Capítulo 48: "Cita con el médico"

—Ya te dije que no —le quitó la caja de cereal de la mano y lo devolvió a la alacena.

—Pero Zhan Ge, tengo hambre —se quejó, haciendo un puchero en serio, y muy adorable.

—Te van a hacer estudios, necesitas ir en ayuno —miró la hora en su reloj—. Vámonos ya, tenemos que llegar a tiempo.

—Pero no desayunaste.

—Por solidaridad —sonrió.

—Eres tan bueno —hizo una mueca chistosa y bastante tierna.

—Y porque iremos por waffles al salir.

—Excelente idea.

Salieron juntos esa mañana rumbo al laboratorio para que Yibo se hiciera ciertos análisis de sangre que su médico le había solicitado para antes de la consulta. Fue algo complicado, pues a veces se les olvidaba que cualquiera podría reconocerlos. Xiao Zhan tuvo que quedarse en el auto mientras Yibo iba solo, cubriendo por completo su identidad.

En verdad era agotador hacer eso todo el tiempo, ahora más que nunca lo resentía, pues él quería acompañarlo incluso en esos momentos, pero no podía.

En todo momento estuvieron en contacto, Xiao Zhan pensaba que quizás hubiese sido mejor que su guardaespaldas lo acompañara, pero Yibo descartó la idea, asegurando que así sólo lograría llamar más la atención.

—Nadie me ha reconocido —le dijo Yibo por mensaje—. Sólo la recepcionista a quien le di mis datos verdaderos, pero no ha hecho ningún escándalo.

—Bien, ten cuidado, estaré al pendiente —le respondió.

No pasó mucho tiempo antes de que Yibo regresara al auto, con su brazo izquierdo flexionado y con una galleta a medio comer en la mano derecha.

—¿Todo bien? —inquirió Xiao Zhan de inmediato.

—Casi me desangro —dramatizó, con un tono tan neutro que hizo reír a Xiao Zhan. Extendió su brazo izquierdo y le mostró el pequeño curita que le habían puesto.

Xiao Zhan rio más.

—Que dramático.

—¿Galleta? —la puso frente a su rostro. Ya estaba toda mordida y quedaba muy poco.

—No, cómela tú. ¿Por qué te dieron galletas?

—Porque soy ¡Wang Yibo!

Xiao Zhan sólo rodó los ojos, haciendo reír a su novio.

Fueron hasta su sitio de waffles preferido, pero cuando estaban en el estacionamiento, a punto de bajarse, se dieron cuenta de la pésima idea que había sido aquello.

Ellos no podían ir y desayunar waffles en público, no podían darse el lujo de compartir un momento común y corriente del cual el resto del mundo sí tenía privilegio.

Yibo apretó los puños, fastidiado al darse cuenta de la falla en sus planes.

—Vamos a casa —sugirió Yibo, algo cabizbajo. Odiaba no poder hacer cosas cotidianas en público con su amado, ni siquiera como amigos.

Si un solo fan los descubriera, aunque fuese por separado, se armaría un escándalo total. Y ninguno de los dos traía a su guardaespaldas. Mao se enojaba últimamente con ellos por eso, pero es que los dos querían pasar tiempo a solas, y no escoltados siempre por alguien.

—Zhan Zhan, en serio, vámonos.

El aludido encendió el auto.

—No, no nos iremos —se dirigió hasta el autoservicio y ordenó.

—¿Qué haces? No tenemos tiempo para ir y comer esto en casa.

—Nunca dije que iríamos a casa —sonrió.

Apenas recibieron el pedido, Xiao Zhan condujo rápidamente hacia uno de sus lugares favoritos de la ciudad. Era un mirador en lo alto de la montaña, con vista a la ciudad y sus alrededores. El cielo siempre se veía contaminado, pero al menos el lugar estaba rodeado de naturaleza y no era muy concurrido. Lo mejor de todo era que les quedaba de paso.

—Nunca dejas de sorprenderme —dijo Yibo, con sus ánimos renovados y sacando su desayuno de la bolsa. Se moría de hambre.

Xiao Zhan sólo rio y abrió su paquete de comida también, no tenían mucho tiempo.

—Hay que venir aquí de noche —murmuró Yibo mientras comía.

—¿Por qué?

—Podríamos hacerlo aquí en el auto, en la noche, sin que nadie se dé cuenta —sugirió con un tono bastante travieso.

Xiao Zhan dejó de masticar, procesó la información recién otorgada y se sonrojó antes de golpearlo.

—Claro que no haremos eso.

—Si hicimos "La Hélice" ¿Por qué no intentaríamos esto? —murmuró muy bajito, mirando sus waffles.

Xiao Zhan se atragantó con su comida y terminó tosiendo con fuerza.

—¿Lo recuerdas? —tosió.

Yibo sonrió de lado. Su cuello aún le reclamaba el esfuerzo hecho esa noche, y su pierna no estaba mejor.

—Veo que tú sí, ¿Zhan Ge, por qué no me mencionaste nada al respecto? —se estaba aguantando la risa.

—Porque fue muy vergonzoso y esperaba que no lo recordaras.

—Recordé todo.

—Demonios… —masculló entre dientes.

—Sí, también el baile —se relamió los labios mientras lo miraba fijamente. Xiao Zhan entendió de inmediato eso. Había tenido sexo con él las suficientes veces como para saber lo que pasaba por su mente en ese momento.

—Wang Yibo, aclara tu mente —miró la hora—. No es momento para esto, ¿sí?

El aludido se sonrojó un poco, reaccionando y dándose cuenta de que ahí no era como en Aspen. No podía pedirle sexo a su novio cuando se le pegara la gana, en plena luz del día, y en un espacio público.

—Tú también te mueres por hacerlo —dijo con voz seria, sin apartar la mirada de él. Y es que había notado el peso de esos grandes ojos, era una sensación que sólo percibía cuando Xiao Zhan quería tener intimidad, éste no se daba cuenta de ello, pero de alguna forma lograba transmitirle a Yibo sus deseos.

