Capítulo 55: "¡Quiero hacerlo!"
—No.
—Xiao Zhan, por favor —sí, le estaba suplicando con un tono suave y un gesto de sincera necesidad. Sus cejas estaban ligeramente unidas, se mordía los labios sin siquiera estar consciente de ello.
—No puedo —soltó un pesado suspiro y se quitó a Yibo de encima con mucho cuidado de no ser brusco, no quería que lo malinterpretara. Pero era muy tarde.
Yibo se acomodó la ropa interior y su pantalón antes de preguntar con miedo a su respuesta:
—¿Ya no quieres hacerlo conmigo?
—Claro que quiero, no tienes idea de cuánto te deseo —se pasó una mano por los cabellos, soportando su debate interno.
—Desde que sabes lo de mi condición no te has comportado como siempre.
Xiao Zhan se asombró, él realmente había intentado actuar natural, pero tal parecía que no había funcionado del todo.
—Entiéndeme, me preocupas mucho.
—No quiero preocuparte. No soy de cristal, no me voy a morir porque tengamos sexo —espetó, cada vez más molesto. Intentaba calmarse, pero la situación lo estresaba. Se había acostumbrado a tener sexo con él cuando le diera la gana, y acostumbrarse a lo bueno era demasiado fácil, en especial si se trataba de Xiao Zhan.
El mayor se quedó en silencio unos momentos, no quería responder a eso, pues ¿qué le diría? ¿Le diría que no quería tener sexo con él porque un simple susto casi le ocasiona un infarto?
Sí.
—Bien, no quería decir esto, pero tendré que hacerlo.
Yibo se puso de pie, listo para enfrentar lo que sea que se viniera.
—Demonios, ya. Suéltalo de una vez.
—No tendremos sexo.
—¿Nunca?
—Al menos hasta que te encuentres verdaderamente estable.
—Lo estoy.
—Eso decías antes.
Yibo apretó puños y dientes, lo miró con enfado durante unos momentos hasta que no soportó más su enojo y mejor giró el rostro hacia otro lado. Quería irse de ahí, pero sus pies parecían de plomo.
—No debí confiarte esto —dijo, dándose media vuelta y saliendo de la habitación.
—Hey —se paró de la cama y fue tras él, intentó detenerlo por el hombro, pero Yibo se zafó bruscamente—. No hay necesidad de que te pongas así —espetó, molestándose también.
—Está bien —fue a la cocina y buscó algo para comer. Encontró el helado favorito de su novio en la nevera.
Estaba muy molesto, Xiao Zhan lo comprobó al ver sus movimientos bruscos al hacer cualquier cosa.
—Yibo —intentó que lo mirara a los ojos, pero el menor lo evadía a toda costa—. Yibo, mírame.
El aludido golpeó el envase de helado sobre la encimera de la cocina, resopló y lo miró con esos ojos enfadados. Xiao Zhan sintió el peso de esa mirada y se estremeció.
—¿Qué? Ya dejaste muy claro tu punto —abrió el envase y le clavó una cuchara con más fuerza de la necesaria, llevándose a la boca una bola enorme de helado.
Xiao Zhan jamás imaginó que se enojaría tanto por algo así, sinceramente estaba muy sorprendido. Un nudo se le formó en la garganta al ver cómo resultaban las cosas a pesar de que él sólo buscaba lo mejor para su novio. Se aguantó ese cúmulo de emociones y se las tragó.
—Olvídalo.
Yibo levantó la mirada en un brusco movimiento y lo encaró con enojo.
—Anda, sé que quieres decir algo más, suéltalo de una vez por todas.
—De acuerdo. No soporto más esto —se pasó las manos por el cabello, frustrado—. Tú… tú no tienes idea de lo terrible que fue verte perder así la conciencia de camino al hospital, ver cómo te llevaban en una camilla y cómo te veías tan pálido como un muerto. No tienes idea del pánico que sentí al pensar siquiera en la posibilidad de perderte porque… ¿Qué haría yo sin ti? —a estas alturas no logró contener más sus lágrimas. Sus ademanes se hacían más y más marcados con cada palabra que exclamaba, saliéndose de sus cabales.
Yibo no dijo nada, se quedó congelado en su sitio, sintiendo de verdad las palabras que le decía.
—Por un momento en verdad temí perderte, creí que habías sufrido un infarto… yo… yo —se dio cuenta de que lloraba porque algo había nublado su visión. Lágrimas salían en contra de su voluntad, eran tan gruesas que escurrían por sus pestañas y terminaban estampándose directo en el suelo, una tras otra y sin poder evitarlo.
