Nota: Los personajes de Hazbin Hotel utilizados para ésta historia pertenecen a Vivziepop. Personas y hechos históricos que se ocupan en pos de la historia han sufrido cambios, y lo que se describe aquí no debe tomarse como cierto.


—"Me gustaría saber, ¿qué es lo que está pasando aquí, Herr Crowley?" —La voz serena pero enérgica de Himmler rompió el silencio que se había creado luego de que la voz de Charlie fuese escuchada por primera vez por los presentes.

Alesteir Crowley sonrió tranquilamente mientras miraba como un pastor mira a sus ovejas, a los dos hombres pertenecientes al tercer Reich; extendió las manos a sus presentes, como un sacerdote lo haría a sus fieles, para luego, juntarlas como si suplicara a algún dios.

—"Eso, mi querido amigo, es el tema principal de ésta reunión…"

Himmler y Wirth se miraron uno al otro, como si se preguntaran qué deberían hacer. Por supuesto, no podían ignorar a Alesteir Crowley, sin embargo, lo que estaba ocurriendo en aquel momento era extraño.

Luego de un breve silencio, el señor Crowley continuó.

—"Antes que nada, permítame presentarle a mi querido acompañante: Albert Maillet"

Alastor, quien había tomado asiento junto a Crowley mientras miraba fijamente a la princesa, quien, por el momento, se había quedado en silencio nuevamente, tratando de retener sus lágrimas y preocupaciones, no tuvo más remedio que levantarse de su lugar y presentarse adecuadamente.

—"Un placer, señores." —Había dicho entre dientes, con su sonrisa característica, mientras continuaba con su análisis a la señorita Charlotte Magne de reojo.

Luego de la presentación, y de que Crowley pidiera a los varones ahí presentes que tomaran asiento nuevamente, extendió una misiva dirigida a Himmler y otra a Wirth de parte de Rose.

Ciertamente, Rose no contaba con la presencia de la princesa del infierno en sus planes, así que tuvieron que utilizar atajos para crear una historia lógica y convincente para acercarse a la chica en cuestión. No tenían otra opción desde que el mismo señor del infierno lo había ordenado, además, no era contrario a las intenciones que tenían desde un principio. Simplemente, tenían que cambiar el enfoque de sus métodos para obtener el resultado deseado.

Mientras tanto, Charlie continuaba con la cabeza baja, tratando de pensar en una manera para quedarse en la tierra por un poco más de tiempo. ¡No había podido siquiera ayudar a Frau Anna o al señor Wirth durante los pocos meses que había permanecido allí!

Tras la lectura de las misivas a los señores Wirth y Himmler, éstos quedaron pensativos por un breve tiempo. El que rompió el tranquilo silencio que los había envuelto fue Hermann Wirth.

—"Entonces, Madamme Rose es una rehén del gobierno norteamericano… No lo puedo creer." —Las manos de Hermann fueron guiadas hasta su cabeza, frotándose el cabello una vez, mostrando su desconcierto.

—"La edad, amigos míos, nos hace frágiles, incluso a gente como ella." —Respondió Crowley. —"Por ello, ella envió a su sucesor oficial a éste lugar, el único que ha recibido los dones de la gente de la señorita Charlotte."

—"Es increíble." —Intervino Himmmler. —"¿Se han encontrado más personas como el joven Maillet?"

—"Eso aún está en investigación por un grupo de confianza, sin embargo, no hay más casos confirmados. No obstante, las leyendas sobre el intercambio de niños por hadas, desde tiempos tan remotos, e incluso documentados en libros como el Satiricón, hace pensar que es una práctica muy común entre ellos."

Los hombres miraron a Alastor con curiosidad. Cualquier otra persona que no conociera o creyera en Rose, lo habría tomado por patrañas, pero éste par de especímenes tomarían por verdad absoluta todo lo que proviniera de ella sin chistar, y muchos otros también. Sobre todo, si ella mandaba una señal de auxilio como ahora.

Y no es que en realidad lo necesitara, sin embargo, todo era por el bien de cumplir con las órdenes de su señor, además, ella ya sabía que el momento de su muerte se acercaba. La mujer tenía poco más de cien años de vida, así que debía ordenar sus asuntos, y lo que ahora tenía prioridad era el último pedido que le cumpliría a su señor.

