When September Ends
Por KaedeRavensdale
Traducción por Alyssa S.
Capítulo 2.
Reconociendo el terreno
—¡Ayuda!
El suelo estaba a una terrible distancia desde lo que podía ver al frente de la casa de aspecto inglés. El verde de las lozas se expandía ante él en lo que parecían millas antes de dar paso a una hilera de árboles. El camino por el que había conducido su captor serpenteaba por su alegre distancia, lejos de la casa que se había convertido en su prisión hasta una carretera que era apenas visible en la distancia. Automóviles pasaban por ella llenos de gente. Ignorantes. Inconscientes de su situación. El viento roza a través de las ramas de los árboles y se desliza hacia él a través de las briznas de hierba. Agradablemente frío contra sus mejillas, mismas llenas de lágrimas de frustración y miedo mientras la mitad del cuerpo de Harry colgaba sin control casi fuera de la ventana del cuarto en el que había sido encerrado.
—¡Ayúdenme! ¡Alguien ayúdenme! ¡Por favor!
Era más un gemido desganado que un grito. Había estado así desde hace un tiempo. ¿O quizá por horas? Sí. Seguro. Horas. Harry había gritado una y otra vez con la esperanza desesperada de que alguien, quien sea, lo escuche. Aunque era bastante obvio que se encontraba en una propiedad privada. Por supuesto que sí, no podía ver las casas de los vecinos dentro de cualquier rango de audición. Pero alguien tenía que escuchar sus ruegos desesperados. Alguien tenía que haber venido a ayudarlo. Un paseaperros. Un deportista. ¡Cualquiera!
Pero nadie lo había hecho. Nadie lo había escuchado, casi daban las cinco de la tarde e incluso ya habiendo terminado todo el termo de té de miel, Harry casi había perdido su voz. Pronto estaría viendo el jaguar negro y Tom habría vuelto.
Quizás habría sentido más simpatía por el hombre que claramente se le había zafado un tornillo del dolor si no fuera quien lo tenía como prisionero en el dormitorio del esposo de dicho hombre. Ahora, solo pensar en él le causaba desprecio. El otro Harry podría muy bien haber muerto en esta misma habitación. En la cama en la que había dormido.
«¡No! Nadie murió en esta habitación. ¡No te asustes para nada! Ese loco dijo algo sobre un hospital, así que Harry Ryddle murió en una sala de enfermos. ¡No aquí!»
Tenía la esperanza que fuera eso.
—¡Ayuda! —Su voz apenas podía escucharse. Jadeando y al filo del dolor, con la garganta a carne viva por todos sus gritos, se rindió por un momento y volvió a meterse al lugar. Empezó a rotar por el sitio como había estado haciendo entre el momento en que había empujado todo su peso contra la puerta y empezado a gritar como un banshee con la esperanza de ser escuchado.
Vueltas y vueltas daba. Gira una y otra vez hasta que paredes pintadas en tonos pálidos y suaves y la afelpada alfombra se desenfocaron, y cae de rodillas, mareado. Su cabeza le daba vueltas y sus gafas estaban torcidas. Lamentando profundamente sus acciones, Harry yace de espaldas en el suelo y cierra sus ojos, esperando que la horrible sensación haya pasado y su estómago calmado.
El ruido de neumáticos contra la grava llegó por la ventana aun abierta antes de que pudiera pasar el vértigo, rápidamente seguido de un portado de la puerta del coche. Luego sonó la puerta principal de la casa al abrirse y cerrarse. Los pasos de Tom resonaron a través de la alfombra cuando presionó su oreja en el suelo, pero no se acercaron a las escaleras.
La tranquilidad de no tener la presencia de su secuestrador iba a durar un poco más, al parecer. Era mejor hacer algún uso de ello y revisar la habitación. Harry había estado demasiado ocupado entrando en pánico y tratando de escapar como para molestarse en hacerlo hasta ahora. Empujándose para quedar en una posición de rodillas, miró a su alrededor.
Las paredes, que antes había registrado como 'pálidas' ahora las notaba de un color que iba parcialmente entre azul y gris y la alfombra debajo de él era de un blanco impecable. El armazón de la cama, escritorio y silla que lo acompaña fueron hechos de una madera oscura y pulida. Las sábanas arrugadas eran del matiz exacto del papel y el sofá era de un suave gris. La parte superior de la mesa estaba vacía de cualquier desorden con papel, lápices y otros utensilios de escritura ordenados en tazas de cerámica del mismo color opaco. La puerta del armario lleno -Harry estaba seguro, con la ropa que pertenecía a alguien que ahora se pudría en el suelo-, estaba cerrada. El librero, colocado contra la pared frente a la cama entre la ventana y escritorio, estaba llena con una amplia gama de novelas bien cuidadas y en la parte de arriba del mueble habían dispersados numerosas y pequeñas fotografías enmarcadas de metal.
