Capítulo 36: "Bienvenido"

Al separarse de nuevo, volvieron cada uno a sus rutinas, sintiendo la necesidad de estar juntos de nuevo desde el momento en que se separaron. Ya no podían seguir así y Yibo terminó tomando cartas en el asunto. Sabía que su amado no se podía mover de Beijing por causa de su trabajo, pero en cambio él… vivía en Shanghái, pero tenía que volar constantemente a Beijing por cuestiones de trabajo. Eso era ilógico, sin mencionar que el amor de su vida residía ahí también.

Entonces no lo pensó más: se mudaría a Beijing.

Su madre fue la primera en saberlo y en apoyarlo completamente. A partir de ese día comenzó a indagar en bienes raíces, buscó opciones que estuvieran en un radio de no más de un kilómetro de distancia del departamento de Xiao Zhan. No le importaba qué fuera, podría ser casa, departamento, loft, lo que fuese mientras estuviese cerca.

Pocos días después de comenzar su búsqueda, recibió un mensaje de su querido manager, le había dicho sobre su decisión de mudarse y él estuvo más feliz que nadie, pues él vivía originalmente en Beijing, así no tendría que viajar tanto.

—No sé por qué no tomaste esta decisión desde antes —le dijo por videollamada.

—Yo tampoco —rio.

—Mira, te acabo de mandar una opción a tu correo, ahí encontrarás toda la información necesaria.

—Espera… ¿Sólo una opción? ¿No había más?

—Sí, había más. Pero te aseguro que es la mejor. Hay un cuarto perfecto para tus LEGOS, dos para visitas y la recámara principal es bastante espaciosa como para dos personas. Los pisos son perfectos para que viva también un gato ahí.

—No tengo gato.

—Pero Xiao Zhan sí.

Las mejillas de Yibo se sonrojaron tiernamente.

—También le gustará a él.

—¿Es una casa o departamento?

—Abre el correo y léelo, sé que te gustará. Y si es así avísame lo antes posible, pues ya muchos están interesados en ella. Es un sector muy privado y bastante solicitado, si no eliges este, no encontrarás otra opción en años.

—Bien, bien. Gracias, adiós —colgó la llamada y abrió con prisa el correo. Vio las imágenes y especificaciones de la casa.

No era una casa nueva, pero estaba en perfectas condiciones, era lo suficientemente amplia para que vivieran dos personas a sus anchas, era de dos pisos, con mucha iluminación, un pequeño jardín trasero y una linda fachada. Tenía una pinta bastante hogareña y muy estilo de los suburbios estadounidenses. Era una linda casita de película.

Era perfecta.

Sin siquiera ir a verla, llamó a Wen Pei y le dijo con mucha seguridad:

—Cómprala.

—Sabía que te gustaría. Ya fui a asegurarme de que las fotos no mintieran. Se ve incluso mejor que en las imágenes, te lo aseguro.

Con una gran sonrisa que Wen Pei no pudo ver, Yibo le agradeció.

Ahora sólo tenía que decirle a su novio que viviría a dos cuadras de su casa. ¿Cómo lo tomaría? Quizás sólo lograría incrementar las sospechas de Xiao Zhan de que era un acosador experto.

No le importó. Esa misma noche buscó a su amado para darle la gran noticia.

Hicieron videollamada mientras cenaban. Hablaron primero sobre su día de trabajo, Xiao Zhan le dijo algo que lo sorprendió un poco.

—Tengo que empezar a ir al gimnasio de nuevo.

—¿Por qué? —frunció el ceño—. ¿Te están exigiendo que vayas? —estaba preocupado por la posibilidad de que su agencia también le exigiera eso.

—No —rio—. Yo quiero ir.

—Zhan Zhan, no estás gordo.

—Lo sé, no es por eso. Necesito aumentar un poco mi masa muscular, estoy muy escuálido, no suelo ser así.

Yibo recordó las fotos viejas de su amado, esas de cuando estaba en la universidad y era un chico ligeramente fornido con mejillas regordetas. Adorable, simplemente adorable.

—No te esfuerces de más ¿Sigues tomando tus vitaminas?

—Todos los días. Ya estoy muy bien —aseguró—. Además… —se mordió el labio—. El director de la serie que estoy firmando me pidió que me esforzara un poco en ese aspecto. Voy a tener varias escenas en las que mostraré más de lo usual.

Yibo se atragantó un poco.

—¿Escena de desnudos? —abrió mucho sus ojos.

—No —rio—. No exactamente. Es la escena de la noche de bodas con… —fue interrumpido.

—¡¿Noche de bodas?! —dejó de comer, completamente sorprendido—. ¿Con quién?

—Con mi coprotagonista —aguantó su risa al ver esos celos.

—Xiao Zhan… —lo miró con el ceño fruncido—. No me habías dicho nada.

—Es que aún no estaba confirmada esa escena, hace unas horas me lo dijeron apenas —rio antes de dar un bocado más a su cena—. Salí temprano del trabajo y me mandaron con un nutriólogo. Mira esto —le mostró la lista que le dieron con una dieta muy variada y bastante deliciosa, aunque eso sí, le prohibieron casi por completo los carbohidratos.

—Oh… casi pura proteína —se asombró—. ¿Crees soportarla?

—Claro que no —rio. Recordó con tristeza la temporada en la que lo pusieron bajo una estricta y rigurosa dieta en la que comía menos de la mitad de lo usual. Había sido una tortura acoplarse a ella, recordaba cómo durante las noches se despertaba por culpa del hambre, soñaba con comida y casi lloraba por las restricciones que tenía. Pero sabía muy bien que era eso, o perder su incipiente carrera.

—Está bien, no te sobre esfuerces ¿De acuerdo?

