Capítulo 9: "Abandonar o luchar"
La noche llegó y los padres de Xiao Zhan aún no lograban conseguir un vuelo disponible, los dos estaban muy desesperados y Yibo los entendió a la perfección. Afortunadamente Mao habló con ellos por teléfono y les explicó lo que sucedía, les dijo que su hijo se encontraba bien, totalmente fuera de peligro y que los medios sólo exageraban las cosas.
Yibo escuchó esa conversación y se preguntó: ¿Desde cuándo Mao se llevaba tan bien con los padres de Xiao Zhan?
Salió de sus pensamientos cuando Mao terminó la llamada y le preguntó algo.
—¿Cuáles son sus planes? ¿Hasta cuándo se quedarán? —inquirió con curiosidad.
Yibo miró a su manager, éste se encogió de hombros.
—Ya cancelaste toda tu agenda de la semana —suspiró y lo miró con reproche—. Así que tú decide, pero hazlo sabiamente.
Yibo asintió. Entonces se puso a pensar: los padres de Xiao Zhan llegarían posiblemente hasta el día siguiente, Mao ya había estado todo el día con él, cuidándolo. Así que…
—Me quedaré esta noche con él.
—¿¡Qué!? —exclamó Mao, no se esperaba eso.
—Ve a un hotel cercano y descansa —luego miró a su ex guardaespaldas—. Tú ve a casa a descansar también. Yo me quedaré aquí.
—Yibo, no creo que sea bueno que te quedes solo, nunca lo has hecho y… —Wen Pei fue interrumpido.
—Los médicos dijeron que estará dormido hasta mañana, no corre ningún riesgo. Creo que todos podemos irnos a descansar.
Wang Yibo giró lentamente su rostro hasta verlo a los ojos, lo miró como si acabara de decir la peor atrocidad de su vida.
—¡No lo voy a dejar aquí solo!
Los dos mayores se miraron entre sí, suspiraron y accedieron.
Así fue como Yibo pasó esa noche entera junto a su Ge Ge. Rechazó el cómodo sofá reclinable y optó por la dura silla junto a la cama. Aprovechó que estaban solos para tomar su mano y darle calor y cariño. Deseaba fervientemente que se recuperara pronto.
Durante la noche estuvo dormitando un poco, hasta que finalmente su cabeza cayó rendida en el borde del colchón. En ningún momento soltó la mano de su Ge Ge, la agarró suavemente, envolviéndola con las suyas.
Había atravesado tanto estrés y mortificación durante todo el día que, agotado, cayó en un profundo sueño, tanto así que no se dio cuenta del momento en que Xiao Zhan despertó y casi se vuelve a desmayar al verlo ahí. Tuvo que tallarse los ojos para asegurarse de que no fuera un sueño.
Se incorporó hasta quedar sentado en el colchón, pero no movió su mano, no al ver que Yibo la sostenía con firmeza, envolviéndola cálidamente. Eso le conmovió hasta las lágrimas, pero no se permitió llorar y lo observó por largo rato, como si fuera lo más asombroso del universo.
Quería despertarlo, pero no quería que ese momento terminara. Tenía tanta emoción dentro de sí, que el motivo de su estadía ahí pasó a segundo plano.
Extendió su mano libre y acarició ese bonito rostro, deslizó un dedo por el puente de su nariz y descendió hasta sus labios. Esta vez no se resistió y los acarició muy sutilmente con la punta de su dedo. ¡Dios! Eran tan suaves como imaginó, no, incluso más.
Xiao Zhan pegó un pequeño brinquito cuando vio que los ojos de Yibo se abrían lentamente de par en par.
—¡Zhan Ge! —se incorporó de inmediato y lo observó con atención, ignorando el dolor en su espalda por la incómoda posición de toda la noche—. Despertaste ¿Cómo te sientes?
—Mareado. ¿Qué pasó? ¿Cuánto tiempo dormí y qué estás haciendo aquí?
Yibo suspiró.
—Mao te encontró inconsciente en tu casa y te trajo al hospital. No me quisieron dar más detalles al respecto.
—Oh… —pensó que era mejor así—. ¿No se supone que tenías una presentación en Tailandia?
Yibo frunció el ceño.
—No.
—¿Ya fue?
—No.
—¿Es en estos días? —estaba desorientado.
—No.
—¿Podrías responder otra cosa que no sea "no"? —se masajeó el puente de la nariz.
Yibo sonrió de lado, amaba fastidiarlo.
—La cancelé.
—¿Por qué?
—Reorganicé mis prioridades.
Nunca, jamás en la vida, se hubiese esperado esa respuesta por parte de Wang Yibo.
Fue la primera vez en la historia que el joven pudo dejarlo sin palabras. Un nudo se había formado en su garganta y no quería que el otro se diera cuenta.
