Capítulo 51: "En casa de los suegros"
Sabía que Xiao Zhan se despertaría con una resaca terrible, así que se aseguró de levantarse a tiempo e ir a la cocina a prepararle un remedio perfecto.
La señora Xiao lo descubrió y se llenó de ternura al saber lo que hacía.
—Discúlpeme por tomar sus cosas sin permiso —señaló el pequeño desastre que dejó junto a la licuadora—. Limpiaré todo en un momento, sólo le llevaré esto a Zhan Zhan —señaló el vaso con ese extraño líquido que parecía tóxico.
—No tienes que disculparte por eso, esta también es tu casa —le palmeó ambos hombros—. Anda, ve a darle eso a Zhan Zhan —le sonrió cálidamente.
Yibo sólo asintió con una linda sonrisa, amaba cómo todo el tiempo lo hacían sentir parte de la familia.
Cuando Yibo entró a la recámara de su novio, lo descubrió oculto entre sus sábanas revueltas, cubierto hasta la cabeza. Lo único que veía de él era su lindo pie derecho asomándose por entre las mantas.
Sonrió como tonto, dejó el vaso sobre el buró y se sentó en el borde del colchón.
—Zhan Zhan —susurró, inclinándose sobre él y besando lo que creía que era su cabeza—. Amor, despierta.
—Mnh… —se quejó.
—Ya casi es medio día, vamos, levántate.
—Baja la voz —le suplicó a pesar de que ya le estaba hablando en murmullos.
Yibo lo destapó lentamente hasta poder ver su rostro. Xiao Zhan frunció su expresión e intentó volver a ocultarse bajo las sábanas, el sol que entraba por las ventanas le incomodaba mucho.
Como buen novio, Yibo fue y cerró las cortinas por él.
—Te ves terrible.
—Te creo —se llevó una mano a la cabeza y se sentó con dificultad en la cama—. ¿Qué pasó exactamente anoche? —tenía recuerdos muy difusos.
—Bebiste mucho jugo.
Xiao Zhan lo miró con cara de no entender y de no querer pensar.
—Con bastante vodka —aclaró.
—Oh… —ahora todo cobraba sentido—. ¿Hice algo malo?
—Te lo contaré todo si bebes esto —le extendió el vaso.
—¿Qué demonios es eso?
—Tu salvación. Bébelo.
—¿Es seguro hacerlo? —tomó el vaso y olió el contenido.
—No lo huelas, sólo bébelo. Y sí, es seguro. Yixuan solía prepararlo para mí cuando recién aprendía a beber. Aunque no lo creas, pasé por muchas resacas.
—¿Quién dice que no lo creo? —inquirió en tono muy serio, con el ceño fruncido y sus ojos apenas abriéndose.
Yibo se estaba aguantando la risa, su amado sí que se veía terrible. Estaba pálido, con los ojos rojos, sus labios secos, el cabello tremendamente revuelto y su barba incipiente ya hacía acto de aparición.
Increíblemente aun así le seguía pareciendo adorable.
—Bebe —le acarició el cabello y Xiao Zhan obedeció.
Mientras bebía esa horrible cosa, Yibo le narró todos los hechos de la noche anterior, incluyendo el vómito mutuo en el hotel.
—Oh… por… Dios. Perdóname, ¡Lo siento tanto!
No cabía en sí de la vergüenza.
—No pasa nada —rio al verlo tan avergonzado.
—¿En serio vomitaste?
—No soporto ver vómito, ni escucharlo, mucho menos olerlo —fue muy sincero.
Xiao Zhan soltó una pequeña risa nerviosa.
—Oh… lo siento, te hice pasar por un momento incómodo, te juro que yo pensaba que eso era jugo de frutas.
—Zhan Zhan, no te creo, tenía demasiado vodka.
—¡Es en serio! —se agarró la cabeza luego de sentir las fuertes punzadas de dolor—. Es sólo que me distraje con… —se sonrojó increíblemente al recordar qué lo había distraído.
—¿Qué ocurre? —tocó su rostro con una mano, sintiéndolo caliente.
—Nada —nervioso, se tomó de un trago el resto del extraño jugo.
Entonces recordó que fue justamente así como había ocurrido. Mei Mei lo había puesto nervioso y él se bebió todo el vaso sin pensar.
—¿En qué tanto piensas? —insistió Yibo.
—Yibo, ayer Mei Mei me hizo una sugerencia, y eso me dejó pensando un poco sobre nosotros.
El menor se tensó, tuvo un mal presentimiento y de inmediato pensó lo peor.
—¿Qué te dijo? —insistió al ver que Zhan Zhan se quedaba pensativo.
—Me propuso que… oh Dios —se llevó una mano al rostro. Avergonzado.
—Ya, suéltalo.
—Me propuso un trío. Tú, yo, ella.
—No.
—Pero… —calló abruptamente al ver cómo su novio abría los ojos con una impresión de espanto.
—¿¡Lo estás considerando!? —se exaltó unos segundos antes de mirarlo con tristeza y algo de enojo—. La extrañas, ¿Verdad?
—Idiota —rio—. Claro que no. Es decir, sí, es hermosa, pero no quiero algo con ella.
—¡¿Entonces por qué me sugieres un trío con ella?! —casi gritó.
—Cállate, mis padres pueden escucharte —se masajeó una sien, adolorido.
—Pero tú me estás diciendo que… —fue interrumpido.
—Lo que digo, es que no has tenido ninguna experiencia sexual con una mujer. ¿Cómo puedes estar seguro de que quieres esto… —se señaló a sí mismo—…el resto de tu vida si nunca has probado lo que podrías tener?
