Capítulo 54: "Corazón débil"
—¿Ya lo quitaste? —casi sollozó.
—Ya, lo juro —tomó sus manos y las retiró de su rostro, estaba helado—. Dios, estás tan pálido —comenzó a preocuparse—. ¿Estás bien? —le preguntó al ver que estaba temblando y que su respiración no se normalizaba.
Sólo había sido un susto, ¿no?
Yibo se sentó correctamente en el sillón y trató de controlar su respiración, pero el malestar lo asaltó y no pudo ocultar su molestia. Se llevó una mano al pecho, justo sobre el corazón.
—Yibo —se espantó—. ¿Qué sucede?
Él negó con la cabeza, pero no hablaba. Estaba tan pálido que asustaba.
—Estás sudando frío —notó al tocar su frente—. Dios mío, esto no está bien —se espantó—. Te llevaré al hospital —la sangre se le fue hasta los pies cuando Yibo asintió en medio de una mueca de dolor, sus ojos estaban entrecerrados y sus labios muy apretados.
Debido a la adrenalina del momento, lo tomó en brazos como si fuera lo más ligero y se lo llevó al auto. Sentía que el corazón se le saldría del pecho ante la preocupación. Condujo lo más rápido posible hacia el hospital más cercano, mirando de reojo a su novio en todo momento. El pobre iba en completo silencio, cada vez más pálido y poco a poco iba perdiendo la conciencia.
—Yibo… —lo llamó, pero no respondió—. ¡Wang Yibo!
Logró que abriera los ojos y se espabilara un poco.
—Resiste, casi llegamos al hospital —puso una mano sobre su muslo y se concentró en conducir más rápido de lo permitido. No podía creer que eso estaba pasando. Es decir, estaban doblando la ropa y… de pronto eso sucedió.
Xiao Zhan llegó con el auto a la entrada de urgencias, los guardias que estaban ahí se acercaron inmediatamente preguntando si necesitaban una silla de ruedas, pero cuando vieron al joven inconsciente en el asiento del copiloto ni siquiera se detuvieron a esperar una respuesta.
Lo ingresaron a urgencias y Xiao Zhan se moría de la angustia porque lo mandaron a dejar su auto en otra parte que no fuera la entrada. Lo acomodó en el primer sitio que encontró y literalmente corrió al interior del hospital, donde ya estaban atendiendo a su amado. Al ver que venía con él, le preguntaron lo que había sucedido, asimismo los antecedentes y datos del paciente.
El pobre de Xiao Zhan se mantuvo todo lo cuerdo que pudo, su prometido necesitaba de él en esos momentos.
—¿Por qué sigue inconsciente? ¿Por qué no despierta? —preguntó al mirar por encima del hombro del médico que le hacía preguntas, detrás de él estaban revisando a Yibo en uno de los cubículos de emergencias.
—Está en buenas manos, no se preocupe por su amigo. Necesito que me describa detalladamente los sucesos. ¿Cómo empezó su malestar? ¿Cuánto tiempo tardaron en llegar al hospital?
Reuniendo todo su autocontrol, Xiao Zhan respondió rápidamente a cada pregunta hasta que no hubo más y lo mandaron a la sala de espera a pesar de que él intentó y casi suplicó poder quedarse ahí.
Sentía una impotencia terrible y un miedo tan profundo que en su garganta se formó un nudo que no permitió se deshiciera, no quería llorar. Yibo era el que estaba ahí dentro, no él.
Estaba tan sumido en sus pensamientos y en sus ruegos al cielo para que Yibo estuviera bien, que no se percató de la gente a su alrededor que comenzaba a murmurar cosas, apuntándolo disimuladamente y sacando sus teléfonos celulares para documentar aquello.
Lo habían reconocido.
Ajenos al sufrimiento que estaba atravesando, esos fans que lo reconocieron se acercaron disimuladamente a él para fotografiarlo y grabarlo como si Xiao Zhan no fuese capaz de ver que lo hacían. Él estaba tan sumergido en su situación que no le prestó la suficiente atención a lo que ocurría, hasta que los sintió demasiado cerca. De pronto ya había un pequeño círculo de personas rodeándolo con sus celulares en alto. Para cuando le prestó la suficiente atención, ya era demasiado tarde. Las fotos de él en ese hospital ya habían sido publicadas y compartidas en cientos de grupos virtuales.