Rose era una mujer afiliada a la religión Luciferiana; más que obligada, ella agradecía a Lucifer por sus dones de aquella manera. No era de extrañar, pues había sido descendiente de aquellos primeros humanos que empezaron a rendirle culto como a un dios.

—"Por el momento, el único humano con conocimiento sobre la sociedad y el mundo al que pertenece la señorita, es el joven Maillet." —Continuó Crowley. —"Pero lo más importante de esto, es que llegamos a tiempo para evitar una catástrofe."

Cuando dijo aquello, el anciano Crowley al fin develó el objeto que estaba cubierto por la seda. Era una calavera hecha de cristal, de color rosado. El objeto parecía brillar, y emanaba un aura misteriosa; aquello era un artículo legendario, una de las trece calaveras talladas que auguraban el fin del mundo si se juntaban.

—"Eso…" —Hermann Wirth suspiró. Nunca había tenido la oportunidad de ver algo así durante todos sus años de investigación.

—"Es lo que evitará que la señorita perezca." —Sentenció Alastor mientras miraba a una Charlie confundida, ella, aunque había aprendido un poco de alemán, no entendía la mayoría de lo que decían; usualmente, ella se guiaba con el lenguaje corporal de sus interlocutores, pero en esa ocasión, todos parecían bastante serios. —"Su cuerpo necesita nutrientes que el mundo al que pertenecemos no tiene, es por eso que ella no era capaz de hablar siquiera. Su experimento la había condenado a una muerte segura, si madame Rose no hubiese visto las consecuencias de lo que había hecho usted, con su clarividencia, no quiero ni imaginar lo que hubiese ocurrido."

Hermann Wirth se quedó callado, mientras que Himmler parecía pensativo. En efecto, la muerte de un ser de otro mundo sería malo para la imagen del Reich, sin embargo, sentía que exageraba el joven Maillet, puesto que de aquella muerte se podría sacar provecho… a menos de que aún no supiese toda la verdad sobre la joven.

—"¿Qué es lo que vio exactamente Madamme Rose? Su misiva, aunque concisa, no explica muchas cosas." —Preguntó Himmler, motivado por la curiosidad, y la sensación de que le ocultaban algo. Crowley cerró sus ojos mientras llevaba una taza de té a sus labios, desde que cumplió los cincuenta años, él había dejado de lado el vino por su salud, y porque sentía que la intoxicación mermaba un poco su poder espiritual. Luego, volteó a ver a Charlie, tras ello, a Alastor. El viejo se percató de la mirada intrigante de su acompañante a la heredera de Lucifer. No era de extrañar, ella parecía tan… diferente a lo que usualmente uno se imagina cuando se habla del anticristo.

—"Creo que el más indicado para aclarar esos asuntos es el joven Maillet, desde que él estuvo viviendo toda su infancia como niño intercambiado, y quien pasó casi toda su adolescencia con madame Rose." —Alastor sonrió ante la mención. En efecto, él había pasado parte de su adolescencia con Rose, luego de que obstinadamente pensara que podría vencerla. Ella fue la única quien le encontró, luego de que su padre muriese por su mano.

Aquel era su destino, se decía. Su tío lo había preparado desde siempre para ello, para ser el Alastor de su madre, y él lo había aceptado gustosamente.

Por otro lado, él en realidad se sentía como un niño intercambiado. Lo habían robado de su madre, y a ella, la habían asesinado cruelmente por el bien de una familia que nunca se había preocupado por él hasta que le necesitaron porque no había más herederos. Su padre no sólo había arruinado la vida de la mujer a la que embarazó con un niño bastardo, sino que la destruyó por completo cuando quiso, arrancándolo de la familia amorosa que habían formado a pesar de las circunstancias.

En el fondo, Alastor prefería la historia que presentaba a la propia. Hubiese querido que su madre sufriera lo menos posible, que viviera. Ella había sido una santa, y es por ello que él había crecido con ira y resentimiento al regente del paraíso, porque ella no se había merecido la vida que le habían dado, y esperaba que al menos, ella estuviera en un lugar mejor. No obstante, él nunca detendría su propósito, nunca negaría sus crímenes y, también, continuaría con sus negocios como siempre.