—Te llamé un millón de veces, no respondiste, después vi la noticia sobe ti y…—frunció el ceño y golpeó el brazo de Xiao Zhan.
—¿¡Y eso por qué!? —se quejó.
—No lo recuerdas porque estabas muy dopado ayer, pero dije que te golpearía.
—Tonto —intentó sobarse el brazo, pero su mano seguía atrapada por la de Yibo, y éste no se había dado cuenta, pero cuando lo hizo, la soltó como si ésta tuviera algo tóxico en ella.
Xiao Zhan le dedicó una significativa sonrisa.
—Yibo, no me molesta —ahora fue él quien extendió la mano y tomó la suya—. Me cuidaste toda la noche ¿Verdad?
—En realidad me quedé dormido desde muy temprano —mintió.
Xiao Zhan soltó una risita divertida mientras negaba con la cabeza.
—Gracias —apretó su mano con cariño. De pronto se echó a reír.
—¿Qué es tan gracioso?
—Tienes marcas de la sábana en tu cara —extendió una mano y acarició su rostro con suma delicadeza. Las mejillas de Yibo se tornaron rosadas antes de darle un manotazo para que dejara de tocarlo. Xiao Zhan rio por ello.
En ese momento la puerta de la habitación se abrió lentamente y ambos se soltaron las manos de inmediato, fue un simple reflejo.
Los recién llegados entraron y…
—¡Mamá! ¡Papá! —se asombró demasiado al verlos ahí.
—¡Zhan Zhan! —la señora corrió hacia él y lo abrazó con mucha fuerza, estaba llorando.
—Oh… mamá, está bien, todo está bien —correspondió el abrazo con cariño y la reconfortó.
—¡No lo está! —se separó del abrazo y acunó el rostro de su hijo entre sus manos, analizando cada centímetro. Había cambiado tanto desde la última vez que lo vieron, se veía tan cansado y acabado.
—Estoy bien, mamá —susurró con cariño, dedicándole una dulce sonrisa.
—No contradigas a tu madre —el señor Xiao se acercó a ambos, reclamando su turno de abrazar a su amado hijo.
Xiao Zhan recibió el abrazo con gusto, suspiró con cierto alivio al tener de nuevo a su familia cerca de él. Habían transcurrido tantos meses desde la última vez que los vio.
Los tres terminaron en un adorable abrazo familiar. Yibo miró la escena y se sintió fuera de lugar, así que mejor decidió darles un poco de privacidad y salió de ahí.
Antes de salir, se topó en la puerta al médico que entraba para hablar con la familia. Por un momento consideró la posibilidad de quedarse, pero la descartó y terminó saliendo.
Se quedó parado en el pasillo, junto a la puerta. Su cabeza pensaba mil cosas a la vez, y todas ellas giraban en torno a Zhan Ge. Salió de sus pensamientos cuando comenzó a escuchar al médico hablando con la familia.
El doctor revisó los signos vitales de su paciente y notó que estaba un poco recuperado.
—Esas son buenas noticias ¿No? —preguntó Xiao Zhan—. ¿Cuándo me darán de alta?
—Hoy mismo —suspiró el médico—. Pero antes que nada quiero hablar contigo, y con tus padres —miró a los señores—. Esto no puede seguir así. Es la segunda vez en menos de seis meses que te ocurre esto.
Tanto sus padres, como Yibo, se llevaron esa desagradable sorpresa.
—¿Qué es lo que le sucede? —preguntó la señora, muy mortificada. Su esposo la abrazó para calmarla un poco.
Xiao Zhan se llevó una mano al rostro, ya se sabía la explicación de memoria. Nunca quiso que sus padres tuvieran que escucharla.
El médico suspiró y procedió a explicar.
—Su hijo tiene una sobrecarga de trabajo muy severa. Esto le ha causado cansancio crónico, insomnio y una anemia severa que, si no se combate ahora, le traerá problemas más graves.
—¡Zhan Zhan! —su madre tomó su mano y la apretó con fuerza—. ¿Desde cuándo padeces esto? ¿Por qué no nos dijiste nada? —lo miró con una profunda tristeza.
Xiao Zhan sintió un terrible nudo en la garganta.
—Lo siento —fue lo único que pudo decir para que no se le quebrara la voz. Desviaba la mirada en todo momento, no se animaba a ver a sus padres a la cara. Pero cuando tuvo el valor de hacerlo, percibió la mirada severa de su padre.
—Lo importante ahora es enfocarnos en la recuperación, no es nada que no se pueda solucionar, pero necesitamos que pongas mucho de tu parte —miró a su paciente, este asintió con seguridad.
Mientras tanto, Yibo estaba afuera, alcanzando a escuchar todo con claridad. Tenía una gran impotencia dentro de sí, sus puños apretados lo demostraban.
