¡Hola! Necesitaba un respiro de la cuarentena, ¿y qué mejor que escribir? XD perdón por no actualizar, sinceramente cuando no siento ganas de escribir no lo hago…creí que ya habría terminado de publicarlo pero se hizo más largo de lo que esperaba e.e

¡Gracias Sonye-San por tu review!

Disclaimer: Kimetsu no Yaiba es propiedad de Koyoharu Gotoge. Esta historia me pertenece.

Estrella en implosión

Capítulo 4: Planes

Estaba orgulloso de sí mismo, ¡cuánto había madurado! No podía creer que lo único que pensaba mientras su amiga le decía todas esas barbaridades fuera: "escúchala, está devastada, no sabe cómo desahogarse". Sí, admitía que le había dolido, pero recordaba perfectamente cuando él se comportó de esa forma al perder a su familia, al mudarse con su abuelo Urokodaki y Sabito, aunque valía aclarar que él era un niño cuando eso pasó y Shinobu…ella ya estaba grande para tener esos exabruptos.

―Kocho, apresúrate o llegaremos tarde―dijo mirando la hora en su celular, si no se apresuraban quedarían atrapados por el tráfico.

― ¡Que dejes de llamarme así!―protestó la mujer saliendo del baño, observando el rostro de felicidad que tenía Tomioka. No lo entendía, debería estar enfadado, no feliz―. Ah, espera―dijo regresando al baño, haciendo que él resoplara molesto.

No tardó mucho, tal vez dos minutos más, pero cuando salió tenía su cabello amarrado diferente a lo usual…como cuando era adolescente. El hombre más que agradarse por el cambio se sintió perturbado, tenía que llevar a su amiga con un psicólogo lo más pronto posible. ¿Es que no se daba cuenta que después de la muerte de Kanae empezó a imitarla? ¿Y ahora que parecía estar superándolo se peinaba y comportaba como ella en el pasado? ¿Acaso pretendía con veinticinco años empezar su vida desde donde la dejó a los dieciséis?

Shinobu enarcó sus cejas, cuestionando en silencio por qué la miraba tanto, él como respuesta negó con su cabeza. No entraría en el tema porque se les iría la hora más de lo que ya se les había pasado. Tomó su bolso y el de su amiga y ambos salieron rumbo al trabajo. Era una suerte que trabajaran en el mismo sitio.

―Estaba pensando en tomarme esos días libres que me ofreció Himejima―comentó mientras bajaban por el ascensor.

―Creo que es buena idea―le apoyó, estar con su familia era el mejor remedio.

― ¿Te molesta si me quedo aquí?―. Tras su pregunta recibió una mirada de extrañeza por parte de Tomioka, le fastidiaba que fuera tan reservado con sus palabras, pero precisamente por ello era que se lo pedía, quería un lugar donde nadie la tratara con lástima –como ocurría en casa de sus padres-; y estar sola en su departamento no le emocionaba mucho―. Puedes decir que no…

―Eres bienvenida, solo recuerda que termino a las cinco―dijo haciéndola reír por lo atípico de la situación: ¿Tomioka haciendo un chiste? Quién lo fuera a decir.

El hombre fingió acomodarse sus cabellos en el espejo del ascensor, en cierta forma que ella se comportara normal le incomodaba porque nuevamente era la chica que le gustaba. Era un hecho: Shinobu le gustaba desde que estaban en secundaria, pero cuando todo ocurrió y parte de ella murió con Kanae, mientras la otra parte se ocultaba tras la sombra de una persona que ya se había ido; decidió quedarse a su lado como su amigo, porque en esos momentos ella necesitaba uno y no un novio o un amante. ¿Pero ahora? Si ella al fin se recuperaba de la partida de su hermana, ¿retomaría esos sentimientos? Ya que aparentemente seguían ahí.

Shinobu resopló un poco, pese a que el ascensor con cada piso en el que paraba comenzaba a llenarse más y más, podía sentir la incomodidad de su amigo, mas decidió no darle mucha importancia porque en principio Giyuu siempre había sido un tanto raro: siempre alejado de los demás, incapaz de sociabilizar…la única vez que lo había visto entablar una verdadera conversación fue con su amigo Sabito, en una fiesta que éste organizó por el nuevo departamento en el que iban a vivir. A su lado Tomioka parecía otra persona: tan animado, conversador, hasta incluso gracioso. Era una lástima que Sabito se hubo marchado tan pronto, le habría gustado conocer más de esa parte de Giyuu. Se preguntaba si algún día sería así con ella… Para empezar debería dejar de hacerle tanto bullying, pensó. ¡Pero era tan divertido! Era algo que sólo podía hacerle a él.

El ascensor al fin llegó a la planta baja y los otros residentes del edificio empezaron a bajar como si fuera una estampida, la mujer sintió que era arrastrada hacia afuera pero de repente alguien tomó su muñeca, jalándola hacia atrás, terminando en los brazos de su amigo. Se sonrojó visiblemente, algo muy sencillo puesto que su piel era bastante blanca, pero él ni se inmutó.

―Listo, vamos―dijo como si nada, soltándola una vez el ascensor se desocupó, sin embargo, al no verla reaccionar la tomó esta vez de la mano y la guio hacia afuera―. No seas tonta, Shinobu, la gente quiere usar el ascensor―, le regañó, todavía no percatándose de lo estupefacta que se encontraba al estar aún tomados de la mano.

A él pareció no importarle y la llevó así todo el camino hasta el auto, creyendo que nuevamente se había perdido en sus recuerdos y por eso estaba tan abstraída, ignorando completamente lo que producía ese simple contacto en ella.

.

Llegaron a su trabajo sin muchos problemas, sin contar que quedaron atrapados en el tráfico y Shinobu lo picaba con su maldito dedo que parecía una aguja, ¿es que esa mujer se cortaba las uñas en punta a propósito? ¿Y por qué esa nueva manía de picarlo? Era fastidiosa…

Ella se despidió como siempre, apresurándose para alcanzar el ascensor que la llevaría hasta su oficina, o mejor dicho hasta la de su jefe. Por su parte, dirigió sus pasos a la farmacia, a decir verdad él también necesitaba unos días de vacaciones, hasta podría ir a visitar a Urokodaki, que hacía tiempo no veía.

Shinobu fue a dejar sus cosas a su oficina antes de ir a ver a Himejima, se quedó un largo rato con la mano posada en una de las esquinas de su escritorio, observando su computadora. Si bien su padre era médico, eso no fue una verdadera inspiración para ella para decidirse qué estudiar en el futuro, fue su hermana quien la guio allí. No se quejaba, amaba su trabajo y era muy buena en él. Pero de no haber visto la pasión en los ojos de Kanae al hablar de medicina, ella jamás se habría interesado en eso, de no haber muerto se habría convertido en médica para salvar vidas y no en microbióloga para crear un veneno capaz de destruirlas.

