Sirena
Desde la primera vez que la vi quedé asombrada por su belleza. Era imposible que un ser tan bello existiera así en esta tierra. Y no lo digo solo yo, todo el mundo considera que ella no es real, que solo es un mito inventado por los marineros para asustar a la gente y quedar como héroes ante los pueblos… eso o solo era un delirio provocado por el sol y el hecho de pasar meses sin una mujer. Pero yo descubrí que estos seres fantásticos existen.
Un día como cualquier otro llegué a mi puesto de trabajo. Soy fotógrafa en un pueblo costero y me gano la vida retratando a los turistas que vienen de vacaciones, aunque de vez en cuando el alcalde me contrata para tomar las fotografías necesarias para promocionar el turismo. Gran parte de mi trabajo se puede ver en folletos y carteles de las agencias de viajes, aunque poca gente sabe que yo tomé esas fotografías. Pero no me importa, gano dinero suficiente haciéndolo y me basta con el reconocimiento de los turistas, aunque espero el día en que acepten mis fotografías en una revista especializada.
De vez en cuando, en esos días en que las visitas al pueblo son pocas, me gusta dar una vuelta por los alrededores y fotografías el paisaje o a los animales que viven en esta región, de esta manera puedo aumentar mi portafolio y consigo material para mandar a las revistas… aunque ninguna me ha publicado aun. ¡Pero no pierdo la esperanza! Fue en uno de esos días que ocurrió. Hace mucho tiempo el viejo Inaiba, un pescador que vive cerca del pueblo, me había confesado que vio a una sirena en su juventud y por eso decidió quedarse aquí. Quedó fascinado con su belleza y con tal de verla de nuevo renunció a la ciudad. Por supuesto, no le creí ni una sola palabra hasta que yo la vi con mis propios ojos. Bueno, en su momento no me percaté de su presencia, pero cuando revisé las fotografías en mi computadora, noté que había una chica oculta entre las piedras de la cosa. Aparecía en al menos diez imágenes y en la última pude notar una larga cola de pez detrás suyo. ¡Era una sirena real!
A la mañana siguiente me decidí a volver a esa playa y buscarla, sin ningún resultado. Hice esto por toda una semana, permanecía en la costa desde el amanecer hasta el ocaso, exploraba los alrededores con el mayor sigilo posible, usaba mi cámara para revisar los puntos más lejanos, ¡incluso acampé dos noches en la arena! Y no sirvió de nada. Me di por vencida al octavo día. Es noche miraba la luna tumbada en la playa, el sonido de las olas me arrullaba y el crepitar del fuego daba una atmosfera nostálgica. Fue muy decepcionante pasar toda una semana en busca de la sirena y no obtener nada, ni siquiera tomé buenas fotografías por estar centrada en mi objetivo. Me estaba quedando dormida cuando un canto me hizo reaccionar. Era una hermosa y delicada voz la que escuchaba. De inmediato me levanté y la busqué por los alrededores aunque el canto parecía provenir del mismo océano. No, provenía de las piedras que había fotografiado aquella vez. Me acerqué con el mayor sigilo a ese rincón y pude verla con claridad. ¡Era la sirena que fotografié! Estaba sentada en una de las rocas, con sus manos sobre el pecho y la mirada perdida en el cielo. Arrastré los pies para verla mejor, su cola era de un color verdoso y su cabello largo, muy largo y rosado. Quedé paralizada ante ella, no podía creer lo que tenía ante mis ojos. ¡El viejo Inaiba tenía razón! De pronto, ella dejó de cantar y volteó a mirarme. Sus ojos eran de un azul intenso y brillante.
Desde ese día comencé a acampar una vez por semana en la playa para pasar el día junto a Luka, incluso me llevo a un lugar más escondido donde nadie podría encontrarnos. Las leyendas dicen que las sirenas eran seres malvados que hechizaban a los marineros para cómeselos, pero ella no es así. Aunque es algo inexpresiva, Luka se ha portado muy amable conmigo desde que comenzamos a hablar. Pasamos horas enteras conversando sobre nuestras vidas tan diferentes y hasta hemos intercambiado regalos, ella me ha entregado todo tipo de adornos hechos con caracoles marinos y yo también algunos accesorios, peines y, je, bikinis porque solía andar con el pecho desnudo. No fue difícil convencerla de usarlos. Comíamos juntas, cantábamos hasta el anochecer, ella me enseñó a elaborar collares y a pescar con las manos, yo le enseñé a leer y en poco tiempo ¡leyó más libros en dos meses que yo en mi vida! Puedo decir que nos complementamos, Luka sentía una fascinación por la vida humana y yo por la marina.
Los meses pasaron y nuestra amistad se hacía más fuerte cada vez, llegando al punto en que pensé imitar al viejo Inaiba y mudarme a un lugar más cercano a la playa a donde me llevó Luka. ¡No quería separarme nunca de ella, así tuviera que convertirme en una ermitaña. Por aquellos días me llegó un correo de la revista digital LandScape. ¡Publicarían mi portafolio al siguiente mes! No cabía en mi alegría y lo primero que hice fue correr con Luka. En el tiempo que habíamos pasado juntas pude explicarle en qué consistían mis objetivos, por eso cuando le enseñé el correó en mi celular se alegró conmigo. Esto era un reconocimiento para ambas, sin su ayuda nunca hubiera encontrado el paisaje que me valió ser aceptada. Nos abrazamos por un largo rato y al separarnos solo nos mirábamos con alegría. No era la primera vez que nuestras miradas se cruzaban fijamente, ni la primera que me perdía en el azul brillante de sus ojos, pero había algo distinto en esa ocasión. Ambas lo sabíamos. Tomamos nuestras manos y lentamente nos acercamos, sus labios se veían tan suaves y rosados antes de que cerrara los ojos…
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—¡Despierta, Hatsune! —la voz de Meiko me saca de mis pensamientos. ¡Apenas estaba imaginando la mejor parte!—. Todo el día has estado embobada. ¿Te pasa algo?
—N-no es nada, Meiko.
Y así es como regreso al mundo real gracias a la rudeza de Meiko. El estudio sigue tan bullicioso como siempre, Kaito malabarea tres conos de helado, los Kagamine saquean la mesa de bocadillos y yo… ah, yo contemplo a Luka mientras le toman las fotografías para el promocional de su siguiente canción: The Little Mermaid. No me avergüenza decirlo, desde que vi las pruebas de vestuario con la cola de sirena, Luka me pareció hermosa… y le he tomado varias fotografías a escondidas. Desde su lugar ella me ve y me dirige una sonrisa a la que respondo con un gesto de mano. Tan linda.
—Parece que alguien está hechizada por el canto de la sirena —dice a modo de burla.
—Si, así me siento —le respondo con una sonrisa. No importa lo que digas, no vas a fastidiarme.
—Eres igual de cursi que Kaito —suspira con resignación—. ¿Qué estas escribiendo ahí? ¿Es un fanfic de ustedes dos? —me arrebata la libreta que tengo en mis manos.
—¿Eh? ¡Oye! —no puede ser. ¡Qué vergüenza que lo lea!—. ¡Dámela! ¡No leas eso!
Chan~! Esta balada es especial por el #Mermay. ¿Qué es? Es una especie de reto mensual que algunos dibujantes realizan en sus redes sociales y consiste en dibujar ¡sirenas! Algunos durante cada día del mes, otros solo aportaron una o dos, pero que importa. Mayo es el mes de las sirenas y esta sería mi forma de participar.
Nos leemos en la siguiente balada.