Enojado consigo mismo por llorar, se talló los ojos con la manga de su camisa. No se había permitido llorar así. Cuando ocurrió todo aquello se mantuvo fuerte, serio y casi imperturbable, aunque por dentro se estaba desmoronando sin control, pensando en todos los posibles escenarios que había. Permaneció relativamente sereno, tal como le habían enseñado, pues no podía ir por ahí demostrando el pánico y la tremenda ansiedad que experimentaba, mucho menos ahora que era una figura pública.
—Y lo peor del caso es que todo fue mi culpa, si no hubiera dejado mi correo abierto, o quizás si te hubiera advertido antes —se pasó ambas manos por todo el rostro, tallándolo para borrar sus lágrimas. Su enojo había desaparecido por completo, siendo sustituido por ese cúmulo de emociones que se había estado guardando desde aquel día.
Xiao Zhan aún no dejaba de limpiarse el rostro cuando de pronto sintió que lo arrastraban a un brusco abrazo, pero tremendamente reconfortante.
—Lo siento —susurró, por completo arrepentido de haberse comportado como un cretino—. Perdóname, Zhan Zhan —posó un brazo alrededor de su torso y con su otra mano lo tomó cariñosamente de la nuca.
El mayor no pudo responder, apoyó el rostro sobre el hombro de su novio y lloró, lloró hasta la última lágrima.
Yibo no lo dijo, pero sí sabía lo que era experimentar esa impotencia y preocupación, ya lo había vivido con su novio cuando todavía eran sólo amigos, y había sido terrible. Así que lo entendía.
—Dios… fui un cretino infantil, ¿verdad? —murmuró, meciéndose suavemente con Xiao Zhan aún entre sus brazos, aferrándose a su espalda.
Xiao Zhan no dijo nada, simplemente negó con la cabeza, abrazándolo más fuerte.
—Perdóname —insistió Yibo, y no pararía hasta escucharlo responder con palabras.
—Te perdono —se separó de él, tallándose aún los ojos.
—No hagas eso —detuvo sus manos, alejándolas del rostro, pero Xiao Zhan de nuevo se los talló.
—Me arden.
—Ven —lo tomó de la mano y lo llevó hasta el baño, lo sentó sobre el borde de la bañera y comenzó a buscar algo en el botiquín detrás del espejo—. Quítatelos ya —le extendió el estuche de sus lentes de contacto.
Xiao Zhan se lavó las manos y se los quitó de inmediato.
—Oh… tus ojos están muy rojos —se preocupó y buscó algo más en el botiquín mientras su amado se quitaba los lentes de contacto—. Ven, siéntate —lo empujó suavemente.
—Espera, necesito las gotas que tienen la etiqueta… —fue interrumpido.
—Amarilla, sí, lo sé —le empujó la cabeza hacia atrás—. Abre bien los ojos —con cuidado le aplicó las gotas, deteniendo cada párpado con suma delicadeza.
Al instante Xiao Zhan sintió un gran alivio.
—¿Mejor? —inquirió Yibo, viendo cómo su amado parpadeaba repetidas veces.
—Sí —dejó de parpadear y lo miró fijamente. Terminó dedicándole una suave sonrisa—. Gracias, Yibo.
—Deberías usar más tus anteojos.
Xiao Zhan hizo una mueca de disgusto.
—De todas formas te ves bien con lo que sea —añadió.
El mayor soltó una pequeña risa, negó con la cabeza y finalmente suspiró.
—Ya no peleemos, ¿sí? —extendió una mano y le acarició la mejilla—. Por favor.
Yibo esbozó una sonrisa incómoda, de esas en las que sus comisuras sólo se extienden levemente y sus dientes no se ven. Era una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Ya no peleemos —estuvo de acuerdo. Se sintió muy mal, sabía que se había comportado como un idiota muy infantil.
—Traje la cena, ¿tienes hambre? —preguntó Xiao Zhan con una sonrisa leve y sus ojos aún vidriosos.
—Buena idea —sonrió de lado—. Pero ponte tus anteojos.
—Sí —rio un poco.
La verdad era que estaba exhausto, había sido un día muy difícil en el trabajo, su energía estaba por los suelos y sólo quería comerse una hamburguesa doble y dormir una semana.
