía miedo, tenía miedo de no lograr hacerla sentir mujer, tenía miedo de lastimarla al entrar en ella, tenía miedo de no lograr despertar en ella la pasión que él mismo estaba experimentando la cual era un nivel que nunca había sentido, su respiración era corta y agitada buscando jalar más aire a sus pulmones, sin embargo al verla tan hermosa y sentirla temblar en sus brazos lo hacía darse cuenta que la tenía por completo a su merced, que ella confiaba en él y eso le alegraba el alma, pero a la vez le generaba duda por comenzar lo que estarían a punto de hacer.
Anthony se comenzó a desvestir lentamente ante la mirada de asombro de Candy, quien lo miraba perdida ante cada uno de sus movimientos, viendo cómo se despojaba una a una de sus prendas, con seguridad en lo que hacía, en breves momentos quedó igual que ella únicamente con su ropa interior que era tan larga como la de ella, se aflojó la parte que se ajustaba a su cintura y tomó a Candy entre sus brazos y la recostó sobre la cama, Candy hundió su cuerpo en ese lugar tan cálido y cómodo que se amoldaba a su cuerpo sintiendo como su amado se colocaba encima de ella recorriendo su cuerpo con sus labios, provocando que el calor siguiera aumentando alrededor de su cuerpo.
Comenzó a besar el borde de su escote buscando provocar más reacciones en el cuerpo de su amada, las palabras de su padre estaban en su cabeza, "a la mujer hay que hacerla disfrutar" después de unos minutos concentrado en esa labor continuó por aflojar el corsé que le evitaba continuar más abajo en su cometido acariciando con delicadeza cada una de las formas de su amada. Una vez que terminó con tan laboriosa labor retiró por completo la prenda encontrándose con sus senos expuestos ante sus ojos, la mirada de él se dilató aún más y su parte baja reaccionaba poniéndose aún más firme de lo que ya estaba. Candy sintió pena y trató de cubrir con sus manos su cuerpo.
-Tranquila amor, déjame admirar tu cuerpo, por favor. – Le dijo mirándola a los ojos con súplica, Candy asintió tratando de controlar el temblor que sentía en su cuerpo, pero que a pesar de ello disfrutaba el contacto tan dulce que recibía de su amado.
Anthony tocó su cuerpo con delicadeza, con cuidado, como si temiera lastimarla con sus caricias, beso lentamente todo su pecho mientras Candy se aferraba a su espalda confirmándole que estaba disfrutando sus caricias. Anthony retiró por completo su ropa interior dejando por fin descubierto su cuerpo, dejando a su merced cada centímetro de piel a sus ojos y sus manos, las cuales se dedicaron a explorar y saborear la suavidad de su piel, mientras Candy se estremecía por cada contacto que él le hacía, Anthony trataba de memorizar cada parte de su cuerpo deleitándose con el calor que desprendía su piel y que quemaba sus labios conforme la recorría por completo, no sabía hasta cuando estaría ella lista para poder fundirse en ella y terminar por fin aquella dulce entrega. Candy ayudó a que él se diera cuenta que ya estaba lista con un suspiro que escapó por fin de su boca y con ello removía su cuerpo ansioso en busca de más.
-Anthony, por favor. – Le dijo en un susurro deteniendo su rostro para que atendiera su súplica. Él entendió lo que buscaba.
Se levantó y se retiró por fin su propia prenda quedando como Dios lo trajo al mundo enfrente de su amada, mostrando con orgullo su perfecta anatomía al mostrar lo dispuesto que se encontraba gracias a ella. Candy sintió que su rostro se incendiaba una vez que pudo admirar su cuerpo en ese estado, muy diferente a como lo había visto aquel día de la insolación, su mirada se encendía de deseo al verlo tan firme y dispuesto por ella.
-Te amo. – Le dijo en un susurro tomando una de sus manos para que se atreviera a tocarlo, dirigiéndola hacia su pecho, Candy lo acarició con un poco de miedo al principio pero conforme pasaban los minutos se sentía con mayor confianza de sentir la firmeza de su piel y la fuerza de sus músculos.