Sus ojos se oscurecieron ante tal pensamiento, Douma había arruinado más vidas de las que creyó y tal vez estaba mejor sin saberlo porque seguramente le traería gozo en vez de culpa. Sus uñas comenzaron a presionarse con fuerza en el escritorio, jamás creyó sentir tanto odio hacia una persona, recordar que una vez fue su amiga y confidente le daba repulsión, ganas de gritar. No podía entenderlo.

No, Shinobu, está mal tratar de entender a una persona loca―le había dicho su psicóloga, a la que le obligaron a ir cuando comenzó a "imitar" a su hermana. ¿Por qué eso sería enfermizo? Sólo quería cumplir ese deseo que Kanae siempre tuvo para ella: "quiero que sonrías, que siempre seas feliz". Aunque claro, en ese entonces, en su adolescencia, había tomado aquel pedido como una orden más que un deseo; pero era incapaz de verlo―. Querer entenderlo sólo te llevará a la locura.

Sintió un dolor punzante en su mano y la quitó inmediatamente del escritorio, notando unas cuantas gotas de sangre y una de sus uñas rota. Observó su mano y suspiró, ¿por qué siempre que recordaba a Douma algo malo sucedía? Ese tipo debía ser el demonio.

Fue hasta el botiquín de su oficina para curarse la herida, luego iría a ver a Himejima, tal vez incluso en sus vacaciones podría ir a ver a su psicóloga infantil y decirle que tenía razón, no debía comprender a Douma…tan sólo debía matarlo.

Fue hasta la oficina de su jefe pero no pudo hablar con él inmediatamente, la secretaria de éste le pidió que esperara porque estaba con una llamada importante y así lo hizo, planteándose un nuevo dilema: ¿y si terminaba en la cárcel de por vida por matar a una persona? ¿No debería haber leyes que la eximieran por matar a un asesino?

―De haber sabido…―susurró mientras se echaba hacia atrás sobre el respaldo del sillón de espera, apoyando su cabeza en éste y observando el techo sin expresión alguna.

Ella jamás a sus trece años se hubiese imaginado que ese chico que siempre la trataba bien, que pasaba los descansos junto a ella y que le compraba dulces solo porque "creía que podrían gustarle", algún día sería el asesino de su hermana. Antes de que todo ocurriera lo pensaba de forma agridulce, como aquel prohibido primer amor, la primera persona por la que sintió algo que no podía confesar porque éste tenía sentimientos por su hermana.

Recordaba el día en que él le dijo en el último descanso que cuando volvieran a casa tenía algo que decirle, no tenía su usual sonrisa y parecía bastante serio, eso le resultó muy curioso y a la vez llenó su corazón de esperanza. ¿Podría ser que él también sintiera algo por ella? Todas las clases luego de ese preludio se las pasó en las nubes, soñando con un futuro con aquel agradable chico. Tal vez quería proponérsele antes de que acabara el año porque ya se estaba por graduar.

Pero todas sus ilusiones murieron y sintió una fuerte presión en su corazón cuando él le confesó que le gustaba su hermana. Tenía tantas emociones juntas en ese momento que no sabía con certeza cómo se sentía.

¿Por qué Kanae y no ella? A decir verdad se le hacía obvia la respuesta: ¡su hermana era perfecta! Nadie mejor que ella lo sabía. Kanae era femenina, dulce, delicada, entusiasta, animada, inteligente, sociable…todas las buenas cualidades existentes seguramente ella las poseía; ¿quién no se enamoraría de una persona así? En cambio ella…era difícil. Se preguntó si su hermana alguna vez fue como ella, si podría ser como Kanae en algún momento de su vida.

Sintió sus ojos llenarse de lágrimas y agradeció al cielo el que Douma fuera alto, así no la podría ver. Su nariz estaba escociendo e hizo un esfuerzo sobrehumano para poner una sonrisa en su rostro, una que Kanae seguramente tendría genuinamente, porque su gran corazón no le permitiría sentir celos de su hermanita.

¿Me ayudarás a conquistar a tu hermana? ¡Por favor!―dijo haciendo una reverencia―. Eres mi mejor amiga, a nadie más le podría pedir esto.

Una sola lágrima cayó por su mejilla, la cual limpió con rapidez. Él quería a su hermana hasta el punto de pedir ayuda de esa forma…

Claro que sí, mejor amigo―dijo empujándolo un poco para que perdiera el equilibrio, pero él se recuperó rápido―. Sólo prométeme que la cuidarás.

La puerta de la oficina se abrió y ella volteó su rostro, hay cosas que uno nunca puede olvidar y ese era uno de los momentos que más detestaba, cuando se dejó engañar vilmente y además condenó la vida de su amada hermana.

―Ya puede pasar, señorita Kocho―dijo la secretaria una vez salió de la oficina.

Entró no sin antes darle las gracias a esa muchachita, la cual para ser tan joven era una eficaz mano derecha para su jefe, era sus ojos.

―Himejima, buenos días―saludó mientras se acercaba con confianza y lo abrazaba―. He decidido tomarme los días que me sugirió.

―Me alegra oírlo―dijo sinceramente el hombre―. Shinobu…sé que estos días han sido difíciles para ti y tu familia, por eso quiero que sepas que todos ustedes cuentan con mi apoyo―las lágrimas comenzaron a caer de sus blancos ojos y eso la preocupó, pero él levantó su mano para impedir que se acercara―. Lo siento, siempre me pongo así al pensar en Kanae, la vi nacer, la vi crecer…la quería como si fuera mi hija. Tuve el honor de ser su padrino y pensar que se ha ido…

Calló un momento para recuperarse, su voz había comenzado a salir entrecortada. La mujer sintió ganas de llorar también, esa angustia con la que él cargaba le estaba llegando al corazón.

―Sé que está en un mejor lugar, al lado de Dios, debe ser un ángel hermoso. No sabemos por qué Dios hace las cosas, pero todo está dentro de su plan y debemos confiar en Él.

Quiso replicarle pero no pudo, si la fe era lo que lo mantenía en pie ante esa pérdida, ¿quién era ella para discutirle?

―Me gustaría ser tan creyente como usted.

―No hay necesidad de formalismos―replicó mientras secaba sus lágrimas y tomaba el rosario que siempre tenía en el cuello, apretándolo entre sus manos―. La justicia de este mundo no ha condenado a su asesino, pero Shinobu, ten fe en que Dios hará justicia. Él siempre hace justicia.

―L-Lo sé―dijo tratando de terminar el tema―. Tomaré siete días pero…hoy quiero trabajar en el laboratorio, si está bien para us..tí. Quisiera estar sola allí.

―Por supuesto―concedió, sorprendiéndola. No hubo preguntas ni cuestionamientos, sólo una gentil sonrisa de alguien que confiaba en ella. Eso hizo que su espalda se helara y sintiera un pozo negro abrirse bajo sus pies, provocándole vértigo, ¿y si también lo metía en problemas a él? Agradecía que Himejima fuera ciego y no pudiera verla al borde de descompensarse.

