¡Feliz año nuevo a todos lo que siguen este fic! ¿Que mejor manera que empezarlo con Negitoro? Antes quería actualizar "Mi vida con VOCALOID" pero no pude acabar sigo trabajando en especial de año nuevo.
Gracias a tod s por leer esta fic que ha sido tan divertido para mi. Les prometo que durante este año seguirán las aventuras Negitoro.
Por ultimo, un saludo a mi Hikari Luka que se recupera de una operación reciente. ¡Animo!
Resfriado
Lo que más adoro del invierno son las mañanas nevadas, asomarme por la ventana y lo primero que mis ojos vean a través del cristal sea el manto blanco cubriendo las calles y casas a mi alrededor. Pero igual adoro salir y caminar en la suave nieve, ese sonido que producen los pasos al dejar mis huellas; sentirla en mis manos, fría, pero me gusta. Y aún mejor sí tienes a quien arrojarle una bola de nieve para comenzar una guerra.
Sin embargo, hay algo que detesto de esta época del año. Con el frío vienen también las enfermedades, y aunque es raro que me enferme, aquella mañana de Navidad que pasamos jugando con la nieve cobró su factura.
—Ni hablar señorita —Master esta mi lado en la cama, revisando mi temperatura—. Tienes que permanecer en cama por hoy.
—Pero… ¿y las vacaciones?
—Sé que quieres pasar estas fechas con tu familia —casi suena como si fuera mi hermano mayor, es muy protector con todos nosotros—, pero no puedo dejarte viajar así, podrías empeorar. Un día o dos de retraso no afecta mucho, ya me inventare algo para que puedas recuperarlos.
—Gracias.
—Bueno, llevaré a los demás a la estación. Regresaré en la noche.
Se va. Me quedé sola en el gran departamento VOCALOID. No, no creo que me dejara sola y enferma. Thelma debe estar en la sala, pendiente de mí. O pendiente del fin de la temporada de anime.
Y yo aquí tirada, sin muchos ánimos. No siento ganas de leer, los ojos me dan comezón y mi nariz congestionada no me deja cómoda. Podría ver algo de televisión, pero el control está tan lejos. ¡Demonios! No puede ser que un resfrió me haga pensar como Rin. Tengo que levantarme.
Con esfuerzos logré llegar al control remoto y encender el televisor. Mi único entretenimiento es cambiar los canales mientras permanezco enrollada en mis sabanas. El sonido del televisor solo sirve para dar ambiente al cuarto. De pronto, inicia un anuncio de autos donde aparezco con Miku. Es muy extraño verse uno mismo en televisión.
—Luka-chan, ¿puedo entrar?
—Claro, pasa —un momento…—. ¿Miku? ¿Qué haces aquí… —frente a mi apareció Miku con un traje de enfermera, aquel que usamos hace poco para promocionar nuestro primer disco— y vestida así?
—Esto es… bueno, soy responsable de que enfermaras, te arrojé toda esa nieve. Así que pedí retrasar mi viaje y quedarme a cuidarte.
Sí, me atacó con una avalancha de bolas de nieve y hasta metió un par bajo mi chamarra. Quise hacer lo mismo, pero no pude alcanzarla. Por otro lado, el verla con esa ropa de nuevo y solo para mi es tan… increíble. Me ha dejado sin palabras. Se acerca y pone su mano sobre mi frente.
—Master dijo que tenías fiebre, pero no creí que tanta. Tu cara está muy roja.
Si supiera que no es solo la fiebre. El verla así vestida y que esté tan cerca me ha acelerado el corazón, como aquella vez con el muérdago o cuando se duerme a mi lado mientras leo. Lo que más me pesa de estas fechas es apartarme de Miku, y aunque nuestras familias viven cerca, nuestro tiempo estará dedicado por completo a los familiares. No quiero estar lejos de Miku, ni un solo día. Yo… creo que ella…
—¡Achu!
—Toma, un pañuelo —me da un pañuelo desechable para que me limpie. Sus manos están más cálidas que las mías—. Tenemos que bajar esa fiebre cuanto antes.
—¿No te preocupa contagiarte?
—No, y si eso pasara, sé que tu cuidarías a mí —sonríe. ¡Esa sonrisa tan linda!—. Ya regreso.
De nuevo estoy sola. Pero creo que tener toda la atención de Miku por un par de días no está mal. Enfermarme por esta ocasión ha tenido sus ventajas. Aun así, algo me inquieta un poco desde hace unos días; por más que intento, no puedo dejar de pensar en ella, siento que quiero algo más. Es como si la palabra amiga ya no bastara para describir mi sentir.
—Luka-chan, volví —de nuevo entra mi enfermera—. Con esto vas a sentirte mejor.
Me pone en la frente uno de esos parches para bajar la fiebre. Siento un alivio refrescante apenas con el primer contacto.
—Listo, si necesitas algo más puedes decírmelo —dice con su tierna sonrisa. Aún mantiene su vista en mí mientras se sienta en la cama.
—Sí, necesito algo más —agrego con total calma—. Que te levantes de mi píe, lo estás aplastando.
—¡Lo siento, lo siento! —se disculpa saltando de su lugar. Delicada toma mi pie y lo masajea para mitigar mi dolor—. Mejor iré por un cojín, ya vuelvo.
Sus intenciones son buenas, y en verdad lo agradezco. Pero me siento muy inquieta al tenerla tan cerca. Es como si algo quisiera brotar en mi pecho, algo que me confunde, no sé cómo decírmelo a mí misma. Es la primera vez que siento algo así por alguien, incluso cuando pienso en Miku no puedo evitar sentir un cosquilleo en mi interior.
