Capítulo 26: "Tócame"
Xiao Zhan no pudo decir nada, soltó una pequeña risa llena de sentimientos que no sabía cómo manejar, miró hacia otro lado, no soportó más la mirada pesada de él.
—Wang Yibo, tengo que decirte algo —se puso muy serio, el otro se separó un poco de él para verlo mejor—. No es la primera vez que nos besamos —tuvo que confesar. Pensó que el otro se sorprendería, pero no fue así, al contrario, obtuvo una sonrisa pícara con un toque de nerviosismo.
—Lo sé.
—Pero…
—No estaba ebrio, Zhan Zhan, no lo estaba —le dedicó una mirada significativa tan llena de sentimientos que el corazón del otro se aceleró peligrosamente.
Su rostro se sonrojó por completo.
—Oh Dios —se llevó ambas manos a la cara, trató de separarse, pero Yibo acortó de nuevo la distancia entre ambos y lo obligó a mirarlo.
—Y ese tampoco fue el primer beso que compartimos.
—¿Qué? —ahora sí palideció.
—Yo también tengo algo que confesar —se avergonzó un poco—. Zhan Ge, cuando te embriagaste en la cabaña te pregunté si podía besarte, y… —desvió la mirada un segundo antes de volverla a posar sobre él—… y tú me dijiste que sí. ¿No lo recuerdas?
El mayor se llevó una mano a la boca y negó suavemente. Ahora entendía esa sensación de familiaridad cuando sus labios se tocaron.
—No, pero tengo un vago sentimiento de que sí pasó. Pensé que había sido un sueño, pero… ¿Tú me besaste primero?
—Lo hice.
—Oh…
—Bueno, no sé si a eso se le puede llamar un beso —se rascó la nuca—. Además te quedaste dormido mientras te besaba —frunció el ceño.
—¡Lo siento!
—Pero el que tú me diste luego —sonrió de lado, totalmente coqueto—. Fue tan… Xiao Zhan, no tenía idea de que besaras así. Me dejaste con la boca abierta, literalmente.
El aludido no sabía dónde meter su cara por la vergüenza. Tuvo que tomar asiento debido a las emociones del momento, Yibo hizo lo mismo, a su lado.
—No me digas que en verdad no te esperabas esto —inquirió con un poco de tristeza.
Xiao Zhan le dirigió una triste mirada.
—Sinceramente, no —se levantó del sillón y comenzó a caminar alrededor de la sala, frustrado y pasándose las manos por el cabello, no le importó despeinarse.
Yibo lo miraba desde su lugar, preguntándose qué tanto pasaba por su cabeza. ¿Había hecho mal en confesarse?
—Yo… ¡ah! —se revolvió el cabello, estaba muy frustrado.
—¿Qué te angustia tanto? —preguntó Yibo al fin.
—Esto, todo, nosotros.
Yibo sonrió y se puso de pie para ir a detener su loco andar. Se paró frente a él y lo tomó suavemente de los brazos.
—¿Nosotros? ¿Eso te angustia? Dime lo que piensas. ¿Qué es lo que sientes? —se veía inseguro.
La mente de Xiao Zhan era un caos y estaba tratando de organizar todas sus ideas.
—Wang Yibo —lo tomó de ambas mejillas, apretándolas—. No me malinterpretes —suspiró, tomó aire y valor para decir lo que tenía en mente—. Debo confesarte que nunca tuve dudas de lo que siento por ti, siempre supe que mi amor era fuerte, pero temía que no fuera así de tu parte, y eso me ha robado el sueño muchas noches —suspiró sin dejar de apretar sus mejillas.
—¿Tú me…? —fue interrumpido por un dedo sobre sus labios.
—Yo te amo, Wang Yibo —sus ojos brillaron por las lágrimas que intentaba contener. Decir aquello era liberador—. Te he amado en secreto desde hace tanto —suspiró con una pesadez increíble—. Pero mi temor por causarte daño era tan grande que me obligué a contener esos sentimientos.
Yibo se quedó sin habla, sus ojitos comenzaron a derramar lágrima tras lágrima. Era increíble ver eso.
—Dilo de nuevo —pidió en un hilo de voz, con sus mejillas aún apretadas entre las manos cálidas de Xiao Zhan.
—Te amo.
—Otra vez.
—Te amo —sonrió.
Yibo cerró los ojos y suspiró con un inmenso alivio.
—Te amo —repitió Xiao Zhan, pero antes de que Wang Yibo pudiera abrir los ojos o decir algo, atrapó sus labios entre los suyos.
Esta vez no se contuvo ni un poco, ninguno lo hizo.
