Rapunzel
"Había una vez, hace mucho tiempo, una doncella que pasaba los días encerrada en lo más alto de una torre perdida en lo más profundo del bosque. Su nombre era Rapunzel y tenía el cabello más largo del mundo; tanto que podía llegar hasta el pie de la torre y aun así sobraba el suficiente para darle vuelta a su habitación. Era una joven de gran belleza y talentosa en las diferentes artes que podía practicar en solitario, sobretodo, en el canto.
Sin embargo, Rapunzel no podía salir de la torre. Su madre la había escondido en ese lugar para protegerla de los criminales que azotaban al reino, pues su larga cabellera poseía propiedades mágicas que curaban cualquier enfermedad o herida, por más grave que fuera.
Aunque Rapunzel sabía que su encierro era para mantenerla a salvo de las malvadas ambiciones de los hombres, lo que ella más anhelaba en la vida era conocer el mundo que existía fuera de la torre donde vivía prisionera de su propia bendición."
—¿Dónde dejaron la espada? ¡La necesito! —mientras la narradora seguía con su parte y Miku realizaba las acciones descritas, yo estaba movilizando a todo los tramoyistas para que encontraran la espada que necesitaba. No la iba a usar en ese momento, pero era un accesorio necesario para dar más impacto a la escena.
—Megurine-san, ya se acerca su señal —dijo Otori-san, mi asistente de dirección.
—¡Bien! Tendré que salir así, pero busquen la espada mientras estoy en escena.
Y ya estaba lista para salir cuando uno de los chicos encontró la espada en la puerta trasera del auditorio. ¿Qué hacía ahí? Nunca lo supimos, pero es posible que se me olvidara tomarla entre tanta agitación que tuvimos antes de la obra.
—¡Megurine-san, su señal! —susurró mi asistente.
"Una mañana de primavera, cuando las flores perfumaban el ambiente, un apuesto y elegante príncipe de cabellera dora… rosada paseaba por el bosque. Tanto se adentró en este, que se perdió entre el espeso follaje y, en un golpe de suerte, encontró la torre donde Rapunzel estaba cautiva. Pensó que en ese lugar podrían ayudarle a encontrar el camino al pueblo más cercano. Se acercó a la puerta y le golpeo tres veces, pero nadie abrió.
Llamó de nuevo a la puerta, pero siguieron sin abrir. Estaba a punto de irse, cuando escuchó una melodiosa voz que venía desde lo más alto de la torre. Encantado por el bello canto, rodeó la torre en busca de la princesa y la encontró asomándose por ventana más alta que el edificio tenia, mirando el horizonte y suspirando con tristeza.
—Ah, como quisiera poder abandonar esta torre, al menos un día, para conocer el mundo que me rodea. Si tan solo mi madre no fuera tan estricta con mi seguridad.
—¡Oh, damisela de tan dulce voz, cuyo canto ha encantado a mis oídos! Permítame felicitarla por su gran talento.
—¡Qué veo! ¡Un fino caballero al pie de mi torre! Pero, ¿quién será, que buscará? Parece un buen hombre… ¡Gentil caballero, le agradezco sus halagos!
—Poco sirven mis palabras para admirar vuestra angelical voz, mi bella dama. Pero, ¿es posible que pueda conocer el nombre de la mujer que me ha asombrado?
—Con la condición de que usted se presente primero.
—Ya que así lo pide. Me llamo Flynn Rider, príncipe del reino Kléftis. ¿Y usted señorita?
—¡Un príncipe! No lo puedo creer. Lamento si fui grosera con usted, su alteza. Mi nombre es Rapunzel.
—Rapunzel. ¡Qué armonioso nombre para tan virtuosa dama! Sin embargo, semejante belleza y tan asombroso talento no deberían estar perdidos en este espeso bosque, sino encantando a los miembros de las cortes reales o a los asistentes de los principales recintos de las artes.
—Como quisiera poder abandonar esta torre, su alteza, pero me temo que no puedo salir de aquí por mi propia seguridad —entonces, una tercera voz se escuchó en el bosque. Se acercaba poco a poco, acompañada por el crujir de las hojas secas al ser pisadas. Rapunzel se estremeció de miedo y cortó su plática con el príncipe—. Lamento ser tan descortés, pero mi madre se acerca y si le ve platicando conmigo, me temo que no podré asomarme por las ventanas nunca más.
—¡Madre tirana! Me retiro para no causarle problemas, señorita, pero me he perdido y necesito ayuda para encontrar el camino al pueblo más cercano.
—He visto que en aquella dirección marchan varios leñadores, no han de tardar mucho en aparecer. Ellos podrán ayudarle.
