Capítulo 35: "Mamá Wang"
Se levantó como resorte de la cama y se vistió con una rapidez increíble. Ayudó a Yibo a hacer lo mismo y en menos de dos minutos ya tenían la ropa puesta y muy mal acomodada. Hasta que Xiao Zhan recordó algo. Habían dejado ropa tirada en el baño y su toalla en pleno pasillo.
—¡El baño! —exclamó Yibo, acordándose también.
Xiao Zhan corrió y sacó lo que dejaron ahí, volvió al cuarto y recogió todo lo posible, cambió las sábanas y se deshizo de la evidencia.
Mientras Xiao Zhan se encargaba de todo eso, Yibo usó sus muletas para ir al baño y tratar de arreglarse un poco. Se veía tan desvelado y tan… feliz.
Intentó concentrarse en lo importante y empezó a asearse todo lo posible. Su novio se le unió, parado detrás de él para verse al espejo, pero cuando lo hizo…
—¡Wang Yibo!
—Lo sé, lo siento, lo sé.
Desesperado, se miró todas las marcas en el cuello. Eran demasiado notorias.
—Usa cuello de tortuga, te prestaré uno.
—No hace tanto frío.
—Es eso o que mi madre los vea.
Refunfuñando, aceptó.
—Debería quedarme así, para que ella vea y te de vergüenza.
Yibo rio antes de responder con completo descaro:
—Te daría más pena a ti que a mí.
Y tenía toda la razón.
En menos de cinco minutos desde que despertaron, ya se encontraban más o menos decentes, listos para abrir la puerta, como si no fuera bastante extraño que los dos juntos fuesen a hacer aquello.
El nerviosismo en ellos era evidente.
Cuando abrieron, una hermosa mujer apareció ante ellos.
—Mamá —su corazón se sintió lleno de calidez con el simple hecho de verla.
—¡Mi niño! —lo abrazó con mucha fuerza, Yibo era bastante más alto, haciendo la escena en verdad adorable—. ¿Por qué tardaron tanto en abrir? —se quejó—. ¿Qué tanto hacían?
—Bu-bueno, vi tus llamadas y mensajes, la verdad era que estábamos dormidos y… nos arreglamos un poco, no quería recibirte así.
La señora lo miró fijamente unos momentos, tratando de hallar la verdad detrás de ello, pero desistió y se rindió ante la felicidad de tener a su hijo una vez más entre sus brazos, más de un año llevaba sin verlo, eso era más de lo que podía soportar.
Yibo correspondió el abrazo, logrando que las muletas terminaran en el suelo haciendo un escándalo al caer.
Xiao Zhan se apresuró a recogerlas y extendérselas. Fue ahí cuando la señora lo miró directamente durante unos segundos, su mirada era tan pesada como la que Yibo le dirigía a todo mundo. Esos segundos le parecieron una eternidad al pobre de Zhan Zhan. Ella estudiaba su rostro sin limitaciones, mirándolo por primera vez en persona. Xiao Zhan no sabía cómo reaccionar, así que se quedó tan rígido como una piedra, sudando frío.
—Mamá, él es… —silenció al ver que tomó a su novio entre sus brazos, con un cariño que no le profesaba a nadie más que a su familia.
—Xiao Zhan, es un placer conocerte al fin —le dijo en medio del abrazo. Él se quedó petrificado, pero correspondió con un poco de torpeza—. Gracias por cuidar de mi hijo durante todo este tiempo —no se refería sólo a esos días, ella sabía mucho más de lo que imaginaba.
—No tiene nada qué agradecer —se sintió culpable al recordar lo que le hacía a su niño durante las noches. Le dio mucha vergüenza.
Cuando se separó del abrazo, la señora dejó sus manos sobre los hombros de Xiao Zhan, miró su rostro de nuevo y luego a su hijo.
—No te creía, Yibo, pero tienes razón. Es aún más guapo en persona —palmeó sus mejillas y siguió disfrutando de esa cara bonita—. Tienes una piel de envidia —dijo con sorpresa.
—¡Mamá! —se sonrojó hasta las orejas, como si ser descubierto por eso fuese más vergonzoso que haber tenido sexo oral con él hace unas horas.
Xiao Zhan sonrió de oreja a oreja con el cumplido y miró a su novio con diversión.
—Gracias…
—No agradezcas, es sólo una verdad irrefutable —le guiñó un ojo y entró a la casa—. ¿Cómo estás, mi niño? Te veo más delgado.
—Mamá… —rio—…estoy igual que siempre.
Xiao Zhan se aguantó la risa, la señora le recordó un poco a su madre.
—¿Cómo sigue tu pierna? —dejó su bolso y maleta en el recibidor.
—Mejor, Xiao Zhan me ha cuidado muy bien ¿Verdad? —lo miró, logrando sonrojarlo.
—Eh… sí.
—Eres muy bueno, gracias —los miró a ambos, sintiendo la tensión en el ambiente—. Y cuéntenme ¿Por qué se desvelaron tanto?
Los chicos se tensaron más todavía.
—Jugamos, sí, estábamos jugando.
