When September Ends

Por KaedeRavensdale

Traducción por Alyssa S.


Capítulo 13

Aniversario

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Cuanto Tom terminó de preparar la comida, la cocina parecía salida de un restaurante de cinco estrellas, y el delicioso e increíble olor que expedían los platillos llenaba cada rincón de la cabaña. Todas las luces del primer piso habían sido atenuadas hasta el nivel más bajo, reemplazadas por cientos de velas blancas y, con el sol ya oculto, la luz plateada de la luna se derramaba por las ventanas. La mesa de la cocina había sido cambiada por una mucho más pequeña, más intima, envuelta en mantel blanco donde sobre ella posaban pétalos de las rosas rojo sangre que había en el florero del centro. Frente a frente las sillas se encontraron, y las copas llenas de champán rebosaban de su claro líquido.

Tom estaba de pie junto a la mesa con una camisa de cuello y pantalones, sonriéndole con una mezcla de adoración oculta y deseo en sus ojos.

—Tom, esto es increíble —soltó el ojiverde mientras era rodeado por los brazos del otro—. Me siento tan mal vestido. Solo llevo una camisa y unos jeans.

—La ropa no importa, amor. Después de todo, estará en el suelo para cuando termine la noche —dice antes de mordisquear suavemente la concha de su oreja, haciendo que se estremezca, casi tentado a olvidarse de la comida de no ser porque sabía todo el empeño con el que su esposo la había hecho.

—Supongo que es verdad —Las manos de Tom se deslizaron por su espalda y pasaron por sus caderas, amasando suavemente su trasero a través de la tela de sus jeans y sonriendo por el jadeo que soltó—. ¿Qué comeremos? Huele increíble.

— "Coq au Chamberlain", solo lo mejor para mi amado. Y un buen champán francés con trifles de cerezas para acompañar —Tom sacó su silla para él—; ¿cenamos?

—¡Sí, por favor!

Se rió suavemente mientras Harry casi se lanzaba a su silla, apenas capaz de esperar que el moreno hiciera lo mismo antes de comenzar a comer.

—Respira y mastica, Harry. Si no, te ahogarás.

—Moriría feliz si eso pasara —Con cautela tomó un sorbo de su copa, encontrando el alcohol mucho menos agradable que la comida.

—¿Qué pasa?

Debe haber hecho una mueca sin darse cuenta. —Está seco.

—Es champán, muñeco —El movimiento que hizo su muñeca para mover aquel líquido prácticamente goteaba elegancia. Si Harry fuera sincero, estaría bastante celoso de la gracia que Tom mostraba con nulo esfuerzo—; no tienes que beberlo todo si no quieres. ¿Deseas que te traiga un poco de agua?

—Sí, por favor, si no es mucha molestia.

—Tú nunca serás una molestia. Nunca lo habrá —Tom acarició suavemente con la parte posterior de sus nudillos la mejilla de Harry antes de levantarse y agarrar el agua—. Aquí tienes.

—Gracias.

—¿Quieres repetir o estás listo para el postre?

—Esa es una buena pregunta —No estaba bromeando. Para nada. Harry realmente tuvo que pensar esa pregunta por casi un minuto para diversión de Tom—. ¿Postre?

—¿Eso es una pregunta?

—¿No?

—¿Es eso una pregunta?

—¿Podemos pasar al postre, Tom?

—Por supuesto, Harry.

Los trifles se veían increíbles y sabían aun mejor. Tom solo mordisqueó su propio postre, demasiado absorto en ver al cuervo consumir y disfrutar de aquel manjar como para molestarse en hacerlo con el propio.

—¿Está bueno? —Harry asintió en medio de su ultimo bocado—. ¿En serio? —Otro asentimiento. Tom tarareó antes de ponerse de pie, untando algunas de las virutas del chocolate y el licor de la cereza en sus labios como brillo labial para luego inclinarse sobre la mesa para besarlo. Lamió minucioso antes de alejarse con una sonrisa—. Está bueno, pero tú sabes mucho mejor.