—Le agradezco su generoso gesto. Y ahora partiré, pero le prometo regresar.
El príncipe se alejó tan rápido como le fue posible, escondiéndose entre los numerosos arbustos que rodeaban la torre de Rapunzel. Aquel día sería inolvidable para el príncipe Rider y desde ese momento se propuso liberar a Rapunzel de su encierro."
—¡Perfecto Megurine-san! Parecía que desde un principio usted iba a interpretar este papel.
—¡Cambio de escenario chicos, no olviden colgar el cuadro! —ordené en cuanto dejé el escenario—. ¿No me vi nerviosa? Tenía miedo de equivocarme —y era verdad. Ni siquiera tuve tiempo de repasar el libreto.
—Descuide, todo está perfecto. Ahora vamos a preparar su caída de la torre.
—Espero que no tengamos problemas con eso, soy más pesada que Yokana-san.
Para dar un mayor dramatismo en la obra, pensé que era buena idea representar como el príncipe cae de la torre y aterriza sobre arbustos espinosos. No utilizamos arbustos reales, pero la torre de utilería media unos cinco metros y no pudimos conseguir un colchón inflable adecuado, solo teníamos a nuestra disposición las colchonetas de gimnasia. Uno de los chicos pidió prestado un equipo de alpinismo. Amarramos el arnés a una de las vigas para que dos de los chicos pudieran jalar de la cuerda, así pudimos representar como Rapunzel subía al príncipe a lo alto de la torre y después detener la caída. Lo probamos durante una semana con Yokana-san, que iba a ser el príncipe, y en verdad funcionó. Era un trabajo que requería mucha coordinación por parte de los muchachos y, afortunadamente, no fue ningún problema para ellos. Solo esperaba que la diferencia de peso no fuera un problema.
Me puse el arnés bajo el saco de príncipe, al cual le habíamos hecho un agujero para que la cuerda no lo deformara, y esperé de nuevo mi señal para salir a escena.
—Preparen el cambio de escenario. ¿Oda y Suzuki están listos con la cuerda?
—Sí Megurine-san, todo está listo para la escena de la caída.
Estaba nerviosa, nunca había hecho algo como eso y tenía miedo de lastimarme, pero teníamos que continuar con la obra. Jalé el arnés un par de veces para asegurarme que estaba firme y esperé mi señal.
—Cambio de escenario, ¡ahora!
"Rapunzel estaba derrotada. Las suplicas a su madre no sirvieron de nada, al contrario, su cautiverio se volvería peor si seguía insistiendo en abandonar la torre.
Esa noche, la luna brillaba con un halo especial, como si quisiera consolar a Rapunzel de alguna manera. Pero había algo más que la luz de la luna le recordaba, una imagen más llamativa que podía ver reflejada en el oscuro cielo.
—¿Qué significa esto? ¿Por qué aquel príncipe viene a mi memoria en estos momentos de angustia? Aunque debo admitir que, además de mi madre, él ha sido el único ser humano con el cual he hablado en toda mi vida. ¡Oh, qué fuerte deseo tengo de verle una vez más!
—Vuestro deseo se ha cumplido ya, Rapunzel.
—¡Príncipe Rider!
—He cumplido mi promesa de volver. Necesitaba verla de nuevo y escuchar su bella voz.
—Gran riesgo corre al venir a este lugar. El bosque está lleno de bandidos que atacan a los viajeros, me lo ha dicho mi madre.
—Bandidos que no he visto. Y de ser así, mi espada no tendrá compasión de ellos.
—¡Valeroso caballero!
—Ahora le pido que disculpe mi atrevimiento, pero no me basta con mirarle desde tan lejos. Permítame entrar a la torre para poder admirarle mejor y conocer el motivo de su cautiverio.
—Imposible es que yo cumpla con eso. Mi madre guarda la llave en su pieza y despertarla en estas circunstancias es riesgoso para ambos.
—Pero debe existir una manera en que pueda entrar.
—La hay y con ella le revelaré el porqué de mi encierro.
Rapunzel retrocedió unos pasos y de pronto, su largo cabello bajó desde su ventana hasta el pie de la torre. El príncipe no escondió su asombro ante tal suceso y miró sorprendido el cabello tan largo. Incrédulo, lo tomó con ambas manos y tiro con delicadeza del mismo.
—Príncipe, no tema. Esta es la razón por la cual me han encerrado. Mi cabello posee propiedades mágicas que pueden sanar cualquier herida y por ello nunca ha sido cortado.
—¡Magnifico don que le tiene condenada al cautiverio!