Carraspeó un poco, y empezó.

—"Una guerra, señores. Inevitable. Sin embargo, si mantenemos con vida a la princesa Charlotte Magne, estoy seguro que el lado ganador se decidirá fácilmente."

—"¿Usted acaba de decir princesa?" —Comentó Wirth con nerviosismo.

—"¿Es que acaso la princesa no lo escribió? Bueno, desde que ella no es muy versada en su idioma, no creo que sepa si quiera lo que significa esa palabra. En efecto, ésta hermosa señorita es la heredera de su pueblo." —Alastor pausó un poco, bebiendo un sorbo de la copa que se encontraba frente a él y que, seguramente, Crowley le había preparado. Era un wiski fuerte, el cual pasó por su garganta suavemente. —"No ha cambiado nada desde que estuve allí. Su cara era conocida por todo aquel mágico mundo de muchos nombres: Thule, Agartha, Ragnarok, Shamballa… lo seguro es que deben estarla buscando."

Los miembros del tercer Reich palidecieron. Indirectamente, debido a sus experimentos, habían secuestrado a la princesa de un mundo, que según alguien que había estado en él, era poderoso.

Herman Wirth tragó saliva mientras miraba a la princesa, quien parecía un tanto confundida. Cierto era que ella aún tenía problemas para seguir conversaciones complejas en alemán. Desde aquel momento, la idea de Hermann Wirth sobre proponérsele a Charlotte fue aplastada, pues seguramente, algún alto mando, o quizá el mismo Führer pensaría en una alianza de aquel tipo, y obviamente, alguien como Hermann no tendría oportunidad.

—"¡¿Qué quiere decir con que no ha cambiado?¡" —La curiosidad en la mirada de Himmler, desbordaba.

—"Los seres de su mundo son muy longevos, durante el poco tiempo que estuve allí, aquellos que me tomaron como pupilo me enseñaron algunas cosas. Parece ser que tienen la costumbre de buscar humanos con potencial parecido al de ellos, y nutrirlos. En aquellos días, tuve la suerte de asistir a una celebración donde los gobernantes asistían. Fue allí cuando la conocí." —Mentira, todas sus palabras eran mentira y aun así parecían tan convincentes, describiendo todo con gran detalle. Una voz suave lo interrumpió, en un idioma conocido por él.

Charlie no sabía exactamente de lo que estaban hablando, aunque se daba una idea. Se había mantenido callada, y cuando trató de hablar, no pudo. Luego, recordó que su voz salió justo cuando tocó aquel objeto que había estado oculto bajo una tela.

Tomó valor, y esperando que funcionara, la tocó de nuevo, esperando a que le respondieran sus preguntas, y también, esperando a no parecer tan maleducada. Si era necesario, ella usaría su título de princesa del infierno, pero había llegado a una conclusión: no se iría al infierno hasta haber salvado al menos un alma humana.

—"Ummmh… Perdón por mi intromisión, y aunque no sé muy bien de qué están hablando, supongo que es sobre mí, ¿cierto? Antes que nada, quiero aclarar que no pienso irme de la Tierra, no aún. ¿Pueden hacerlo saber a mi padre, por favor?"

Los ojos de la princesa estaban llenos de determinación. Lo había dicho, había tenido el valor de decirlo y se sentía bien. No le importaba ahora nada más lo que ella pensaba, era su propósito en aquel lugar tan maravilloso que era el mundo humano.

Alastor la miró sonriente. Como el único que la entendía, le dio gracia lo que había escuchado. Ella, en realidad, era fascinante. ¿Por qué quería quedarse en la tierra, si seguramente sabía que estar allí la lastimaba? ¿Qué es lo que quería? ¿Es que ella estaba en una fase rebelde al respecto con los designios de su padre? Quería saberlo, en primer lugar, por la amabilidad de sus palabras, ¿cómo es que ella, siendo una noble del infierno, hablaba tan amablemente? ¿Es que era un engaño, una pantomima?

Se escuchó un susurro, el señor Himmler preguntaba qué es lo que ella había dicho. Alastor levantó una mano, con un gesto que daba a entender que le permitieran un momento, para responderle a la princesa.