—Demonios —pensó. Tomó su teléfono celular y le preguntó a Mao si estaba disponible. Él de inmediato le respondió que sí y fue entonces que Xiao Zhan le pidió el gran favor de que fuera con él.
—Pásame tu ubicación —le pidió por mensaje. Xiao Zhan se la envió y él sólo se asustó—. ¿Qué sucedió? ¿Están bien?
—Es Yibo, no está bien.
—Voy para allá.
No pasaron ni diez minutos y él ya estaba entrando al hospital, yendo directo a la sala de espera de los pacientes de urgencias.
Al entrar pudo ver que su protegido estaba rodeado de gente.
—Por favor, ¿pueden darme espacio? Les agradezco su atención, pero no estoy pasando un buen momento —pidió con amabilidad—. Me sentiría tranquilo si sólo me ignoran.
—Xiao Zhan, ¿por qué estás aquí? —preguntó una de las fans, sin dejar de grabar cada segundo.
El aludido suspiró, sabía que ese video iría a dar a todas las redes, no podía ser grosero con ella.
—Tengo a un ser querido en urgencias, por favor, necesito espacio —casi suplicó, con sus ojos por poco desbordándose en lágrimas que cada vez le costaban más trabajo detener.
Pero ellos no entendieron y se amontonaron un poco más a su alrededor. Xiao Zhan suspiró con frustración, bajó el rostro y debido a la ansiedad del momento comenzó a pellizcar su propia mano. Tener a Yibo en urgencias sin saber nada de su estado, estando rodado de gente grosera que no respetaba su privacidad y dolor, y aguantando las ganas de gritarles… era una pésima combinación. Sin embargo, tenía que soportar, no podía ser grosero con ellos o le costaría muy caro.
Mao observó todo eso de lejos y no dudó en ir y deshacerse de ese tumulto de gente, parándose frente a Xiao Zhan y protegiéndolo de ellos. Les pidió de forma amable (Y sin lugar a réplicas) que se fueran de ahí y respetaran su espacio.
Nadie podía decirle que no a Mao cuando pedía las cosas de esa forma. Intimidaba a cualquiera a pesar de que usara palabras amables.
—Gracias —suspiró, verdaderamente aliviado al verlo ahí. El nudo en su garganta comenzó a aflojarse un poco, sus lágrimas rogaban por salir.
—Ahora dime, ¿qué demonios sucedió? —se sentó a su lado, hablando en voz baja para que la gente cerca de ambos no escuchara.
—Es Yibo… —murmuró—… él… —quería llorar, en verdad lo necesitaba. Pero se tragó esos sentimientos y continuó—. Estábamos en casa, respondió un test de juego en mi computadora y al final salió un screamer en la pantalla. Jamás imaginé que pudiera hacerle tanto daño un susto como ese.
—Su corazón… —sí, él lo sabía.
—Así es. Y es mi culpa, es mi culpa —repitió, apoyando los codos sobre las rodillas y escondiendo su rostro entre las palmas de sus manos.
—¿Tú lo hiciste responder el test?
—No, él tomó mi computadora y lo hizo, pero yo no lo sabía y no pude advertirle lo que era en realidad. Mis amigos me lo mandaron pensando que me asustarían, pero…
—No te culpes por eso —puso una mano en su nuca, reconfortándolo—. No había forma de que supieras que lo iba a hacer. Además, esos malditos juegos deberían de tener una advertencia.
—Aun así —sollozó—. Debí preverlo.
—No seas tan duro contigo mismo.
Xiao Zhan no pudo más, ocultando su rostro del resto del mundo, se permitió llorar un poco. Mao lo consoló todo lo que pudo.
—Vamos a otro lugar —sugirió al ver que muchos los observaban.