—No lo haré —aseguró—. De todas formas no creo quedarme con hambre, es demasiado lo que debo comer, no me va a quedar espacio para las golosinas —rio.

Yibo lo notó feliz, así que no se preocupó tanto.

—¿Quieres que te ayude a practicar la noche de bodas? —preguntó con una sonrisilla, haciendo sus celos a un lado por el momento.

—No podemos practicarla a la distancia —murmuró bajito, mirando su plato.

—Pronto iré a verte.

Esas simples palabras bastaron para que Xiao Zhan alzara la mirada de inmediato.

—¿En serio?

—Sí, la próxima semana estaré en Beijing. Puedo ayudarte con algunas rutinas de ejercicio, si quieres.

—¡Por favor! Nunca he tenido dificultades al momento de ganar peso y masa muscular, pero… —rio—… hoy me dijeron que estaba demasiado flaco ¿puedes creerlo? Me dijeron "Flaco".

—Es que sí estás muy delgado —recordó su angosta cintura.

Xiao Zhan se sintió un poco avergonzado.

—Por eso cuando tuviste anemia pensé que se debía a alguna tonta dieta.

—No he hecho dieta en mucho tiempo —admitió con pesar, recordando esos horribles tiempos.

Si se había mantenido delgado era solamente por el intenso ejercicio que hacía para quemar grasa, ni siquiera tenía que salir de su casa para hacer esas rutinas. Pero ahora su objetivo era otro.

—Me encantaría que me ayudaras con esto.

—¿Y con la noche de bodas?

—En especial con eso —rio.

Yibo se vio más satisfecho.

—Xiao Zhan —dijo de pronto. Habían llegado a un punto en el que ambos estaban en silencio, terminando su cena y viendo al otro cenar, sonriendo al poder tenerse al menos frente a una pantalla.

—¿Hm? —puso total atención en él. Sabía que cuando lo llamaba tal cual por su nombre, era por algo importante.

—¿Qué dirías si… si yo te dijera que estaré viviendo en Beijing durante una temporada?

—¡Oh! ¿En serio? —se emocionó—. ¡Qué bien! ¿Cuánto tiempo estarás aquí? —dejó su cena de lado y lo miró con completa felicidad.

—Bueno… eso es lo que quería decirte —suspiró y luego le dedicó una preciosa sonrisa—. Acabo de comprar una casa. Viviré allá de ahora en adelante.

A Xiao Zhan casi se le cayó la mandíbula al piso al escucharlo decir eso.

—¿Te lo pidieron en la agencia?

—No. Quiero estar cerca de ti.

—Pero… pero… ¿Vas a dejar tu vida en Shanghái así como así?

—Mi vida está en Beijing, no tengo nada qué hacer aquí.

Xiao Zhan se quedó en blanco, impresionado y sin saber qué responder. Su corazón estaba lleno de sentimientos indescriptibles. Wang Yibo se estaba mudando de ciudad por él.

—Wow… —estaba tan feliz que no sabía cómo expresarlo. Una inmensa sonrisa no se borró de su rostro por largo rato.

Yibo siguió comiendo, feliz de ver su emoción.

—Podré molestarte noche y día.

—¿Es una amenaza?

—Prepárate.

Ambos se echaron a reír. Había un brillo muy especial en la mirada de Yibo.

—No puedo creerlo ¿Dónde vivirás?

—Aquí —le mandó la ubicación de su nueva casa. Xiao Zhan la abrió y el menor rio al ver su expresión incrédula.

—Wang Yibo… primero robas mi ropa interior, me seduces y ahora te mudas A DOS CUADRAS DE MI CASA —no podía creerlo—. ¿En serio vivirás aquí?

Yibo asintió con la cabeza.

—Ya la compré, el fin de semana se llevará a cabo la mudanza.

—Wow… —se llevó ambas manos a la cabeza. Su novio viviría a metros de él.

Las cosas no podían ir mejor.

—Ya necesito que sea fin de semana.

—Yo también —se peinó todo el cabello hacia atrás, eso hizo que Xiao Zhan se acercara a la pantalla y lo viera con detalle.

—Yibo ¿Tienes el cabello mojado?

—Me acabo de bañar.

—¡Sécatelo! No quiero que enfermes.

—Más tarde lo haré —chasqueó la lengua.

—Si ya estuvieras aquí, iría a tu casa a secarte el cabello —sonrió como tonto.

La semana les pareció eterna a los dos, se morían de ganas porque fuera ya fin de semana. Cuando el día llegó, Xiao Zhan se preparó, emocionado. Se arregló lo necesario, asegurándose de que su apariencia le gustara a su novio; salió de casa y pasó en auto por el nuevo hogar de su novio, vio que el camión de mudanza ya había llegado y ya estaban desempacando las cosas. Sin embargo, no se detuvo ahí, pues Yibo llegaría hasta dentro de un par de horas más tarde.

Xiao Zhan se había ofrecido a pasar por él al aeropuerto, pero Yibo se negó rotundamente, diciéndole que era un riesgo, pues era capaz de besarlo en medio de toda la gente.

Así fue como el mayor terminó armando un plan para recibirlo en casa ese día. Fue a su florería favorita y pidió un delicado y elegante ramo de enormes girasoles. Los girasoles eran unas flores especiales, para él significaban muchas cosas, y todas ellas las relacionaba con Wang Yibo. Para él, los girasoles irradiaban vida, estabilidad y una belleza codiciada y al mismo tiempo incomprendida. Era una flor tan maravillosa y llena de calidez. Antes no llamaban mucho su atención, hasta que conoció a Wang Yibo, hasta que lo vio un día vistiendo de amarillo y no pudo evitar pensar en girasoles.

Pasó también por un pequeño y elegante pastel de muchos tipos de chocolate que había mandado a hacer, en él había una tarjeta de chocolate que decía: "Bienvenido a casa".

