Disculpen la demora, o bueno, no tanta demora. De vuelta con las aventuras yuriosas de Luka y Miku; no se preocupen por Mi vida con VOCALOID, esto trabajando en el siguiente capítulo.
Recuerdo
—¿Por qué tengo que hacer una audición? —pregunté mientras Meiko me encaminaba hacia el salón 203. En ese momento sabía que no debía inquietarme, pero en el fondo sentía un vacío en el estómago, mis manos temblaban y sentí unas repentinas ganas de ir al baño—. Dijiste que solo hace falta un miembro.
—Sí, sí, sé muy bien lo que te dije —dijo con una sonrisa muy amplia. Tan despreocupada como siempre, Sakine Meiko, mi única amiga desde que regresé a Japón cuando cumplí nueve años. Ella tenía diez cuando nos conocimos—. Pero ya sabes cómo son de estrictos algunos profesores. Como solo nos falta un miembro para mínimo de integrantes, Hiyama-sensei quiere cerciorarse de que no incluiremos a cualquier persona para llenar ese hueco. ¿Puedes creer lo desconfiado que es?
—Hiyama-sensei confiaría más en ustedes si no hubieran gastado el dinero del concierto en el parque de diversiones.
—Que fría eres a veces —dijo mirándome de reojo. Nuestras personalidades suelen chocar mucho y aun así somos amigas—. El festival ya había pasado y teníamos que gastar el dinero en algo.
Llegamos al salón 203. Para ser sincera, mi intención era ingresar al club de literatura o al de teatro. Del primero no podían aceptarme hasta que se eligiera un nuevo presidente y parecía que demorarían bastante en ello; en el segundo estuve cerca de presentar mi audición pero me dijeron que no necesitaban más actores. Esto me decepcionó de sobremanera, mi primer año en preparatoria y no podía entrar a los clubs que quería. Entonces Meiko me invitó a su club de canto, no como un miembro permanente, sino para cubrir el mínimo exigido por la escuela para que no cerraran el club; yo sería libre de cambiarme de club en cualquier momento. Me pareció buena idea, así podría entretenerme con algo mientras los otros clubs arreglaban sus asuntos.
Frente al salón estaban parados dos alumnos más. Un chico de cabello azul que decoraba su cuello con una bufanda azul aunque afuera el sol de verano cocinara las hojas de los árboles, ese era Shion Kaito, el chico con el que solía ver a Meiko. Platicaba muy animado con una chica que había visto antes en el patio de la escuela; ella también lucia muy animada o tal vez nerviosa, acariciaba sus largas coletas de color turquesa y se mecía con las piernas.
—¡Hey Kaito! —gritó Meiko antes de tirar de su brazo—. Así que de ella me hablaste.
—¡Mei-chan! —y el solo sonrió ante el rudo gesto de mi amiga—. Sí, ella es Hatsune Miku.
—Mucho gusto —tartamudeó un poco con su reverencia. Hatsune Miku… una linda chica, muy sonriente desde la presentación y con ojos muy expresivos. Sin duda mi contrario.
—Y esta belleza pelirrosada es mi amiga Megurine Luka —de la nada Meiko me empujó frente a Kaito y Miku para presentarme.
—Mucho gusto Megurine-san —dijeron al mismo tiempo. Respondí a su saludo y regresé al lado de Meiko.
Kaito y Meiko nos hicieron de lado para comentar asuntos del club, así me enteré que antes eran más de veinte alumnos, pero la gran mayoría se graduaron la generación anterior. Por su parte, Miku solo me miraba con atención, ¿por qué? No lo sabía.
Las puertas se abrieron y pudimos ver a Gakupo charlando con Hiyama-sensei. Los anteojos de sensei brillaron con el sol, su mirada se reveló severa, escudriñándonos a ambas aspirantes. Estoy segura que sospechaba de alguna trampa en la audición, y no lo negaré, al menos mi participación si era una trampa. Kaito y Meiko entraron en el salón, pidiéndonos antes esperar a que nos llamaran. Obedecimos; Miku se quedó parada frente a la ventana del salón y yo me recargué a la pared frente a la puerta. Ella no dejaba de mirarme, entre el asombro notable por sus ojos abiertos como dos platos grandes y la curiosidad evidente por mirarme de pies a cabeza. Me sentí ansiosa, con ganas de gritar, porque me estuviera mirando así, no la conocía y sus ojos estaban clavados en mí.
Estuve a punto de decirle algo, cuando ella me ganó la palabra.
—Te he visto varias veces en el patio —sonrió, de una forma en que podría ablandar hasta al corazón más duro—. ¡Eres Megurine Luka!
—Sí… —contra su voz feliz, mi cortante actitud con gente desconocida. No es que odie socializar, solo me es muy difícil.
—Desde que te vi por primera vez me gustó tu cabello rosa. Es muy lindo.
Inevitablemente me sonrojé, mi corazón se aceleró hasta que mi pecho dolió; bajé la mirada y giré la cabeza hacia el pasillo. ¿Eso fue un cumplido? ¡Sí! No supe cómo reaccionar, no acostumbraba oír palabras así de personas ajenas a mi familia.
—¡Luka-chan! —la voz de Miku me sacó de mi transe—. Master no podrá ir a recogernos, dice que mandará a Kaito.
De pronto me veo en un vagón vacío del tren a Tokio. Casi sobre mis piernas está Miku con sus ojos fijos en los míos. Al fondo una viejita estira perezosa su brazo. ¿Cuánto tiempo pasó desde que comencé a recordar?
—Ah eso… Está bien.
Me mira fijamente de nuevo, como aquel día en que nos conocimos.
—¿En qué pensabas? —sonrió de nuevo, con ese gesto inocente que se ganaría la confianza de cualquiera.
—En el día que te conocí —le digo la verdad, no tiene nada de malo.
—¡Oh! La audición para el club de canto —una risita divertida se escucha en sus labios—. También la recuerdo, estabas muy fría conmigo. Por cierto, tu cabello aun gusta mucho.
—Gracias— tartamudeé. Desvié la mirada a la ventanilla, con mi corazón acelerado como su fuera a saltar de mi pecho y las mejillas ardiendo como dos panecillos recién horneados.
—¡Que linda! —dice en un susurro, pensando que no logro escucharla—. Estás sonrojada Luka-chan.
