Su reloj despertador no había sonado, pero Kyo despertó con el roce de unos pequeños y adorables bigotes felinos frente a su cara.
—YAY. ¡Sabía que tú eras el gato naranja!—maulló la gatita, festejando su descubrimiento.
Kyo se desperezó lentamente y frotó sus ojos.
—¿Huh?—dijo Kyo al notar que su mano en realidad era una pata naranja.
De alguna forma, se había convertido en gato durante la noche. Se tocó la frente. No estaba enfermo. Miró hacia la ventana, la mañana prometía un día totalmente soleado. No había ninguna razón por la que él tuviera ése aspecto en aquel momento.
Algo extraño estaba pasando. Kyo se levantó y caminó hacia su puerta. La pequeña gatita le siguió con dulzura.
—¡Mamá, tengo hambre!
Kyo se volvió bruscamente hacia ella.
—¡¡¡QUE YO NO SOY TU MAMÁ!!!—siseó Kyo, erizando los pelos de su espalda.
La gatita le sonrió inocentemente, moviendo la cola de forma animada. Kyo suspiró. Su sonrisa le recordaba en cierta forma a la de Tohru.
—Tú... tú quédate aquí... No te vayas a salir.—Le ordenó Kyo, controlando su furia.
La gatita no respondió, sólo se le quedó mirando. Sin despegar su vista de la gatita, Kyo se alejó lentamente y cerró la puerta, dejando a la gatita adentro del cuarto.
—¡AH KYO-KUN, DESPERTASTE!—ladró Shigure alegremente.
Kyo se espantó tanto que casi araña el techo. Luego, liberando toda su energía, le gritó al travieso perro negro.
—¡SHIGURE! ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?!
—Ya, ya, Kyo-Kyo. Acompáñame a la habitación de Yuki, se los voy a explicar todo.
Diciendo esto, perro y gato trotaron hasta la habitación de "el príncipe". Para sorpresa de ambos, Tohru estaba sentada en la esquina de la cama de Yuki, la cual, parecía estar vacía. Tohru ya estaba lista para irse a la escuela, pero su rostro reflejaba pura preocupación.
—¡¿Qué estás haciendo aquí?!—le preguntó Kyo a Tohru.
—¡Ah! ¡Buenos días!... C-creo. N-Nadie bajó a desayunar así que fui a revisar que estuvieran bien. Me asomé en cada habitación y los vi dormidos, convertidos en animales. ¡Creí que estaban enfermos! Llamé a Hatori-San, pero no me contestó. ¡Nadie lo hizo! ¡NO SABÍA QUÉ HACER!—Tohru se estaba apanicando.
—Tranquila, Tohru-San—Shigure se acercó para calmar a la gentil joven.—¿Yuki está despierto?
—No. Sigue dormido—Tohru señaló al pequeño ratón gris, que dormía plácidamente sobre la almohada.
—Flojo—murmuró Kyo.
Shigure se acercó a la cabecera de la cama con mucho cuidado.
—Yuki. Despierta—Shigure acercó su nariz al ratón.
Yuki despertó sobresaltado. Cuando se vio convertido en ratón, y a Tohru sentada junto a su cama, creyó que la había abrazado y se ruborizó. Pero al ver que sus primos también estaban convertidos, supo que algo extraño estaba pasando.
—Shigure... ¿Qué...?
—Quería explicarles esto con tiempo pero, hubo complicaciones. La razón por la que estamos convertidos, es un cometa—explicó Shigure.
Hubo un silencio. Kyo brincó al borde de la cama junto a Tohru.
—¿De qué estás hablando?—preguntó el gato.
—Los espíritus del Zodíaco tienen una fuerte conexión con los astros y su movimiento. Las estrellas y los planetas rigen nuestra energía y fuerza de forma muy especial. En este caso, el paso del cometa influye de forma negativa en nuestra energía. Nos debilita. Y para la familia Sohma, los afectados por el Juunitsu, son transformados en animales... y permanecen así... hasta que se vaya el cometa.
—¡¿POR QUÉ NO NOS HABÍAS DICHO ESO ANTES?!—le espetó Yuki, fúrico.
—Bueno, se suponía que el cometa pasaría hasta el próximo mes. Pasa cada 23 años. Hatori-San fue quien hizo el cálculo, pero al parecer falló.
—¿Tú crees?—mencionó Kyo, sarcásticamente.
—Oigan, no pueden culparlo, ha estado muy ocupado cuidando las constantes enfermedades de Akito-San—defendió Shigure a su amigo.
Yuki suspiró resignado, su cabeza comenzaba a dolerle.
—¿Cuánto tiempo tarda el cometa en cruzar?—preguntó Yuki.
Shigure se sentó sobre sus patas traseras y miró cabizbajo al suelo.
—Una semana.
—¡¿UNA SEMANA?!—Kyo siseó y todo su pelaje se erizó.
—¡¡¡ESTO ES TERRIBLE!!! ¡FALTARÁN A LA ESCUELA UNA SEMANA COMPLETA!—gritó Tohru preocupada.