—Lo primero que tenemos que combatir son el insomnio y la anemia. Corrigiendo eso lograremos erradicar la fatiga y esos desmayos repentinos.
Yibo seguía escuchando todo, preocupándose en verdad.
—¿Qué tenemos que hacer? —preguntó su padre, no menos angustiado.
Xiao Zhan estaba muy serio, se apretujaba las manos con ansiedad al ver a sus padres tan mortificados, odiaba verlos así por su causa.
—Necesitas un descanso de todas tus actividades. Te recomiendo ir a un lugar despejado de gente y pasar unas vacaciones —sonrió—. Tienes que relajarte y despejar tu cuerpo y mente de todo el ajetreo de tu día a día.
Xiao Zhan se mordió los labios, comenzando a sentirse más ansioso aún. Tenía muchos eventos por delante, no podía simplemente no ir.
—Te daré vitaminas, unas las tomarás a diario, otras son inyectables y vendrás periódicamente por la dosis. Debes mejorar tu alimentación, yo sé que la vida de los artistas como tú es muy exigente hoy en día, pero Xiao Zhan, necesitas ganar peso con urgencia. Y olvídate del gimnasio por un tiempo, necesitas almacenar energía primero ¿De acuerdo?
Xiao Zhan asintió, sin borrar esa triste expresión de su rostro.
—¿Qué puedo hacer con el insomnio? —preguntó con verdadero interés, pues era una de las cosas que más lo agobiaban.
—Para eso… —suspiró y lo pensó unos segundos, parecía indeciso—…no tengo otra opción más que recetarte un medicamento controlado. Lo tomarás todas las noches antes de dormir, estos sí te ayudarán.
Xiao Zhan asintió, pues ya le había recetado varios medicamentos antes, pero ninguno había funcionado.
—Será sólo por un tiempo, hasta que consigas descansar por ti mismo.
Nuevamente, asintió. Su mente era un caos en ese momento, no podía aceptar todo aquello tan fácilmente. Se odiaba un poco a sí mismo por no poder funcionar bien ¿Acaso no podía con ese ritmo de vida? Se sentía miserable.
El médico se despidió, prometiendo volver en unas horas para darlo de alta, pues no lo iban a dejar salir de ahí hasta que terminara el desayuno que le llevarían.
Sus padres lo cuidaron a partir de ese momento. Yibo seguía fuera de la habitación, no se animaba a entrar y arruinar el momento familiar. No se imaginaba que dentro, Xiao Zhan sólo se preguntaba dónde rayos se habría metido.
—¿Qué haces aquí afuera? —preguntó Mao al verlo ahí parado.
—No quiero interrumpir.
Mao entendió y sonrió.
—Ve al hotel a tomar un baño y a cambiarte, Wen Pei ya lo hizo.
—No, me quedaré.
—Bien —suspiró.
Después de un rato, Yibo cayó en cuenta de algo.
—¿Tú qué haces aquí?
El otro suspiró, sí, Yibo siempre había sido perspicaz, no estaba ahí sólo haciéndole compañía.
—Espero el momento correcto para entrar con Xiao Zhan, tengo algo importante que decirle. Su manager lo está buscando con urgencia.
—¿Quiere saber cómo se encuentra?
—No, quiere saber si asistirá a los premios Weibo. No ha dejado de llamarlo todo el día.
La sangre de Yibo hirvió en coraje. Sintió un torrencial de furia invadir su cuerpo.
—Por supuesto que no irá ¿Su manager es idiota? —se aguantó lo mejor que pudo toda esa furia.
—Xiao Zhan es quien tiene la última palabra.
Eso decía Mao, pero la verdad era que la agencia lo tenía acorralado, claro que Xiao Zhan iba a aceptar ir, sabía que era su obligación y que si no quería tener problemas, debía cumplir.
—Es obvio que no irá, el evento es mañana —insistió Yibo.
—Lo sé.
—¡Y él está internado! —le exasperaba la tranquilidad de Mao en el asunto.
—Lo sé —suspiró—. No sabes cómo es esta agencia —lo miró con tristeza—. No tiene punto de comparación con la tuya. Estás en la gloria, Yibo —vaya que podía decir eso con certeza, pues ya había estado con Yibo por largo tiempo antes de pasar a cuidar a Xiao Zhan.
—Esto tiene que parar —masculló entre dientes—. Ve lo que le están haciendo —señaló hacia la habitación con un brazo extendido, estaba muy furioso, pero trataba de contenerse.
Mao lo miró con tristeza, pues él se sentía igual de impotente.
Dejaron la discusión de lado cuando la puerta de la habitación se abrió a sus espaldas.
Los padres de Xiao Zhan los miraron y les sonrieron con calidez. El corazoncito de Yibo se aceleró al encontrar la misma calidad de Xiao Zhan en su madre.
