Advertencia, contenido no acto para menores de edad.

Finalmente el rubio rompió el silencio:

― Además de esta bella señorita que la acompaña. ¿Espera a su novio o esposo? ― preguntó el rubio en tono sensual. Tanto que Bella se sonrojo.

― Candy soltó a su hija y le extendió su mano a Albert quien le daba un beso en el dorso de su mano, inclinándose.

Ni con todos los antifaces sobre su rostro, Albert podría ocultar esos ojos azul cielo que enloquecieron a la rubia desde el primer día.

_ ¡Es toda tuya papá!... Nosotros nos retiramos_, dijo Bella.

_ ¡Todo fue una sorpresa, más bien una conspiración!..._ dijeron los tres.

Albert tomó la mano de su esposa hacia la pista de baile.

Los jóvenes felices y complacidos se retiraron de la fiesta. Su misión fue todo un éxito. La expresión de felicidad y sorpresa de Candy se los había confirmado.

La fiesta de celebración era todo un deleite. Los camareros vestidos con trajes de etiquetas negro y color rosa, sus antifaces formando corazones, globos rosas y rojos, rosas frescas en base de cristal en el centro de cada mesa.

No cabía duda alguna, era la celebración de San Valentín, día del amor y la amistad.

Servían champagne, vino, fresas cubiertas de chocolate, dulces de chocolate con caramelo y almendras. Un manjar de dioses.

La orquesta no paraba de sonar; cuando de pronto se escuchó aquella melodía que Albert le cantaba a su esposa:

"Wichcraft" en la encantadora voz de Frank Sinatra.

Candy no podía creerlo, Frank Sinatra estaba frente a ella cantando la melodía que su esposo le cantaba cada vez que había oportunidad.

Y todo, todo eso lo había organizado Albert y sus hijos para ella.

Comenzaron a bailar al son de la melodía. Albert coloco con delicadeza su mano en la espalda de su esposa, el toque fue electrizante tanto que la rubia sintió su cuerpo estremecer al contacto. Él sintió lo mismo.

Al paso de la música Albert le cantaba a su esposa al oído.

🎶Esos dedos en mi cabello

Esa astuta mirada de venir aquí

Eso desnuda mi conciencia

Es hechicería

Y no tengo defensa para eso

El calor es demasiado intenso para eso.

¿De qué le serviría el sentido común?

Porque es hechicería, hechicería malvada

Y aunque sé que es estrictamente tabú

Cuando despiertas la necesidad en mí

Mi corazón dice "Sí, de hecho" en mí

"Continúa con lo que me estás llevando"

Es un campo tan antiguo

Pero uno que no cambiaría

Porque no hay mejor hechicera que tú 🎶

Tarara... tarara...

_ Albert comenzó a tararear la melodía cuando unas lágrimas de felicidad salieron del rostro de su esposa.

Sin importarles que todos los observan al ver la belleza de la feliz doctora y galanura del hombre que la acompaña. Albert la besó apasionadamente, beso que ella respondió con la misma intensidad.

No esperaron ni un segundo más y salieron del salón.

Cuando Albert se aseguró de haber subido la última escalera; la tomó en sus brazos y le cargó hasta su camarote.

El momento de la seducción había llegado.

La habitación era de ensueño, al entrar al camarote Candy quedó maravillada con el detalle.

Un hermoso ventanal de cristal con vista al océano, una cama amplia, sillas, y una mesita de noche con una lámpara de cristal.

Detalles creados por Albert: pétalos de rosas esparcidos por toda la habitación, una botella de champagne Francesa, fresas cubiertas de chocolates. La habitación lucia espectacular.

_ ¡Que maravillosa sorpresa mi amor!... _ musitó la rubia con lágrimas en su rostro.

_ ¡Por favor... no llores mi hechicera!... _ decía el galante hombre limpiando las lágrimas de su amada esposa.

_ Solo... solo disfrutemos de este encuentro maravilloso.

TE AMO Candice Ardlay... te amo más que nunca. _ Alzando la voz el rubio la colocó despacio y delicado en la cama. Al ver los ojos ardientes de fuego y pasión de Albert, Candy lo tomo del cinturón y lo atrajo hacia ella.

De un tirón soltó los botones de su camisa, lo hizo con tanta fuerza y deseo de devorarlo que salieron esparcidos en toda la habitación.

_ Si vas a tomarme... hazlo salvajemente._ dijo Candy en tono demandante.

Los ojos de los rubios se encendieron más al escuchar las palabras de seducción de ambos. Albert asintió.

_ ¡Ah!... ¡con que quieres jugar!... _ murmuró el rubio a su oído dándole pequeños mordiscos en la oreja.

Mientras la besaba salvajemente, metió su mano bajo el vestido de Candy acariciando sus piernas, sus muslos y por ultimo su vagina.

_ ¡Umm, Auch!... _ Un gemido de placer salió de los labios de su mujer, al sentir el contacto de sus dedos acariciándole su parte intima. Albert le quitó sus ropas dejándola solo en panty, medias y sostén.

Al observar a su mujer casi completamente desnuda a su merced, Albert inhalo su aroma enloquecedor. La fragancia de su esposa era embriagadora para él. Acariciándole suave y delicado, bajo las medias con delicadeza.

Ato las muñecas de las manos de Candy en los postes de madera de la cama. _ La rubia se estremeció al ver lo que su esposo estaba haciendo.