Por una parte, Yibo quería reír y abrazarlo por la proposición implícita que conllevaban sus palabras y gestos, pero por otra parte quería ahorcarlo hasta hacerlo entender.
—Me lleno de celos al pensar en que podrías estar con otra persona, pero tampoco quiero ser quién para impedirlo.
—Quieres decir que puedo ir y acostarme con una mujer y eso estaría bien para ti, ¿Verdad? —espetó con un tono que Xiao Zhan no supo interpretar.
—¡NO! —se alteró—. Por eso la opción del… trío, me pareció razonable —le costaba mucho decir todo eso.
—¿Eso es porque quieres estar presente cuando ocurra? Xiao Zhan, que sucio —se estaba aguantando la risa. La verdad era que en ese momento se encontraba lleno de sentimientos contradictorios. Pero si de algo estaba seguro, era del hecho de que su Zhan Zhan se preocupaba por él, no quería privarlo de nada por estar a su lado.
—Bueno, la verdad sí, porque si algo no te gusta, te la puedo quitar de encima.
Wang Yibo se echó a reír.
—Zhan Zhan, Zhan Zhan —se inclinó hacia él y tomó su rostro con una mano—. No quiero un trío, no quiero estar con una mujer, ¡No quiero compartirte con nadie, ni que me compartas con alguien! ¿Entendido?
Un gran alivio invadió a Xiao Zhan, sin embargo, se quiso asegurar una vez más.
—¿Estás seguro de querer perder esta oportunidad?
—¿De serte infiel con tu consentimiento y participación? Sí, muy seguro.
Xiao Zhan rio y rodó los ojos. Su novio era muy bueno con las palabras cuando se lo proponía.
—¿Entonces nunca estarás con una mujer?
Yibo se puso un poco nervioso. Esa era una buena pregunta.
—¿No tienes aunque sea un poco de curiosidad? —insistió, tentándolo.
—Pues… si Zhan Ge se pone peluca y pechos, quizás pueda saciar esa curiosidad.
—¡Wang Yibo! —se espantó, gritándole y arrepintiéndose un segundo después, pues su cabeza estaba por explotarle.
—¿Por qué te importa tanto esto?
—Porque temo que algún día te arrepientas de no haber estado con una mujer, de no haber experimentado todo antes de quedarte conmigo. ¿Y si en un tiempo comienzas a sentir curiosidad? ¿Y si prefieres quedarte con una mujer? —le dolía el simple hecho de pensarlo, decirlo ya le estaba costando un nudo en la garganta.
—No va a ser así, estoy muy seguro.
—No puedes estarlo si no lo has intentado.
—Tú ya te has acostado con varias mujeres, ¿y si de pronto te das cuenta de que prefieres eso antes que a mí?
—Imposible —respondió con completa convicción.
Yibo lo señaló de inmediato con un dedo.
—¡Así! Justo así me siento cuando me lo preguntas, siento la misma seguridad.
Xiao Zhan suspiró pesadamente, dándose cuenta de que los dos vivían con el mismo temor.
—Yibo, prométeme algo —dijo de pronto.
—Te escucho.
—Si algún día sientes curiosidad hacia una mujer, dímelo. O si algún día dejas de amarme, dímelo. Por favor —pidió muy en serio.
Yibo sonrió de lado, pegó su frente a la de Xiao Zhan y le susurró:
—No creo que sea posible dejar de amarte, pero está bien, te lo prometo —se inclinó para besar sus labios.
—Espera —apartó el rostro—. Bo Di, no me he lavado los dientes. Ya sabes… el vómito y esas cosas —se aguantó la risa al ver que su novio se separaba inmediatamente de él.
—Toma una ducha, lávate los dientes —enfatizó mucho eso último—, y baja a desayunar. Tu mamá ya está preparando la comida, pero hizo desayuno para nosotros dos —sonrió de lado, quería bastante a su suegra.
—Espera… ¿Mis papás saben lo que pasó?
—Tu mamá sabe que te embriagaste por accidente con vodka. Tuve que decírselo, no puedo mentirle.
Xiao Zhan suspiró, resignado. Eso sólo quería decir que su padre también lo sabría ya.
—Apesto a cigarro —olió su propia ropa y sintió asco.
—Tuve que bañarme dos veces para quitarme el olor del cabello —le palmeó una pierna y lo animó a levantarse ya.
Xiao Zhan tomó una ducha y bajó a desayunar con su familia, cuando su padre lo vio, no lo pensó dos veces antes de burlarse de él por haberse embriagado así de fácil.
—Hijo, siempre te lo he dicho: tienes que aprender a beber.
—Yo le puedo enseñar —se ofreció Yibo de inmediato.
—No, gracias, no quiero saber de alcohol en un buen tiempo.
—Ten, cariño. Toma esto, te ayudará con el dolor de cabeza —su madre le entregó un par de píldoras que Xiao Zhan aceptó de inmediato. El licuado asqueroso que le había preparado Yibo ya estaba haciendo su efecto, no se sentía tan mal como cuando recién se despertó, pero ya quería volver a descansar.
Terminó de desayunar y se disculpó con todos antes de regresar a la cama. Yibo se quedó con sus suegros un rato antes de subir tras su novio y ver cómo estaba.
—Hey —murmuró al entrar a la habitación y encontrarlo a oscuras—. ¿Estás bien? —se sentó en la orilla de la cama.
—Sí —respondió con una suave sonrisa—. Sólo quiero dormir un poco más.
—No estás acostumbrado a la resaca, ¿verdad?
—Ya, no te burles.