Cuando llegó a la nueva casa de Yibo, notó que los de la mudanza habían terminado y habían dejado la llave bajo el tapete de la entrada, tal como Wang Yibo les pidió. Así Xiao Zhan pudo entrar sin dificultad alguna.

No pasó mucho tiempo antes de que un mensaje llegara a su teléfono. Wang Yibo ya había llegado a la ciudad.

—Zhan Zhan ¿No estás en casa?

—Ven a tu casa.

—¿Estás ahí?

—Sólo ven.

Emocionado, Yibo se echó su maleta al hombro, se subió a su patineta y recorrió esas dos cuadras en tan sólo minutos.

Cuando llegó frente a su nueva casa, sonrió como tonto al ver luces encendidas dentro. Corrió a su interior y buscó con frenesí a su novio, lo encontró cuando entró a la sala, aún desordenada y llena de muebles por doquier.

Ahí estaba Xiao Zhan, con su porte atractivo, parado junto a la mesita del centro y sosteniendo un precioso ramo de girasoles.

Yibo lo miró con la boca abierta.

—Bienvenido a casa —le dedicó esa cálida sonrisa tan característica en él.

—Xiao… Xiao Zhan —dejó caer su patineta al suelo, junto con su maleta antes de caminar hacia él, no podía borrar esa sonrisa boba de su rostro—. ¿Qué es esto?

—Son para ti —le extendió el ramo. Asombrado, Yibo lo tomó en sus manos como si aún no pudiera creerlo. ¿Xiao Zhan le estaba regalando un ramo de flores?

Había recibido cientos de ellos a lo largo de su vida, pero nunca uno tan hermoso y significativo. Nunca se había sentido así por un simple ramo, y vaya que ya había perdido la cuenta de los que había recibido.

Se dijo mentalmente que no diría estupideces, pero su boca fue más rápida que su cerebro.

—Son hermosas —las sostuvo como si fueran sumamente delicadas. El ramo pesaba bastante. Sus ojos brillaban como pocas veces, incrédulo aún. Miró a su novio y le sonrió como un verdadero tonto enamorado.

Las mejillas de Xiao Zhan estaban algo sonrojadas, sus ojos expresaban el mismo amor y admiración de siempre hacia Yibo.

—¿En serio me estás regalando un ramo? —estaba avergonzado.

—¿Muy cursi? —se rascó la nuca, apenado por su atrevimiento—. Lo siento, no era mi intención. Es que por alguna razón esta flor me recuerda mucho a ti, y estaba tan feliz porque vinieras a vivir aquí que quise darte algo, no se me ocurrió algo mejor que esto. Sé que recibes flores muy seguido, incluso flores más hermosas y finas, pero… —fue silenciado por los labios de Wang Yibo sobre los suyos.

—Me encantan —dijo simplemente al separarse del beso. No pudo decirle que era el ramo más precioso que había recibido jamás, le daba un poco de pena ser tan cursi.

Sonriendo como bobo, Xiao Zhan asintió y le mostró también el pastel que había traído consigo. Yibo se emocionó tanto que pasó a segundo plano el hecho de que su casa estuviera completamente desorganizada, dejó las cosas como estaban y disfrutó de ese pastel junto con su amado, quien traía algo más consigo.

—¿Y eso? —señaló una botella y dos copas.

—Es para celebrar.

—¿Vas a beber? —esbozó una sonrisita traviesa mientras devoraba su pastel.

—La ocasión lo merece ¿Me haces el honor? —le extendió la botella de champagne.

—Compraste una muy buena —se emocionó y la abrió con toda la intención de hacer un pequeño desastre bañándolos a ambos con el líquido.

Xiao Zhan se echó a reír.

—¿Dejaste algo en la botella para beber? —se quejó, quitándose el exceso de bebida de encima.

Yibo no dijo nada, dejó la botella sobre la mesita y se echó encima de su novio, atacando su cuello para degustar las gotas que resbalaban por su piel.

—¡Yibo! —lo regañó un poco, aunque no duró mucho, pues terminó cediendo.

—Sabes bien —murmuró contra su piel. Xiao Zhan se dejó hacer, hasta que resbaló, Yibo cayó sobre él y la botella se derramó más sobre ellos. A este paso no les quedaría nada para verter en sus copas.

—Yibo… —intentó detenerlo, pero esos labios sobre su cuello no lo dejaban pensar con coherencia.

—Te extrañé mucho.

—Yo también, pero… ah ¡Yibo! —se alarmó cuando sintió que puso una mano entre sus piernas, sin vergüenza ni recato alguno.

—No me digas que no quieres —rio, separándose de él y viéndolo a los ojos—. Oh… ¿Estás bien? —preguntó al verlo tan sonrojado—. ¿Qué sucede? —no entendía por qué de pronto se avergonzaba.

—Yibo… ¿Vamos a hacerlo completo esta vez?

El menor se sorprendió, más que nada al notar que su amado no se veía muy emocionado por ello.

—Si no lo deseas así, está bien, no lo haremos completo.

—¿Me dejarás ir arriba? —preguntó con tacto.

—No.

—Entonces no.

—¡Zhan Zhan! —se quejó.

—No.

Nervioso, Yibo empezó a reírse.

—Bueno, podemos hacer lo mismo que la última vez ¿Te parece?

Xiao Zhan se emocionó de sólo recordarlo.

—Bien, pero brindemos primero —tomó las dos copas y sirvió lo poco que quedaba dentro de la botella.

—¿Por qué quieres brindar? —preguntó Yibo con una linda sonrisa.

—Brindemos porque estaremos más juntos que nunca.

—Porque estaremos más juntos que nunca —alzó su copa y la chocó suavemente con la de su novio, pero antes de beber, añadió—: por el día en que Zhan Zhan me deje ser el top en la cama.