—¡Sosténgase fuerte!
Jalando de su cabello, Rapunzel comenzó a subir al príncipe hasta su ventana sin ninguna dificultad.
—¡Estoy sorprendido! ¡Cuánta fuerza!
—Así es como mi madre entra y sale de la torre.
Pero antes de que el príncipe pudiera llegar a la cima de la torre, la puerta de la habitación de Rapunzel se abrió y su madre entró con un paso furioso.
—¡¿Qué creen que están haciendo?!
—¡Madre!
—¡Maldición! ¡Nos he puesto a ambos en peligro!
—¡Rapunzel! ¿Cómo te atreves a traicionarme de esa manera? A mí, que soy tu madre, la única persona que muestra un amor incondicional por ti.
—¡Madre, por favor! Permíteme explicar…
—¡No hay nada que explicar! ¡Nadie va a engañar a mi hija!
—¡No! ¡Príncipe Rider!
—¡Rapunzel!
La madre de Rapunzel tomó el largo cabello en sus manos y lo sacudió tan fuerte que su hija, entre lágrimas de desesperación, se dejó caer de rodillas por el dolor que los tirones causaban en su cabeza. El movimiento frenético terminó por vencer al príncipe que, colgado desde la ventana de la torre y golpeándose con el duro muro de piedra, cayó hasta tierra firme, entre unos arbustos llenos de espinas que le hirieron todo el cuerpo.
—¡Madre! ¡¿Cómo pudiste?!
—No me cuestiones, Rapunzel.
—¡Pero madre! ¡Él era un príncipe! ¡Él podía ayudarnos a mantenerme a salvo!
—¡Nadie puede ayudarnos a mantenerte a salvo! ¡No podemos confiar en nadie más para mantenerte a salvo!"
No es por presumir, pero esa caída y el llanto desesperado de Miku ayudaron al éxito de la obra en el festival. ¡Hicimos más de cinco representaciones el mismo día!
Mientras ellas discutían, yo me soltaba del arnés y pasaba las colchonetas por detrás de la torre para guardarlas. Debíamos darnos prisa, no teníamos mucho tiempo antes del cambio de escenario. Las cosas iban bien, sin embargo, cuando me estaba quitando los seguros del arnés, noté que el saco de príncipe ¡se había rasgado! La cuerda rosó la tela y rompió el costado del saco. No era algo que lo dejara inservible, pero repararlo llevaría unos minutos que no disponíamos. El show tenía que continuar y desde el suelo di la señal para el cambio de escenario, ya encontraríamos una forma de solucionar esto.
"La madre de Rapunzel pensó que ese había sido el final del príncipe y con eso la condición de su hija seguía siendo un secreto que solo conocían las dos. Sin embargo, la caída no mató al príncipe, pero lo dejó muy herido, con varios huesos rotos y un ojo herido por las espinas de los arbustos.
En la oscuridad de la noche, el príncipe Rider se arrastró por el suelo del bosque, con la esperanza de que alguien le auxiliara al verlo en tan deplorable estado. Apenas podía distinguir por donde andaba, con la penumbra del bosque y un solo ojo para ver, su destino era incierto. Finalmente, el agotamiento le venció y quedó tendido sobre la tierra, a merced de cualquier animal salvaje.
—Rapunzel…
Fueron sus últimas palabras.
Pasó la noche en medio de la nada, vulnerable a bestias y hombres. Al amanecer, la suerte del desdichado príncipe cambió, pues un leñador que realizaba su recorrido acostumbrado de todas las mañanas, se encontró con el herido.
—¡Por los clavos de Cristo! ¿Qué veo aquí? ¿Es un muerto o poco le faltará para serlo? ¡Ea, amigo! No responde…
—Rapunzel…
—¡Sigue con vida! ¡Alabado sea Dios! Pero se le ve mal herido. ¡Aguante amigo, que iré por ayuda!
El leñador corrió a su cabaña tan rápido como sus pies lo permitían. Regresó después de unos minutos, acompañado por su esposa e hija. Al ver al maltrecho príncipe, se compadecieron de él y le llevaron a su casa donde le cuidaron hasta que sus heridas sanaron. Mientras tanto, Rapunzel era víctima de las estrictas medidas que su madre tomó para evitar que otro extraño pudiera tener contacto con ella."
—¡Otori-san! ¡El saco se rompió!
—¡¿Qué?! ¿Pero cómo pasó?
—La cuerda lo desgarró. Debimos hacer un agujero más grande o filetear la tela…
—¡Puedo repararlo!