—No lo hago —rio y palmeó su cuerpo—. ¿Quieres que me acurruque a tu lado un rato?
Xiao Zhan se asombró mucho por la proposición.
—Tus padres salieron —se adelantó a aclarar.
—Entonces ven —levantó las mantas para que su novio se acurrucara junto a él.
Xiao Zhan mentiría si dijera que Wang Yibo no era el remedio perfecto para cualquiera de sus malestares, porque vaya que se sintió mucho mejor al sentirse abrazado por él desde atrás, sintiendo su gran mano rodeándolo por la cintura y su respiración haciéndole cosquillas en el cuello.
Estaban demasiado quietos y tranquilos, tanto, que Yibo de pronto se aburrió y comenzó a jugar con la barba y el bigote incipiente de su novio, deslizando los dedos por su piel una y otra vez.
—¿Es una indirecta para que ya me afeite? —inquirió, con voz ronca.
—No, sólo tengo ganas de molestarte.
Xiao Zhan gruñó.
—¿Te sientes muy mal?
—No mucho —admitió, y se dejó consentir más por su novio—. En verdad lamento todo lo de anoche. Desde el asunto con Mei Mei hasta mi borrachera —estaba muy avergonzado.
—Está bien, pero la próxima vez que ella se te acerque tanto, no lo pensaré dos veces antes de dejarle muy en claro quién soy en tu vida.
Xiao Zhan contuvo su risa y la emoción que sintió al escucharlo decir eso.
—Bien, hazlo —sonrió, gustoso. Total, no creía volver a verla—. Aun así… me siento muy avergonzado —no se podía quitar ese sentimiento con nada.
—No te preocupes más por eso. Ya después te tocará lidiar con mis borracheras.
Xiao Zhan rio.
—Necesitaremos abastecernos de mucho alcohol.
Yibo negó con la cabeza.
—Te diré un secreto —murmuró contra su oído—. Mi debilidad en el alcohol siempre ha sido el tequila. Si un día quieres embriagarme en serio, dame tequila. Bastan unos cuantos shots para que me sienta bastante mareado —admitió.
—Oh… ¿En serio?
—Sí. Usa está información con sabiduría, ¿de acuerdo?
Xiao Zhan volvió a reír.
—Eres adorable… mira que embriagarte con un vaso de "jugo" —rio ampliamente—. Me encantas —dijo entre risas. Xiao Zhan le respondió con un leve codazo.
Xiao Zhan durmió un rato y Yibo decidió cuidar de su descanso hasta que llegaron los señores Xiao. Fue ahí cuando decidieron ir a la sala a ver películas, así sí podrían estar tumbados en el sillón, uno cerca del otro.
Habían pensado en salir a pasear un poco, pero el calor era insoportable. Así una vez más optaron por refugiarse en la frescura del hogar.
Se habían sentado en el sillón para dos, veían la tele hasta que a Yibo le dio un poco de sueño y terminó recargando su cabeza sobre el hombro de Xiao Zhan, acción que sorprendió sobremanera al mayor, pues su novio había estado muy paranoico durante esos días y no se atrevía a tener ningún contacto con él mientras sus padres estuvieran cerca.
Pero Xiao Zhan no iba a desaprovechar esa oportunidad, así que correspondió el gesto recargando el brazo sobre sus hombros de forma despreocupada, pero cariñoso como siempre. Momentos después terminó apoyando su cabeza contra la de Yibo mientras le hacía suaves cosquillas en el brazo con sus dedos.
Ninguno se percató del par de ojos que los observaban con cierta incredulidad.
Los señores Xiao se miraron entre sí, sorprendidos de ver aquello y reforzando sus sospechas.
Más tarde, Xiao Zhan se llevó una agradable sorpresa al ver que sus padres saldrían en una cita.
—¿Estarán bien sin nosotros durante un par de horas? —inquirió ella con una sonrisa.
—Mamá, no somos niños.
—Pórtense bien mientras no estemos —dijo el señor Xiao con seriedad.
—Claro que sí —rio.
—Si necesitan algo sólo llámenos.
—Sí, mamá.
—No nos llamen, estaremos ocupados —respondió el señor, recibiendo un ligero golpe de su esposa.
—No le hagan caso, si necesitan algo sólo llamen —les sonrió cálidamente. Su esposo sólo rodó los ojos y sonrió de lado.
—Querida, vámonos ya o no llegaremos a tiempo a la película — la tomó de los hombros y la empujó con suavidad a la salida—. No nos esperen despiertos —y sin decir más, cerró la puerta tras de sí.
Zhan Zhan se sentía feliz al ver que sus padres decidían tomarse un tiempo para ambos, pero esa salida tan de repente lo había tomado por sorpresa.
Volvieron a su película en la sala como si nada hubiese cambiado, acurrucados el uno contra el otro y haciéndose tiernos cariños, hasta que Xiao Zhan cayó en cuenta de algo muy importante.
—Oye, estamos solos.
—Hmn.
—Mis padres se fueron.
—¿Ya los extrañas? —preguntó sin dejar de mirar la película, estaba por sugerir ir a la cocina por un refrigerio.
—No, idiota —rio—. Tenemos casa sola —lo empujó contra el sillón y se echó sobre él.
—Zhan Zhan, no.
—No te puedes negar a esto —coló una mano bajo la camiseta de Yibo y éste soltó un gemido que hubiera preferido no emitir—. ¿A quién quieres engañar? —se burló.
—A nadie, Xiao Zhan, a nadie —masculló entre dientes, mirando hacia el pasillo del recibidor, temiendo que de un momento a otro aparecieran sus suegros—. Yo quiero hacerlo tanto como tú, pero ya hablamos sobre esto.