—"En efecto, hablábamos sobre su persona. Sin embargo, temo decirle que, aunque su padre y nosotros lo deseamos, no podemos devolverla a su lugar de origen, así que no debería preocuparse por ello. Sin embargo, es mi obligación permanecer a su lado mientras resolvemos este inconveniente. Por el momento, tuvimos que inventar algunas cosas, puesto que es prioritario que los humanos no sepan su verdadera naturaleza, ¿entiende?"

Charlie asintió, dando un pequeño suspiro, sosteniendo una de sus manos contra su pecho. Al menos, ella no sería enviada al infierno de manera inmediata, eso le había dado tiempo. Se preguntaba si aquello tenía que ver con la poca energía y su incapacidad de hablar… era verdad que desde que había llegado a la tierra, sus poderes habían mermado mucho, tanto que se sentía indefensa.

—"Entonces, ¿puedo contar contigo? ¿No es… peligroso que hablemos de esto aquí?"

Alastor sonrió burlonamente, ante la mirada de los presentes, quienes esperaban la traducción de la pequeña conversación con la noble invitada.

—"Ellos no pueden entendernos. Además, señorita, debo pedirle que hable lo menos posible en el idioma humano, desde que es mi trabajo permanecer con usted, necesito un motivo para que éstos amables caballeros me permitan cumplir con mi deber."

—"¿Qué pasa si no quiero?"

—"¿En verdad tirará la oportunidad de tener apaciguado a su padre mientras está aquí? Sabe muy bien que él podría hacer cualquier cosa si no lo permite."

El hombre frente a ella tenía razón. Además, era una manera de mantener contacto con su padre; en realidad, ella lo extrañaba, y tenía la ligera sospecha de que, si se negaba, el gobernante del infierno trataría de invadir la tierra si era necesario por el bien de ella. Sólo, ella tenía miedo de que también la encontrara Harold. De que, de alguna manera, él la enfrentara y la hiciera sentir mierda por cómo habían pasado las cosas la última vez.

Además, ella realmente quería tratar de salvar almas humanas, y quizá los enviados de su padre no lo entenderían.

Charlie se abrazó a sí misma, pensativa. No tenía más opción que aceptar la ayuda que su padre le había enviado, a pesar de no quererla por completo.

—"Está bien. Sólo… me siento un poco incómoda si me hablas tan formalmente. ¿Podrías llamarme simplemente Charlie, por favor?"

—"¡Por supuesto, todo un placer, Charlie, querida! Me puedes llamar "Alastor", aunque, para los humanos, mi nombre es Albert Maillet."

Charlie y él estrecharon sus manos, aunque él llevó la blanca extremidad de la rubia a sus labios, como todo un caballero. El contacto, al contrario de lo experimentado con el hombre de nombre Himmler, se sintió más cálido y menos intimidante a pesar de que fue un poco inesperado. Ella sonrió, él parecía amable, y en verdad Charlie deseaba que lo que aparentaba ser, fuese real, aunque temía que en verdad fuese así porque ella era hija del gobernante del infierno, además, ¿qué tipo de humano tiene negocios con el mismo Lucifer? Charlie sabía la respuesta por vivencia propia, seguramente, él era uno de esos humanos pecadores que habían vendido su alma por algo en la tierra, o un pecador que adoraba a la figura mística de su padre. Ella no lo entendía, ¿por qué condenarse al infierno? Probablemente, los humanos no sabían lo que les aguardaba, así que pensó que tal vez, salvar a alguien que le había vendido el alma a su padre podría ser buena idea.

Luego de aquella pequeña conversación entre la princesa y Alastor, éste último respondió las preguntas a los alemanes, quienes estaban curiosos.

—"Verán, caballeros… Nuestra preciada invitada ha solicitado mi ayuda para comprender mejor éste lugar, ya que, aunque me ha comentado que las personas que ha conocido han sido amables con ella, en realidad, se siente extraña al no saber lo que es aceptable en éste mundo." —La sonrisa amable de Alastor no se hizo esperar mientras hablaba; los alemanes, por otro lado, no sabían cómo responder a la solicitud de la princesa Charlotte, y tampoco sabían si lo que decía el joven llamado Albert Maillet era completamente cierto.