—No tenemos tiempo, pero tampoco puedo salir así a escena…
¿Qué debía hacer? No tenía tiempo para arreglar el traje, pero tampoco podía presentarme en escena así. Tenía que encontrar la solución a ese problema y pronto. Busqué entre los vestuarios que estaban colgados en un perchero cercano, pero no había nada que sirviera, ni siquiera teníamos ropa de la época. Estaba pensando en tomar una grapadora para improvisar, pero Otori-san me detuvo a tiempo. Se acercó y me enseñó un traje de bandido que se usó en otra obra. Era de la misma talla que el del príncipe y parecía de la misma época que necesitábamos. Sin dudarlo, lo tomé y corrí a ponérmelo. ¿Qué importaba ese cambio de vestimenta? Hasta tenía sentido que ocurriera. Me puse el traje nuevo y un parche en el ojo para fingir que estaba herido. Justo a tiempo para mi entrada. ¡Cambio de escenario!
"Rapunzel estaba sumida en una terrible depresión que ya no cantaba más, ni se preocupaba por cuidar su largo cabello. Comía poco y pasaba las horas sentada frente a la ventana, mirando el cielo, a la espera de un milagro. Al menos sabía que el príncipe Rider estaba bien, pues su madre no encontró el cuerpo en ningún lugar cercano. Eso mantenía con vida la esperanza de un reencuentro.
Una noche, cuando la luna estaba en su punto más alto e iluminaba por completo el bosque, Rapunzel reposaba a un lado de la ventana, leyendo un romancero que contaba las aventuras de un valiente caballero por toda España. Suspiraba por las heroicas hazañas cuando un golpe en su ventana la espantó. Dejó el libro a un lado y buscó la fuente de ese sonido. Un segundo golpe le ayudó a descubrir la fuente de los golpes. Abrió la ventana con cuidado y se asomó.
—¿Quién osa atacar esta fortaleza? —dijo con la voz más dura que le fue posible.
—¡Rapunzel! Rápido, deja caer tu cabello.
—Esa voz… ¡Esa voz! ¿Será posible que…? ¡Pero si es! ¡Príncipe Rider!
—¡Rapunzel! ¡He vuelto y esta vez para libraros del yugo de tan tirana madre! ¡Deja caer tu cabello para que pueda subir a tu lado!
—Pero príncipe, si mi madre llegara…
—¡Por eso debemos darnos prisa! ¡Andando!
Rapunzel dejó a un lado todo su miedo y dejó caer su larga cabellera por la ventana. El príncipe Rider lo tomó en el acto y subió por el muro lo más rápido que pudo. Cuando entró a la habitación de la damisela en desgracia, lo primero que hizo fue abrazarla con un profundo cariño. Rapunzel lo miró bien y se sorprendió por el atuendo y parche que usaba.
—Príncipe, mucho temí por usted en este tiempo que pasó desaparecido. La incertidumbre me tenía frente a la ventana, esperando escuchar su llamado de nuevo. ¿Dónde estuvo todo este tiempo?
—Una amable familia de leñadores me acogió y cuidó hasta que mis heridas sanaron, pero mi ojo fue lastimado por las espinas de un arbusto y temo perderlo si no le curo como es debido.
—Yo puedo curar su herida, si así me lo permite.
—Lo permito, Rapunzel. Quiero ser testigo de tan singular don.
Rapunzel le quitó el parche al príncipe, revelando la horrible herida que las espinas habían provocado. Por un momento, ella retrocedió con un gesto repulsivo, pero recordó que aquella herida fue a causa suya. Tomo un mechón de cabello y lo usó para cubrir el ojo herido al mismo tiempo que recitaba una canción:
Flor que da fulgor
con tu brillo fiel,
vuelve el tiempo atrás
volviendo a lo que fue
quita enfermedad
y al destino cruel,
trae lo que perdí
volviendo a lo que fue,
a lo que fue...
—¡Asombroso! ¡Vuestro cabello y voz trabajan juntos para despertar su don!
—Esto es lo menos que puedo hacer por usted.
—Suficiente es recuperar mi ojo. Ahora huyamos, ya hemos perdidos valioso tiempo.
—¡Que insistencia la suya, príncipe!
—¡Madre!
—¡Señora!
—Le ruego que deje a mi hija en paz, o me veré obligada a tomar medidas más desagradables en su contra.
—Señora, entiendo que mi intromisión le moleste —dijo el príncipe con suma diplomacia—, pero no logro comprender el porqué de estas medidas tan inhumanas. Sé que el don de su hija le vuelve una potencial víctima de algún crimen, pero mantenerla aislada del mundo no es una solución.
