Capítulo 38: "¿Ustedes son pareja?"
Llegaron a casa y dejaron sus maletas deportivas en la entrada, junto con sus tenis y algunas cosas del trabajo. Habían descubierto que tenían el mismo pésimo hábito de dejar todo tirado en la entrada. Fue divertido darse cuenta de ello, pero no lo era al ver lo desordenada que se veía la recepción de su hogar en contraste con el resto del lugar.
Miraron la pila de cosas y luego compartieron miradas llenas de pereza.
—¿Lo recogemos más tarde? —sugirió Xiao Zhan.
—¡Wuh! Apoyo eso —chocó los cinco con su novio y caminó con prisa a la cocina—. Estoy hambriento ¿Qué harás de cenar hoy, Zhan Zhan?
—¿Yo? —alzó una ceja.
—Yo puedo cocinar también —sonrió angelicalmente. En ese momento pasaron muchas posibilidades por la cabeza de Xiao Zhan, muchas de ellas incluían una visita segura a urgencias para lavado de estómago.
—Está bien, yo lo haré —suspiró—. Tengo que enseñarte a cocinar.
—Por favor —lo abrazó desde atrás, colgándose a su cuerpo y casi siendo arrastrado por su novio.
—No me hagas más difícil las cosas —suspiró con cansancio.
Yibo rio y lo soltó.
—Cenemos atún y ya.
—¿Estás seguro? —detuvo lo que hacía.
—Quiero ir pronto a la cama.
—Oh… ¿Por qué?
—Tu castigo —lo miró con una picardía difícil de describir. El corazón de Xiao Zhan pegó un vuelco inesperado.
—¿C-castigo?
—Por comer chocolates.
—¡Sólo fue uno!
—Pero estás rompiendo tu dieta en cada mínima oportunidad que tienes.
—¡¿Quién te lo dijo?!
—Tú, ahora mismo.
Xiao Zhan casi se golpea la cara con su propia mano.
—¿Sabes qué? —se llevó una mano al mentón, pensativo.
—¿Qué? —inquirió el mayor con curiosidad.
—Tu castigo empieza ahora mismo.
—¡Hey! —sintió que repentinamente su novio empezó a empujarlo, con algo de dificultad, pero lo suficiente para arrastrarlo a la habitación—. ¡Wang Yibo, tengo hambre, no puedes hacerme esto! —se quejó cuando lo aventó contra el colchón.
—Sí puedo —sonrió de lado al mismo tiempo que se sacaba la camiseta y su pantalón deportivo.
Xiao Zhan se quedó tirado en la cama, viéndolo de pies a cabeza. Yibo desnudo era algo que veía muy seguido en esos últimos días, pero eso no impedía que casi derramara saliva al verlo una vez más. Xiao Zhan nunca dejaba de opinar lo mismo: Wang Yibo tenía un cuerpo de envidia. Y saber que podía disfrutar de él lo hacía sentirse muy afortunado.
Salió de sus pensamientos cuando sintió las grandes manos de Yibo estirándole la ropa, le facilitó el trabajo alzando sus caderas y dejando que le quitara su short junto con la ropa interior, pero fue cuando hizo una ligera flexión de su cuerpo hacia delante, que el pobre soltó un quejido de dolor y se tumbó de espaldas sobre el colchón.
—¿Qué pasa? —se preocupó Yibo.
—Nada —rio y se llevó ambas manos a su barriga.
—Dime —serio y dejando de lado la excitación del momento, lo miró con verdadera preocupación mientras ponía una mano sobre su estómago—. ¿Tienes mucha hambre? Vayamos a cenar primero, lo siento.
Xiao Zhan se echó a reír, mientras que el pobre de Yibo le frunció el ceño, no entendía.
—Eres en verdad adorable —lo jaló de los hombros hasta tenerlo encima de él y así poder acariciar su rostro—. Estoy bien, sólo me duele todo por el ejercicio de hoy —rio más—. Estoy muerto.
—¿Quieres seguir? Podemos dejarlo para después.
Zhan Zhan estaba sorprendido, Wang Yibo podía ser la persona más dominante e imponente cuando se lo proponía, pero al tratarse de su Ge Ge todo cambiaba, se volvía un chico tierno y comprensible, buscando siempre el bienestar de su amado.
—Quiero seguir —susurró muy cerca de sus labios, acomodando un mechón rebelde de cabello tras su oreja, el cabello de Yibo ya estaba muy largo.
—¿Estás seguro?