—¿Desde cuándo se invirtieron los papeles? —rio.
A Yibo le estaba costando mucho trabajo no comérselo a besos y mordidas en ese mismo instante, y el hecho de que Xiao Zhan estuviese restregando intencionalmente su entrepierna contra la de él, no ayudaba en lo absoluto.
—Fueron al cine y posiblemente irán a cenar luego, no tienes de qué preocuparte.
—Todo puede pasar.
—No van a venir temprano —aseguró. No había dicho nada al respecto, pero le parecía muy extraño que sus padres decidieran salir justamente esa noche. Por lo regular se la pasaban en casa todo el tiempo posible cuando él los visitaba. Hasta había llegado a pensar que esa salida fue intencional para dejarles un tiempo a solas, pero decidió descartarlo, manteniendo la idea en su mente de que sus papás aún no sabían nada, aunque muy en su interior estaba consciente de que sí.
—Zhan Zhan.
—Yibo, no.
Xiao Zhan decidió no usar más palabras y mejor se concentró en usar su boca para otras cosas, tales como morder los labios de su amado hasta hacerlo quejarse y manosearlo en lugares inapropiados.
—Zhan Zhan —se quejó, suspirando al sentir ahora sus labios sobre su oreja, lugar que lamió y mordisqueó hasta hacerlo gemir—. No… para… ¡Ah! —jadeó al sentir cómo jaló tan fuerte su pantalón que uno de los botones terminó en el suelo. Ni siquiera había tocado su piel, pero al verlo hacer aquello… tan desesperado, tan fuerte, tan salvaje… lo volvió loco.
—¿Quieres que pare? —preguntó, acariciando con su palma abierta toda la longitud de su novio, su miembro estaba poco a poco más duro.
Yibo tragó en seco y lo miró a los ojos, trataba de pensar coherentemente, pero no podía hacerlo mientras lo tuviera sobre él, acariciándolo de esa forma tan atrevida y sin vergüenza alguna. ¿Qué habían hecho con su Zhan Zhan tímido y recatado? No tenía idea, pero sí estaba seguro de que esa faceta suya lo estaba excitando más de lo que imaginó.
—¿Quieres que me detenga en serio? —inquirió de nuevo, dejó de tocarlo para obtener una respuesta clara.
—No. No te detengas —suspiró con resignación, no había escapatoria, él quería eso tanto como Xiao Zhan.
—¿Quieres hacerlo en mi cuarto? —murmuró contra su oreja.
—Vamos —lo empujó y se puso de pie inmediatamente. Sí, tenía mucha prisa.
Entre manoseos inapropiados, risas de Xiao Zhan y regaños de Yibo, llegaron a la habitación y el mayor tumbó a su amado a la cama antes de arrancarle la ropa a tirones. Había esperado muchos días por eso, lo quería, lo necesitaba. Y Wang Yibo no podía estar más feliz al ver que su novio se encontraba así, pues él estaba en las mismas.
—Ya, quítate la ropa —jadeó Yibo contra el cuello de Xiao Zhan, sólo le faltaba quitarse la ropa interior, pero tendría que incorporarse para ello y Yibo no lo quería así—. No, espera —aprovechó que lo tenía encima de él para llevar sus manos al bóxer negro y, no sin dificultad, romperlo.
—¡Oye! —se quejó el mayor.
—Tú rompiste mi pantalón, estamos a mano.
—Como sea —realmente no quería pelear por algo así, se inclinó sobre él y comenzó a repartirle besos salvajes que muy pronto hizo palpitar sus erecciones.
No habían hablado sobre quién iría arriba y quién abajo, pero fue algo que arreglaron luego de revolcarse un par de veces en esa cama individual de la que casi se caen al piso. Xiao Zhan dominó la situación sosteniendo las muñecas de Yibo contra el colchón con una mano, justo sobre su cabeza mientras lo besaba arrebatadoramente en la boca. Yibo podía sentir cómo le faltaba el aliento con ese beso, sus lenguas cálidas estaban felices de encontrarse una vez más, explorando de nuevo los terrenos ya muy bien conocidos.
Los juegos previos no eran necesarios, los dos querían ir directo a la acción para saciar un poco esa hambre atrasada que los venía agobiando desde días atrás.
Sin soltar las manos de Yibo, y sin dejar de besarlo, Xiao Zhan se las arregló para mover sensualmente sus caderas, ondulándolas contra las de su novio hasta arrancarle gemidos que morían ahogados en su garganta. Yibo abrió sus piernas y las ancló alrededor de la cintura de su novio, permitiendo que sus entrepiernas se frotaran aún más.
—¿Trajiste condones? —jadeó Zhan Zhan al separarse del beso, bastante agitado.
—¿A casa de tus padres? Ja, por supuesto —espetó con sarcasmo, igual de agitado. Estaba caliente, y cuando estaba caliente y algo se interponía en su propósito, su sarcasmo aumentaba exponencialmente.
Xiao Zhan rodó los ojos.
—¿No tienes algunos guardados por ahí?
—No.
Yibo lo miró sin creerle.
—¡Nunca he tenido sexo en casa! Así que no acostumbraba guardar condones aquí —no se iba a detener a explicarle que solía conseguirlos antes de sus citas y nunca tenía condones de reserva en casa.
—¿En serio? —se asombró.
—Sí, pero eso no es nuestro asunto ahora, enfócate. No te lo puedo hacer así, no tengo lubricante, y al menos un condón ayudaría.