—Lo es desde mi punto de vista, príncipe entrometido —ella sacó de su vestido una espada, dispuesta a matar al príncipe—. Y ahora no tengo otra opción.
—¡Señora, piense en el bien de su hija! —rugió el príncipe tomando su espada y cubriendo a Rapunzel con su cuerpo.
—¡Silencio, tonto! ¡Ella no es mi hija!
La mujer se lanzó al ataque del príncipe, que instintivamente la recibió con una estocada al vientre. Ella dejó escapar un grito desgarrador de dolor, Rapunzel chilló ante semejante suceso y el príncipe retiró su espada. Pero pronto, ambos quedaron espantados, pues la tirana mujer no sangraba por la herida.
—Pobre tonto, ¡no puedes matarme!
Se lanzó de nuevo contra el príncipe, que se defendió del salvaje embate. Aunque sin técnica, la malvada mujer era un rival peligroso por la fuerza de sus ataques que sacudían por completo al caballero. Por segunda ocasión, el príncipe asestó una estocada mortal a la mujer, que se dobló de dolor pero de nueva cuenta se levantó sin herida alguna.
—¿Qué ocurre con ella? ¿Por qué mi espada no logra herirla?
—Torpe príncipe, sigue atacándome, te reto a hacerlo. No podrás herirme nunca, pues mi cuerpo es alimentado por el cabello de Rapunzel.
—¡Vil mujer! ¡Por eso mantienes encerrada a la inocente Rapunzel!
—¡Madre! ¿Por qué has hecho algo así?
—¡Niña tonta! Tú no eres mi hija, sino mi propiedad. Tus verdaderos padres están muertos casi desde que naciste —confesó sin el menor remordimiento— y yo te mantengo encerrada para conservar mi juventud.
—¡No! ¡Es imposible!
—¡Que vileza! —explotó el príncipe—. ¡Vuestro crimen no quedará impune!
La malvada y el príncipe comenzaron una nueva ronda de estocadas mientras Rapunzel permanecía en el suelo, anonadada ante la revelación de su verdadero origen. En un descuido, el príncipe tropezó y dejó caer su espada. Terminó arrinconado entre la peligrosa mujer y el muro. Quiso tomar su arma para poder defenderse de la agresora, pero esta fue más rápida y pateó el hierro para alejarlo. Perdido estaba el príncipe Rider, la malvada se preparó para darle la estocada final pero se detuvo. Su semblante se tornó pálido y su cuerpo temblaba sin control. ¡Rapunzel había tomado la espada del príncipe y se cortó el cabello!
—¡Por esto nunca permitiste que lo cortara!
Pero la mujer ya no respondió. Giraba y gritaba sin control por toda la habitación, encogiéndose a cada paso que daba. Finalmente, llegó a la ventana y cayó por esta, dejando en el verde césped solo una nube de polvo y las ropas que usaba. Después del macabro acontecimiento, Rapunzel rompió en llanto.
—Cruel destino. ¿Qué será de mí ahora? Sin una casa a la cual volver.
—Rapunzel, eso no es cierto —el príncipe Rider la abrazó—. Yo me he comprometido a protegerla en mi reino y mi palabra sigue en pie. Viajemos a mi país, donde podremos iniciar una nueva vida juntos.
—Príncipe Rider.
En medio de la habitación, ambos se abrazaron como lo hace una pareja después de estar separada una larga temporada. Rapunzel sabía que estaba indefensa al mundo exterior y necesitaría a un guía para adaptarse, y no encontró mejor apoyo que el príncipe Rider."
—Mientras la narradora seguía con sus líneas, Miku aprovechó el abrazo para preguntarme por qué el cambio tan repentino de traje. Claro, tuve que decirle la verdad, pero era difícil escucharnos con el sonido del micrófono tan alto, así que tuve que acercarme mucho a su rostro para que me entendiera.
—¡Oh! Pensé que habían protagonizado un momento yuri frente a toda la escuela —dijo Rin entre una risilla nerviosa—. Perdón por pedir explicaciones de esa fotografía.
—Pero tienes razón. Parece que se están besando —agregó Len, mirando la fotografía de cerca.
—Fue muy extraño verte con otro vestuario —ríe Miku—, y bueno, creo que todos en la escuela pensaron que simulábamos un beso.
Simular un beso. Solo eso. Me pesa recordar que eso es lo más cerca que he estado de besar a Miku. Hasta el príncipe Rider tuvo más oportunidades que yo, pero aún tengo la esperanza de vivir una historia como la suya. Por ahora, me preocupa más la mirada de Rin. Aunque creyó mi explicación, se la ha pasado mirándome acusadora durante todo mi relato.
