Acercamiento


Disclaimer: Los personajes de Hazbin Hotel utilizados para ésta historia pertenecen a Vivziepop. Personas y hechos históricos que se ocupan en pos de la historia han sufrido cambios, y lo que se describe aquí no debe tomarse como cierto.


Frederick Dohmar siempre fue un clérigo de fe; desde que decidió ponerse la sotana, hasta el día en que su preciada esperanza se vino abajo.

No, no fue un acontecimiento de grandes proporciones; ni siquiera fue debido a algo inevitable o que no tuviese remedio, simplemente, se enamoró. Por supuesto, Frederick, al inicio, entró en negación. Enamorarse es una cosa, prácticamente natural, cuando se trataba de un hombre y una mujer, o aquello era lo que las escrituras sagradas para él, consideraban… cosa mala fue que su amor trágico y correspondido, fue por un compañero de sotana.

Una obsesión antinatural, un anhelo indecente de convertirse en mujer, de volverse uno con el dueño de sus afectos… algo tan simple como el amor, el móvil más común para cualquier acto extremo, incluso los desaprobatorios.

Sus rezos al creador para eliminar la mala vid que se había asentado en su corazón no se dieron a la espera; atado a sus creencias religiosas, oró, se autoflageló, se alejó de aquel miembro de su congregación lo más que pudo, como si huyera del demonio mismo.

Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano ante la obstinación del destino fatuo.

¡Se sintió tan traicionado por su dios, su fe y su moral cuando sus labios rozaron al fin los de su amado! ¡Hastiado, estúpido y engañado!

¿Su dios, realmente existía? ¿Aquel dios, realmente había prohibido las mieles del amor antinatural como lo decían?

Y blasfemó. Blasfemó en el altar, en sus aposentos, en el confesionario. Blasfemaron a la espera del castigo o la respuesta de ese dios silencioso que simplemente se dignó a mirar sin intervenir.

Pero, olvidó que todo tiene su fin.

Sus días de amor se desvanecieron como el humo en el aire; los besos y las caricias se tornaron en rechazo, en un corazón roto y despechado.

Lejos de volver al regazo de su dios ausente, él rezó al demonio, pidió a los dioses de otras religiones, se arrodilló ante humanos comunes, si con ello su amado volvía.

Su locura, y su amor por aquel hombre, llegó a tal punto que se ofreció a sí mismo a cambio de devolverlo.

Conoció a alguien que le ayudó en el proyecto, ofreció sacrificios y su propia mente, y entonces, recibió respuesta.

En lo más oscuro de las profundidades, en lo más olvidado del abismo. Frederick no estaba preparado para ver la aberración que había acudido a su llamado.

Aquella noche, el amado de Frederick volvió a su cama, sin embargo, la locura, la sed de sangre, lo llevó a los límites de lo insostenible, al anhelo de volverse uno con el otro de maneras extremas.

Frederick canibalizó a su amante.

Se convirtió en un errante, en un acólito de su nuevo dios, con el alma del amor de su vida a cuestas, dentro de sí, en lo más profundo, en lo más oscuro de su ser. Eso era lo único que no podía ofrecerles a sus nuevos amos, la caricia del alma que Gustav significaba, su hilo del que pendía su poca estabilidad mental.

Frederick, entonces, vivió buscando almas y cumpliendo los designios de sus dioses; habían pasado veinte años desde la muerte de Gustav, y, aun así, lo miraba en cada momento, lo sentía en cada segundo de su día. Podía verlo a su lado, aconsejándole cómo actuar, apoyándole en su arduo trabajo para los inefables.

Su devoción lo llevó a cometer tantos y tantos crímenes, a desaparecer tantas y tantas almas en la oscuridad del vacío según sus capacidades… y ahora, sus amos lo habían traído a Alemania.

Su trabajo actual era sencillo: debía encontrar algo que uno de sus hermanos ocultaba celosamente. Su hermano con el mayor poder, y la mayor obstinación, quien se había burlado de la clara preferencia que los dioses antiguos tenían para con él y había hecho tratos con los sucios celestiales.


Charlie se había quedado en la habitación de Alastor hasta que él regresó, sientiéndose más protegida allí, quizá porque ese fue el primer lugar que hizo suyo en aquella casa, aunque no a propósito. Tal vez, la conmoción de sus primeros días en aquel hogar y su férrea obstinación a hacer de aquel espacio un fuerte para su mutismo mientras estaba enfadada, sola y decepcionada, habían creado una conexión.