—Oh… —salió de su ensimismamiento por la emoción de estrenar la cama de su novio de esa forma—. ¿Tus padres no tendrán?
—¡Ahhh! —se quitó de encima de él y se sentó en el borde del colchón, con una expresión de asco bastante chistosa.
—Lo siento —rio—. Pero era una pregunta seria.
—Nunca menciones a alguno de nuestros padres durante el sexo —espetó muy en serio.
—¡Perdón!
—Ni siquiera me atrevo a ir a buscar a su habitación —se llevó una mano al rostro. El Xiao Zhan desvergonzado tenía un límite.
—¿Y en su baño?
—Espera —se puso de pie, sacó una maleta de su armario y comenzó a hurgar en ella—. ¡Lo encontré! Sólo hay uno, pero servirá —había olvidado sacar ese último condón de la maleta que también había usado para Aspen, había llegado ahí con un cargamento considerable de preservativos y sólo quedaba ese.
No se esperó más y se volvió a meter a la cama junto a su novio, éste lo masturbó un poco como compensación por lo que dijo, e incluso le ayudó a ponerse el preservativo antes de abrir sus piernas a él y dejar que lo preparara.
—¡Vaya! —exclamó Xiao Zhan al intentar introducir un dedo y no lograrlo.
—¿Qué pasa? —sus mejillas estaban sonrojadas, siempre pasaba cuando se exponía así ante su novio.
—Estás mucho más apretado de lo que recordaba.
Yibo suspiró, nervioso.
—Necesitas relajarte.
No podía hacerlo al imaginar que en cualquier momento llegarían sus suegros.
—¿Le pusiste llave a la puerta?
—Sí.
—¿Seguro?
—¡Que sí! —llevó un par de dedos a los labios de Yibo y gentilmente los introdujo en su boca—. Mejor ayúdame con esto.
Yibo sonrió de lado, bastante lascivo al entender lo que su novio quería. Lamió esos dedos hasta dejarlos llenos de saliva, era la primera vez que hacían eso y simplemente el hecho de observar a Yibo haciendo aquello, provocaba impulsos intensos en Xiao Zhan. Wang Yibo estaba en la misma situación al ver el sentimiento con el que lo observaba.
Sin aguantar mucho más, Zhan Zhan llevó esos dedos a la entrada de su novio, introduciendo con éxito sólo uno de ellos. Inevitablemente Yibo se retorció un poco y se quejó por la intromisión, pero logró relajarse lo suficiente para que pronto a ese dedo se le uniera un segundo y finalmente un tercero. A este punto ya se retorcía sobre el colchón, pues su novio hábilmente había encontrado su próstata y la frotaba consecutivamente con uno de sus dedos.
—Basta… —jadeó—…si sigues así… me correré muy pronto.
Xiao Zhan hizo caso, no quería que eso terminara ahí.
Sin darle tiempo para recobrar un poco el aliento, abrió las piernas de su amado y se acomodó entre ellas, listo para comenzar a penetrarlo. A diferencia de otras veces en las que era delicado al introducirse en él, ahora lo hizo de forma más directa y profunda desde el comienzo.
—¡Demonios! —se quejó, aferrado a la espalda de su novio, dejándole la marca de sus uñas sin darse cuenta de ello.
—No me moveré —susurró, casi jadeó contra su oído.
Yibo controló su respiración luego del susto de sentirlo todo dentro de él, pasaron unos momentos en los que Xiao Zhan se dedicó a llenarlo de besos y caricias, conteniendo las ganas que lo quemaban por dentro para comenzar a penetrarlo una y otra vez.
Sintió un gran alivio cuando Yibo comenzó a mover muy levemente sus caderas, soltando pequeños quejidos al hacerlo.
—Demonios, Xiao Zhan —se quejó en serio—. En serio lo metiste todo.
—Estoy muy ansioso, lo siento.
—Está bien —gimió, él se sentía igual. Iba a decir algo más, pero lo que sea que fuera a decir quedó perdido en su mente cuando sintió que su amado salía un poco de él y se volvía a incrustar hasta el fondo. Su espalda se arqueó y sus manos se aferraron a la almohada bajo su cabeza. Xiao Zhan estaba yendo un poco rápido, su cuerpo aún no se acostumbraba a su tamaño y además tenía mucho tiempo de que no se lo hacía.
A pesar de todo no se podía quejar, era un dolor bastante placentero, su erección palpitaba más cada vez que su novio hacía aquello, pues lo hizo una y otra vez, estampando su cuerpo contra el de Yibo a un ritmo acompasado y profundo. Sin embargo, no salía por completo de su cuerpo, sólo sacaba parte de su miembro y lo volvía a introducir.
Fue cuando comenzó a sacarlo por completo y con más velocidad cuando Yibo soltaba gemidos sin pudor alguno. Las embestidas, más los besos en su cuello lo estaban volviendo loco. Sus uñas volvieron a arremeter contra la espalda de su amado.
—No… no dejes marcas… cuello. No…
—¿Como las de tus uñas en mi espalda? —se quejó entre jadeos y risas.
—Te lo mereces —lo miró a los ojos unos segundos con el ceño fruncido antes de volver a cerrarlos por el inmenso placer que lo inundaba—. Con un demonio… se siente jodidamente bi… ¡Ahh!
Las penetraciones fueron tales, que toda la habitación fue inundada con un sonido similar a: "¡PAPAPA!".