Lo dijo con tal seriedad que Xiao Zhan escupió lo que había alcanzado a beber de champagne. Aún tosiendo, le pegó a Yibo repetidas veces.

—¡¿Qué clase de brindis es ese?! —tosió y lo volvió a golpear.

—¡Déjame! Es mi deseo.

El pobre de Xiao Zhan siguió tosiendo. Ya se había ahogado una vez con el asunto de casarse, y ahora le salía con eso. Si seguía así, uno de estos días terminaría ahogado de verdad.

Vio cómo Yibo no dejaba de reír y de verlo con una expresión coqueta y peligrosa. Sentía que si no se cuidaba, terminaría cediendo ante ese hombre.

Terminaron su copa, sentados en el piso de la sala, aún polvoso y desordenado, lo único acomodado era esa mesita.

Yibo de pronto se puso de pie, se limpió el polvo del trasero y ayudó a su novio a levantarse también.

—Vamos a tu departamento.

Xiao Zhan alzó una ceja y puso ambas manos sobre sus caderas.

—¿Ah sí?

—¿Me dejas quedarme contigo unos días? Al menos en lo que organizo este lugar.

El mayor soltó una risita y asintió con mucho cariño.

—Ya tengo todo listo en casa para que te quedes.

—¿En serio? —sus ojos brillaron.

—Claro que sí, vamos —tomó lo que restaba del pastel y las copas. Yibo tomó su ramo y la botella.

Esa noche desquitaron el poco tiempo que estuvieron separados, aunque había sido corto, para ellos fue una eternidad. Al llegar a casa de Xiao Zhan, Yibo se sintió como en su propia casa, se tomó confianzas que nadie más tenía en ese lugar además del propietario. Fue a la cocina y buscó un recipiente en el cual poner sus hermosas flores en agua. Estaba encantado con ellas, si pudiera, las inmortalizaría.

—Zhan Zhan ¿Quieres más champagne? —preguntó desde la cocina, con un tono juguetón.

—No me vas a emborrachar —respondió desde la sala.

—Cariño, eres el único que se embriaga con una copa y media de alcohol —rio, ajeno a la revolución que creó en el pecho de su novio al escuchar cómo lo llamó—. ¿En serio no quieres más? —preguntó, asomándose hacia la sala para buscarlo.

—Seguro, bebe el resto por mí.

—Bien, tú lo has dicho —sin más, fue a la cocina y se terminó lo poco que restaba. Volvió a la sala y se sentó junto a su amado, quien tenía en su regazo a la pequeña Nut. Yibo le hizo cariñitos con una mano mientras sostenía la copa con la otra—. Tenemos que trabajar con tu resistencia al alcohol.

—¿Por qué?

—Porque no puede ser que te embriagues tan fácil. Al ver cómo interpretabas al borracho de Wei Wuxian pensé que serías como él en ese aspecto.

Xiao Zhan se echó a reír.

—Tú eres el borracho en esta relación —se burló. Yibo se encogió de hombros y bebió de su copa.

—Me gustaría que me acompañaras a beber.

Xiao Zhan entonces entendió.

—Oh… ¿Y si bebo agua?

—¡No es lo mismo!

—Lo que tú quieres es verme ebrio para aprovecharte.

Yibo exclamó una risa traviesa y malvada muy bien elaborada.

—¡Lo sabía! —lo apuntó con un dedo.

—Nunca haría algo que no quieras, bien lo sabes.

—Lo sé —lo miró con mucha dulzura.

El silencio reinó en el lugar. Xiao Zhan acariciaba a Nut sin dejar de ver a su novio, y éste se terminaba la copa poco a poco, saboreando la bebida.

—Estoy muy feliz de que estés aquí —Xiao Zhan alcanzó su mano y la apretó con cariño. El corazón de Yibo pegó un vuelco de felicidad.

—Espero que sigas pensando eso más adelante —se terminó el resto de la copa—. Porque no te desharás de mí tan fácilmente.

—Eso espero —besó el dorso de su mano, logrando sonrojarlo con ese simple acto.

—¿Podemos ir a tu habitación ya? —preguntó, impaciente.

Xiao Zhan se echó a reír.

—Qué tacto y delicadeza, señor Wang.

Yibo dejó la copa a un lado, bajó a Nut del regazo de su novio y lo tomó en brazos con facilidad.

—¡Wow! ¿Qué haces?

El aludido no respondió y caminó con prisa a la recámara principal, pero no llegó ni a medio camino cuando tuvo que bajar a su novio de sus brazos, muy avergonzado.

—Lo siento —se cubrió el rostro con ambas manos. Xiao Zhan rio, totalmente lleno de ternura.

—Está bien —besó su cabeza y ambos terminaron riendo por lo sucedido. Yibo aún no era tan fuerte como para cargarlo así de fácil, no aguantaba tanto.

En seguida se fueron a la habitación principal. No se molestaron en encender las luces, Yibo sólo tumbó a su novio sobre la cama y se echó sobre él para comérselo a besos.

Xiao Zhan no lo había querido admitir, pero también se moría de ganas por estar con él, por arrancarle la ropa y sentir su desnudez.

Entre los dos se arrancaron la ropa con premura, dejándola regada por todos lados hasta quedar sólo en su ropa interior. Yibo tumbó a su novio bocarriba y no le permitió levantarse, comenzó a besar su cuello y descendió rápidamente, dejando un sendero húmedo ante el paso de sus labios y su lengua. Se detuvo unos momentos a degustar su vientre blandito, lo presionó con una mano y besó la piel junto a su ombligo, haciéndolo suspirar. Descendió poco a poco sus besos hasta que llegó al elástico de su ropa interior, lo jaló con sus manos hasta deshacerse de él. Sonrió al ver cómo el miembro de su amado se alzó al quitarle al fin esa prenda, rebotando contra su vientre bajo.