—¿Fuiste hasta ese restaurante? —se asombró al ver el logotipo en la bolsa. Era de un lugar lejos de casa.
—Me quedaba de paso y recordé que tenías ganas de una de sus hamburguesas —sonrió y sacó los pedidos de la bolsa de papel—. Disfrútala —le extendió su orden con doble porción de papas fritas.
A Yibo se le hizo agua la boca, pero entonces vio que Xiao Zhan sacaba su orden de la bolsa.
—¿Vas a cenar eso? —señaló la aburrida ensalada.
El aludido sonrió con tristeza y luego le hizo cara de desprecio a su cena.
—Sí, recuerda que estoy a dieta.
¡Cómo olvidarlo! Yibo llevaba días sintiéndose preocupado al ver que apenas ingería alimento.
Sin decirle nada, fue a la cocina y partió su hamburguesa en dos, colocó las mitades en dos platos y les vació las papas fritas antes de volver a la mesa.
—Dame eso —le quitó la ensalada y puso el otro plato frente a él.
—Pero… —frunció el ceño—…no, por favor —le había costado mucho seguir esa dieta.
—Sólo esta vez, te lo mereces, has trabajado muy duro.
Xiao Zhan miró el plato y sus glándulas salivales comenzaron a segregar montones de saliva. ¡Su estómago estaba gruñendo tan fuerte que Yibo podía escucharlo! Éste último no quería decirle que le angustiaba verlo así, pues a pesar de que intentaba tener su ánimo de siempre, se veía ligeramente sin energías.
—Pero sólo compré una hamburguesa, es tuya.
—Nuestra —se sentó junto a él—. No voy a cenar hasta que lo hagas tú también.
—Bien.
Sin decir más, tomó la mitad de la hamburguesa y le dio una gran mordida. El pobre cerró los ojos y sintió el paraíso en su paladar, no pudo evitar soltar un ligero gemido de gusto al ingerir una vez más los carbohidratos que tanto amaba.
Yibo soltó una pequeña risa involuntaria.
—¿Mnh? —inquirió el mayor sin dejar de masticar. Había un brillo en sus ojos desde que dio el primer mordisco.
—Nada —extendió una mano y limpió la comisura de sus labios manchada con salsa BBQ. Aún se sentía culpable por haber sido tan desconsiderado con él, Xiao Zhan sólo se preocupaba por su bienestar, había estado cargando con ese peso desde entonces y él sólo lo trató mal por no querer hacer el amor.
—¿Por qué no cenas? Vamos, pruébala, está deliciosa.
Yibo le dio sólo una mordida.
—Ya me llené, ¿te la podrías comer por mí?
—¡Pero casi ni la probaste!
—No tenía mucho apetito, y no quiero desperdiciarla.
—Bueno, está bien —tomó el plato de su novio y se comió su mitad. Yibo sólo se dedicó a comerse la mitad de las papas fritas y a observar a su novio disfrutando tanto de su cena.
Esa noche se fueron a dormir con un sentimiento agridulce en sus corazones. Odiaban pelear, pero afortunadamente nunca permanecían enojados por mucho tiempo. Tal como ahora, ambos yacían en su cama, Yibo abrazaba a su novio desde atrás y Xiao Zhan dormía plácidamente al abrazar los brazos que lo rodeaban, sintiéndose seguro al percibirlo cerca.
En esta ocasión Yibo no podía dormir, seguía sintiéndose miserable. En verdad era afortunado por tener a un novio con ese carácter, tan maduro y sensato. Si fuera cualquier otra persona, ya lo habría mandado por un tubo al verlo comportarse así, o ya le habría puesto un alto definitivo.
Yibo agradecía que Xiao Zhan soportara sus episodios aún algo infantiles, que no se desesperara y terminara dejándolo por ser como cualquier otro chico de su edad, seis años menor.
Suspirando y tratando de conciliar el sueño, Yibo dedicó un rato a acariciar el cuerpo de su novio. Estaban en pleno verano, y a pesar del aire acondicionado sentían algo de calor durante las noches, así que tenían la costumbre de dormir sólo en ropa interior.
Acarició su pierna, subió por su cadera y descansó su mano en esa angosta cintura. Dios, estaba demasiado delgado. Él quería a su Zhan Zhan de vuelta, a ese con un poquito más de volumen. No le gustaba verlo tan delgado y sin energías.
Por ahora se sentía aliviado al verlo descansar de verdad, no parecía soñar con comida como la mayoría de las noches, tampoco dejó la almohada llena de babas.