Salió de esa oficina con más dudas que con una resolución. No estaba dispuesta a dejarle la justicia a Dios, ¡si tan poderoso era no hubiera permitido que Kanae muriese! ¿O acaso siempre fue su plan que ella viviera sólo hasta los dieciocho años? Habiendo tantas personas horribles en el mundo, ¿por qué ella? ¿Por qué no se llevó a Douma? No, no podía dejar la justicia en la fe como lo hacía Himejima. Sin embargo, el sentir la angustia de éste le hizo darse cuenta que estaba siendo sumamente egoísta pensando que ella era quien más sufría, a parte de su jefe estaban sus padres, quienes perdieron a su hija; ¡su hermana pequeña! Ella al menos podía expresarse pero Kanao...

― ¿Qué clase de hermana soy?―preguntó en un susurro al detenerse a esperar el ascensor que la llevaría al laboratorio―. Ni siquiera le pregunté cómo estaba.

.

Cuando despertó ese día se sintió extraña, como si hubiese despertado por primera vez en la vida. Veía todo de una forma diferente, ahora la luz del sol colándose por las rendijas de las persianas le parecían curiosas, también los ácaros que danzaban dentro. Se levantó y saludó por primera vez a sus peces dorados, los cuales nadaban sin preocupaciones en el acuario que tenía en su recámara. Les dio un poco de comida y luego pasó su mano por la puerta de su placar de pared, abriéndolo y viendo toda su ropa allí ordenada, por su madre pues ella nunca la había doblado en realidad.

Muchos sentimientos que nunca tomaron relevancia florecían esa mañana.

Tomó un pantalón cómodo y una remera holgada, dejó caer su pijama al suelo mientras se cambiaba, luego lo recogió, dobló y puso en los pies de su cama. Estaban tan mal doblado que parecía que los había arrojado ahí sin más, suspiró resignada, seguramente hasta Nezuko sabía hacer mejor esas cosas que ella.

Fue hasta la ventana para abrirla y en cuanto lo hizo quedó cegada por la luz del sol, llevó una mano a su frente para hacer de visera y proteger así su visión; al tener esa protección pudo ver la casa de los Kamado con claridad. Eran más de las ocho así que seguramente sólo estaría su madre allí dentro, esperaba que algún día pudiera salir, sin saber que en verdad ella ya llevaba trabajando dos días. Ver esa residencia le recordó que había soñado con la noche anterior, con sus padres abrazándola, con Tanjiro siendo…la personificación de la amabilidad en la Tierra.

Rió un poco ante ese pensamiento absurdo, lo estaba idealizando y no debía, seguramente él también tenía problemas y preocupaciones como los demás, y si lo ponía en un pedestal alto jamás podría darle el mismo apoyo que él le brindó durante todos esos años.

Fue al baño y se lavó el rostro, observándose en el espejo se preguntó cuándo fue la última vez que en verdad se vio a sí misma. Tal vez fue esa vez…cuando notó su reflejo en la ventana del vehículo de los Kocho, llevándosela de esa casa; o tal vez en el charco de agua que hizo Shinobu al bañarla; o capaz cuando Kanae le enseñaba los distintos peinados que le iba haciendo.

¿Quién era ella? Sabía que era esa persona que veía en el espejo, pero su pregunta iba más allá, necesitaba una respuesta más concreta, ¿quién era Tsuyuri Kanao?

―Yo soy…―varias respuestas vinieron a su mente: su profesora Mitsuri diciéndole que ella era genial, sus compañeras de equipo diciéndole que era increíble, Tanjiro diciéndole que ella era especial; Kanae diciéndole que ella era linda, Shinobu diciéndole que ella "desde ahora" era su hermanita, sus padres diciéndole que ella era su hija. Pero faltaba alguien ahí, la voz de alguien muy importante: ella―. Yo…averiguaré quién soy―dijo con determinación.

Luego de esa pequeña crisis existencial se tomó su tiempo en el baño para calmarse, jamás había tenido algo tan difícil con qué lidiar, comúnmente sólo hacía lo que se suponía que tenía que hacer. Ayudar en la casa e ir a la escuela para ser una buena hija, sacar buenas notas para ser una buena estudiante, practicar baloncesto porque era una buena jugadora, estar con Tanjiro porque…se detuvo antes de tomar el pomo de la puerta, en verdad no "tenía que" estar con él, si bien él prácticamente le impuso su amistad cuando se mudó enfrente de su casa, ella de verdad quería y le gustaba pasar tiempo con él.

Todo era tan difícil y confuso esa mañana…

Para llegar a la cocina debía pasar por la sala, era la habitación que conectaba todo; allí observó a sus padres mirando la televisión, en realidad no tenía hambre así que en vez de ir a prepararse el desayuno fue con ellos, cuando la vieron su madre se corrió hacia un extremo y le indicó que se sentara en medio, ella obedeció.

El matrimonio intercambió miradas cómplices por encima de ella, ambos estaban sorprendidos y felices de ese cambio, pues la muchacha no solía salir de su habitación; e internamente seguían agradeciendo al evento de la noche anterior y dándole el crédito de lo que pasaba ahora al joven Kamado.

Mei aprovechó la situación para abrazar a su hija, quien se acurrucó en ella, la mujer miró emocionada a su marido, éste sonrió pues creyó que no iba a volver a ver esa expresión maravillada nuevamente. Mei siempre la ponía cuando sus hijas hacían algo nuevo mientras iban creciendo, ahora parecía que sería igual cuando Kanao hiciese algo nuevo. Normal, pero nuevo.

Él quiso pertenecer al momento pero Mei parecía amenazarlo con sus ojos, está bien, lo respetaba. ¡Se sentía excluido! Pero si ella quería que ese momento fuera de madre e hija no interrumpiría.

Recordó cuando sus hijas mayores eran pequeñas, cómo disfrutaban de sentarse cada una en una pierna y mirar la televisión abrazadas a él, también recordaba cómo luego en la habitación tenía que secar las lágrimas de una inconsolable Mei que decía que sus hijas no la querían. Fue tan divertido pasar por todas esas cosas, pese a que en su momento le resultó estresante y confuso, no entendía por qué Mei estaba tan celosa de que sus hijas lo quisieran, no había un más o menos. Ella pasaba todo el día con ellas, por eso ellas querían pasar un rato en la noche o en los fines de semana con él.

El tiempo pasó y sus hijas crecieron, ya no cabían ambas en sus piernas. Empezaban a tener secretos, a ser cómplices, a tener sus problemas, a lidiar con la pubertad. Luego llegó Kanao para desequilibrarlo todo, pero sabía que había hecho lo correcto, cuando se enteró del estado de su sobrina por una llamada del Estado no dudó ni un segundo en ir a buscarla, llevó a toda la familia porque…era una decisión que tenían que tomar juntos. Sí, la había tomado él solo pero consideraba que todos debían estar al tanto. Nunca se sintió más feliz que cuando escuchó a sus hijas apoyarlo al igual que su esposa, tenía tres maravillosas mujeres en su vida y ese día se les sumó una más.