—No. Aún no me dan noticias de él —lo miró a los ojos y entonces Mao pudo ver su expresión. Dios, se le rompió el corazón al verlo así. Ahora entendía por qué Yibo era tan susceptible ante Xiao Zhan.
Entonces fue así como decidieron quedarse a esperar ahí. Mao se limitaba a dedicarles terribles miradas de advertencia a todo aquel que osara apuntar una cámara hacia ellos. No era el momento ni el lugar para que los fans estuvieran haciendo eso.
El personal del hospital había reconocido de inmediato a las dos estrellas que llegaron por urgencias, así que cuando el médico en turno tenía información que darle a Xiao Zhan, no lo llamó en voz alta, sólo caminó hacia él.
—¿Puede venir un momento conmigo? —pidió con discreción.
El aludido alzó la mirada, y al ver que se trataba del médico que los recibió, se levantó de la silla con una velocidad increíble.
—¡¿Cómo está él?!
—Lo llevaré a verlo, se encuentra fuera de peligro.
Esas palabras lograron tranquilizar mucho a Xiao Zhan, miró a Mao y éste asintió, dejándolo ir y dándole a entender que ahí lo esperaría.
Cuando se alejaron de la sala de espera, el médico procedió a explicar.
—Tuvo un episodio cardiaco provocado por el susto. No debería afectar tanto a la salud, pero su corazón se encuentra débil por el momento. Al estar susceptible no soportó el impacto que tuvo ese susto.
—¿Y cómo se encuentra ahora?
—Logramos calmarlo con medicamentos, ya llamamos a su cardiólogo y no tardará en llegar. Es necesario que lo revise y que cambie su medicación. Pero no se preocupe, él estará bien.
—¿Puedo verlo?
—De hecho, debido a la situación que se presentó en la sala de espera, le recomendamos que permanezca con él para que no sea molestado por las personas.
Totalmente agradecido, Xiao Zhan siguió al médico hasta que lo dejó en el cubículo de Wang Yibo.
Se sintió caer en un abismo al verlo postrado en esa cama una vez más, pero nunca se había sentido tan impresionado como ahora. Estaba tremendamente pálido, como pocas veces en la vida. El monitor que registraba sus signos vitales sonaba con insistencia. Su corazón aún latía con más rapidez de la debida.
—Estuvo preguntando por usted —agregó el médico—. Su cardiólogo no tardará en llegar —dijo, antes de cerrar las cortina de cubículo e irse.
Xiao Zhan caminó hacia su prometido y de inmediato tomó su mano para hacerle saber que estaba ahí con él.
Yibo abrió ligeramente los ojos y le sonrió.
—Aquí estás —murmuró con esa leve sonrisa.
El corazón de Xiao Zhan se agitó en angustia al vero tan débil. ¿Por qué demonios había sucedido todo aquello?
—Aquí estoy —apretó su mano y la besó con mucho cariño—. ¿Cómo te sientes?
—Mejor. Lo siento…
¿¡Él se estaba disculpando!? ¡No tenía por qué!
Xiao Zhan se sentía demasiado culpable.
—No, tú perdóname a mí —terminó llorando sin poder controlarlo—. No debí dejar eso abierto, o al menos debí haberte advertido.
—No llores —murmuró suavemente, alcanzando con la mano la mejilla de su prometido—. No tienes que disculparte por algo que no es tu culpa.
—Claro que lo es.
—Acércate.
Xiao Zhan obedeció sin pensarlo dos veces y se inclinó hacia él, entonces Wang Yibo logró abrazarlo débilmente, rodeando el cuello de su novio con ambos brazos.
—¿Me puedes abrazar? —pidió, con esa debilidad en la voz que sólo preocupaba a su novio.
—Oh… lo que tú quieras, haré lo que quieras.
Yibo no dijo más, se sentía muy cansado. Xiao Zhan se subió a la orilla de la cama y lo abrazó con cariño. El menor correspondió con debilidad, acercando su rostro al pecho de Xiao Zhan y respirando su aroma, eso lograba relajarlo bastante.