O tal vez, era porque allí se sentía más la presencia del único humano con el que podía tener contacto, y que, a pesar de todo, había considerado un amigo. Tampoco es que tuviera muchas opciones de elegir a sus amistades en la actualidad… simplemente, Alastor se había convertido en una presencia obligatoria en su existencia, con un significado muy lejano a lo que sería el señor Crowley, a quien claramente no le interesaba más allá de lo que podría ser debido a las órdenes de su padre.

Charlie y Alastor se habían dicho cosas hirientes el uno al otro durante su enfrentamiento, había sido injusto para los dos, y también, ella creía que había sido inesperado. Pudo verlo en sus ojos, lejos de cualquier sonrisa falsa que él pudiese darle usualmente, él se sentía sólo, como ella se había sentido, quizá era exactamente el mismo sentimiento al que ella se enfrentaba cotidianamente en el infierno.

Y luego, con los días sumidos en el mutismo tranquilo, ella también observó la alegría silenciosa del hombre al que había llamado amigo, era como si él, de alguna manera, anhelara algo como lo que estaba pasando. Quizá, Alastor simplemente escondía sus deseos tras esa máscara sonriente, tal vez, él sólo quería dejar de sentirse sólo y vacío, como ella.

Fueron esas ideas que ablandaron la ira de la princesa, fue esa empatía que nació de la observación cotidiana, la que hizo a Charlie pensar en Alastor más allá de lo que él mostraba. Un humano joven, solitario, atado a una máscara que se había autoimpuesto; alguien que, a su edad, tenía tratos con seres tan extraordinarios como su padre mismo… Todas esas peculiaridades escondían un triste o estremecedor pasado, según la experiencia de Charlie. Se dio cuenta, que, a pesar de llamarlo amigo, en realidad no lo conocía; sólo quiso ver la parte buena, sólo pudo entender lo que él deseó mostrar de manera superficial, a pesar de que muchas cosas estaban allí, en pequeños gestos y en palabras no dichas, escondidas entre las sombras.

¡Había sido tan egoísta y estúpida! Cegada por su anhelo, por su autoengaño de querer ayudar a otros, había olvidado si quiera en voltear a ver a su alrededor. ¿Cómo podría jactarse de querer salvar almas humanas, cuando el humano al que había nombrado amigo necesitaba la misma salvación que ella ofrecía, y ni siquiera se había dado cuenta de ello?

No obstante, ella aún estaba dolida y todo había pasado tan rápido, tan caótico, que se sintió desvalida. Su padre no se había dignado en contactarse con ella desde la última vez, y su madre… Charlie no tenía mucha cara para hablar o verla siquiera en éstos momentos, aunque pudiera, y aunque la extrañara. No era que lo que había ocurrido fuese su culpa, o que sintiera que la había decepcionado, simplemente, viejos recuerdos habían vuelto a la princesa, y su sensibilidad al respecto se había disparado.

Y ahora, encerrada en su habitación, temerosa por aquel ser desconocido que la había visto, porque eso la había observado detenidamente con todos esos ojos, se había comunicado con ella en un idioma silencioso sin palabras que sólo infundían terror y peligro, algo que ella no había conocido en casi toda su existencia.

¿Qué es lo que era esa cosa? ¿Por qué podía verla? Esas preguntas nadie podía responderlas salvo Alastor, a quien había llamado a través de su sombra. La princesa tomó la decisión de esperarlo allí, en las cuatro paredes de la habitación a oscuras, con las cortinas cerradas mientras las horas pasaban y su sensación de miedo bajaba.

Se había puesto a analizar detenidamente todo lo que había pasado, iniciando como cotidianamente lo hacía aquel día, hasta el momento en que la intromisión del ser desconocido ocurrió. Se dio cuenta entonces, que incluso antes de verlo, algo la había llamado a voltear hacia el bosque… un escalofrío le recorrió la columna mientras abrazaba sus rodillas.

Estaba ansiosa, lo único que quería en ese momento es la llegada de Al, como una niña asustada que se habría quedado sola en casa. Abrazó sus piernas contra su pecho, mientras un preocupado Dazzle se acercaba para tratar de consolarla. Ante el gesto, la rubia acarició la cabeza de su acompañante, suavemente, alejando los temores que la acechaban.

No supo cuánto tiempo había pasado cuando la sombra volvió a la casa, quizá, fue menos de diez minutos, quizá más, aunque para ella, se sintió como toda una eternidad. La sombra con rasgos animaloides le había traído una nota; la letra elegante de Alastor, a pesar de haber sido rasgada en el papel con prontitud, rezaba que llegaría lo más rápido posible.