—Sí —admitió, tragando en seco. La idea de hacerlo ahí, en ese preciso instante, le estaba carcomiendo por dentro. La tentación de lo prohibido era mucha. Pero logró resistir y chasqueó los dedos frente al rostro de Yibo—. Reacciona, termina de desayunar y vámonos.

El aludido le hizo caso, deseando internamente que el día pasara pronto para poder estar en la cama con su novio esa noche.

Estaba feliz, ni siquiera el hecho de que iría al médico al día siguiente lo hacía desanimarse o preocuparse. Tener a Xiao Zhan en su vida le provocaba ganas de vivirla al máximo y el valor de enfrentar cualquier cosa. Después de todo estaba cumpliendo un sueño que bien pudo haber sido imposible: vivir con el amor de su vida, con el gran Xiao Zhan, hombre igual que él.

Su ánimo no decayó ni un segundo durante el día, al contrario, éste iba en aumento conforme se acercaba la hora de ver a su amado.

Su vida se estaba acomodando perfectamente a sus deseos, incluso estaba feliz porque a diferencia de antes, ahora no tendría que tomar un avión para visitar a su médico, pues lo tenía ahí mismo en la ciudad.

Xiao Zhan se sorprendió mucho cuando supo que su amado viajaba hasta Beijing para sus consultas semestrales. ¿Pero qué podía hacer? Era su especialista de cabecera. Lo había sido toda la vida.

Al día siguiente Wang Yibo fue despertado cariñosamente por su novio, quién ya estaba listo para salir.

—¿Por qué no me despertaste antes? —preguntó Yibo con voz adormilada al verlo.

Xiao Zhan le sonrió y acarició su cabello.

—Parecía que tenías un buen sueño y no quise despertarte —le dijo con un suave tono de voz antes de darle un beso en la frente—. Dúchate y baja, el desayuno ya casi está listo. Hoy tendremos un día ocupado —le recordó.

Así comenzaron el día. Ninguno lo decía, pero estaban nerviosos por la consulta, querían que el tiempo se adelantara y así ya poder enfrentarlo de una vez por todas. Afortunadamente el día laboral de ambos iba a estar bastante saturado, tendrían sus mentes ocupadas.

—Pasaré por ti a las seis e iremos a la consulta —le recordó Xiao Zhan antes de que Yibo se bajara de auto, él asintió y le dedicó una leve sonrisa, mirándolo con fijeza—. ¿Qué ocurre? —inquirió al ver que no se movía.

Yibo ensanchó un poco su sonrisa y negó con la cabeza.

—Nos vemos en la tarde —se estiró hasta alcanzar sus labios. Inicialmente iba a ser un corto y casto beso, pero el mismo Yibo no soportó la tentación y tomó el rostro de su novio con ambas manos para profundizar la caricia que terminó segundos después con otro beso, mucho más corto y adorable.

Xiao Zhan soltó un suspiro enamorado y lo miró a los ojos, ninguno de los dos se quería despedir.

—Ten un buen día —le dijo Yibo con voz suave y una sonrisa ladina.

—Te amo —susurró Xiao Zhan, abrazándolo por los hombros a como pudo debido al cinturón de seguridad que aún tenía puesto.

La sonrisa de Yibo se ensanchó, jamás se cansaría de escuchar esas palabras saliendo de sus labios.

—Yo también te amo, Zhan Zhan —suspiró y finalmente se despidieron.

Yibo no se lo había dicho, pero se le había quedado mirando por una simple y sencilla razón: Xiao Zhan lo hacía fuerte, y se estaba dando cuenta de ello gracias a lo que estaban viviendo.

En sus demás visitas al médico solía ponerse más nervioso, incluso llegaba sentir malestar en el estómago por ello, y es que siempre iba solo. Nunca dejó que nadie lo acompañara, ni Wen Pei, tampoco sus hermanos de UNIQ. Ni siquiera Wang Han, quien siempre se ofrecía a ir con él.

Pero ahora las cosas eran distintas, su novio lo acompañaría y eso le daba cierto valor que antes no poseía.

Xiao Zhan lo hacía fuerte, porque sabía que no estaba solo, que él lo apoyaría incondicionalmente.

Por su parte, Xiao Zhan estuvo ansioso la mayor parte del día. Debía mantenerse fuerte para su novio, pero tenía un mal presentimiento. Sabía que no era más que una consulta para asegurar que todo siguiera en orden, pero… él se sentía inquieto. El simple hecho de saber que su amado padecía algo así le ponía los nervios de punta.

Durante todo el día se la pasó mirando su celular cada cierto tiempo, mirando la hora, o esperando algún mensaje de su novio.

En una de esas ocasiones en que revisó el celular, una llamada entrante apareció en su pantalla. Ni siquiera lo pensó antes de responder al instante.

—Yibo ¿Qué sucede? —preguntó con preocupación, pues no solía llamarlo en horas de trabajo.

—Hola Ge Ge —sonó normalmente tranquilo, eso relajó al mayor—. La secretaria de mi médico llamó, me pidieron que adelantara la cita un par de horas.

Xiao Zhan miró su reloj.

—Eso sería… ¿en media hora?

—Sí, lo sé, lo siento. Si no se adelantaba, me la pospondrían hasta el otro mes.

—Entiendo, no te preocupes. Intentaré salir cuanto antes.

—Zhan Zhan, sé que estás muy ocupado. Le pediré a mi chofer que me lleve.

—Pero yo quiero acompañarte —ignoró a uno de los asistentes del set que lo llamaban desde lejos, haciéndole señales para que ya dejara el teléfono y se acercara al sitio de grabación.

—No puedes abandonar tu trabajo así como así.

—Pero… —fue interrumpido.

—Hoy tienes un día muy ocupado, y yo entiendo eso. Es la ventaja de que tengas un novio que trabaja en lo mismo.