—¿Wang Yibo? —preguntó el señor, claro que sabía que era él, pero no quería parecer descortés, puesto que no se habían presentado formalmente antes.
—Señor —dio un paso al frente e hizo una ligera reverencia con su cabeza, mostrando su excelente educación. Esto les agradó a ambos señores.
—Es un gusto conocerte, joven —sonrió de lado y le extendió la mano.
—El gusto es mío —saludó igualmente a la mamá de su Ge Ge—.¿Y Xiao Zhan? —preguntó con curiosidad.
—Está descansando —respondió el señor y luego miró a su esposa—. Queremos hablar contigo.
Yibo se tensó bastante, miró a Mao en busca de auxilio, pero éste le sonrió, palmeó su hombro y se metió al cuarto de Xiao Zhan.
—Traidor —pensó, pero salió abruptamente de sus pensamientos cuando el papá de Zhan Zhan se acercó a él.
Tuvo miedo, pero no demostró ni una pizca de él.
—Cuando llegamos, Mao nos contó sobre lo mucho que te preocupas por nuestro hijo, dijo que volaste desde casa cuando te enteraste de lo que sucedió, y según nos dijo, no vives nada cerca —rio un poco, tratando de amenizar el momento, pues vio que el joven estaba algo tenso y nervioso.
—También nos dijo que te quedaste a pasar la noche a su lado —continuó su madre, sus ojitos lo miraron con mucho cariño—. Nosotros estábamos desesperados al no poder llegar pronto, pero tal parece que nuestro pequeño estuvo en buenas manos.
Yibo se sintió derretir al escuchar cómo se refería ella a su hijo de veintiocho años.
—Gracias por todo —dijeron ambos al unísono. El señor puso una mano sobre el hombro de Yibo y lo apretó con fuerza.
El menor no supo qué hacer o cómo reaccionar, todo lo había tomado por sorpresa.
—No tienen nada qué agradecer, él es mi amigo más preciado —confesó—. También me preocupé mucho cuando supe la noticia, no podía dejarlo solo.
Ambos lo miraron con un gran cariño.
—Entonces nuestro hijo es afortunado al tenerte como amigo.
—No, yo soy el afortunado —sonrió de lado, algo cohibido.
Los señores quedaron fascinados con ese joven de pocas y precisas palabras.
Mao salió nuevamente de la habitación, y con una sonrisa amable se dirigió a los señores.
—Puesto que Xiao Zhan será dado de alta hasta dentro de varias horas más ¿Quieren ir a comer algo? Deben estar hambrientos.
Los señores mostraron una cara de alivio, la verdad era que no había comido muy bien desde que se enteraron de la noticia, habían dedicado todas sus horas a buscar una manera de llegar al lado de su hijo.
—Pero Xiao Zhan se quedará solo… mejor me quedo con él —sugirió la señora.
—No estará solo, vayan a comer. Yo me quedaré con él mientras tanto —se ofreció Yibo.
—¿Estás seguro? —lo tomó del brazo con cariño.
—Sí —asintió fervientemente y les dedicó una leve sonrisa. Los dos terminaron aceptando, prometiendo no tardar mucho. Mao se los llevó, pero antes de eso le dedicó una mirada rápida a Yibo, éste lo entendió de inmediato, durante años ese fue su medio de comunicación y ya tenían ciertas claves.
Se apresuró a entrar al cuarto y encontró a Xiao Zhan bastante angustiado. Sí, Mao ya le había dado la mala noticia sobre la presión que estaba haciendo su agencia.
—Zhan Ge —se mortificó al verlo sentado en la cama, con sus brazos rodeando sus piernas y su rostro escondido en sus rodillas.
Xiao Zhan pegó un brinco al escucharlo.
—Yibo… —se apresuró a limpiarse las lágrimas—… no te escuché entrar. De hecho, no te escuché salir —le dedicó una linda sonrisa a pesar de su tristeza.
El aludido no dijo nada, caminó hacia él y se sentó a su lado en el colchón. Soltó un pesado suspiro, tomó la nuca de Xiao Zhan y lo atrajo a su hombro. No hubo necesidad de palabras, el mayor al fin tenía un hombro sobre el cual llorar, tenía un par de brazos que lo rodeaban y lo reconfortaban, y lo mejor de todo era que tenía junto a él a un alma que lo comprendía mejor que nadie.
—No dejes que te obliguen a ir.
—Tengo que hacerlo —murmuró sobre su hombro, aún llorando. Su llanto era de rabia e impotencia.
—Tampoco iré.
Xiao Zhan se separó abruptamente de él y lo miró con asombro.
—¿Por qué no?
—No te voy a dejar solo.
Una expresión de enfado se instaló por largo rato en el rostro de Xiao Zhan.
—No lo voy a permitir ¿Eres estúpido? Estás nominado a varios premios de los que es un hecho que serás ganador.