—¿Yo?

Tom tarareó. —¿Escuchaste eso?

—¿Qué cosa? —parpadea confundido.

—Esa canción —Estaba de pie, caminando hacia la radio de aspecto antiguo -del que Harry estaba sorprendido que aún pudiera funcionar- y subiendo el volumen—. Nuestra canción. ¿No lo recuerdas? ¿O'Children de Nick Cave & The Bad Seeds?

—Creo que esa es una de las cosas que olvidé, Tom —Harry le dice con tristeza mientras el moreno regresaba a él.

—Baila conmigo —extiende su mano para ayudarlo a levantarse—. Por favor, Harry.

El cuervo observa su mano por un momento antes de tomarla y dejar que Tom lo levantara de la silla.

—No soy un buen bailarín —suelta, descansando su cabeza contra el pecho del mayor. Los brazos de Tom lo envolvieron mientras comenzaba a balancearse suavemente al ritmo de la música—. Entonces, si me paro o tropiezo y me caigo…

—No te preocupes amor, solo estamos tú y yo.

Él tarareó suavemente mientras giraban y marcaban un paso lento y fácil por la cocina. Cuando terminó la canción, el moreno no lo dejó ir. Permanecieron juntos en la oscura cocina, uno contra el otro mientras las velas se consumían.

Las manos de Harry recorrieron el pecho contrario para desabrochar tímidamente el primer botón en su camisa. —¿Deberíamos… subir?

—¿Subir? —El cuervo desabrochó otro botón. Luego otro. El iris de Tom pronto se tornó oscuro—, ¿por qué deberíamos?

—Ya sabes —La camisa se abrió e inmediatamente comenzó a trazar con avidez aquellos definidos músculos y toda extensión de piel que pudo alcanzar con las yemas de sus dedos.

—¿Sí? —Esas grandes manos habían regresado a su trasero—. Recuérdamelo.

—Creo que deberíamos subir y… hacerlo. Eso que hablamos ayer.

—¿Qué era? —Entre la sonrisa y la risa que soltó, sabía que se estaba divirtiendo; a pesar de su excitación, a Tom parecía encantarle burlarse de Harry.

—Yo… nosotros… ¡maldita sea, Tom! ¡Sabes bien de lo que hablo!

—Lo sé. Pero también sé que si no puedes decirlo, no deberías hacerlo.

—¡Llévame arriba y follame, maldición!

—Eres tan sexy cuando estás frustrado, amor. ¿Sabías? —Lo levantó del suelo y ya en sus brazos lo llevó a las escaleras—. Lo eres todo el tiempo.

La gran cama cedió bajo él mientras el otro lo recostaba con sumo cuidado en el centro antes de arrastrarse sobre él y lo llenara de besos, cubriendo su cuerpo con el suyo más grande.

Manos ligeramente callosas se filtraron bajo su camisa. Corrieron su estómago, y al llegar a su pecho, sus movimientos fueron delicados al pasar por sus pezones. —Siéntate un poco para que pueda quitarte la camisa —Harry obedeció ansioso, permitiendo que Tom le sacara aquella prenda—. Hermoso, como siempre.

Mordiscos y besos salpicaron su cuello y estómago. Sus manos se aferraron a sus caderas mientras una boca se unía contra un pezón y su hermano. Un ronroneo soltó cuando Harry se arqueó contra él, rozando sus pantalones y gimiendo antes de al fin poder bajar sus jeans y dejarlo completamente expuesto.

El cuervo sintió un fuerte rubor extenderse hasta su pecho cuando la mirada de Tom cayó sobre su cuerpo desnudo de una forma que parecía tocarlo solo por su intensidad. Pasó la mano por su costado mientras se maravillaba en la penumbra de la habitación iluminada por la luna.

—¿Estás listo, bebé?

