Regalo
Recuerdo que apenas el año pasado era una televidente más de los programas especiales del 14 de febrero. Los episodios de anime, películas románticas, entrevistas amorosas, y todo aquello que las televisoras puedan volver conmemorativo al día del amor y la amistad. Mis planes para estas fechas, al menos hasta el año pasado, eran ir a la escuela, comer o ver una película con mis amigos y volver a casa para patearle el trasero a mi hermano en Mortal Kombat. Pero a partir de este año y por los que vienen, eso va a cambiar.
—Buen programa Miku-chan —dice la maquillista. Estoy en mi camerino, descansando después nuestra presentación en el show de Kotaro y Tanuki—. Primera vez que participas en uno, ¿verdad?
—¡Sí! Estaba muy nerviosa. Es la primera vez que me presento en televisión en vivo— aun siento como mis piernas tiemblan de la emoción—. No es lo mismo cometer un error en televisión a cometerlo en un recital de la escuela.
—Ya tendrás más presentaciones como esta, Miku-chan —ríe por lo bajo—. Bien, fue un gusto trabajar contigo.
—Gracias Hiromi-chan, también fue un gusto para mí.
Me quedo sola de nuevo. A veces, durante las noches, me quedó tendida en mi cama y pienso que las cosas van muy rápido. Hace unos meses era una estudiante de preparatoria normal, como cualquier chica de quince años normal, pero ahora soy una de las jóvenes promesas en el mundo de la música japonesa. De pronto la puerta de mi camerino se abre. Mi abrigo y mi bufanda vuelan hasta mi regazo. Volteó a la puerta y veo a Luka, con su abrigo color vino y guantes negros.
—Ven Miku, rápido, rápido.
—Luka-chan, ¿qué pasa?
—Abrígate bien y ven. Rápido, tenemos que dar una vuelta.
—¿Ok?
Sin dudarlo más le hago caso. Me pongo el abrigo en un instante, la bufanda va a mi cuello y salgo del camerino tras mi amiga. No sé qué planea. Apenas he puesto un pie fuera del camerino y ella me toma la mano; avanzamos a grandes zancadas por el set, evitando chocar camarógrafos y asistentes de producción. Hasta estos días, nunca pensé que se necesitaran a tantas personas para hacer un programa de televisión.
Llegamos a la puerta del estudio, Luka-chan la abre de un empujón muy entusiasmada al parecer. Siento un viento frio en mi rostro que me provoca un escalofrío por todo el cuerpo. Sin embargo, miró con atención lo que hay frente a mí. ¡Está nevando!
—Sé que te gusta la nieve —me sonríe—. Ven, ¡pero que no se te ocurra meter nieve en mi abrigo!
Toma de nuevo mi mano y nos internamos en la nieve. Es tan lindo, me gusta mucho caminar mientras está nevando, y justo ahora que cae una nieve tan fina como polvo. Konayuki, así le decimos. No me había fijado antes, pero Luka lleva el cabello recogido con un lazo blanco. Se ve tan linda así.
—Miku, hoy es un día muy importante para muchas personas, ¿verdad?
—Etto, supongo que sí —y pensándolo bien, este es un escenario muy romántico. Una joven pareja de enamorados, caminando tomados de la mano bajo la nevada. ¡Qué lindo! Entonces llegan a un árbol grande… no, no, mejor una fuente. Se detienen frente a la fuente y la chica saca de su bolso un pequeño paquete lleno de chocolates caseros. ¡Que romántico!
—Toma.
—¿Eh? —¡me perdí en mis fantasías! No sé qué me dijo Luka, pero ella me mira sonriente, invitándome a tomar la cajita roja que lleva en sus manos. Me está dando un regalo, ¡un regalo por el 14 de febrero!
—Feliz 14 de febrero —su sonrisa es amplia, como nunca la había visto antes y ¿está sonrojada?—. Disculpa que sean comprados, no tuve tiempo de preparar nada.
—No, no importa. Pero… yo no tengo nada que darte.
—¡No hay problema! —ríe un poco, se calma y sin dejar de sonreír sigue hablando. ¡Adoro como sonríe!—. Es un pequeño presente que quiero darte. Te quiero mucho Miku.
—¡Y yo te quiero mucho Luka-chan!
Solo puedo abrazarla. No es la escena que dibujé en mi mente, pero estoy feliz de tener a Luka conmigo en ese momento. Aunque el viento sople fuerte y el frio se siente más salvaje, algo en mi pecho me hace sentir mucho calor.