—Sabes que no me interesa.
—De hecho no, no lo sabía. Yibo, estamos hablando de tu carrera.
—Te preocupas demasiado —lo miró seriamente—. Preocúpate más por tu salud.
Xiao Zhan se separó un poco de él y bajó la mirada. Tenía toda la razón. Yibo no tenía la intención de ser rudo con él, pero era difícil lograr convencerlo de algo, Xiao Zhan era bastante terco.
—Ya me estoy haciendo cargo de mi salud, lo prometo. Esto no volverá a ocurrir, ya se lo prometí a mis padres también. Ahora te lo prometo a ti.
—¿Lo prometes? ¿Ya no pondrás en riesgo tu salud?
—Lo prometo.
Yibo hizo algo que Xiao Zhan jamás imaginó que haría: alzó el dedo meñique frente a él. Eso le provocó una hermosa sonrisa.
—¿Tienes tres años?
—¿Pinky promise?
Xiao Zhan soltó una risilla divertida antes de extender su meñique y engancharlo con el de Yibo.
—Pinky promise —respondió con seguridad. Sus miradas se conectaron, sus manos no se separaron.
Estuvieron así durante varios segundos hasta que Xiao Zhan recordó algo.
—Mis padres te estaban buscando, querían conocerte.
—Ya nos presentamos —respondió sin ninguna expresión en su rostro. Eso altero los nervios de Xiao Zhan.
—¿Y?
—¿Qué?
—¿Y qué pasó?
Yibo seguía inexpresivo, lo hacía con toda la intención de molestarlo. Ocultó lo mejor que pudo sus emociones para no darle indicios de nada, pero ya le estaba costando aguantarse la risa.
—¿Por qué te preocupa tanto? —preguntó con una sonrisa ladina devastadora para los nervios de Xiao Zhan.
—Porque eres una persona valiosa en mi vida, me interesa que mis padres entiendan eso y te acepten —fue cruelmente sincero.
Ahora Yibo no supo qué decir, fue su turno de sufrir un pequeño ataque.
—Oh… wow.
Xiao Zhan sonrió.
—Y no estoy bromeando.
Las orejas de Yibo se pusieron tiernamente rojas.
—Bueno, ellos… —se rascó la mejilla, nervioso—. Son muy buenos, tienes padres muy buenos y cariñosos. Aunque en un principio pensé que tu padre estaba enojado conmigo.
Xiao Zhan se echó a reír.
—Papá tiene cara de enojado, pero es una persona muy tranquila —sonrió ampliamente—. Te querían conocer desde hace algún tiempo.
—¿Desde el asunto de los carteles? —se atrevió a tocar el tema.
Eso era un recuerdo amargo para ambos. Cuando la serie terminó de emitirse, una horda enloquecida de fans no supo separar la realidad de la ficción, y comenzaron a hacer protestas para que la sociedad aceptara la "Relación amorosa" entre Xiao Zhan y Wang Yibo, hicieron marchas e incluso consiguieron la dirección de la casa de los padres de ambos y se pararon fuera de ellas, con carteles que decían:
"Wang Yibo y Xiao Zhan merecen expresar su amor mutuo con libertad ¡No a la homofobia!"
Esos meses habían sido terribles para ambos, sus carreras como artistas corrieron un gran peligro, y sus familias estaban muy desconcertadas, se llegaron a preguntar si todo aquello era cierto. Inmediatamente los dos desmintieron aquello por todos los medios, y desde entonces tienen demasiado cuidado para que la gente no los vea muy cerca uno del otro.
Esa terrible experiencia fue muy vergonzosa, y Yibo no pudo evitar recordarla al mirar a los padres de Xiao Zhan por primera vez en persona. Lo primero que atravesó su mente fue: "¿Me odiarán por los rumores?" pues estaba consciente de que todo ese caos fue en parte su culpa, por haberse llevado tan bien con Xiao Zhan durante el rodaje, por ser tan travieso con él y haber abierto su corazón. Juró que jamás lo volvería a hacer con nadie, pues ya había visto las consecuencias que obtendría.
—No, no desde el asunto de los carteles —frunció el ceño—. Desde antes.
—¿En serio?
—Les hablé de ti en ese entonces. Estaba feliz después de ver que a pesar de que fueras seis años menor, no eras inmaduro ni insoportable como imaginé. Les dije que eso me hacía sentir un gran alivio.
—Oh, que adorable es Zhan Ge —hizo una mueca infantil.
Xiao Zhan entornó los ojos.
—Claro que en ese entonces aun no conocía lo infantil, desesperante e insoportable que eres.
—¡Oye! —se quejó—. Sólo soy así contigo.
—¡Exactamente! ¿Por qué sólo conmigo? —rio.
—Porque Zhan Ge es privilegiado, es el elegido.