—Xiao Zhan —suspiró, perdiendo sus manos en ese suave cabello ya desordenado.
—¿Mh? —musitó antes de separarse del beso.
—Yo también te amo —le susurró, como si de un secreto se tratase. Acarició su rostro con un amor infinito—. Y también tenía miedo… miedo de que no sintieras lo mismo que yo, de arruinar nuestra amistad, tenía mucho miedo de hacerte daño.
—Somos unos estúpidos.
—Lo somos —rio. Si hubiesen hablado de eso antes, habrían pasado un tiempo aún más increíble en Aspen.
Había tantas cosas por decir, tantos sentimientos por expresar que no sabían por dónde comenzar.
—Ahora que sé que ambos sentimos lo mismo —tomó la mejilla de Xiao Zhan y la acunó tiernamente en su mano—. ¿Quieres ser mi Valentín?
El corazón de Zhan Zhan se llenó de dicha.
—Sí quiero —un par de lágrimas de felicidad se escaparon de sus ojos.
—No llores, anciano.
—¡Oye! —le pegó en el brazo.
Yibo rio abiertamente, su risa era particularmente linda y chistosa.
—¿Qué pasa? —preguntó Xiao Zhan con suavidad cuando Yibo escondió el rostro en su cuello mientras lo abrazaba posesivamente—. ¿Yibo? —se espantó cuando sintió su hombro húmedo. Lo rodeó con fuerza y frotó su espalda, estaba llorando. Había pasado de la risa al llanto en unos momentos—. ¿Qué sucede? —insistió, pero el otro sólo negó con su cabeza y lo abrazó más fuerte.
Xiao Zhan guardó silencio y mantuvo el abrazo hasta que se sintió mejor. Cuando sacó su carita del escondite, Zhan Zhan pudo ver que sus ojos estaban enrojecidos al igual que su rostro.
—Yibo… —secó sus lágrimas con sus dedos, lo hizo con un cariño infinito—… me harás llorar.
—Te dije que no lloraras, anciano —sonrió de lado.
—¿Qué pasa?
—Nada malo, es sólo que en verdad tuve tanto miedo durante mucho tiempo. Viví pensando en la gran posibilidad de que me rechazaras y de que nuestra amistad terminara por eso —suspiró pesadamente.
—Pero no fue así.
—Y sigo sin creerlo —se talló los ojos.
—No hagas eso —le quitó las manos de la cara y acarició su piel. Miró cada centímetro de su lindo rostro y sonrió.
—¿Qué?
—No tienes idea de todas las veces que me contuve durante el viaje.
—¿De qué hablas?
—Me contuve de hacer esto —tomó la cabeza de Yibo y lo atrajo de nuevo a sus labios. El menor soltó un suspiro lleno de satisfacción y correspondió al mismo ritmo, dejándose dominar por esos labios posesivos. Pero él no se quedó atrás, bajó sus manos hasta las caderas de Xiao Zhan y lo atrajo más hacia su cuerpo, éste se dejó hacer con facilidad.
—¿Nos podemos sentar? —pidió Yibo entre beso y beso, algo agitado.
—¿Estás bien? —susurró muy cerca de sus labios.
—Sí, sólo quiero sentarme —tomó su mano y lo llevó de regreso al sillón.
Xiao Zhan sonrió al sentir el temblor en el cuerpo del menor, aunque debía admitir que él también estaba temblando de emoción.
Se sentaron uno al lado del otro y continuaron con una tierna sesión de besos, hundidos en su propia burbuja de amor, hasta que Xiao Zhan se cansó de la posición en la que se encontraban y se comenzó a dejar caer sobre Yibo, hasta terminar acorralándolo bajo su cuerpo. Sus pechos estaban unidos, podían sentir claramente el alocado latir del corazón del otro.
Xiao Zhan se separó unos momentos para mirarlo a los ojos, notó cómo estos lo miraban con un nuevo sentimiento que no pudo definir, no, no era nuevo. Ese sentimiento había estado ahí, brillando en sus ojos desde hace mucho, pero él no se había atrevido a ir más allá. De pronto su deseo irrefrenable de sentir su piel bajo sus dedos tomó el control de todo su cuerpo. No hizo nada para evitar aquello, simplemente se dejó llevar.
—Xiao Zhan —jadeó suavemente cuando sintió una mano colarse bajo su suéter.
El corazón del mayor se aceleró vertiginosamente al escuchar ese jadeo tan perfecto y adorable. Ese sonido había superado con creces a cualquiera de sus sueños con él.