—Zhan Zhan ¿Traías muchas ganas? —preguntó con toda la intención de molestarlo. Pero nunca esperó que Xiao Zhan bajara una mano hasta apretar su entrepierna.

—Las mismas que tú —respondió, divertido al ver su expresión azorada.

Sí, la verdad es que Yibo tenía mucha urgencia desde que estuvo convaleciente. En esa ocasión tuvieron muchas interrupciones, pero ahora nadie los molestaría.

Xiao Zhan le arrancó la ropa interior y arrastró las caderas de su amado junto a las de él. Ambos suspiraron al sentirse uno contra el otro, piel contra piel. El mayor deslizó sus manos por toda la espalda de Yibo hasta descender a su trasero y apretarlo a su entero antojo, amasándolo con más fuerza de la necesaria.

—Eso duele —se quejó Yibo entre beso y beso. Xiao Zhan rio.

—Para que veas lo que se siente.

—¿Desde cuándo eres tan vengativo? —se separó de él unos segundos antes de que lo empujara hasta que los dos quedaron de rodillas en el colchón, frente a frente.

El mayor tomó la iniciativa y pegó su cuerpo al de su novio, lo abrazó y comenzó a besarlo sólo como él sabía hacerlo, arrancándole suspiros al rozar su legua contra la de él. Yibo lo rodeó con sus brazos, uno por su cintura y otro por su espalda, pegándolo todo lo posible a él antes de sentir cómo Xiao Zhan tomaba ambos miembros y comenzaba a masturbarlos juntos.

Yibo se volvió loco al experimentar esas sensaciones combinadas con el beso que compartían. Bajó sus grandes manos al trasero de su novio y lo apretó como tenía por costumbre, hasta que éste se quejó y se alejó un poco de él.

—Wang Yibo —le advirtió, con su aliento entrecortado y sus labios ya hinchados. Esa visión fue bastante excitante para el menor, quien admiró sus cabellos revueltos, esos ojos cargados de lujuria y sus lindos labios tan carnosos.

La advertencia no sirvió para nada, esta vez incluso tuvo el atrevimiento de darle una fuerte nalgada. Xiao Zhan iba a reclamarle, pero Yibo se adelantó y asaltó sus labios una vez más, el pobre sólo pudo quejarse en medio del beso, vengándose un poco al morder su lengua.

Yibo sólo se rio, aguantando el dolor que se había ganado con creces. Enseguida sintió cómo las manos de su novio descendieron sensualmente por su espalda, poniéndole la piel de gallina, en especial cuando tomó su trasero y lo apretó con una fuerza increíble.

—Ah… —un jadeo involuntario salió de su garganta cuando Xiao Zhan azotó una de sus nalgas con fuerza.

¿Acaso era masoquista?

Entre sorprendido y divertido, Xiao Zhan repitió la nalgada, logrando arrancarle de nuevo un jadeo. Yibo no aguantó más y comenzó a morder su cuello.

—¡Sin marcas! —le recordó.

Malhumorado, Yibo buscó otro sitió dónde dejar esas marcas. Con su boca encontró un punto erógeno en su novio que no había descubierto antes. Atrapó entre sus labios uno de sus pezones. Xiao Zhan jadeo y suspiró como tenía por costumbre cuando alguien estimulaba esa zona en particular. Mientras Yibo hacia su trabajo, Xiao Zhan inclinó su cabeza hacia ese hombro pálido que tenía al alcance y comenzó a llenarlo de besos húmedos y ligeras mordidas. La intensidad de éstas aumentaron cuando sintió que su novio tomaba su miembro con una mano y lo estimulaba al mismo tiempo que sus pezones.

Con esa simple estimulación combinada, Xiao Zhan se sintió próximo a venirse, pero no quería que ahí terminara todo, así que tumbó nuevamente a su novio sobre el colchón, abrió sus piernas y se acomodó entre ellas.

—¿Qué… qué vas a hacer? —se tensó.

Xiao Zhan sólo le respondió con una sonrisa ladina y sensual antes de echarse ambas piernas de Yibo sobre los hombros, comenzó a besar la cara interna de su muslo derecho, acariciándolo con cariño y dedicándole especial atención antes de tomar la punta de ese miembro entre sus labios, apretándola entre ellos con picardía, sin apartar los ojos de su novio.

—OH… —se mordió los labios al sentir que esta vez iba un poco más profundo y devoraba casi la mitad de su longitud. Su boca era tan cálida y suave, y su lengua se movía tan bien que no pudo evitar retorcerse un poco.

Xiao Zhan acarició con su mano libre los testículos de su amado, erizándole la piel al contacto y causándole escalofríos cuando deslizó su dedo índice sobre su entrada.

—¡No, no, no, no! —en un ágil movimiento casi felino, se zafó del agarre y rodó por la cama, lejos de su novio. Abrazó sus piernas y lo miró fieramente a los ojos—. No, Xiao Zhan, ahí no.

El aludido rio con nerviosismo, jamás imaginó que reaccionaría así de gracioso.

—Sólo era mi dedo.

—No.

—No hice nada. Sólo te acaricie.

—¡No!

Xiao Zhan suspiró.

—Déjame probar algo ¿Sí? Si no te gusta, me detendré.

—¿Qué harás?

—Confía en mí.

Yibo casi hizo un puchero, abrazando sus piernas hecho un ovillo sobre las sábanas ya revueltas.

—Por favor —pidió en un tono y con una carita que intencionalmente no querían parecer adorables, pero ¡Demonios! Yibo era muy débil ante eso.

Suspirando, terminó accediendo.

—¿Me acuesto? —temía arrepentirse al final, aunque si se ponía a pensar, no había nada que Xiao Zhan hubiese hecho antes que no le agradara.

