Agradezco a gvillamia, Gaby, RubyLRed y Sonye-San por sus reviews, así como también a todos los que agregan esta historia a follow y favoritos :3

¡Perdón por no subir cap ayer! Estuve ocupada XD pero aquí está! Espero que les guste, ahora tengo una semana para hacer el otro, porque tengo el resumen nomas jajaja

Disclaimer: Kimetsu no Yaiba es propiedad de Koyoharu Gotoge. Esta historia me pertenece.

Estrella en implosión

Capítulo 3: El culpable

¿Cómo habían terminado las cosas así? Los nervios estaban comiéndoselo por dentro, tenía ganas de gritar en voz alta pero no sabía si era por nervios buenos o malos, ¿existía acaso esa diferencia o era algo que se le había ocurrido en ese momento? Solía ser muy ocurrente cuando…un momento, ¡era la primera vez que estaba en esa situación!

Sí, había ido muchas veces a la casa de Nezuko Kamado, pero siempre estaban acompañados por su amigo Tanjiro, el hermano de la chica en cuestión; incluso le gustaba fantasear de que él sólo estaba de chaperón porque ya había aprobado su relación. ¿¡Cómo podría ser eso posible si él jamás se animó a decirle a Nezuko lo que sentía!?

Quería llorar.

―Gracias, Zenitsu―dijo la chica de largo cabello negro cuando estuvieron cerca de la casa―. No se lo podría haber pedido a nadie más, entiendo que mi hermano tuviera que irse, que estará enfrente, pero…estoy tan asustada.

El rubio no tardó en sentirse preocupado por ella, a pesar de todo Nezuko siempre fue fuerte o trataba de serlo, se caracterizaba por lo entregada que era a su familia al igual que Tanjiro, esa bondad y amabilidad genuina que aparentemente ambos habían heredado. Sólo dos veces la vio frágil y asustada como en ese momento: en el funeral de su padre y la primera semana en la que su madre no salía de su cuarto.

Estaban a tan sólo unas casas de llegar cuando ella se detuvo, mirarla le rompía el corazón, tenía los ojos cristalinos y los puños cerrados, seguramente estaba lidiando en su cabeza con todos los malos posibles escenarios con los que se podría encontrar al abrir la puerta. Se acercó a ella y tomó su mano, pensando que tal vez luego debería responder ante Tanjiro tan sólo por esa acción, pero no importaba ahora porque quería hacerla sentir a salvo y acompañada.

―Tranquila, todo estará bien, ¿sí? Yo estoy aquí para ti―dijo tratando de sonar reconfortante. Se consideraba una persona cobarde en general, pero por ella…por ella podría ser el más valiente del mundo.

La chica asintió pero en vez de soltar su mano entrelazó sus dedos, gesto que parecía ser el que ella necesitaba para armarse de valor y avanzar esos metros que le faltaban. Abrieron la reja principal, caminaron unos pasos y una vez abrieron la puerta la imagen la impactó.

Se soltó sin querer de la mano de su amigo y observó todo como si estaría entrando a un sueño. El ambiente dentro de la casa era cálido, tranquilo, Takeo y Shigero jugaban a los videojuegos en la sala mientras Rokuta miraba, los tres reían. Se les quedó observando un momento, pensando que ahí faltaba su padre y su otro hermano pero que incluso así la escena le transmitía alegría. Sus pies se movieron solos y fue directo a la cocina, donde fue recibida con un saludo por parte de su madre y Hanako que estaban empezando a hacer la cena.

Todo se veía normal, todo estaba bien.

Sus ojos comenzaron a arder un poco mientras se le juntaban lágrimas en ellos. Estaba segura de que a su hermano también le habría gustado ver esa escena. Una que hacía años no veían.

Su madre y hermana no tardaron en acercarse a ella para consolarla, y sus hermanitos pausaron el juego para ir a ver qué le ocurría. Nezuko no pudo hacer más que abrazarlos a todos y seguir llorando, estaba muy feliz porque había creído que jamás volvería a tener un hogar normal.

Desde la entrada Zenitsu sonreía ante la escena. ¡Tenía tantas ganas de correr a la casa de los Kocho y buscar a Tanjiro! ¡Se estaba perdiendo el conmovedor momento!

