Cupido

Aquí estoy de nuevo, en el cuarto de Meiko, tomando una limonada mientras ella termina su segunda botella de cerveza. Esta semana ha sido algo incómoda para mí, no he dormido bien porque a Rin y Kaito les da por gritar en la noche. ¿La causa? Esa película de terror que vimos, el gran plan de mi "senpai". ¿Por qué le permití ayudarme a conquistar a Miku? Ah, ya recordé. Ella no pidió permiso, se invitó sola y sin dejarme opinar al respecto.

El plan original consistía en ver la película de terror, proteger a Miku durante la función y, por último, invitarla a dormir conmigo por las constantes pesadillas que iba a sufrir. Todo iba bien hasta el segundo paso, ¡pero el tercero no se cumplió! Ella no ha tenido pesadillas con el monstruo de la película, al contrario, se ve muy tranquila. En cambio, los que tienen las pesadillas con Rin y Kaito; se despiertan gritando a media noche y como mi habitación está entre la de ellos dos…

—Todo es cuestión de perspectiva, Luka. Tal vez el plan no funcionó a la perfección, pero tuviste tu oportunidad de…

—Solo la abracé, eso pudimos haberlo hecho en la sala. Creo que ir al cine fue…

—¡Ingenioso!

—Yo diría desastroso —murmuro. Claro, ella tiene que atender al chico que le gusta.

—Escucha, la gran ventaja que tienes es que confía en ti. Lo siguiente es hacer que se sienta protegida en tus brazos. Por eso es importante aprovechar estos momentos de temor.

—Siento que mandarás una pandilla contra nosotras —en serio, ¡no lo dudo ni por un segundo!

—No es mala idea. ¡Seguro podrías con ellos!

—¡Meiko!

Al principio no me molestaba que quisiera ayudarme en mi relación con Miku; bueno, en conseguir una relación amorosa con Miku. Su ayuda consistía en detalles simples: procuraba que siempre nos sentáramos juntas, que el resto del grupo nos dejara a solas cuando salimos a los centros comerciales, incluso modificó una coreografía para dejarnos como pareja. Sé que su intención es buena, estoy agradecida por su preocupación, pero prefiero hacer las cosas por mi cuenta.

—Es broma, no soy tan cruel.

Sí eres tan cruel.

—Aun así —me recuesto en su cama. Huele a la colonia que usa Kaito—. No estoy segura que estas cosas hagan que se enamore de mí.

—Tienes que ser lista, Megurine. Aprovecha cada ocasión para cortejarla, no cómo un chico, sino como la bella amazona que eres.

—¿Es un alago o una broma como aquella vez que me llamaste vikinga?

—¡Eso también era un alago! —se sienta a mi lado. Termina su cerveza y me mira fijamente—. Mira, ahora somos idols y sí todo sale bien seremos muy populares pero con eso pueden venir fans locos que nos ataquen.

—No había pensado en eso…

—Así que no estaría mal aprender a defenderos por nuestra cuenta —dice con una amplia sonrisa—. ¿Ahora entiendes mi plan? ¡Debes otorgarle seguridad en todos los sentidos! —hace una pausa—. Creo que conozco a un par de criminales que podría contratar.

—¿Qué? ¡Un momento! —me levanto de un salto. No puedo creer lo que acabo de escuchar—. ¡Eso es llevar las cosas demasiado lejos y no puedo permitirlo!

—Pero…

—¡Nada! —respondo antes que Meiko agregue algo—. Agradezco tu interés y que quieras ayudarme, pero no voy a hacer las cosas cómo tú dices. Puedo aceptar tus consejos, pero soy yo quien debe dar el primer paso y hacer las cosas a mi manera. No sé si mis sentimientos serán correspondidos, pero… ¡no puedo forzarla a que me acepte si ella no es como yo!

Nos quedamos en silencio, algo incomodas, o yo soy la incómoda. Nunca le había hablado así a Meiko y por esa expresión parece que nadie lo había hecho antes. Solo me mira fijamente, sin decir nada; no puedo adivinar su pensamiento.

—Mi plan funcionó —dice con una sonrisa. ¿Su plan?—. Eso es justo lo que quería escuchar de tu parte, que nadie se puede meter en este asunto.

—¿Eh?

—Luka, Luka. Tu situación es delicada por muchas cosas, y habrá mucha gente que quiera intervenir en ella —debo admitir que tiene razón. Somos idols, por lo que tanto fans como paparazis nos seguirán; el contrato con la disquera, Gakupo me acosa y para rematar… soy homosexual—. Debes estar segura de lo que quieres y no dejar que nadie se entrometa. Ese era mi plan —termina de hablar con una sonrisa.

—Meiko… perdón por hablarte así.

—Descuida, eso quería escuchar de ti —se acerca a su refrigerador personal y saca dos botellas. Ahora son ramune. Me ofrece una y la acepto. No pensé que ella guardara este tipo de bebidas en su bar personal. Nos tendemos en su cama, mirando el techo, como lo hacíamos en el gimnasio de la escuela durante los recesos—. Ahora solo me queda una duda.

—¿Cuál?

—¿Has tenido pensamientos pervertidos con Miku?

—¡Meiko!