Cuando Tohru regresó a la casa de Shigure, se enterneció mucho al ver a Kyo y Chi durmiendo tranquilos. Sin embargo, Tohru había pensado en todo el día si sería lo mejor llevar a Chi con un veterinario. Después de todo, Kyo la había encontrado en la calle, y aunque la gatita había demostrado un carácter fuerte y juguetón, había la posibilidad de que tuviera alguna enfermedad silenciosa.

Tohru estaba decidida, le había tomado mucho cariño a Chi y no quería que nada malo le pasara. Al día siguiente, Chi haría su primera visita al veterinario.

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—¡YAY! ¡No me atrapas!—maulló Chi felizmente.

Tohru había recorrido toda la parte superior de la casa, cargando un adorable cesto de picnic. En la escuela, sus amigas le habían comentado de un veterinario muy reconocido en la zona. Tohru jamás se imaginó que preguntar por un veterinario sería mucho más fácil que llevar a la gatita con él.

Tohru acorraló a la gatita, haciendo que su única salida fueran las escaleras. Chi maulló sonriente y bajó saltando.

—¡No me atrapas! ¡No me atrapas! ¡No me...!

Justo al final de las escaleras, estaba Kyo esperándola. Firme, pero con cuidado, la tomó por el cuello y la guardó dentro de la cesta.

—¡Fue divertido!—dijo Chi.

—Gracias Kyo-Kun. ¡Fiiuuu! Me cansó perseguirla. Oye, ¿No te molesta que la lleve con un... un...?

—¿Veterinario? No—respondió Kyo—¿Con quien más la podrías llevar? ¿Con Hatori?

Tohru se imaginó al pobre Hatori, convertido en caballito de mar, nadando en círculos dentro de una pequeña pecera. Una avergonzada sonrisa se le dibujó en el rostro. Hatori debe de tener la semana más aburrida de todo el zodiaco, pero imaginarlo así era divertido.

—Bueno, vámonos—le dijo Kyo, sacándola de sus pensamientos.

—¿Eh?—preguntó Tohru.

—Los veterinarios están repletos de distintos animales. Chi es amable y social, pero no sé cómo reaccionará al estar literalmente rodeada de tantos animales. Además, puede que sienta miedo cuando la revise el doctor—le explicó Kyo.

Tohru se quedó asombrada, parecía que Kyo-Kun estaba tomando muy en serio su papel de padre adoptivo. Eso le dio a Tohru mucha felicidad.

—¡Kyo-Kun! ¡Eres asombroso!—dijo Tohru, entusiasmada—¿También quieres entrar en la canasta?

—¡No!... Gracias, yo caminaré a tu lado—la espalda de Kyo se había erizado, una cosa era que llevaran a Chi al veterinario, pero él, aún siendo un gato, NO era un animal.

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Durante el trayecto, Kyo se arrepintió ligeramente de no haber subido a la canasta. Muchos niños y niñas se acercaban para acariciarlo con manos sucias y pegajosas. A pesar de los intentos de Tohru para alejarlos educadamente, Kyo no podía evitar que las personas se le acercaran y le hablaran como a un bebé. Lo peor, era que no podía defenderse, o de lo contrario, podría causarle problemas a Tohru.

Por otra parte, Chi se la pasaba asomándose por la tapa del cesto de picnic, y no paraba de preguntarle a Kyo a dónde iban.

—Ya te lo había dicho, vamos con alguien que te revisará y nos dirá si estás sana—le respondió Kyo.

—¿Qué es estar sana?—preguntó Chi.

—Es...cuando tienes fuerzas y energía para... seguir jugando—le respondió Kyo.

—¡YAY! ¡Yo quiero jugar!—maulló Chi—¡Kyo, juguemos!

—Después de que te revise el doctor—le respondió Kyo, irritado.

Chi se puso triste, entonces, una traviesa sonrisa se le dibujó en el rostro. Sabía un truco que haría que Kyo fuera más divertido. Esperó pacientemente hasta que la cola de Kyo se acercara al cesto, entonces... le dio una pequeña mordida.

—¡AAAY!—se quejó Kyo.

—¡MAMÁ, JUGUEMOS!—le pidió Chi.

—¡NO ME DIGAS MAMÁ!—le gritó Kyo. Rápidamente, se dio cuenta de que la calle estaba muy transitada en ése momento, y muchas personas le habían escuchado hablar.