Harry se acercó para poder verlas mejor, tomando la primera entre sus manos y examinando la instantánea de una feliz vida perdida. Sus ojos se abrieron al ver el joven vibrante que colgaba del cuello de Tom con una sonrisa en su rostro, ambos vestidos con ropa abrigada y rodeados por la caída de las hojas de otoño. De piel pálida, ojos verdes y gafas redondas. Quizás una pulgada o menos de alto, pero por lo demás era una copia al carbón de él. El parecido era asombroso; increíblemente desconcertante; era como si estuviera mirando a un espejo o descubrir de repente que tenía un gemelo idéntico que nunca había conocido. Aunque el Harry de Tom era mayor.
De veinticinco. A pesar de que estaba asumiendo que había muerto recientemente y no meses o incluso años atrás.
Harry dejo la foto en su lugar y toma otra.
Un rostro que fácilmente podría haber sido el propio lo miraba con ojos suaves, tendido boca abajo sobre la cama que había compartido con su marido con uno de sus libros abierto frente a él y una sonrisa en su rostro. En el reflejo de la ventana se podía ver a Tom, de nuevo con una cámara elevada sobre su rostro sonriente. También la dejó en su lugar.
Cada cuadro contaba la historia de una relación llena de amor. El tipo de cosas que rara vez existía fuera de las páginas de novelas románticas. Sonrisas intercambiadas. Ojos llenos de un ardiente amor. Sus manos entrelazadas. Labios colocados suavemente juntos. Pero cuando más cerca estaba del otro extremo de la repisa, se hacían más evidentes los signos de la enfermedad. La vida daba paso al agotamiento. El brillo saludable desapareció. La redondez suave de su rostro desapareció.
La imagen final era dolorosa de observar. Tomada, estaba seguro, por una enfermera u otro de los visitantes del otro Harry. Estaba apoyado contra una evidente cama de hospital, conectado a numerosos monitores y rodeado de blanco. Con el pecho hundido y la piel estirada sobre las costillas visible por debajo de la bata de hospital. Un rostro que no tenía otra definición que la de un cráneo blanqueado por el sol. Su cabello desaparecido. Los ojos verdes hundidos, oscuros y sin brillo. Sosteniendo en una mano huesuda una rosa roja llena de espinas.
Tom estaba sentado junto a él, ligeramente encorvado en el asiento de plástico duro agarrando la mano que no sostenía la rosa con extrema delicadeza entre las suyas y sus ojos centrados en el rostro del otro. Sus ojos oscuros todavía estaban llenos con el mismo amor que el de las otras imágenes, con el mismo sentimiento que Harry había visto cuando le trajo la bandeja de comida en la mano. Pero allí estaban llenos de dolor. El dolor que se apodera de alguien que ve lo que más le importa a uno desaparecer ante sus ojos. Los ojos de un hombre que sabe que la persona que amaba tanto, morirá.
Y así fue.
Retirando sus ojos de la fotografía, Harry se agacha y mejor empieza a examinar la colección de libros. Pasa sus manos sobre los diversos lomos de tapa dura y casi todos bien cuidados sin mucho más que una marca en una de las esquinas de las páginas, piensa con nostalgia en cuánto su amiga Hermione le encantaría tener esta colección: La odisea. Los viajes de Gulliver. El libro de la selva. Moby Dick.
Harry se detiene y sienta sobre sus pies, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado, confundido. Algo estaba mal, aunque no podía decir exactamente qué. Tardo un momento más en mirar la copia de El Paraíso Perdido antes de darse cuenta de qué se trataba.
Había algo atascado en el libro, escondido entre la portada e índice.
Con un poco de esfuerzo logra sacar el libro de su lugar en el estante y abrirlo. Garabateado en la cubierta interior con bolígrafo negro, con letras fluidas y casi femeninas, había una nota:
Para mi amado, con la esperanza de que aprenderá a apreciar la poesía tanto como lo hace su preciosa prosa. -21/4/11
Pegado bajo esta había una llave de plata.
El corazón de Harry salta por un momento antes de darse cuenta con gran decepción que la llave era demasiado pequeña para pertenecer a la puerta de la habitación en la que Tom lo había encerrado. Entonces, ¿en dónde iba? A algo en la habitación, sin duda. ¿En el escritorio quizás? Valía la pena intentarlo, aunque solo sea para pasar las horas en las que probablemente estará allí. Harry cuidadosamente la quitó de la cinta. Colocando en su lugar El Paraíso perdido en el estante superior, convenientemente tapando la última y más inquietante imagen, Harry se traslada al escritorio y se sienta en la silla donde había estado más temprano esa mañana. Pronto está revisando el exterior de los cajones por todos lados.
Nada. Nada. ¡Allí! En la parte externa del cajón superior, pequeño y poco profundo, había un pequeño agujero plateado.
Harry no perdió tiempo en meter la llave en el agujero y girarla. Con un clic, la cerradura cedió y el cuervo la abrió. Dentro del cajón había un pequeño libro con una cubierta gastada de cuero, las esquinas con un decorado dorado y sus páginas siendo mucho más irregulares y desorganizadas que cualquier novela o libro.
