Meiko
Se supone que iba a hablar de un asunto muy serio con Meiko, de ese sentimiento tan extraño que he experimentado por Miku desde hace unos meses; deberíamos estar hablando sobre mi sexualidad, porque a veces no estoy segura si me gusta mi mejor amiga, si solo la aprecio mucho o cualquier otra posibilidad. Ese era el propósito original de la charla, tratar de orientarme en algo tan importante. En cambio, la que se hace llamar mi amiga de la infancia ha pasado la última media hora riéndose del incidente del camerino. ¿Por qué se lo conté?
—¿No pudiste ser más directa? —logra decir con un gran desfuerzo. Parece que llegó al punto en que las carcajadas le hacen llorar—. ¡Eres increíble, Megurine!
—…
—¿Cómo se te ocurre hacer semejante cosa?
—¡Me estaba mirando! ¡Desde que nos conocimos ha estado mirando mis pechos!
—Y creíste que ofrecerle tocarlos iba a ayudar.
—Salió corriendo del camerino.
—No la culpo, fuiste muy ruda.
Esto no me lleva a nada, solo le damos vueltas a lo mismo. ¡Meiko, por favor! Deja de burlarte de mí y mejor ayúdame a aclarar mis sentimientos. Desde antes de las vacaciones de Año Nuevo me siento confundida, perdida, temerosa…
—¿Querías que lo hiciera? —pregunta de pronto.
—¿Eh?
—¿Querías que Miku tocara tus grandes pechos? —canturreó la pregunta haciendo un énfasis especial en "grandes". Por todo el atún de Japón, no son tan grandes— ¿Verdad?
¿A que quería llegar con esa pregunta? Me sorprende que diga eso tan espontanea, despreocupada, hasta descarada, pero es Meiko y ya estoy acostumbrada a ese comportamiento tan rudo. Pensándolo bien, esa pregunta es muy interesante. ¿Por qué le ofrecí tocar mis pechos? No me molesta en absoluto que los vea, su mirada no es pervertida como las que me dirigían los idiotas de mis compañeros; no, ella lo hace con curiosidad, intriga, tal vez algo de envidia, así que no lo hice para que dejara de mirarme. En un principio lo vi como una forma de fastidiarla, no buscando presumir mi copa, sino retándola a hacer algo que no podría o que le costaría mucho. Pero cuando extendió su mano temblorosa hacia mí, sus dedos se acercaron a mi cuerpo, en verdad ansiaba que me tocara. En ese momento quería que sus manos recorrieran mi pecho y aún más, hacer lo mismo y explorar su cuerpo con el tacto de mis manos, sentir su piel junto a la mía. No dejar las cosas en un abrazo como siempre, sino llegar a un momento más íntimo solo para nosotras dos, unirnos por algo más que la amistad, llevar el cariño que nos tenemos a otro nivel. Quiero estar con ella, a su lado, y apoyarla en todo lo que haga, no solo en el grupo VOCALOID, no, quiero estar a su lado en todo momento, compartir con ella los momentos más importantes de su vida y de la mía, quiero cuidarla, reír, divertirme y hasta llorar con ella.
—Tú estás enamorada de Miku, no tengo duda.
—¿Eh? ¿Dije todo en voz alta?
—No sé qué tanto pensaste —dice con naturalidad, como si no hubiera escuchado nada—, murmuraste algo sobre explorar su cuerpo y todo lo demás lo dijiste muy claro.
—… —¿qué puedo decir en un momento como este? Meiko ha dado en el clavo, dijo aquellas palabras que no me atreví a decirme a pesar de estar muy consiente de mi realidad, ¿por qué lo negaba? Siempre he estado segura de lo que Miku me provocaba pero nunca lo llamé amor, lo negué, tenía miedo al rechazo no solo de ella, sino de todos a mi alrededor. ¿Acaso quería que alguien más lo dijera? Sí, para no sentirme juzgada, sentir seguridad y la aceptación de mis amigos—. Sí… lo estoy. Estoy enamorada de Miku.
Guarda silencio. Sus ojos agresivos se mantienen fijos en mí, tan desafiantes como siempre. No escucho nada más que mi respiración, agitada y temblorosa, insegura, vulnerable. Meiko da mucho miedo cuando se queda callada y lo que ocurre después no es nada agradable. Hace un mes, un fotógrafo la hizo enojar y sigue en el hospital. Alguien sáqueme de aquí.
—¡Ya era hora de que lo aceptaras, Megurine! —grita feliz, sonríe de oreja a oreja mientras corre hacia el pequeño refrigerador que tiene a un lado de la cama y saca dos latas de cerveza —¡Brindemos por eso y planeemos el siguiente paso!
—¿No vas a decir nada más? —no salgo de mi asombro. ¡Lo tomó como la cosa más normal del mundo!—. ¿Qué es raro, prohibido, al menos una mirada perpleja?
—Un brindis ya es algo, ¿no? —abre ambas latas. El gas comprimido en la lata salta hasta mi rostro, refrescando mi frente colorada—. Solo es amor, Luka. Las personas se enamoran a diario —me ofrece una lata que tomo con delicadeza—, ¿qué tiene de raro? La única aquí que debe aceptarlo eres tú.
—Tienes razón —miro la lata, luego a Meiko. Ahí está esa expresión de apoyo, de cariño, la misma sonrisa que me dirigió cuando nos conocimos en el parque, cuando le dije que iría a Inglaterra por tres años, cuando me invitó al club de canto—. No es nada de otro mundo, solo se trata de amor ¡y estoy enamorada de Hatsune Miku!