—¿Jugando? —miró a su hijo con cierto desconcierto por la forma en que le respondió.
—Videojuegos —añadió Xiao Zhan.
—Y LEGO —continuó Yibo.
La señora los miró con sospecha, disfrutando del hecho que podía ponerlos nerviosos con sólo una mirada.
—¿Cómo va esa colección de LEGO? ¿Duermes ya entre una montaña de ellos? —se burló.
Yibo se echó a reír.
—Aún no cumplo ese objetivo.
La señora se acercó a él y le revolvió los cabellos antes de besarle la mejilla.
—Cocinaré algo rico para los tres, sigo pensando que estás muy delgado —pellizcó su mejilla y se dirigió a la cocina.
Yibo asintió con una dulce sonrisa y vio cómo su madre se iba, cuando volvió a mirar a su novio, notó que el pobre intentaba mantenerse firme, pero estaba seguro de que por dentro temblaba.
—Tranquilo —tomó su mano con algo de dificultad debido a que se apoyaba en las muletas.
Xiao Zhan le respondió con una sonrisa y asintió.
—Mi madre ya te adora.
—¿En serio?
—Te dije que ella sabe lo nuestro. Ha sabido que me gustas desde hace tanto… —rio—… que siente que te conoce desde hace tiempo.
—Estoy muy nervioso —se pasó una mano por los aún algo desordenados cabellos.
Yibo sintió ternura al verlo así.
—¿Así te ponías cada vez que conocías a los padres de tus novias?
Xiao Zhan rio y lo miró con diversión.
—Nunca llegué a conocer a los padres de mis ex novias —confesó.
—Oh… —una linda sonrisa se formó en su rostro.
—Espera en la sala, iré a ayudar a tu madre con el desayuno —lo acompañó al sillón más cercano.
Cuando llegó a la cocina, vio que la señora ya tenía todo bajo control y cocinaba algo que pronto empezó a oler muy bien. Le recordó demasiado a su madre. Ah… la extrañaba mucho.
—Permítame ayudarla —se dobló las mangas de su camiseta de cuello de tortuga y se paró junto a ella para ver qué hacía.
—Por favor —sonrió—. Yibo me ha hablado tan bien de tu comida, que me ha logrado poner celosa, quiero ver cómo cocinas.
Xiao Zhan soltó una extraña risa nerviosa, contagiando a la señora por ello.
—Él ama su comida, no tiene por qué sentir celos —aseguró.
Ella le sonrió con dulzura antes de explicarle qué estaba cocinando. Muy pronto Xiao Zhan puso manos a la obra y entre los dos prepararon un delicioso desayuno.
Mientras cocinaban juntos, la señora Wang se asombró al ver la habilidad de ese joven para la cocina y su buen desenvolvimiento en tareas del hogar, notó que era un chico totalmente hogareño, y eso le gustó.
Pero nada la prepararía para lo que estaba a punto de ver. El joven al que tanto comenzó a admirar, se agachó para recoger unos desperdicios del suelo, y fue ahí cuando ella pudo ver dentro del cuello de su camiseta.
—¡Oh por Dios! —exclamó para sus adentros. Se llevó una mano al mentón, sin poder borrar su expresión llena de asombro ¿Acaso su hijo le había hecho eso?
Tendría que enseñarle buenos modales, no era educado de su parte dejar a Xiao Zhan así, pobre de él.
Dejó a Zhan Zhan a cargo de la cocina por unos momentos y casi corrió a la sala donde estaba su hijo esperando el desayuno mientras veía algo en el celular.
No le dijo nada, sólo se sentó a su lado y lo miró con los brazos cruzados. El aludido sintió el peso de su mirada y despegó su atención del teléfono para ver a su madre.
—¿Qué ocurre?
—Wang Yibo —frunció ligeramente el ceño—. ¿Se están protegiendo?
—¿Qué? —no entendía.
—Cuando tienen relaciones ¿Se están protegiendo? —preguntó sin rodeos y con seriedad.
Yibo casi se asfixia con su propia saliva.
—¡Mamá! —exclamó, totalmente azotado y agitado. Casi había olvidado de dónde fue que heredó su franqueza y poca delicadeza.
—¿Está todo bien? —salió inmediatamente de la cocina al escuchar su grito. Se sorprendió al llegar a la sala y ver a su novio tan sonrojado, con esa expresión descolocada que sólo ponía cuando algo lo avergonzaba mucho.
—Sí, sí —respondió Yibo sin poder dirigirle la mirada.
—¿Qué forma es esa de responder? —su madre le golpeó el brazo. Pero Yibo permaneció avergonzado. Eso sólo hizo que Xiao Zhan se desconcertara más—. Todo está bien —sonrió con calidez—. En un momento estoy contigo —le sonrió.
Xiao Zhan asintió y los dejó a solas, no le apartó la mirada a su novio sino hasta que se metió de nuevo a la cocina.
—No me has respondido.
—Mamá —se pasó una mano por los cabellos, muy nervioso—. ¿Por qué preguntas esto?