Ahora volvía a tener solo tres. El dolor parecía un veneno corriendo por todo su cuerpo, llenándolo y matándolo poco a poco. Siempre se arrepintió de no decirle a Kanae lo orgulloso que estaba de ella, cuánto admiraba su determinación, jamás elogió apropiadamente su inteligencia, y tal vez el peor acto que pudo hacer como padre fue entregarla en el altar a ese demonio. No había otra forma de describir a Douma; porque él lo sabía, todos lo sabían, hasta el juez debía saber que él era el asesino. No había duda. Él debió protegerla, debió aconsejarla mejor, debió estar para ella y saber decir "no, no puedes casarte tan joven", en cambio, apoyó su sueño. Jamás la vio tan feliz pero habría preferido que ella lo odiara de por vida por prohibirle casarse a tener que despedirla en un velorio y tirar un poco de tierra en su ataúd. Jamás se lo perdonaría.

Tal vez por eso tenía miedo de confiarle a sus hijas a algún hombre. Aunque no tenía mucha palabra sobre la vida de Shinobu, desde que la enviaron al psicólogo tras la muerte de Kanae, pareció haber puesto distancia con ellos. Los visitaba, los llamaba, si la necesitaban ahí estaba, pero eso no quitaba el hecho de que ni bien se graduó de la universidad se mudó a su propio departamento. Comenzó a hacer su vida lejos de ellos y eso le aterraba, ¿y si nuevamente perdía una hija?

Suspiró pesadamente, ella ya no era una niña, tenía ya veinticinco años, no podía tener control sobre su vida, ni debía, pero podía estar presente. Ahora que veía cómo Kanao se les acercaba por la charla que habían tenido la noche anterior, se dio cuenta que si quería a sus hijas cerca el que tenía que dar el primer paso era él. ¡Era su padre! Estaba seguro que si le hablaba con el corazón poco a poco recuperaría a Shinobu, y definitivamente ahora no perdería la oportunidad de también acercarse finalmente a Kanao.

Esta vez protegería a su familia, pero siempre lamentaría no haber protegido también a su preciada primera hija.

.

La campana indicó el final de las clases, guardó sus cosas y se quedó esperando a Zenitsu, quien hablaba con el profesor de algún tema de la clase, suponía. Cuando acabó se dispuso a acercarse a él pero los miembros del grupo de limpieza de ese día se le adelantaron, rodeando a su amigo exigiéndole o mejor dicho ordenándole que los ayudaran porque les faltaba un compañero ese día. Iba a intervenir para ayudarle pero sorpresivamente él les plantó cara.

― ¡No, no tendrán a otro! ¡Ustedes hacían que Kanao hiciera todo el trabajo por eso están tan malacostumbrados! ―les regañó el rubio, haciéndolos desistir de su petición, sorprendiéndolos a ellos y a Tanjiro, quien no estaba acostumbrado a ver a su amigo tan firme y serio. Es más, parecía…enojado.

―Zenitsu, ¿va todo bien? ―preguntó acercándose una vez que el grupo se dispersó para hacer sus correspondientes tareas.

―Sí, no pasa nada. Si quieres adelántate, ¡me quedaré a supervisar que dejen todo impecable! ―dijo con el mismo tono enfadado, impropio de él, levantando la voz un poco al final para que los demás lo escucharan. En otro momento seguramente habría ido hasta él llorando por protección y al final hubiese cedido a la petición de sus compañeros, por eso le extrañaba su actitud.

―Si hay algo que quieras hablar…

Zenitsu miró sorprendido a su amigo y luego relajó su rostro para sonreírle, ahora se daba cuenta que se estaba comportando raro, y es que luego de las acertadas acusaciones de su familia y nuevamente la amenaza de enviarlo lejos su humor no podía ser mejor que el que traía.

―Tal vez te lo cuente camino a la estación―dijo con más ánimo mientras se sentaba encima del escritorio del profesor, haciéndole un lugar a su amigo.

Aproximadamente una hora luego Tanjiro se ofreció a ayudar, a pesar de que en su casa las cosas iban mejorando no quería perder tanto tiempo y sabía que su amigo llegaría muy tarde a su hogar si seguían con esa absurda pelea de "quién se cansaba primero". O al menos eso le parecía que hacían, entre Zenitsu que no daba su brazo a torcer y los del grupo de limpieza que parecían hacer sus tareas sumamente lento a propósito.

Para llegar a los contenedores tenía que pasar por los casilleros de zapatos en la entrada y allí se encontró con una persona que se suponía ya debía estar en casa.

― ¿Nezuko? ¡Ah! ¿Estás esperando a alguien? ―preguntó sorprendido, ¿su hermanita se le iba a confesar a alguien?

―Te esperaba a ti―respondió ella con su usual dulzura, pero la forma en que le esquivó la mirada y la duda reflejada en ésta lo preocupó.

― ¿Va todo bien? ―cuestionó, tratando de darle un empujón para que le dijera lo que le ocurría.

―Algo anda mal y yo…no sabía a quién preguntarle―dijo afligida, un tanto desesperada, tanto que lo angustió pero decidió sonreírle para inspirarle confianza y que continuara―. Verás, ayer…

Al final la historia de su hermanita duró varios minutos, tantos que ambos decidieron sentarse en el suelo con los casilleros de respaldo. Él escuchaba atento cada palabra, debía admitir que se sentía incómodo al respecto, todo el tema trataba de los sentimientos de su hermanita hacia su mejor amigo. Jamás creyó que algo de eso pudiera ocurrir para ser sincero, ahora mismo en su interior se batía una batalla entre el querer que Zenitsu no bromeara y la quisiera tanto como decía, así no le partiría el corazón; y el querer asesinarlo por haberse atrevido a besar a su hermana. Porque claro, ella no había especificado dónde fue el beso, y su imaginación de hermano mayor sobreprotector le estaba dando las ideas equivocadas.

― ¿Qué es esto? ¿Estoy enferma? ¿Hay algo malo en mí?

― ¿Eh? ―cuestionó algo confundido, ¿acaso ella no se daba cuenta? Ahora que lo pensaba bien…Nezuko siempre andaba con Zenitsu y con él, jamás la vio rodeada de amigas y eso que ella era el ser humano más hermoso del mundo. Se sentía el peor hermano, jamás se había dado cuenta de que ella no podía sociabilizar bien, incluso podría haber tenido un problema de bullying y él no haberse dado cuenta al estar fijándose en los más pequeños. Por ahora, lo mejor que podía hacer era tranquilizarla―. No, claro que no. Nezuko, parece que te has enamorado.

Sin embargo, más que aliviarla eso pareció aterrarla, su expresión se lo decía.

―Yo… ¿terminaré como mamá?

"Así que era eso", pensó con compasión. Claro, ambos sabían y vieron lo enamorados que estaban sus padres…por eso cuando su padre falleció en cierta forma empatizaron con la depresión de su madre. Pero él estaba seguro que eso no le ocurriría, no a ella. La abrazó y ella escondió su rostro en su pecho, él quería tranquilizarla a como diera lugar y ella necesitaba ser la hermanita menor por un momento.