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En la casa de enfrente la situación era muy diferente: prácticamente nadie hablaba, todo se sentía frío y vacío, él suponía que era normal después de la sentencia que declaraba inocente al asesino de su hija y hermana. Recordaba lo animado que era ese lugar cuando Kanae todavía estaba ahí. No llegó a conocerla mucho, prácticamente no la recordaba pues él era muy joven cuando ella aún vivía, pero aparentemente era la chispa de ese hogar.

―Ah, el hijo de los Kamado―exclamó sorprendido el cabeza de familia al entrar a su casa.

―Bienvenido, Sr. Kocho, espero que haya tenido un buen día en el trabajo―saludó Tanjiro educadamente, poniéndose de pie y haciendo una reverencia la cual el mayor correspondió.

―Ya no hay buenos días―respondió acompañado de un suspiro, dejándolo sin palabras―. ¿Viniste a visitar a Kanao?

El chico que poseía una cicatriz en la frente negó en respuesta, contándole luego lo que había ocurrido en la escuela: Kanao comenzó a llorar desconsoladamente y luego se desmayó, no duró mucho, no pasaron ni cinco minutos cuando recuperó la conciencia, pero debido a ello la enviaron a su casa y él la acompañó al no querer dejarla volver sola.

―Ya veo, gracias por acompañarla y lamento los problemas que te pudo haber ocasionado.

―No fue ningún problema, hice lo que cualquiera hubiera hecho.

―No, Tanjiro―dijo el hombre con una tristeza profunda marcada en su rostro―. No todas las personas son buenas en este mundo.

Tras decir aquello se disculpó y se retiró, habiéndole contagiado su angustia, pero se dijo a sí mismo que no era correcto que él estuviera triste. Él debía ser fuerte para poder ayudar a esas personas, no sólo a Kanao, a toda esa familia que estaba sufriendo por una injusticia que persistía hasta esos días.

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En el camino de regreso no podían decidirse sobre quién estaba más enojado que el otro: si Shinobu o Giyuu, aunque él tenía más razones para estarlo que ella pero, por todos los cielos, nunca le pidió que la esperase, lo había hecho por voluntad propia. ¿¡Y quién se creía para hablar por ella!? Tenía su auto enfrente del edificio donde él vivía, podía fácilmente ir a su casa por su cuenta.

―Tanjiro preparó la cena en casa de mis padres, no quería ser descortés. Además en estos momentos debería estar con ellos.

―Tú no sabes ser cortés. Y si de verdad quisieras hacer eso habrías pedido días libres en el trabajo. Al contrario, te quedaste horas extra en el laboratorio.

Se tensó un momento por el rumbo que estaba tomando la conversación, no quería ponerse a la defensiva o él se daría cuenta, así que decidió cambiar de tema.

―Tienes razón. Lo siento por haberte hecho esperar por mí. Gracias.

Tomioka sacó los ojos del camino por primera vez en la noche para asegurarse de que esa persona que viajaba a su lado fuera Shinobu, es que no lo había dicho con ese tono fastidioso que daba a entender lo contrario a lo que insinuaba, sino que utilizó uno sincero. No pudo evitar sonreír otra vez.

La mujer lo observó de reojo y se sintió aliviada de haber podido desviar su atención, pese a que su orgullo se vio algo dañado en el proceso. Además, debía admitirlo, él tenía razón en varias cosas: si de verdad quisiera estar con sus padres habría pedido días libres; y debía disculparse por no darse cuenta que él era un buen amigo que esperaría por ella para llevarla a casa. Sonrió también, estaba sorprendida y agradada por saber que él la esperó todo ese tiempo, de alguna forma la hacía sentir bien.

Se acomodó en su asiento, jugando con el cinturón de seguridad, sin borrar su sonrisa. La imagen le dio ternura a Giyuu, aunque no lo admitiría en voz alta.

El resto del camino transcurrió en paz, con una que otra pelea por las canciones que sonaban, era gracioso cómo podían pasar de estar tarareando la misma canción a discernir sobre si cierta canción era buena o no. A Shinobu parecía no importarle estar en un auto ajeno, ella quería colocar su música, y a él parecía no importarle ser un buen amigo y ceder a los gustos de su acompañante ya que no era algo de todos los días viajar juntos.

―No seas desconsiderado―dijo la mujer tratando de sacarle el celular a Giyuu para poder cambiar la canción, pero él tenía mucha más fuerza.

― ¿Desconsiderado? Creo que voy a sacar nuevamente mi carta de "esperé tres horas por ti"―dijo sintiéndose triunfador cuando ella soltó su teléfono―. Vaya, funciona.