Anthony por fin se posó encima de ella buscando la posición menos incómoda para su amada apresándola entre la cama y su cuerpo, el cual desprendía un calor bastante confortante y se mezclaba con el calor de su cuerpo, pronto la humedad que comenzaban a producir sus cuerpos al roce de sus intimidades hizo que Anthony comprendiera aquello que su padre había comentado alguna vez. Comenzó a invadir su cuerpo con mucho cuidado, tratando de no lastimarla. Sintió el cuerpo de Candy tensarse al momento de abrirse paso en ella.
-¿Estás bien amor? – Le preguntó en su oído, causando un estremecimiento en el cuerpo de ella, sintiéndolo él al momento. -¿Te he hecho daño? – Candy negó y besó su cuello.
-Hazme tuya. – Le dijo nuevamente y el miedo de Anthony desapareció, su cuerpo actuaba por si solo y la manera en que ella respondía le dio a entender que lograba su cometido, sintió que algo detenía su avance y se detuvo un poco, buscando su mirada, en ella encontró la decisión. – Estoy bien. – Le dijo moviendo su cuerpo para animarlo a continuar, ya no era una chiquilla era una mujer de dieciocho años ansiosa de convertirse en la mujer de aquel chico, la lubricación que ambos cuerpos desprendían lo ayudaba a hacer más fácil el trayecto, imprimió un poco más de fuerza a sus movimientos, sintiendo que llegaba al final de su camino, besando con amor sus labios para tratar de mitigar el dolor que causó en su amada. Candy sentía que el cuerpo de Anthony crecía en su interior y la llenaba por completo de maravillosas sensaciones al sentir sus movimientos.
-Perdón. – Le dijo entre besos, como si con ello mitigara aquel dolor que había provocado, dejó de moverse por un momento, concentrándose en los besos de su rostro y su cuello, disfrutando sus labios y acariciando son sus manos cada rincón de su piel. Candy cerraba los ojos por un momento, el momento en el que el terminaba de robar su virtud y se convertía de lleno en su mujer, ahora si convirtiéndose por completo en la mujer de Anthony Brower, su primer amor, su verdadero amor. -¿Te duele? - Preguntó con sutileza.
-No. – Le dijo en un susurro. – Gracias por ser tan tierno. – Le dijo nuevamente, comenzando a mover su cuerpo en busca de más, su cuerpo le exigía terminar de sentir ese fuego que le quemaba en la sangre.
-Mi princesa. – Le dijo comenzando el vaivén lento y tranquilo de su cuerpo invadiendo una y otra vez el de ella.
-Tuya. – Le dijo entre besos, acariciando su rostro y mirándolo a los ojos fijamente buscando confirmar lo que decía con su boca. – Completamente tuya. – Le dijo una vez más. Anthony sonrió con amor, derribando ahora sí por completo todas y cada una de las dudas que lo habían asaltado, derrumbando por completo las barreras que se había construido alrededor de su corazón, comenzando esa danza del amor cada vez con más ritmo.
-Mía, completamente mía y de nadie más. – Dijo con firmeza, feliz, sabía que se mostraba como un ser posesivo e inseguro, sin embargo a partir de ese momento él borraba toda duda de su ser.
-Te amo. –Volvió Candy a decir provocando que Anthony se concentrara en hacer gozar a su cuerpo, arrancándole más de un suspiro, quería escucharla gemir y gritar su nombre, quería que aquella vez, su primera vez fuera completamente especial, él la había convertido en mujer, en su mujer y él se convertía en su hombre, completamente su hombre.
Los movimientos de sus cuerpos tomaban un mayor ritmo compenetrándose uno al otro totalmente, Candy sentía que algo estaba por estallar dentro de ella y eso la hacía sentirse desesperada al no saber qué era lo que seguía, solo se concentraba en sentir y gozar todas las caricias que le proporcionaba su amado, sin embargo no tenía idea alguna de que más seguía, su cuerpo comenzó a temblar de pronto y Anthony se concentraba en seguir invadiendo su cuerpo, sabía que ella estaba a punto de llegar a la culminación del placer y que pronto él la acompañaría, solo tenía que aguantar un poco más para que primero ella terminara de gozar su encuentro.