Momentos más tarde llegó el cardiólogo de Yibo, entró en silencio al cubículo al ver que su paciente dormía profundamente. Mentiría si dijera que no le sorprendía verlo ser abrazado por Xiao Zhan, pero decidió mantener su sorpresa a raya y se concentró en su paciente de toda la vida.
—Buenas tardes, lo siento, tendré que despertarlo —se disculpó el amable doctor.
Xiao Zhan asintió y lo ayudó a hacer aquello. Lo movió suavemente hasta que su amado abrió los ojos.
—Hola, hola —saludó el cardiólogo con una sonrisa afable que Yibo muy apenas correspondió, más por el sueño que tenía que por otra cosa.
—Hola —respondió, tallándose un ojo y sintiendo cómo su prometido se separaba suavemente de él.
—Me dijeron lo que pasó, ¿cómo te sientes? —procedió a inspeccionarlo.
Yibo le explicó más a detalle sus síntomas y también el ligero episodio que había sufrido días atrás en Chongqing. Su médico terminó ordenando varios estudios para comprobar el estado actual de su corazón, y fue hasta que tuvo los resultados cuando pudo dar un diagnóstico correcto y un nuevo plan de tratamiento.
—El peligro ya pasó —le dijo luego de revisar sus estudios. Xiao Zhan y Yibo llevaban ya varias horas en ese cubículo, aburridos, pero más que nada preocupados—. Pero preferiría que pasaras esta noche en el hospital para mantenerte en observación un poco más.
Yibo asintió con la cabeza. Odiaba la idea, pero no le quedaba de otra.
—Tu corazón está más inflamado que la última vez que te vi, pero no te preocupes por eso. Cambiaré tu medicación y te sentirás mejor. Pero necesito que pongas mucho de tu parte, no olvides tomar el medicamento ni un solo día, evita emociones fuertes y ejercicios extenuantes, por favor —suspiró y miró al hombre junto a su paciente—. ¿Nos podrías ayudar con eso? —preguntó con una cálida sonrisa.
—Por supuesto —respondió sin dudar.
—¿Tus padres ya saben sobre esto?
—No.
—Sé que eres mayor de edad, pero sería bueno que se los dijeras.
Yibo no respondió y Xiao Zhan sólo se preocupó aún más.
—Doctor, él… ¿Estará bien?
—Lo estará. Sólo necesitamos encontrar el medicamento que se adapte a sus necesidades. Esperemos que con esta nueva medicación reaccione mejor que con la anterior.
—¿Por cuánto tiempo lo tomaré?
—No me preguntes eso, tómalo y nos vemos en mi consultorio en quince días.
Yibo refunfuñó, haciendo reír a su cardiólogo.
—Idéntico a cuando tenías seis años —rio más, logrando aligerar la atmósfera pesada del momento—. No hay por qué preocuparse tanto, él estará bien —miró específicamente a Xiao Zhan y le guiñó un ojo a modo cómplice.
El aludido se sintió un poco aliviado. Le agradeció al médico que fuese hasta ahí y se despidió de él, afuera del cubículo.
—¿En verdad estará bien? —le preguntó en voz baja, aprovechando que estaban solos.
—Lo estará. Necesita ser cuidadoso y no exigirse de más, siempre ha sido bastante obstinado, pero si quiere mejorar necesita acatar las reglas en esta ocasión.
Xiao Zhan se mortificó.
—Tranquilo, muchacho, no es nada que no se pueda solucionar. Pero si algo así vuelve a suceder, llámame y llévalo de inmediato a este hospital —le entregó una tarjeta con su teléfono y la dirección del hospital en donde trabajaba.
—Entendido. Muchas gracias.
—Vendré a revisarlo mañana a primera hora, y si reaccionó bien al medicamento, lo daré de alta lo más temprano posible.
Xiao Zhan se sintió aliviado, le agradeció de nuevo al médico y volvió al interior del cubículo de su amado. Ya lo estaban preparando para llevarlo a una habitación. Mientras tanto, fue a buscar a Mao para actualizarle las noticias y pedirle que volviera a casa.
—Llámame si necesitan algo. ¿Quieres que informe a Wen Pei sobre esto?