Ese comentario hizo rechistar a la mujer de ojos violeta, quien se cruzó de brazos y aplicó la ley del hielo a su amigo pero él no se vio muy afectado al respecto.

Ya casi estaban llegando al departamento cuando una canción en particular comenzó a sonar, el rostro de Shinobu palideció por completo, parecía querer decir algo pero no le salían las palabras, y de repente esa falsa sonrisa junto con la expresión de tranquilidad en su rostro volvió a aparecer. Él quería preguntarle qué ocurría tan de repente, por qué había vuelto a esa fachada, pero su pregunta se respondió antes de siquiera formularla.

―Esa era la canción favorita de mi hermana.

Luego de ese comentario lo entendió todo. Era un idiota, siempre se dijo que debía eliminar esa canción, no era que le desagradara pero le traía amargos recuerdos, después de todo Kanae fue como una hermana para él.

Recordaba haberla conocido en la escuela, más precisamente en la enfermería donde ella hacía labores como ayudante del doctor allí asignado, era muy dedicada a su trabajo y esa actitud amorosa que poseía la hacía ideal para ese lugar.

Entró a la enfermería y no quiso mirarle la cara ni a ella ni al médico, estaba avergonzado por haber llegado en esas condiciones: su uniforme estaba sucio y tenía algunos cortes en el cuerpo debido a los golpes que recibió. Sin embargo, a Kanae pareció no interesarle que tuviera vergüenza y tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a que la mirase. Recordaba que tenía el ceño fruncido, algo que luego descubrió era raro en ella.

¡Pero mira estas heridas!―dijo realmente preocupada―, vamos a tratarlas, prometo que no dolerá―. Al decir eso su rostro ya se había relajado y le transmitió confianza.

Pero era una mentirosa, porque sí le dolió cuando le colocó alcohol en sus heridas. Por lo único que no le recriminaba era porque sabía que debía desinfectársela, ella notó sus minúsculas gesticulaciones y sonrió, disculpándose y preguntándole qué había ocurrido, prometiendo mantener el secreto.

Nuevamente sintió esa sensación que le decía que podía confiar en ella, por lo que le contó lo ocurrido, pese a que no estaba muy orgulloso del tema: fue citado al patio trasero de la escuela por una chica que quería confesársele, pero al llegar se encontró con un grupo de chicos que parecían ser del último año, molestando a un perro pequeño. Primero se dijo que no era su asunto, pero al ver cómo uno de ellos levantaba al perro en el aire tomándolo de una pata y los demás le sacaban fotos mientras reían no pudo hacer la vista gorda. Sin mediar palabras se acercó a ellos y los golpeó, ganándose la paliza de su vida.

Vaya…―dijo ella mirándolo con ternura―, eres un buen chico…

Tomioka Giyuu―se presentó, recibiendo una sonrisa a cambio.

Yo soy Kanae Kocho. Te diría que no debes meterte en problemas, pero creo que lo que hiciste estuvo bien, estoy segura que si ese perro pudiera hablar te daría las gracias.

Él me mordió.

La chica detuvo sus acciones y lo observó perpleja, Tomioka supo que no le creía así que se levantó el pantalón de su pierna derecha y le enseñó la mordida, la cual seguía sangrando.

¡Ah! ¡Debiste decírmelo primero! Debo avisarle al doctor―dijo apresurada, levantándose y yendo por el susodicho.

Ella quería ser enfermera. Recordó, estacionando el auto y apagándolo, cortando abruptamente la canción así como también sus recuerdos. Miró a Shinobu con pesar, si él la extrañaba y su recuerdo le dolía no quería imaginarse lo que ella sentía. O mejor dicho, no quería recordar como eso se sentía.

―Llegamos―anunció al verla que no se movía, Shinobu no respondió, tan sólo se quitó el cinturón, abrió la puerta y se bajó del auto camino al edificio. Él tardó unos minutos en salir y alcanzarla.

Esa situación en la que se encontraban era muy complicada, ella no sabía cómo manejarse y él tampoco. Sabía que debía ofrecerle consuelo pero era malo con las palabras. En un intento por hacer las cosas bien la abrazó, ella no se resistió sino que lo abrazó también, ocultando su rostro en su pecho y apretándolo con sus brazos. Giyuu se sintió un cretino entonces…quiso darle consuelo y terminó haciéndola llorar.

