Ésa misma noche, se desató una gran tormenta. Los truenos estridentes y los fuertes vientos azotaban las ramas de los árboles cerca de las ventanas de la casa de Shigure.
La pobre Chi temblaba de miedo, acurrucada en el regazo de Kyo, quien dormía profundamente, debilitado y cansado.
Un rayo cayó cerca de la ventana de Kyo, dibujando en ella una macabra silueta. Chi se erizó del susto y salió corriendo de la habitación de Kyo.
—¡Eso fue espantoso!—se dijo Chi jadeando.
La tormenta le traía horribles recuerdos de la noche en que se separó de su mamá.
De pronto, Chi se dio cuenta que estaba inmersa en la profunda oscuridad del pasillo. Inmediatamente dio media vuelta y trotó de regreso al cuarto de Kyo, cuando de repente, la luz de otro rayo iluminó una parte del pasillo, y dibujó en el suelo una monstruosa figura.
Chi saltó hacia una pared y clavó sus garras en ella, nunca dejó de mirar el punto donde la silueta había aparecido. Entonces, otro rayo iluminó el mismo punto. El monstruo había desaparecido.
Lentamente, Chi bajó de la pared y caminó sigilosamente hacia el punto donde la sombra fue vista por última vez. De repente, una puerta se abrió justo al lado de Chi. Era Tohru, quien se había levantado para ir por un vaso de agua.
—¡Chi! ¿Qué haces despierta a estas horas de la noche?—preguntó Tohru, sorprendida.
Justo en ése instante, un relámpago cayó cerca, espantando a Chi, quien saltó a los brazos protectores de Tohru.
—¡Ah! Te asustaste por la tormenta ¿Verdad? Ven conmigo, te daré un poco de leche.
Abajo en la cocina, Tohru se sirvió un vaso de agua y un pequeño tazón de leche para Chi. La gatita bebió felizmente hasta vaciar el tazón.
—Ah. Estoy llena—maulló satisfecha, dándose unos golpecitos en la barriguita.
Tohru se enterneció al ver a Chi tan feliz. Juntas subieron las escaleras de regreso a sus camas hasta que, ¡Una sombra se interpuso en su camino! Pero tan pronto como apareció la sombra, esta desapareció.
—Yuki—dijo Tohru.
Chi la volteó a ver confundida.
—Ven Chi. Creo que Yuki también tiene problemas para dormir—le dijo Tohru a la gatita que cargaba en brazos.
Tohru llamó a la puerta de la habitación de Yuki.
—Honda-San, ¿Eres tú?—se escuchó del otro lado de la puerta.
—Sí, soy yo. ¿Estás bien Soma-kun?—preguntó Tohru.
Chi olfateó el aire. Entonces, sus bigotes se erizaron. Conocía ése olor. Ágilmente, Chi saltó de los brazos de Tohru y empujó la puerta de Yuki, entrando en la habitación.
—¡Ch-CHI! ¡Vuelve!—Tohru entró también en la habitación.
Adentro había mucho desorden. Montones de ropa en el suelo y la cama semi-tendida. Tohru pensaba que la habitación de Yuki sería un poco más pulcra.
—MIAU.
Tohru volteó a ver a uno de los montones de ropa.
¡Chi estaba persiguiendo a Yuki!
—¡YUKI!—llamó Tohru.
—¡HONDA-SAN! ¡SOCORRO!—pidió Yuki.
Gatita y ratón corrían entre el laberinto de ropa. Yuki se metía entre las mangas de sus camisas y escapaba por unos pantalones. Chi sólo saltaba entre la ropa y esperaba a que Yuki saliera por algún hueco.
—¡Qué divertido!—gritaba Chi, mientras clavaba sus garras en la ropa.
Tohru, completamente asustada, cargó a Chi y la alejó de la ropa.
—¡No, no! ¡Quiero jugar!—Chi se retorcía al ver que la alejaban del juego.
Tohru sujetó firmemente a Chi.
—Está bien, Soma-kun. Ya puedes salir—dijo Tohru, un poco nerviosa.
Lentamente, Yuki se asomó de uno de los bolsillos de una chamarra. Tohru prendió la luz. Chi vio por primera vez lo que había estado persiguiendo. Su aroma era familiar, pero desconocía lo que era aquella cosa.
—Chi, quiero presentarte a Soma-kun. Soma-kun... Chi-kun—agregó Tohru, sonriendo.
Yuki se acercó cautelosamente. Chi se le quedó viendo desde los brazos de Tohru.