—No creo que ése sea el mayor problema—le dijo Kyo.
—Nuestras calificaciones no bajarán por faltar una semana. Al término de la semana, nos pondremos al corriente—la calmó Yuki, acercándose a Tohru.
—Pero Yuki, ¿Qué hay de tus deberes como presidente estudiantil?—le preguntó Tohru.
—Estoy seguro que el Vicepresidente podrá cubrirme bien en este periodo—le sonrió Yuki.
—Bueno, será mejor que llame a la escuela. Tohru, ¿Podrías venir a ayudarme, por favor?—le pidió Shigure.
—¿Por qué necesitarías ayuda para marcar a la escuela?—preguntó Kyo, molesto.
Shigure alzó una de sus patas con una expresión de obviedad. Kyo captó el mensaje.
—Ah.
—Gato estúpido—le dijo Yuki.
—¡NO EMPIECES RATA!—le amenazó Kyo, sacando sus garras.
—¡Por favor, no peleen!—les pidió Tohru a los dos—¡No me gusta ver que se hagan daño! ¡Y mucho menos ahora que se encuentran en esta condición!
Tanto Kyo como Yuki se detuvieron antes de empezar a pelear. No querían que tuviera que pasar por más preocupaciones de las que ya tenía.
—Tohru-Kun tiene razón—la apoyó Shigure—. En estos momentos, debemos de ser fuertes y estar unidos para poder salir adelante. Así que les recomiendo que por esta semana, hagan una tregua. Al menos hasta que todo haya vuelto a la... "normalidad" que conocemos.
Kyo y Yuki pensaron en la propuesta de Shigure. La simple idea de tener que llevarse bien, era repugnante. Pero no tenían opción. Si el cometa los debilitaba tanto, tendrían que aprender a apoyarse el uno al otro.
—Bien—dijeron ambos, sin verse frente a frente.
Tohru sonrió aliviada.
—Estoy tan contenta—dijo.
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Mientras tanto, en la habitación de Kyo, la gatita esperaba pacientemente por el regreso del gato naranja. Pero su pancita hacía ruidos más fuertes a cada minuto.
—¿Por qué tarda tanto mamá?—dijo la gatita frunciendo el entrecejo.
De repente, algo maravilloso captó su atención. Una bellísima mariposa blanca entró a la habitación.
—¿Huh?
La gatita siguió a la mariposa por el cuarto, tratando de atraparla. La mariposa voló hasta la ventana del cuarto.
—WOW. ESPÉRAME—gritó la gatita entusiasmada, y corrió tras ella.
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Pocos minutos después, los Sohma habían terminado de desayunar y estaban despidiéndose de Tohru.
—¿Seguros que estarán bien?—les preguntó Tohru, angustiada.
—Todo estará bien Tohru. Ve tranquila—la calmó Shigure, moviendo la cola animadamente.
—¡Oh, es cierto! ¡Hoy trabajó hasta tarde!—se angustió más Tohru.
—Puedes ir a tu trabajo tranquila. Nos las arreglaremos bien aquí—sonrió Yuki.
—P-pero—titubeó Tohru.
—Mira, ya te dijimos que todo va a estar bien. Si algo pasa, te buscaremos. ¡Ya deja de preocuparte y concéntrate sólo en lo que tengas que hacer hoy!—le dijo Kyo, irritado.
—S-si—se calmó Tohru.
Diciendo eso, se despidió de todos y caminó a la escuela. Ya solos, Shigure se dirigió a tomar el periódico de la entrada de la casa. Los Sohma se disponían a entrar y hacer lo que fuera para no preocuparse, cuando de repente, unos agudos maullidos se escucharon por una de las ventanas de arriba. ¡La gatita estaba brincando en el borde!
—¡¿PERO QUÉ RAYOS?! ¡¿QUÉ HACES?!—Kyo le gritó desde el patio a la gatita.
Pero ella no le escuchó, estaba muy entretenida con la mariposa que había perseguido hasta ése lugar.
Shigure corrió junto a Kyo, llevando a Yuki sobre su cabeza.
—¡Tenemos que bajarla de ahí, antes de que se caiga!—gritó Yuki, preocupado.
Muy tarde, la gatita había perdido el equilibrio y cayó velozmente al suelo.
—¡¡¡NOOOO!!!—gritó Kyo.
Ágilmente, Kyo se lanzó para atrapar a la gatita. Se acostó boca arriba, y la atrapó entre sus patas. La gatita maulló divertidamente.
—¡Mamá, te encontré!
Kyo respiraba de forma agitada, ¡Tremendo susto se había llevado!
—Kyo-Kun, ¿No la has alimentado, verdad?—sonrió Shigure.
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—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá, tengo hambre!—maullaba la gatita.
—¡Te oí la primera vez! ¡Y NO SOY TU MAMÁ!—refunfuñó Kyo.
Rápidamente fue a la cocina por un tazón pequeño y leche. Colocó el plato frente a la gatita, quien lo olfateó hambrienta. Con sus patas delanteras, Kyo abrió el cartón de leche y lo volteó para que su blanco contenido cayera en el plato.