Bendita hamburguesa.
A la mañana siguiente Yibo fue el primero en despertar, vio que aún faltaba un rato antes de que sonara la alarma de su novio, así que se apresuró a ir a la cocina y prepararle algo rico y saludable: el batido de vegetales que Xiao Zhan adoraba y que él odiaba.
Mientras lo hacía, no pudo evitar acordarse de su suegra enseñándole a hacerlos. Sonrió. Ya la extrañaba, aunque no tanto como a su madre.
Suspiró.
Su madre…
Sabía que debía llamarla y ser sincero con ella. Sus padres tenían derecho a saber todo lo que había estado ocurriendo con su salud últimamente. También se moría por contarle a su mamá los avances en su relación con el amor de su vida.
Sonrió.
Se volvería loca al saber que se casarían, después de todo ella ya lo había sugerido en su última visita. Sin embargo, quería decírselo en persona, y con Xiao Zhan junto a él.
Quizás más tarde, en su mensaje diario, le preguntaría cuándo podría ir a visitarlos.
Sentía que era necesario que supieran todo de una vez por todas, desde su recaída como el hecho de que se iba a casar. Y más comenzó a sentir el peso de ello cuando sus suegros comenzaron a mandarle mensajes diarios para preguntarle cómo estaba. Antes le mandaban preguntar con Xiao Zhan, pero ahora lo hacían directamente, fue así desde que vieron que su hijo apareció en muchos encabezados luego de ser visto en la sala de urgencias de un hospital en Beijing.
Desde esa noticia, los señores Xiao supieron que algo no andaba bien con Yibo a pesar de que en todas las notas aseguraban no saber por qué motivo Xiao Zhan estaba ahí. Nadie logró descubrir que se trataba de Yibo y tampoco lograron hacer que Zhan Zhan hablara sobre ello ante los medios.
—Cariño, ¿qué haces?
Yibo pegó un brinco del susto al escuchar esa voz adormilada cerca de él, justo antes de sentir unos brazos alrededor suyo y un cuerpo tibio pegado a su espalda.
—Tu desayuno.
—Mhn… no tengo hambre, me duele el estómago.
Quizás había sido mala idea que cenara tan pesado luego de la dieta a la cual su cuerpo se había estado acostumbrando.
—Es sólo un licuado de vegetales.
—Bien —besó su cuello—. Gracias —lo apretó como si fuera un oso de peluche y Yibo se dejó hacer, gustoso—. Iré a ducharme, hoy pasarán más temprano por mí. ¿A qué hora saldrás?
—En una hora.
—¿Llegarás tarde hoy?
—No. Quizás esté aquí a las cinco.
—¡Yo también! —se emocionó—. ¿Quieres salir esta noche?
—¿En una cita? —mentiría si dijera que no estaba feliz de sólo imaginarlo.
—Sí, podríamos ir a dar un paseo en tu moto.
Los ojos de Yibo se agrandaron y se giró para ver a su novio al rostro. Si no estuviera tan emocionado por su sugerencia, se habría detenido a burlarse del tremendo peinado matutino que tenía en ese momento.
—Bueno, si es que tienes ganas de andar en moto luego del trabajo —rio.
—¿Bromeas? —lo besó en los labios—. Me encantaría, incluso podrías conducir si así lo deseas.
¡Wow! No había duda de que Yibo lo amaba de todo corazón, pues jamás en la vida tendría la consideración de ofrecerle eso a alguien más.
—Gracias, pastelito —le acarició la barbilla—. Pero eso mejor lo dejo en tus manos —rio y comenzó a caminar hacia el baño—. Después de todo dices que conduzco como abuelita.
Yibo rio desde la cocina, pero no desmintió aquello.
Durante todo el día estuvieron anhelando la hora de reencontrarse.
Poco después de la hora acordada, Xiao Zhan llegó a la casa y se preocupó al ver que su novio aún no estaba ahí. Estaba por mandarle un mensaje cuando escuchó unas llaves fuera de la puerta principal. Corrió a abrirle y sonrió al verlo.
—Bienvenido a casa.
—Siento llegar tarde —estiró su cuello para darle un corto beso en los labios. Xiao Zhan lo tomó de la nuca para profundizar la caricia, pero Yibo se alejó—. Lo siento, Zhan Zhan, estoy todavía muy sudado. Tomaré una ducha y nos iremos pronto, ¿sí? —le guiñó un ojo y salió corriendo.