—Sí, bocarriba —lo empujó suavemente con sus manos y se volvió a acomodar entre sus piernas. Tomó una almohada y la puso debajo de su trasero para alzar un poco sus caderas. Notó cómo el vientre de su novio subía y bajaba—. Tranquilo —acarició su pancita con las yemas de sus dedos, la verdad era que él también estaba nervioso, siempre corría el riesgo de cometer errores peligrosos.

Yibo flexionó sus piernas un poco y Xiao Zhan le empujó las rodillas hacia los lados para abrirse paso entre ellas. Se inclinó sobre su cuerpo e intentó relajarlo con cálidos besos sobre su piel, pero la tensión en él no disminuía.

—Zhan Zhan… ya haz lo que ibas a hacer —estaba ansioso. Necesitaba saber qué rayos haría, no podía estar tranquilo.

Xiao Zhan sonrió de lado, se llevó un par de dedos a su boca, los humedeció con saliva y enseguida los llevó al trasero de Yibo, justo entre sus nalgas.

—Oh no… —tembloroso, se cubrió el rostro con una mano y se mordió los labios con fuerza. ¿Debería arrepentirse ya?

—Relájate —le dijo antes de acariciar su entrada con un dedo, Yibo apretó sus piernas e intentó cerrarlas, pero Xiao Zhan estaba entre ellas, así que le fue imposible.

—No puedo relajarme si estás a punto de… ¡Ah! —sintió cómo introdujo sólo la punta de su dedo índice. Cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes.

No le gustaba.

—Yibo —murmuró tranquilamente—. Respira —le dijo con una dulce voz, sin retroceder ni un centímetro y acariciando su vientre con su mano libre. Cuando Yibo logró tranquilizarse un poco, continuó introduciendo más su dedo.

—No, Zhan Zhan, no se siente bien —incorporó la mitad de su cuerpo apoyándose en sus codos, lo miró de frente. Ambos desnudos e iluminados sólo con la luz de la calle que se colaba entre las cortinas abiertas.

—Dame una oportunidad —pidió, removiendo su dedo dentro de él. Su objetivo no era ir muy profundo, sino encontrar un punto en específico.

—No… Xiao Zhan —se puso serio, estaba por incorporarse más y detenerlo, pero se quedó congelado en su sitio cuando un estremecimiento lo invadió de pies a cabeza, proviniendo principalmente de entre sus piernas.

¿Qué rayos había sido eso?

No soportó el peso sobre sus codos y se dejó caer sobre las almohadas una vez más.

—Lo encontré —sonrió victorioso, concentrándose en acariciar ese lugar en específico. Era un poco más prominente, no tardó mucho en identificarlo y grabar en su mente la ubicación exacta.

—Ah… ¡Ah! —sus manos buscaban de qué aferrarse, y al no encontrar nada terminó agarrando las sábanas dentro de sus puños. Muy pronto sus caderas comenzaron a alzarse y a moverse en búsqueda de más, quería sentir más aquello que jamás había experimentado en su vida, pero que se sentía tan jodidamente bien.

Tenía sus ojos cerrados con tanta fuerza que casi podía jurar que veía estrellas bajo sus párpados.

Xiao Zhan se sintió orgulloso de su trabajo al verlo retorcerse así por causa suya. Siguió usando sólo un dedo para estimularlo, no quería introducir otro, no quería incomodarlo todavía más. Extasiado por la vista que tenía ante sus ojos, y emocionado al saberse el primero en hacerle aquello… tomó el pene de su novio con su mano libre, se inclinó sobre él y se llevó la mitad a su boca. Aún no terminaba de acostumbrarse del todo a las sensaciones que experimentaba al hacer eso, pero hizo a un lado su incomodidad inicial y procedió a darle más placer.

Muy pronto vio cómo de la punta del glande brotaban pequeñas gotas que se escurrían una tras otra por toda su longitud. Aún no se corría, pero no tardaría en hacerlo.

Movió su dedo un poco más rápido, haciendo la presión exacta y usando la velocidad precisa para hacerlo desfallecer. El cuerpo entero de Wang Yibo se estremeció, sus caderas se retorcieron un poco y se corrió con fuerza sobre la mano de su novio mientras soltaba un profundo gemido, aferrándose a las sabanas y a todo lo que tuviera a su alcance. Aún extasiado y atravesando su orgasmo, extendió su mano hacia su novio, éste no entendió al principio, pero soltó su miembro y tomó esa mano. Yibo la apretó con fuerza, entrelazando sus dedos y tratando de recuperarse luego de tan intenso orgasmo.

—¿Qué… demonios fue eso? —jadeó, agitado y extrañamente agotado.

Xiao Zhan salió de él y se acurrucó encima de su cuerpo, aplastándolo. Yibo rodeó sus caderas con sus fuertes piernas y lo retuvo ahí.

—Te dije que te gustaría —besó sus labios. Yibo lo atrapó entre sus brazos y devoró sus labios.

—¿Dónde aprendiste eso? —jadeó luego del beso.

—Internet.

—Hablo en serio.

—Yo también.

—¿Estuviste viendo porno todo este tiempo?

Las mejillas de su novio se pusieron tremendamente rojas, sin embargo, no pudo notarlo gracias a la oscuridad.

—¡No! Yo… —se avergonzó bastante—…hay muchos sitios web confiables, sólo investigué un poco y ya.

—Ya veo… haré como que te creo.

—¡Hey! —se quejó.

—Admite que viste porno.

Luego de resistirse tanto, Xiao Zhan tuvo que confesar.

—Bien, sí. Sí vi algo de porno, y debo confesar que me dio miedo —rio un poco—. Todo se ve tan… —fue interrumpido.