—¿Qué? —hizo una mueca muy chistosa de desconcierto antes de que los dos soltaran risas—. Entonces… —dejó de reír—…¿le caíste bien a mis padres?
—También soy el elegido. El elegido de los padres de Xiao Zhan.
—Tonto —se echó a reír una vez más, el estómago empezó a dolerle.
—¿Qué ocurre aquí? —preguntó Mao, entrando a la habitación seguido por los padres de Xiao Zhan.
—Pregúntale a Yibo —se limpió un par de lagrimillas causadas por la risa.
El aludido iba a decir otra broma, pero entonces vio a los papás de él y se cohibió bastante. Hizo a un lado su faceta infantil y se comportó a la altura.
Con una sonrisa muy alegre, la madre de Xiao Zhan le entregó un paquete a Yibo.
—Como pasaste toda la noche aquí, supusimos que no habías desayunado aún. Espero sea de tu agrado.
Yibo recibió el paquete con una gran expresión de asombro. Todo su rostro decía: "¡Wow! ¿¡En serio, para mí!?"
—Muchas gracias, no debieron molestarse —hizo una pequeña reverencia hacia los dos.
Mao veía todo con una sonrisilla en sus labios, más aún al notar el brillo en los ojos de Xiao Zhan, quien no ocultaba su gran felicidad al ver que sus padres y Yibo se llevaban tan bien, lo confirmó con ese simple hecho, pues sus papás no hacían eso por cualquiera.
—¿Y yo qué? —juntó ambas cejas y frunció los labios en un tierno gesto de puchero. Su madre soltó una risita melodiosa antes de caminar hacia él y besar su cabeza.
—Cariño, quisimos traerte algo, pero no nos lo permitieron. Dijeron que en un momento traerían tu desayuno. ¿Tienes hambre?
—Mucha —sonrió. De repente se le había abierto el apetito.
—Que niño tan dramático —su padre rodó los ojos y se sentó en un sillón cercano a la cama.
Yibo observó todo con atención, no podía despegar la mirada de la escena, pues veía tanto de Xiao Zhan en sus padres ¡Él era una combinación perfecta de ambos! Muy diferente a él, pues sólo se parecía a su madre. Sintió algo de nostalgia y un poco de envidia al ver a la familia de su amigo.
Segundos después llegó una mujer de la cafetería a entregar el desayuno de Xiao Zhan. Dejó la gran bandeja sobre la mesa desplegable que tenía la cama para el paciente y ayudó a Zhan Zhan a mover la cama hasta que quedara cómoda para comer.
—Yibo, ven —señaló un espacio libre junto a él en la cama. Los colores subieron intensamente al rostro de Yibo, ¡¿Por qué le hacía esa señal?! Justo en frente de sus padres, qué descaro.
Pero luego vio que acomodaba la mesa para que los dos pudieran comer más cómodamente. Pero aun así, Yibo miró a los padres de Xiao Zhan sentados en el sillón, charlando amenamente con Mao ¿Desde cuándo se llevaban tan bien?
—Yibo.
El aludido salió de sus pensamientos y asintió no muy seguro.
Se sentó en la orilla del colchón, respetando bastante el espacio personal de Xiao Zhan, pero entonces éste pasó el brazo por su cadera y lo arrastró hacia él.
—Te vas a caer si te sientas sólo en la orilla —le sonrió—. Anda, come —destapó su bandeja de comida y se maravilló—. Wow ¿No se supone que la comida de hospital es pésima?
Todos miraron la bandeja y se asombraron igual. Era un desayuno bastante pesado: Panqueques cubiertos de miel y mantequilla, un tazón lleno de diferentes frutas picadas, un vaso de jugo de naranja y una gelatina de limón, sí, nunca podían faltar las gelatinas en el menú del hospital.
—Oye, eso se ve muy bueno —a Yibo se le hizo agua la boca, entonces abrió su paquete de comida y se alegró bastante—. ¡También son panqueques! —exclamó con singular alegría.
La madre de Xiao Zhan soltó una risita al escucharlo, eso provocó un sonrojo en Wang Yibo, el pobre por un momento había olvidado que ellos estaban ahí. Xiao Zhan tenía ese poder sobre él: hacer que todo el mundo a su alrededor pasase a segundo plano cuando él estaba cerca.
Los dos parecían un par de niños traviesos desayunando en la cama. A pesar de todo, Yibo estaba sentado en la orilla de la cama, no se sentía con la confianza de subirse por completo, por respeto a Xiao Zhan y a su familia.
—Esto está buenísimo —murmuró Xiao Zhan, comiendo con mucha alegría su desayuno.
—Parece que no has comido en meses —se asombró al ver todo lo que le cabía en la boca. Los ojos de Yibo se agrandaron bastante—. Wow —lo molestó.
—Cadlladte —le pegó con el codo.