La cama ya era un desastre y rechinaba terriblemente con cada movimiento. Los sensibles oídos de Xiao Zhan estaban aturdidos y no lo soportó más. Con ayuda de la adrenalina del momento, y tomando un gran riesgo, se incorporó hasta quedar sentado con Yibo sobre su regazo, éste se aferró a su cuerpo como koala y se asombró al ver que Zhan Zhan se levantaba de la cama con él en brazos, sin sacar su miembro de su cuerpo. Debía admitir que estaba muy sorprendido, no esperaba que pudiera hacer algo como aquello sin fallar en el intento. Sin embargo, Xiao Zhan sabía que no aguantaría mucho, así que lo empotró contra la pared más cercana. Ahí siguió con su labor, haciendo desfallecer a Yibo entre sus brazos, quien se aferraba a él con fuerza para no caer.
La gravedad les ayudaba mucho en ese momento, Yibo caía por completo sobre el miembro de su novio. Y si bien la profundidad no era tanta como en otras posiciones, la emoción de hacerlo de esa forma si era bastante grande. Las manos de Xiao Zhan sostenían a su novio por el trasero, una nalga en cada mano y la espalda contra la pared, así el peso que cargaba no era tanto.
Yibo estaba aferrado al cuello de Xiao Zhan, gimiendo en su oído y enredando sus piernas en su cintura todo lo posible, dándole completo acceso a él.
—Ah… Zhan Zhan… ah… eso se siente muy bien. Yo… —se estaba volviendo loco, nunca creyó que se pudiera correr tan rápido.
—Hazlo, hazlo — dio unas estocas más lentas, pero bastante profundas, el cuerpo entero de Yibo se restregaba contra el muro con cada embestida. Su espalda ya ardía por la fricción, pero eso era lo que menos le importaba en el momento.
Xiao Zhan mordisqueó su cuello y eso bastó para que Yibo culminara con fuerza en un prolongado y ruidoso orgasmo. Cerró los ojos y recargó su cabeza contra la pared. Zhan Zhan aprovechó para besar más su cuello, en especial su manzana de Adán.
Yibo sentía cómo todo su cuerpo temblaba en ligeros espasmos debido a su orgasmo, incluso los dedos de sus pies estaban apretados. Se había corrido abundantemente sobre su novio, manchando su pecho y su vientre.
Sin embargo, Xiao Zhan aún no se corría, y Yibo no tardó en incitarlo a que continuara penetrándolo.
—Lo siento —murmuró el mayor, dándole un pequeño beso en el hombro antes de reanudar las embestidas profundas y fuertes.
No siempre hacían el amor de esa forma, pero cuando lo hacían, terminaban completamente adoloridos.
Xiao Zhan no tardó mucho en llegar a su clímax, fue suficiente luego de ver la expresión que hacía Yibo al ser embestido y estimulado después de su orgasmo. Estaba tan sensible e inmerso en su placer, que no se daba cuenta de las expresiones que hacía y volvían loco a Xiao Zhan.
Jadeando y con cansancio unieron sus frentes. Estaban un poco temblorosos y transpiraban bastante.
Frotaron sus labios contra los del otro en un beso lento, necesitaban recuperar el aliento. De pronto Xiao Zhan se sintió bastante débil, tuvo que bajar a su novio de sus brazos, pero a éste le temblaron las piernas cual gelatina.
—¡No me sueltes! —pidió, aferrándose del cuello de Xiao Zhan—. Lo siento, pero… casi no siento mis piernas —admitió con algo de vergüenza.
Enternecido, Xiao Zhan lo abrazó por la cintura y con torpeza llegaron los dos a la cama, tumbándose sobre las sábanas revueltas y respirando agitadamente.
Yibo estaba inmensamente satisfecho, amaba que con Xiao Zhan todo tipo de sexo era bueno: el lento y romántico, el que duraba horas, el sexo intenso, y también el sexo rápido a escondidas de sus padres. Y Xiao Zhan no podía estar más feliz y satisfecho, pues amaba que Yibo cedía ante todas sus ocurrencias y caprichos, justo como ahora. Había logrado convencerlo y no se arrepentía de nada.
—Tus piernas están muy suaves aún —murmuró Yibo al acariciar una pierna de Xiao Zhan con su pie desnudo.
El mayor rio.
—Y tus piernas me pican.
Ahora que Xiao Zhan no tenía ni un vello en sus piernas, podía sentir los de Yibo con más facilidad.
—Que exagerado —rodó los ojos—. Lo que sí pica es tu barba —se quejó.
Xiao Zhan volvió a reír, lo abrazó con más fuerza de la necesaria y frotó su mejilla rasposa contra la de Yibo, haciéndolo quejarse al sentir aquello.
—¡No seas idiota! —espetó entre risas tontas, tratando de quitárselo de encima, pero no pudo y tampoco quiso.
Podrían estar desnudos, sudorosos y aún agitados luego de un encuentro algo salvaje, pero ni siquiera eso los detenía para hacer sus peleas infantiles de costumbre.
Acostado bocarriba, Xiao Zhan tenía a Yibo recostado sobre su lado derecho, acariciando todo su cuerpo gentilmente. Zhan Zhan sonreía sutilmente al sentir cómo prácticamente Yibo palpaba su cuerpo. Había comenzado con su pecho, se detuvo un rato en su vientre, jugueteando con esa fina línea de vellos antes de bajar un poco más.
Curiosamente evitó su entrepierna, quizás no estaba listo para una segunda ronda.
Sus grandes y pálidas manos descendieron a uno de los muslos de Zhan Zhan, lo acarició y apretó a su antojo antes de volver a subir y continuar con sus brazos, se entretuvo otro rato amasando su brazo izquierdo hasta que Xiao Zhan no aguantó más su curiosidad y preguntó:
—No es que me moleste, en realidad se siente agradable, pero… ¿Qué estás haciendo?