Xiao Zhan pudo sentir su sonrisa a pesar de no verlo.

—Estaré bien —continuó—. Mejor llega temprano a casa, te contaré ahí cómo me fue en la cita. ¿Sí?

No muy convencido, Xiao Zhan terminó aceptando, pues le estaban pidiendo que volviera al trabajo. El pobre anduvo de mal humor por un buen rato, sus compañeros estaban sorprendidos por ello.

En cuanto a Yibo… se sintió un poco aliviado al saber que iría solo. Amaba el hecho de que su novio lo apoyara en ese asunto, pero no estaba listo para ver su expresión triste en caso de que algo no anduviera bien con él.

Yibo tuvo que hablar con Han Ge para irse un poco más temprano. Cuando le explicó el motivo, su amigo se ofreció inmediatamente para llevarlo. Pero como de costumbre, Yibo se negó.

—Gracias, pero no es necesario.

—¿Xiao Zhan te llevará?

Por un momento Yibo había olvidado que su Ge Ge ya lo sabía todo. Pudo sentir el calor en sus orejas, estaba seguro de que se estaba sonrojando.

—Eh… no. Era el plan inicial, pero me adelantaron la cita un par de horas y Zhan Zhan aún sigue muy ocupado en el trabajo. Pero iré con mi guardaespaldas, mi chofer nos llevará.

—Bien —lo miró pensativo durante unos segundos—. ¿Y cómo estás?

Yibo sabía bien a lo que se refería, tanto Wang Han, como el resto de los hermanos de Day Day Up sabían sobre su condición de salud. Había tenido que decírselos desde un principio porque trabajaría mucho con ellos. Desde entonces lo protegían más, preocupándose en serio por la salud del "hermano pequeño".

—Estoy bien —sonrió—. Yo me siento muy bien.

Han Ge le regresó la sonrisa y le revolvió el cabello.

—Entonces ve, antes de que se te haga tarde. Yo me encargaré de explicarle al resto —le guiñó un ojo—. Si necesitas algo no dudes en llamarme.

Yibo le agradeció. Sabía que los demás comenzarían a preocuparse al no verlo cerca, pues él nunca se iba temprano.

De camino al consultorio, Yibo se sorprendió al sentir las palmas de sus manos totalmente empapadas ¿Tan nervioso estaba?

Al llegar sólo pudo sentirse más nervioso. Afortunadamente era el único en la sala de espera, pero eso no ayudaba con su ansiedad. Por un momento deseó con todas sus fuerzas que Xiao Zhan estuviera ahí con él, sólo él lograba tranquilizarlo.

Demonios —murmuró mentalmente, estaba muy inquieto, golpeteando el piso con su pie una y otra vez.

Se distrajo un momento cuando recibió un mensaje en su celular, lo abrió y una bella sonrisa adornó su rostro cuando vio que su amado le había enviado un meme de él mismo.

"Uno nuevo para tu colección" le había escrito, seguido de un: "Todo va a salir bien, te amo".

Eso calmó un poco a su alocado corazón, pero éste dio un salto de nuevo al escuchar cómo se abría de pronto la puerta del consultorio, desde donde un hombre mayor con bata blanca asomó su cabeza.

—Wang Yibo —dijo con grave y amable voz.

El aludido se puso de pie y entró al consultorio, saludándolo con educación.

—¿En verdad eres tú? ¡Cuánto has crecido! —realmente estaba feliz por verlo de nuevo.

—No he crecido —sonrió, sintiéndose un poco tranquilo ante la calidez que su médico emanaba. Siempre había sido un hombre muy bueno, lo había atendido desde que tenía uso razón, así que también le tenía cariño.

—Tienes más de un año de no venir, claro que creciste, ahora mismo lo comprobaremos —lo empujó suavemente contra una barra métrica que tenía en la pared y lo midió—. Creciste tres centímetros —comprobó. Le sonrió y alzó una ceja—. Te lo dije.

Yibo rio un poco.

—¿Cree que siga creciendo?

—Por tu edad, no. Esta será tu altura.

El pobre tenía la esperanza de al menos crecer unos tres centímetros más y alcanzar a su novio.

—Ven, toma asiento —con una sonrisa palmeó la espalda de Yibo y lo condujo a una de las sillas frente a su escritorio—. Ya revisé los resultados de tus estudios de ayer —le señaló la pantalla de su computador. Ahí tenía el expediente completo de su paciente.

—¿Cómo está todo? —no dejaba de juguetear con sus dedos.

El médico mantenía una expresión neutra, ya no sonreía, eso sólo lo puso más nervioso.

—Aparentemente todo está en orden, pero quiero revisarte para tener un panorama más completo.

Señaló una camilla de examinación detrás de una cortina. Yibo ya se sabía la rutina de memoria, así que caminó hasta sentarse en ella y dejó que el médico lo revisara.

Yibo no aparataba los ojos de su médico, analizando cada reacción que tenía mientras lo revisaba, tratando de encontrar una señal de que algo iba mal.

—Tranquilízate un poco, estás muy agitado —le pidió el doctor al auscultar su corazón.

—Lo siento —tragó en seco y respiró profundamente, logrando calmarse un poco.

—Recuéstate, ya sabes la rutina —le pidió con una sonrisa amable.

Yibo asintió, se quitó el reloj, los accesorios de metal que traía puestos, se descubrió los tobillos y finalmente se quitó la camiseta antes de recostarse sobre la camilla. El médico comenzó a colocar los electrodos en su tórax, muñecas y tobillos.

A partir de ahí Yibo recordó que no debía hablar ni moverse. Había pasado por eso tantas veces que casi podía dar clase sobre cómo realizar un electrocardiograma correctamente.

Esperó con paciencia a que el electrocardiógrafo arrojara sus resultados y a que su médico comprobara que salieron correctamente antes de retirarle los electrodos. Al terminar, Yibo volvió a colocarse la camiseta y sus accesorios.