―Escucha, lo que le pasó a mamá es algo muy difícil, feo, triste. Pero estoy completamente seguro de que eso no te pasará a ti, ¿y sabes por qué? Porque eres diferente a mamá―dijo separándola de su pecho y secando las lágrimas que caían por su rostro―. Eres gentil pero a la vez eres muy fuerte, la vida te hizo más dura que a mamá. Así que no tengas miedo de amar, de enamorarte, y recuerda que si alguien te rompe el corazón yo siempre estaré aquí para protegerte.

― ¿Aunque te cases y tengas tus propios hijos?

Tanjiro rió por aquella pregunta, parecía las mismas que le hacía cuando eran pequeños, mirándola de cerca no podía creer lo grande que se había puesto. El tiempo sí que pasaba rápido.

Luego de ese momento envió a Nezuko a casa para luego volver al aula, pensativo, junto a un cesto de basura ya vacío, había tardado tanto que seguramente los demás ya se habían ido. No podía creer que su hermanita se hubiera enamorado, ¡y de su mejor amigo! Eso lo hacía sentir extraño, estaba feliz por ella pero conocía la situación de Zenitsu y temía a la oposición de su familia. Deseaba que fueran felices juntos. Sin embargo…un aura oscura comenzó a emerger de él, algo muy impropio de su persona, pero saber que él tomó su mano…que se atrevió a darle un beso…era imperdonable.

― ¡Ah! Tanjiro, al fin. Apresúrate, ya todos se…―no pudo terminar de hablar cuando vio la expresión de ira marcada en el rostro de su amigo y luego el cesto de basura ir directo hacia él. ¡Había sido golpeado! ¡Y dolía mucho!―. ¡Ah! ¡¿Por qué hiciste eso?!―no pudo evitar reprimir un gritito de pánico y comenzar a llorar asustado al ser levantado del suelo con tanta facilidad por su amigo, ¿acaso la ira le daba una fuerza sobrehumana? ¿Le iba a dar un cabezazo? ¡No, era muy joven para morir!

―Cuídala bien, ¿sí?―le pidió, dejándolo desconcertado, sobretodo porque su tono de voz sonó tan amable como siempre.

―Tanjiro, ¿acaso usas drogas?

Nuevamente viajó al suelo.

.

Al entrar en el laboratorio y asegurarse de que estaba sola su paranoia disminuyó, desde la primera vez que comenzó a trabajar en aquel veneno se sentía observada, desconfiada, perseguida. Sabía que todo estaba en su cabeza y que podría ser muy perjudicial, pero no podía abandonar esa idea, sentía que si no vengaba la muerte de su hermana jamás podría vivir en paz. Odiaba la idea de que Douma pudiera llegar a tener una vida normal, ¡no lo merecía después de lo que había hecho! Golpeó con un puño una mesa, trataba con ello sacar esa furia acumulada que tenía dentro, la impotencia de saber que incluso con él muerto su hermana jamás volvería...

Sus ojos empezaron a arder con ese pensamiento, su nariz escocía y el pozo negro que sintió estando con Himejima parecía hacerse cada vez más real, tratando de absorberla; el aire comenzó a faltarle y sentía que moriría en cualquier momento. Necesitaba salir de allí pero no podía moverse, quería gritar pero parecía haber olvidado cómo hacerlo.

Tranquila, Shinobu, no seas tonta, estás teniendo un ataque de pánico―se regañó. Era consciente, pero eso no quería decir que fuera más fácil salir de aquel trance, uno que comenzó a tener de vez en cuando desde la muerte de Kanae.

¿Qué le diría ella? Había sido la asistente del doctor en la escuela, seguramente tendría un buen consejo de cómo salir de ese estado, sólo que ahora no podía pensarlo, tan sólo podía recordarla y verla alejarse. Como si estuviese apurada, dándole la espalda, pero lo suficientemente lejos para que ella aún pudiera alcanzarla.

―No te vayas…―susurró, sintiendo que el aire comenzaba a volver y todo volvía a cobrar sentido, sin embargo ahí era cuando la imagen de su hermana se borraba―. ¡Por favor, no te vayas!―gritó, recuperándose al fin a sí misma, dándose cuenta que estaba en el suelo, con la espalda apoyada a un gabinete de muestras, llevó sus piernas a su pecho y las abrazó, dejando salir sus lágrimas―. No me dejes sola.

No se dio cuenta cuánto tiempo pasó allí en el suelo, pero como todas las veces que eso ocurría se tomó su tiempo para volver a levantarse. Tal vez sí había sido mucho tiempo, porque sus piernas parecían resentidas a volver a sostener su peso. Decidió ignorarlo y colocó una alarma en su celular, no quería dejar a Giyuu esperando por ella otra vez; sacó luego su pendrive y se acercó a la computadora, debía analizar meticulosamente la fórmula para ver en qué se había equivocado, pese a que la idea de darle una especie de ácido a Douma no le parecía mal. Pero no, debía ser de esa forma o levantaría sospechas y/o él no sufriría lo que debía.

¿Pero cómo lograrlo? ¿En qué se había equivocado? ¿No era posible lo que ella quería lograr? Una droga, un veneno, que anestesiara su corazón el tiempo suficiente para declararlo muerto, para que no despertara en la morgue, para que fuera enterrado y despertara en la tumba. ("Ella luchó, había restos de piel bajo sus uñas"). Que muriera aterrado, sofocado y en agonía. ("La autopsia reveló que la muerte no fue causada por las puñaladas, vivió un poco más y murió desangrada"). Pero que fuera consciente todo el tiempo de su alrededor, para que si el forense decidía hacerle una autopsia sintiera ese dolor pero no pudiera pedir ayuda, ("nadie oyó sus gritos.").

Pasaron varias horas mientras ella preparaba todo y manejaba con extremo cuidado los componentes elegidos, llevaba una mascarilla debido a que los olores eran, en algunos casos, demasiado tóxicos; y llevaba guantes porque todos, sin excepción, eran sumamente peligrosos. Claro que le llevó tiempo crearlos, porque jamás podría conseguir esas drogas tan potentes incluso trabajando en esa farmacéutica.

Al final de un largo y meticuloso trabajo creyó conseguirlo, pero al hacer una prueba en los roedores de muestra estos morían automáticamente, o unos minutos después, y nunca volvían a la vida; entonces volvía a ajustar la fórmula. Era frustrante, pese a que sabía que lo que estaba haciendo era muy difícil esperaba al menos conseguirlo antes del décimo intento.