—Tan doloroso. Sí, lo sé. Yo también he estado viendo porno —lo dijo sin una pizca de vergüenza.

Xiao Zhan se echó a reír entre sus brazos.

Entonces Yibo recordó un pequeño detalle: Una vez más, su novio seguía sin recibir atención.

—Soy un pésimo novio ¿Verdad? —dijo Yibo de pronto. Xiao Zhan se incorporó del pecho de su amado y lo miró a los ojos.

—¿Por qué lo dices?

Yibo bajó su mano y buscó a tientas el miembro aún erecto de Zhan Zhan, lo tomó con cariño entre su mano y comenzó a acariciarlo, robándole suspiros a su amado con cada toque.

—Perdóname —le dijo, muy avergonzado antes de levantarse y girar sus cuerpos hasta terminar encima de su novio—. Es mi turno de divertirme un poco ¿No? —alzó ambas cejas y bajó hasta el vientre de su amado, donde besó y acarició todo a su alcance. De pronto sus besos descendían peligrosamente, pero cuando Xiao Zhan creía que iría directo sobre su miembro, Yibo volvía a subir sus caricias a su vientre. Estuvo así hasta que Xiao Zhan se dio cuenta de que jugaba con él.

—¡No seas así! —se quejó—. ¿Acaso me merezco eso?

—No, lo siento —rio—. No te mereces eso, pero me encanta hacerte enojar —alcanzó sus labios y los besó una vez antes de ir directo por el plato fuerte. Ahora sí, Xiao Zhan no se esperó que fuera tan directo e introdujera casi todo su pene en la boca, menos de esa manera tan sensual.

Se mantuvo apoyado en los codos para ver el espectáculo sexy que le ofrecía, pero no pudo sostenerse por más tiempo luego de que Yibo extendiera una mano y comenzara a pellizcarle suavemente uno de sus pezones. La combinación de sensaciones fue tal que Xiao Zhan fácilmente se dio por bien servido. La lengua de su novio era tan hábil que sintió que enloquecería, o así fue hasta que sintió que usaba sus dientes de nuevo.

—¡No! —llevó sus manos a la cabeza de Yibo y trató de alejarlo antes de que se repitiera la historia.

—No lo haré de nuevo —le dijo de inmediato—. Lo siento, eso que hice fue por… no sé por qué.

—Si quieres… hazlo, pero hazlo despacio ¿Si? —casi suplicó.

Emocionado, Yibo asintió y volvió a su trabajo. Con el permiso de él, repartió pequeñas mordiditas a lo largo de toda su longitud, evitando a toda cosa morder la cabeza.

No pasó mucho tiempo antes de que la erección del mayor estuviera a tope.

—Pensé que no te gustaban las mordidas.

—Cállate —se cubrió el rostro con una almohada, pero Yibo la alcanzó y se la arrebató.

—No hagas eso, quiero escucharte.

—Eres un pervertido.

Yibo rio.

—Sí, ajá.

—¡Ah! —jadeó al sentir que introducía casi todo su miembro a la boca al mismo tiempo que jugaba un poco con sus testículos.

—Eres tan ruidoso —murmuró de pronto.

Xiao Zhan se avergonzó.

—Lo… siento —jadeó y gimió una vez más al sentir esa lengua tan hábil en la punta de su miembro.

—Sabes que me gusta mucho —se alejó de su miembro y tomó los costados de su novio para girarlo en la cama.

—¿Qué haces? —preguntó al quedar bocabajo.

—Sólo un poco —se sentó sobre los muslos de Xiao Zhan y resbaló su miembro, de nuevo erecto, entre las nalgas de su novio.

—¡Hey! —se asustó.

—Tranquilo.

Los dos tenían aún mucha tensión en ese aspecto. Ninguno había cedido todavía.

Yibo pegó su pecho y su vientre a la espalda de su amado, sus cuerpos encajaban de una forma tan perfecta que no pudo hacer más que maravillarse al sentir cómo las curvas de Xiao Zhan se acoplaban perfectamente a las suyas.

—No haré nada que no quieras —susurró en su oído antes de mordisquear su oreja.

—Está bien —soltó en un suspiro amortiguado, seguido de otro al sentir que mordisqueaba también su hombro y después llenaba de besos toda su columna. La piel se le erizó al sentir que pasaba su lengua descaradamente por cada rincón de su piel, desde su nuca hasta su espalda baja.

—Sabes a Champagne.

—¿Por eso me la tiraste encima?

—Tal vez.

Xiao Zhan rio y se dejó hacer. Las manos y la boca de su novio eran bastante hábiles, sin mencionar que su cuerpo era tremendamente ágil. De pronto sintió como amasaba su trasero con sus grandes manos. No pudo contener sus gemidos un poco adoloridos por la fuerza que usaba, pero nada lo prepararía para lo que sintió después.

El miembro grueso de su novio se deslizó entre sus nalgas varias veces, Xiao Zhan escuchaba cómo disfrutaba él de la fricción, pero se espantó cuando sintió que separaba sus nalgas lo suficiente como para que encontrara su entrada y explorara un poco. Decidió dejarlo hacer lo que quisiera, después de todo él le había metido un dedo y Yibo se portó muy bien.

Pero…

Lo que Yibo intentaba meter ahí no era un dedo, vaya que no.

El trasero de Xiao Zhan se removió inmediatamente al sentir esa cabeza dura y gruesa buscando entrada en él.

—No.

Fue muy tajante.

—No iba a meterlo.

—¿Ah, sí? —se rio con sarcasmo—. No me digas —se giró de inmediato en la cama, quedando bocarriba de nuevo, protegiendo su trasero.

—Sólo estaba comprobando algo —dijo muy en serio, no bromeaba ni intentaba justificarse.

—¿Qué cosa? —aún estaba agitado y algo alterado.