Yibo alzó la mirada para verlo a los ojos y le sonrió.
—Zhan Zhan está muy blandito últimamente.
El aludido lo miró con una expresión claramente ofendida.
—¡¿Blandito?!
Así que era por eso que lo manoseaba en todo el cuerpo. Si bien aún conservaba un poco la figura que consiguió durante sus meses de rodaje lejos de casa, ya no era exactamente igual. Su cintura era aún muy delgada, y su espalda más ancha en contraste. Pero su vientre volvió totalmente a su estado natural: blando.
—Menos tus brazos —los volvió a apretar, amaba esos fuerte brazos, ahora mucho más al ver que eran capaces de levantarlo y empotrarlo contra la pared de esa forma.
—No estoy blandito —continuó, al parecer sí se había ofendido un poco.
—Sí, blandito, y eso me encanta —suspiró, completamente satisfecho, recostando la cabeza sobre su pecho y tomando su mano—. Hazme cosquillas, pero que sean cosquillas muy suaves —se apresuró a aclarar.
Xiao Zhan resopló con exageración, pero terminó riendo y accediendo. De un tiempo hacia acá Yibo amaba que le hiciera cosquillas con las puntas de sus dedos. Se lo pedía muy seguido y terminaba quedándose dormido a los pocos minutos. Parecía un bebé.
Pero antes de hacerlo, fueron a asearse y a vestirse, pues no sería conveniente que los encontraran desnudos en la cama.
Sin embargo, como en la mayoría de las ocasiones, no se contuvieron y terminaron teniendo una ronda más en la ducha. Yibo se dejó hacer una vez más, entregándose completamente a su amado. Xiao Zhan se lo agradecía con cada caricia y atención que le brindaba.
Tal vez era el calor que hacía, o quizás simplemente estaban cansados luego de haberse desvelado tanto una noche antes, pues luego de la ducha se quedaron profundamente dormidos en la cama de Xiao Zhan mientras éste le hacía cosquillas suaves a su novio.
Se suponía que cada uno dormiría en su habitación por si a sus papás se les ocurría echar un vistazo. Pero terminaron descartando la posibilidad, bajaron la guardia y se quedaron dormidos uno sobre otro en el poco espacio de esa cama individual.
Poco después de media noche, los señores Xiao llegaron a casa y se sorprendieron al encontrar todo en silencio.
Desconcertados por eso, se asomaron silenciosamente a la habitación de su hijo para comprobar que todo estuviera bien, pero inmensa fue su sorpresa al encontrarlos durmiendo en la misma cama. Incluso Nut estaba acostada entre ellos a pesar del nulo espacio.
—¿Qué haces? —susurró el señor al ver que su esposa se acercaba a ambos.
—No se ven cómodos, voy a despertar a Zhan Zhan para que duerma en el otro cuarto —susurró lo más bajo que pudo.
Él inmediatamente negó con la cabeza.
—Déjalos descansar.
Sabía que si se habían quedado dormidos así, era porque no les incomodaba en lo absoluto.
Afortunadamente Yibo y Zhan Zhan habían llegado a esa etapa del sueño en el que se acomodaban de formas extrañas en la cama. Justo ahora Yibo les daba la espalda, durmiendo sobre su costado y mirando hacia la pared. Estaba hecho bolita mientras su novio abarcaba el resto de la cama, acostado bocarriba y aplastándolo sin dejar de roncar.
La señora Xiao no creía que estuvieran muy cómodos, en especial Yibo, pero decidió dejarlos descansar e irse a la recámara con su esposo.
—No entiendo cómo pueden dormir así, están tan apretados en esa cama —seguía preocupada por el descanso de su hijo y su hijo adoptivo.
—Lo que yo no entiendo es cómo Wang Yibo puede dormir con tal escándalo a su lado —se asombró mucho.
Ella rio.
—Cariño, tú roncas peor y yo duermo tranquila todas las noches.
—Sí, pero es porque hemos compartido cama por muchos años —dejó de desatarse los zapatos y se quedó pensativo en la orilla de la cama. Su esposa se quedó en el mismo estado por un rato, ambos pensando seriamente en su conversación durante la cena.
Su salida al cine y a cenar había tenido dos propósitos: darles un rato a solas a los muchachos, y estar en un lugar en el que podrían hablar sobre ellos sin interrupciones y sin preocuparse por ser escuchados.
Los dos tenían altas sospechas respecto a la relación entre Yibo y Xiao Zhan, y necesitaban hablarlo con tranquilidad. Se sorprendieron al ver que sospechaban exactamente lo mismo, aunque llegaron a la conclusión de que podría tratarse de una íntima amistad y nada más.
Pero llegar a casa y ver eso no ayudaba a justificar esa conclusión.
—Ha de ser un malentendido —dijo él de pronto, rompiendo el silencio que se había formado—. Se quedaron charlando hasta tarde y terminaron dormidos. Sí debe ser eso.
—Cariño —lo miró, preocupada—. No estoy segura.
—Ya lo hablamos en la cena —bajó la mirada, algo triste.
—¿Y si nuestras sospechas son ciertas?
Él terminó de ponerse el pijama y se metió a la cama junto a su esposa. Tardó un poco en responder.
—Tengo la esperanza de que no lo sean.
—¿Y si lo son?
A él no le gustaba mucho pensar en ello, pues se trataba de su único hijo. Xiao Zhan era su orgullo y su adoración.
—No lo sé, no lo sé en realidad —se dispuso a dormir, zanjando el tema por el momento.