Tohru se arrodilló en el suelo, para que ambos pudieran conocerse mejor.
—Chi—le dijo Tohru a la gatita—. Soma-kun es un querido amigo mío. Es gentil y bondadoso. Su amabilidad ilumina como una vela: es cálida.
Yuki se sonrojó, Tohru ya le había dicho ésa comparación, pero oírla de nuevo fue todavía más acogedor para su corazón. Chi le prestó atención a Tohru. Saltó de sus brazos y se recostó en el suelo.
Tanto Tohru como Yuki contuvieron la respiración. Chi miraba al pequeño ratón con curiosidad, pero le sonreía amablemente.
—Hola—saludó Chi.
—Ho-hola—le respondió Yuki.
Chi se acostó sobre su espalda, mostrando su vientre blanco y esponjoso. Yuki lo tomó como una señal de que podía acercarse sin problemas. Lentamente caminó hasta quedar junto a la gatita, y con sus diminutas patitas, acarició el vientre de Chi.
Chi sonrió alegremente. Fue entonces cuando recordó dónde había olido ése aroma.
—¡Tú eres el muchacho serio! ¡El que peleaba con mamá!—maulló Chi, festejando su descubrimiento.
—Si. Soy yo.—asintió Yuki.
—¿Quieres ser mi amigo, Soma-kun?—le preguntó Chi.
Yuki detuvo sus caricias y miró a Chi. Sus enormes ojos irradiaban ternura e inocencia, pero sus salientes colmillos daban un instinto de alerta. Yuki volteó a ver a Tohru, quien le miraba como diciéndole: no tengas miedo, aquí estoy por si se complican las cosas.
—Claro. Seamos amigos—sonrió Yuki.
—YAY—celebró Chi mientras rozaba su cabeza contra el pequeño cuerpo de Yuki, ronroneando.
Yuki suspiró aliviado. Es decir, hace unos minutos estaba corriendo por su vida, y ahora, se había hecho amigo de un gato. Todo porque Tohru intervino, y porque Chi no era como creía que eran todos los gatos.
—Te dije que era alguien amable, Chi—le dijo Tohru.
—¡MIAU!—maulló Chi.
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A la mañana siguiente, la tormenta había dejado tras de sí una nítida capa de rocío sobre los árboles y el césped. Chi saltó sobre la fresca y fría hierba, que le hacía cosquillas con cada paso que daba.
—Jejejejejejeje—reía Chi, revolcándose en el pasto—¡Qué divertido!
Dentro de la casa, Tohru y los Soma comían su desayuno tranquilamente. Shigure veía cómo Chi se divertía en el patio.
—¡Ay, qué daría por ser un cachorro otra vez, y volver a ser inocente!—declamó Shigure, sonriendo y moviendo la cola.
—¿Alguna vez fuiste inocente?—le preguntó Yuki, sarcásticamente.
—Este, debo de irme a la escuela. Soma-kun. ¿Estás seguro de lo que quieres hacer hoy?—le preguntó Tohru.
—Sí, Honda-san—asintió Yuki—. Muy seguro. Gracias.
Tohru asintió y tomó su mochila. Se despidió de todos y caminó a la escuela.
Shigure volteó a ver a Yuki y acercó su cabeza para que se subiera en él.
—Anda, te llevo de vuelta a tu cuarto—le dijo.
—Gracias Shigure, pero hoy me quedaré a jugar con Chi.
Tanto Shigure como Kyo se petrificaron del asombro y vieron cómo Yuki corrió al patio y se reunió con Chi.
—¡Soma-kun!—le recibió Chi, y juntos empezaron a saltar y reír en el pasto.
—¿Pero qué rayos les pasa a esos dos?—preguntó Kyo en voz alta.
—Bueno, para ser justo, hace mucho de la última vez que Yuki jugó de ésa forma con alguien más. Creo que esta nueva amistad le está ayudando a recuperar una parte de su infancia—dijo Shigure.
Kyo sólo hizo una mueca. No iba a decirle a Chi con quién jugar y con quién no... ¿Pero por qué con la maldita rata de Yuki?
Hola a todos. Esta cuarentena me ha tenido ocupada. Trabajos, proyectos y clases virtuales. Tengo fe en que todo terminara pronto y todo el mundo sane y recuerde estos momentos para que, aún después de esta crisis, conserve la solidaridad y la comunicación con los demás.
Deseo, querido lector, que gozes de salud y bienestar; y si de mala suerte estás contagiado, deseo que te recuperes pronto, para que puedas volver con todos tus seres queridos, y continúes con un nuevo impulso en la vida.
