Purikura

Las compras navideñas de último momento siempre son muy… ¿cómo decirlo? Emocionantes. Pero no en un sentido positivo, para nada. Es una de las experiencias más estresantes que se pueden tener, pues las tiendas están a reventar de gente, por no decir que los productos se acaban en tiempo record. Incluso aquí en Japón, se viven los estragos de estas fechas, aunque de una manera diferente a como lo ha platicado Master. Tengo entendido que en occidente Navidad es una fecha para pasar en familia, pero aquí en Japón es para estar con los amigos o con tu pareja.

Pareja. Si tan solo se lo pudiera decir… pero me da miedo hacerlo. Es extraño que lo admita después de comportarme tan atrevida en un par de ocasiones, pero es diferente confesar mis sentimientos a decirle que toque mis pechos para calmar su obsesión. Esto la avergüenza y sale corriendo, pero si le digo que estoy enamorada de ella… no sé cómo reaccionaría; simplemente puede rechazarme y listo, quedar como amigas. Pero también temo que termine por alejarse de mí. Eso me destrozaría por dentro. ¿Por qué pienso estas cosas durante estas fechas? Creo que me siento algo sola y hasta envidiosa de aquellas parejas que veo por todos lados. Ahora me arrepiento de venir por las compras navideñas.

—¿Te pasa algo? —Thelma me pregunta de pronto. Es muy perspicaz a nuestros cambios de ánimo.

—No, no, todo está bien es solo… esta época. Aun no me acostumbro a este nuevo estilo de vida —tengo que mentirle, aunque no parece creerme del todo.

—¿Segura? Pareces muy decaída.

—Sí, solo es que extraño mi casa —insisto en mentirle, no sé por qué me empeño si no me cree nada.

—Bueno… mientras te animas a decime la verdad, ¿puedes ir a recoger esto? —dice mientras saca una nota de su mochila y me la entrega—. Es el regalo de los gemelos.

—Claro, no hay problema.

Y ahora voy en camino por el dichoso regalo de los Kagamine mientras mis preocupaciones aumentan, ahora debo pensar en que decirle a Thelma. Tal vez debería decirle la verdad, esto segura que guardaría el secreto y, contrario a Meiko, no me forzaría a nada.

¡Ah! Hubiese preferido huir al departamento, ver a tantas parejas felices me estresa un poco. ¿Por qué tenía que enamorarme de mi mejor amiga? No es extraño que un chico se enamore de su mejor amiga y viceversa, pero en mi caso las dos somos chicas y eso lo complica más. Ahora que lo pienso… nunca he escuchado su opinión sobre las relaciones homosexuales, ni reales ni ficticias. Creo que esa puede ser una buena manera de saber si debo confesarme. Sí… creo que sí.

—¡Aquí estás! —la voz de Miku me grita al oído seguida por su fuerte abrazo. ¡No me di cuenta que estaba cerca!

—¡O-oye! —la detengo, casi me tira las gafas—. Con cuidado o me descubrirán.

—Lo siento, te estaba buscando —dice con una sonrisa inocente. Tan típica en ella. Y siempre me ha gustado—. Rápido, ven, ven.

Me toma de la mano y me lleva entre la multitud de personas hasta una pequeña sala de juegos. De seguro quiere que le saque un muñeco de la máquina de premios. Mira que arriesgarnos así por un peluche. Eso pensé en un principio, pero en verdad me llevó hasta una máquina de purikura. Hacía tiempo que no veía una de esas.

Cuando me di cuenta, ya estábamos las dos adentro de la cabina, sin lentes ni pelucas, listas para las fotografías. Antes de VOCALOID, íbamos a tomarnos fotografías a un modesto negocio cercano a la escuela cada vez que Miku pasaba un examen de inglés con una nota mayor a 75. Era su manera de festejarlo. Aún tengo una fotografía en la que me presume su flamante 80 lleno de destellos. Ahora con este nuevo estilo de vida, revivir aquellos días me hace apreciarlos más.

¡Bah! Ya no sé cuántas purikura nos hemos tomado, pero no me importa. El regalo de los Kagamine puede esperar unos minutos más, prefiero dibujarle sombreros y estrellas a Miku mientras ella no deja de ponerme orejas de gato. Es increíble como esto me hizo olvidar mi molestia. Solo esto, estar con ella. Pero en el fondo… creo que debo decirle todo pese a mis miedos.

—¿Luka? —me regresa a la realidad—. ¿Estás bien? Llevas mucho y no eliges un solo efecto.

—Oh es que… pensaba que mejor deberíamos tener una fotografía así, sin ningún efecto ni nada. Pasamos mucho tiempo con todo tipo de vestuarios. ¿Por qué no ser solo dos chicas normales por un minuto?

—Creo que tienes razón. ¡Por los viejos tiempos!

De inmediato me abrazó y tomamos la fotografía. Si al menos puedo inmortalizar su sonrisa por unos segundos… Tengo que dejar el miedo. ¡Sí! Le confesaré lo que siento al primer minuto del Año Nuevo. ¡Está decidido!

—¡Por todos los cielos! ¡Hatsune Miku y Megurine Luka están aquí! —escuchamos un grito fuera de la cabina. Las fotos de entregan a un lado de la entrada de la cabina y por eso nos metimos en un problema muy gordo. Mejor le llamo a Master…