—No traes nada debajo del suéter —lo miró, asombrado. Yibo le respondió con una sonrisa coqueta—. ¿Puedo? —preguntó con suavidad, sin mover su mano ardiente de esa pequeña porción de piel que alcanzó.
Yibo lo miró a los ojos, y algo aturdido por esas nuevas sensaciones, respondió:
—Zhan Zhan, haz lo que gustes.
Las mejillas del mayor se tiñeron de rojo, eso hizo sonreír a Yibo, quien poco a poco iba tomando más confianza.
—Entonces yo también puedo hacerlo ¿Verdad, Ge Ge?
Xiao Zhan tuvo un gesto de príncipe al tomar una mano de Yibo, besar el dorso de ésta y después ponerla bajo su propia camisa.
—Puedes tocar lo que quieras —murmuró en un tono verdaderamente sexy.
A Yibo casi le salió humo por las orejas, pero eso no impidió que extendiera su gran mano y acariciara por primera vez esa piel ardiente desde el borde del pantalón por todo su costado hasta su cintura. Su piel era tan cálida y tan endemoniadamente suave que se quería perder en ella. No dejaba de preguntarse a qué sabría su piel, quería probarla.
—¿Lo que yo quiera? —preguntó con voz ronca.
—No me hagas repetirlo —sonrió de lado, su respiración poco a poco se iba agitando, igual que la de Yibo, éste esbozó una preciosa sonrisa antes de deslizar su mano más abajo, lento y preciso, terminó poniendo una mano en la cadera derecha de Xiao Zhan, sólo para bajar un poco más y apretar ese lindo y suave trasero.
¡Era tan blandito!
No se contuvo y lo apretó con suavidad por varios minutos, disfrutando de poder poner sus manos en ese lugar que tanto soñó. Sus sueños más íntimos se estaban cumpliendo.
Los dos mantuvieron el contacto visual en todo momento, Xiao Zhan sentía cómo ardía su rostro en vergüenza, lo mismo le pasaba al joven debajo de su cuerpo. Sus pechos seguían unidos, sintiendo así el latir del otro.
—Me gusta —dijo Yibo de pronto.
—¿Mi trasero?
—Me encanta tu trasero —admitió casi sin vergüenza. Sí, había soñado con esas lindas nalgas desde el día en que las vio por accidente en el hospital.
—Yibo —rio—. No digas tonterías.
—No lo es —espetó con seriedad al mismo tiempo que llevaba su otra mano a la otra nalga, sólo para apretarlo y pegarlo a su cuerpo. Xiao Zhan trastabilló un poco y terminó dejando todo su peso encima de Yibo, quien pudo sentir algo duro estampándose contra sus caderas, algo duro y grande ¿Xiao Zhan había dejado su celular en el bolsillo de enfrente?
No, no era su teléfono, lo comprobó al ver cómo su sonrojo aumentaba y desviaba la mirada.
—Lo siento —murmuró muy bajito, separándose un poco de él. Pero fue entonces que Yibo lo volvió a pegar a su cuerpo.
—¿Te disculpas por excitarte? Zhan Zhan, tú también me excitas —fue tremendamente directo, luego se sonrojó un poco al meditar sus propias palabras tan atrevidas.
El mayor soltó una risita nerviosa antes de pegar su frente con la de él.
—Tonto —fue lo único que le dijo antes de suspirar y acunar su rostro entre sus manos—. Wang Yibo.
—¿Mhn? —se perdió en su mirada, en su calidez.
—Voy a tomarte la palabra.
—¿Mhn? —repitió, no entendía. Su mente no daba para mucho mientras estuviera sintiendo la erección de él contra la suya.
Pero el mayor ya no respondió con palabras, simplemente metió sus manos una vez más bajo el suéter y acarició esa piel tan suave y cálida al mismo tiempo que volvía a unir sus labios. La combinación de sensaciones fue exquisita para ambos.
Xiao Zhan se separó de sus labios para comenzar a repartir pequeños besos en su cuello, de ahí se pasó a una de sus orejas, arrancándole un gemido fuerte cuando se le ocurrió morderle el lóbulo.
—No sabía… que fueras tan sensible ahí —murmuró entrecortadamente.
—Créeme que yo tampoco tenía idea —respondió con algo de diversión—. Hazlo de nuevo.
Conteniendo sus ganas de reír, Zhan Zhan volvió a darle un pequeño y húmedo mordisco, logrando arrancarle un nuevo gemido, aún más profundo que el anterior, pero esta vez con una pequeña maldición saliendo de sus labios.