—¿Podrías hacerlo? —la verdad era que no tenía cabeza para nada más en esos momentos—. Tenía un compromiso mañana en la tarde.
—No te preocupes, yo me encargo, hablaré con él.
—Muchas gracias.
Más tarde, cuando instalaron a Yibo en un cuarto, se sintieron con mayor libertad.
—Amor, ve a casa —murmuró Yibo, algo agitado luego de haberse subido a la cama desde la silla de ruedas en que lo transportaron.
—Estás loco si crees que lo haré. Ya sabes que me voy a quedar.
—Pero estoy bien —su voz era pausada y cansada—. Ve a descansar y ven por mí en la mañana —sonrió suavemente.
—No.
—Xiao Zhan.
El aludido ya no respondió, simplemente se plantó junto a la cama y comenzó a acariciar su cabello, tal como le gustaba.
—Bien, entonces…
—¿Entonces?
—¿Me cantarías algo? —pidió con una sonrisa a la que no le podía negar nada.
—¿Qué quieres que te cante? —siguió acariciando su cabello.
—Lo que quieras —cerró sus ojos y momentos después Xiao Zhan comenzó a cantar con un tono suave e íntimo para que sólo él pudiera escucharlo.
—"Eres el regalo que nunca pedí, la porción de cielo que no merecí… todos mis anhelos se han cumplido en ti… y no quiero perderte, no lo quiero así" —cantó con su dulce voz.
La piel de Yibo se erizó ante tan hermosa letra y tan maravillosa voz, un nudo se formó en su garganta, abrió los ojos y miró a su novio sonriéndole con ese cariño infinito que sólo él era capaz de expresarle.
—¿Y esa canción? —murmuró—. No la conozco.
—Yo tampoco, la acabo de inventar —rio un poco—. Vamos, descansa.
—Sigue cantando para mí —pidió, casi como si fuera un niño pequeño pidiéndole que le contara otro cuento.
—"Eres mi sol… luz, calor y vida para mí" —continuó improvisando. Todo lo que quería decirle a Yibo salía a modo de canción de sus labios.
Eso fue más que suficiente para que Yibo quedara profundamente dormido, cosa que Xiao Zhan no logró hacer en toda la noche. Sentía cierto terror al saber que el problema de salud de su prometido era el corazón. Temía que de un momento a otro simplemente dejara de latir, tal como sucedió con su abuelo.
Afortunadamente Wang Yibo amaneció mucho mejor, el cambio era increíble, su aspecto débil desapareció y la sonrisa amplia que le dedicaba a su novio volvió a aparecer.
Xiao Zhan sintió un alivio inmenso al ver eso, agradeció con todas sus fuerzas al cielo y abrazó a su prometido con una fuerza rompe-huesos.
—Lamento haberte preocupado —le dijo mientras le acariciaba una mejilla.
Xiao Zhan negó con la cabeza.
—Lo único que importa es que ya estás mucho mejor —suspiró pesadamente.
—Hey.
—¿Qué sucede?
—Bésame —le pidió, ya que él no podía levantarse y robarle un beso.
El mayor sonrió y concedió su deseo. Sintió una gran paz al saberlo a salvo y con ánimos renovados.
El medicamento nuevo funcionó tan bien que esa misma mañana el médico lo dio de alta con muy buenas noticias, pero a pesar de ello quería verlo en quince días en su consultorio.
A partir de ese día, el lado más protector de Xiao Zhan salió a flote. A Yibo le gustó en un principio, pero pronto comenzó a desesperarse, logrando incluso que discutieran un poco por ello.
—¡Zhan Ge! —se quejó—. Por favor, sólo una vez.
—Pero no deberíamos.
—El doctor nunca dijo que no pudiéramos tener sexo.
—¡El doctor no sabe siquiera que tenemos sexo!
Yibo resopló con indignación.
—No me va a pasar nada.
—¿Y si sí?
—¿Entonces nunca lo volveremos a hacer? —se exasperó más de lo que debería por una simple discusión.
Xiao Zhan se quedó callado, no tenía una respuesta para ello.