Un diario. El diario de Harry Ryddle. Con cautela, casi como si temiera que el desgastado libro se abriera y mordiera su mano, lo saca de los cajones y deja sobre el escritorio, pero antes de poder abrirlo, el sonido de una llave girando en la cerradura de la puerta lo hizo saltar y voltear en esa dirección. Tom entra a la habitación con otra bandeja en sus manos, cargada con dos platos de comida y dos latas de refresco.
—¿Estás volviendo a escribir en tu diario, amor? —le pregunta, sonriendo y cerrando la puerta con un golpe de su pie antes de caminar hacia él—. Me alegra ver qué estás regresando a tus hobbies. Sé que siempre te ha gustado confiar en ese librito —Coloca la bandeja en el escritorio, levanta uno de los platos y refresco y los coloca frente a Harry—. Espero que tengas hambre, hermoso.
Su estomago gruñe al ver la comida a pesar que se sacudió al tener el hombre tan cerca de él; su pecho presiona brevemente contra la espalda de Harry, el calor de su cuerpo traspasa su ropa mientras colocaba el plato y lata. El delicioso aroma a queso y salsa marinada se mezcla con su fuerte colonia y jabón ostentoso que Tom usó cuando el hombre mayor le aprieta suavemente su hombro antes de retroceder y trasladarse a la cama.
—¿Cómo estuvo tu día? —pregunta suavemente el de cabellos oscuros, abriendo su bebida y colocándola cuidadosamente en la alfombra al lado de su pie y posando el plato en su regazo.
—¿Mi día? —el breve impulso de enterrar el cuchillo que le habían dado en la garganta de su captor lo atravesó, pero Harry lo ignoró—… bien.
No quería arriesgarse a que también le cerraran la ventana, así que no podía decirle exactamente la verdad sobre lo que había estado haciendo.
—Me alegra escuchar eso —dice Tom, mirando feliz como el cuervo colocaba con entusiasmo la pasta y trozos de pollo en su boca en tanto cortaba su propia porción—. Las cosas en la firma van como siempre. Estresante.
El cabello oscuro de Tom estaba revuelto como si hubiera pasado sus dedos por él, frustrado; el cuello de su botón estaba arrugado, revelando una tira de clavícula y la corbata alrededor de su cuello estaba parcialmente deshecha. El hombre era realmente guapo. Es una verdadera lástima que estuviera completamente loco.
—¿Firma? —repite Harry, tomando un trago—. Como… ¿una firma de abogados?
—Soy socio de una empresa de defensa criminal, ¿recuerdas? —El hombre levanta el tenedor a su rostro y arranca delicadamente otro bocado de su comida con dientes filosos—. Draco es, como siempre, una pesadilla. Su padre es un fantástico abogado del corporativo, pero quería algo más 'emocionante'; se supone que es mi asistente, pero para más tiempo jugando con su cabello que haciendo algo productivo.
¿Había sido secuestrado por un abogado en defensa criminal? La ironía era lo suficiente cercana como para hacerlo reír. Al menos explicaba la mansión y el jaguar que estaba conduciendo.
—¿En qué estado estamos?
—¿En cuál crees que estamos, Harry?
—…¿Colorado?
Las cejas de Tom se fruncen brevemente. —No querido. Estamos en Missouri, a unas pocas millas al sur de San Louis. En nuestra casa, la mansión que me dejó mi padre.
—¡No tenemos vecinos! —Suelta Harry. Para su sorpresa, el otro se echa a reír.
—No hagas pucheros, amor. Es más tranquilo así—dice—. Sé que puede ser bastante solitario para ti, pero eso no durara mucho tiempo. Pronto podrás regresar a trabajar. Invitar a todos tus amigos y divertirte como solías hacer. Y puedes volver a tener esta habitación como oficina, tal como tenias antes de enfermarte; despierto durante horas cada vez que llevas tu trabajo de edición a casa —Tom vacía su lata y termina el resto de su comida—. Hablando de traer el trabajo a la casa, desafortunadamente me he visto obligado a hacer eso y esta noche debo enfocarme en nuestro caso actual. Sin embargo, te compré un televisor para que no te aburras solo con tus libros como compañía. Ahora lo instalaré; avísame cuando hayas terminado tu cena para que los baje y lave los platos.
Con su propio plato y lata vacía, el de cabellos oscuros sale de la habitación, sin duda yendo por el televisor que había comprado, y cierra la puerta detrás de él. Harry lo observa con ojos entrecerrados y una mirada lo suficiente intensa como para pelar la pintura, luchando por evitar fantasear con arrancar los ojos del otro hombre con el tenedor.
Nota de traductor.
Harry realmente la tiene difícil, ¿eh?
¡Espero les haya gustado este capítulo! ¡Sus opiniones son realmente apreciadas!
¡Nos vemos en la próxima!
Les desea dulces lecturas,
Aly.