Yibo comenzó a averiguar qué hacía gemir a su Ge Ge, pero éste parecía tener los labios bien sellados, pues no logró sacarle ni un sonido. Eso lo frustró un poco. Además, estaba asombrado por la seguridad que él tenía al acariciarlo y besarlo. Estaba sorprendido por la masculinidad que imponía, jamás imaginó que un hombre tan tierno y adorable como él pudiera llegar a ser así de sexy en la intimidad. Le estaba gustando mucho conocer esa faceta sensual e imponente.
Una canción nueva comenzó a sonar en las bocinas que ambientaban el momento. Los dos se miraron mutuamente al reconocerla: "Nan Hai" la canción que Yibo dedicaba siempre a Xiao Zhan.
El menor no pudo aguantar más sus ganas y terminó rodeando el cuello de Xiao Zhan con sus brazos al mismo tiempo que enredaba sus piernas alrededor de su cuerpo, dejándolo sin escapatoria y pegándolo bastante a él.
—Yibo —jadeó ante la posición—. ¿Qué haces?
El aludido sonrió de lado.
—Nada —respondió juguetón antes de apretarlo más todavía—. Quítate la ropa —quería demostrarle que él también podía ser sexy e imponente, aunque por dentro estuviese temblando de nervios.
Sin embargo, esas simples palabras encendieron a Xiao Zhan de un modo peligroso.
—Yibo…
—Hazlo.
—Oye —se zafó y tomó el control de la situación—. ¿Estás seguro de que quieres hacer esto?
—He esperado mucho—confesó— y no me vas a decir que soy el único que ha tenido ese tipo de sueños, porque no te lo voy a creer. Durante las noches en Aspen jadeabas mi nombre y despertabas con una erección terrible. Me di cuenta de ello, y sé que tú notaste lo mismo en mí, así que… por favor, quítate la ropa o lo haré yo.
Xiao Zhan se quedó atónito unos segundos antes de sonreír.
—Idiota —le dijo entre risas, haciéndolo reír también—. Quítamela tú.
—Tú lo pediste —lo empujó hasta lograr incorporarse lo suficiente para que ambos terminaran sentados uno enfrente del otro. Su cabello ya era un desorden.
Yibo le quitó el blazer que traía, enseguida le desabrochó cada botón de la camisa, muriéndose de ganas de simplemente arrancársela. Con cada botón que abría, iba descubriendo una porción más de piel, piel que ya conocía, pero que jamás había tocado, mucho menos probado.
Se relamió los labios mientras pensaba en eso.
Cuando Xiao Zhan quedó sin camisa, las mejillas de Yibo se tornaron ligeramente rosas, eso conmovió al mayor, pero no por eso se detuvo. Extendió sus manos y las posó a los costados de Yibo, tomó los bordes del suéter amarillo y comenzó a deslizarlo hacia arriba, sin despegar sus manos de su piel mientras lo hacía. La piel de Yibo se erizó ante ese contacto tan excitante.
—En serio no traías nada debajo —rio al encontrarse con esa pálida piel debajo de la tela amarilla.
Yibo no quiso explicar que no había tenido tiempo ni de sacar una camisa.
—No.
Xiao Zhan tomó el suéter y se lo llevó al rostro, aspiró suavemente su aroma y sonrió. Entonces Yibo se cohibió bastante ¡No se había duchado!
—Espera, no… no hagas eso.
—¿Por qué? —alzó una ceja, Yibo se sonrojó.
—Porque… sólo no lo hagas.
—Me gusta tu olor —dejó el suéter de lado y se acercó a él para olfatear su cuello. Por alguna razón que él desconocía, Yibo olía más fuerte a él. No tenía idea de que no se había bañado antes de ir a verlo.
Entonces Xiao Zhan llevó sus labios a esa nívea piel de su cuello y comenzó a depositar suaves y traviesos besos desde su mandíbula hasta su clavícula. Yibo contenía con todas sus fuerzas los suspiros que querían salir, pero no pudo reprimir un gemido cuando Xiao Zhan besó la piel muy cercana a uno de su pezones, descubriendo lo altamente sensible que era en esa zona también, incluso él se sorprendió. Xiao Zhan sonrió de medio lado y con una mirada traviesa besó su pezón, arrancándole un gemido muy fuerte.
—Espera —jadeo—. Espera Zhan Zhan.
—Lo siento ¿No lo hice bien? —se avergonzó y se separó de él—. No tengo experiencia con hombres —se sonrojó mucho—. Pero intento dar lo mejor, si no te gusta algo sólo dime, por favor.
—No es eso —desvió la mirada—. No lo hiciste mal, eso… eso se sintió muy bien —se mordió los labios, no sabía cómo decirlo—. Lo que pasa es que… —lo miró—… Xiao Zhan, soy virgen.