—Vi las marcas en su cuello ¿Creíste que no lo notaría? Wang Yibo, no nací ayer. Qué desconsiderado eres al dejarlo así, sé más educado —comenzó a regañarlo en voz baja. Yibo sólo quería que la tierra se lo comiera.
—Tiene la piel demasiado sensible —se justificó, murmurando en voz baja y mirando hacia otro lado.
—¡Con mayor razón! Ten cuidado, y no le hagas eso.
—Sí, sí. Él ya me regañó también.
—Me da gusto. Pero no me has respondido ¿Se están cuidando? Hijo, tendremos que tener la "charla" de nuevo.
—¡No! —ya había pasado por "la charla" a los doce años, y los traumas seguían intactos.
—¿Entonces?
—Xiao Zhan es muy responsable —empezó a explicar—. Ninguno de los dos tiene otra pareja en este momento, además, sin que yo se lo preguntara, él me aseguró que… que no tiene ninguna enfermedad de ese tipo —no sabía qué le pasa, él solía ser bastante directo incluso en esos temas, pero al hablarlo con su madre, en especial tratándose de su relación con otro chico, se sentía extraño.
—Oh… eso es bueno —se asombró—. Pero… ¿Él está seguro de eso?
—Confío en él —se acaloró un poco—. Además —no sabía si decirlo o no ¡¿Por qué hacía tanto calor ahí?! —. No hemos… no lo hemos hecho aún, no como tú crees.
—¿¡En serio!? —preguntó con sorpresa pero en voz muy baja—. ¿Y esas marcas?
—Mamá, no tengo que explicártelo ¿Verdad?
La señora rio traviesamente. Cuando su hijo era apenas adolescente, se imaginaba el momento en el que su bebé creciera y tuviera que hablarle de esas cosas, así podría darle consejos sobre cómo tratar a una señorita, pero dadas las circunstancias…
—Está bien que no lo hayan hecho aún, y menos en tu estado.
Yibo no quería echarle más leña al fuego, diciéndole que su novio no quería tener sexo con él precisamente por su estado. Maldita pierna.
—Entonces…
—¿Entonces? —preguntó él sin entender.
—¡Sigues siendo mi bebé! —se le echó encima y lo rodeó cariñosamente entre sus brazos, revolviendo sus cabellos y llenando su rostro de besos.
—¡Mamá! —se quejó, sin embargo, había una preciosa sonrisa en su rostro.
Xiao Zhan escuchó el escándalo y se asomó de nuevo a la sala, sólo para toparse con la adorable escena de Yibo aceptando el abrazo asfixiante de su madre sin ningún reclamo, al contario, estaba tan feliz que Xiao Zhan apenas podía creer el hecho de ver tal felicidad en su amado. Nunca le había visto tal sonrisa.
Se quedó parado viéndolos durante unos momentos más sin que ellos se dieran cuenta. Veía cómo Yibo le sonreía a su madre con una calidez y sinceridad preciosa, con un cariño tan grande que esperó poder recibir tal nivel de amor de su parte algún día.
No había duda de que Yibo adoraba a su madre, pues su coraza de seriedad y rebeldía desaparecía por completo ante su presencia. Las cosas que usualmente le molestaban, dejaban de hacerlo al sentirla cerca.
Zhan Zhan sonrió, se identificaba un poco con él, pues sentía lo mismo por su madre.
—El desayuno está listo —anunció Xiao Zhan, sorprendiéndolos a ambos, pero no por eso se separaron del abrazo.
—Vamos, cariño —tomó la mano de su hijo y lo ayudó a incorporarse.
Se sentaron los tres juntos a la mesa, compartieron ese delicioso desayuno que Yibo devoró como si no hubiera un mañana y los dos cocineros se sintieron satisfechos.
—Así que tú le cocinas muy seguido a Yibo —dijo de pronto su madre, para romper un poco ese silencio que se había formado.
—Siempre que hay oportunidad, lo hace —se adelantó a responder Yibo, con la boca aún llena de comida—. Sabes que no cocino.
—Lo sé, eres un caso perdido.
Yibo rio mientras comía, su madre sólo rodó los ojos y luego vio con dulzura a Xiao Zhan, quien bebía tranquilamente de su jugo de naranja.
—Por eso me hace feliz saber que están juntos, pues si se casan no me preocuparé tanto por Yibo.
Súbitamente, Xiao Zhan bronco-aspiró su jugo.
—¡Mamá! —se avergonzó bastante.
—¿¡Qué!? Así estaré tranquila, sabiendo que no te morirás de hambre ni te intoxicarás con tu propia comida.
Xiao Zhan empezó a toser, se estaba ahogando con el jugo. Yibo tuvo que golpear su espalda, el pobre soltó lágrimas y se puso casi morado.
—¿Estás bien? —le preguntó con angustia al ver el color de su rostro.
—¿Casarnos? —fue lo primero que preguntó cuando pudo respirar mejor, mirando a la mamá de su novio sin dejar de toser. Entró en pánico, ya sabía que ella estaba enterada de su relación, pero decir eso…
—Mamá, lo espantaste —murmuró Yibo en tono de reproche, un poco preocupado—. ¿Estás mejor? —palmeó suavemente su espalda, después la acarició con verdadero cariño. La señora Wang veía todo eso con sorpresa, su hijo no era así con nadie más.