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―Es-esto no es necesario, enserio―dijo Zenitsu algo incómodo, observando cómo Nezuko arreglaba la habitación de huéspedes para él. Se sentía tan ilusionado con la escena, era como si ella fuera su esposa y estaría armando la cama donde dormirían, aunque claro que él la ayudaría todos los días con eso y con todo lo que le pidiera cuando fuera su esposa. Sin embargo, esta situación era diferente―. No puedo quedarme, Nezuko, pero te agradezco esto.

La chica se detuvo y se volteó a él con una expresión enojada, haciéndolo temer y emocionarse: ¿sería la primera vez que la vería enojada? ¿Él era el primero en verla? ¡Debía ser así! ¡Quería un castigo de parte de Nezuko!

―No puedo dejarte ir a esta hora―protestó la chica―, déjame llamar a tus padres…

La expresión del rubio cambió por completo al escucharla mencionar eso, colocó una mano en su hombro y ella lo observó callada.

―Eso sería una mala idea―dijo seriamente. Nezuko no pudo evitar pensar que Zenitsu parecía una persona totalmente distinta cuando se ponía serio―. Ya me voy―dijo acercándose y dándole un beso en la frente, haciéndola sonrojar. Le dedicó una media sonrisa, tomó su maletín y se fue, dejándola aturdida por lo ocurrido.

Una vez fuera de la casa el chico sonrió con melancolía, incluso el hecho de haberle dado por fin un beso a Nezuko, aunque fuera en la frente, no pudo devolverle el buen humor. Cómo odiaba esa forma de ser de su familia, sus padres querían prohibirle verla a ella y a Tanjiro, porque ellos tenían "una mala familia". ¡Lo decían como si fuera culpa de ellos la muerte de su padre! ¡Como si ellos hubieran enfermado a su madre! Su abuelo siempre le decía que sus padres sólo querían protegerlo, que no lo hacían por ser malos, que los entendiera; pero él no podía comprenderlos.

Tanjiro era su mejor amigo, jamás lo dejaría solo en una situación como la que vivía desde hacía dos años, y Nezuko…habría deseado conocerla en mejores circunstancias pero al menos la había conocido, estaba ahí, era su primer amor, y esperaba que fuera el único. Pero sus progenitores no lo entendían y él había cometido el error de decírselo a su hermano, y él se lo dijo a sus padres…desde entonces tenía prohibido juntarse con ellos.

Obviamente no obedecería, no podía, ellos eran las primeras personas que de verdad eran gentiles con él, que no querían usarlo sólo para aprobar alguna materia en la escuela. Nezuko no le coqueteaba ni le pedía favores que él como el presidente estudiantil podía hacerle. No, ella se acercaba a él porque lo quería, Tanjiro igual. Por eso él jamás los abandonaría, pero fingiría que sí, porque de lo contrario lo enviarían a vivir lejos con su abuelo y si bien lo amaba, eso significaría estar lejos de sus únicos amigos.

―Ese tren no va a esperarme―dijo antes de encaminarse a la estación, no sin antes echarle un vistazo a la casa de los Kocho, deseándole suerte a Tanjiro.

La familia dentro de esa casa observaba asombrada el resultado de su invitado, incrédulos en verdad porque eso tenía muy buena pinta para haber sido preparado por un chico de diecisiete años. La madre de Kanao fue la primera en probar un bocado, quedándose maravillada por el delicioso sabor.

―Tanjiro, no puedo creer que hayas cocinado esto―le elogió, haciéndolo sonrojar―. Tienes un don.

―Deberías ser chef―coincidió el dueño de casa, al que por primera vez lo vio sonreír en ese día. Sonrió también, su plan había dado frutos, estaba feliz de haber hecho ese pastel de carne que tardaba un par de horas en lograr pero que siempre sacaba una sonrisa en sus hermanos.

― ¿Qué te parece, Kanao?―preguntó volteando hacia la chica, quien parecía absorta en sus pensamientos, al escucharlo se apresuró a comer y asintió, dando a entender que le gustaba. Sin embargo, su rostro no decía eso, y con el paso de los años él llegó a entender esa voz silenciosa―. Si no tienes hambres no tienes que forzarte, te lo guardaré para después―dijo mirándola compasivamente, ella lo miró agradecida, asintió y dejó su tenedor de lado.