—Hey —le regresó el golpe, no pasó mucho antes de que comenzaran una habitual pelea de codazos y ligeros puñetazos.
—¡Ay, ay, ay! —se quejó de pronto Xiao Zhan.
—Que llorón —rio, pero se calló abruptamente y palideció al ver sangre en las sábanas—. ¿Qué demon…?
Xiao Zhan se echó a reír mientras se quejaba y tomaba su mano con la otra.
—Se salió el catéter —señaló la aguja que estaba sobre las sábanas—. ¡Ah! Dolió mucho —a pesar de eso siguió riendo.
Yibo se puso de pie y salió casi corriendo de la habitación. Los demás lo notaron, la madre de Xiao Zhan de inmediato se acercó a ver qué sucedía, pero no se alarmó mucho. Iba a salir en búsqueda de algún enfermero, pero entonces entró Yibo acompañado de una enfermera, el pobre tenía una expresión en verdad mortificada.
—Se le salió esa cosa —explicó Yibo, parándose a un lado de la enfermera que ya lo revisaba. Él estaba de brazos cruzados, recargando su peso en un pie y luego en el otro, se veía ansioso—. ¿Estará bien?
La enfermera rio por su nerviosismo mientras Xiao Zhan lo veía con cara de "No seas idiota" y reía.
—Justo me dirigía hacia acá para quitarle el catéter —sonrió hacia Yibo—. Sólo me ahorró el trabajo.
—Oh, ya veo —se avergonzó al notar que se había preocupado por nada, notó que ni siquiera su madre se angustió, pues en verdad no era nada grave. Se sintió tan tonto.
La enfermera se fue y cada quién volvió a sus asuntos. Incluso Xiao Zhan siguió desayunando después de que le pusieran un curita, pero Yibo seguía asustado.
—¿Te da miedo la sangre? —preguntó Xiao Zhan con curiosidad.
—No —Yibo no sabía cómo decirle que no le daba miedo la sangre, pero que al ver SU sangre fuera de su cuerpo… Dios, entró en pánico.
—No terminaste de desayunar, ven, siéntate —palmeó el sitio que había estado usando Yibo momentos atrás.
El aludido seguía de pie con los brazos cruzados, miró hacia atrás, hacia los padres de Xiao Zhan.
—Que vengas —insistió el mayor, palmeando más fuerte el colchón.
Un poco cohibido (extraño en él), volvió a sentarse junto a Xiao Zhan.
—Yibo, a ellos no les molesta que seamos cercanos —susurró muy bajito—. Así que ya no te preocupes por eso ¿Si? —sonrió y siguió comiendo.
Yibo sintió un alivio repentino, fue entonces que se animó a sentarse un poco más cerca de su Ge Ge.
—Que asco, hay sangre en tu plato —murmuró Yibo.
—Oh… es verdad.
Y es que cuando se arrancó la intravenosa por accidente, un pequeño chorro a presión salió volando.
—Dame fruta —tomó el tazón y le quitó varios trozos de melón.
—Sólo el melón, no toques lo demás.
—¿No te gusta?
—Lo odio.
—Excelente —se comió todos los trocitos que había.
Después de un rato, Xiao Zhan se echó hacia atrás, acostado después de haber comido tanto, sentía que estallaría.
—Te faltó la gelatina.
—Cómetela.
No tuvo que decírselo dos veces, Yibo tomó el postre y se lo terminó de inmediato.
—Sí que eres un pozo sin fondo —lo miró con su típica expresión de fingido desagrado.
—Sigo en crecimiento —satisfecho, se tumbó a su lado, pero permaneciendo en la orilla y con los pies fuera de la cama.
—¡Ja!
Estaban bromeando y en su estado de ánimo tan característico, hasta que los otros tres adultos detuvieron su charla. Enseguida se escuchó la voz alterada de la madre de Xiao Zhan.
—No, de ninguna manera irá a ese evento —se paró del sillón y fue hacia su hijo, lo miró con mucha tristeza—. No vas a ir a esa premiación ¿Verdad?
Muy pronto Mao y su padre se unieron.
—¿Se los dijiste? —miró a su guardaespaldas con enfado—. No era tu deber.
—Sé que no me concierne hacer eso, pero tus padres se preocupan por ti, y yo también. Sólo soy tu guardaespaldas, estoy muy consciente de eso, pero… —no sabía si era prudente decirlo—…te considero mi amigo ¿De acuerdo? Y tampoco voy a permitir que te sigas sobre esforzando, menos después de esto.
Xiao Zhan no podía mirarlo más con enojo, tenía razón.
—Oh Mao —suspiró pesadamente y bajó la cabeza—. Yo también te considero mi amigo —sonrió con tristeza—, pero esto es mi deber.
—No vayas —pidió ahora Yibo.
