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Ser la hechicera más poderosa y hábil de Neo Gaia no es tarea fácil. Tengo que lidiar con constantes invasiones de orcos, elfos oscuros, espectros, cazadores y magos negros que quieren aprisionarme y explotar mis talentos, o robarse los productos de mis arduos estudios de magia y constantes experimentos. Pero de no ser por eso, mi vida sería algo monótona y me la pasaría encerrada en mi casa con mis investigaciones mágicas. Eso podría volverme loca, como mi mago rival que vive en el continente sur.

Y para interrumpir mí merienda, escucho las trompetas que anuncian la llegada de los caballeros negros, un fastidioso clan que quiere reclutarme por la fuerza. ¿Por qué? En primer lugar para tener acceso a mis poderes y herramientas mágicas, en segundo lugar porque su líder, un tal Lord Lennox, tiene una obsesión conmigo que va más allá de lo que puedo aportar a su clan. Ya me he negado antes, pero si no entiende por las buenas, veamos si por las malas le llega el mensaje. ¡A la carga!

Me deslizo por las faldas de la montaña donde tengo mi hogar, el viento vibra en mis oídos y en un instante es acompañado por un mar de zumbidos, una intensa lluvia de flechas se dirige contra mí. Los arqueros de los caballeros negros buscan detenerme, pero son muy torpes como para herirme. Alzo mi báculo y conjuro un ataque de hielo, congelando al instante a mis enemigos. ¿Por qué me atacan solo con novatos?

He llegado al pie de la montaña, me veo rodeada de caballeros, paladines y un par de berserker. Una escuadra que me supera en atributos físicos, pero la ausencia de curanderos es una ventaja para mí. El primer movimiento es para mí, alzando el báculo les mando un hechizo de veneno a los paladines, su resistencia es escasa para compensar su dura defensa. Los caballeros vienen hacia mí, me atacan son sus lanzas y espadas, la velocidad de sus caballos debería ser un problema, pero aún son novatos que no tienen oportunidad. Evito la mayoría de sus estocadas con suma facilidad, contraatacándolos con hechizos de trueno y viento. Uno a uno caen derrotados, mis ataques son críticos para sus débiles defensas; apenas y me han herido cuando los débiles paladines intentan atacar junto a los berserker. Las chipas vuelan por todas partes, sus armas apenas me han rasguñado cuando ya veo a la mayoría de ellos en el suelo. Por eso siempre deben tener un curandero cerca.

Alzo los brazos victoriosa, aunque su asalto fue breve me sirvió como descanso de tanto trabajar. ¡Soy la mejor del mundo! No, un momento… ¡Que traición! Uno de los berserker sigue de pie y mi magia no le hace daño. ¿Qué pasa con él? Esa hacha… ¡Ah! Me ha golpeado de lleno en un costado, pero no sangro… solo me siento débil. Ya sé que objeto ese ese, maldición, es un arma creada para absorber magia. Ahora él tiene la ventaja; esa era su estrategia, agotar mi magia poco a poco para dejarme sin nada con un par de golpes. ¡Ah! Estoy agotada, puedo sentir su alegría de verme casi derrotada. Si me vuelve a golpear, me veré obligada a ser parte de su clan. ¡No! ¡Me niego a eso!

Está frente a mí, va a darme el último golpe y no tengo escapatoria. Maldición…

—¡Luka! —escucho de pronto.

Un peleador más aparece, no, es una chica de coletas color turquesa, una ladrona que ha detenido a mi agresor con su cuchillo. Sus golpes son rápidos y precisos, apenas y puedo ver la hoja de su fina arma cortando los brazos y piernas del berserker, que ataca sin atinar ni un solo golpe. Eso es asombroso, ¡le ha robado dinero mientras pelean! ¿Quién es ella? ¿Por qué me ayuda?

La pelea llega a su fin. Los caballeros negros han sido derrotados y se retiran con las pocas fuerzas que les quedan. Entre dos arqueros se llevan al berserker que no solo perdió su dignidad, sino también dinero y su hacha. Al fin puedo levantarme y agradecer a mi salvadora.

—Gracias… llegaste a tiempo —me tengo que tragar mi orgullo, aunque esto bien podría quedar entre nosotras dos.

—Apenas lo logré —se da la vuelta. Lleva la cara cubierta con una mascada que solo deja visibles sus ojos—. Luka… ¡te dije que me esperaras!

Vuelvo a la realidad. En la pantalla de mi laptop permanecen nuestros avatares, una hechicera y una ladrona, estáticos en medio de un paraje montañoso. Miku está en mi puerta, "molesta".

—Perdona —le digo rascado sutilmente mi nuca—, ¡sabes que soy adicta a Fantasy Story! No pude esperar más.

Me mira recelosa, pero sé muy bien que no está enojada de verdad.

—Bien… —suspira—. ¿Y te gustó mi nuevo avatar? Tardé mucho en hacerlo, pero creo que al fin quedó bien.

—¡Claro! Nada mal para ser una principiante apenas —le digo entre risas, sabía que no estaba molesta. Pero nuestras risas son interrumpidas por unos tambores. ¡Ahora viene el clan de los espectros del pantano!—. Demonios, vienen a atacarme de nuevo… ¡rápido! Aún estoy débil y necesito que me cubras.

—¡A la orden capitana Tako-chan! —respondió como un soldado entrenado y salió corriendo a su habitación… un momento, ¡¿cómo me llamó?!