—Es broma ¿Cierto? —rio con completa incredulidad.
—No es broma. Xiao Zhan, soy virgen —repitió, con sus mejillas casi tan rojas como sus orejas.
Atónito, el mayor se quedó en silencio completo por largos e incomodos segundos. Comprobó que el cuerpo debajo de él temblaba cual hoja al viento. Sí, no podía estarle mintiendo.
—¡Di algo! —le pegó en el brazo.
Xiao Zhan rio.
—Ya, dime que es broma.
—No, idiota ¡No bromeo! —abrió mucho los ojos, enrojeciendo por la vergüenza.
Zhan Zhan no cabía en sí de la impresión. Le costaba creerlo.
—Oh… lo siento —se asombró—. Vaya… —se separó un poco de él, incómodo—. Mira, si nos ponemos a pensar, yo también lo soy, o al menos en cuanto a estar con un hombre respecta.
—Pero ya tienes mucha experiencia con mujeres.
—Tampoco es tanta —admitió—. Soy algo torpe en estas cosas.
Vaya que Yibo no lo creía así.
—Oye, sólo quería que lo supieras, pero eso no significa que debas detenerte y que debas ser delicado conmigo —espetó en serio.
—Pero… —fue interrumpido por los brazos de Yibo jalándolo hacia sus labios.
Los besos se alargaron hasta que Xiao Zhan se separó una vez más.
—Creo que deberíamos hablarlo.
—¿Qué quieres hablar? —frunció el ceño, agitado y molesto por no poder seguir. Quizás no debió decirle que era virgen.
—Yibo ¿qué estamos haciendo?
—Estamos en medio de un buen faje y lo estás arruinando.
—Hablo en serio. Tú… ¿Quieres que esto pase? ¿No prefieres tener una experiencia primero con una mujer?
—No me interesan las mujeres, creo que lo he dejado muy claro —espetó con seriedad.
—Oh… ¿Nunca te han gustado? ¿Prefieres a los hombres?
—¡No me estás entendiendo! —se frustró—. Te prefiero a ti, te quiero a ti. Quiero que tú seas mi primera vez. Y no, no me gustan "los hombres", sólo uno —lo miró con esos ojos profundos y desafiantes, con sus mejillas rosas y la respiración agitada.
Xiao Zhan se quedó sin palabras, totalmente asombrado y conmovido.
—De todas formas… —tomó su mano y la besó con una ternura inmensa—…tenía que asegurarme.
Yibo suspiró, estaba muy avergonzado, pues ya no quería hablar, quería acción. Pero su Xiao Zhan así era: todo un caballero; y amaba eso en él.
—Pero sí quiero decirte esto. Yibo, no creo que sea buena idea que nosotros… bueno, que lo hagamos. No por completo.
—Estoy de acuerdo —dijo de inmediato—. O al menos no hay que hacerlo por ahora. Pero… —se sonrojó—. ¿Podemos seguir un poco más?
Xiao Zhan se acercó a él y lo tomó de los costados.
—Todo lo que tú quieras.
—¿Y si sólo tenemos un buen faje y… ya?
—¿Estarías bien con eso?
Yibo asintió.
—Bien —sonrió de lado.
—¿Y tú? —se preocupó.
—Estoy completamente bien con eso —acarició su mejilla—. ¿Puedo tocarte?
Yibo se enterneció.
—Ya te dije que sí.
—Pero… ¿puedo tocarte más… abajo?
El calor aumentó en el cuerpo de Yibo.
—Ya, sólo hazlo —desvió la mirada, después sintió la mano de Xiao Zhan descender desde su pecho por toda su línea media hasta toparse con su ombligo, notó cómo se entretuvo un rato acariciando sus abdominales, parecía curioso, se divirtió un rato con su ombligo y finalmente pasó su mano por la entrepierna de Yibo, fue muy sutil y delicado, pero eso bastó para que se estremeciera. Era la primera vez que alguien lo tocaba así.
Estaba maravillado con los abdominales de su Bo Di, estaban perfectamente marcados, muy diferente a su simple y aburrido vientre plano. Pero eso no pareció molestarle a Yibo, al contrario, parecía muy feliz acariciando su pancita.
Tomando un poco más de confianza, se animó a hacer lo mismo con su Ge Ge, pero sus manos temblaban al descender por su pecho, tocó su ombligo y siguió ese caminito de vellos que tanto llamaban su atención, hasta que el borde del pantalón le estorbó. Lo saltó y acarició la extensión de ese bulto que se recargaba hacia la derecha. Finalmente logró escuchar un gemido por parte de Zhan Zhan. Lo miró y notó cómo se mordía el labio, conteniéndose.