Su alarma sonó justo cuando acabó de preparar la última muestra, tomó a uno de los animalitos y le inyectó un poco, éste murió luego de unos momentos pero no tenía tiempo de corroborar si revivía, después de todo, las cantidades que les inyectaba eran ínfimas para que, según sus cálculos, despertaran luego de unos minutos. Decidió inyectarle un poco más, una cantidad suficiente para que "muriera" por siete días, al fin y al cabo si estaba realmente muerto sólo habría una llamada de atención por tener ese animal pudriéndose en uno de los almacenes, de lo contrario habría probado su teoría. Metió al animalito con cuidado en una pequeña jaula y la llevó al almacén, le puso algo de agua y comida para que no muriera por otras causas por si llegaba a despertar; y junto a él metió la última muestra de veneno. Colocó una pegatina de "peligro" y rellenó los papeles correspondientes, que quedarían allí, de una forma tal que nadie lo tocaría.

Se quedó un momento parada frente al almacén una vez salió, rogando internamente a ese Dios en el que no creía para que le permitiera hacer su trabajo sólo por esa vez.

.

Giyuu resopló una vez que terminó de hacer el inventario del día, era algo molesto pero necesario, al menos a él no le gustaba atrasarse con eso y tampoco le parecía bien dejar esperando a un cliente para anotarlo en el momento, por ello siempre se quedaba unos minutos luego de su horario de salida para hacerlo con los registros que había en la computadora. Era sencillo, además él tipeaba rápido.

― ¿No estaría bien que el mismo sistema creara un registro?―preguntó su compañera mientras apoyaba su espalda contra la de él y se recostaba, haciendo presión a propósito para molestarlo, pero él como siempre solo la ignoraba.

―No lo sé, tú dime, eres programadora, ¿o no Daki?―cuestionó mientras guardaba el archivo en su carpeta correspondiente.

― ¡Basta de repetirlo, harás que me despidan!―le regañó, sus ojos verdes se plantaron en la pantalla, como si ésta le representara un desafío―. Gracias al cielo que lo soy, de no estar acostumbrada a los códigos nunca podría siquiera pronunciar los nombres de las drogas. O leer la letra ilegible de los médicos.

La conversación se sanco ahí, aunque ella tampoco esperaba que él la siga, conocía a Giyuu y podía decir que no se destacaba por sus habilidades sociales. Pero lo que sí la extrañó y por lo que se le quedó mirando un largo rato fue que se quedó sentado, mirando… ¿qué estaba mirando? Ese tipo le ponía los pelos de punta.

―Sabes que ya terminó tu turno, ¿no?―. Él asintió con su cabeza―. ¿No te vas a ir a casa todavía?―. Él negó y ella golpeó el escritorio con ambas manos―. ¿¡Para qué mierda te quedas!?

Los ojos azul oscuro se posaron en ella, haciendo un contacto visual tan directo que hasta la incomodaba.

―Con ese carácter jamás vas a casarte.

Shinobu estaba apurada por llegar a la farmacia, sus cavilaciones la habían distraído demasiado, además que guardar y limpiar todo rastro también le llevó bastante tiempo, ya casi eran las seis y no quería que Giyuu sintiera que le faltaba el respeto, después de todo aún le quedaba un favor que pedirle. Sin embargo, disminuyó su velocidad cuando vio a Daki, la chica del turno tarde-noche, sacar a Giyuu prácticamente a patadas del local.

―Vaya, vaya, parece que todos te odian, Tomioka―dijo con una risilla fingida que provocó un disgusto muy visible en el rostro de él―. ¿Qué acaso no te das cuenta?

―Daki no me odia.

― ¡Sí te odio!―se escuchó desde adentro, donde la chica abría la puerta del depósito donde estaba su hermano, el verdadero farmacéutico pero que no solía mostrarse a los clientes; y comenzaba a quejarse.

La mujer rió mientras que Giyuu le seguía negando que Daki lo odiara, diciéndole que le fue dicho que tal vez ella gustaba de él y por eso se comportaba así. No, sólo la incomodas, pensó Shinobu mientras lo seguía a su auto.

― ¿No te olvidaste nada?―preguntó para iniciar una conversación.

―No, no suelo llevar más que las llaves y el celular.

― ¿Ni siquiera el cargador? Oh, claro, disculpa. Nadie te escribe y seguro eres impopular en las redes sociales así que no usas mucho tu teléfono.

Esa forma casual que usaba para intentar herirlo le resultaba extraña, no por el bullying, sino porque lo decía de una forma tan "amigable" que no iba con lo que en verdad estaba expresando. ¿Sería correcto decírselo? No quería herirla más de lo que ya estaba, así que decidió callar.

Al llegar al auto ella se quedó parada junto a la puerta en vez de abrirla, le resultó extraño porque ya había quitado el seguro, y por primera vez en ese trayecto de la farmacia al estacionamiento le dirigió la palabra…

― ¿Sucede algo?

¿Sucedía? ¡Por supuesto que sucedía! Tenía la cabeza hecha un desastre, estaba paranoica por ser descubierta, indecisa de su propia resolución, con la idea de ser una asesina y pasar el resto de su vida en la cárcel mientras Douma era salvado por los médicos. Pero en ese momento algo más le molestaba y era su actitud, ¿por qué no le hablaba? Le fastidiaba, ¿qué tan inmaduro era?

Recordó la noche anterior y se sonrojó al recordar que él había sido muy maduro. ¿Entonces? ¿De la noche a la mañana le habían comido la lengua los ratones? ¿Por qué le molestaba su indiferencia? ¿Qué era esa necesidad de que le prestara atención? Ya estaba enloqueciendo…

De repente sintió que era apretujada contra una masa tibia, cómoda, y se sentía demasiado bien. Se apartó algo alterada y sonrojada.

― ¿Por qué…?―parecía querer decir más pero las palabras no salían.

―Perdón, parecías consternada y según dicen un abrazo es un buen remedio para el malestar.

― ¿Eres farmacéutico y eso es lo mejor que puedes recetarme?

― ¿Por qué siempre estás a la defensiva?―contraatacó él, mirándola fijamente, haciéndola sentirse una niña regañada.

Guardó silencio y se abrazó a sí misma, hacía muchos años que se hacía la misma pregunta. Pero no podía decirle que estaba tan lastimada por la vida que confiar en alguien más la ponía nerviosa, le asustaba. Le aterraba la cercanía que tenía con él ahora…porque se sentía igual que cuando interactuaba con Douma.

Giyuu suspiró algo frustrado pero decidió darle su lugar y tiempo, ella parecía estar debatiendo consigo misma, parecía tan perdida y rota que le fue imposible no darle un abrazo, creyó que funcionaría como la noche anterior pero no fue así. Y darle alguna droga era algo que no quería hacer, siempre estuvo en contra de las preguntas sobre qué tomar al farmacéutico, ¡él no era médico! ¡Los doctores debían recetarlos! Miró a su amiga una vez más y pensó que tal vez debería llevarla con el mejor médico que conocía, de paso debía visitarlo pues hacía mucho tiempo no volvía a su ciudad natal.

―Shinobu―la llamó, sacándola del trance en el que parecía estar inmersa―, vamos―dijo tendiéndole la mano y sonriéndole, quería darle confianza pero sin querer despertó en ella un mal recuerdo.