—Estoy bien —le sonrió, aún algo agitado.
—No le hagas caso, nunca le dije nada de casarnos —le explicó a su novio con tacto, después miró a su madre y le abrió mucho los ojos, gritándole con la mirada: "¡¿Por qué dijiste eso?!".
—Nunca lo dijiste, pero sería muy buena idea ¿No? —sonrió, soñando con que eso pudiera hacerse realidad. Ella quería ver a su hijo casado, estaba educada a la vieja escuela y podía aceptar que su hijo tuviera una pareja del mismo sexo, pero no que no se uniera en matrimonio.
—Aún somos muy jóvenes —contratacó Yibo.
—Yo no tanto —admitió Xiao Zhan con una risita nerviosa, aún recuperándose de la tos. Su amado le extendió un vaso con agua para que bebiera. Xiao Zhan miró a la madre de su amado y le sonrió al ver que ella le sonreía con cariño. Terminó tomándole afecto muy pronto, y más con ese comentario porque sólo significaba una cosa: lo aceptaba. Al menos ella lo hacía.
—Pero… —murmuró de pronto Yibo, algo alarmado—… dijiste que te gustaría casarte hasta los treinta y cinco, y aún falta mucho para eso.
—Este año cumplo veintinueve. Estoy más cerca de los treinta de lo que parece —respondió. No quería decirle que de todas formas esos planes podían cambiar ¿Y si ahora quería casarse antes?
—De todas formas… —entristeció un poco—…no podríamos casarnos aunque quisiéramos.
—Vayan a Suiza —dijo su madre de la nada, sorprendiéndolos. Sí, ella ya había investigado bastante. Los dos la miraron sin creerlo del todo—. Ahí podrían hacerlo. También en Grecia ¡Oh, oh! ¡Vayan a Italia! Sería muy romántico
—Mamá… creo que estás yendo muy rápido —miró a su novio—. No hemos hablado de eso y… —frunció el ceño—… ¡Sólo tengo veintidós! No me quiero casar.
Xiao Zhan se echó a reír, había olvidado ese pequeño detalle. Negó suavemente con la cabeza y sonrió. Ya llegaría el día en que su amado se sintiera listo, no había ninguna prisa, y él vaya que sabía esperar.
Decidieron zanjar el tema por el momento, pero la señora Wang quedó más que satisfecha al ver las reacciones y expresiones de su futuro yerno, sí, estaba muy segura de que sería su yerno, y la verdad le encantaba.
A partir de ahí se sumergieron en temas que a Yibo le aburrían en extremo, trataba de disimularlo por amor a ellos, pero comenzó a quedarse dormido entre tanta charla sobre cosas del hogar, recetas y más cosas que Yibo no entendía ni quería entender. Lo único que entendió y que lo hizo sumamente feliz, fue el hecho de ver la buena relación que comenzaron a entablar su novio y su madre. Agradecía al cielo que todo se diera de forma tan sencilla, pues su madre no se abría tan fácilmente a la gente, pero al verla interactuar así con Xiao Zhan, supo que definitivamente él era el indicado, no había duda alguna.
—Mi madre y usted se llevarían muy bien —dijo Xiao Zhan de repente, logrando que toda pizca de sueño desapareciera de su novio. Sí, Yibo había pensado lo mismo.
—¿Tú crees? —sonrió.
—Tienen muchos gustos en común.
—¿Ella es quien te enseñó todo lo que sabes sobre el hogar?
—En realidad fueron los dos, mis padres me enseñaron desde que era niño, siempre buscaron que fuera una persona autosuficiente.
—Vaya —se sintió admirada—. Me encantaría poder conocerlos algún día, parecen ser personas maravillosas.
Xiao Zhan asintió con una linda sonrisa.
Cuando terminaron de desayunar, se fueron a reposar el desayuno a la sala, Yibo comenzaba a sentir un poco adolorida su pierna, así que la subió al sillón y recargó su espalda en el costado de Xiao Zhan, quien estaba sentado a su lado.
—¿Estás cómodo así? ¿No prefieres ir a tu cama? —preguntó el mayor con suavidad.
—Estoy bien —suspiró con comodidad al sentirlo cerca.
La señora Wang observaba todo y no podía más que estar encantada con ambos. Tristemente su felicidad duró poco al recordar el riesgo de esa relación. Sólo esperaba que todo saliera bien.
—¿Y papá? —preguntó Yibo al fin, había querido preguntarle desde que llegó.
—Trabajando, tú sabes lo dedicado que es a su empresa. También ha estado cuidando del abuelo.
—Lo sé.
—Quiso venir, pero tenía unos asuntos importantes por atender.
—Lo sé —sonrió, su madre suspiró.
—En serio quería venir.
—Está bien, lo entiendo. Salúdalo de mi parte cuando lo veas.