Sus ánimos estaban de vuelta, eso hizo feliz a Xiao Zhan, quien se quedó en el recibidor, sonriendo y confirmando que su amado sudaba bastante, pues lo sintió al acariciar su nuca y su cabello empapado. El pobre siempre terminaba así luego de pasar una tarde en la pista de carreras.
Momentos después Yibo apareció en la sala, bañado, vestido y listo para salir. Cuando pasó cerca de Xiao Zhan, dejó una estela de su deliciosa fragancia.
El mayor mentiría si dijera que no se moría por devorarlo a besos y empotrarlo contra la pared más cercana, necesitaba hacerlo suyo, pero el recuerdo de él inconsciente lograba que su deseo sexual se apagara.
Con cascos oscuros y ropa diferente a la que usaban con regularidad, salieron a las calles de Beijing y dieron un largo paseo. Yibo lo llevó hasta las carreteras a las afueras de la ciudad, demostrando sus nuevas habilidades con la motocicleta y tomando velocidades muy altas.
En un principio Xiao Zhan se mortificaba por esa alta velocidad, pero luego de ver la naturalidad con la que Yibo lo hacía, y las precauciones que tomaba, el miedo se le pasó. Se sentía seguro con él al mando de la motocicleta. Además, estaba muy cómodo en la posición en la que se encontraba: abrazando a Yibo desde atrás, con las manos sobre su estómago y sintiendo su fragancia durante todo el camino.
Fue hasta que comenzó a oscurecer cuando Yibo cambió el rumbo del camino y se dirigió a un sitio que ya había visitado con su novio, pero lo había hecho por muy poco tiempo y sólo durante la mañana. Estaba seguro que el atardecer se vería espectacular desde ahí.
Aceleró el paso y sintió cómo Xiao Zhan se aferraba más fuerte a su cintura.
Cuando llegaron al mirador, y luego de asegurarse de que no había nadie cerca, se quitaron los cascos y respiraron el aire fresco del lugar. Xiao Zhan se bajó de la moto y estiró los músculos mientras su novio estacionaba la motocicleta junto a un árbol.
—Vaya, la vista es hermosa desde aquí.
—Eso imaginé —tomó a Xiao Zhan de la cintura y besó su mejilla, el aludido se dejó hacer, sin dejar de mirar el paisaje frente a sus ojos—. Por eso quise venir —soltó un gran suspiro de satisfacción.
Terminaron sentándose en el césped, solos en ese mirador que parecía no haber tenido visitas en mucho tiempo.
Con sus cuerpos estirados sobre el césped, apoyando el peso en sus brazos estirados hacia atrás y con sus piernas cómodamente hacia delante, observaron el increíble atardecer.
¿Cómo era posible que esa maravilla de la naturaleza ocurriese a diario y ellos no se daban el tiempo de apreciarla?
No fueron necesarias las palabras, cada uno estaba inmerso en sus pensamientos mientras miraba aquello.
Cuando el viento estival se llevó las únicas nubes que había, un cielo estrellado comenzó a aparecer ante ellos. Las cigarras seguían haciendo su característico sonido, logrando que esa atmósfera veraniega fuese aún más perfecta.
Sin previo aviso, Xiao Zhan deshizo su posición inicial y recostó su cabeza sobre el regazo de Yibo, acostándose completamente sobre el césped.
Sorprendido por su iniciativa, Yibo lo recibió gustoso.
—¿Estás cansado? —preguntó al mismo tiempo que le acaricia a él cabello. Supo que así era cuando escuchó su pesado suspiro.
—Sólo un poco —le sonrió.
—¿Quieres que antes de llegar a casa compremos algo rico para cenar?
Xiao Zhan hizo una mueca graciosa de sufrimiento.
—No, pastelito, no me estás ayudando con mi dieta.
—Puede ser algo rico y saludable.
—Por ejemplo…
—Hot Pot.
—Estás loco —rio.
Yibo de pronto se puso más serio y llevó una mano al estómago de su novio, al acariciar también su torso pudo sentir sus costillas, odiaba eso.
—Estás muy delgado.
—¿No te gusto así? —rio por lo bajo.
—No es eso, bien lo sabes.
Xiao Zhan suspiró, sí, lo sabía.
—Sólo falta un mes de rodaje y terminaremos. Volveré a comer de todo.
—Bien. Entonces te apoyaré por lo pronto, pero al menos ingiere tus vitaminas.