El horror que transmitió su rostro y las lágrimas agolpándose en sus ojos se lo hizo saber. Ella volteó y se disculpó, asegurándole que todo estaba bien; pero él comenzaba a sentirse inútil y su corazón también dolía al no saber cómo ayudarla.

Respiró profundo y volvió a su expresión seria de siempre, tal vez un poco de "normalidad" era lo que ella necesitaba.

―Te espero en el auto.

Y de alguna forma funcionó. Tal vez fue un minuto que estuvo tras el volante cuando ella entró al auto, con su usual sonrisa falsa pero con los ojos algo rojos.

―Qué espectáculo montamos, sería mejor no decirle a nadie―mencionó Shinobu con una voz relajada, él asintió―. ¿Podemos ir a mi departamento? Quiero buscar algunas cosas para pasar estos días en tu casa.

Él no respondió, tan sólo puso en marcha el vehículo y partieron rumbo al departamento de la mujer. El silencio entre ellos era incómodo, Shinobu le preguntó si podía escuchar música con sus auriculares y él prácticamente se lo agradeció, una vez ella comenzó a ignorarlo sentía que podía respirar de nuevo.

Definitivamente no sabía cómo rayos manejar esa situación.

.

Recordaba una tarde donde estaba enviando mensaje de texto a toda velocidad, sus dedos parecían sumamente habilidosos y todo se lo debía a su nuevo amigo. Douma le escribía todo el tiempo, ¡era tan atento con ella! Siempre preguntándole cómo estaba, si había comido bien, o simplemente le comentaba de algún programa que había visto. Él tenía gustos muy variados, aunque desde que le dijo cuáles programas le gustaban también entonces se centró en ese tema.

Pero qué hermosa sonrisa―dijo Kanae entrando a la habitación con Kanao de la mano, ella rápidamente guardó su celular, después de todo no debía olvidar que Douma ahora era el novio de su hermana―. ¿Eh? ¿Qué me ocultas? ¿Acaso estabas hablando con Giyuu?―preguntó pícaramente, riendo un poco.

No, era con…alguien más―confesó algo avergonzada. Pero su hermana le regaló una tierna sonrisa mientras sentaba a Kanao en su cama y le pedía que aguardara.

Shinobu, sé que Douma es tu mejor amigo…uno de tus pocos amigos―admitió, incomodándola más―. Que sea mi novio no quiere decir que no puedas hablar con él o pasar el tiempo con él como antes.

La menor la miró sin entender, ¿por qué? Sus compañeras de clase, a las que a esa altura ya no llamaba amigas, le decían que no debía hacerlo bajo ninguna circunstancia, que su hermana se enojaría invadida por los celos, que jamás la perdonaría. Confesó aquellas inseguridades a la mayor quien la abrazó comprensivamente, a decir verdad esos abrazos siempre la confortaban.

¡Eso es mentira! Eres mi hermanita, Shinobu. Te quiero muchísimo y sé que tú no eres una roba novios, sé que tu cariño hacia Douma es el mismo que me tienes a mí, no tengo motivos para estar celosa―dijo frotando su espalda con una mano―. Además, si te gustara me lo dirías y yo me haría a un lado, ¿sabes? ―comentó mientras ella se separaba para observarla sorprendida―. Lo amo, sí. Pero te amo más a ti y eres más importante para mí. Pídeme que me aleje de él y lo haré, pero sólo si me lo pides tú.

.

Abrió los ojos y notó que se había quedado dormida, reconoció rápidamente los alrededores, después de todo llevaba cinco años viviendo allí. Se irguió y masajeó su cuello, su cabeza había ido a parar al vidrio de la ventana mientras su cuerpo a penas y se inclinaba hacia allí.

―Podrías haberme despertado―respondió algo malhumorada.

―Estoy buscando dónde estacionar, además pensé que estabas despierta―se excusó el joven, recibiendo una mirada enfadada de su parte.

―Sólo ve a mi edificio, tengo cochera―. Ahora fue él quien la miró enfadado―. ¿Qué? Nunca preguntaste, nunca preguntas nada.

Giyuu se sorprendió con aquella recriminación pero no dijo nada, le alegraba ver que ella parecía más despejada, tal vez sólo necesitaba dormir un poco.

Entraron al estacionamiento del edificio y luego fueron con el elevador hasta el departamento de ella, subieron en medio de bostezos y silencio. Shinobu estaba deseando decirle que se quedaran allí, en verdad quería seguir durmiendo y no retomar el viaje hacia el departamento de él, pero otra parte de ella estaba reacia a quedarse.

Antes de darle la última vuelta a la llave respiró profundo, algo que le llamó la atención a su amigo, pero como solía hacer se guardó su duda.

Entraron. Nada fuera de lo normal según él, un lugar enfermizo según ella, quien había decorado ese lugar tal como Kanae le contó que quería que fuera su casa. No recordaba por qué había hecho aquello, muchos años trató de cambiarlo pero no podía, sentía que estaba mal pero el sólo echo de vivir así le revolvía el estómago. Quería salir de ahí lo más rápido posible.

―Nunca me habías invitado―comentó Giyuu mientras iba a su cocina, ella dejó que hiciera lo que quisiera y fue a buscar su maleta donde colocaría ropa y algunas otras cosas.

No le incomodaba irse a vivir con Giyuu, había compartido casa con estudiantes de diferente sexo en sus primeros años de universidad, antes de que sus padres le consiguieran ese departamento, y obviamente había tenido pareja, aunque éstas no duraban mucho, así que podía con la idea de dormir juntos porque no dormiría en el sillón por siete días. Aunque si lo pensaba un poco nunca le había preguntado a él si estaba bien con ello.

Terminó de guardar lo último que le faltaba y una vez se aseguró de que tenía todo lo que necesitaba salió para hacer la gran pregunta: ¿le molestaba si dormían juntos? Pero lo que vio la dejó perpleja.

―Disculpa, ¿qué crees que haces?―dijo sintiendo que su ceja izquierda comenzaba a tener un tic nervioso, con dos dedos lo detuvo y esperó una respuesta.

―Sólo llevo lo que se echaría a perder o lo que ya estaba abierto, no querrás volver y tener comida vencida en tu heladera, ¿o sí?

¡Debía admitir que tenía un punto válido pero al menos debería haberle consultado!

―Te tomas demasiadas confianzas, por eso todos te odian.

.

¡Al fin! Luego de tanto viaje por fin ya podía decir que estaba "en casa", y la verdad se sentía mejor estar allí pese a que en su departamento tendrían mucho más lugar. Algo que Giyuu sacó en conversación en el auto, pero lo tomó como una excusa por estar avergonzado de tener que dormir juntos y su insinuación de que él seguramente no había dormido con una mujer hasta ese momento. Algo que él decidió ignorar, como la mayoría de las provocaciones o agravios verbales hacia su persona.

―Me daré un baño―informó Tomioka mientras iba a su cuarto por una toalla y ropa―. ¿¡Quieres ir primero!?