—Bien —enojado, Yibo se fue de donde estaba y se encerró en la habitación.
Sí, estaba siendo bastante infantil, pero es que la sobreprotección de su novio lo estaba volviendo loco. Luego de haber terminado en el hospital, Xiao Zhan le pidió que hablara con Wen Pei sobre su situación, pero Yibo no quería hacerlo, sabía que le cancelarían aún más proyectos y era lo que menos deseaba, pero a final de cuentas terminó siendo convencido por su novio. Era lo correcto.
Mao, Wen Pei e incluso Na Jie estuvieron al pendiente de la recuperación de Yibo, la cual por cierto fue bastante rápida. Su nuevo medicamento le estaba ayudando mucho, pero ni siquiera así Xiao Zhan aceptó tener relaciones con él.
—Eres cruel —murmuró Yibo una noche.
—Es por tu bien —besó su frente y se fue por el pasillo rumbo a su habitación para descansar, pero no contó con que Yibo de pronto lo tomaría de la cintura por detrás, con manos escurridizas que trepaban traviesamente por su cuerpo.
—¿En verdad te vas a negar a esto? —murmuró contra la piel de su cuello, causándole escalofríos—. Porque yo no puedo —delineó con su lengua toda la longitud del cuello de Xiao Zhan.
—Basta —tragó en seco.
—No me va a pasar nada si tenemos sexo.
—Pero tu co…
—Dije que basta —descendió sus manos por las caderas de Xiao Zhan, tanteando debajo del pijama e incluso de la ropa interior hasta tomar su miembro con ambas manos—. Sé que lo deseas tanto como yo.
—Lo hago, pero me importa más tu salud —sacó las manos de Yibo de su ropa interior y se giró para mirarlo de frente, aguantándose las ganas de asaltar esos labios y hacerle el amor ahí mismo.
—¿En serio vas a detener esto? —jadeó, exasperado de verdad.
Xiao Zhan frunció el ceño y lo tomó de los hombros. Quería zarandearlo para que entendiera su postura.
—¡Lo hago por tu bien! —sí, lo sacudió—. Entiéndelo, Wang Yibo. No quiero… —se mordió el labio inferior con tristeza, le dolía el simple hecho de pensarlo—…No quiero perderte, Yibo, no lo soportaría. Tu médico dijo que nada de esfuerzo físico hasta la consulta —le palmeó los hombros—. Y así será. A dormir —se dio media vuelta y siguió su camino, controlando su respiración todo lo posible para evitar terminar con una erección después de las insinuaciones de su amado.
Sin previo aviso, Xiao Zhan fue nuevamente abrazado desde atrás, pero esta vez fue diferente.
—Lo siento —murmuró con el mentón apoyado sobre su hombro—. Es sólo que he estado algo…
—¿Cachondo? Sí —rio.
—No te atrevas a burlarte de eso, tú estabas peor hace unos días.
—Después del video que me enviaste es completamente razonable, Wang Yibo —rio y acarició los brazos que lo rodeaban—. Ven, mejor vamos a la cama.
Después de un largo y dramático suspiro, Wang Yibo besó su mejilla de forma muy empalagosa y enseguida apoyó su brazo sobre los hombros de Xiao Zhan, caminando juntos hacia su habitación.
A pesar de lo despreocupado que Yibo aparentaba estar, muy dentro de sí admitía que había pasado un inmenso susto con esa última visita al hospital. A partir de ese día comenzó a pensar en lo corta que es la vida y en lo mucho que desea seguir vivo. Aún no había cumplido todos sus sueños, aún no estaba casado con Xiao Zhan.
—Amor —murmuró cariñosamente cuando ya estaban dentro de la cama. También se había vuelto más afectivo a la hora de hablarle a Xiao Zhan con dulces apodos, no se limitaba como antes.
—¿Hm? —esbozó una linda sonrisa a pesar de estar prácticamente dormido.
—Quiero hacer aún más formal lo nuestro.
Xiao Zhan abrió sólo un ojo para verlo.
—¿A qué te refieres? —murmuró con voz adormilada.
