When September Ends

Por KaedeRavensdale

Traducción por Alyssa S.


Capítulo 8

Ruptura.

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No podía recordarlo con claridad. ¿Su casa era de un estilo ranchero o una gran mansión inglesa? ¿Era pequeña pero acogedora con paredes pintadas de rojo y de un piso cubierto con la extraña alfombra dorada que su madre había encontrado en una liquidación, o grande con paredes de color gris azulado y alfombra blanca llena de tantos libros que fácilmente podría confundirse con una pequeña biblioteca?

Si no era con Tom, ¿con quién volvería a casa?

Nunca debió haber traído el maldito diario con él, sin importar las otras veinte malditas páginas que leyó antes de salir de la habitación del hotel.

—Buen día señor. ¿En qué puedo ayudarte?

Harry parpadeó, sus ojos verdes se centraron en la joven mujer que estaba sentada detrás del mostrador mientras los sonidos de las conversaciones, ruedas y zapatos arrastrándose por el piso se registraban en su mente. La estación de Greyhound. Él estaba aquí para... ¿por qué estaba aquí? Se repitió una vez más. —Eh, yo... me gustaría comprar un boleto de autobús —soltó patético.

—¿A dónde? —musitó la otra, sin molestarse en lo que sin duda era otra de las muchas manifestaciones de estupidez civil que veía a diario.

Esa... era una buena pregunta. Este lugar no se encontraba muy lejos de la casa que compartía con su esposo. ¿No podría solo… caminar de regreso? El pobre de Tom probablemente ya estaba muerto de preocupación. —Colorado, por favor —de su boca salió de forma automática—, me voy a casa.

Su casa estaba a solo unos pocos kilómetros de distancia. No necesitaba un boleto de autobús para... «¡Por Dios, concéntrate!»

La mujer siguió hablando. Harry se obligó a escuchar. —Me temo que el último autobús de hoy salió hace una hora, y el próximo que no está completamente reservado no saldrá hasta dentro de dos días cerca de siete de la mañana.

Se mordió el labio. Quedarse en la ciudad -Little Hangleton si recordaba bien- no estaba en sus planes. Por obvias razones. Cuanto más tiempo se quede aquí, mayor será la probabilidad que ese abogado loco lo encuentre.

—Gracias —Harry dijo sin mucho entusiasmo—. ¿Puede darme un boleto para el próximo que salga, antes de que se agote? Es muy urgente que llegue... a casa.

—Por supuesto. Deme solo un minuto —Ella replicó. Harry pasó su espera mirando nerviosamente el considerable fluir de la multitud. Medio agachándose debajo del mostrador cada vez que pasaba un hombre que se parecía vagamente a Tom.

Tom nunca apareció. Gracias a Dios. Tom no estaba allí. ¿Por qué no lo estaba buscando? ¿No le importaba que se hubiera ido? ¿Y si se hubiera lastimado? ¿O asustado?

«¡No, tú no quieres que te busque! ¡Deberías estar celebrando, no entrando en pánico!»

—Aquí tiene señor. El autobús debe llegar a la estación alrededor de las 7:30 de la mañana de la fecha indicada.

—Gracias —Tomó el boleto y con la misma salió de la estación de autobús.

Ya eran las seis de la tarde. Estaba cansado y hambriento y más que nada, un poco nervioso. Cada ruido fuerte lo tenía mirando a su alrededor. Cada movimiento repentino lo hacía saltar casi un pie en el aire.

Todavía le quedaban dos días antes de poder estar seguro haber escapado. Lo mejor, mientras tanto, sería esconderse para que la posibilidad de que el otro lo localice fuera lo más baja posible, pero primero necesitaba conseguir comida.

Harry terminó en la mesa de un restaurante local muy descuidado y se quedó allí otras tres horas comiendo panqueques y tomando café. Pagó con la tarjeta y se fue. Cuando comenzó a caminar de regreso hacia el motel llamado, al menos en su propia mente, HELL, ya eran pasadas las nueve y todo estaba muy oscuro. De no ser por las luces traseras rojas, podría no haber notado el Jaguar negro.

El moreno se congeló al instante, casi ahogándose cuando su corazón pareció saltar hasta su garganta. Quería correr, esconderse, pero sus rodillas se congelaron. Su garganta demasiada seca para gritar. La puerta del lado del conductor se abrió y por ella salió una figura.

Una mujer.

Con la posibilidad de haber muerto allí mismo de alivio, no perdió tiempo en regresar corriendo a su habitación sin siquiera molestarse en encender una luz que sabía no funcionaría, cerrando la puerta tras de sí.