Confiaban lo suficiente en Crowley, sin embargo, Himmler permanecía con la guardia alta frente al acompañante de éste.

Charlie, entonces, sacó la pequeña libreta que llevaba consigo. Ella identificaba palabras en alemán, y podía escribir lo suficiente como para hacerse entender, pero era seguro que no podía hablarlo, aunque quisiera, así que escribió como pudo la solicitud de Alastor como su acompañante.

—"¿Cómo había dicho que se llamaba ante los humanos? Al… Albert." —Pensó la rubia. Luego, se dispuso a escribir ante la mirada de los hombres presentes.

Albert es mi persona.

Es lo que ella había escrito.

Alastor cambió su sonrisa normal por una de autosatisfacción. Estaba un paso más cerca de que el gobernante del infierno le deba un favor inmenso, y obviamente lo iba a cobrar, en esta vida o en la otra.


Himmler había decidido que, aunque aún no se podía confirmar la fiabilidad de que la joven Nephilim, como les decía Albet Maillet a los de su especie, llamada Charlotte Magne era la princesa del mundo al que se le había bautizado como Agartha, debería ser tratada bajo el protocolo establecido para alguien que ostentaba un rango similar, evitando así futuros roces no deseados.

También, estaba curioso por la figura del joven Maillet. Alguien que promulgaba haber vivido sus primeros diez años de vida entre los nephilim, quien había estudiado su historia y sus ciencias, y quien había expresado su deseo a ayudar al Reich a cambio de permanecer al lado de quien consideraba la hija de su gobernante legítimo.

—"Si le soy sincero, el único gobernante al que sería fiel es al padre de ésta joven. Fue una desgracia para mi ser enviado de vuelta accidentalmente, y aún lo sufro." —Es lo que había dicho, y luego, le mostró las secuelas de su viaje con un cuerpo humano normal. El hombre estaba lleno de cicatrices, de pies a cabeza. Sólo su rostro y sus manos estaban limpios de aquellos cardenales y figuras extrañas grabadas en su piel. —"Para sobrevivir en aquel ambiente, el humano tiene que adaptarse, de una manera u otra." —Terminó. Parecía ser que algo le habían hecho aquellos seres.

En realidad, Alastor no mintió del todo con respecto a su última frase. Su tío se había encargado de hacer la mayoría de esas escarificaciones y de suplir algunos órganos en rituales mágicos con su propia autorización.

Luego del brutal asesinato de Mary a manos del bastardo que se hacía llamar su progenitor, Alastor y el hombre llamado Gustav Doucet huyeron. Siendo perseguidos como una presa, no tuvieron mucho tiempo para hacer lo que debían. Alastor estaba listo, listo para cobrar venganza por su madre, listo para aceptar el regalo de sangre de su tío.

No importaba que su alma se condenara, al fin y al cabo, su alma era suya y no quería darla a un tirano como el que era el Dios al que se suponía debían rendirle culto, pues, ¿qué había hecho él por ellos? Nada, guardó silencio ante la inminente muerte de una dama tan bella y buena, tan santa como lo había sido su madre.

Fue entonces, desde ese día y ese momento, que Alastor tomó la tutela de Charlotte Magne. Él, junto a Alesteir Crowley, serían sus voceros mientras el tercer Reich se encargaba de la seguridad y las comodidades para la señorita. Seguramente, pensaba Alastor, sería un dolor en el trasero la presencia de guardaespaldas oficiales de las SS, sin embargo, tenían un arma con la que podían contar para evitar ser espiados: el idioma natal de Charlie.

También, Alastor y Crowley tenían que pensar una manera de recargar la energía de la princesa del infierno sin necesidad de que ella tuviese que tocar directamente los objetos malditos y espirituales que habían recolectado para ella. Sobre todo, Alastor pensó que sería una molestia que ella tuviese que tocar los objetos cada que deseara hablar. Siendo sincero, él creía que ella tenía una voz bonita y educada, y debido a que le recordaba al tono de su madre, se encontró inconscientemente deseando escucharla.