Yibo extendió una mano hasta esos labios y lo pellizcó.
—No hagas eso, no te contengas. En verdad quiero escucharte.
—No, no quieres —advirtió.
—Oh… —lo miró unos segundos, analizando esa respuesta antes de sonreír traviesamente—. Zhan Ge ¿Eres muy ruidoso en la cama?
—Cállate —desvió la mirada, pero terminó gimiendo al sentir de nuevo una caricia sobre la ropa, pero justo sobre la cabeza de su miembro.
Yibo estaba impaciente, desabrochó el pantalón de Xiao Zhan y prácticamente se lo arrancó, dejándolo sólo en ropa interior, él hizo lo mismo con sus propios jeans, dejando ver su ropa interior de color blanco. El color perfecto para no dejar nada a la imaginación. Xiao Zhan no pudo apartar la mirada de esa entrepierna, el menor se dio cuenta y no supo si avergonzarse o enorgullecerse, optó por ambas opciones.
Miró la ropa interior de Xiao Zhan y sonrió al ver que tampoco dejaba mucho a la imaginación, podía notar claramente su erección, y sin importarle verse tan indiscreto, clavó su mirada ahí.
Tumbó a Xiao Zhan sobre el sofá y ahora fue él quien se acomodó encima de él, aplastándolo un poco antes de comenzar una torpe y adorable sesión de caricias. El mayor sólo lo abrazó, dejándose hacer. Yibo deslizó sus grandes manos por sus costados y terminó recorriendo con sus dedos ese caminito de vellos hasta llegar al borde de la ropa interior. No se atrevió a meter la mano, pero sí usó las puntas de sus dedos para recorrer toda la extensión de ese grueso miembro. Lo estaba toqueteando indecentemente y Xiao Zhan sólo contenía sus ganas de jadear, viendo con curiosidad lo que hacía el travieso e inexperto Yibo.
—¡Ah! —jadeó abiertamente cuando sintió cómo acariciaba la punta de su miembro sin ningún recato. Yibo miró con asombro cómo podía sentir el pulso en él, y cómo fue aumentando de tamaño con las pequeñas y simples atenciones que le brindaba.
Aún maravillado por estar tocando otro pene que no fuese el suyo, notó cómo éste se marcaba bastante en su ropa interior, la cual era peculiarmente de color gris claro y demostraba así cuán excitado estaba, pues la punta de su miembro estaba empapada en líquido pre seminal. Estaba apretado hacia un lado, suplicando por ayuda para salir de ahí.
Sin pensarlo más, tomó el valor de bajar un poco el bóxer y sacar ese miembro que suplicaba por ayuda. Espantado y con manos temblorosas, se preguntó si dolería tener eso adentro.
Alzó la mirada y se topó con los ojos profundos e intensos de Xiao Zhan, totalmente clavados en él, en lo que hacía y en sus expresiones. El mayor tenía miedo de que se asustara, o de que le disgustara algo. Pero al ver que todo estaba bien, hizo lo mismo con Yibo. Bajó su ropa interior y sacó ese miembro que…
—¡Con un demonio! —se espantó. Era más grande que el suyo, por muy poca diferencia, pero lo era; aunque no tan grueso como el propio, sí era un poco más largo e intimidante.
Fue ahí cuando Xiao Zhan pudo comprobar que su Di Di no era tan lampiño como creía, lo notó al ver directamente su entrepierna.
Agitados y ansiosos, unieron más sus cuerpos, pero antes de que hubiera algún contacto entre sus miembros, Xiao Zhan se detuvo una vez más.
—Yibo, antes que nada, creo importante decirte esto —odiaba interrumpir en cada momento, pero él era el adulto responsable ahí, debía ser sensato a pesar del calor y necesidad en ambos.
—¿Qué? —espetó, estaba demasiado perdido en lo que pasaba como para preocuparse por otra cosa.
—No padezco ninguna enfermedad.
—¿Qué? —no entendía. Apartó la mirada de la entrepierna de ambos y lo observó directamente a los ojos.
—No te voy a contagiar nada.
—Oh, eso —sonrió de lado. No había duda de que Xiao Zhan era un hombre excepcional—. Yo tampoco, así que… —pegó su cadera a la de él y ambos jadearon al sentir al fin sus cuerpos desnudos en completo contacto. Xiao Zhan empujó ahora a Yibo sobre el sillón y dejó su peso sobre él.
Yibo rodeó la espalda de Xiao Zhan con sus brazos, mientras que éste comenzó a mover sus caderas de una manera tan sensual que el otro casi se corrió al sentirlo frotarse así contra él.