—¿Qué ocurre? —preguntó con algo incertidumbre al ver la expresión casi neutra de su médico mientras seguía interpretando los resultados.

—¿Has estado bajo mucho estrés últimamente? —lo miró por encima de sus anteojos, con completa seriedad.

Yibo soltó una risa seca.

—No, en lo absoluto. Acabo de regresar de unas largas vacaciones en las montañas. Dígame ¿Qué ocurre? ¿Otra vez… —tragó en seco.

—No, no. Tranquilo —suspiró y se llevó una mano al mentón, completamente pensativo—. Mira, los resultados no son cien por ciento alentadores.

A Yibo se le fue la sangre hasta los pies.

—Pero tampoco debes preocuparte mucho por ello. Tu corazón no está bien del todo, pero no es tan grave como antes.

—Pero no me he sentido mal en ningún momento —comenzó a agitarse, se sentía algo molesto consigo mismo.

El médico suspiró y finalmente sonrió.

—Lo detectamos muy a tiempo, y el medicamento que te voy a dar ayudará a que mejores. Si hubieras dejado pasar otros seis meses… bueno, la historia sería diferente. Me gustaría que pasara menos tiempo entre cada chequeo, no hay que subestimar esto ¿De acuerdo?

Con su rostro estoico, Yibo asintió, luchando con sus fuerzas para contener las emociones que lo invadían en ese momento. Tenía sus puños apretados sobre sus rodillas, su mandíbula apretada y su corazón latiendo con fuerza. Sentía coraje por su maldito cuerpo débil que parecía querer darle problemas de nuevo. Había pasado tanto tiempo que creyó estar completamente sano, por un momento pensó que su enfermedad al fin había quedado en el pasado.

—Oye —puso una mano sobre su hombro—. Tranquilo, es una buena noticia haberlo detectado a tiempo.

Yibo trató de sonreír, pero no pudo. Por más mínimo que hubiese sido el mal resultado, era un mal resultado. Él no quería eso, odiaba saberse enfermo.

Sólo pudo asentir con la cabeza antes de bajarse de la camilla.

—Trata de limitar el ejercicio que implique más esfuerzo de lo normal. Tampoco te estoy pidiendo que te mantengas en reposo, sólo ten cuidado para que tu estado no vaya a empeorar. He visto que haces coreografías muy difíciles y bastante intensas. Trata de evitarlas por ahora —lo miró y notó la sorpresa en Yibo—. ¿Qué? ¿Creías que no seguía el trabajo de mi paciente estrella? ¡Claro que lo hago! Además, mi hija es una gran fan tuya.

Yibo se sonrojó un poco.

—Mantente activo, pero no abuses ¿De acuerdo?

El aludido asintió.

—Este medicamento es bastante suave, lo tomarás desde hoy hasta que te vuelva a ver. Veremos cómo reaccionas con él y así sabremos cómo proceder —le extendió el medicamento y una receta para que siguiera surtiéndolo en la farmacia—. Quiero verte de nuevo en un mes.

—¿Tan pronto? —se exaltó.

—Sí, ya no faltes a tus consultas, por favor —lo regañó.

Yibo comenzó a sentirse muy agitado, tenía años, muchos años de no recibir esos resultados en sus estudios y chequeos. La última vez que comenzó a mostrar síntomas, terminó internado en un hospital en Corea por varias semanas, haciendo que sus amigos se enteraran de todo lo que padecía y logrando que lo sobreprotegieran y se preocuparan todo el tiempo por él.

Además, también estaban sus padres… ¿Qué les diría? ¿Con qué cara iría a decirles que de nuevo no estaba muy bien?

Y como si su médico le leyera la mente…

—¿Quieres que hable con tus padres?

Yibo reaccionó segundos después, parpadeando con confusión.

—¿Eh? No, yo les diré —suspiró—. ¿Es todo por hoy?

—Así es —le sonrió con suavidad, preocupándose un poco por su paciente al verlo tan decaído.

Caminaron hacia la salida, y ahí, bajo el marco de la puerta del consultorio, el médico le palmeó la espalda con cariño.

—Yibo, escúchame bien.

El aludido asintió y lo miró con seriedad.

—No quiero que esto sea motivo de preocupación o terminará afectándote. Necesito que estés tranquilo, sigue las indicaciones, toma el medicamento y no vuelvas a faltar a tus consultas —le reprochó—. Te veré aquí en un mes y ya verás que todo irá mejor. Recuerda que lo detectamos a tiempo, esto no tiene por qué empeorar.

Yibo volvió a asentir, su médico tenía razón. Además, dentro de todas las malas posibilidades, le había tocado la menos peor. Al menos no tenía ni una molestia.

—Si llegas a sentir cualquier molestia, adelanta la cita y te veré de inmediato.

—Gracias —le dedicó la sonrisa más forzada que había hecho en un largo tiempo.

El médico se despidió dándole otra palmada en la espalda.

Yibo se quedó ahí parado unos segundos, mirando a la nada, hasta que una voz lo sacó de su ensimismamiento.

—¿Le programo la cita dentro de un mes? ¿A la misma hora? —inquirió la secretaria con una suave sonrisa.

Yibo asintió, pagó la consulta y se dio media vuelta con una expresión en verdad triste, pero cuando alzó la vista se dio cuenta de que la sala de espera no estaba sola, se topó con unos ojos fijos en él. Esos ojos se veían asustados y totalmente preocupados.

—Di Di —murmuró la persona en la sala de espera y a Yibo se le vino el mundo encima.

Era él. ¡¿Cómo no lo había visto antes?! Y lo más importante ¿Desde cuándo estaría ahí? ¿Habría escuchado lo que le dijo el médico?

Xiao Zhan había hecho hasta lo imposible para escaparse de su trabajo y llegar a tiempo a la consulta, pero no lo logró y tuvo que esperar afuera. El pobre sólo había logrado cambiarse de ropa, ni siquiera tuvo tiempo de desmaquillarse, sólo tomó una gorra, su cubrebocas y salió corriendo del set de grabación.