Inmediatamente, Tohru reaccionó para despistar a las asombradas personas.

—¡Ah! Esto... ¡FUI YO! ¡Soy... ventrílocua! ¡SÍ! ¿Creen que fui convincente?—explicó Tohru, sudando de nervios.

Algunas personas le aplaudieron a Tohru, quien respiró aliviada, al igual que Kyo.

Ya solos, Tohru se inclinó hacia Kyo.

—¡Lo siento! ¡No sabía que hacer!—se disculpó Tohru.

—Aún no puedo creer que te hayan creído lo de ser ventrílocua—respondió Kyo—. Pero funcionó. Y tú niña—Kyo se dirigió al cesto—. ¡No me vuelvas a morder la cola! ¡Y llámame por mi nombre, Kyo!

Chi sonrió y se escondió en el cesto. Kyo suspiró resignado.

—No tiene remedio.

—Tal vez, ¿Será que no te entiende?—sugirió Tohru, pensativa.

—¡Sí lo hace! Tú me viste hablándole todo el camino—se quejó Kyo.

—Sí. Pero, tal vez, te tomaría más en serio, si le hablaras como un gato—pensó Tohru—. Porque, los animales también tienen su propio idioma. Los humanos podemos interactuar con ellos, y ellos con nosotros, pero, creo que la verdadera comunicación se da cuando son de la misma especie.

Hubo un momento de silencio.

—¡AAAAH! ¡LO SIENTO! ¡NO QUISE SER OFENSIVA! ¡LO QUE QUERÍA DECIR ERA QUE...!—se disculpó Tohru.

—No, no. Está bien. Debo intentar comprenderla, para que ella también me entienda—dedujo Kyo.

Tohru se quedó sorprendida, otra vez. Kyo estaba demostrando una madurez que no había visto antes en él.

—Sí—sonrió Tohru.

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En la sala de espera del veterinario había un montón de animales diferentes: desde pequeños cachorros hasta iguanas y conejos. Uno de los pacientes era una gran cacatúa blanca de cresta amarilla, y otro era un enorme jabalí. Cuando Kyo lo vio, se acordó de Kagura y se alejó de él lo más posible.

Chi se asomaba nerviosa dentro del cesto. El ambiente era muy tenso para ella. Su primer instinto fue escapar de la canasta y salir corriendo, pero Tohru sostenía muy fuerte la cesta para que no saliera.

—¡Kyo, tengo miedo!—dijo la gatita—¡Quiero ir a casa!

Kyo la miró y se acercó a ella para susurrarle en el oído.

—No te preocupes, yo voy a estar contigo—le dijo.

Chi asintió, pero aún así tenía miedo.

Minutos después, la enfermera llamó por "Sohma, Chi". Tohru se levantó y entró al consultorio, cargando la cesta en sus brazos. Kyo la siguió de cerca y entró también.

De repente, Kyo sintió que unas fuertes manos masculinas lo elevaron del suelo.

—Muy bien, bonita, vamos a revisarte—sonrió el doctor.

Kyo se erizó por completo.

—Ah, no, espere—la detuvo Tohru—. La paciente está en el cesto. Él es... el papá de Chi.

El veterinario sonrió avergonzado.

—Discúlpeme, señor—se disculpó con Kyo, dejándolo nuevamente en el suelo.

Kyo hizo un "Mmph" de enfado y regresó a los pies de Tohru.

Con mucho cuidado, Tohru abrió la cesta para que el Doctor pudiera cargar a Chi. La gatita estaba muy nerviosa, pero cuando el veterinario la acarició, se relajó y dejó que la examinaran.

El veterinario revisó sus ojos, sus oídos y su garganta.

—No presenta síntomas de conjuntivitis, ni de alguna infección. Dientes fuertes, lengua saludable. Mmm. Esta es una gatita de aproximadamente tres meses de edad—dijo el veterinario.

—¿En serio?—se asombró Tohru—¡Parecía mucho más joven!

—Bueno, si es un poco más pequeña que el promedio de su edad—aclaró el doctor—. Necesito tomarle la temperatura, ¿Puede sostenerla, por favor?

Súbitamente, Kyo brincó a la mesa junto a Chi y la cubrió. Miró severamente al doctor, quien, aunque se asustó al principio, luego soltó una gran carcajada.

—¡Jajajaja! ¡Padre sobreprotector! ¿Eh?—se rió el veterinario.

Tohru miraba todo sintiéndose muy apenada.