No era de extrañar, pues él siempre había sido un hijo de mami cuando apenas era un niño, esos recuerdos, lo único dulce que había tenido en toda su existencia, los había guardado para sí y atesorado en lo más profundo de su ser, sin embargo, no era molesto el disfrutar de un poco de aquellos a través de su trabajo. En realidad, podría ser agradable, una especie de descanso de todo el ajetreo y las hosquedades de la señorita que tenía en casa.

Por otro lado, éste era un buen pretexto para deshacerse de Vagatha.

Ordenarle a la joven morena permanecer al lado de Charlie, como una especie de estrategia en el plan de espionaje, sería lo mejor. Estaba seguro de que la princesa no revelaría nada extraño, y que la criada permanecería tranquila al lado de una joven linda como Charlotte.

Sobre todo, Alastor tendría el camino libre para empezar con su cacería habitual sin tener que preocuparse demasiado por el factor no deseado infiltrado en su hogar.

Fue así que Charlotte Magne, la joven Nephilim, que había atravesado un portal hecho por los científicos del tercer Reich, se cambió a una residencia oficial que se volvería la embajada de Agartha.

La noticia había ocupado primeras planas durante una semana; de hecho, a Alastor le había hecho mucha gracia cómo es que los alemanes habían caído tan fácilmente ante las mentiras de Rose, Crowley y él.

El edificio que le habían cedido a Charlie era una especie de palacete ubicado en Wilhemstraβe; tanto el personal como los guardias pertenecían a la plantilla del partido NSADP, obviamente.

Aquel día, la princesa del infierno vestía de manera sencilla, con un conjunto de falda y saco que le rememoraba la moda de las señoritas de oficina en Nueva Orleans, de color rosado. Un sombrero estilo fedora del mismo tono con un lazo oscuro ocultaba el rubio cabello, recogido en un estilo elegante. Los pocos objetos que le había regalado Hermann Wirth con el dinero del erario se habían empacado cuidadosamente en cinco maletas, entre sombreros, vestidos y artículos básicos de uso personal.

Charlie se había lamentado el hecho de que Frau Anna no la acompañase, y la hizo prometer que la visitaría. La despedida fue emotiva, pero no llegó a las lágrimas. En todo el ajetreo del cambio, Alastor la había acompañado, permaneciendo a su lado como una sombra. Poco a poco, la rubia se empezaba a acostumbrar a su presencia; él era agradable, amable y efusivo, y siempre tenía conversaciones interesantes, aunque a veces ella no pudiese responder debido a la condición en la que se encontraba.

Cuando llegaron a la embajada para que ella se asentara oficialmente, Charlie tuvo una vieja sensación de deja-vu. Una fila de mucamas los había recibido, inclinándose ante ellos, como lo hacían usualmente en el infierno. Las decoraciones del lugar le recordaron un poco al palacio de su padre, estilo rococó. Una ola de emociones encontradas se apoderó del cuerpo de Charlie y sus ojos cambiaron por un momento a color rojo. Al verla, algunas mucamas se asustaron, sin embargo, la presencia de los militares de servicio pareció calmarlas lo suficiente como para no hacer ningún escándalo.

Aquel incidente se había repetido muchas veces desde su llegada a la tierra; siendo que la energía del ambiente era inestable, el propio control de ella misma también lo era. La primera vez que le había ocurrido frente al señor Hermann Wirth, él había puesto una cara llena de curiosidad, pero también de miedo. Incluso Frau Anna se había asustado de ella en alguna ocasión.

Alastor, tomándola de la mano, como todo un caballero, se ofreció silenciosamente a mostrarle lo que sería su habitación, sacándola de su lamentación con respecto al temor que los humanos parecían tenerle. Allí, una joven de cabello largo de tono gris la estaba esperando. Ella era, seguramente, la joven asistente que Alastor le había prometido.

Con un ojo oculto tras su cabello, y una sonrisa un poco triste, ella se presentó, inclinándose suavemente.

—"Mucho gusto, señorita, mi nombre es Vagatha." —Alastor la había hecho practicar sus modales para asistir a la princesa del infierno; no sólo eso, él le había encomendado monitorear los movimientos de los guardias y los altos mandos del tercer Reich que visitaran a la rubia mientras él no se encontraba cerca.