Nadie había logrado reconocerlo, lo único que se veía de él eran sus ojos, esos ojos que Yibo reconocería en cualquier parte.

A pesar de haberlo reconocido, Yibo se quedó parado en su lugar, incapaz de dar un paso. Por su parte, Xiao Zhan se puso de pie inmediatamente y fue hacia él. Acarició sus brazos de arriba hacia abajo en un gesto bastante conciliador.

—Hey… —murmuró en voz baja, pues la secretaria seguía ahí—. ¿Cómo estás? —le preguntó con tacto, en un tono íntimo y cariñoso. Aún estaba algo asustado por lo que escuchó, su corazón agitado pedía a gritos una explicación, pero sabía que no era momento de mostrar su alarma, Yibo necesitaba que conservara su templanza.

El aludido no se atrevió a mirarlo de nuevo a los ojos, sentía que, de hacerlo, comenzaría a llorar a mares.

—¿Podemos ir a casa? Yo… quiero descansar.

—Vamos —sin cuestionarle nada más, puso un brazo alrededor de su espalda y salieron de ahí. Yibo llamó a su chofer y le dijo que podía irse, pues ya tenía quién lo llevara.

Durante el camino a casa, Xiao Zhan no lo soportó más y comenzó a hacerle preguntas, necesitaba saber todo, pues por dentro se moría de temor y de nerviosismo, pero por fuera se mostraba lo más tranquilo posible, todo por su Di Di.

—¿Te dio medicamento?

Yibo apretó el frasco entre sus manos y bajó un poco la cabeza.

—Sí.

—¿Qué más te dijo? ¿Cómo está tu corazón?

—Bien.

—Yibo…

—Zhan Zhan, no hagamos esto —suspiró—. Estoy bien, no quiero que te preocupes. En verdad todo está bien.

—Me preocupa más no saber la verdad. No me mientas.

—No lo hago.

—En la cabaña me dijiste que no estabas enfermo.

Yibo se mordió el labio inferior y se quedó con la mirada baja por un rato, sin atreverse a responder.

—Por favor —suplicó Xiao Zhan, al detenerse en una luz roja puso su mano sobre la pierna de Yibo y lo miró directamente al rostro a pesar de que Yibo se negaba a mirarlo a los ojos—. Por favor, no me excluyas de esto, estamos juntos en todo ¿Lo recuerdas? En las buenas y en las malas.

Yibo no pudo más, el llanto que le quemaba la garganta por querer salir, salió.

—Oh… amor —se impactó al ver sus lágrimas, tanto así que no se dio cuenta de que el semáforo había cambiado a verde y ya había una fila de autos detrás de él, presionando la bocina para que se moviera.

Al darse cuenta, Xiao Zhan se salió del carril, giró en una esquina y se estacionó junto a la acera. Yibo seguía llorando con las manos en su rostro, lo hacía completamente en silencio. El mayor apagó el auto y se quitó el cinturón de seguridad para tener más libertad y acercarse a él.

—Di Di —le dijo con cariño—. Mírame —le quitó las manos del rostro, descubriendo que estaba muy rojo ya. Yibo miró hacia el techo y tomó una gran bocanada de aire, con sus ojos rojos y llorosos. Pero luego de unos momentos en los que Xiao Zhan tuvo la suficiente paciencia, Yibo terminó mirándolo a los ojos, pero al hacerlo comenzó a llorar más.

—Zhan Ge, lo siento —se talló el rostro—. No es que quiera excluirte de esto es sólo que… —resopló al ver que su voz se quebraba, trató de calmarse y de controlar su respiración antes de continuar—. Es sólo que no quería que supieras esto, no quiero que tu concepto sobre mí cambie al saber la verdad.

—¿La verdad?

—Estoy enfermo, Zhan Zhan —confesó al fin.

El temblor en Xiao Zhan fue tal que no sólo fue interno, se pudo apreciar claramente en todo su cuerpo.

—¿Qué es lo que tienes? —preguntó con mucho miedo de la respuesta.

—No es algo nuevo. Yo… nací con un defecto en el corazón que sólo empeoró cuando contraje miocarditis siendo pequeño —no quería profundizar mucho—. Durante varios años mis padres me estuvieron llevando con médicos, hasta que encontramos a este cardiólogo que trabajó en conjunto con mi pediatra. Ellos me ayudaron a mejorar y pasé muchos años sintiéndome completamente sano, cuando crecí pude hacer actividades físicas que de niño no podía, y todo iba bien, pero… hace unos años volví a recaer.

—¿Cuándo? —se alarmó.

—Tenía sólo 15, estaba en Corea, mi médico estaba muy lejos, así que estuve un tiempo en el hospital.

—No sabía eso.

—Nadie lo sabe, sólo los más cercanos. Pero luego de eso no volví a tener ni un solo problema, una vez más reanudé mis actividades sin restricción alguna, asistí a mis revisiones semestrales y cada vez me encontraba incluso mejor que antes. No necesité medicamentos nunca más.

Xiao Zhan bajó la mirada al regazo de su novio, al frasco de pastillas que apretaba en su mano.

—Pero ahora he vuelto a lo mismo —estaba muy frustrado.

—Oye, pero… me imagino que ahora fue detectado muy en tiempo ¿No?

—Eso dijo mi doctor —se sorbió la nariz, aguatando su llanto.

—Entonces todo va a salir bien —apretó su mano. Él mismo estaba temblando por dentro. Jamás imaginó que Wang Yibo tuviera ese tipo de problemas de salud, le costaba mucho creerlo—. Imagino lo frustrante que debe ser, pero… —limpió sus lágrimas con una mano—… estás aquí, estás conmigo y no en un hospital. El médico ya te revisó y vas a comenzar el tratamiento, en un mes lo verás y todo va a estar bien ¿Sí? Yo estaré contigo en cada momento, y cuidaré de ti —lo rodeó con sus brazos—. Nunca te dejaré solo en esto ¿Entendido? —acarició su espalda de una forma tan reconfortante que el menor se echó a llorar con fuerza en sus brazos.