Sentir su peso encima, su calor, su piel, esa fricción entre sus penes. Se sentía venir simplemente con eso.
—Ah... Zhan Zhan, bésame.
El aludido aceptó y se lo comió a besos. Sus lenguas se encontraron en un beso nada delicado, mucho menos casto.
Notó con felicidad que su Ge Ge sabía moverse muy bien en la cama, pensó que se debía a su experiencia, pero decidió sacar eso de su mente en esos momentos y mejor se concentró en la sensación de él sobre su piel desnuda, de sus vellos haciéndole cosquillas en el vientre, de sus labios sobre los suyos y de su lengua buscando frenéticamente a la suya. Yibo tenía las manos ceñidas sobre la angosta cintura de Xiao Zhan, no se había atrevido a bajarlas más hasta que decidió hacerlo. Su corazón se aceleró cuando sus manos comenzaron a deslizarse por esas dos curvas ascendentes, su corazón se detuvo. Su trasero era suave, casi esponjoso. No lo pensó dos veces antes de amasarlo con completa libertad, de manera osada, sin pedir permiso y ahora sí, sintiéndolo piel con piel.
Apretó tan fuerte que Xiao Zhan soltó un leve quejido.
—Yibo, despacio —jadeó entre risas.
—Lo siento —se avergonzó y fue más delicado. No se había dado cuenta, pero estaba dejando la marca de sus grandes manos en ese par de nalgas.
—Ven aquí —se levantó y arrastró a Yibo hacia su regazo, pero el sillón no les permitía la posición que quería, así que se puso de pie—. Vamos a mi cama —lo tomó de la mano y ambos caminaron desnudos por el departamento. Yibo miró la unión de sus manos y el precioso trasero de Xiao Zhan frente a él mientras caminaba. Sus mejillas se sonrojaron y su corazón se derritió.
Una vez en el cuarto, Xiao Zhan se sentó en la cama y ahora sí arrastró a Yibo sobre su regazo, uno frente al otro, el menor con sus piernas abiertas, un muslo a cada lado delas caderas de Zhan Zhan y sus miembros juntos.
Algo cohibido, Wang Yibo escondió el rostro en el cuello de su Ge Ge, se refugió ahí, besando su piel y dándole tiernas mordidas mientras que el otro tomaba ambos miembros con sus dos manos y los estimulaba juntos. No sabía si lo hacía bien, sólo hacía lo que creía que era agradable para los dos.
No fue necesario que usara lubricante, el pene de cada uno estaba reluciente de líquido pre seminal, lo suficiente para dejarlos húmedos y resbalosos. De pronto Yibo tuvo la necesidad de moverse, siguió su instinto y tumbó a su amado sobre el colchón para abrirle las piernas y posarse entre ellas. Fue ahí donde intentó imitar los movimientos que Xiao Zhan había hecho en la sala, lográndolo con éxito.
—Yibo ¡Ah! —se retorció al sentirlo, al verlo abalanzarse sobre él, bombeando una y otra vez. Yibo arrastró una sonrisa ladina tremendamente sexy al haberlo hecho gemir su nombre, había buscado eso durante un buen rato, y al fin lo había logrado.
Xiao Zhan tuvo un arranque de valor y se aferró al cuerpo de su Di Di con fuerza antes de empujarlo hasta que los dos rodaran por el colchón, Yibo rio, pero su risa se detuvo al ver la determinación en el rostro de él, de pronto se sintió pequeño bajo el cuerpo de Xiao Zhan, con sus fuertes brazos apoyados cada uno a un lado de su cabeza. Su ceño estaba fruncido, sus labios entreabiertos dejaban salir su pesada respiración, y su cuerpo entero se frotó contra él, causándole una combinación de sensaciones difíciles de explicar. Sólo se estaban frotando uno contra otro, y eso bastó para que su excitación llegara a niveles increíbles.
Yibo cerró los ojos cuando el otro se inclinó sobre él y llenó su cuello de besos y mordiscos, usando una mano para acariciar su piel y la otra para apoyar su peso y no aplastarlo por completo.
—Ah… Zhan Ge… yo —gimió y abrió los ojos, intentando quitárselo de encima, estaba por correrse y no quería ensuciarlo.
—No, hazlo —susurró en su oído con voz grave. Eso fue el detonante para Wang Yibo.
La imaginación de ambos hizo un trabajo perfecto, pues con esos simples roces se dejaron venir uno sobre el otro. Yibo arqueó su espalda y cerró los ojos con fuerza, sorprendido por el fuerte orgasmo que lo invadió. Xiao Zhan simplemente lo apretó con fuerza contra su cuerpo, respiró el aroma de su cuello y cerró los ojos, conteniendo sus ganas de jadear por la fuerza de su clímax.