A la mañana siguiente Yibo fue el primero en despertar, pero estaba tan perezoso que no abrió los ojos. Sólo sentía que jugaban con sus pestañas.
—Mhn… Zhan Zhan, ya, déjame en paz.
Pero lo siguiente que sintió fue algo muy suave y cálido restregándose contra su mejilla y cuello, entonces ese algo comenzó a ronronear.
—Nut… —se quejó al abrir los ojos y verla muy entretenida jugando con él.
Miró sobre su hombro y descubrió a su novio durmiendo cómodamente, aplastándolo y roncando un poco todavía. No pudo evitar reír por ello.
Suspirando, se giró en la cama hasta poder acurrucarse mejor contra el cuerpo de Zhan Zhan. Lo miró dormir durante un rato, acarició su lindo rostro apenas tocándolo con la punta de sus dedos, pero parecía que esta vez tenía un sueño bastante profundo. Le gustaba verlo descansar así, más todavía al saber lo difícil que era para él conciliar el sueño en muchas ocasiones.
A la habitación llegaba un delicioso aroma desde la cocina. Con eso Yibo se dio cuenta de que sus suegros ya se habían despertado a pesar de que era un domingo muy temprano en la mañana.
Decidió que era hora de despertar a su novio, pero no sabía qué método usar. Si estuvieran en casa quizás lo despertaría con caricias indecorosas, masturbándolo suavemente hasta que reaccionara.
—Demonios —masculló entre dientes ante ese pensamiento, pues ya se estaba excitando de sólo pensarlo. Más todavía al levantar la sábana y ver la entrepierna de su novio.
Sí, ahí estaba, despierto y grueso como todos los días por la mañana.
No, tenía que calmar su mente y su cuerpo. Por alguna razón desconocida sentía que últimamente su apetito sexual aumentaba con cualquier estímulo, incluso con el más mínimo pensamiento sucio.
—Zhan Zhan —lo llamó suavemente. Decidió despertarlo de forma convencional, pero nunca esperó que su susurro le causara escalofríos a su novio, quien se estremeció y soltó un gemido bastante sugerente entre sueños. Yibo rio con nerviosismo y lo volvió a llamar, tratando de despertarlo, pero obtuvo el mismo gemido sensual de su parte—. Xiao Zhan, despiértate ya —rodó sobre él para bajarse de la cama y correr al baño, necesitaba una ducha fría a pesar de que aún le dolía el trasero por la acción que tuvo anoche.
Cuando salió del baño se encontró a su novio totalmente espabilado, vestido y sin ninguna erección en sus pantalones.
—Buenos días, amor —se detuvo a besar sus labios rápidamente antes de correr al baño.
Yibo se asombró. ¿Se había esperado a que saliera para ir a orinar? Ya no hacía eso. Tenían la suficiente confianza para… oh. Lo entendió todo entonces.
—Zhan Ge —murmuró contra la puerta del baño.
—¿Mnh?
—¿Tú también estás muy… horny?
El aludido soltó una risa incrédula.
—¿Por eso saliste corriendo de la cama hace rato?
—Sí. Siento haberte aplastado —escuchó que jalaba la palanca y luego se lavaba las manos.
—Está bien, yo estoy igual —confesó al abrir la puerta. Inmediatamente lo abrazó, descansando sus manos en las nalgas de Yibo, apretándolas a su entero antojo.
—Tengo marca de tus manos en mi trasero —se quejó.
Xiao Zhan se echó a reír.
—¡Lo siento!
—No, está bien. Tu espalda quedó peor —lo acarició sutilmente sobre la camiseta.
Habían hecho el amor dos veces en la noche, pero en lugar de saciar sus necesidades, éstas incrementaron exponencialmente.
Yibo disfrutó de esos apretones al mismo tiempo que rodeaba a Zhan Zhan con sus brazos por el cuello y le daba un delicioso beso matutino con sabor a dentífrico de hierbabuena.
—No me quiero ir aún —se separó de los labios del mayor—. He pasado un tiempo verdaderamente agradable con tus padres, pero…
Fue interrumpido.
—Pero extrañas tener un poco más de libertad.
—Suena feo si lo dices así. Es sólo que tengo miedo de hacer algo incorrecto y delatarnos. No quiero meterte en problemas.
Xiao Zhan suspiró pesadamente y lo miró fijo durante unos momentos, sin soltar el abrazo. Sabía que si le decía a sus padres la verdad, Yibo estaría mucho más tranquilo, y él también.
—No me meterías en ningún problema. Relájate —lo besó una vez más y le dio palmaditas en el trasero con ambas manos—. Vamos a desayunar.
Cuando bajaron al comedor y vieron a los dos poniendo la mesa, se apresuraron a ayudarlos en ello, pero nadie los preparó para lo que estaba por venir.
—Buenos días, chicos —saludó la señora Xiao a los recién llegados con un beso en la mejilla a cada uno. Xiao Zhan correspondió efusivamente, mientras Yibo sonreía con timidez y se sonrojaba por el lindo gesto—. ¿Durmieron bien?
Yibo se atragantó con su propia saliva y empezó a toser. Se sentía un completo desvergonzado.
—Sí, muy bien —respondió Zhan Zhan, distraído con la repentina tos de su novio—. Hey, ¿Estás bien?
—Sigo sin entender cómo pudieron descansar acostados en la misma cama —el señor rodó los ojos—. En fin, la juventud lo soporta todo.
Una vez más, Wang Yibo se atragantó con su saliva y volvió a toser más fuerte que antes.
Continuará…
27/06/2020
8:00 p.m.