—Mucho —rio, mostrando sus preciosos dientes—. Pero no me hagas hacer tanto ejercicio —suplicó.
Fue el turno de Yibo para echarse a reír.
—Ese era el objetivo de tu castigo.
—¿Por un chocolate? Que malo eres, ya hice suficiente ejercicio en el gimnasio, por eso estoy muerto.
—Yo también —admitió antes de suspirar.
—¿Qué te duele? —presionó su vientre y luego su pecho, pero no lo vio hacer ni una mueca, hasta que presionó sus brazos—. Oh, ya veo —rio y acarició su espalda.
Los dos rieron.
—Hagamos algo tranquilo hoy, y durmamos —sugirió Zhan Zhan y Yibo estuvo muy de acuerdo.
Entonces el mayor lo empujó suavemente sobre las sábanas y empezó besando por aquí y por allá.
—¿Qué haces? —Yibo soltó una pequeña risa al sentir esos suaves besos por doquier. Cuando sintió uno al inicio de su cadera, del lado derecho, fue que entendió lo que pasaba. Su novio besaba cada uno de sus lunares con mucho cariño—. También tengo varios en la espalda.
—Lo sé —despegó sus labios de esa piel y sonrió antes de girarlo en la cama y comenzar con los de su cintura, fue subiendo hasta encontrarse con los de su nuca, tres pequeños lunares exactamente al mismo nivel que los que él poseía en su labio, mentón y cuello.
Esos besos húmedos eran tan placenteros y relajantes que Yibo soltaba pequeños suspiros.
—Di Di, estás muy tenso —notó al acariciar sus hombros y espalda.
—Me excedí un poco con las pesas —admitió.
—No hagas eso —lo regañó y comenzó a masajear sus músculos adoloridos—. ¿Eso se siente bien?
—Mucho —suspiró. Acomodó su cabeza sobre una almohada y sus brazos cruzados debajo de ésta.
Xiao Zhan se sentó sobre el trasero de su novio y se esmeró mucho en ese masaje, tanto así, que muy pronto el menor terminó rindiéndose ante el cansancio, cayendo en un profundo sueño.
No pudo recriminarle nada, él también estaba cansado y sólo quería dormir, pero también quería tener intimidad con su novio. Era un dilema del que ninguno de los dos podía deshacerse.
Lo acomodó mejor en la cama, lo cubrió con las mantas y besó su frente antes de ir a la cocina por algo rico para cenar. ¿Cereal con leche? ¿Una rebanada del pastel que estaba en el refrigerador? ¡O quizás un tazón del helado de fresa de su nevera!
Eligió el helado de fresa, tomó el litro junto con una cuchara y comenzó a comer directo del envase, comió sólo un par de cucharadas y luego se fue a la sala a ver un poco de televisión, horas más tarde, cuando se aburrió y sintió más hambre, volvió a la cocina para terminar de saciarse de helado. Nut no tardó en llegar para hacerle compañía, se subió a la isla que estaba en medio de la cocina, donde Xiao Zhan degustaba con inmenso placer ese postre.
—¿Quieres? —le ofreció a Nut con una sonrisilla. La gata se acercó inmediatamente a él, ronroneando y olisqueando a su alrededor. Zhan Zhan metió un dedo a la nieve y le dio sólo una probadita, pero no fue sificiente—. No, te enfermarás si comes más —le dijo con voz tierna antes de acariciarla.
—Tú tampoco deberías estar comiendo eso.
Xiao Zhan pegó un brinco del susto, se llevó una mano al pecho tratando de calmar su corazón. Miró a su novio, recargado contra el marco de la entrada a la cocina, cruzado de brazos y mirándolo con reproche.
—Yibo, me diste un susto terrible ¿No estabas dormido?
—Desperté y no estabas —le daba pena admitir que definitivamente no podía dormir si no estaba él a su lado, con sólo unos días se había acostumbrado a sentir su presencia en la cama. Miró su reloj y vio que había dormido un par de horas—. ¿Por qué no estás en la cama? —preguntó con voz ronca mientras se tallaba un ojo y caminaba hacia él, vistiendo sólo los bóxers que se dignó a ponerse antes de salir del cuarto.
—No tengo sueño —comió una cucharada más de helado, pensando que su novio se lo arrebataría pronto.
—¿Insomnio? —se alarmó.
—Sólo no tengo sueño hoy —sonrió con suavidad, no quería que se preocupara—. Estoy bien —insistió.
—Deberías tomar tus… —fue interrumpido.
—No es necesario. Sabes que los odio. Además, siempre duermo muy bien, simplemente hoy no he podido conciliar el sueño.