—Está bien, está bien—el veterinario acarició la cabeza de Kyo—veré que puedo hacer. Lo que sí necesito hacer, es aplicar sus vacunas. Por el bien de Chi y de las personas que vivan con ella. Así que por favor señor, necesitaré que coopere.

Lentamente, Kyo se colocó junto a Chi, abrazándola de la cabeza. El veterinario sacó su jeringa y buscó las agujas esterilizadas.

—Chi. ¿Quieres que juguemos?—le susurró Kyo a Chi.

—¿Huh?—preguntó Chi.

—Vas a sentir unos ligeros piquetes en el cuerpo. Pero necesito que te quedes quieta y seas muy valiente. Si lo haces, los piquetes desaparecerán pronto, y habrás ganado el juego. ¿Está bien?—Kyo intentó concentrarse en el lenguaje de los gatos para poder entenderse con Chi.

Ella le sonrió y asintió alegremente.

—¡Ok!—dijo.

Entonces, el doctor pudo administrarle las vacunas. Chi temblaba de miedo y de dolor, pero resistió toda tentación de maullar, arañar y salir huyendo. Kyo notó los esfuerzos de la pequeña y la abrazó más fuerte.

—¡Muy bien, Chi!—maulló Kyo.

Cuando el veterinario terminó, Chi estaba muy agotada.

—No me gustó este juego—maulló Chi.

—¡Terminamos!—dijo el veterinario—Por favor tráigala el siguiente mes para su siguiente vacuna. Por ahora, Chi es una gatita muy sana.

—Muchas gracias, señor Doctor—agradeció Tohru, cargando a Chi entre sus manos.

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—¡Llegamos a casa!—saludó Tohru al entrar en la casa de Shigure, seguida por Kyo.

—¡Bienvenidos!—los recibió Shigure, moviendo la cola—¿Cómo les fue?

Tohru suspiró.

—Fue muy estresante, pero ahora Chi está protegida y sana—Tohru sacó del cesto a Chi.

La gatita saltó fuera y se sentó frente a un muro. Estaba enojada.

—¡No quiero volver ahí!—siseó Chi.

Kyo suspiró y se acercó a ella.

—Lo hiciste bien. Ganaste el juego de piquetes—le dijo Kyo.

—No me gustó ése juego—contestó Chi.

—A veces, debemos hacer cosas que no nos gustan, porque a la larga nos ayudarán. Esos piequetes te acaban de dar la oportunidad de seguir divirtiéndote de la forma que quieras, sólo, tómalo como una recarga de energía. ¿Ok?

—Ok—dijo pensativa Chi—¿Y que gané?

—¿Huh?—preguntó Kyo.

—Chi ganó el juego. Chi ganó un premio—ahora Chi sonreía divertidamente.

Kyo sudó de nervios, había olvidado el detalle del premio. De repente, Tohru sacó una bolsita de rica comida para gato. La sirvió en un tazón y la puso frente a Chi.

—El doctor dijo que Chi puede comer de este sobre, le hará muy bien—sonrió Tohru.

—YAY. A COMER—Chi engulló su alimento a grandes bocados.

Kyo suspiró aliviado.

—Gracias, Tohru-Kun—le dijo Kyo.

—¿Por qué?—preguntó Tohru.

—Había olvidado un premio para Chi, por haber soportado las vacunas—respondió Kyo.

—Ah, por eso fue que se comportó tan bien—a Tohru le brillaron los ojos—. La verdad, Kyo-Kun, es que no te entendí cuando estabas con Chi. ¡Estabas maullando como un gato de verdad!

Kyo se petrificó de la impresión.

—Es cierto—dijo Shigure—yo te entendí porque soy un perro. Pero pude distinguí que estabas hablando en un lenguaje diferente. ¡Creo que la maternidad te está afectando, Kyo-Kyo!

—¡No te burles!—los pelos de Kyo se erizaron.

Tohru se rió divertida. La verdad, le agradaba haber descubierto una nueva fase de Kyo, quien aún conservando su personalidad, podía abrir su corazón y ser un amoroso padre.

Hola . Gracias por tu paciencia. Desde un inicio, ya tenía ganas de escribir un capítulo de Chi yendo al veterinario con Kyo y Tohru. El siguiente, hablará de un nuevo reto para Tohru. ¿Podrá hacer que Chi se lleve bien con los ratones? En específico ¿Con Yuki-Kun? Pronto lo sabremos.