―No es necesario que grites―protestó ella mientras llevaba su valija al cuarto, notando cómo él sacaba un par de boxers de un cajón. Apartó la vista avergonzada, no quería invadir tanto su privacidad―. ¿N-no vas a preparar algo de cenar?

Tomioka quiso reír ante ese comportamiento, seguramente ella pensaba que él era despistado y por eso no le afectaba nada, pero la verdad es que era muy observador y pudo notar lo que ella vio. No le avergonzaba, no era como si nunca habría tenido una relación con una chica, aunque sí sería la primera vez que conviviría con una, pero extrañamente que fuera ella lo hacía ideal porque nunca se sintió cohibido cerca de ella. Es más, disfrutó el dirigirse al baño y que ella se apartara rápidamente, compensó todo el maltrato sufrido durante el día.

―Idiota―masculló Shinobu, golpeando suavemente sus mejillas con sus palmas para tratar de esa forma quitarse el sonrojo.

Dejó en un extremo de la habitación su maleta y sólo tomó lo necesario para esa noche, es decir su pijama y cepillo de diente, también un par de cremas, jabón para el cuerpo y shampoo para su cabello. Procuraba darle un buen mantenimiento a su piel, tal vez estaba en medio de una crisis de edad porque la idea de engordar y no poder bajar de peso, o que le salieran arrugas (pese a que no correspondía aún), o se le resecara la piel y se pusiera áspera le daba algo de pavor.

Luego de ese pequeño incidente las cosas se dieron de forma natural, cuando Giyuu salió del baño ella ya tenía la cena hecha: dos sopas de fideos instantáneas que él se había traído de su departamento. No protestó, después de todo era tarde y al día siguiente debía ir a trabajar.

Sin embargo, comió tranquilamente, aunque hacía mucho no tenía compañía mientras hacía eso. Sabía que la gente usualmente se pone incómoda cuando uno no ofrece una conversación, pero él prefería comer en silencio porque no podía hablar y comer al mismo tiempo. Aun así sus ojos no se quitaban de Shinobu y esa expresión molesta que tenía, tal vez por el incidente de la ropa interior. Decidió averiguarlo haciendo una pequeña conversación.

―Mañana por la noche vienen Sanemi e Iguro, como estas aquí creí que deberías saberlo―dijo volviendo a comer otro bocado, curioso al ver la mirada confundida e intrigada de Shinobu.

― ¿Shinazugawa Sanemi y Obanai Iguro?―preguntó y él asintió como respuesta, tenía una regla de masticar bien su comida antes de tragarla y eso le llevaba un poco de tiempo―. ¿Los chicos que te molestaban en la escuela?―volvió a indagar y él esta vez tuvo que responder.

―Ellos no me molestaban, eran mis amigos.

Tras esa confesión Shinobu no dijo más, no tenía necesidad, su expresión de rechazo decía todo. O al menos se lo diría a alguien normal porque Giyuu parecía no entender el por qué de esta. La mujer resopló fastidiada y pasó su mano por todo su rostro para tratar de borrar esa expresión y poner la tan usual fachada de tranquilidad junto con una sonrisa, ¡pero le era imposible con ese hombre!

― ¿Y a qué vienen?― cuestionó tratando de sonar calmada y poniendo su mejor sonrisa falsa.

―A jugar con la Play.

― ¿Te dejan jugar con ellos? ―preguntó enarcando una ceja.

―Soy malo en los juegos así que sólo me dejan ver―respondió con una sonrisa, ¡con una sonrisa! Shinobu no pudo contener su indignación y clavó violentamente sus palillos en el ramen, pero mantuvo su sonrisa. ¡Giyuu era un imbécil y esos dos eran unos aprovechados! Pero la escucharían…claro que la escucharían―. Hablando de amigos…―dijo mientras comenzaba a revolver el fideo, no sabía qué desencadenaría la pregunta pero sentía mucha curiosidad―. ¿Qué fue lo que pasó con Sabito?

El aludido se sorprendió con esa pregunta, era inesperada, ¿por qué preguntaba por su amigo? ¿Tal vez estaba interesada en él? Eso de alguna forma lo ponía triste.

―Cuando éramos niños…

―No tienes que retroceder tanto, ¿acaso quieres fastidiarme?―preguntó sin paciencia, arrepintiéndose de haber traído el tema.

―Disculpa. Digamos que hace unos años una amiga de la infancia que teníamos en común, que se había ido a estudiar al extranjero, volvió. Fue inesperado ya que todavía no había acabado con sus estudios, pero por alguna razón lo hizo. Jamás supe por qué. Empezaron a salir pero como ella volvió a vivir en el mismo lugar de cuando éramos niños y la distancia parecía ser un problema, él simplemente dejó todo y se fue con ella.

Shinobu no pudo evitar notar cómo él dejó de comer mientras relataba esa historia, ¿tal vez Giyuu estaba enamorado de esa chica también? Qué difícil, seguramente fue como ella, su hermana y…

―No creo que la historia termine ahí, ¿no?―insistió, tratando de olvidar aquel horrible pensamiento que le había entrado de repente.

―Oh, pues, no hay mucho en verdad. Poco tiempo después se casaron y terminaron alejándose de todos, incluso de nuestro abuelo, quien nos educó. Eso que vive en el mismo pueblo.

La nostalgia y melancolía que acompañaban esa historia la hacían angustiarse, ya ni siquiera se animaba a preguntar si esa amiga de la infancia significaba algo más para él; sólo sentía pena por el abandono de su amigo hacia ellos.

―Que mal agradecido―concluyó con una mueca de disgusto.

―Mientras sean felices está bien―rebatió, levantándose para no responder más preguntas―. ¿Te llevo eso?

―Sí, por favor―respondió mientras le alcanzaba su pote vacío.

Giyuu entró primero al baño para lavarse los dientes y luego acostarse, mientras ella se bañaba. Al final había ahorrado tiempo la conversación sobre dónde ella dormiría.

La mujer se tomó su tiempo para asearse, no entendía qué la tenía tan nerviosa, iban a dormir no a tener relaciones. Ese pensamiento la hizo sonrojarse por tercera vez en ese día, ¿pero qué estaba pensando? Notó su reflejo en el espejo y como si fuera él quien la estaba mirando se cubrió los pechos con la toalla. Estaba siendo infantil, lo sabía, pero sin querer le había dado vergüenza.

Tras un momento volvió a enfrentarse al espejo, se quitó la toalla de encima y se echó una hojeada…la verdad no estaba nada mal, al menos eso creía, Giyuu debía estar ciego para no verlo. Nuevamente se sonrojó. ¿Pero qué pretendía de él?

―Hace tiempo no me acuesto con nadie. Sí, sólo eso debe ser―se consoló. Porque no, ella no podía estar de verdad considerando acostarse con Tomioka Giyuu.

¿O sí?

Continuará…

Mil disculpas por la tardanza es más, quería agregar un poco más pero creí mejor dejarlo para el próximo cap sino no lo subía más. Espero que les haya gustado!

Ja-ne n.n/