Charlie suspiró, sosteniendo el trozo de papel contra su pecho, como si aquello la tranquilizara. No se había dado cuenta de que, aquella sensación de soledad y desamparo, se desvaneció lentamente con tan sólo aquel gesto de parte del hombre humano que la mantenía cautiva, pero sí supo que su corazón dejó de estremecerse tan agitadamente.

Cerró los ojos mientras pateaba las mantas de la cama hasta que logró el cometido de hacerlas un ovillo a sus pies, y luego, se cubrió con ellas. El olor de Alastor las impregnaba, siendo él quien había estado durmiendo allí desde que había dejado el lugar. Ella había decidido esperarlo allí, cerrando los ojos, tratando de empujarse a un estado inanimado que la llevara al sueño, sin embargo, no pudo. Su mente aún iba a mil por hora, pensando en el origen del ser al que se había enfrentado silenciosamente. Las respuestas, por supuesto, no llegaron hasta que el dueño de la casa al fin arribó al lugar.


La oficina de Alastor en la Ahnenerbe era sencilla, siendo él ahora la mano derecha de Wirth y compañía, usualmente uno se esperaría la pomposidad de los altos mandos alemanes salpicándole, sin embargo, él había decidido mantener su presencia austera, aunque con un poco de su sentido de extravagancia salpicando el lugar a través de algunos cuadros y objetos dispersados por el lugar.

La habían traído los reportes últimos al respecto del traje nuevo que habían hecho para tratar de iniciar la fase tres del experimento; Alastor había enfatizado claramente que necesitarían un traje que soportara grandes presiones exteriores y que, aunque había oxígeno en "Agartha", los niveles seguramente serían menores a lo que un humano normal aguantaría. La fase de prueba había arrojado resultados satisfactorios hasta el momento, sin embargo, sabía que no era necesaria tanta parafernalia, sobre todo porque lo que Lucifer y él buscaban, era la manera de enviar cosas y seres humanos sin fallas hacia el infierno, y así sobrevivieran desde la primera vez, los humanos que enviarían nunca regresarían.

Mientras aprobaba el traje que era totalmente irrelevante para sus planes, sintió el acercamiento de algo familiar; un algo se materializó como una especie de humo negro y delgado desde sus pies, hasta llegar a su altura. La sombra sonriente se acercó a su dueño, como si le susurrara algo.

Alastor previamente había cortado un poco su sincronización en tiempo real simplemente para guardar energía, así que él no sabía lo que había ocurrido en su hogar hasta que la sombra llegó a él.

Según lo que pudo entender algo había pasado, lo suficientemente grave como para asustar a la princesa. Alastor sabía que sólo había una cosa en todo el universo que podría hacer temblar de esa manera a alguien con la sangre de un celestial como ella.

Tomó una hoja de papel de su libro de bolsillo, y escribió en ella rápidamente que llegaría lo más presto posible. En ese momento, maldijo no haber aprendido la magia espacio-temporal de Crowley, esperando a que aquella cosa que había asustado a Charlie estuviera lo suficientemente cerca para atraparla.

Alastor entregó la hoja doblada en dos a su sombra, y la azuzó a irse rápido; luego, selló los papeles que tenía frente a él con su firma de aprobación. Cosas simples como el calendario de voluntarios a elegir de entre los campos de concentración y el número de muertes requeridas para potenciar la máquina eran los temas que trataban aquellos documentos, cosas sin importancia que tenían que hacerse tarde o temprano y que no le interesaba dilatar.

Mientras terminaba de firmar aquello dando una rápida lectura, varios nombres le venían a la mente. No tardó ni diez minutos en terminar aquello que usualmente le tomaría toda la tarde, y también en recordar cada uno de los nombres y posibilidades que podrían tener que ver con lo que había ocurrido.

Llamó a su secretaria, una jovencita de pecas en el rostro y cabello rubio; podría llamársele encantadora, si no fuese porque era alguien simple y con una personalidad aburrida. Además, ella ocultaba su bello rostro tras unas gafas grandes y redondas, aunque sin mucho aumento. Ella le había recordado un poco a Charlie, así que por eso la había elegido, y, por sobre todo, no era de las chicas que se entrometían en asuntos que no le injerían.

—"Debo salir por una empresa personal, así que, si alguien como el señor Wirth o el señor Klaus requiere de mi presencia, infórmele que estaré en casa." —Alastor extendió los papeles que había firmado hacia la joven, y cuando esta los tomó, empezó a colocarse su abrigo. —"También devuelva todo esto a los departamentos correspondientes. No hay notaciones importantes, así que recomiende que, si se necesitan modificaciones, simplemente adjunten un memorándum."