—Lo hago a diario —su sonrisa se expandió al ver que su novio se inclinaba sobre él para robarle un beso en los labios. Gustoso respondió, colgando sus brazos alrededor de la nuca de Yibo.
—¿Así vamos a ser de ancianos? —preguntó el menor al separarse.
Xiao Zhan alzó una ceja, sin entender.
—Tú te seguras de que tome mi medicamento y yo de que tú ingieras tus vitaminas —rio.
—En ese caso, ya somos un par de ancianos —también rio y atrajo a su novio de vuelta a sus labios.
Estaba tan cómodo ahí, con el cielo estrellado sobre ellos, la tenue luz de los faroles cerca de ellos y el sonido de las cigarras cada vez más bajo.
El clima era perfecto, la brisa veraniega acariciaba sus cuerpos con un relajante soplido que poco a poco fue arrullando a Xiao Zhan.
Yibo se aguantó la risa cuando se percató de que su novio se había quedado dormido sobre su regazo.
Decidió dejarlo descansar todo lo posible. Mientras tanto él le acariciaba el rostro y el cabello con sus largos dedos, disfrutando de la atmósfera perfecta que lo rodeaba.
Respiró profundamente, llenando sus pulmones con ese fresco aire nocturno y se relajó como hace mucho no hacía.
Su mente comenzó a llenarse de muchos pensamientos, entre ellos uno que era bastante agridulce: Xiao Zhan permanecía a su lado a pesar de todo, soportaba sus arranques infantiles, sus enojos, sus hobbies y todo lo que estos conllevaban. Xiao Zhan fácilmente podría conseguirse a alguien que no fuera así, que fuese tan comprensivo y maduro como él, alguien que no lo tuviera preocupado todo el día y la noche por temor a que su corazón vuelva a fallar.
Suspiró.
Ya quería estar bien y volver a ser el de siempre, extrañaba andar en patineta, bailar hasta el cansancio, salir a correr en las mañanas con su amado. Extrañaba tantas cosas que temía jamás volver a hacer.
Paró un rato antes de que Xiao Zhan abriera los ojos, sólo para toparse con el cielo nocturno sobre él, tapizado de millones de estrellas brillantes e increíbles. Pero lo mejor de todo, fue admirar ese rostro que era bello sin importar el ángulo desde el que se apreciara.
Era tan hermoso. Aunque… no supo si era su mala visión o no, pero notó cierto atisbo de tristeza en él.
Carraspeó y eso bastó para que Yibo bajara la mirada hasta toparse con sus ojos, sonriéndole como sólo a él le sonreía.
—Hey, hola —le pellizcó una mejilla.
—¿Dormí mucho? —se alarmó, levantándose del regazo de Yibo.
—Lo suficiente para que no sienta mis piernas. No sé si volveré a caminar —lo dijo con tal seriedad que Xiao Zhan tuvo que detenerse a procesar la información recibida. Segundos después se dio cuenta de que era un chiste y se echó a reír, golpeándolo en el brazo.
—Exagerado.
—No exagero, no siento mis piernas —se estiró un poco más sobre el césped—. ¡Y no se te ocurra tocarlas! —exclamó al ver la expresión traviesa que apareció en el rostro de su amado, pues tenía esa mala costumbre. Cada vez que se le dormía una pierna por estar sentado de forma incorrecta, Xiao Zhan iba y se la movía para que esa sensación extraña de hormigueo desapareciera más rápido. Según él ese era un buen método.
Puras patrañas.
—¡Xiao Zhan, aléjate! Con un demonio —se quejó cuando sintió que además le hacía cosquillas. El pobre se retorció en el césped, siendo abusado por su novio—. Eres malo, ¡Muy malo!
—Lo sé —él reía a sus anchas. Siguió molestándolo hasta que Yibo aseguró que se le había pasado por completo el adormecimiento—. Te dije, es un método efectivo.
—Claro que no —se incorporó hasta quedar sentado junto a Xiao Zhan, ambos llenos de césped y florecillas silvestres.
—Yibo —dijo de pronto, sin tono de juego.
—¿Mnh?
—Dime qué sucede —fue directo al grano.
Yibo alzó una ceja.
—Nada.
—Algo te preocupa.
—Estás alucinando.
—Lo que tú digas —rodó los ojos. No quiso insistir, sabía que tarde o temprano se lo diría.
