Sonámbulo

Son casi las tres de la mañana, tengo una sesión en el estudio a las ocho y no puedo dormir. Desde hace unos días tengo problemas para conciliar el sueño, apenas me alejo del ajetreo diario y mi cabeza comienza a dar vueltas, rebuscando en mis memorias una respuesta, una señal o algo que me ayude a despejar mi mente. Meiko me dijo que debería tomar algún somnífero, pero me niego a hacerlo, no quiero recurrir a ningún fármaco para dormir. Lo peor es que la solución es aparentemente sencilla. Solo necesito un sí o un no como respuesta… pero parece que es más difícil para ella. Por eso no quería confesarle mis sentimientos.

Al menos he pasado estos desvelos al lado de Oscar Wilde. Con tantos ensayos no tenía tiempo para leer mucho y de algún modo debo aprovechar la situación. Aunque no niego que preferiría estar dormida. La vista también es algo increíble. Parece que Tokio es una ciudad que nunca duerme; las luces y las pantallas que se extienden por sus calles permanecen encendidas toda la noche. Me pregunto en cuantos anuncios nocturnos estaremos nosotros.

Se escucha una puerta. Supongo que solo es alguien que va al baño. Yo sigo con mi lectura, pero los pasos no se detienen. Levanto la vista y ahí está Kaito, en pijama, con los brazos extendidos y camina directo a la cocina. ¿No me vio? Le hablo en voz baja pero me ignora. Me acerco a la cocina y lo veo sirviéndose un plato de helado. De nuevo le hablo pero parece no escucharme. Sus ojos… ¿están cerrados? No puedo creerlo, ¡es sonámbulo! Algo así había comentado Meiko hace tiempo, pero no le creí. Claro, tampoco es algo frecuente; supongo que el reciente estrés al que se ha visto expuesto estos días influye en eso. ¿Qué puedo hacer? He leído que no es bueno despertar a los sonámbulos, los rumores dicen que pueden volverse locos o incluso sufrir un infarto, pero me parece exagerado. Por ahora voy a dejarlo seguir con su rutina y evitaré que se haga daño.

Kaito, con el tazón en sus manos, se sienta frente al televisor. Su mano parece accionar un control remoto invisible y, tras cambiar los canales, comienza a comer. No esperaba ver este espectáculo nunca, estar despierta junto a un sonámbulo devorador de helado es lo más extraño que me ha pasado en la vida. Nunca imaginé que pasaría así una noche de insomnio. Después de un rato, Kaito ha terminado de comer. Se levanta y deja el plato en el fregadero, acto seguido camina al pasillo rumbo a su habitación… no, la ha pasado de largo. Está… ¡se metió a la habitación de Miku! ¿Qué diablos?

Corro a su habitación, debo evitar cualquier lio que se pueda armar el sonambulismo de Kaito. Entro y para mi sorpresa está ¿bailando? Sí, está bailando frente a la ventana. Me parece que es la coreografía de Cendrillon, ¿acaso está ensayando dormido? Es tan extraño pero interesante de ver, los estragos que puede causar el estrés en el sueño: yo no puedo dormir y Kaito es sonámbulo. Se acerca a Miku, creo que va a cargarla y si lo hace la despertará de un susto. Me acercó a ella, vigilando los pasos de Kaito que se acerca lentamente.

—Miku —susurro, no quiero despertar a Kaito—. Miku, oye —muevo con delicadeza su hombro. Es una pena despertarla, se ve tan tranquila.

—¿Lu…Luka? —apenas abre los ojos—. ¿Pe-pero qué haces…?

Le indico que guarde silencio y señalo a Kaito. Aun aturdida por el sueño, mira a nuestro amigo que se acerca bailando.

—Es sonámbulo. Ven, no hay que despertarlo.

Adormilada, logro sacarla de la cama. Kaito, a su vez, la busca y termina cargando una almohada como si fuese su pareja. Debería estar grabando esto, pero mi celular está en mi habitación. Ver a Kaito bailar con una almohada es muy gracioso, aunque parece que a Miku no le causa mucha gracia; su rostro se muestra muy confundido aun, ya le explicaré cuando despierte. Kaito, por su parte, da unas últimas vueltas, abraza con fuerza la almohada y se desploma en la cama, ocupándola en su totalidad. Dejó de moverse.

—¿Qué acaba de pasar? —susurra Miku.

—Kaito es sonámbulo y estaba ensayando una coreografía. Pero ahora no creo que debamos moverlo de ahí.

—Qué raro… voy a tener que dormir en la sala —suspira Miku resignada.

—Sabes… yo no puedo dormir —digo cerrando la puerta de la habitación—. Puedes usar mi cama, yo estaré en la sala.

—N-no tienes que hacerlo.

—Para eso somos amigas, ¿no? —le respondo con una sonrisa. ¿Acabo de mandarme a la friend zone?