—¿Qué te preocupa?
Xiao Zhan rio.
—Di Di, tranquilo, no pasa nada malo.
Yibo bajó la mirada hacia ese helado y frunció el ceño.
—Menos vas a dormir si comes eso —se acercó más a él—. Dámelo —extendió su mano para quitarle aquello, pero Xiao Zhan fue más ágil y salió corriendo de la cocina, protegiendo su helado a toda costa. Se sentó en el sillón más lejano y siguió comiendo directo del bote.
—Tengo hambre.
—Podemos comer cualquier cosa —se talló ambos ojos para ver mejor—. Zhan Zhan, comer eso hará que no duermas en toda la noche —se quejó.
—En verdad tenía mucho antojo —suspiró.
Yibo llegó a él y extendió su mano para que le diera el litro de nieve, suspirando, Xiao Zhan accedió y se lo dio, pero jamás imaginó que Yibo se llevaría a la boca una enorme cucharada de helado.
—¡Hey! —se quejó, riendo.
—Delicioso —se dio media vuelta y regresó a la cocina sin dejar de comer todo lo que pudiera.
—Tú tampoco podrás dormir después de esto.
—¿Me estás retando? —rio y guardó el postre en la nevera—. Ven —tomó la mano de su novio y se lo llevó de regreso al cuarto—. Necesitas descansar, mañana tenemos mucho trabajo.
—Lo sé —suspiró y se metió a la cama.
—¿Dónde está tu medicamento?
—Yibo…
—Dime dónde.
—No, no los tomaré.
—Es la segunda noche que no duermes ¿Crees que no lo he notado?
Xiao Zhan no se esperó aquello.
—Di Di.
—No quiero que termines como la vez pasada.
—Di Di —lo calmó poniendo una mano en su hombro—. Está bien, estoy bien —sonrió.
—¿Qué te preocupa? ¿Por qué no lo quieres compartir conmigo?
Xiao Zhan meneó suavemente la cabeza mientras sonreía.
—Cada día me sorprendes más. No creí que te fueses a dar cuenta —suspiró.
—Entonces sí te ocurre algo, lo sabía —casi palideció. Se sentó en la cama junto a su novio y le pidió que le contara todo.
—No quiero preocuparte.
—Si me dices tus problemas quizás no se solucionen, pero la carga sería más ligera ¿No crees? —entrelazó sus dedos con los de él en un tierno gesto.
Xiao Zhan sonrió y suspiró. Decidió que lo mejor era decírselo, Yibo estaría más preocupado haciéndose ideas de lo que podría ser. Además, ya se había dado cuenta de que algo andaba mal, eso dejó muy sorprendido a Zhan Zhan.
—Es sobre mis padres.
—¿Se encuentran bien? —se alarmó.
—Sí, están perfectamente bien —sonrió—. Pero últimamente han insistido mucho en buscarme una novia —se mordió el labio, esperando la reacción de Yibo.
—Oh… —entristeció, pero no aflojó el agarre en la unión de sus manos.
—En verdad quieren que encuentre a alguien pronto.
—Pero tú no la amarías.
—Es lo que les digo —suspiró—. Les dije que no podría casarme sin amor, pero ellos aseguran que podría encontrar el amor en alguna de sus candidatas.
—¿Y qué harás? —preguntó con tacto.
—Eso es lo que causa mi insomnio.
Wang Yibo se mordió los labios.
—Lo he estado pensando mucho: tengo que hablar con ellos lo antes posible sobre lo nuestro.
Yibo se alarmó. Tenía miedo de que la relación de Xiao Zhan con sus padres se fuera al traste. Sería una pena terrible.
—Zhan Zhan —dijo de pronto, tragando con dureza—. Lo que sea que decidas, yo te apoyaré.
Los ojitos de su novio brillaron.
—Si quieres decírselos, te poyaré; si deseas mantenerlo en secreto por un tiempo, también te apoyaré —acarició su cabello en un gesto demasiado tierno para alguien tan serio como él.
Xiao Zhan tomó sus manos con mucho amor y las besó una y otra vez.
—No esperaba una respuesta así de tu parte, pero saber esto me da mucha tranquilidad. De verdad, gracias —suspiró con alivio.
De pronto Yibo le pegó en el brazo.
—¡¿Y eso por qué?! —se quejó, adolorido.
—¡Me lo hubieras dicho desde un principio! Tuve miedo de que fuera algo mucho más grave, por favor, confía en mí de ahora en adelante.