Candy se aferró al cuerpo de Anthony con sus piernas alrededor de la cintura, provocando que los movimientos fueran más profundos e intensos, sus manos se aferraron a su espalda y de pronto sintió que su corazón se detuvo por un instante dejando de moverse un momento mientras Anthony seguía en su cometido, sintiendo que su cuerpo temblaba y la respiración dejaba de fluir y sentía que algo abandonaba su cuerpo, comenzando pronto a sentir que los latidos de su corazón se relajaban y la respiración se aceleraba buscando la relajación total, había llegado por fin a la culminación del placer, Anthony sintió que su virilidad era abrazada con mayor fuerza sintiendo movimientos intermitentes que lo abrazaban y soltaban dentro de su pecosa de pronto él también libero su cuerpo sintiendo un momento que su corazón detenía su latido, cerró sus ojos concentrándose en esa maravillosa sensación que por primera vez sentía y recorría su cuerpo, había sido maravilloso llegar junto a su amada, definitivamente hacer el amor con Candy era la mejor experiencia que había tenido en su vida. Ninguno de los dos podía hablar, tan solo sus respiraciones se coordinaban una a la otra tratando de jalar aire por sus bocas para poder tranquilizarse y controlar sus palabras, analizando lo que acababa de ocurrir disfrutando aun sus cuerpos de haber llegado al clímax de su amor.
-Eso ha sido maravilloso. – Dijo por fin Anthony buscando los labios de su amada una vez más besándola dulcemente. – Gracias mi amor, gracias por confiar en mí. – Decía enamorado aún dentro de su cuerpo aferrándola aún al suyo.
-Te amo Anthony, te amo. – Volvió a decirle enamorada.
-Lo sé amor, disculpa por dudarlo, te amo tanto. – Le decía besando sus párpados.
Poco a poco la vergüenza iba apareciendo en ambos y Anthony cubrió sus cuerpos con una sábana envolviendo el cuerpo de su amada y acercándolo al suyo para colocarse a su lado. Ambos habían terminado cansados, felices por haber expresado su amor entre ellos de aquella manera, ninguno sentía arrepentimiento en lo sucedido, mucho menos Anthony quien era el que estaba más feliz ya que había comprobado que su princesa haría cualquier cosa por demostrarle su amor, lo mismo que él, ya que también haría hasta lo imposible por demostrarle cuanto la amaba. El sueño los atrapaba después de aquella maravillosa demostración de amor dejándolos ajenos a lo que sucedía afuera de aquella habitación.
Tom llegaba junto a los Cornwell y Jhon, después de la larga jornada, todo estaba en silencio y a oscuras, llegaban cansados y con ganas de dormir, se habían alimentado fuera para no molestar a los rubios y para terminar las labores del campo.
-¿Crees que aquel par ya se haya contentado? – preguntó Archie a Tom.
-Seguro Archie, el rancho está solo, lo más seguro es que estén en el hogar o paseando por ahí, ya mañana averiguaremos. – Dijo sin tomarle mucha importancia, los demás chicos asintieron y decidieron retirarse a sus habitaciones para tomar un baño y poner descanso a su cuerpo.
El rancho quedó en total silencio, los cuatro chicos se retiraron a dormir sin ninguno percatarse que en la habitación principal un par de rubios dormían felices y cansados después de aquella tarde tan apasionada que habían compartido, sus sonrisas reflejaban la felicidad compartida y la forma en la que sus cuerpos descansaban demostraban que se pertenecían uno al otro, permaneciendo juntos y con sus cuerpos entrelazados.
Continuará…
¡Terminé! Ojalá que les haya gustado el capítulo, me esforcé mucho para relatarlo tratando de cuidar las palabras para no ofender a nadie, espero que agarren aire para la próxima actualización y sobre todo espero sus comentarios, ya saben yo aguanto jajajaja.
Gracias por preocuparse por mí, por mandarme sus bendiciones y sobre todo por dejar su comentario. Les mando mis más sinceros agradecimientos.
Saludos!