—Que… cuando te lo haga, te va a doler, y mucho.

Sorprendido y avergonzado, lo golpeó en el pecho con el puño cerrado.

—No me pegues —dijo en un tono tierno antes de acomodarse entre sus piernas, aplastándolo. Sus erecciones quedaron una sobre la otra.

—Quítate —lo empujó, removió sus caderas, temiendo que volviera a intentarlo, pero no fue así. En su lugar, Yibo comenzó a embestirlo, comenzó de una manera suave, prolongada y bastante sensual. Xiao Zhan llevó sus manos a las nalgas de su novio y por el tipo de movimiento de caderas que sentía… estaba muy seguro de que sería una escena erótica digna de ver. Si ahora mismo movía sus caderas como cuando bailaba… Dios, Xiao Zhan se correría de sólo ver eso.

Cerró sus ojos cuando sintió que su novio se frotaba más fuerte contra él, dejó caer su peso completo encima y lo abrazó, restregando sus caderas contra las suyas una y otra vez.

Xiao Zhan no se contuvo más y se dejó llevar, soltando cuanto jadeo y gemido quisieran escapar de su garganta. Se aferró a los hombros de su novio, enredando los dedos de una mano en sus cabellos, estirándolos de vez en cuando mientras Yibo se dedicaba a besar su cuello de una forma tan sexy como el movimiento de sus caderas. Xiao Zhan alzaba las suyas en busca de más contacto y eso enloqueció a Wang Yibo, quien buscó con necesidad los labios de su amado para besarlos y morderlos hasta el cansancio, pero terminó siendo un poco agresivo, lo supo cuando un sabor metálico se hizo presente en el beso.

Espantado, se separó del beso y trató de ver si su amado estaba bien, pero la oscuridad no se lo permitía.

—No importa, sigue, sigue ¡Ah! —lo atrapó entre sus brazos y lo obligó a continuar con el beso y las embestidas.

—Pero… —se detuvo un momento antes de que Xiao Zhan volviera a besarlo arrebatadoramente—…tus labios… ¡Xiao Zhan! —se separó, preocupado.

—Estoy bien, demonios, sólo sigue —tomó las caderas de Yibo y las obligó a frotarse contra las suyas. Necesitaba más contacto, más fricción, pues eso estaba dejando de ser suficiente. Él en verdad necesitaba más o se volvería loco.

No pasó mucho antes de que Xiao Zhan se corriera con fuerza, cerró sus ojos, se aferró a la espalda de su novio y se dejó venir. Apretó sus labios para contener la fuerza de sus gemidos, pero no funcionó mucho. Gracias a eso y al pacer previamente proporcionado, Yibo terminó corriéndose segundos después, por segunda vez en la noche.

Los dos terminaron cansados, uno sobre el otro, algo sudorosos y muy débiles. Sólo querían quedarse así hasta el día siguiente.

—Se sintió muy bien —admitió Xiao Zhan dentro de un largo suspiro.

—¿Si? —alzó su rostro para comprobar la veracidad de sus palabras. Ahí pudo notar su labio hinchado—. Oh… —extendió una mano y lo acarició con la punta de sus dedos—. Lo siento mucho, yo… —fue interrumpido.

—Yo también lo siento —acarició el labio roto de Yibo, éste ni siquiera se había percatado de ello, había estado tan concentrado en el placer que eso había pasado a segundo plano. Rio, estaba seguro de que ambos amanecerían con su labio rojo e hinchado.

—No importa —suspiró y se recostó sobre el pecho de su novio, estaba cansado.

—¿Quieres dormir ya?

Yibo asintió, pero momentos después su estómago rugió en busca de alimento.

—¿Qué rayos fue eso? —rio—. ¿Tienes hambre?

—Mucha.

—Pero si comimos bastante pastel hace no mucho.

—Pero ya tengo hambre —se estiró perezosamente aún sobre el cuerpo de su novio y se incorporó—. ¿Puedo hurgar en tu cocina?

Xiao Zhan bostezó con fuerza y asintió en medio del bostezo.

—¿No quieres que te prepare algo?

—No —se inclinó y besó su frente para no dañar más sus labios—. Descansa, vuelvo enseguida.

Conmovido y tremendamente feliz, Xiao Zhan asintió y sólo vio cómo la silueta desnuda de su amado desaparecía por el pasillo.

¿Se había ido desnudo a la cocina?

Rio. No le extrañaría.

Un poco cansado, levantó la mitad de su cuerpo y vio el desastre que era su estómago. Se levantó y fue al baño a asearse un poco antes de volver a la cama. No se molestó en vestirse, esperaba que Yibo hiciera lo mismo. Quiso esperarlo despierto, pero se tardó tanto que no aguantó y cayó rendido al sueño.

Sólo fue consciente del rico aroma a tocino que invadió de pronto su cuarto.

—Uhm… ¿Freíste mi tocino? —murmuró, más dormido que despierto.

—No… —mintió.

—Apestas a tocino.

Yibo rio.

—Bueno, comí un poco de él.

—¿Te lo acabaste?

—Sí…

Xiao Zhan refunfuñó.

—Yibooo… ese tocino era parte del desayuno que te iba a hacer.

Enternecido, se quitó la ropa que se había puesto para bajar y se acurrucó detrás de su novio, en una adorable pose de cucharas.

—Mañana yo prepararé algo.

—Nooo, no quiero morir.

—¡Oye! —le pellizcó una mejilla, Xiao Zhan seguía con los ojos cerrados, el sueño que tenía era demasiado—. Será algo rico, lo prometo —besó su cuello, pero ya no obtuvo respuesta de él. Se había quedado dormido de nuevo—. Te amo —murmuró contra la piel de su hombro antes de besarlo y acurrucarse listo para dormir.

Continuará…

24/03/2020

12:40 a.m.