El mensaje fue claro para Tanjiro: no comería pero tampoco abandonaría la mesa, quería al menos ser educada con su presencia.

Sus padres se miraron entre sí, no pudiendo creer cómo ese jovencito entendía tan bien a su hija, siendo esto un balde de agua fría para ambos: tantos años habían pasado llorando la pérdida de su hija mayor que habían descuidado a la menor. Intercambiaron miradas e hicieron un pequeño pacto silencioso: debían hablar de ese tema después.

Kanao observaba meticulosamente a todos, se sentía como una niña pequeña que no sabía hablar, ¿si lo hacía su voz sería escuchada? Estaba muy triste, cuando Tanjiro la abrazó en la escuela sintió que algo se abrió en ella, él quitó un nuevo candado de su corazón y ahora este le gritaba que se sentía mal, que no podía soportar ese dolor que selló por tantos años.

Sin querer un sollozo salió de su boca, los presentes se sorprendieron y rápidamente quisieron auxiliarla. Tanjiro quiso hacerse a un lado para que sus padres pudieran llegar a ella pero Kanao tenía otros planes, se abrazó a él como si de ello dependiera su vida, y tal como en la mañana se largó a llorar sin consuelo.

―Está bien, Kanao. Déjalo salir―le dijo abrazándola también, observando a su padre y disculpándose con un movimiento de su cabeza. Sabía que eso que estaban haciendo era muy inapropiado pero si ella así lo necesitaba no la soltaría, luego se enfrentaría a las consecuencias.

Pero no habría tales, ambos: Mei y Kaiden no sentía otra cosa que no fuera agradecimiento a ese chico, y también a Dios, que se lo había enviado. Tanjiro era una luz en tiempos de oscuridad, y sabían que con su ayuda Kanao no sólo se recuperaría de la muerte de Kanae sino que sus heridas de la infancia sanarían también.

Mei le sirvió un vaso de agua a su hija, quien luego de un largo rato se separó de su amigo y accedió a beber. Se sentía avergonzada, sus padres la vieron abrazando a Tanjiro, ¡abrazó a Tanjiro y se puso a llorar! No podía creer sus acciones.

―Lo siento, Tanjiro. Es que…de repente, me sentí muy triste y yo…no sé cómo expresarlo.

Nuevamente la sorpresa, esa era una noche muy productiva. Sin embargo, su padre no quería que ella pensara que sólo podía abrirse con ese chico, él la amaba al igual que Mei, no importaba que fuera su sobrina, para él Kanao era su hija. Tocó el hombro del chico quien entendió que debía darle lugar a Kaiden para que hablara de padre a hija.

―Kanao, siempre que te sientas triste…o incluso si no, si te sientes feliz, si te sientes asustada, sin importar cómo te sientas, aunque no sepas expresarlo, siempre vamos a estar aquí para escucharte. Tu madre―dijo extendiéndole la mano a Mei, que estaba al borde del llanto―, yo y también él.

El chico se sonrojó al verse incluido, que Kaiden lo considerara de esa forma le hacía feliz. Pero ese momento no se trataba de él, sino de la chica que ahora observaba a su padre con un brillo diferente en sus ojos, unos que siempre estuvieron apagados.

Sin dudas, esa era una noche de muchos cambios, unos que no sólo llegaron en Kanao sino también en Shinobu, aunque en su caso no eran cambios sino su forma de ser, la cual despertó nuevamente en los brazos de Giyuu, porque ella no lloraba porque estaba triste sino porque estaba furiosa. Lo abrazaba fuerte porque si lo soltaba comenzaría a golpear todo a su alrededor, tenía tantas ganas de romper algo, de gritar…

―Es mi culpa―dijo entre dientes, pero debido al silencio de la noche él la escuchó claramente―. Lo odio, odio tanto a Douma pero me odio más a mí por habérselo presentado. Si yo no hubiese…

―Los "hubiese" no existen―dijo Tomioka interrumpiéndola sin querer, la apartó de sí y solo entonces ella pudo ver lo enfadado que él lucía―. Tú no tienes la culpa.

―Sí, sí la tengo―lo confrontó, sintiendo que su ira aumentaba con cada palabra―. Estoy cansada que todos me digan que no la tengo, ¡sí la tengo! De no haber sido tan imbécil no hubiese dejado que Douma se me acercara y no se lo habría presentado a mi hermana, si ella no lo hubiese conocido seguiría viva. Rastrea el inicio, soy yo, todo esto es por mí.

