Rescate
Metí la pata de nuevo. Sé muy bien que no debo venir sola a estos lugares tan concurridos. Cualquier incidente puede pasar: que un niño me quite la peluca, tropezar con alguien y que mis lentes se caigan, alguna persona podría reconocer mi voz… en fin, muchas cosas pueden pasar.
Pero quería hacerme la valiente y salir a pasear por las calles sin que nadie me vigilara, demostrarles a todos… bueno, a mí misma, que no necesito ser cuidada como una niña de preescolar. Y he fallado.
Por favor, que conteste. Por favor, que conteste. Eres mi única esperanza para salir entera de esto y sin ser regañada por Master. Contéstame por favor.
—¿Hola?
—¡Luka! ¡Te necesito! ¡Me descuidé y ahora estoy atrapada! ¡Y hay mucha gente!
—¿De qué hablas? ¿Dónde estás?
—Atrapada en un baño del centro comercial. No puedo salir de aquí, mi peluca está hecha pedazos y creo que afuera hay mucha gente que sospecha de mí.
—No te preocupes, ya voy.
Y colgó. Como soy torpe a veces, sé que todo lo que haga fuera de casa tiene que ser planeado con mucha anticipación. Mi trabajo de idol me impide llevar una vida normal, o salgo a caminar por la calle con vigilancia o me quedo en el departamento, y si salgo, además tengo que estar disfrazada para cuidar mi identidad. No me molesta, esto de usar pelucas y maquillarme para parecer otra persona me gusta, es muy divertido y siento que hago cosplay. También lo extraño.
¿Es extraño que extrañe el cosplay? Ahora tengo muchos atuendos, de todo tipo: uniformes escolares, militares, vestidos tradicionales, victorianos, futuristas y muchos, muchos más. Pero no es cosplay. Sea como sea, aunque mi personaje sea una damisela en apuros o una energética estudiante, siempre soy yo. Ya no me he vestido como mis personajes preferidos, y vaya que tengo de donde elegir. Justo ahora tengo un cosplay de Sugiura Ayano que me muero por estrenar. Me pregunto si a Luka le gustaría ser Kyoko… aunque le queda más Himawari. Oh, alguien acaba de entrar al baño. No sé cuánto llevo aquí encerrada.
—¿Miku? ¿Dónde estás?
—¡Aquí, aquí! —asomo mi mano sobre la puerta de mi cubículo —¿Estamos solas?
—Sí, no hay nadie más aquí dentro. Afuera solo son como diez personas pero no parecen sospechar de ti.
Abro la puerta por completo y salgo a verme con mi salvadora. ¡Está vestida con un traje sastre, con todo y corbata! Y una peluca negra, cielos, ¡se ve increíble! Corro a abrazarla, no sé si es por la alegría de verla en este momento o por su aspecto tan… tan atractivo. Me alegra que siempre pueda contar con ella en momentos difíciles.
—Perdona si demoré —me dice correspondiendo a mi abrazo—, no encontraba estacionamiento.
—No importa, gracias por venir.
—Y ¿qué pasó con tu peluca?
—Bueno… se quemó. Pasé a lado de un chico que iba fumando, supongo que rocé su cigarrillo y ¡la peluca comenzó a quemarse! Corrí hasta aquí pero había mucha gente como para usar el lavamanos, así que entre, la arroje al piso y comencé a pisarla pero no se apagaba, la metí al retrete pero se atoró con el drenaje ¡y se rompió! Y… y… ¡no te rías!
—Lo siento pero —dice entre risas—, es que no puedo evitarlo. Te imagino y es muy gracioso.
—¡Eres mala!
—Toma esto —aun riéndose me da mi peluca pelirroja, mi favorita. Solo finjo estar molesta, no puedo enojarme con Luka—. Y huyamos pronto, Master tiene que encontrarnos en casa.
—Ok —canturreo. No he dejado de mirar a Luka; ese traje le queda tan bien, no puedo apartar la mirada desde que llegó. Si tan solo pudiera verla con su cabello rosa sería mejor. Definitivamente, cuando lleguemos a casa voy a tomarle muchas fotografías, es una imagen que tengo que conservar para siempre.