Xiao Zhan asintió solemnemente. Lo que pasaba era que no estaba acostumbrado a tener a alguien así en su vida. Aún no se acostumbraba el hecho de que no estaba solo.
Conmovido, atrapó a Wang Yibo entre sus brazos.
—Gracias —susurró—. ¿Dormimos ya?
—¿Podrás dormir después de comer todo ese helado?
—No fue tanto —rio.
—Casi te acabas un litro.
—No fue tanto, créeme —no sabía cómo decirle que se podía comer más de un litro en un instante.
—Eres un gordo —se burló.
—Lo sé —se tiró sobre el colchón, suspirando y estirándose todo lo que sus músculos adoloridos le permitían.
—Oye… —se acomodó a su lado.
—¿Mh?
—No estás gordo, sólo bromeaba —quería asegurarse de que no pensara que eran ciertas sus palabras.
—Lo sé —sonrió y abrió sus brazos para recibirlo en su pecho, Yibo ni lo pensó, fue como una reacción automática: gateó sobre el colchón hasta acurrucarse en su sitio para dormir.
—De hecho estás muy delgado —murmuró con su mejilla aplastada contra el pecho de su novio. Yibo metió su mano a la camiseta de Xiao Zhan y comenzó a acariciarlo muy suavemente con las yemas de sus dedos. Las caricias eran totalmente inocentes y tiernas, con la simple intención de ayudarlo a relajarse.
—Tú también lo estás —bostezó, sintiendo un repentino sueño.
—Peso más que tú —aseguró Yibo en voz baja.
Recordó el día en que los dos se pesaron antes de comenzar su entrenamiento y no pudo más que sorprenderse. Xiao Zhan pesaba varios kilos menos que él, a pesar de ser más alto. Eso sólo había logrado preocuparlo un poco, quiso decirle: ¡Come mucho, por favor! Pero sabía que no era una solución prudente, así fue como mejor decidió apoyarlo en la dieta alta en proteínas y vitaminas que le indicó su nutrióloga.
—Tenemos que ir a casa con mamá —murmuró Zhan Zhan, cada vez más dormido.
—Ella sabrá cómo ponernos en engorda.
—Sí lo hará… —suspiró. Xiao Zhan ya no dijo nada, se fue quedando dormido con las caricias de su novio, ignorando el hecho de que les quedaban sólo unas cuantas horas de sueño antes de comenzar un nuevo día.
La situación se repitió durante un par de días: llegaban tan cansados que sólo cenaban y se iban a dormir, pero Xiao Zhan se levantaba en medio de la noche luego de dar muchas vueltas en la cama, no quería arruinar el descanso de su novio, así que se iba a la sala o a cualquier otra parte de su casa para distraerse hasta que el sueño lo invadiera. Era así hasta que Yibo despertaba al sentir su ausencia y lo hacía volver a la cama, llenándolo de suaves caricias hasta hacerlo dormir. Tuvo que optar por abrazarlo desde atrás, notó que eso lo relajaba y lo ayudaba a conciliar el sueño más rápido.
Para sorpresa de ambos, no habían vuelto a tener intimidad en esos días, le estaban dedicando tanto a su trabajo y al gimnasio que les quedaba muy poco para descansar.
Era ahí cuando Wang Yibo entendía por qué Xiao Zhan dijo alguna vez en una revista que, al tener novia, un idol terminaría con su carrera. Y era muy cierto, pues tener ese estilo de vida era demasiado absorbente, no te dejaba tiempo para tener una pareja.
Afortunadamente su novio trabajaba en lo mismo que él, y si lo veía desde el lado positivo, podía decir que se entendían lo suficiente como para dejar de lado algunas cosas de su relación para mejorar en su carrera profesional, y el otro lo entendería. Esa era una de las grandes ventajas que ambos tenían.
Lo que Xiao Zhan no entendía, era que su novio lo acompañara al gimnasio todos los días, incluso lo apoyaba con su dieta, absteniéndose de comer chatarra para apoyarlo. Él no tenía ninguna obligación, sin embargo, lo hacía.
—No lo hago porque tenga que hacerlo —le aclaró una mañana, mientras ambos alistaban sus maletas deportivas antes de salir de casa a trabajar.
—¿Vanidad? —inquirió Xiao Zhan, curioso.
—No —rio—. Me gusta hacerte compañía, me gusta que hagamos esto juntos.
—Estás loco —rio abiertamente, pues no tenían ni una semana yendo al gimnasio y Xiao Zhan ya se quería rendir.