_ ¡Todavía quieres jugar con fuego!... ¿! Candy?!... _ preguntó con voz ronca y seductora. La rubia asintió.

_ Sedúceme, cómeme y no te límites. Soy completamente tuya.

_Demandó su mujer mientras sentía los dedos delicados de Albert acariciando su honey pot por encima de la braguita.

Mientras Candy se mantenía atada, Albert tomo su corbatín y lo puso sobre los ojos de la rubia, no sin antes arrancarle un beso con una leve mordida.

_ ¡Ummm! ... _ La rubia gimió nuevamente. Albert se retiró de la cama quitándose sus zapatos y pantalón quedando completamente desnudo.

Tomo la botella de champagne y sacó el corcho, sonido que hizo brincar a Candy.

_ ¡Mi amor!... ¿qué haces?... _ Preguntó. Albert no respondió.

Se acercó y con los dedos mojados de la embriagadora y deliciosa bebida, colocó uno a uno en los labios de su esposa.

La rubia succionaba los dedos de su hombre saboreando el delicioso sabor del champagne.

Poco a poco dejo caer sobre el cuerpo de su esposa la embriagante espuma que se derretía por el calor de su cuerpo. Comenzó a lamerlo. Con su lengua recorría el cuerpo de su mujer, centímetro a centímetro.

_ ¡Oh mi hechicera, eres tan deliciosa mi amada!... estaba añorando por días este cuerpecito que me tiene hechizado desde el día que probé tus encantos. _ Candy arqueaba su cuerpo sintiendo las caricias de su esposo en sus pezones, en su parte intima.

_ ¡Oh Albert... te amo, te adoro!... _ entre gemidos la rubia declaró su amor.

Candy no podía controlar la sensación que su cuerpo desbordaba. Albert jugaba con su clítoris de una forma sensual y castigadora.

Cada vez que su esposa llegaba al punto G y sentía correrse en sus labios, él dejaba de succionarlo. Hecho que estaba llevando a la desesperación a su esposa pidiéndole más y más.

Las piernas de Candy parecían dos torbellinos incontrolables.

_ ¡Como no te quedas quieta! _ dijo Albert, _ tendré que hacer algo más mi amor. _ Con voz ronca y seductora por todo, que él mismo estaba sintiendo.

_ ¿Qué harás?... _ Preguntó la rubia mientras su esposo se alejaba de la cama.

Albert recogió su camisa de seda del suelo y la rompió en dos atando los tobillos de Candy; dejándola abierta y completa a su merced.

Besaba los dedos de sus pies. Recorriendo con su lengua subió despacio y delicado hasta sus pezones. Succionándolos nuevamente, la rubia gemía con cada mordisco suave que él aplicaba en cada uno de ellos.

_ ¿Eso querías?.. ¿Querías que te sedujera? _ preguntaba ardiente de placer. Candy continuaba respondiendo que Sí. No se perdería el momento único que estaba viviendo con su esposo, aunque la llevara al borde de la locura.

_ No te detengas, aunque me estés volviendo loca de placer y desespero. _ respondió.

El rubio tomo una fresa y la colocó en los labios de su mujer.

_ Prueba mi hechicera, muerde... _ Demandó.

Candy mordió la fruta, saboreó el ácido sabor de la fresa seguido por el dulce sabor del chocolate cremoso derritiéndose en sus labios, labios que Albert succionaba uno a uno.

Candy mordió la mitad de la fruta cuando un gemido de placer salió de los labios de Albert, su miembro se fortalecía aún más imaginando que era a él quien Candy mordía y saboreaba.

Tomo otra fresa y la recorrió por el cuerpo de su esposa hasta llegar a su vientre. Nuevamente lamio el chocolate derretido por el cuerpo de su mujer. Lamiendo centímetro a centímetro de su cuerpo hasta llegar al punto donde quería estar, en medio de las piernas de Candy.

Pasó la fresa por su intimidad y se dispuso a comerla nuevamente.

Candy gritaba... gemía... Le pedía que esta vez no se detuviera.

_ ¡Por favor!... ¡Esta vez no te detengas!... Ya no me castigues más. _ suplicaba casi en un sollozo. Había llegado a su máximo límite.

Albert sin dejar de comerla soltó sus tobillos. Eso hizo que su mujer llegara a su máxima excitación, llegando al orgasmo más placentero que haya tenido jamás. Gritando su nombre se corrió en sus labios.

Continuara.

Holaaaaaaa chicas! Espero que este capítulo les haya hecho sentir y tener ideas para estar con su pareja.

Como saben, yo solo escribo para Albert y Candy no me gusta acostar los personajes con otras personas (es mi estilo) quizás por esa razón encontrarán algunas escenas parecidas a las de mis otras historias.

Por favor sean tolerantes como el tema de la sexualidad entre esposos, pareja. No es pecado. Hasta la Biblia dice que somos de nuestros esposos y nuestros esposos de nosotras.

Vivo en un país donde es demasiado liberal (el sexo no es tabú) debemos complacer a nuestras parejas, todo lo que nuestros esposos desean y viceversa. Para mantener la llama viva y no busquen por otro lado placeres que como esposas podemos darles.

Creo que me extendí demasiado (jajaja)

Bendiciones.

Sakura. Happy Valentine.