― ¡Tú no eres el centro del universo, Shinobu!―dijo con rudeza, viéndola retroceder por lo que avanzó un paso. No se escaparía, lo oiría―. Sí, tú los presentaste pero no manejaste sus sentimientos, créeme que Douma por más galán que fuera no podría haberla engañado tan bien. Fue su culpa el haberse enamorado de él. Ella quiso casarse con él, ella quiso mudarse con él, ella quiso creerle su farsa. ¿Te piensas que no sabía que fingía a veces?―cuestionó, recordando algunas veces en que Kanae le confesó que veía algo raro en Douma.

¿Shinobu se pensaba que él no se sentía culpable por no haberle dicho que tenía razón en desconfiar? ¡Viviría con la culpa de no haberla protegido también! Pero creyó que ella era lo suficientemente fuerte e inteligente para hacerlo sola. Jamás se perdonaría, pero tampoco tomaría la responsabilidad de su muerte como lo hacía Shinobu.

―El único culpable es ese malnacido de Douma, así que deja de pensar que todo ocurrió por…

No pudo terminar porque ella le dio vuelta el rostro de un golpe, se quedó mudo ante la sorpresa.

―Deja de decir lo que piensas sin filtro, por eso todos te odian, Tomioka. Además, eres un hipócrita, ¿cómo te atreves a decirme que no me sienta culpable cuando tú no aceptas que tu familia no murió por tu culpa?

El hombre de orbes oscuros la miró con dureza y ella sonrió, no era esa sonrisa que emulaba de su hermana sino que era una de pura maldad. Quería lastimarlo.

―Mis padres, mi hermana…de no haber estado enfermo ellos no habrían salido a buscar medicinas ni por un médico, no los habrían asesinado―dijo fingiendo la voz de él, observando cómo su mirada se oscurecía cada vez más, pero a pesar de saber que le estaba haciendo daño no podía detenerse―. ¡Eso no fue tu culpa! Tú no les dijiste a esas personas que los asesinaran, a tus padres que no entregaran el dinero de la medicina, a tu hermana que no se metiera para intentar protegerlos. ¿Lo ves? ¿¡Ves qué se siente!?

Giyuu observó el suelo y dejó salir un largo suspiro, levantó su rostro hacia ella y colocó ambas manos en sus hombros.

―Te conté eso cuando éramos adolescentes, unos niños prácticamente. Ya no soy un niño, Shinobu. Sé que ellos no murieron por mi culpa, por eso te quiero hacer entender que Kanae no murió por la tuya.

Los ojos violetas de la mujer se abrieron de la sorpresa ante sus palabras, no sólo las de él sino las de ella, pues éstas recién llegaban a sus oídos. ¿Cómo podía haber sido tan insensible? Estar sufriendo no le daba el derecho a ser así de malvada, había tocado un tema delicado para él, con el cual parecía ya haber hecho las paces pero obviamente le seguía doliendo. Iba a disculparse pero él se adelantó.

―No te preocupes, te entiendo. Yo…también traté mal a Sabito y a Urokodaki cuando todo pasó. Creo que tú la tienes más difícil porque, a diferencia de mi caso, sí encontraron al asesino de tu hermana. Y al final terminó libre.

La mujer sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, era una completa estúpida, ¿cómo fue capaz de decir esas cosas? Esperaba que él se enojara, que le gritara, que la insultara, incluso que la golpeara, pero jamás esperó comprensión después de semejante irrespeto de su parte.

―Ven, vamos adentro―dijo Tomioka abriendo la entrada, ella lo siguió en silencio.

Sí, muchas cosas cambiaron esa noche…

Cuando Tanjiro se fue de casa de los Kocho, éstos lo despidieron con una sonrisa y agradecimiento desde la puerta, y antes de entrar a su casa pudo ver cómo Kanao les decía algo a sus padres. Una vez adentro se topó con Takeo quien le contó todo con lujos de detalles, era el único que estaba despierto pues era tarde y al otro día tenían escuela y trabajo. En su habitación, Nezuko se cuestionaba debajo de sus sábanas qué había sido ese fuerte latir de su corazón cuando Zenitsu le dio el beso. Y lejos de allí, Shinobu empezó a ver a Tomioka con otros ojos.

Continuará…

espero que les haya gustado! Nos leemos en el próximo :D Ja-ne!