—¿Tú no harías lo mismo por mí?
—Pues si estuvieras a dieta por el trabajo, y yo no, debo admitir que yo sí me comería un litro de helado en la cena.
—¡Eres tan cruel! —se quejó entre risas, fingiendo gran indignación.
—Sólo digo la verdad.
Yibo lo atrapó bruscamente entre sus brazos y pellizcó su cintura con ambas manos.
—Es tan delgado —pensó, pero luego bajó sus manos hasta posarlas sobre su trasero y sonrió al poder disfrutar de él.
—Se nos hará tarde —besó sus labios fugazmente—. Hoy me dirán a qué capítulo de Day Day Up asistiré —le dijo con una sonrisa.
—¡¿En serio?! —no se esperó que fuese tan pronto.
—Quizás sea en el siguiente.
Eso fue motivo suficiente para que Wang Yibo mantuviera una sonrisa tonta en su rostro durante el resto del día. Por eso y por el hecho de que al fin era viernes y tendrían el fin de semana libre para los dos solos, excepto por esa noche, pues tenían una invitación a cenar.
Esa noche los dos hicieron de lado el gimnasio y lo cambiaron por una rica cena. Llegaron juntos a una linda casa en el centro de Beijing, no tan lejos de su hogar. No supieron si era casa de Liu Haikuan o de Zhu Zan Jin.
Cuando llegaron fueron muy bien recibidos por ambos. Liu Haikuan portaba un ridículo mandil y los saludó desde la cocina mientras que Zhu Zan Jin los recibía con bebidas preparadas por ellos.
—Eso se ve delicioso —Zhu Zan Jin recibió en sus manos el refractario que le daba Xiao Zhan. Era una tarta de manzana que tenía una pinta en verdad deliciosa.
—Lo hizo él —Yibo señaló a su novio con un dedo.
—Zhan Zhan, sabía que cocinabas, pero no sabía que incluso sabías repostería.
—No es la gran cosa —se avergonzó—. Espero que les guste.
—Yo también espero que les guste la cena, Liu Ge y yo la preparamos.
Entrando cada vez más en confianza, Wang Yibo y Xiao Zhan comenzaron a pasar una agradable noche con ellos. Yibo se sintió un poco fuera de lugar al principio, pues era la primea vez que asistía a una reunión de ese tipo, casi sentía como si fuesen una pareja de recién casados visitando a sus amigos también recién casados. Era tan extraño.
Durante la cena, comenzaron a charlar sobre algo que todos tenían en común: The Untamed. Hablaron sobre sus personajes y lo que pensaban de ellos, todos estuvieron de acuerdo en que la muerte de Jin Guangyao, aunque fue terriblemente triste, se lo merecía.
—Ni siquiera el amor hacia su Er-Ge lo hizo cambiar por completo —aseguró Zhu Zan Jin.
—Y no es que no fuera suficiente amor —argumentó Liu Haikuan, apasionándose con el tema—. Porque Lan Xichen tenía atenciones con él que a nadie más le daba, lo defendió incluso de Lan Wangji.
—Es verdad —dijo Xiao Zhan antes de beber de su vaso.
—Su sed de venganza superó su amor —murmuró Wang Yibo, reflexionando un poco sobre esos personajes.
—No creo que lo superara —dijo Xiao Zhan—. Más bien él deseaba tener todo al mismo tiempo: poder, venganza, estatus social y amor. Pero no puedes tener todo en esta vida, él lo intentó y así terminó.
Un largo silencio invadió el comedor, cada uno meditó lo recién dicho y encontraron mucha razón en esas palabras.
—Pero eso no quita el hecho de que Jin GuangYao de verdad amó a Lan Xichen, fue el único en toda la novela a quien no le hizo daño —agregó Xiao Zhan.
—Entonces… —dijo de pronto Yibo—… ¿Crees que no se puede tener todo en esta vida?
—Siempre hay que sacrificar algo a cambio de nuestras prioridades —explicó con tranquilidad, sonriendo suavemente a su amado.
Yibo lo meditó unos momentos, tenía razón. Sólo esperaba que eso no llegara a aplicar del todo en ellos.
—En cambio, Lan Wangji y Wei Wuxian lograron obtenerlo todo —dijo de pronto Liu Haikuan, mirándolos con cierta picardía muy bien disimulada.
—Pero… ¿A qué costo? —Wang Yibo miró a su "Hermano".
—No estoy diciendo que fue fácil, pero lo lograron —respondió.