—No irás, hijo, no lo permitiremos —intervino por primera vez su padre, tajante y severo.
—¿Se pusieron de acuerdo para esta intervención? —miró a cada uno.
Y como si así fuera, Yibo aprovechó el momento para soltar lo que traía entre manos desde hace algún tiempo.
—Tengo algo que decir —dijo de pronto el menor, mirando uno a uno, pero largamente a su Ge Ge—. Quizás me estoy entrometiendo de más, pero hablé con mi abogada desde hace algún tiempo, le platiqué tu caso y está completamente de acuerdo en llevar tu caso.
—¿Mi caso? ¿Qué caso? —rio con enfado, empezó a molestarse. Parecía que ahora todo mundo tenía derecho a opinar y manejar su vida. Sentía que poco a poco perdía el control.
—No te hagas el desentendido —fue directo—. Necesitas terminar con ese contrato. La agencia en donde estás no te valoran, sólo te ponen en riesgo.
Los otros tres asintieron en mudo acuerdo respecto a eso último que dijo.
—Ella está dispuesta a representarte, dice que puede ganar tu caso en menos tiempo de lo que te imaginas, serías libre.
Una pequeña esperanza brilló para Xiao Zhan.
—Pero no hará nada sin tu aprobación —continuó—. Si estás de acuerdo, sólo tendría que hacer una llamada para dar inicio a esto —sacó su móvil, listo para hacerlo.
—Espera… —se llevó una mano a la cabeza, comenzaba a dolerle—… déjame pensarlo un poco.
—¡¿Pensar qué?! —se sentó a su lado en la cama—. Hijo ¿Pensar qué? —acarició su mejilla con amor maternal.
—Podría correr el riesgo de perder mi carrera.
—Tu carrera como artista, sí, pero tienes una carrera profesional bien forjada —intervino su padre, serio—. No te quedarías sin nada.
La expresión de Xiao Zhan fue desoladora. Yibo se asombró, jamás había visto esa expresión en él.
—No quiero volver a ser empleado en una empresa de marketing, no lo quiero. Sería lo peor para mí —expresó con un profundo sentimiento. Miraba a sus padres con unos ojos llenos de impotencia.
—Zhan Ge, no creo que pierdan el caso —se animó a intervenir en esa pequeña discusión que repentinamente se había convertido en una familiar—. Pero, si en el peor de los casos llega a ser así, recuerda que tienes tu estudio.
—Sí, pero apenas está iniciando. Si perdemos este caso ninguna agencia querrá contratarme, mi estudio no funcionaría porque no tendría los contactos necesarios para poder crecer —se llevó una mano a la sien, cada vez más adolorido.
—Tienes dos opciones —dijo Yibo—. Abandonarlo todo, o luchar. ¿Qué eliges?
—No puedo darme el lujo de perderlo todo. Y si lucho, puedo perderlo.
—Pero si sigues así es igual a abandonarlo todo, terminarás acabando con lo poco que te queda de salud y definitivamente no podrás hacer nada —fue muy severo con su Ge Ge.
—¿Y si pierdo todo? —tuvo miedo.
—No lo veas así —su padre se acercó más a él y lo miró profundamente—. Hijo, quizás esto sea una señal para que dejes este mundo del espectáculo y te centres en hacer tu vida personal.
Xiao Zhan hizo una mueca terrible, estaba muy disgustado.
—No de nuevo con ese tema, ya lo habíamos hablado —miró de reojo a Yibo y a Mao. No quería tocar esos temas tan personales con amigos presentes.
Un silencio sepulcral reinó en la habitación.
—Yibo, ¿tu abogada está segura de ganar este caso?
—Ya lo estudió, dice que es muy probable.
Xiao Zhan suspiró.
—Eso es mejor que nada. Llámala y dile que acepto —dijo con determinación—. Voy a luchar.
Los ojos de Yibo brillaron.
—Si este caso resulta exitoso, continuaré mi carrera artística —miró seriamente a sus padres—. Pero en dado caso que no sea así, intentaré hacer lo que ustedes quieren.
Sus padres se llenaron de alivio.
—Cariño, aunque ganes el caso, deberías intentar hacer tu vida personal. Aprovecha que aún eres joven —acarició su cabello con mucho amor.
Xiao Zhan tragó en seco y asintió un par de veces, su ceño estaba fruncido y sus labios algo apretados. Yibo pudo percibir cómo su manzana de adán subía y bajaba, demostrando la fuerza con la que contenía sus ganas de llorar, Xiao Zhan se veía lleno de impotencia en ese momento.
Yibo quería acercarse más a él y darle su apoyo, pero no encontró la manera. Decidió que por el momento lo mejor sería salir y hacer la llamada. Era hora de comenzar con esto. Xiao Zhan iba a luchar, y Wang Yibo iba a estar con él en cada momento.
Continuará…
12/01/2020