—Me pidió que te dijera que te recuperaras pronto, y que no fueras tan "alocado" con la tabla con ruedas.
—¿Así dijo? —rio. Se echó a reír con más ganas cuando su madre asintió—. Me hubiera gustado verlo —suspiró.
Ella le sonrió con algo de tristeza.
—Ven a casa pronto. Él también te extraña.
—Lo haré, lo prometo.
Más tarde, la señora Wang quiso empezar a desempacar, pero se encontró en medio de un dilema: ¿Se quedaría en la habitación para invitados o no? ¿Xiao Zhan estaría durmiendo ahí?
Sabía que sólo había tres recámaras: la de su hijo, la de los LEGO, y la de huéspedes. Y estaba muy segura de que Zhan Zhan no dormía en ninguna de las últimos dos. Yibo notó la expresión pensativa de su progenitora y casi pudo leer sus pensamientos.
—Ella sabe que dormimos juntos —murmuró Yibo en el oído de su novio, éste se tensó mucho—. Tranquilo, está de acuerdo con eso, ya lo aprobó.
—¿Te dijo eso?
—Vio las marcas de tu cuello.
—Oh… —se sonrojó hasta las orejas y se llevó una mano al cuello antes de golpearlo una vez más por dejar tal evidencia en su cuerpo.
—Má… ¿Cuánto tiempo estarás aquí?
—¿Ya me estás corriendo?
—Sabes que no —le sonrió con esa dulzura que sólo le había visto dirigida hacia él.
Ella sonrió y le apretó las mejillas antes de besar su frente.
—Estaré aquí hasta que te recuperes ¿Estás de acuerdo?
—Entonces déjame romperme una pierna.
—¡Yibo!
—¡Yibo!
Exclamaron los dos en completo desacuerdo.
El aludido soltó una risita entre dientes mientras los miraba alternadamente.
—Ya hasta me regañan igual —tomó sus muletas y comenzó a andar por el pasillo hacia la recámara de invitados—. Te quedarás en el cuarto de invitados, porque Xiao Zhan está durmiendo conmigo —dijo sin pena ni recato. La señora rio al ver cómo el otro se sonrojaba tiernamente y se cubría el rostro con una mano.
—Ya no lo canses tanto, el pobre regresará a casa exhausto de tanto cuidarte.
—Para nada —dijo de inmediato Xiao Zhan.
—Ya has hecho tanto por mi hijo, lamento el hecho de que algunas veces pudiese ser una carga.
—Nunca lo fue —dijo sinceramente.
—No lo soy, mamá —dijo, como si fuera lo más obvio del mundo, sin embargo, muy dentro de sí sentía que podría llegar a ser una carga para su novio.
—No me molesta cuidar de él, Yibo ha hecho lo mismo por mí innumerables veces, más que yo —admitió—. Para mí es un placer poder estar con él incluso en estos momentos.
—Ya lo estoy notando, y te lo agradezco de todo corazón —caminó hacia él y apretó también sus mejillas—. Pero imagino que debes tener mucho trabajo pendiente esperando por ti.
Eso era verdad.
Xiao Zhan y Wang Yibo se miraron entre sí. Hasta ese momento, Yibo no se había detenido a pensar en eso.
—Disculpa si me tomo tantas confianzas como esta —dijo, refiriéndose al apretón de mejillas—. Pero es que Yibo me ha contado tanto sobre ti, que siento que ya te conozco. Espero que no te moleste.
—En lo absoluto —sonrió e inclinó ligeramente su cabeza hacia ella.
—¡Eres adorable! —volvió a apretar sus mejillas—. Hijo, tienes muy buen gusto.
—Por supuesto que sí —respondió sin vergüenza alguna. Xiao Zhan amó eso más de lo que imaginó.
—¿Qué haces? —preguntó Xiao Zhan al ver que su novio se levantaba de la cama con dificultad, inmediatamente lo ayudó.
—Ya me cansé de estar acostado.
—Llevas en cama sólo unas horas, deberías reposar más.
—Ya estoy harto —espetó, tomando sus muletas e ignorando a su novio.
—Hey —lo detuvo—. Debes descansar.
—También debo caminar un poco, aunque sea muy despacio y con las muletas.
Tenía razón.
—Déjame darte un tour por mi departamento, no te lo he podido enseñar apropiadamente ¿Vamos?
Xiao Zhan suspiró.
—Vamos —terminó aceptando.
Con la ayuda de su novio, Yibo le mostró cada rincón de ese espacioso y luminoso departamento. Xiao Zhan seguía maravillado con el inmenso armario que tenía, con su bella cocina (la cual estaba como nueva debido a lo poco que la usaba) y con ese cuarto prohibido que se moría por visitar. Wen Pei sólo había logrado crearle una inmensa curiosidad.
—¿Podemos ver ese cuarto? —preguntó Xiao Zhan, al ver que ya lo había llevado a ver todo, menos la habitación "prohibida".
—Claro. Guardé lo mejor para el final —un brillo especial apareció en sus ojos.
Xiao Zhan sintió la emoción a flor de piel ¡¿Qué guardaba en ese cuarto?!