—Luego de la muerte de Wei Wuxian, y de que Lan Wangji esperara su regreso por más de una década. No, no esperaba su regreso, pues había muerto. Qué triste… —dijo Zhu Zan Jin—. ¿Leyeron la novela completa? —preguntó a sus invitados. Ellos asintieron.
—¿Completa y sin censura? —añadió Liu Haikuan.
Una vez más, asintieron. Al hacerlo, se miraron con sorpresa entre sí.
Zhu Zan Jin soltó una risita.
—Fueron afortunados por la censura que se aplicó al drama. ¿Se imaginan haber tenido que representar el capítulo de "Incienso"?
Ante las palabras del joven sonriente, Wang Yibo se atragantó con su bebida y miró a su novio con un sonrojo inmenso. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque cuando llegó la hora de grabar, fue él mismo quien le preguntó al director si grabarían esas escenas, esperando obtener una respuesta afirmativa. Se sentía tan pervertido de sólo recordarlo.
—Afortunadamente no fue así —rio Xiao Zhan, bebiendo de su vaso con algo de bochorno.
—No hay duda de que el final de Wei Wuxian y Lan Wangji fue emotivo, pero es tan triste que el resto de los personajes no obtuvieran un final igual de feliz.
—Yo también pensé en eso —suspiró Xiao Zhan.
—Es muy curioso que… —siguió Zhu Zan Jin—…los actores que dieron vida a los protagonistas estén juntos en la vida real.
—¿Juntos? —se alarmó Wang Yibo—. ¿A qué te refieres?
Liu Haikuan tosió con incomodidad.
—¿Desde cuándo están juntos? —preguntó Zhu Zan Jin con su característica sonrisa y sus bellos hoyuelos.
—¿Disculpa? —preguntó ahora Xiao Zhan.
—Sí ¿Cuándo formalizaron su relación?
Los dos se pusieron bastante nerviosos.
—Xiao Zhu, creo que ellos no querían ser descubiertos ¿No es así? —preguntó Liu Haikuan con una suave sonrisa.
Xiao Zhan y Wang Yibo se miraron entre sí, en un mudo acuerdo. Ya los habían descubierto, así que ¿Qué más daba?
—¿Cómo se dieron cuenta? —preguntó Xiao Zhan, vencido.
—Por cómo te mira —respondieron los dos al mismo tiempo, señalando a Wang Yibo. El acusado abrió mucho los ojos, no podía creerlo, según él era muy cuidadoso y mantenía su cara de póker todo el tiempo.
Xiao Zhan rio con nerviosismo y se atrevió a responder por educación a las preguntas anteriores.
—Somos novios desde san Valentín.
—Qué romántico ¿Quién se declaró? —preguntó Zhu Zan Jin con una sonrisa y una expresión de verdadero interés. Tenía bastante curiosidad. Pero antes de que Xiao Zhan respondiera, Yibo tomó la palabra.
—Un momento —puso ambas manos sobre la mesa—. Ustedes lo están tomando con mucha naturalidad ¿Por qué? —preguntó, completamente desconcertado.
Liu Haikuan y Zhu Zan Jin se miraron mutuamente antes de que el primero hablara.
—Durante las grabaciones fue más que evidente que había algo entre ustedes dos. Todos lo llegaron a comentar, en especial por el trato especial que Yibo siempre te dio —le dijo a Xiao Zhan.
—Y después se empezó a rumorear que tú le correspondías a Yibo por la confianza que le tenías —añadió Zhu Zan Jin.
—¿Confianza? —alzó una ceja.
—Sí, no te recargabas en el hombro de nadie más, sólo en el de él. Eras amable y educado con todos, pero con él te atrevías a cruzar la línea y eras bastante atrevido a veces —rio.
—Eso es verdad —confirmó Liu Haikuan.
—En ese entonces… —murmuró Yibo—…sólo éramos amigos.
—Pero ya se querían —aseguró Liu Haikuan—. ¿No han tenido complicaciones?
—¿Complicaciones?
—Sí, por tener que esconderlo.
Los dos suspiraron.
—Unas cuantas, más que nada porque es difícil hacerlo —respondió Xiao Zhan—. Sin mencionar los rumores que hubo hace tiempo, casi pierdo el trabajo por ello.
Los anfitriones se asombraron mucho.
—A veces es difícil también porque en ocasiones se nos olvida que debemos ocultarlo y por poco hacemos cosas en público —continuó Yibo. Xiao Zhan asintió con una sonrisita traviesa.
—Como el día en que compartieron ducha —se burló Zhu Zan Jin.