Harry asintió, respirando con dificultad y con la piel cubierta en una fina capa de sudor. —Sí. Estoy listo, Tom. Por favor, no me hagas esperar más.

—No lo haré, cariño. Ya esperamos lo suficiente —se inclina y abre el cajón de un buró, quitando sus pantalones y arrojándolos descuidadamente en el suelo. Algo sonó y momentos después unos dedos fríos pincharon suavemente su entrada—. Ahora relájate amor; definitivamente te prepararé primero, ha pasado un tiempo desde la última vez. Solo es lubricante.

—¡Está helado!

—Se calentará pronto, no te preocupes —Tom levantó una de sus piernas sobre su cintura y empujó el primer dedo en su interior. Ante eso, Harry siseó.

—Se siente muy extraño.

—Lo sé. Pero pronto se sentirá bien —Otro dedo entró lentamente, la extraña intromisión se convirtió en una pequeña molestia—. Una vez que lo encuentre.

El cuervo podía sentir los dedos moverse en su interior. Tanteando, torciéndose. Buscando algo. Y entonces:

—¡Ah!

—Aquí está —los dientes de Tom brillaron en la oscuridad—. ¿Eso se siente bien? —bromeó ligeramente al volver a rozar el pequeño paquete de nervios, sacando más sonidos de sorpresa del más pequeño antes de presionar sus dedos con fuerza.

—¡Tom, por favor!

—¿Por favor? ¿Por favor qué?

—¡Por favor, más!

—¿Más qué? —él aumentó la presión, mirándolo retorcerse—, ¿más de esto?

—¡No! ¡No más dedos! ¡Por favor!

—Como desees, mi amor —El gimió cuando Tom sacó sus dedos, pero el sonido fue rápidamente ahogado cuando el moreno lo penetró. Lento y minucioso fue su ingreso. Su peso yacía sobre su cuerpo, apenas sosteniéndose con sus brazos para no aplastarlo. Harry se aferró a su espalda con lágrimas en las comisuras de sus ojos—. Dime cuando moverme.

Su voz era tensa. Su control visiblemente a punto de romperse. El ardor de la intrusión de algo mucho más grande que los dedos que lo habían dilatado apenas había disminuido, pero no quería poner a prueba la paciencia de Tom.

—Muévete —Él gimió cuando sus caderas rodaron, empujándose más profundo y haciendo que el cuervo arañe su espalda. Le dolía, pero, afortunadamente, Tom se mantuvo a un ritmo lento hasta que una vez más encontró aquel punto de placer.

—Estás tan apretado, amor —Lo atrajo más cerca, arqueando su columna y cambiando su posición para dar en otro ángulo. Gruñó al sentir a Harry arañar su espalda hasta sangrar—; es tan bueno. Ha pasado tanto tiempo.

El cuervo gimió fuerte, incapaz de producir una respuesta más coherente. Apretó sus muslos alrededor de los hombros del mayor. Su cabeza estaba apoyada contra las almohadas y sus ojos se ponían blancos. La tensión en su vientre se fue haciendo cada vez más tensa hasta que finalmente se rompió.

La humedad se extendió entre sus cuerpos, cálida y pegajosa, cuando el menor se corrió. Gimió sin poder hacer nada más mientras Tom perseguía su propia liberación en su cuerpo sobre estimulado hasta que llegó en su interior y no pudo moverse más; sus respiraciones estaban aceleradas, sus corazones palpitaban al unísono.

—Increíble —Tom salió de él y llevó a Harry contra su pecho, tirando las sabanas sobre ambos y acariciando su espalda—. ¿Cansado, mi amor?

Él asintió, lento.

—Duerme. Te despertaré mañana temprano para que podamos tener otra ronda o dos antes de volver al agua.

—No voltees la canoa esta vez —Harry gruñó contra su clavícula.

Tom rió y cerró los ojos. —No lo volveré a hacer —Él dijo—. Lo prometo.