Se había escudado en que las investigaciones sobre el nuevo mundo serían de vital importancia para el futuro del país, ya que la tecnología era completamente desconocida y seguramente tendría muchos usos, y, sobre todo, la especie a la que pertenecía Charlie era algo nunca antes visto, así que seguramente llamaría la atención de los altos mandos, cosa que debían aprovechar para sacar información.

Al inicio, Vagatha no quería hacerlo, sin embargo, el bastardo de Albert tenía razón. Además, la chica a la que tendría que cuidar era linda. No es que ella pensara sólo en la belleza de las mujeres con las que se atravesaba, dios, no era una mujeriega… simplemente, quería un motivo para no odiar su suerte más de lo que ya lo hacía.

Charlie simplemente asintió con la cabeza. En aquel momento, ella no podía hablar, pues no podía mantener consigo la calavera de cristal que le había obsequiado el señor Crowley, era demasiado grande siquiera como para transportarla de manera segura.

Miró alrededor, la habitación que ocuparía se dividía en dos secciones, en la que habían ingresado, era una especie de sala donde podía tener visitas privadas. En el fondo, estaban unas puertas dobles que daban directamente a lo que sería el dormitorio; un estilo clásico y femenino desbordaba el lugar, pero lo que llamó la atención de la joven rubia, fueron los ventanales que daban hacia un balcón.

Llena de curiosidad, y ante los ojos de complacencia de Alastor, Charlie se dirigió allí y abrió las cortinas que apenas dejaban pasar la luz del día. Más allá del ventanal, se extendía una vista a la ciudad. Ella podía ver personas de todo tipo marchando en las calles, como las que vio en el transcurso del viaje, y también podía ver los edificios.

El sonido de las aves se eclipsaba con el barullo de los peatones y el claxon de los automóviles que estaban en pleno auge, supliendo a los carruajes y caballos poco a poco. También pudo ver algunos caballos y oficiales montados sobre ellos. Humanos charlando, riendo, amando. Su corazón se ablandó ante la vista. Era todo lo que ella quería ver: caras de felicidad. Era lo que ella quería que fuese el infierno, un lugar donde todos pudiesen tener una buena vida a pesar de que el sitio en sí era difícil.

¿Cómo era posible que gente como la que miraba ahora por la ventana pudiese condenarse? No lo entendía, pero haría lo posible para que permanecieran así, felices y sin el sufrimiento que conllevaba llegar al infierno y vivir las purgas anuales.

Alastor se acercó a ella, observando silenciosamente cómo la joven disfrutaba de la vista, con unos ojos llenos de anhelo, esperanza, y quizá algo de tristeza. Esos ojos le recordaban las veces que su madre lo miraba, y sintió como una espina se clavaba un poco en él. Unos ojos oscuros lo habían mirado así hace tantos años, oscuros igual que los de la chica a la que estaba observando. Buscó en el bolsillo de su chaqueta, y sacó un colgante que había preparado para aquel momento. Era algo egoísta de su parte, el solucionar el problema de comunicación de la princesa del infierno simplemente para su disfrute, pero, ¿qué se le iba a hacer? Él simplemente era lo que era, no más; no quería complicarse demasiado, sin embargo, la joven que estaba frente a él, dándole la espalda, era una chica encantadora. Una belle demonio encantadora.

Sonrió para sí mismo, pensando si era posible que un demonio fuese como ella en realidad. Hasta ahora, lo único que ella tenía de demonio era lo sobrenatural de su existencia. Los pocos días que se habían conocido, ella había sido amable, buena, educada, algo que no esperarías de una princesa de un lugar como lo es el infierno.

Y no es que Lucifer fuese grosero o falto de educación, sin embargo, era severo cuando se trataba de asuntos correspondientes a los rituales y castigos en pos de los contratos, cosa que Alastor creyó que su hija sería de igual manera.

Entonces, cuando se encontraron por segunda vez, ella le hizo un pedido ridículo, risible, que sólo alguien con flores en la cabeza en lugar de cerebro pediría.

Y, sin embargo, la princesa del infierno lo hizo.