—¡No hicimos nada ahí! —se exaltó Xiao Zhan.
—Él no me dejó —refunfuñó Yibo, señalando a su novio con el pulgar.
—Xiao-Zhu tampoco me dejó hacerlo —suspiró Liu Haikuan, resignado.
—¿Hacerlo? —preguntó Yibo con desconcierto—. ¿Hacer qué exactamente?
—Lo mismo que no te dejó hacer Xiao Zhan.
Los dos se miraron con asombro.
—¡¿Son novios?! —preguntaron al mismo tiempo.
Liu Haikuan y Zhu Zan Jin se echaron a reír.
—¿No somos bastante obvios? —preguntó el menor.
—Pues… pensamos que así era su amistad.
—Todos piensan eso —sonrió Liu Haikuan, victorioso.
—Pero somos pareja desde hace más de un año.
—¡¿Qué¡! —no cabían en sí de la impresión.
—Y notamos que ustedes quizás ya habían formalizado algo, por eso quisimos invitarlos a cenar y saber si era cierto o no. Además, es lindo poder compartir esto con amigos ¿No creen?
Zhu Zan Jin tenía razón. Yibo y Xiao Zhan se sentían más relajados ahora que veían que dentro de su círculo de amigos cercanos no eran los únicos con una relación homosexual.
Quién lo diría.
A partir de ese momento tomaron mucha más confianza de la que tenían en un principio, se sintieron libres de hablar de ciertos temas que con nadie más podían hablar.
Se sentía bien saber que no eran los únicos, que había una pareja igual que los comprendía e incluso podría llegar a aconsejarlos.
Cuando terminaron de cenar, Liu Haikuan se llevó los platos sucios a la mesa y Yibo se ofreció a ayudarle, pues Xiao Zhan y Zhu Zan Jin estaban enfrascados en una conversación sobre repostería y cosas que Yibo no entendía en lo absoluto.
—Gracias por la cena —dijo de pronto Yibo, a solas en la cocina con Liu Haikuan, éste le sonrió.
—Ahora saben que son bienvenidos a esta casa.
—Sigo sorprendido, no imaginé que incluso ya vivían juntos.
—Ustedes deberían considerarlo, es más cómodo.
—Tenemos muy poco tiempo de relación.
—Es verdad, siento como si ya fueran una pareja de hace mucho tiempo.
Yibo sonrió, él sentía lo mismo.
—¿Los padres de ustedes ya lo saben? —preguntó Yibo con curiosidad.
—Sí —sonrió y se cruzó de brazos, recargado contra la encimera.
—¿No fue difícil? ¿No se enojaron?
—Vaya que fue difícil, pero son nuestros padres, terminaron aceptando la relación y ahora las cosas van bien. Pero no te voy a negar que fueron tiempos muy difíciles. Mi madre vive con el miedo de que se descubra nuestra relación y eso termine arruinando nuestras carreras o nuestras vidas, ya sabes, cada día la sociedad se pone más intensa en ese aspecto.
—Me imagino…
—¿Los padres de ustedes lo saben? —preguntó con una amable sonrisa.
—Sólo mi madre. Ella nos apoya incondicionalmente. Pero mi padre no lo sabe, tampoco lo papás de Xiao Zhan.
—Ellos son muy buenos, no creo que tengas tanto problema con ellos.
—¿Los conoces?
—Por una causalidad del destino, sí, los conocí un día que viajé a Chongqing.
—Vaya —sonrió—. Liu Ge, quería preguntarte algo.
—Dime.
Yibo se quedó pensativo unos momentos, hasta que descartó su idea inicial.
—No, olvídalo, no es importante —sonrió levemente—. Volvamos con ellos —se dirigió al comedor de nuevo. Al llegar vieron que los dos seguían charlando de repostería mientras saboreaban la tarta que Xiao Zhan preparó—. Quiero doble porción —pidió Yibo, sentándose a la mesa y permitiendo que su amado le sirviera una generosa rebanada.
Poco antes de medianoche, las dos parejas se despidieron y prometieron reunirse más seguido. A partir de ahí nació una confianza que los unió, pues compartían un gran secreto.
—Zhan Zhan, comí demasiado postre —se quejó en tono de puchero, sentado en el asiento del copiloto mientras su novio conducía rumbo a casa.
—Te dije que una tercera porción era demasiado —puso una mano sobre su pancita—. Wow… sí comiste demasiado —rio.
—Tú también comiste mucho —se burló mientras tomaba la mano sobre su estómago y entrelazaba sus dedos con los de él.