—Hablaré con mi padre sobre lo nuestro.
Ahora sí, Xiao Zhan se espabiló por completo.
—¿Hablas en serio?
—Sí.
—Yibo… —se preocupó—. Quizás no sea buena idea que hagas eso ahora, serían muchas emociones.
—Pero no quiero esperar más.
—Piénsalo bien.
—Es que no hay nada qué pensar. No quiero ocultárselo más.
—Lo harás, pero no ahora —acarició su mejilla—. Espera a que estés en mejores condiciones para viajar, ¿sí?
Yibo resopló como niño pequeño, logrando que su novio riera por ello.
—No te burles, idiota —espetó de mala gana.
—Ya, cállate y duerme —giró su cuerpo, rodando en la cama hasta aplastar a Yibo.
—No puedo respirar, me aplastas.
—No seas exagerado.
—Pesas mucho —se quejó.
—Actualmente pesas más que yo.
Tenía razón. Xiao Zhan había estado en una dieta estricta desde hace algún tiempo. Necesitaba adelgazar para su nuevo papel dentro de un drama. Wang Yibo no estaba de acuerdo en que aceptara el contrato, pues le preocupaba que le pidieran que bajara aún más de peso si ya estaba tan delgado.
Yibo no rebatió más, se quedó en silencio y acarició con cariño el cuerpo de su amado. Sí estaba más delgado, lo notaba en su angosta cintura que casi abarcaba por completo con sus dos manos.
Odiaba que estuviera en una dieta tan rigurosa, en especial porque sabía que se iba a la cama con un hambre terrible, lo notaba en la noche cuando escuchaba cómo su estómago suplicaba por alimento. También lo notaba por el hecho de que Xiao Zhan terminaba babeando la almohada (o a veces a él) debido a que soñaba con la comida que más anhelaba comer.
Mientras Xiao Zhan se concentraba en su trabajo, memorizando sus líneas, practicando actuación y haciendo esa terrible dieta; Wang Yibo se concentraba cada vez más en las carreras de motos. Había perdido aún más proyectos cuando informó a su agencia sobre su nuevo estado de salud, pues inmediatamente lo retiraron de todo evento o programa en el que requiriera hacer más esfuerzo físico del permitido. Esto lo puso de muy mal humor, se sentía impotente en todas las áreas de su vida.
Un día, después de una tarde entera de asolearse en la pista de carreras, volvió a casa sólo para encontrársela vacía. Nut lo recibió con el cariño de siempre, éste consistía en maullarle con fuerza hasta que le rascara detrás de las orejas y le hiciera tiernos mimos.
Xiao Zhan había pasado el día entero trabajando, tuvo una sesión de fotos para una marca de ropa, aprovecharon que estaba más delgado de lo normal para ello. Luego de que terminó, le mandó un mensaje a su amado.
—Iré a casa lo antes posible, llegaré por algo para cenar en el camino, ¿qué se te antoja? —le escribió.
—Lo que tú quieras —le respondió, desganado y cansado. Pero entonces una gran cantidad de fotografías comenzaron a llegarle al celular. Todas se las había mandado su novio.
—Eres el primero en verlas, ¿qué opinas?
Wang Yibo las miró una por una con detenimiento.
¡Demonios!
Sí que tenía un novio bastante sexy.
—Oh no… —se encontró con una fotografía de Xiao Zhan portando un abrigo sin camisa debajo de él. Se veía muy poca piel, pero eso bastó para que pudiera apreciar su lindo vientre blandito más plano de lo usual. En él contrastaba esa línea de vellos que empezaba en su ombligo y desaparecía por debajo del pantalón que le llegaba a las caderas, bastante sensual.
Amaba ver ese tipo de fotografías de su novio, pero no soportaba hacerlo justo ahora cuando lo tenían en abstinencia.
¡Sentía que iba a explotar!
No lo soportó más. Se fue a la habitación y aprovechó que su novio tardaría en llegar para tumbarse en la cama, bajarse el pantalón y así darse un poco de placer a sí mismo. Lo necesitaba con urgencia, y si su prometido no quería ayudarle, se haría cargo él solo.