—"Por supuesto, señor." —La chica parecía un poco tonta, pero había demostrado ser capaz, así que no necesitaba ordenarle nada más. Ella sostuvo los papeles que le habían entregado como si su vida dependiese de ello, y vio cómo su jefe se iba del lugar, sonriente.

Por un momento, a ella le pareció que los asuntos de su jefe parecían ser de índole amorosa, y sintió un poco de envidia de la mujer que hacía que el hombre llamado Albert Maillet corriera a su encuentro.

Suspirando, volvió a la recepción de la oficina para llamar al mensajero interino y ordenar los papeles mientras tanto.


Alastor llegó al pórtico de su hogar cerca de cuarenta minutos después de que su sombra lo había alertado. Olisqueó el viento, como si fuese un animal salvaje del bosque; él había notado algo, un aroma peculiar que había experimentado por años; el aroma de la corrupción, lo pútrido y lo marítimo. Un leve rastro que lo instaba a correr hacia el bosque en búsqueda de más huellas, aunque no lo haría.

El caníbal confiaba en que la presencia extraña se le presentaría directamente, sabía cómo funcionaban éstas cosas, y también, reconocía que no esperaba que le permitieran llegar tan lejos como lo había hecho hasta ahora.

Por supuesto, él aún tenía la ventaja; Alastor era amado por su benefactor en el Partenón primordial, y aunque los otros dioses consideraran su actuar como blasfemo, aún tenía aquel escudo.

El escudo que le había dado ser su hijo.

Por supuesto, quien lo había engendrado a la fuerza dentro del vientre de su madre había sido el desgraciado hijo de puta que incluso asesinó a la mujer que él llamó mamá.

No, la concepción como hijo de aquel primigenio fue planeada por su tío, quien lo preparó para la venganza desde incluso antes de nacer.

Y la pobre y dulce mujer a la que engañó para hacerlo fue su propia hermana. No lo había culpado, él estaba cegado por el amor que le tenía a su única familia. Incluso Alastor lo hubiese aceptado también si durante su concepción hubiese tenido la capacidad para hablar sobre los planes de su tío.

Su tío, la única figura paterna que conoció hasta los cinco años, se entregó a la locura por amor, así como él se había entregado después para culminar el ritual que lo marcaría como una abominación viviente.

Y la pobre mujer engañada nuevamente, había confiado en la palabra de su hermano porque él sabía de embarazos y practicaba la magia blanca, entregándose a los santos que luego maldijo por no haber hecho nada para evitar el sufrimiento de su hermana.

Alastor fue nutrido con brebajes extraños, fue manipulado en el vientre mientras su madre dormitaba en un dulce sueño dado por drogas y la magia a la que su hermano se había entregado.

Alastor, quien había muerto en el vientre y renació como un hijo del caos reptante sabía que lo único a lo que debía temer era a la intromisión de algo más que un simple acólito o aberración menor que pudiese tratar de detenerlo.

Además, tenía la ayuda de Lucifer. Por supuesto, el ángel caído no sabía completamente toda su historia, pues había cosas que era mejor mantenerlas ocultas para beneficio personal más tarde, como un as que pudiese ser utilizado en situaciones fuera de control.

El problema con ello era que Alastor, incluso siendo el favorito del primigenio, era arrastrado a la locura, sacado fuera de sí, volviéndose una máquina de caos y destrucción pura que sólo podía parar hasta que su contenedor humano cayera al borde de la muerte. Ni siquiera había terminado de desarrollarse, y el cambio en su sombra era la prueba de ello.

Claro que su venganza no había terminado, su padre humano había fallecido, pero todavía deseaba vengarse de quien no había hecho nada para evitar su propio nacimiento. La humanidad, dios, los ángeles, y toda esa parafernalia inútil que decoraba el universo entero. A veces se preguntaba si esa línea de pensamiento era la parte de él que formaba parte del caos reptante, aunque ello le importaba poco.

Sólo, ésta vez, sintió que había algo que no quería que su venganza tocara. Alguien que nunca imaginó conocer, y que, si lo hacía, pensó que no importaría.

¿Qué pasaría con ella si los acólitos de los primigenios la tomaban? Alastor lo sabía muy bien, y una parte de él se dijo que no lo permitiría.

Él quería vengarse del mundo entero, disfrutar del sufrimiento de todos, quizá incluso de quienes no lo merecían… pero no quería que ella fuese involucrada. La idea de que alguien le hiciera daño a Charlie le hastió, pensando que nadie más que él tenía ese derecho. Que nadie más que él merecía probar su sangre, empaparse de su ser.