Y así fue, luego de un rato de estar en silencio mirando hacia las luces de la ciudad, Yibo dijo de pronto:
—Gracias.
Xiao Zhan alzó una ceja, en verdad no entendía a qué venía aquello.
—¿Por qué? —lo miró, sin embargo, Yibo sólo abrazó sus rodillas y apoyó el mentón sobre éstas. Verlo en esa posición le ocasionaba unas inmensas ganas de abrazarlo y protegerlo de lo que fuera.
—Por estar a mi lado a pesar de todo.
—¿Qué quieres decir exactamente? —se sentó en pose india, cruzando sus piernas sobre el césped e ignorando el paisaje para verlo sólo a él.
—
—Sí, bueno… después de saber lo que padezco —se encogió de hombros, sin mirarlo aún a los ojos—. Sé que nunca imaginaste que tendrías que lidiar con algo así, lamento no haberlo dicho desde el principio, quizás así te hubiera evitado tener que pasar por tanto.
Xiao Zhan entendió todo, y para ser sincero, no le gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación.
—Alto ahí, no sigas —lo miraba sin creer lo que escuchaba—. ¿Piensas que hubiera elegido apartarme de ti al saber todo esto desde antes?
—Tal vez.
—¡Idiota! Claro que no —se exaltó.
—Es una carga, admítelo —ocultó un poco más su rostro sobre sus rodillas, casi temiendo que de alguna forma Xiao Zhan indicara que ese argumento era cierto.
—Wang Yibo —se interpuso entre él y lo que miraba al infinito. Entonces lo tomó fuertemente de las mejillas y lo obligó a mirarlo a los ojos—. Nunca, escúchame bien, nunca permitas que alguien te haga sentir como una carga. Porque no lo eres. ¿Entendido? Ni siquiera vuelvas a considerarlo como opción estaba muy sorprendido luego de escuchar aquello.
Con sus mejillas aún apretadas por él, Yibo asintió, agradecido con el cielo por mandarle a alguien como Xiao Zhan. Éste no le dio oportunidad de decir nada más, pues atrajo la cabeza de Yibo a su pecho, rodeándolo en un abrazo bastante protector y lleno de cariño.
—A veces tienes ideas muy tontas, Wang Yibo —murmuró durante el abrazo asfixiante, cumpliendo su objetivo: comenzar una de sus típicas peleas que lograba levantarles el ánimo en cualquier circunstancia.
Luego de discutir un rato, Yibo terminó la pelea empujando a su novio contra el césped, aplastándolo con su cuerpo.
Xiao Zhan lo miró desde su posición, sin poner resistencia alguna y dejándose atapar por él. Yibo arrastró una sonrisa ladina endemoniadamente sensual mientras miraba los labios de su novio y se mordía los propios, bastante tentado.
—¿Qué esperas? —murmuró Xiao Zhan en tono seductor, él no podía moverse, pues Yibo lo aplastaba y además tenía su cuerpo inmovilizado con sus manos.
Sin más preámbulos, Yibo inició un beso que llevaba anhelando desde hace rato. El beso comenzó con la traviesa lengua de Yibo lamiendo con la punta los deliciosos labios de Zhan Zhan. Bastó una pequeña lamida para que el mayor ensanchara su sonrisa al ver lo travieso que estaba siendo. Sus grandes manos seguían apresando las delgadas muñecas de Xiao Zhan mientras convertía esa traviesa caricia con su lengua en un arrebatador beso que dejó al otro sin aire.
Rápidamente sus cuerpos se llenaron una ardiente pasión que venían guardando desde días atrás. Sus cuerpos despertaron, pidiendo cada vez más. Se abrieron paso a un torrente de emociones que no estaban seguros de poder controlar. Podrían tener la edad que tenían, pero cuando se trataba de tener intimidad, parecían un par de adolescentes precoces, incapaces de controlar sus arranques hormonales.
Cuando Yibo se separó de los labios de Xiao Zhan y continuó besando su cuello, el mayor se alarmó.
—Yibo… —su reclamo sonó más bien a un gemido lleno de placer.
No se detuvo, besó, lamió y mordió lo que tenía al alcance, suspirando pesadamente contra la piel caliente de su pareja.
—Deja de quejarte, sé que te gusta —mordió su cuello, arrancándole un pequeño grito.
—Me encanta, ¡pero no podemos hacerlo!
—No me va a pasar nada.
—Wang Yibo, estamos en un lugar público.