Su miembro palpitaba, suplicando atención luego de tantos días sin recibirla. Sabía que lo que sea que hiciera no se compararía a tener a Xiao Zhan haciéndole el amor, pero peor era nada.
Tomó toda su longitud con una mano y comenzó a masturbarse, lento al principio y más intensó y rápido luego de unos minutos. Deseaba que funcionara como cuando era sólo un adolescente, pero no fue así. Necesitaba más, mucho más.
Frustrado, se detuvo unos momentos. Su respiración estaba agitada y su frustración sexual sólo iba en aumento al no obtener lo que necesitaba, hasta que tuvo una idea. Cerró los ojos y comenzó a imaginar que era Xiao Zhan quien lo acariciaba. Se masturbó con una mano mientras usaba la libre para acariciarse el torso tal como hacía su novio.
Eso pareció funcionar. Recreó en su mente los momentos más calientes entre su novio y él, y su excitación aumentó gradualmente hasta sentirse cerca del clímax. Ajeno a que el dueño de sus gemidos estaba entrando a casa en ese preciso momento.
—¡Estoy en casa! —dejó todas sus cosas en la entrada como tenían por costumbre—. Lamento llegar tarde, por alguna extraña razón le estaban tomando la temperatura a todos que entraban a comprar comida —saludó a su querida hija y fue en busca de su novio por el departamento, seguro de que estaba escuchando lo que le decía y que estaba tirado en alguna parte mirando su celular—. Tal parece que hay un brote de neumonía, ¿puedes creerlo? En pleno verano —rio, pero no obtuvo respuesta y ya había recorrido los lugares que Yibo solía utilizar para tumbarse a ver el celular—. ¿Yibo? —no obtuvo respuesta.
Terminó asomándose a la habitación de ambos, lo hizo en completo silencio y no pudo asombrarse más al toparse con aquello.
Yibo estaba masturbándose en la cama, mirando su celular y con los audífonos puestos.
—Oh por Dios —murmuró Xiao Zhan. No sabía cómo sentirse al respecto, pero de lo que sí estaba muy seguro, era de la gran culpabilidad que experimentó. Su novio en verdad lo necesitaba.
No sabía si entrar y hacerle saber que ya había llegado, o mejor dejarlo seguir y hacer como si nada hubiese sucedido.
Después de pensarlo unos segundos y de cerciorarse de algo, tomó una decisión.
—¿Viendo pornografía en mi ausencia? —preguntó con un tono sugerente al entrar al cuarto.
Yibo se espantó un poco al principio, se arrancó los audífonos y cubrió su entrepierna con una mano. Tenía el rostro tan rojo que hasta sus orejas se veían de ese color. Al principio se sintió avergonzado por ser descubierto en tan penosa situación, pero esa timidez se convirtió en enojo.
—No me queda otra opción —espetó.
Aguantando sus ganas de reír, Xiao Zhan se subió a la cama y se acercó sensualmente a él hasta alcanzar su teléfono, curioso.
—Déjame ver qué tipo de porno te gusta, nunca me había puesto a pensar en ello —utilizó el reconocimiento facial para desbloquear el teléfono de su novio.
Yibo se mordió los labios.
—¡Oh por Dios! —exclamó, totalmente sorprendido.
No era pornografía, era el video de él bailándole sensualmente a Yibo en la cabaña, de esa noche en la que ambos se embriagaron y Xiao Zhan le dedicó un baile sensual mientras se quitaba la ropa.
Esa era la pornografía de Wang Yibo.
—Es hora de que te hagas cargo de esto —sin darle oportunidad de negarse a ello, Yibo lo jaló a la cama y se echó sobre su cuerpo—. Estoy harto de esperar —masculló antes de arrancarle la camisa de vestir.
Continuará…
Fuertes discusiones se acercan, malas noticias y la hora de hablar con el señor Wang también.
¿Lograrán superar todo eso sin morir en el intento?
10/07/2020
9:00 p.m.
Para las que conocen "Agape to Eros", prepárense, habrá actualización.