Estaba a salvo. Era una mujer. Estaba a salvo. Tom no tenía idea de su ubicación. Estaba a salvo. Mientras se mantuviera solo, estaría bien. Solo un poco más y estaría en casa. Su frente golpeó la puerta con un ruido sordo mientras se concentraba en respirar, esperando que sus latidos se desaceleren.

—Harry.

Había vuelto a la carrera. Saltó tan alto que casi golpeó el techo y se dio la vuelta, encontrándose casi cara a cara con Tom. Lo había encontrado. ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo lo había rastreado hasta este hotel? ¿A esta habitación?

¿Lo iba a atacar? ¿Lo iba a volver a golpear? ¿Usaría un arma contra él? ¿Una pistola? ¿Un cuchillo? ¿Aquí era donde terminaría su vida?

Había bloqueado su propia ruta de escape. No habría forma de poder defenderse. Así que hizo lo único que pudo.

Él comenzó a gritar. A gritar con fuerza. A gritarle a Tom. Sobre Tom. Sobre quién era él en realidad. Lo que pensaba de él. Lo que hacía. Sobre lo que planeaba hacer y el por qué. Había estallado en lágrimas del pánico durante su quiebre, terminando envuelto en los brazos del mayor.

Brazos fuertes. Brazos cálidos. El olor de su jabón y colonia lo abrumó. Lo ahogó. Alejó incluso ese incómodo y persistente aroma de la lúgubre habitación del motel. Su cabeza se nubló y su garganta se calmó, haciendo que una ola de agotamiento se apoderase de él. Con hipo y sollozos, enterró su rostro en el pecho de Tom.

De alguna manera habían terminado en la cama; él estaba acurrucado en el regazo del más alto, presionando su cabeza contra sus ahora lágrimas y su camisa mojada mientras Tom frotaba suavemente su espalda en círculos. Su pecho vibrando con lo que Harry pronto logró identificar como una canción de cuna relajante.

—Bebé, Harry querido, shh. Todo está bien. No estoy enojado contigo, mi amor. Tú estás... aun estás enfermo —Parecía dolido, su tono sonando muy angustiado—, la enfermedad... el tratamiento... la medicación... te ha confundido tanto.

—¿Confundido?

—Si cariño—Sus manos corrían por su cabello ahora. Mimándolo. Acariciándolo suavemente de una manera que se sentía realmente maravillosa—. Has estado… alucinando. Esa es la verdadera razón por la que yo… te encerré en tu habitación y no quería decírtelo porque ya has sufrido tanto. Esperaba poder… ahorrarte un poco de angustia.

—¿Alucinando?

Escuchó el suspiro liberarse del otro donde su oreja presionó contra el pecho del otro. —Si.

—El secuestro… tú me drogaste.

—Ese día te había traído del hospital.

—¿La golpiza?

—¿Golpiza? ¡Por piedad, mi amor, te caíste! Nunca te levantaría la mano. ¡Nunca! ¡Por mi vida!

—¿Y el informe de noticias? —él sollozo—, en el canal veintiuno.

—Cariño, ese canal no existe. Todo lo veías era estática.

De sus ojos lágrimas se vieron derramadas mientras su cuerpo temblaba como una hoja atrapada en una tormenta violenta. Estremeciéndose con fuerza, de la cabeza a los pies. Su mente trataba de procesar lo que le dijeron. Lo que significaba. Lo intentaba, una y otra vez. Se detuvo, finalmente, cuando se dio cuenta entre de que no podía hacerlo. —¿Qué hay de Harry Potter?

—Potter era tu apellido antes de casarnos.

Se sentía como si hubiera sido ceñido con un sacabolas. Pero también se sintió aliviado. Alucinaciones. No era real. Nada de eso fue real. Tom no era el loco, él lo era.

Se sintió tan increíblemente liberador finalmente escapar de toda esa constante agitación. Harry se acurrucó contra el cuerpo de su esposo, sus ojos cerrándose con un suspiro suave. —Llévame a casa, Tom. Por favor. Llévame a casa y a la cama… estoy cansado.

—Como desees, mi amor —Colocando un tierno beso contra su frente, Tom recogió su delgado cuerpo sus brazos y, con cuidado, lo sacó de su habitación.


Nota de traductor.

Cuídense mucho, bebes. ¡Mucha fuerza!

¡Infinitas gracias por leer!


Próximo capítulo: Gris.