—Sí —soltó una risita—. ¿Me vas a castigar? —preguntó sin apartar la vista del camino, girando en una esquina.
—Lo haré —puso su mano ahora sobre el muslo de su novio, sin intenciones pervertidas, simplemente descansó su mano ahí.
Los dos tenían sueño, estaban bastante llenos y querían llegar a casa para tumbarse en la cama y dormir hasta el próximo día. Y eso fue lo que hicieron, llegaron a casa, saludaron a Nut y se fueron a la recámara principal. Se desvistieron y se metieron juntos a la cama.
Acurrucados y haciéndose cariñitos, Xiao Zhan dijo de pronto:
—No es mala idea.
—¿Qué cosa? —acomodó mejor su cabeza en la almohada, él estaba de costado con una pierna sobre Xiao Zhan y éste bocarriba sintiendo las caricias que su novio le daba en el estómago y en su ombligo.
—Vivir juntos, me gusta tenerte aquí.
El corazón de Wang Yibo se aceleró bastante.
—¿Lo dices en serio? —se incorporó un poco para verlo mejor a los ojos.
Xiao Zhan asintió con una leve sonrisa y un brillo muy especial en su mirar.
—Sé que es demasiado pronto, pero ya estamos viviendo juntos de todas formas y…
—¿A qué quieres llegar? —quería escucharlo claramente.
—Wang Yibo, ven a vivir definitivamente conmigo.
Yibo se enderezó y lo miró a los ojos, totalmente sorprendido.
—¿Estás seguro?
—Por algo te lo estoy diciendo —acarició su cabello—. Si no te molesta no vivir en tu casa nueva.
Yibo rio.
—No me importa. Pero sí quiero conservarla, por si acaso un día me echas.
—No lo haría… creo.
Ambos rieron.
—Podríamos dormir allá de vez en cuando, para darle uso ¿No?
—Puede ser —besó su cabeza.
—De todas formas la necesito para tener un lugar en dónde guardar mis LEGO.
—No habría espacio aquí para ellos —admitió.
—Pero la verdad… —dijo Yibo de pronto—… me gusta más tu departamento. Es tan… me siento en casa.
Xiao Zhan lo abrazó más fuerte hacia él. Estaba feliz.
—Es bueno oír eso —suspiró, enamorado.
—Entonces… ¿Puedo traer algunas cosas de mi casa?
—Las que quieras —besó su frente.
Oficialmente habían comenzado a vivir juntos. No tenían idea de cómo habían llegado tan rápido a eso, pero estaban inmensamente felices y cómodos con esa decisión. Yibo estaba emocionado, jamás imaginó que a sus veintidós años estaría ya viviendo con el amor de su vida.
Con una nueva emoción en su pecho, Yibo durmió aferrado a su amado.
A la mañana siguiente Xiao Zhan abrió los ojos al sentir que la luz del sol le calaba en los ojos, se estiró perezosamente hasta sentir sus piernas rozar con las de su novio. Suspiró con satisfacción y lo buscó a tientas en la cama, pero al no hallarlo abrió los ojos y lo primero que vio fue a su novio apoyando el codo sobre el colchón y la cabeza sobre el puño. Lo recibió con una tierna sonrisa que no le dedicaba a nadie más que a él.
—Buenos días —acomodó el cabello de Xiao Zhan y le dio un pellizco a su mejilla.
—Buenos días —respondió con voz ronca y algo pastosa—. ¿Ya estabas despierto? —bostezó y se estiró bastante en la cama, aplastando a su novio y empujándolo en el acto.
—Acabo de despertar.
—Mentiroso —le picó el rostro—. Te ves muy espabilado.
Yibo rio y cambió de tema.
—¿Tienes hambre?
—No me cambies de tema ¿Por qué últimamente estás despierto? Eso es raro.
—¿Me estás diciendo perezoso?
—Sí.
Y tenía toda la razón.
—Siempre tenía que sacarte de la cama a estirones, ahora parece que despiertas mucho antes que yo.
Yibo no dijo nada, sólo se rio, le pellizcó la nariz y se levantó de la cama.
—Tomaré una ducha —salió del cuarto antes de que le pidiera más explicaciones, pues no sabría cómo decirle que durante esos días había estado roncando tanto que no lo dejaba dormir.
Ese tipo de cosas eran muy difíciles de decir.
Continuará…
Estos dos ya llevan una vida de casados, sólo les falta formalizar. Al menos ya viven juntos oficialmente. ¡Adorable! ¿No creen?
30/03/2020