—Sé que… sé que el médico dijo que sólo hubo una pequeña anomalía en mis resultados, dijo que no me preocupara, pero tengo miedo.

El corazón de Xiao Zhan se partió al sentir cómo temblaba dentro del abrazo. Era la primera vez que Yibo lloraba así ante él, aceptando el miedo que le tenía a algo tan peligroso e intimidante como eso.

Xiao Zhan lo apretó con fuerza y logró reconfortarlo.

—Lo sé, lo sé. Es normal tener miedo, pero aquí estoy contigo para enfrentarlo —acariciaba su espalda con mucho cariño, dando pequeños besos a su cabeza.

Entendía que tuviera tanto miedo aunque los resultados no fueran terribles. Para él, por más mínima que fuese la mala noticia, sentía un terrible terror, pues los recuerdos de su infancia en ese aspecto no eran muy buenos. El solo hecho de pensar que existía la posibilidad de volver a ello… lo ponía a temblar, así que Xiao Zhan lo entendía

—Por eso no querías ir, ¿verdad?

—Por eso no había ido en un año —suspiró y se separó del abrazo. El corazón de Xiao Zhan se estrujó una vez más al verlo así, no lo soportaba.

—¿Sospechabas que pasaría algo así? ¿Te habías sentido mal? —se angustió, tratando de recordar algún momento durante la filmación de The Untamed en el que se hubiese sentido mal, pero no, Wang Yibo siempre fue bastante sano.

—No, no me he sentido mal. Pero el médico dijo que, de no haber asistido hoy, lo habría hecho muy pronto debido a alguna molestia.

Xiao Zhan suspiró, bueno, al menos no se sentía mal, eso ya era ganancia. Pero entonces se molestó y lo golpeó.

—¿Por qué me pegas? —preguntó en un tono triste, muy diferente a sus reacciones habituales. Xiao Zhan se arrepintió de hacerlo y masajeó con suavidad la zona que golpeó.

—Por irresponsable, no debiste faltar a tu cita, la postergaste mucho tiempo.

—Lo sé…

—No lo harás de nuevo.

—No.

—Yo me encargaré de eso.

—Bien.

Xiao Zhan suspiró. Se quedaron en silencio unos momentos.

—Vamos por un helado —encendió el auto.

Yibo lo miró, al fin, con una sonrisa.

—Zhan Ge, tú siempre quieres helado.

—¿Tienes antojo de algo más? Podemos ir por unas hamburguesas si quieres. Espera, no. No es bueno para ti.

Yibo negó.

—Puedo comer normal, no necesito una dieta específica, estoy bien en ese aspecto. Si mi corazón falla no es por eso, no tengo colesterol, de hecho… está bajo —rio un poco—. Vamos por unas hamburguesas y por un helado también.

—Bien —sonrió al verlo un poco más animado, sin embargo, notaba que seguía soltando una que otra lágrima, su tristeza era palpable. Entonces Xiao Zhan recordó algo—. Toma —sacó algo de su bolsillo delantero y se lo extendió.

Yibo abrió mucho sus ojos al ver lo que era: un pañuelo de tela. Su corazoncito se aceleró

—Zhan Zhan ¿Qué edad tienes? ¿Ochenta?

—Cállate y acéptalo.

Con una bonita sonrisa, Yibo tomó ese suave pañuelo doblado y lo usó para limpiar sus lágrimas.

—Gracias —musitó en un tono quedo y algo apagado. Xiao Zhan extendió su mano hacia él sin aparatar la mirada del camino y le revolvió los cabellos. Sabía que ese "gracias" no era sólo por el pañuelo.

—Si lo llenas de mocos, tendrás que lavarlo antes de regresármelo.

—Lo siento. Tendré que lavarlo… —murmuró, antes de soltar una pequeña risa.

Tristemente, una vez más los dos tuvieron que descartar la idea de ir por comida y helado, no podían simplemente pararse en un lugar público sin esperar que los rodearan y les tomaran fotografías.

Así que hicieron su pedido por internet y se fueron directo a casa a esperar.

Mientras comían en la cama, vestidos con la ropa más cómoda que tenían, Nut se subió y se acurrucó junto a Yibo. Casi parecía que la pequeña sentía la tristeza de su padre.

—Ella sólo quiere que le des helado.

—Lo que pasa es que estás celoso, Zhan Zhan —se burló, acariciando a Nut y dejándola hacer lo que quisiera.

Xiao Zhan sólo rio y siguió comiendo directamente del envase.

—Zhan Ge —murmuró de pronto—. ¿En serio no te molesta esto?

—¿Qué cosa?

—Somos novios, pero no podemos salir siquiera por un helado.

Xiao Zhan le dedicó una linda sonrisa antes de responder:

—Juntos o no, la situación con los fans es la misma. Ni siquiera estando solos podemos hacer eso, así que… ¿Qué mejor que compartir la situación con mi novio, en nuestro departamento y con nuestra hija?

Yibo no pudo responder con palabras, estaba demasiado sensible y sentía un nudo en la garganta. Sólo pudo seguir comiendo helado para disimular su llanto contenido.

—No quiero ser una molestia con esto, pero ¿no crees que sería buena idea hablar con tus padres? Deben estar esperando que les digas cómo te fue.

—Lo haré luego.

Xiao Zhan decidió no insistir más en el tema.

Los ánimos en casa estaban un poco bajos, esa noche se fueron a la cama en silencio, Xiao Zhan lo abrazó desde atrás y lo apretó contra su pecho para hacerle sentir su apoyo. Pero Yibo quería otra cosa.

—Amor, ¿puedes dormir sobre mí? —inquirió Yibo en voz baja.