Cuando entró a su hogar, el rastro de olor que lo guiaba hacia el bosque se desvaneció, supliéndose por algo más cálido y familiar, tranquilizador. El olor a santidad que Charlie desprendía, a pesar de que ella era mitad súcubo, llegó a la nariz noble del caníbal.

Su aroma era tan… único. Difícil de describir, pero bastante fácil para caer por él.

Alastor caminó lentamente hacia dónde provenía el olor; allí, según su sombra, ella se había encerrado. Una especie de pequeña punzada de algo parecido a la complacencia se instaló en su pecho cuando se dio cuenta de que ella había elegido resguardarse del miedo en la habitación que él ocupaba, como si ella se sintiera segura cuando se trataba de estar cerca de él.

Antes de entrar, tocó la puerta. Ya había enviado a su sombra a notificar su llegada de antemano, pero no quería sobresaltar a la princesa más de lo que, seguramente, ya estaba.

Unas pisadas suaves pudieron oírse, haciendo crujir un poco la madera del piso; Charlie abrió la puerta momentos después, con sus dorados y grandes ojos mirándole lastimeramente.

No sabía lo que había pasado, pero ella lucía extraña. Más dócil con él, e incluso, podría decirse que lo miraba como si ella le estuviese perdonando algo, y a la vez, pidiendo perdón.

La rubia, entonces, extendió la mano hacia él; Alastor había dejado su abrigo en la planta baja, y se había quedado simplemente con el chaleco del traje sobre su camisa. Charlie estaba sosteniendo aquel chaleco, rozando un poco con sus dedos la delgada camisa que se interponía entre la piel de su pecho y ella.

El caníbal sintió un estremecimiento en su columna, como si el contacto con ella le hubiese causado un shock eléctrico; los pelos de su nuca se erizaron, y él, contempló las pequeñas consecuencias de aquel simple toque.

Había sido diferente a lo que experimentaba usualmente cuando alguien más se atrevía a acercarse a él de esa manera. Asimiló que se debía a la sangre celestial de ella, a su peculiaridad, tratando de negar la verdad que hace tan sólo algunos días se le había revelado y que había aceptado un poco a regañadientes.

—"Tardaste mucho." —Su pequeña voz trémula llegó a sus oídos como una caricia, mientras ella jalaba un poco hacia sí la ropa del caníbal. Él la observó detenidamente, con una sonrisa tranquilizadora en su rostro. Sus lentes circulares no pudieron ocultar la mirada cálida del humano del que ahora Charlie dependía.

Ella observó aquellos ojos suaves que no había visto en él nunca, y se sintió afortunada. Por supuesto, habían pasado cosas malas entre ellos, y seguramente, en un futuro pasarían cosas mucho peores, sobre todo con lo que había ocurrido aquella mañana, pero estaba agradecida de haber conocido a Alastor.

—"Lo siento. Estoy en casa ahora." —El caníbal extendió sus brazos y sostuvo a Charlie por los hombros mientras respondía. Su sonrisa aún permaneció cuando la trajo hacia él como un impulso, cayendo ante la tentación. Charlie, sorprendida al principio, se dejó llevar. Realmente, él la hacía sentir menos insegura.

—"Fue todo tan horrible, Al. Nunca… nunca me había sentido así." —Alastor acarició la cabeza de la rubia, mientras ella soltaba unas pocas lágrimas silenciosas. Era normal que ella sucumbiera al terror de aquella manera cuando en toda la extensión de su existencia nunca lo había sentido. De alguna manera, eso la hizo más empática con los humanos, pero más frágil a los ojos de Alastor.

—"Tranquila, sweetheart, ya todo pasó." —Él susurró, mientras pensaba en la manera de explicarle lo que estaba pasando. Suspiró, mientras esperaba a que la princesa se separara un poco, disfrutando en el proceso del tacto, mientras su cuerpo temblaba de una manera que él no había experimentado antes.

Sin duda, se sorprendió al darse cuenta de todo lo que el simple tacto de ella causó en su sistema, y eso, lejos de molestarlo, lo fascinó.


Notas de autor:

Éste capítulo tuvo una revelación que me había estado guardando mucho tiempo y que no saben cuánto me tuve que contener para no hablar.

Y bien, estuve pensando en hacer un post por allí en wattpad o en algún lugar para aclarar dudas o soltar spoilers, o responder preguntas que se les hayan pasado tanto de éste trabajo como de Beautiful consequences. O hablar sobre algo, nada más XD

¡Gracias por el apoyo que me están dando! En serio, no saben lo que significa para mí leer sus comentarios 3