Era por esa razón que él se rio ante los encabezados de los periódicos que la llamaban "ángel". Porque ella era lo más cercano a lo que se supone esos seres deberían ser.

"Yo… trabajaré duro por la salvación de las almas humanas, ¿puedo contar con tu ayuda? No importa si tan sólo salvo a uno, quiero demostrar que existe la redención para los pecadores, incluso para los que han vendido su alma a mi padre."

Ella se veía tan segura de sí misma cuando lo dijo, que lo sorprendió. Era la primera vez en muchos años que alguien lo había tomado por sorpresa de aquella manera. Tanto, que algo dentro de él se sacudió por el impacto.

Y allí estaba, ayudando a esa joven que le había otorgado una manera nueva de entretenimiento, fuera de sus negocios de cacería. Él quería ver lo que ella podía hacer por los patéticos pecadores que quería salvar tan fervientemente, quería verlos caer una y otra vez, tratando de alcanzar al ángel que intentaba ayudarlos, en su inevitable fracaso. Aquello sería emocionante, fascinante.

También, quería ver llorar aquel rostro angelical que la princesa del infierno tenía, pero también quería verla reír. Era una delicia que alguien como ella fuese tan entretenida, una existencia absurda e increíble que parecía haber sido hecha para matar su aburrimiento.

Una mano delgada, firme y varonil se posó a la vista de Charlie, dejando caer un colgante extraño frente a sus ojos, manteniéndolo flotando frente a ella como si se tratase de un péndulo. Aquel colgante era un amuleto Hodoo que había sido impregnado con la sangre de Alastor y magia poderosa a través de un sacrificio. Un amuleto de vida para Charlie, que había tomado tres vidas humanas. Tres vidas de aquellos seres que ella tanto quería salvar.

Alastor se preguntó qué cara pondría ella si se enterara de los ingredientes de aquel objeto que era necesario para que ella no cayera inconsciente. Se preguntaba su reacción cuando la rubia supiera que muchas personas morirían para que ella siguiera con vida.

La mera idea lo hizo temblar un poco, emocionándose ante la imagen mental que se había hecho.

—"Es un regalo de parte mía, my dear, para solucionar tus problemas de energía y comunicación. Espero te sea de utilidad en tu pequeño proyecto de pasión." — Le susurró al oído mientras colocaba aquel amuleto. El diseño era sencillo, una cadena plateada con una gema roja como la sangre, engarzada en plata con forma de media luna. En la parte frontal, parecía un adorno normal, sin embargo, la parte trasera tenía tallados varios símbolos, ocultos en una cámara, como si fuese un guardapelo.

Charlie volteó para mirar a Alastor a la cara luego de que el dije fue colocado; sus ojos brillaban, como si sonrieran también. Toda ella parecía brillar, radiante.

No había pasado ni un mes desde que se habían conocido, pero ella, ingenuamente, confiaba en él a pesar de que le había dicho que su proyecto de pasión seguramente sería un fracaso, pero que le ayudaría, no por cumplir con las órdenes de Lucifer, si no para entretenimiento propio. Alastor había sido brutalmente sincero con Charlie, y ella lo agradecía, sin embargo, la apoyaba, aunque no con la mejor de las intenciones. Lo que él no sabía, es que ella también quería salvar su alma, y lo intentaría poco a poco, simplemente, empezaría por ser su amiga.

—"Gracias, Al." —Le había respondido en lenguaje demoniaco, con una sonrisa refrescante y tomándolo de las manos. Ella demostraría que el amor, la amistad y la confianza podían salvar a los pecadores, que una influencia positiva podría llevarlos a la redención, y pondría toda su alma en ello.


Nota de autor: Al fin me han alcanzado con lo que tenía escrito, sin embargo, aún voy con un capítulo por delante. No puedo decir más que gracias por sus comentarios y Kudos, y por su apoyo.

Estoy disfrutando de ésto, estoy disfrutando de la historia que cree para Alastor y espero dedicar un capítulo entero a su pasado. Quiero hacerlo y es necesario, porque pienso que de alguna manera, explicaría la personalidad de él. No sé si el Alastor que he hecho conserva mucho del de Vivzie en el piloto, si hay algo muy OC por favor, perdónenme.