Cuando abrió la puerta y encendió la luz… casi se va de espaldas.
—¡Wow!
Había montones de LEGO por todas partes, todos armados y bien acomodados en su sitio, sin embargo, el cuarto estaba repleto del piso al techo. No había espacio para uno más.
—¡Esto es increíble! ¿Por qué Wen Pei me dijo que era un cuarto prohibido?
—¿Te dijo eso? —rio.
—Sí, imaginé que esconderías algo vergonzoso aquí.
—Eso lo guardo en otra parte —pensó—. Está prohibido para él porque siempre quiere tocar todo lo que ve, no lo dejo tocar mis LEGO.
Cuando dijo eso último, Xiao Zhan tenía en sus manos un modelo a escala del Millennium Falcon.
—Oh… lo siento —lo dejó de nuevo donde estaba, pues él también tocaba siempre todo lo que veía.
Yibo sonrió y usó sus muletas para acercarse a él lentamente, cuando lo tuvo en frente, tomó el modelo a escala y lo puso en manos de su novio.
—Tú puedes tocar lo que quieras.
Xiao Zhan se quedó con la boca abierta, para cualquiera podría significar nada, pero él sabía lo mucho que valían esos LEGO para su novio, valían para él más que su propio hogar. Así que se sintió bastante privilegiado.
—Gracias… —no supo qué más decir—… Di Di.
—¿Si?
—¿Podemos armar uno algún día?
Los ojos de Wang Yibo brillaron como dos estrellas.
—¡Por supuesto que sí! —se emocionó, luego recordó que no tenía ninguno nuevo y entristeció—. Tengo que ir a comprar más.
Xiao Zhan rio.
—¿Estás seguro de que no los tienes todos ya? —miró a su alrededor, había más LEGO que oxígeno en ese cuarto.
—Quizás estés pensando que es un poco extremista —se avergonzó—. Pero… —fue interrumpido.
—No digas eso, es tu pasatiempo y nadie tiene por qué juzgarlo, ni siquiera yo —le sonrió con cariño—. Además, yo también tengo una habitación prohibida en mi casa.
—¿Ah, sí? ¿De qué es? —preguntó con verdadero interés.
—No te lo diré, lo verás cuando vayas —rio al recibir un golpe en el brazo.
—Ven —lo llevó hasta la mesa que tenía exclusivamente para armar sus LEGO—. Tengo este empezado ¿Quieres que lo armemos juntos?
—¿Es el castillo de Disney? —se emocionó.
—Oh sí.
Como dos niños pequeños, pasaron el resto de la tarde en ese cuarto, escuchando música y armando LEGO. La señora Wang se encargó de llevarles bocadillos y de arrastrarlos a la mesa cuando llegó la hora de la cena. No pudieron irse a dormir hasta que terminaron de armar ese bello castillo. Xiao Zhan no perdió la oportunidad para tomarle fotos a su novio sin que se diera cuenta, concentrado armando LEGO. También tomó fotos de ambos con el castillo finalizado, pasaba de media noche y la madre de Yibo ya había ido un par de veces a regañarlos para que se fueran a dormir. Xiao Zhan se avergonzó un poco y convenció a su amado de irse a dormir, pues estaba tan enérgico que quería desarmar un modelo ya hecho sólo para volverlo a armar junto con él, si lo hacían, les amanecería ahí.
Los dos se fueron a la cama, ahora sí, vistiendo un pijama más o menos decente y procurando no hacer cosas indecentes durante la noche. Pero eso sí, Yibo no resistió y buscó a su novio por debajo de las sábana, se acurrucó todo lo que su pierna le permitió y soltó un pesado suspiro lleno de satisfacción. Era su momento preferido del día: acostarse junto a su novio, respirar su aroma y sentir su calor.
Xiao Zhan sonrió al sentir su cercanía, al percibir cómo acomodaba la cabeza en el hueco entre su hombro y cuello, pegando la nariz a su piel y aspirando con fuerza.
—Hueles bien —suspiró.
—No huelo a nada.
—Hueles a…ti.
Xiao Zhan rio y se giró de costado para tenerlo de frente.
—¿No te duele la pierna en esa posición? —murmuró bajito, preocupado.
—No —respondió en el mismo tono íntimo y suave.
—¿En qué tanto piensas? —preguntó al notar su expresión pensativa.
—En tu trabajo. No quiero que te afecte el hecho de estar aquí, conmigo.
—Para empezar, que esté contigo no me causará ningún problema.
—Recuerda que te vieron en el hospital.
Xiao Zhan suspiró, sí, no olvidaba que hubo personas quienes lo reconocieron, tomaron fotos de él y las subieron a la red, creando un nuevo escándalo del cual casi no se preocuparon.
—No me importa —respondió con seguridad—. Ya no estoy en la misma agencia que antes —sonrió—. Y sobre el trabajo no tienes que preocuparte, Na Ying Jie me está cubriendo.
—¿Cuánto tiempo más podrás quedarte?
—Quisiera no irme de aquí —suspiró y frunció las cejas en una clara expresión de angustia.