El aludido se desconcertó un poco, pero cedió ante su pedido y se hizo a un lado para recostarse sobre su costado, apoyando su cabeza justo sobre su corazón.

Yibo soltó un pesado y largo suspiro. Sentir el peso de su novio sobre él lo tranquilizaba, y poder rodearlo con sus brazos también.

—Gracias —murmuró antes de quedarse dormido poco a poco.

Esa noche Xiao Zhan no pudo dormir. Permaneció acostado en esa cómoda posición, escuchando el latir de su corazón hasta que amaneció y llegó la hora de levantarse y seguir con su rutina diaria.

Los días posteriores a ese fueron tranquilos, Xiao Zhan se aseguraba de que su novio tomara el medicamento sin falta, también volvió a la comida balanceada y a los jugos verdes por la mañana.

Yibo tuvo que hablar con Wen Pei sobre su estado y él se encargó de hablar con la agencia, quienes decidieron aligerar su carga de trabajo y hasta le ofrecieron unas vacaciones a pesar de que acababa de llegar de unas. Yibo se negó y prefirió seguir con su calmada rutina, necesitaba tener su mente ocupada.

Desafortunadamente uno de sus proyectos se vino abajo, iba a participar en una competencia de baile contra bailarines expertos. Eso iba a requerir de un esfuerzo físico extenuante, así que el mismo Yibo decidió que lo mejor era rechazar ese trabajo por ahora.

Sus hermanos de Day Day Up no tardaron en enterarse, y al hacerlo, se volvieron sumamente sobreprotectores con él. Les agradecía que se preocuparan por él, pero admitía que se sentía asfixiado con sus atenciones.

Sin embargo, hubo algo dentro de todo eso que agradeció mucho. Y era el hecho de que su novio no lo sobreprotegía. Se preocupaba por él, sí, pero no lo abrumaba todo el día con cuidados y preguntas. Eso era un gran alivio para él.

Pero lo que más lo sorprendió fue llegar a casa luego de un largo día de trabajo y encontrarse a su novio esperando por él en el jardín delantero.

—¿Qué ocurre? —inquirió con curiosidad después de despedirse del chofer.

—Te tengo una sorpresa —le extendió el control con el que abrían la cortina automática del garaje.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo.

Hizo caso, presionó el botón y…

—¡Xiao Zhan! ¡¿Cómo lo hiciste?! —corrió hacia el garaje y miró con profundo cariño al segundo amor de su vida: su Ducati roja.

—Tengo un par de contactos en esos negocios y… bueno, hice que adelantaran el envío.

Yibo llevaba mucho intentando que le enviaran su motocicleta desde Shanghái, pero había sido muy difícil y los trámites del traslado eran muy lentos.

—¡Gracias, gracias, gracias! —abrazó a su bebé. Estaba tan reluciente y hermosa como la última vez que la vio.

—Toma —le extendió las llaves.

—Oh Xiao Zhan, en serio ¡Muchas gracias!

No cabía en sí de la felicidad. Y Xiao Zhan no podía estar más feliz al ver de nuevo esa sonrisa en él, y ese brillo en sus ojos que se había ido apagando.

—No tienes nada qué agradecer, pero… —se mordió el labio inferior. Yibo lo miró e inconscientemente se mordió el suyo también.

—¿Pero?

—Podrías llevarme a dar una vuelta —ofreció con un poco de timidez—. Nunca me he subido a una moto.

—¡¿Nunca?!

El aludido negó con la cabeza.

—¡Vamos! —miró a su alrededor y descubrió que en una caja cerca de la moto estaban unos cuantos cascos de su gran colección—. Elige el que quieras —le dijo a su amado mientras él escogía el que Zhan Zhan le había regalado en su cumpleaños hace un par de años.

Con ánimos renovados, Yibo se subió a la moto y le pidió a su amado que hiciera lo mismo.

—Abrázame fuerte por la cintura, no te vayas a soltar —le pidió.

—No lo haré —estaba emocionado.

Yibo encendió la moto y su cuerpo entero se estremeció al volver a sentir esa emoción anticipada antes de arrancar.

Salieron del garaje y fueron a dar una vuelta por toda la ciudad. Xiao Zhan se sujetaba firmemente de la cintura de su novio, descansando sus manos en el estómago de él. En ocasiones tomaba una velocidad bastante alta, pero le tenía la suficiente confianza como para no ponerse nervioso y disfrutar del viaje.

—¿Quieres conducirla? —le preguntó cuando se detuvieron afuera de una pequeña tienda de autoservicio a las afueras de la ciudad. Yibo había conducido hacia la carretera para poder tomar velocidades altas.

—¡No gracias!

—Vamos, yo te enseño.

Xiao Zhan lo pensó unos segundos antes de aceptar.

—¡Excelente! —emocionado, bajó su visor del casco y el de su amado también, entonces chocó su casco con el de Xiao Zhan a modo de "beso" y le pidió que se subiera primero a la motocicleta.

Con paciencia le enseñó todo lo que tenía que saber, y cuando logró arrancar sin que se le apagara, se sintió victorioso.

Xiao Zhan no tardó mucho en aprender a conducirla, pero…

—Manejas como abuelita —le dijo Yibo de pronto, aferrado con fuerza de su cintura más por gusto que por otra cosa, pues iban demasiado lento.

—¡Wang Yibo! —se quejó—. Apenas estoy aprendiendo.

—Pero podrías ir un poco más rápido.

—No.

—Abuelita —se burló y ambos se echaron a reír.

Cuando comenzó a anochecer llegaron a otra pequeña tienda junto a la carretera. El lugar estaba bastante solo así que se arriesgaron a quitarse los cascos y a entrar sin ocultar su identidad.

Sólo estaba el encargado de la tienda, pero no tenía idea de quiénes eran ellos.

Relajados y felices, eligieron toda la comida chatarra que se les antojó y se sentaron en una banca afuera del establecimiento, junto a la moto.

—Estás sudando demasiado —Yibo peinó el cabello de su novio hacia atrás, importándole poco que estuviera empapado en sudor.

