Feliz Navidad fans de la pareja yuri más linda de todas. Como regalo de mi parte, habrá capitulo doble.
¡Felices fiestas!
Muérdago
—Según la tradición navideña si alguien está debajo de un muérdago debes besarlo —Rin esta sobre una pequeña escalera, colgando un trozo de muérdago en el techo de la sala.
¿Por qué hacer tal cosa? Parece que aún es una niña y esto me huele a que es una de sus jugarretas para conseguir algo. He aprendido que sus intenciones no son del todo buenas cuando se trata de involucrarnos a todos en un juego. Una vez, en el colegio, le dio por jugar a las escondidas con todos nosotros, pero era solo para que su broma funcionara y fingir su secuestro. ¡La policía la buscó por toda la noche y ella estuvo en casa de su prima todo el tiempo! Al menos sé que no intentará algo así hasta conocer un poco más a Master. Me pregunto ¿a quién quiere besar Rin que recurre a este truco?
—¿Y no importa quién sea? —pregunta ingenuo Kaito.
—Nop, nop, eso no importa —Rin termina con su decoración, puso esa pequeña rama frente al sillón más grande—, aunque bueno, no creo que te haga mucha gracia besar a Gakupo.
—¿Gakupo? Es mi amigo —y ahí está Kaito con su inocencia. En verdad lo adoro, pero siempre me he preguntado si en verdad es así o solo juega con nosotros— prefiero besar a Mei-chan.
—Ya dile que sea tu novia —comenta Rin—. Desde el segundo año te gusta y no le dices nada.
—No quiero arriesgarme aun, pero ya le diré en su momento —un Kaito sonriente le responde. No recuerdo haberlo visto enojado antes—. ¿Y tú Rin? ¿Quieres besar a alguien?
—¿Lo dices por el muérdago? —hace una pose de triunfo, la V de la victoria y una sonrisa—. No se trata de un beso en especial, ¡seré besada por todos! Soy la más pequeña y adorable, tengo esa ventaja.
De un salto llega al muérdago y nos mira con su típico brillo malicioso. Parece que su plan es recibir afecto de parte de todos nosotros. Sin dudarlo, Kaito se levanta y avanza hasta ella para darle un amistoso beso en la mejilla seguido por una caricia en su rubio cabello.
—Sí, Rin-chan es adorable —dice aun sonriente.
—¿Y tú Luka, hay alguien a quien quieras besar? —pregunta Rin con curiosidad. Casi se sienta en mis piernas y sus ojos brillantes no se apartan de los míos—. Vamos, dime, estamos entre amigas.
—Alguien a quien quiera besar…
Nunca había pensado en ello. Ya había salido con algunos chicos y en verdad ninguno de ellos me gustaba y menos llegamos al beso. En una semana los dejé. ¿Mi primer beso? Aún no ha llegado, y es algo que me tiene sin cuidado. No he pensado en un beso perfecto, ni en un momento romántico con mi pareja. Ni siquiera estoy segura de quien me gusta. Pero si tuviera que elegir a alguien…
—¡Vamos Luka! —me apura Rin—. No puede ser tan difícil elegir unos labios que quieras besar.
Labios. Deberían ser unos labios finos, delicados y suaves, rosados, sin lápiz labial, solo una delicada capa de brillo que realce su color natural. Labios de los cuales salga una voz melodiosa y alegre, siempre con una sonrisa y mucha energía. Como los de… Miku. Sus labios son bonitos y en un par de ocasiones he sentido un impulso de besarlos, de tenerlos frente a mí y sentirlos, besarlos una y otra vez. ¿Pero por qué ella? Su rostro es el único que me viene a la mente acompañado por un latir más fuerte de mi corazón.
—En verdad… —suspiro. ¿En qué momento llegué al muérdago? Sí que me perdí en mis pensamientos—. No se me ocurre nadie.
—¡Luka mentirosa! ¡No quieres decirnos! —reclamó Rin. Y es cierto, no puedo decirles que pensé en Miku.
—Oh un muérdago —y justo detrás de mí, como si mi mente le hubiese llamado, aparece Miku. De inmediato volteo a verla—. Luka-chan, ¿sabes lo que significa?
¡Claro que lo sé! Y ahora no puedo dejar de ver sus labios.
—No tienes que hacerlo —la detengo—, es una tradición ton…
Pero soy callada de pronto. Sin avisarlo, como una travesura, Miku besa mi mejilla con aquellos labios en los que estaba pensando hacia un momento. Fue menos de un segundo, apenas un parpadeo bastó para dejarme sin habla y movimiento, con un cosquilleo recorriendo mi cuerpo desde la mejilla hasta la punta de mis pies. Intento decir algo, pero las palabras no salen; siento mi cara caliente, debo estar sonrojada.
—Vengan, ¡está nevando! —grita tomándome de la mano—, vamos a ver.
—¡Sí! ¡La primera nevada del año! —Rin salta eufórica y corre a la ventana.
Y yo no me muevo por mi cuenta, sino porque Miku jala de mi brazo y me obliga a avanzar. El cosquilleo aún me recorre. ¿Acaso ella…?
