Helado

—Gracias por cumplirme este capricho, Hiroshi —digo al asistente de producción, uno de tantos trabajadores anónimos de la empresa—. Extraño cuando podía salir a comprar helado por mi cuenta sin que me acosara una turba de fanáticos.

—No es ninguna molestia. La restrictiva vida de idol no es nada sencilla, ¿verdad?

—Cumplir con tantas cláusulas es muy difícil. Hasta tengo prohibido subir de peso.

—Entonces… ¿que trajera dos helados no es incumplimiento de contrato? —señala con una sonrisa maliciosa—. Oye, no quiero que me despidan por tu culpa.

—Es que guardaré uno para después. Pero, no le digas a nadie, ¿de acuerdo? —tengo que pedir esta complicidad. No es broma que tenemos una cláusula que nos impide subir más de tres kilos y si alguien más se entera de que tengo dos helados no tardaran en llamarme la atención.

—Está bien, Luka. No me mires así. Solo hazme saber si necesitas algo más.

Supongo que mantener una expresión seria tiene ciertas ventajas. Sé muy bien que a veces la gente llega a temerme un poco por la frialdad (o eso dicen) que expresan mis ojos. Diferente a Meiko, a ella si le temen por violenta. A mí porque no saben qué haré aunque nunca he hecho nada amerite ese temor y no pienso hacerlo. Creo que esta gente ve muchas películas y anime donde el personaje reservado es un psicópata. Me pasaba en la escuela, no hice muchos amigos por eso mismo y que solo hablara con Meiko tampoco era de gran ayuda. Por alguna afortunada razón, Miku siempre quiso hablarme y lo logró cuando nos unimos al club de canto.

"Ya voy a subir" escribo en mi celular mientras subo al elevador. Están por dar las 2:00 pm, una hora que podría considerar sagrada. Es justo el momento en el cual nos conceden un descanso mientras la mayoría de la producción sale a comer. Quisiera poder salir también, llevar a Miku a algún restaurante cercano y compartir una comida en un momento más íntimo. Pero son varias las razones por las que no puedo. No importa, sé que encontraremos la oportunidad para vivir mucho momentos así; por ahora nos basta con tener estos pequeños descansos para nosotras dos solas, en el techo de edificio y compartiendo un helado. Estoy segura que llegaré el día en que no tengamos que ocultarnos por algo tan sencillo como tomarnos de la mano. Seguramente será cuando renunciemos a la vida como idols y dejemos de preocuparnos por el contrato, pero hasta que ese día llegue tendremos que mantener esto en secreto…

—Luka-chan, Luka-chan, di "aaah" —llama mi atención. Una amplia sonrisa en sus labios rosados, ambos ojos más resplandecientes que el sol y la cuchara con un bocado de su helado de chocomenta. Me sorprende y, claro, mis mejillas se encendieron. No esperaba esto. Me acerco a su mano y como el bocado que me ofrece. Por alguna razón, mi corazón se ha agitado. ¿Tanta emoción por un "beso indirecto"?—. ¿Y qué tal está?

—Muy bueno.

—Ahora tú. Aaah.

Abre su boca en espera de una cucharada de mi helado. Incluso cerró sus ojos. Podría aprovechar para… pero… quizá aún no estemos listas. Claro que quiero, pero no sé si ella lo tome bien. Tomo una porción con la cuchara y la acerco a sus labios. Tendrá que ser para otra ocasión. Al sentir el frio del helado cierra la boca.

—¿Frambuesa? —pregunta.

—En parte. Es de frutos rojos.

—Oh, ¡sabe muy bien! —dice antes de comer otro poco de su helado—. A la próxima quiero uno de esos.

La ciudad bajo nuestros pues es como una colonia de hormigas, la gente se ve tan pequeña desde el techo, hasta los autos parecen pequeños insectos que van y vienen por los túneles de la colonia. Tokio es un eterno espectáculo de colores. Sin decirnos nada más, contemplamos el paisaje urbano. Miku apoya su cabeza en mi hombro. Solo nos quedan unos minutos ante de volver al estudio y, aunque a su lado se sienten tan breves, son los momentos más felices del día.