—El simple hecho de que hayas venido ya me hace muy feliz —admitió con una linda sonrisa, importándole poco sonar tan cursi.
Xiao Zhan le respondió con una sincera sonrisa, antes de darle un suave beso inesperado en los labios, fue apenas un roce, pero eso aceleró el corazón de ambos.
—Tengo que regresar a Beijing en un par de días.
—Bueno… habrá que aprovechar bien este tiempo—deslizó sus manos traviesamente por debajo de la sudadera que le había prestado a su novio.
—Yibo… —lo detuvo—. Tu madre está aquí.
—Pero no está en este cuarto, así que cállate.
Xiao Zhan frunció el ceño y detuvo nuevamente sus manos.
—Si continuas… —suspiró—…en serio, Wang Yibo, si continúas no podré controlarme —tomó ambas manos y las llevó a sus labios, besándolas con un cariño inmenso.
—No quiero que te controles.
—¿Qué parte de "Tu madre está en casa" no entiendes?
Yibo lo miró fijamente durante unos segundos, retándolo, pero terminó desistiendo.
—Bien… —soltó en un tono aburrido antes de volver a ocultar su cara en el cuello de su amado. Juguetón, hacía dibujos imaginarios en el pecho de Xiao Zhan con su dedo índice, por encima del pijama.
—Nos veremos pronto después de esto, sólo procura no autolesionarte para que nos veamos antes ¿De acuerdo?
—Tonto —se echó a reír antes de golpearlo.
Xiao Zhan deslizó su mano por el muslo lastimado de su novio, éste no traía pantalón porque decía tener calor, así que acarició directamente las vendas.
—¿Tomaste tu medicamento?
Yibo se quejó con mucha pereza.
—No.
Xiao Zhan lo castigó con una leve nalgada antes de ponerse de pie para ir a buscarlo.
—Está en la mesita de noche de tu lado, sólo abre el cajón.
El mayor obedeció, pero fue en ese momento cuando una alarma se activó en el interior de Yibo. ¡No! ¡No debía de abrir ese cajón por nada del mundo!
—¡Espera! —intentó detenerlo, pero fue muy tarde.
La expresión de Xiao Zhan se descompuso un poco al sacar de ahí una prenda interior negra.
—¿Por qué guardas esto aquí? —se quejó mientras lo tomaba con una mano—. ¡¿Está usado?! —estuvo a punto de lanzarlo, pero Yibo se apresuró a negar eso.
—¡No, no, no! No lo está —se incorporó hasta quedar completamente sentado, había empezado a sudar frío, pero… no lo había notado, Xiao Zhan no se había dado cuenta de que era suyo.
O eso creyó.
—Oye… —miró el calzón en su mano—…este es mío —frunció el ceño—… lo perdí hace meses.
—Fue el que me prestaste.
—No, no lo es —dijo, muy seguro.
—Xiao Zhan… —palideció.
—¿Robaste mi ropa interior?
—Sí.
—¡¿Robaste mi ropa interior?! —repitió, sorprendido por el hecho de que no lo negara.
—Ya te dije que sí —se sonrojó.
—Eres… —rio—…estás loco.
Yibo se encogió de hombros.
—Un poco.
—Bastante. ¿Desde cuándo lo tienes?
—Desde que conocí tu armario.
—¿El día en que olías mi ropa? Me pareció extraño, pero no le di tanta importancia.
—¿¡Qué!? —casi se asfixió, los colores aumentaron en su rostro.
Xiao Zhan rio.
—¿No te diste cuenta de que te estaba viendo? Pensé que lo hacías deliberadamente.
—No… —se cubrió el rostro con una mano, totalmente avergonzado.
—Yibo… —su tono de reproche fue interrumpido.
—Entiéndelo, fuiste mi ídolo por mucho tiempo.
—¿Fui? —alzó una ceja, fingiendo estar ofendido.
—Ahora eres mi novio —arrastró una sonrisa matadora que hizo estremecer a Xiao Zhan.
Cuando se recuperó de ello, dijo:
—Bueno, pero tienes que admitir que es algo psicópata de tu parte.
—Lo sé, lo siento —suspiró y se rascó la nuca, luego lo miró—. ¿Tengo que devolvértelo?
—¡Wang Yibo!
—Bien —rodó los ojos—. Tómalo de vuelta.
Xiao Zhan rio incrédulo, suspiró y lo devolvió al cajón mientras negaba suavemente con la cabeza.
—Quédatelo.
El menor se emocionó.
—Pero entonces yo me voy a quedar con esto —señaló la sudadera que le había prestado, era un par de tallas más grande, así que le quedaba muy larga y holgada—. Nunca te la devolveré.
—Te queda adorable, ahora es tuya.
De acuerdo, Xiao Zhan no se esperó eso, él quería pelear un poco con Yibo, no creyó que le siguiera la corriente.
—El rosa te va muy bien —lo elogió.
—¿Tú crees? —se sonrojó tiernamente.
—Combina con tu cara sonrojada —se burló. Xiao Zhan sólo rodó los ojos, pero el enojo momentáneo se esfumó cuando sintió el delicioso aroma que emanaba de esa prenda.