Finalmente dejó caer su peso sobre el menor, exhausto después de tal agitación. Los dos se quedaron abrazados, sudando y con sus respiraciones agitadas.
—Te amo —susurró Xiao Zhan contra el oído de Yibo, sintió cómo este se estremeció y lo apretó más fuerte contra su pecho.
—Yo también te amo —sentía tan bien decir aquello en voz alta, al fin podía externar su sentir—. Ah… Xiao Zhan, eso se sintió tan bien —admitió con voz pausada y llena de éxtasis.
—Fue increíble —admitió, alzó la cabeza para verlo a los ojos, pero Yibo desvió la mirada—. Tu rostro está completamente sonrojado.
—No es cierto.
—Claro que sí —le pellizcó una mejilla.
—Zhan Ge —lo miró, sonrojándose más—. ¿Nos podemos quedar así un poco más?
El aludido le respondió con una dulce sonrisa.
—Vamos a asearnos —besó su mejilla y se incorporó hasta ponerse de pie.
Ambos sintieron escalofríos al sentir la humedad y viscosidad de sus propias secreciones.
—Vamos —insistió Xiao Zhan, extendiéndole una mano para que se levantara con él. Sonriendo tímidamente, aceptó y ambos fueron al baño para asearse un poco.
El mayor le ofreció algo de ropa, pero Yibo se negó y lo abrazó, si por él fuera, quisiera ver siempre desnudo a su amado, le encantaba.
—Bien, bien. Volvamos a la cama —rio.
En eso Yibo estuvo muy de acuerdo, ahora fue él quien lo tomó de la mano y prácticamente corrió de nuevo al colchón. Se tumbaron bajo las sábanas y buscaron su calor.
Enredaron sus cuerpos y compartieron su calor, comenzaron a hacerse pequeños cariños en la piel, acariciándose suavemente y descubriendo qué era lo que le gustaba al otro.
—Wang Yibo —dijo de pronto, interrumpiendo el sonido de la música suave que venía de la sala, el único ruido que había en el departamento.
—¿Mh? —alzó la mirada. Ambos estaban de costado, viéndose de frente.
—Sé mi pareja.
El corazón de Yibo casi se le salió por la garganta.
—¿Qué? —preguntó con voz temblorosa ¿estaba soñando?
—Sé mi pareja —pidió con el mismo tono valiente y seguro, mirándolo fijamente a los ojos.
—¿Me estás pidiendo que sea tu novio?
Xiao Zhan hizo una mueca chistosa ante la última palabra.
—Sí, suena raro —admitió Yibo al darse cuenta—. Seamos novios, pero no me digas novio.
—No me digas novio tampoco.
—Dime… pastelito.
—¡Yibo! —rio.
—Dime pastelito —insistió.
—No haré eso.
—Anda, Zhan Ge ¿pastelito? —insistió, sólo por molestarlo.
—Está bien, pastelito —masticó cada sílaba—. Ahora te diré siempre así.
—Hey, no. Es broma. No me digas así.
—Lo que tú digas, pas-te-li-to.
—Te estás ganando una nalgada.
—Pastelito.
Wang Yibo llevó su mano al trasero de Xiao Zhan y lo apretó fuertemente, haciéndolo morderse los labios.
—Eso no fue una nalgada.
—Cállate —volvió a apretar su trasero con más fuerza de la necesaria.
—¡Eso duele! —se quejó entre risas—. ¿Quieres dejar tu mano marcada o qué es lo que intentas? —rio más.
—No es mala idea —sonrió de lado.
—Tonto —llevó su mano a la cabeza de Yibo y comenzó a hacerle tiernas caricias, logrando que el menor cerrara sus ojos y se dejara llevar.
Yibo no dijo nada más, se removió en la cama hasta que logró empujar a Xiao Zhan para que quedara acostado bocarriba, así pudo poner su cabeza sobre su pecho para descansar con comodidad.
Xiao Zhan sonrió ante esto y lo dejó hacer lo que le diera la gana. Mientras tanto él siguió haciéndole cariños en el cabello, sin darse cuenta fue arrullándolo poco a poco.
Continuará…
Y sucedió al fin: confesión + momento candente. No tuvieron sexo en sí, pero es un gran avance para ellos, es la primera vez que tienen un encuentro de este tipo entre ambos y pues… me gusta imaginar que así sería en la vida real. Espero que les haya gustado.
23/02/2020