—¡LECHE!—maulló felizmente la gatita.
—Si, si, si. Leche. Ahora come y calla—dijo Kyo, sirviéndole todo el cartón.
La gatita bebía feliz. Shigure se asomó por la puerta, con Yuki sobre él.
—Ésa es mucha leche Kyo-Kyo.
—Así aguantará más tiempo—dijo Kyo saltando de la mesa.
—¿No crees que también podría enfermarse?—le preguntó el perro.
—No seas ridículo. La leche jamás le ha caído mal a los gatos—dijo Kyo.
Yuki puso los ojos en blanco. Le prometió a Tohru que no pelearía con Kyo en esta semana. Entonces, vio como la gatita había dejado de tomar leche y caminaba a un rincón del cuarto.
—Yo me refería a la cantidad que le diste. Tú estás acostumbrado a beber un cartón entero porque eres un gato joven. Ella es mucho más pequeña que tú—le explicó Shigure—. Además, creo que ya va siendo hora de que le demos un nombre.
—No se va a quedar aquí—gruñó Kyo—. Ya dije que le voy a buscar un hogar.
—¿Y cómo piensas hacerlo, eh? ¿Irás de puerta en puerta ronroneando: "quiere adoptar una gatita"?—se burló Shigure.
—Oh no—dijo Yuki, llamando la atención del perro y el gato.
—¿Qué sucede, Yuki-Kun?—le preguntó Shigure.
Yuki señaló con su pata a la gatita, que había dejado un charco de pipí y sonreía aliviada. Kyo abrió los ojos como platos y corrió velozmente a la cocina por un trapo. De regreso, limpió el desastre de la gatita.
—¡¿QUÉ TE PASA?! ¡NO PUEDES HACER PIPÍ DONDE QUIERAS!—le regañó Kyo a la gatita.
—Te dije que era demasiada leche—le dijo Shigure.
Kyo lo miró irritado. Luego miró a la gatita, parecía no tener idea de lo que acababa de hacer.
—Escucha, aquí no puedes hacer chís. Ni aquí, ni en ningún lugar de la casa. Si quieres hacer chís, será afuera, en el patio.—Intentó explicarle Kyo.
La gatita ladeó su cabeza con curiosidad. Kyo estaba perdiendo la paciencia.
—Chís dentro, no. Chís fuera, sí.
—¿Mia?—preguntó la gatita.
Kyo palmeó el piso seco.
—CHÍS, NO.
La gatita tocó el piso también.
—¿Chiiii...?
—¡ESO! ¡CHÍS, NO!—afirmó Kyo.
—Chi—dijo la gatita—¡SOY CHI!
Gato, perro y ratón se quedaron sin habla. La gatita saltaba y maullaba alegremente su nuevo nombre.
—¡Soy Chi! ¡Soy Chi! ¡Soy Chi!
Kyo se pegó la cara con su pata, frustrado.
—Creo que le gusta su nuevo nombre—dijo Shigure, mirándola con ternura.
—Chi. Qué nombre tan bobo—dijo Yuki cruzando sus patitas.
Kyo estaba a punto de gritarle, pero se contuvo. Le había prometido a Tohru que no pelearía hasta que pasara el infierno de la cometa.
Respiró profundamente y se quedó mirando a la gatita. Cuando la vio, recordó la primera vez que había descubierto su condición.
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Él tenía como 4 años. Su mamá lo había abrazado. Entre sus brazos, pudo examinar su diminuto, peludo y pequeño cuerpo.
—Kyo-Kun, ¡Eres tan tierno!—le dijo su mamá.
—¿Miau?—Kyo se cubrió la boca, había querido hablar, pero sólo le había salido un maullido.
Su madre rio dulcemente y le abrazó más fuerte.
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Kyo sacó de su cabeza aquellos recuerdos. No quería recordar a su madre. Mucho menos ahí, frente a Shigure y Yuki. Suspiró resignado y trotó hacia el jardín de la casa. Chi lo siguió feliz.
—Shigure. ¿Puedes ayudarme a volver a mi cuarto, por favor?—le pidió Yuki—. Hoy quisiera quedarme ahí todo el día.
—¿Te sientes mal?—le preguntó Shigure.
—No. Sólo quiero tener precaución, habiendo dos gatos en casa—dijo Yuki, nervioso.
Shigure sonrió y lo llevó escaleras arriba.
Afuera, Chi saltaba alrededor de Kyo.
—¡Mamá!
—¡NO SOY MAMÁ! ¡ME LLAMO KYO!—le gritó Kyo.
—Ajá—asintió Chi—¡MAMÁ SE LLAMA KYO!
—Ay. Será una larga semana—suspiró Kyo.
Hola . ¡Vaya cosa! ¿No? ¿Qué creen? ¿Kyo tendrá la suficiente paciencia para aguantar a la traviesa Chi? No se pierdan el siguiente capítulo. ¡Esto se va a poner bueno!