El aludido se detuvo sólo un par de segundos, procesó y analizó esas palabras antes de encogerse de hombros y volver a su trabajo.
—Zài Zài —suplicó, sabía que no soportaría mucho llevándole la contraria, caería ante sus besos en menos de lo que esperaba. Y no quería eso.
—Si vamos a casa… ¿lo haremos? —se separó para mirarlo a los ojos, deseoso y lleno de ilusión. Casi parecía un cachorro meneando la cola a la espera de un premio.
—Yibo… —arrastró la última sílaba—… no me lo hagas más difícil —aprovechó que había soltado sus muñecas para llevarse ambas manos a la cara. ¿Cómo le decía que no? Era imposible, y más aún si lo miraba con esos ojos.
—Por favor —suplicó muy en serio—. Te necesito —acarició su mejilla con la punta de sus dedos y descendió por el ángulo de su mandíbula, delineando cada centímetro de esa piel aperlada que tanto amaba.
—Yo también te necesito, no tienes idea de cuánto —soltó en un suspiro lleno de cargo de consciencia.
—Hagámoslo. Aunque sea sólo algo muy tranquilo.
Xiao Zhan rio, ¿tranquilo? Con las ganas que se traían era casi imposible lograr eso.
—Por favor, conejito, por favor —comenzó a besar su cuello una vez más, dando todo de sí para persuadirlo. Supo que lo estaba logrando cuando sintió la mano traviesa de su novio deslizándose debajo de su playera. Acarició su espalda hacia arriba y volvió hacia abajo hasta encontrarse con su trasero—. Te dejo elegir, ¿quieres hacérmelo? ¿Quieres que te lo haga? —murmuró contra su oído, lamiéndolo suavemente.
—Ah, está bien, tú ganas —era imposible ganarle a Wang Yibo cuando estaba horny, y para ser muy sinceros, Xiao Zhan se encontraba en las mismas—. Tú elige, lo haremos como te sientas más cómodo —aceptó al fin.
Jamás imaginó que con esas simples palabras lograría una de las sonrisas más hermosas en Yibo. Éste de inmediato se incorporó y lo ayudó a hacer lo mismo.
—Vámonos a casa —lo tomó de la mano y corrió hacia la moto, ni siquiera dejó que su novio se limpiara los restos del césped que quedaron en su camiseta.
Al llegar a casa, se encontraron un paquete en la entrada.
Yibo iba a hacerlo a un lado para entrar a su hogar y hacer el amor con su pareja, pero Xiao Zhan sí se detuvo a ver qué era esa gran caja de cartón.
—Oh por Dios —rio al ver lo que era.
—¿Qué es eso? —inquirió Yibo luego de abrir la entrada principal con sus llaves.
—Nuestros juguetes llegaron, y lo hicieron en un momento muy oportuno —siguió riendo por la coincidencia.
—¿Juguetes? ¡¿Pediste legos y no me avisaste?! —se exaltó. Sólo eso haría que dejara de lado su calentura: sus legos.
Xiao Zhan lo miró con cara de pocos amigos.
—¿Es en serio, Wang Yibo? —lo empujó al interior de su hogar—. Son otro tipo de juguetes, ¿no recuerdas que los pedimos ya hace algún tiempo?
—Oh…
Continuará…
Y volví a wattpad, a ver cuánto tiempo me dura el gusto.
Espero que estén muy bien! Gracias por seguir leyendo y mil gracias por recomendar el fic, no tienen idea de lo feliz que me hacen cada vez que me encuentro con algún post en Facebook donde piden recomendaciones y ustedes ponen a "Nosotros". Las quiero mucho.
Y ElledeBlue, si estás leyendo esto: TE AMO. Siempre leo tus reviews en Fanfiction. Si sigo publicando ahí es simple y sencillamente porque adoro leer tus mensajes, son como una inyección de inspiración. Hay ocasiones en las que tengo cero inspiración, pero llega tu review y POOM! Escribo un capítulo nuevo. No te miento cuando digo que me la paso dando refresh la página, a la espera de tus preciosos reviews. Espero que estés muy bien. Te mando un fuerte abrazo.
Para todas: ME ENCANTA ver su opinión sobre cada capítulo, sus análisis, teorías y sugerencias. Me ayudan mucho a crecer e ir mejorando con base a sus cometarios.
¡Alooh Ciura! Feliz Cumpleaños mujer! Este cap va para ti con mucho cariño!
18/07/2020
8:45 p.m.