—Huele bastante a ti.
Era normal, Yibo siempre la usaba cuando estaba en casa, era su sudadera favorita para holgazanear.
—Úsala todo el tiempo —pidió, mirándolo con una linda sonrisa—. Así olerás a mí.
Xiao Zhan rio, su amado era tan posesivo… bueno, a quién engañaba, él también lo era.
El tiempo que les restó juntos, lo aprovecharon al máximo, claro, con su madre ahí presente no pudieron tener otra noche como la anterior, pero se disfrutaron todo lo posible. Se permitieron ser algo cariñosos incluso frente a la señora, aunque más bien era Yibo quien buscaba cariños por parte de su novio, Xiao Zhan sólo se tensaba y se avergonzaba mucho al descubrir la mirada traviesa que les dirigía ella.
Esos dos días más al lado de Yibo bastaron para ver cómo mejoró con rapidez, para cuando se despidieron, el menor ya podía caminar sin muletas, pero aún estaba algo adolorido.
Necio, Wang Yibo se salió con la suya y acompañó a su novio y a Mao, quien había regresado de sus pequeñas vacaciones en esa su ciudad natal y volvía a sus responsabilidades de guardaespaldas. La señora Wang fue con ellos para después traerse de vuelta a su hijo. El corazón de la mujer se estrujó en su pecho cuando vio la tristeza con la que se despedían los dos, conteniendo sus ganas de demostrarse todo ese afecto en público. Ambos usaban cubrebocas y gafas, tratando de pasar por completo desapercibidos.
—Por favor, cuídate —le pidió Xiao Zhan, manteniendo cierta distancia entre ambos. Le dolía no poder abrazarlo y besarlo una vez más. Ya se habían despedido en casa, en la recámara de Yibo y lejos de la mirada de cualquier curioso.
En ese momento Xiao Zhan portaba una camiseta de cuello largo debido a que el travieso de su novio lo había vuelto a morder durante su despedida.
—Una marca para el camino —le había dicho con burla. Xiao Zhan se enojó, lo tomó en brazos con una facilidad increíble y lo lanzó al colchón con la suficiente fuerza como para hacerlo rebotar un poco, pero no tanta como para lastimarlo. Se le echó encima y empezó a molestarlo, listo para dejarle una marca igual o peor, pero en ese momento la señora Wang tocó a la puerta, diciéndoles que Mao ya había llegado por Xiao Zhan.
—Pórtate bien, pastelito, obedece a tu madre.
Yibo sonrió.
—Tengo que encontrarte un apodo, aún no lo hago.
—Ya lo hiciste —aseguró.
—Claro que no.
—Dile a Wen Pei que te muestre el video.
—¿Video? ¿Qué video?
Xiao Zhan rio.
—Sólo dile eso —se le acercó lo suficiente como para poner una mano sobre su hombro, acariciándolo muy sutilmente—. Me tengo que ir ya.
—Vete —suspiró.
—Te quiero —le dijo de pronto, logrando avergonzarlo.
—Te quiero, idiota.
El mayor rio mientras fruncía el ceño.
—Eres terrible.
Yibo le sonrió de lado y le guiñó un ojo.
—Llámame cuando llegues.
Entre tantos suspiros y miradas tristes, terminaron despidiéndose. La señora Wang miró cómo su hijo no apartó los ojos de Xiao Zhan sino hasta que desapareció por el túnel rumbo al avión.
—Vamos, hijo, volvamos a casa —enroscó su brazo alrededor del de Yibo y éste asintió, comenzando a caminar lentamente, con las manos en el bolsillo de su sudadera.
Cuando regresaron al departamento, Yibo miró todo a su alrededor y soltó un suspiro tan pesado que su madre se preocupó por él.
—Te prepararé tus fideos favoritos —le dijo, acariciando su pancita con cariño.
—Gracias mamá —se inclinó y besó su frente. Sabía que esa era su forma de levantarle los ánimos, pero sinceramente nada podía hacerlo en ese momento. Cada vez las despedidas eran más difíciles y dolorosas. No había pasado ni una hora de su separación y ya quería correr tras él. ¿Y si ahora se lesionaba otra parte del cuerpo? ¿Lo haría volver?
Rio ante sus propios pensamientos.
Más tarde, mientras los dos comían juntos en la mesa, Yibo soltó de pronto lo que traía en mente desde hace tiempo.
—Mamá.
—¿Sí? —sonrió.
—Me quiero mudar a Beijing.
La sonrisa de la señora Wang se ensanchó incluso más.
Continuará…
Mamita suegra lo acepta, lo quiere y además lo shipea con su hijo ¿Qué más pueden pedir? Están en la gloria (Por ahora).
Dato: el matrimonio igualitario no es legal en Suiza, Grecia y tampoco en Italia. pero la unión civil sí. La unión civil es lo mismo que el matrimonio, pero con otra denominación. Supongamos que en este fic sí es legal el MATRIMONIO jaja.
20/03/2020
11:30 p.m.