—Tú también —señaló su rostro, incluso sus mejillas estaban rojas por el calor que hacía, estaban en pleno verano, y el haber estado bajo el sol abrasador toda la tarde no ayudaba.

A pesar de que era de noche, el calor seguía haciendo de las suyas.

Xiao Zhan se acabó la botella entera de agua que se había comprado y se recargó contra el respaldo de la banca. Yibo no le apartaba la mirada de encima, y es que incluso así, completamente sudado y agitado, se veía precioso.

—¿Qué ocurre? —inquirió Xiao Zhan al ver que su novio había dejado de masticar sus papitas fritas.

Yibo negó con la cabeza y se quedó pensativo durante unos segundos antes de decir:

—La verdad es que quiero besarte.

Esa confesión tomó por sorpresa a Xiao Zhan, quien miró discretamente a su alrededor y notó que estaban solos, a un lado de una carretera vacía y oscura. Nadie los vería ¿O sí?

Xiao Zhan dejó que ese impulso tomara el control de su cuerpo y se estiró hacia su novio, tomándolo de una mejilla cariñosamente para besarlo en los labios. Pudo sentir cómo Yibo sonreía en medio del beso y cómo le mordió el labio inferior con picardía. Se estaba comportando travieso, algo que no hacía desde hace algún tiempo.

Al separarse, Xiao Zhan se relamió los labios y rio sin soltarle la mejilla.

—Sabes a crema con cebolla.

Yibo se avergonzó y recordó que recién estaba comiendo papas fritas de ese sabor.

—Lo siento —rio.

Xiao Zhan negó con la cabeza.

—Me gusta.

Sí, quizás era un tonto enamorado, porque en cualquier otra situación, con cualquier otra persona, no le habría gustado aquello.

—¿Quieres conducir de camino a casa? —le preguntó Yibo.

—No, gracias —rio—. Llegaríamos hasta mañana, después de todo dices que conduzco como abuelita.

—Tienes razón, yo conduciré.

Xiao Zhan lo miró con rencor y se contuvo de sacarle la lengua.

Entonces ambos recibieron notificaciones en sus teléfonos. Abrieron sus mensajes y se quedaron en silencio unos momentos. Los habían buscado para lo mismo. Wen Pei le había mandado una captura con un mensaje simple: "?". Y Na Ying Jie había hecho exactamente lo mismo con Xiao Zhan, pero le había escrito un: "¡Tengan más cuidado, por favor!".

Y es que habían sido captados en las calles de Beijing andando juntos en moto. Hubieran pasado desapercibidos si Yibo no se hubiese puesto el casco que Xiao Zhan le regaló. Eso los delató por completo. Tanto así, que ya eran tendencia en la noticias de Weibo. Les habían tomado fotografías en el centro de la ciudad y en la primera tienda de autoservicio a la que llegaron. Captaron justo el momento en el que Yibo le daba un "beso" con su casco al otro.

—Que idiota —se dijo a sí mismo Yibo, culpándose por haber elegido ese casco, si no hubiese sido así, no se habrían dado cuenta de nada.

—No digas eso, yo tampoco me detuve a pensar en las consecuencias —suspiró Xiao Zhan.

Siguieron leyendo las notas y descubrieron con sorpresa que nadie sabía quién era el acompañante de Yibo. Todos querían creer que era Xiao Zhan, pero no había ninguna foto de él sin casco.

Pero lo que había ocasionado un gran alboroto fue el "beso" de casco a casco y el hecho de que Wang Yibo le estaba enseñando a alguien a conducir SU MOTOCICLETA. Este era otro tema bastante activo en las redes en ese momento, pues era bien sabido por todas que una de las cosas más sagradas para Wang Yibo era su amada motocicleta, y obviamente no iba a dejar que cualquiera se subiera a ella, mucho menos que la condujera.

Así fue como comenzó la polémica de: "¿Quién es el afortunado de la moto?".

—Nunca había dejado que alguien se subiera a mi moto —confesó Yibo de pronto, subiendo un poco los ánimos.

—¿En serio?

—Eres el primero y el único, Zhan Ge —le sonrió.

—Me siento afortunado.

—Aunque es una lástima que manejes como abuelita —enseguida soltó un quejido de dolor, pues se había ganado un fuerte codazo de su novio—. Ya no nos preocupemos más por esto —bloqueó el celular y miró a Zhan Zhan—. Vamos a casa —besó sus labios fugazmente antes de levantarse y subirse a la moto.

Días después, y a pesar de la polémica que crearon por accidente, Wang Yibo recibió una notificación de la agencia en la que le decían que tenía varios días libres de trabajo y que podía tomárselos como vacaciones.

Curiosamente, Na Jie llamó a Xiao Zhan para decirle exactamente lo mismo.

—Pero tenía una sesión de fotos para dentro de dos días.

Su quería amiga soltó una risita traviesa con la que Xiao Zhan entendió todo.

—Pues ahora es hasta la otra semana —entonces bajó la voz—. Disfruten estos días y distráiganse un poco. Los dos son muy importantes para esta agencia, así fue como Wen Pei y yo logramos que les dieran estos días libres porque… pues ya sabes, es por el bien de los idols más importantes de YueHua.

Ahora fue el turno de Xiao Zhan para reír. Wen Pei y Na Ying Jie eran increíbles, ellos dos, junto con Mao, eran sus ángeles guardianes.

—Gracias —le dijo de todo corazón.

—Aprovechen el tiempo, no hagan locuras y nos vemos en unos días. ¡Salúdame a Yibo!

—Lo haré.

Se despidieron y Xiao Zhan colgó la llamada. La había puesto en altavoz, así que Yibo escuchó todo con una gran sonrisa.

—Amor, ¿quieres pasar estos días en casa de mis padres?

Los ojos de Wang Yibo brillaron intensamente.

Continuará…

29/05/2020

5:50 p.m